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Full text of "Historia de la literatura española"

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HISTORIA 



DE LA 



LITERnyKA ESPAIOLA 



POR 



JUAN HURTADO \ J'/DE LA SERNA 

CATEDRÁTICO DE LiTER,^TURA DE LA UNIVERSIDAD DE MADRID 



ÁNGEL GONZÁLEZ PALENCL\ 

ArXlLIAR DE LA FACULTAD DE LETRAS 
DE LA UNIVERSIDAD DE MADRID 



/ S S 4 2 ^ 



7^1 '¿■^^ 



MADRID 

19 2 1 






ES PROPIEDAD 



Tir. Dü LA '^REVISTA DE ARCH., BIBL. Y MUSEOS". — OLÓZGA, 1 



Los anhelos de la cultura general las necesidades de la en- 
señanza de esta interesante materia, sobre todo en nuestras Uni- 
versidades, y las mismas exigencias del patriotismo han impul- 
sado a los autores a la publicación de este libro. 

Entre otras dificultades, presenta este trabajo la de adoptar 
un criterio aceptable de clasificación y vencer los escollos que, por 
lo complejo de la materia, se presentan frecuentemente. Nos he- 
mos inclinado a preferir un sistema mixto, aceptando la clasifi- 
cación por géneros y procurando, dentro de éstos, respetar el or- 
den cronológico. Intentamos exponer elementalmente la obra de 
conjunto de cada autor para no tener que repartir la distinta 
producción de ellos en diferentes apartados, tendiendo a pre- 
sentar las figuras Hterarias de un modo relativamente completo. 
Al principio de cada periodo, junto con los cuadros sinópticos 
de historia literaria, hacemos un resumen del carácter general 
del mismo, que puede servir como la¿o de unióii entre lo.i 
distintos autores, obras y acontecimientos literarios, a la vez que 
señalar las ideas predominantes de la literatura en el mismo 
período. 

Damos algunas noticias, aunque breves, de la historia de la 
literatura hispanolatina (pagana y cristiana), hispanoarábiga, his- 
pano judía y catalana medieval por la relación que tienen con 
el desarrollo histórico de la literatura castellana y por la influen- 
cia que esitas civilizaciones han ejercido en la formación del ca- 
rácter y de la cultura de España. Y terminamos nuestra tarea 
con las últimas producciones literarias que aparecen al acabar 
el siglo XIX. 

Se ha procurado ante todo presentar el dato concreto, preci- 
so y objetivo, huyendo, naturalmente, de las generalidades va- 
gas, que nada significan ni resuelven : exposición de asuntos, con- 
tenido de obras, comedias o leyendas; este procedimiento estimu- 
la el interés o despierta la curiosidad mejor que cualquier otro. 



Por razón de tal criterio objetivo y teniendo en cuenta que 
esta materia es una parte de la historia de la cultura española, 
acompañan al presente libro algunas indicaciones de cronología 
general de España, que consideramos convenientes para que lo^ 
estudiosos encuadren con la exactitud posible, desde el primer, 
momento, la historia de nuestras letras en la historia general y 
de la civilización de nuestra Patria. 

En cuanto a las biografías de los escritores, se ha seguido la 
norma de detallar, suficientemente las de los autores medievales 
y de los siglos xvi y xvii ; en cambio, las de los que figuran en 
los siglos XVIII y XIX son más sticintas, precisamente porque es 
más fácil completar cualquier silueta mediante colecciones 
biográficas, historias modernas u otros libros análogos que están 
en manos de todos. 

Hemos procurado que la bibliografía (que va al final de cada 
capítulo) sea selecta; en la extranjera somos parcos. El lector 
estudioso que desee ampliar estos conocimientos puede consul- 
tar con fruto la bibliografía de don Armando Cotarelo, Introf: 
ducción al estudio de la literatura española (Santiago, 1911); la 
de J. Fitzmaurice Kelly en su Historia de la literatura española 
(Madrid, 1916); la del Manuel de I hispaniste de R. Foulché- 
Delbosc, y la de don Pedro Sáinz Rodríguez (en preparación). 

En cuantos casos ha sido posible tomamos como guía los con- 
cienzudos estudios de don Marcelino Menéndez y Pelayo : él ha 
renovado la historia literaria de España, y con certera crítica ha 
puesto en su punto muchos problemas y cuestiones difíciles; por 
esto se le cita con frecuencia (M. P,). Además, este libro es un 
homenaje de admiración que rinden sus autores a la memoria 
del incomparable maestro. 



LITERATURA ESPAÑOLA 

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS GENERALES 

Textos. — Pueden leerse en la Biblioteca de autores españoles 
(Madrid, Rivadeneira, 1846-80), 71 vals. [B. A. E.] ; en la Nueva Bibl. 
de aut. esp- (Madrid, Bailly-Bailliére, 1905), 25 vals, (en publicación). 
[A'^. B. A. £.] ; en las Bibliothcca hispánica, ed. Foiílché-Delbasc 
(Barcelona-Madrid, 1900), Biblioteca románica (Strasburgo) y Bi- 
blioteca clásica (Madrid) todas en publicación ; en las Colecciones de 
Baudry (Páris, 1845-72), 60 vals.; de Brockhaus (Leipzig, 1863-87). 
24 vols. ; de escritores castellanos (Madrid, 1880) (en publicación); 
de libros esp. raros y curiosos (Madrid, 1871-96), 24 vds. ; de Libros 
de antaño (Madrid, 1872-98), 15 vols.; de Clásicos castellanos (Ma- 
drid, 1910), en publicación: en las producciones de los Bibliófilos: 
Andaluces (Sevilla, 1868-1907), 44 vols. ; Españoles (Madrid, 1866), 
y Madrileños (1909), en publicación; de "The Hispanic Society of 
America", y en las bibliotecas que dan a luz en la actualidad las 
casas Calpe, Calleja, Ruiz, etc. 

Crestomatías y antologías. — Deben tenerse en cuenta : J. J. Ló- 
pez de Sedaño, Parnaso español (Madrid, 1768-78) ; J. N. B^hl de 
Faber, Floresta (Hamburgo, 1821-25), 3 vols.; M. J. Quintana, Poc- 
sicis selectas castellanas (Madrid, 1830-33), 6 vOls. ; M. MenénJez y 
Pelayo, Antología de poetas líricos cctstellanos (Madrid, 1890-1908), 
13 vols. [sólo comprende la Edad Media] ; la antología de líricos que 
publicó A. Bonilla en tres tomitos (Madrid, Ruiz, 1917) ; la Antolo- 
gía de prosistas castellanos, de R. Menéndez Pidal (Madrid, 1917) ; 
la Antología de prosa amena, desde Alfonso el Sabio hasta nuestros 
días, de L. Herrera Oria (Valladolid, 1918), 4 vols. ; las Cien mejores 
poesías (líricas) de la Icnguu castellana, escogidas por M. Pelayo. 

Revistas. — Entre las que se publican actualmente tienen iriterés 
para la historia literaria las siguientes: Boletín de la R. Ac. España- 



VI LITERATURA ESPAÑOLA 

la (1914) ; ídem id. de la Historia (1877) [tiene índices en los vols. 25 
y 50] ; la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1871), [índice 
hasta 1910 por R. Gómez Villafranea] ; la Revista de Filología es- 
pañola (1914) ; la Revista Critica Hispanoamericana (1915) ; Razón y 
Fe (1901), [índices publicados aparte en el año 1911] ; La Ciudad de 
Dios (1881) : el Boletín de la Sociedad Menéndez y Pelayo (Santan- 
der, 1919). De las extranjeras son las más importantes Romania (Pa- 
rís, 1872), la Revue Hispanique (París-New-York, 1894), órgano de 
The Hispanic Society of America, [índices en el tomo XXV] y el 
Bulletin Hispanique (Bordeaux, 1899). 

Entre las que no se publican ya, están Cultura Española, antes 
Revista de Aragón (Zaragoza-Madrid, 1900- 1909), [índice en «1 úl- 
timo vol.] ; La España Moderna (Madrid, 1889-1914), [índice de R. 
Gómez Villafranea, en el último vol.] ; La Lectura (1901-1918) ; 
la Revista Crítica de Historia y Literatura españolas (Madrid, i8gb- 
902) ; la Revista Contemporánea (Madrid, 1875-907) ; la Revista de 
España (Madid, 1868-92) [índice por Maestre] y otras muchas del 
siglo xix^ tenidas en cuenta en la bibliografía de este libro. 

Historias literarias generales. — A más de las de Lampillas 
(1778) y Andrés (1782), merecen señalarse las de G. Ticknor (Bos- 
ton, 1849), [trad. de Gayangos y Vedia (Madrid, 1851-56)], de J. 
Amador de los Ríos (Madrid, 1861-65), de J. Cejador (Madrid, 
1915-1921), 13 vols. (en publicación), de A. Salcedo (1915-7), Prin- 
cipales manuales : los de Gil y Zarate, Arpa, Sánchez de Castro, Fer- 
nández Espino, Navarro Ledesma, Alonso Cortés, Mudarra, Al- 
cántara García, Mérimée y Fitzmaurice-Kelly. 

Bibliografías — Son las más importantes: la Bibliotheca hispa 
na vetus et nova de Nicolás Antonio (Madjrid, 1788) ; é. Ensayo de 
una biblioteca española de libros raros y curiosos de B. J. Gallardo 
(Madrid, 1863-89) ; el Catálogo de la biblioteca de Sal/vá (Valencia, 
1872), [índice de G. Molina, 1913] ; el Catálogo del teatro antiguo es- 
pañol de C. A. de la Barrera (Madrid, 1860), y las colecoiones bio^ 
gráficas y bibliográficas de escritores por provincias o regiones, por 
ejemplo: de Alcalá, por J. Catalina García (1899); de Aragón, por 
Latassa (1884-6) ; de Burgos, por M. Martínez Añíbarro (1890) ; 
de Cerdeña, por E. Toda (1890); ét Córdoba, por J. M.* de Valde- 
nebro (1900) ; de Cuenca, por F. Caballero (1881) ; de Extremadura, 
por V. Barrantes (1875-77) ; de Galicia, por J. Villaamil y Castro 
(1875) ; de Guadalajara, por J. Catalina García (1899) ; de Madrid, 
por Alvarez Baena (1789-91) y por C. Pérez Pastor (1891-1907); 
de Medina del Campo, por el mismo (1895) ; de Segovia. por T. 
Baeza (1877-80) y por G. M. de Vergara (1903); de Sczñlla, por ]'. 



FUENTES BIBLIOGRÁFICAS GENERALES VII 

Escudero (1894) y por J. Hazañas (1892) ; de Toledo, por C. Pérez 
Pastor (1887) ; de Valencia, por J. P. Fuster (1827-30) y por J. E. 
Serrano y Morales (1898-99); de Zamora, por C. Fernández Du- 
ro (1891) ; de Zaragoza, por J. M. Sánchez (1908, 1913-14) ; de Por- 
tugal, por D. García Pérez (1890) ; de América española, por J. T. 
Medina (1898-903) ; de los vascos, por A. Allende Salazar (1887) ; 
las bibliografías de escritores por instituiciones, como de los jesuí- 
tas, por E. de Uriarte (1904) ; de los agustinos, por G. de Santia- 
go (1913) (en publicación) ; de los dominicos, ix)r R. Martínez Vi- 
gil (1884) ; de los que pertenecieron a Jos Colegios mayores, por J. 
Rezabal (1805) ; y las bibliografías de escritoras castellanas, por 
M. Serrano y Sanz (1903-5) ; de la medicina española, por A. Her- 
nández Morejón (1842-50) ; de la ciencia española, por F. Picatos- 
te (1891) y por M. Pelayo (val. HI de La Ciencia Española), etc. 

Obras de consulta general. — Son indispensables las de don Mar- 
celino Menéndez y Pelayo, por ejemplo : los prólogos de la citada 
Antología de líricos, los Orígenes de la novela en los vols. i, 7, 14- 
y 21 de la Nueva Bihl. de Aiit. Esp.; la Historia de las ideas esté- 
ticas (Madrid, 1883-91) ; los Estudios de crítica literaria (Madrid. 
1893-908), 5 volúmenes; los prólogos de la ed. de Obras de Lope de 
Vega; y el resto de sus obras, cuya reseña puede verse en el vo- 
lumen 21 de la indicada N. B. A. E. 

Para la historia del teatro deben tenerse en cuenta, además del 
citado Catálogo de La Barrera, la Historia de la literatura y el ar- 
te dramático en España, por A. F. de Schack, Berlín, 1845-6 (trad. 
de E. Mier, Madrid, 1885-7); e^- Catálogo de las piezas de teatro... 
de Id Biblioteca Nacional, por A. Paz (Madrid, 1899) ; el Teatro es- 
pañol del siglo xvi, por M. Cañete (Madrid, 1885), y los estudios de 
Cotarelo, Díaz de Escobar, Pérez Pastor, Sánchez Arjona. etc. 

Al fin de los capítulos de este libro se indican algunas notas bi- 
bliográficas de las monografías que pueden ser consultadas con 
fruto. Por eso no repetimos aquí la cita de las obras de Alonso Cor- 
tés, Blanco, Bonilla, Castro, Ce j ador. Cotarelo (E. y A.), Hazañas, 
Icaza, Lomba, Menéndez Pidal, Onís, Paz y Mélia, Pérez Pastor. 
Puyol, Ríos de Lampérez, Rodríguez Marín, Rubio. Sáinz Rodrí- 
guez, Serrano Sanz. Torre (Lucas de), entre los españoles; de Cirot, 
Coster, Croce, Farinelli, Fitzmaurice-Kelly, Foulché-Delbosc, Mé- 
rimée, Morel-Fatio, Rennert, Schack, Schevill, Wickersham Craw- 
ford, entre los extranjeros; y de otros más, cuyos trabajos son base 
precisa para el estudio de nuestra historia literaria, 



A. Período pagano. 



LITERATURA 

HISPANO- 

LATINA 



a) Hispayiorro- 
mano v visi- 



¡ M. Anneo Séneca. 
1 L. Anneo Séneca. 
\ Lucano. 
< Marcial. 

¡Quintiliano 
Pomponio Mela. 
Columela. 

I Tuvenco. 

Saín Dámaso. 

Prudencio. 

Flavio Merobau- 
des. 
/ Orosio. 

Idacio. 



1 B. Perío- 
do cris- 
tiano. 



godo I Juan de Biclara. 

Cronicones. 

San Isidoro de Se- 
villa. 

Discípulos de San 
Isidoro: San 
Brauilio, San II- 
d e f o n s o, San 
Eugenio, Tajón. 
San Juilián. 

Elipando. 

Juan Hispalense. 

Speraindeo. 

San Eulogio. 
/ Alvaro de Córdoba. 
j Samsón. 

Vicente. 

c) Cristiano independiente. Cronico- 
nes. 



b) Mozárabe. .. 



CAPITULO I 
Literatura hispano°lat¡na. 

A. Período pagano: i. M. Anneo Séneca. — 2. L. Anneo Séneca. — 
3. Lucano. — 4. Marcial. — 5. Quintiliano. — 6. Pomponio Mela. — 
7. Columela. 

En el cuadro general de la literatura latina del Imperio ocupa 
honroso lugar España, cuyos escritores fueron de los primeros in- 
genios en Roma. Séneca crea un nuevo estilo, el estilo de frases bre- 
ves y cortadas, frente al estilo oratorio del siglo de oro. IMarciall 
hace inmortal su nombre por medio de los epigramas picantes e in- 
tencionados. Lucano compone una de las últimas epopeyas notables 
en lengua latina. Quintiliano trata de reaccionar contra el nuevo es- 
tilo, para volver a los modelos de Cicerón, aunque sin lograrlo. Pom- 
ponio Mela y Columela se especializan en una clase de conocimien- 
tos. Los escritores españoles tienen el mismo carácter general de la 
literatura latina de la edad de plata: profundidad de pensamiento, 
tendencia a lo artificiail, deseo insaciable de inmortalidad, estilo 
en que se busca lo brillante, lo picante, el interés; la retórica, las 
citas eruditas, la perfección en la forma poética, la corrección en 
ia construcción y en el vocabulario. 

1. M. Anneo Séneca (54 a. de C.-39 d. de C), natural de Cór- 
doba, padre de Novato, de L, Séneca y de Méla, padre de Lucano; 
escribió diez libros de Controversiae y un libro de Suasoriae, bajo 
el título de Oratorum et rhetorum sententiae, divisiones, colores, que 
dedicó a sus hijos. Es una colección de los asuntos tratados en las 
escudas de retórica; a cada libro precede un prefacio, con el retrato 
de uno o varios retóricos, por lo cual tiene gran interés. En gene- 
ral, sigue a cada asunto "la división en Sententiae (opiniones deí 
retórico sobre la aplicación de la ley en el caso en cuestión). Divi- 
sio (subdivisión en diferentes cuestiones) y Colores (atenuación cul- 
pable)". Séneca gozaba de una memoria asombrosa, hasta el punto 
de ser capaz de repetir dos mil nombres oídos sólo una vez, según 



SÉNECA 3 

él mismo confiesa; admiraba el estilo de Cicerón y parece haberse 
librado de las exageraciones del lenguaje de su época. Sus juicios 
acerca de los retóricos "son sobrios, severos y a veces duros". 

2. Lucio Anneo Séneca (4 a. de C.-65), hijo segundo de M. An- 
neo Séneca y de Helvia, nació en Córdoba el año 4 antes de la era 
cristiana. Educóse en Roma, estudió retórica, siendo sus maestros 
Soción — a cuyas instigaciones fué algún tiempo vegetariano — , el 
estoico Átalo y Papirio Fabiniano, partidario de Sextio. Hizo un 
viaje a Egipto, a visitar a una tía suya allí residente, y al voflver a 
Roma dedicóse a la abogacía y fué nombrado Cuestor. Era de na- 
turaleza enfermiza, y casóse dos veces, la segunda con Paulina. 
Bajo Ca:lígula estuvo a punto de ser ejecutado, y se libró de la 
muerte gracias al presentimiento de que iba a morir pronto de tisis. 
Bajo Claudio, y debido a los manejos de Alesalina, fué desterrado 
a ¡Córcega, acusado de mancebía con Julia Livilla, hermana de Ca- 
lígula. Ocho años pasó en el destierro, y el año 49 Agripina consi- 
g-uió su regreso a Roma, y le encargó de educar a Nerón. Cuando 
éste ocupó el trono, llegó a su apogeo la influencia de Séneca; fué 
honrado con el Consulado, y en sus manos y en las de Burro esta- 
ban los destinos del Imperio. Muerto Burro, tal vez envenenado, 
empezó a eclipsarse la estrella de Séneca; ya hacía tiempo que Ne- 
rón sentía despego hacia su antiguo maestro, y Séneca, al advertir- 
lo, se allejó de la Corte, en el año 62, yendo a vivir a la villa Nomen- 
tana, finca cerca de Roma. Pero no le sirvió para librarse de la 
crueldad de Nerón. Descubierta la conjuración de Pisón, sonó el 
nombre de Séneca. Nerón le ordenó que se diera muerte, lo que 
hizo tranquila y dignamente abriéndose las venas (a. 65). Tácito 
narra maravillosamente la escena de la muerte de Séneca. Rodea- 
do de sus amigos y de Pauílina (que quiso también morir y Nerón 
lo impidió), exclamaba: "¿Habrá algún hombre que no conociere 
la crueldad de Nerón? ¿Qué le faltaba al príncipe, después de ha- 
ber matado a su hermano y a su madre, sino inmolar al maestro 
que había educado su infancia?" 

De Séneca conservamos obras en verso y obras en prosa. 

Sus obras en verso son nueve tragedias, tituladas : Hércules fu- 
rioso, Hécuha, Troyanas o Fenicias, Edipo, Agamenón, Tieste, Hér- 
cules Eteo, Medea y Fedra. (La Octavia no es de Séneca.) 

Estas tragedias, probablemente escritas más bien para la lectura 
'que para la representación teatral, toman sus asuntos de flas tragedias 
helénicas; pero Séneca supo darles originalidad. A más de exponer 
en ellas muchas de sus ideas filosóficas, en sentido estoico, como so- 
hve el destino, el fin del mundo, la muerte, el suicidio, etc., aplicó a 



4 LITERATURA ESPAÑOLA 

los moddos griegos los recursos de su educación retórica, para pro- 
ducir efecto. Sabe desarrollar descripciones pintorescas, expone ma- 
gistralmente los afectos, presenta de manera decisiva las situacio- 
nes adecuadas a los sentimientos que en cada caso embargaban al 
auditorio; pero no se compenetra con los caracteres desarrollados, 
con los motivos de las diferentes acciones, con el gradual desenvol- 
vimiento de un asunto. "Trata a su modelo más como retórico que 
como poeta. Ante todo le importa el discurso ; etl movimiento dramá- 
tico ocupa para él lugar secundario; busca escenas que pongan en 
tensión el ánimo, por eso descuida la trabazón de las partes para la 
formación de un todo armónico; necesita, por tanto, el empleo de- 
acentos arrogantes para excitar los nervios adormecidos de su pú- 
bllico, pues le falta el secreto de la armonía, que se desprende de to- 
das las obras griegas con dulce calor. El rasgo característico de es- 
tas obras de Séneca lo constituyen la carencia de medida, lo forza- 
do, io patético." (Schanz.) 

Para que el lector pueda comprobar esto, véase el asunto de 
una de las tragedias de Séneca, la Medca, no teniendo espacio para 
analizardas todas : 

Comenzada la acción, se presenta Medea muy excitada y sedienta de 
venganza. Los acordes del himeneo que celebran Jasón y Creusa hie- 
ren ya su oído. En vano le aconseja su aya moderación y la fuga. Des- 
terrada del país por Creón, rey de Corinto, pide ella un plazo, y se le 
concede un día, tiempo suficiente para la ejecución de sus planes. En 
el diálogo con Jasón intenta un último esfuerzo para ganarlo, pintán- 
dole con vivos colores cuánto ha hecho ella por él, por el hombre ama- 
do. Jasón no se deja conmover y la persuade a que abandone a Co- 
rinto. Ella está dispuesta a hacerlo, pero no sin llevarse a sus hijos. 
Cuando oye que Jasón no puede vivir sin ellos concibe la idea de cómo 
ha de realizar sus planes. Después de retirarse Jasón, desciibre Medea 
su propósito de enviar a la novia, por medio de sus hijos, un vestido < 
y un aderezo envenenados. Los espectadores se enteran en escenas es- 
peluznantes de los preparativos para la ejecución de sus proyectos : pri- 
mero narra el aya la labor de su señora ; después Medea misma dice 
cómo pone en práctica sus juramentos. Todo dispuesto, se manda ve- 
nir a los nnios para que lleven los mortíferos regalos a la novia. Des- 
pués de una canción del coro, un mensajero trae la noticia de que los 
regalos han incendiado el real palacio y que han muerto Creón y 
Creusa. De nuevo propone el aya la fuga. Pero la venganza de Medea 
aún no está satisfecha; todavía tiene que seguir el golpe principal: 
el asesinato de sus dos hijos. Un monólogo es preludio de la acción 
feroz. Es asesinado uno, y luego sale con el otro y el cadáver de aquél 
a las almenas del palacio. Jasón, con gente de armas, acude precipi- 
tadamente para prender a la malvada. Ella le muestra el cadáver, y 



SÉNECA O 

a los ojos de Jasón comete el Segundo asesinato. De nada sirven las 
súplicas entrañables' de Jasón, que se estrellan en el corazón empe- 
dernido de Medea, quien, realizado su crimen, desaparece en los aires 
en un carro tirado por dragones. 

El modelo de la Medea de Séneca fué la Medea de Eurípides, y 
seguramente la Medea de Ovidio, a quien Séneca admiraba; tam- 
bién se inspiró en la Argonáutica de Apolonio de Rodas y en un 
comentario suyo. En la Medea llaman poderosamente la atención 
ciertos versos que parecen ajludir proféticamente al descubrimiento 
de América : 

Venient annis saecula seris, 
quibus Oceanus vincula rerum 
laxet et ingens pateat tellus 
Tethysque novos detegat orbes, 
nec sit terris ultima Thule- 

Escribió, en prosa y verso, la Apocolokintosis, modelo de 
>átira menipea, contra el emperador Claudio, a quien supone meta- 
morfoseado en calabaza. 

De los escritos en prosa de Séneca se han perdido algunos re- 
ferentes a filosofía moral, al matrimonio, a las superticiones, la 
biografía de su padre y algunos de cuestiones naturales. 

Entre los conservados están los libros De providentia, De cons- 
tantia sapierttis. De ira, Ad Marciam de consolatione, De rita beata, 
De otio. De trauquillitate animi. De hrevitatc vitae, Ad Hehñavt 
matrem de consolatione, Ad Polybinm de consolatione, Epistolae mo- 
rales ad Lucilium y Questioncs naturales. 

Casi todos 'los escritos de Séneca se refieren a la filosofía, en su 
rama de la Etica, generalmente. Los principios que defiende son 
los estoicos, no puros, sino interpretados y aplicados por él a la bue- 
na dirección de la vida, ail modo como el hombre puede hacerla 
dichosa. Su expresión literaria se aparta de lo corriente en su 
época, de retóricos, siendo el introductor del "estilo entrecorta- 
do'' que Quintiliano censuraba. 

He aqui algún ejemplo de sus proverbios: "Xo hay nadie tan 
humilde que no tenga poder para dañar,'* "La razón no teme el pe- 
ligro, ni le provoca.'' 

La juventud de Roma se entusiasmó con las obras de Séneca; 
otros, como Quintiliano, Frontón y Gelio, 3o atacaban ; Calíguíla mis- 
mo, que era buen orador, le llamó en frase feliz "arena sin cal" ; y 
. acaso Séneca se hubiera perdido en el mar del olvido sin la concu- 
rrencia feliz e indirecta del cristianismo. 

Después de Tertuliano y Lactancio, no sólo se toman de Sé- 



C LITERATURA ESPAÑOLA 

ñeca ideas aisladas, sino que ya al fin de la Edad Antigua se for^ 
man extractos, como el De ira de Martín de Braga (f 5S0) ; la For- 
mula vitac honestae, tomada del De officiis de Séneca, perdido, y 
otras varias. En la Edad Media es conocido por su corresponden- 
cia apócrifa con San Pablo, y sus obras figuran en todos los ca- 
tálogos de bibliotecas antiguas. 

En eil siglo xiv Antón de Vilaragut trasluce al catalán las tra- 
gedias de Séneca. En el siglo xv Fernán Pérez de Guzmán hizo 
traducir las Epístolas a Lucilio, y el Marqués de Santillana, las tra- 
gedias dd italian© al castellano. Alfonso de Cartagena, obispo dé- 
Burgos (f 1456), tradujo del latín algunos tratados fi'losóficos de 
Séneca. Hernán Núñez Pinciano (el Comendador griego) editó ias 
obras de Séneca en 1536, con notas críticas del más alto interés. Im- 
pugnado Séneca por Alonso Núñez de Castro (siglo xvii), escri- 
ben en su defensa Martín Godoy de Loaisa y Juan Baños de Vdas- 
co. Senequistas son también Pedro Fernández de Xavarrete, don 
Francisco de Quevedo, Baltasar Gracián, Diego Saavedra Fajardo y 
tantos otros literatos y pensadores españoles. 

No se limita a España la influencia de Séneca. Influye en Dan- 
te, en el Petrarca, en Erasmo, en Schiller, en Goethe, en Diderot, 
en Schopenhauer, y hasta el presente no ha decaído el interés por 
la lectura del célebre filósofo de Córdoba^ 

3. M. Anneo Lugano (a. 39-65) nació en Córdoba. Sus padres 
eran M. Anneo Mela, hermano de Séneca, y Aoilia. Muy niño fué 
a Roma, donde se educó esmeradamente. Discípulo del estoico Cornuto 
y amigo y admirador del poeta Persio, sobresalió en la declamación; 
vivió atlgún tiempo en Atenas. Fué Cuestor antes de los veinticinco 
años, y Augur. Casó con Polla Argentaría. Se distinguió por prime- 
ra vez como poeta en la i." "Neroniana", celebrada el año 60. Pu-^ 
bdicó poco depués los tres primeros libros de la Farsalia. Sea por 
la indiferencia de Nerón ante esta obra, sea por la envidia del Em- 
perador de los éxitos poéticos de Lucano, sobrevino un rompimien- 
to entre ellos. Nerón prohibió a Lucano dedicarse a la poesía y ai 
foro; fácilmente se comprende que el espíritu de libertad que palpita 
en la Farsalia hizo recelar a Nerón. Suetonio dice que Lucano com- 
puso una sátira contra ei Emperador. Luego tomó parte en la cons- 
piración de Pisón, lo que le trajo su ruina. Ante la desgracia mos- 
tró Lucano gran debilidad de carácter, llegando, para salvar su vi- 
da, a hacer declaraciones comprometedoras hasta para su madre 
inocente. Todo inútil; Nerón le ordenó suicidarse y se abrió las 
venas (a. 65). 
, De Lucano sólo nos queda la Farsalia. Parece que escribió una 



LUGANO 7 

leyenda sobre Orfeo, algunas silvas, una alocución a su esposa Po- 
lla Argentaría y otras obras que se han perdido. 

La Farsalia, llamada también De helio civili, es un poema histó- 
rico que trata en diez libros de la guerra civil entre César y Pom- 
peyo. 

Después de indicar las causas y principios de la guerra, muestra 
a César persiguiendo a Pompeyo, que se refugia en Dirrachio. César 
vuelve a Roma, donde se apodera del Tesoro público, sitia a Marse- 
lla (Galia) y destroza cerca de Lérida el ejército de Petreyo y Afranio. 
Mientras, son derrotados sus auxiliares, ^\ntonio en Iliria por los 
pompeyanos, Curión en África por los númidas de Juba. César se hace 
nombrar dictador en Roma y, desafiando a la tempestad en una bar- 
ca de pescadores, va en busca de Antonio, con quien se reúne en Te- 
salia. Pompeyo, aterrado por los presagios, consulta a una maga que 
le da su conjuro resucitando a un muerto. Descríbese la batalla de Far- 
salia (lib. 7). Huye Pompeyo a Mitilene, al lado de Cornelia, y juntos 
se refugian en Egipto ; pero por la traición de Ptolomeo, el héroe es 
degollado a los ojos de su mujer y de su hijo. Un esclavo rinde ho- 
nores furtivos a aquel "cuyo sepulcro tiene la misma medida que el 
Imperio romano"- Catón pasa a Libia, viendo de cerca las curiosida- 
des de esta región, tales como el oráculo de Hammón, el huracán, las 
serpientes, la sed ; César, persiguiendo a Pompeyo, se reúne con Pto- 
iomeo, que le presenta la cabeza del vencido, ante la cual derrama 
falsas lágrimas. César visita Alejandría, restablece en el trono a Cleo- 
patra y en una fiesta es atacado por Aquilles y los satélites del Rey. 
Aquí se interrumpe el poema. 

El valor poético de esta obra no es grande. La elección de asun- 
to es un error, pues los temas históricos recientes son muy difíci- 
les de ser tratados en verso. En la composición tampoco fué afor- 
timado el poeta, pues siendo su héroe Pompeyo, en quien el autor 
ve al último representante de la antigua libertad, resulta más sim- 
pático César, y más ajustado a la realidad. No nos indemniza el 
aspecto artístico de esta carencia absoluta de concepción. Lucano 
había leído a Virgilio, a Ovidio, a Lucrecio; pero sus facultades 
caían más del lado de la retórica. Lo más importante del poema 
son los discursos y las descripciones, en las que se hace resaltar lo 
horrible y espeluznante, en lo cual se advierten las huellas de las 
tragedias de Séneca. Algunos rasgos sueltos son de verdadera elo- 
cuencia; como el siguiente, que se refiere a los destinos del mun- 
do romano, juzgados por Catón: "Victrix causa diis placuit, sed 
victa Catoni." 

Lucano mismo profetizó inmortalidad a su obra : "Pharsalia 
nostra vivet, et a nullo tenebris damnabimur aevo" (9. 985). Así se 



o LITERATURA ESPAÑOLA 

ha cumplido y en todos tiempos ha sido considerada la Farsalin, de 
Ja cual se han hecho copias y comentarios. Dante coloca a Lucano 
tras de Horacio y Ovidio. El historiador inglés Tomás May conti- 
nuó en versos latinos la obra; un verso suyo (4, 579) 

ignoratque datos, nc quisquam scrviat, cuses, 

se grabó en la espada de la Guardia nacional francesa de la pri- 
mera República. Goethe tomó su "bruja" de la clásica noche de 
Walpurgis de Lucano (6, 507), y Shelley remeda al poeta cordobés 
en muchos pasajes de sus obras. 

En España, Juan de Mena parece imitarlo alguna vez; Laso de 
Oropesa io traduce en prosa, y don Juan de Jáuregui es autor de 
una traducción en verso, modificando el poeta 'latino añ estilo y 
gusto literario de'l traductor. 

4. M. Valerio Marcial (42-104), hijo de Valerio Frontón y 
Flaccilla, era natural de Bílbilis (Calatayud). Educado en Jas escue- 
las de gramática y retórica, pasó a Roma a los veinte años de su edad 
para probar fortuna. Entre la abogacía y la clientela optó por esta 
última, donde se familiarizó con todas las capas de la sociedad 
romana, apropiándose, como buen observador, de valiosos tesoros 
que Juego utilizó en sus escritos. No faltaban humillaciones en la 
vida de cliente, y de ello se lamentaba con frecuencia el poeta; 
pero la sportnla alimentaba, aunque con escasez, a un hombre, y 
pronto logró tener un pequeño terreno en Nomentum. Se dio a 
conocer como poeta el año 80, cuando Tito inauguró el Anfiteatro 
Flavio, con fiestas que asombraron al mundo, acerca de las cuales 
escribió Marcial un número de epigramas que dedicó al Empera- 
dor. Dom'iciano le concedió el título de Tribuno militar, con lo 
que pasó al rango de caballero, aunque no por esto mejoró su si- 
tuación material. Para halagar a Nerva, cometió la gravísima fal- 
ta de colmar de improperios a su protector Domiciano. A los trein- 
ta y cuatro años de residencia en Roma, volvió a Bílbilis, donde 
su amiga Marcela le había regalado una quinta. Allí murió dedica- 
do a su labor poética. 

El cuerpo de los epigramas de Marcial tiene, a más de los XIT 
libros de epigramas, un Libcr spcctacnlonim, y los llamados Xenia 
y Apophorcta. Era costumbre, con ocasión de la's fiestas saturnales, 
hacerse recíprocos regalos o sortearlos de sobremesa : los primeros 
se llamaban Xenia (regalos de huéspedes), y los segundos, Apo- 
phorcta (lo que ha de llevarse uno). A los regalos se les proveía de 
etiquetas epigramáticas. Para unos y otros escribió Marcial epigra- 
mas conservados en los libros de estos nombres. 



MARCIAL 9 

Los Epigramas de Marcia^l fueron leídos en Roma y en los más 
apartados rincones del Imperio. Hasta Domiciano, que aborrecía la 
lectura, si hemos de creer al poeta, solía leer las obras de nuestro 
epigramático. 

Todavía hoy admiramos sus producciones chispeantes e ingenio- 
sas, reflejo fiel de la abigarrada sociedad romana. Es uno de los 
mejores "pintores de costumbres" de todas las épocas, y nos re- 
presenta las flaquezas humanas, los tipos más diversos de todas las 
capas sociales de la Ciudad Eterna. Por ejemplo: Tongilio, que se 
finge enfermo para que le regalen con buen vino y delicados manjares 
(2, 40) ; Clyto, que celebra su natalicio \"arias veces al año para re- 
cibir otras tantas veces regalos de cumpleaños (8, 64) ; Tongrliano, 
a quien se le quemó la casa y se ha hecho más rico con las colectas 
(3, 52) ; Selio, recorriendo toda la ciudad en espera de encontrar 
a un amigo con quien se invite a comer (2, 14) ; Gemello, que hace el 
amor apasionadamente a Maronilla, no porque sea hermosa, sino 
porque tose (i, 10) ; hay gentes que no gustan de comprar libros, y 
buscan prestados los Epigramas del poeta, acaso con la intención de 
no devolverlos (i, 117 y 4. 72). Bl médico Diaulo se metió a se- 
pulturero; no hay que extrañarse, opina Marcial, él prosigue el 
ejercicio de su profesión en otra forma (i, 47). Una vez que nuestro 
epigramático pidió a un amigo prestada una cantidad relativamente 
pequeña y éste le dijo: "podías tener grandes riquezas si te hubieras 
dedicado a la abogacía", le contestó el poeta : "Te he pedido dinero 
y no consejos." 

Los Epigramas son "diamantes bien trabajados", en frase de 
Schanz. tan precisos y bien compuestos que es difícil reproducirilos 
en una traducción. Y pasma la fecundidad de este ingenio, capaz 
de escribir sin agotarse mil doscientas composiciones epigramáticas. 
Se apartó de la retórica y de los recursos mitológicos, tan usuales 
en la poesía en su época. "Es verdad — decía él — que estas poesías 
se admiran, pero mis epigramas se leen." Son característica de 
los epigramas la improvisación y la originalidad, aunque conocía 
sus predecesores latinos y griegos. En una palabra, Marcial reúne 
todas las facultades de los grandes poetas y todos convienen en 
considerarlo como maestro. 

Dos son los defectos que se achacan a Marcial : !a obscenidad y 
el servilismo. La obscenidad se explica por tener que reflejar la 
vida de la Roma decadente con todos sus vicios, y se atenúa por la 
intención moral del poeta ; no son lascivas sus poesías, como las de 
Ovidio. Peor parece el servilismo; aunque pudiera disculparse pen- 
sando que líos honorarios del poeta eran lo que obtenía con la dedica- 
toria de sus libros. A los treinta v cuatro años de residir en Roma 



lO LITERATURA ESPAÑOLA 

salió ick ella sin más dinero que el que le regaló Plinio el joven para 
d viaje. Ante la miseria, difícil le hubiera sido conservar su inde- 
pendencia. 

Marcial es sencillo, amante do la i aturaleza, sin envidia r 
su ironía no es venenosa ; sus personajes tienen nombre supuesto. 
Plinio, al recibir la noticia de su muerte, alabó su agudeza v sa 
ingenio y su candor animi. 

Marcial fué muy leído en la antigüedad; durante la Edad Me- 
dia se obscureció algo su fama, que volvió a surgir en el Renaci- 
miento. En los siglos XVI y xvii fué traducido e imitado. En B-s- 
paña, desde el Renacimiento no pocos humanistas y poetas han tra- 
ducido o imitado Jos epigramas de Marcial. Entre los traductores 
figuran Garcilaso, MaUara, Herrera el Divino, Bartolomé L. de 
Argensola, Jáuregui, Quevedo, González de Salas, el canónigo de 
Huesca don Manuel de Salinas, el padre José Morell, jesuíta, Rodri- 
go Caro, el padre Interián de Ayala, el señor Pavón y el señor Suá- 
rez Capalleja, latinista contemporáneo. Entre los más notables imita- 
dores de Marcial nombraremos a Baltasar del Allcázar, Ruiz de Alar- 
cón, don Juan de Jáuregui, Quevedo, Jorge Pitillas. Forner, Igle- 
sias, Xérica y otros. 

Quevedo, inspirándose en un epigrama del poeta de Bílbilis, es- 
cribió el soneto que empieza : 

Sólo en ti, Lesbia, vemos ha perdido 
el adulterio la vergüenza al Cielo... 

y teniendo presente otro epigrama del mismo, compuso este otro 
soneto. 

Llueven calladas aguas en vellones... 

Don Juan de Jáuregui, en la Elegí^i de la felicidad de la vida ha 
reflejado con su habitual elegancia otro epigrama del bi'lbilitano 
sobre el mismo asunto. 

Forner, recordando otro epigrama de Marcial, compuso el si- 
guiente ; 

— Venid a comer conmigo, Comí: leyóme el soneto: 

me dijo don Perantón, —¿Qué tal? —Los dientes aprieto, 

que hay perdicillas, amigo, pero alábelo. ¡ Oh barriga ! 

y un sonetito en borrón Por ti, implacable enemiga, 

que a que os agrade me obligo. pasa por blanco lo prieto. 

Iglesias de la Casa compuso este otro epigrama, en el que si- 
guió de cerca el pensamiento de uno del clásico latino : 

Siii crédito en su ejercicio Más tan poco se desvía 

se llego un medico a ver, de la afición del primero. 

y el, por ganar de comer que hoy hace sepulturero, 

ya se ocupa en nuevo oficio- el que antes médico hacia. 



OUINTILIANO. MELA II 

5. QuiNTiLiANO. M. Fabio Quintiliano (35-96) nació en Cala- 
horra y se educó en Roma, volviéndose a España. El año 68 Galba. 
lo llevó consigo a Roma. Fué el primer maestro público de Retó- 
rica y como tal recibió sueldo del fisco. Su prestigio fué tan gran- 
de que se le distinguió con el Consulado, y Marcial lo llamó ''honra 
dé la toga romana". Sntre sus discípulos se cuenta a Hinio el jo- 
ven. Fué profesor de ios nietos de Domitila, hermana de Domi- 
ciano, designados como sucesores al trono. En su vida doméstica. 
fué, desgraciado, pues perdió en edad temprana a su mujer y a los 
dos hijos que de ella tuvo. 

Además de su libro De las causas de la decadencia de la Oratoria, . 
que no se conserva, es autor de la Institución oratoria (Institutionis 
oratoriae lihri XII). Ail dejar el profesorado a los veinte años de 
práctica, escribió este libro a instancias de sus amigos. 

Procura dirigir al alumno desde la infancia hasta el más altó gra- 
do de educación, por lo cual el curso de retórica viene a ser un curso- 
de carácter general. Trata de la enseñanza elemental; de los prin- 
cipios de la Retórica y su esencia; de las cuestiones fundamentales 
de la oratoria; doctrinas de inventiva y disposición; de la expresión, 
memoria y declamación, y, finalmente, trata del orador mismo y del' 
discurso. Tiene especial interés el libro X, porque al ocuparse de los 
autores griegos y latinos, cuya lectura puede ser útil al alumno del 
arte oratoria, ofrece un resumen de historia literaria- 

Hombre recto y sincero, entusiasta de su profesión y encariña- 
do con la literatura, refleja en su obra sus buenos caracteres. Pone 
a Cicerón como modelo de oradores, y critica eíl estilo entrecor- 
tado de su época, derivado de Séneca. Mommsen llama al Retórico 
"la perla de la Jiteratura hispano-latina", y dice que "Su tratado 
de Retórica, y hasta cierto punto de historia literaria romana, es 
una de las obras más excelentes que poseemos de la antigüedad 
romana, inspirada en d buen gusto y recto juicio, sencilla en el 
sentido y en la composición, instructiva sin llegar a aburrir, atrac- 
tiva sin necesidad de personall esfuerzo, en contraste intencionado y 
agudo con la literatura de moda, huera y amanerada". 

Quintiliano, muy conocido en ía antigüedad, eclipsado en la Edad 
Media y puesto en boga por el Renacimiento, es hoy de poco inte- 
rés. Sólo sus libros I y X, que están fuera del campo de la Retó- 
rica, son leídos en la actualidad. 

6. Mela. Influido por el estilo cortado de Séneca se nos ma- 
nifiesta Pomponio Mela, natural de Tingentera en España, que es- 
cribe en eil reinado de CaJlígula o de Claudio la primera descrip- 
ción geográfica conservada de la antigüedad, con el título De cho^ 



12 LITERATURA ESPAÑOLA 

rographia. Inspirado en Hiparco. Hannon y sobre todo en Corne- 
lio Nepote, abarca utios mil quinientos nombres geográficos, tra- 
tados muy concisamente, en general, aunque en algunos casos su des- 
cripción sea extensa; son interesantes algunas detalles sobre cos- 
tumbres de Egipto, de Bretaña, etc. 

7. CoLUMELLA. L. Junio Modcrato Co'lumella, contemporáneo di 
Séneca el filósofo, era natural de Gades ('Cádiz) y fué tribuno mili- 
tar de la legión VI ferrata, de guarnición en Siria. Propietario de 
fincas en Gades y en Italia, se dedicó con ardor al cultivo agrícola 
y se apasionó por estas aficiones, raras en su época. Escribió docí 
libros. De re rustica, dedicados a P. Silvino, en los que lamenta e: 
atraso de su tiempo en esta materia. Recuerda al cartaginés Magór 
como e\ verdadero padre de la ciencia agronómica ; las obras de éste 
28 volúmenes, fueron vertidas al latín por un decreto del Senado. 

El libro décimo contiene un tratado de horticultura, ert verso 
en memoria de Virgilio, a quien veneraba. 

La obra de Coilumella es citada por Plinio y por Gargüio -Marcial 

B. Período cristiano: a). Hispanor romanos y visigodos: 8. Jiivcn- 
co. — 9. San Dámaso. — 10. Prudencio. — 11. Flavio Merobaudes.— 
12. Orosio. — 13. Idacio. — 14. Juan de Biclara. — 15. Cronico- 
nes. — 16. San Isidoro de Sevilla. — 17. Discípulos de San Isidoro 
San Braulio, San Ildefonso, San Eugenio, Tajón, San Julián. 

Declarado el cristianismo religión oficial del Estado romano, 
se extendió rápidamente en el siglo iv, y la libertad en que se k 
dejó facilitó el intercambio de la cultura clásica y la cristiana. El 
cristianismo perdió algo en pureza respecto al culto y a da moral, a 
ia vez que se asimilaba más el helenismo; la cultura dásica se sa- 
crificó y perdió a su vez, pero gracias a la nueva religión pudo sal- 
var y transmitir parte de sus ideas a la Edad Media. I-X)s escritore; 
cristianos, a partir de est€ siglo, trataron de dar a 3as ideas y a la 
historia santa una expresión conforme a la culltura tradicional, es- 
forzándose en reproducir 'la forma de los modelos clásicos paganos 
(Juvenco, Prudencio). La belleza de lia forma debía hacer a íla lite- 
ratura cristiana semejante a lo que fué en la literatura pagana; y 
debía suplantarila como ejercicio del desarrollo de las facultAdes in- 
telectuales. 

8. Juvenco. Cayo Vettio Aquilino Juvenco era un presbítero 
español, de noble familia, que escribió hacia 330 una Historia evan- 
gélica. Se compone de cuatro libros, cada uno de unos 800 hexáme- 
tros, narrando el asunto de los evangelios ; sigue en general la re- 



JUVENCO. SAN DÁMASO. PRUDENCIO I3 

dacción de San Mateo, según la antigua versión latina de la Biblia. 
Precede a este poema un prólogo notable en que el autor indica la 
gloria reservada a los poetas como Homero y Virgilio a través de 
los siglos; gloria que será mucho más duradera en los poetas cris- 
tianos que cantan asuntos, no fantásticos como los paganos, sino rea- 
les y verdaderos, como la vida de Cristo. Por tanto, apartándose de 
la mitología, procura en cambio seguir fielmente el texto evangélico; 
se inspira en el estilo de Virgilio ■en las Geórgicas y en ia Eneida, 
siendo su caracteristica la sencillez en frente de la ampulosidad pro- 
pia de la poesía pagana de entonces. Su afán de reproducir fielmente 
el texto sagrado hace que la obra carezca de composición artística. 
Si alguna vez necesita adornar el relato, se vale de las descripcio- 
nes, pintando sobre todo la naturaleza, lo cual da a la narración 
cierto ropaje poético sin perjuicio de la fidelidad del texto, y apar- 
tándose de la prolijidad de detalles. Espíritu compenetrado con 
la cultura clásica, es el primer poeta latino en quien esta cultura 
se une al genio cristiano, aunque no esté aún del todo asimilada. A 
pesar de ciertas incorrecciones propias de su época, adquirió la Histo- 
ria evangélica gran celebridad durante la Edad Media. 

9. San Dámaso. Papa desde 366 a 384, introduce en la literatu- 
ra cristiana el epigrama, empleado en su forma primitiva, como ins- 
cripción. Estos epigramas son inscripciones sepulcrales dedicadas 
a personas piadosas, a santos y mártires, o inscripciones en recuer- 
do de erección o dotación de iglesias o capillas. Escritos en hexá- 
metros, no son de gran valor poético, pero tienen indudable interéa 
histórico para el culto de los mártires y marcan el preludio de un gé- 
nero poético dedicado a la leyenda religiosa. El más notable es uno 
compuesto en honor de San Pablo y que servía de introducción a 
sus Epístolas. 

10. Prudencio. EJ más grande poeta latino cristiano español 
es Aurelio Prudencio Clemente, nacido el año 348, probablemente 
en Zaragoza. De familia ilustre, estudió retórica y derecho, y, se- 
gún él mismo dice en el prefacio de sus obras, siguió la carrera po- 
lítica, como era corriente en personas de su clase; ejerció la abo- 
gacía, llegó a ser gobernador de una provincia española, acaso de la 
Tarraconense, y obtuvo el honor de un alto empleo militar. Dado 
en su juventud a los placeres mundanos, abrazóse en una edad más 
avanzada a la vida piadosa cristiana y se dedicó a componer poe- 
sías reüigiosas. A los cincuenta y siete años de edad hizo una edición 
compieta de sus poesías, donde ya constan todas sus obras menos 
una. Se ignora en absoluto la fecha de su muerte. 



1^ J ITEKATURA ESPAÑOLA 

Las primeras poesías de Prudencio están contenidas en el Líber 
Cathemerinon, colección de doce himnos; -los seis primeros están 
■dedicados a las oraciones cuotidianas y son: Al canto del Gallo (i), 
Himno a la mañana (2), Antes de la comida (3), Después de la 
comida (4), Al encender la lúa (5) y Antes del sueño (6). Los seis, 
restantes están dedicados a determinadas ocasiones religiosas : Him- 
no de los que ayunan (7), Después del ayuno (8), De toda hora (9), 
Para las exequias de un difunto (10), Para Navidad (11), De /o; 
Epifanía (12). Estos himnos de Prudencio, aunque hechos en vista 
de algunos de San Ambrosio, quien los introduce en el culto cris- 
tiano, se distinguen de los de éste por su mayor extensión. Los de 
San Ambrosio estaban hechos para el culto; los de Prudencio — adop- 
tados por la Iglesia sólo fragmentariamente — se escribieron para 
su satisfacción personal, religiosa y estética, por lo cual son menos 
populares y tienen el carácter de la poesía artística de modo bien 
marcado. Además Prudencio añade a San Ambrosio el desarrollo 
de la concepción simbólica, apenas esbozada en éste (Símbolos de 
la luz, deil gallo, etc.), y Ja extensión de los asuntos, mediante una 
pintura o una descripción, rindiendo culto al gusto de su época, en 
que predominaba la poesía descriptiva, acaso como signo de la deca- 
dencia de la fuerza creadora. Son notables en Prudencio Ja descrip- 
ción de los alimentos (himn. 3), la enumeración de ios distintos me- 
dios de ailumbrado artístico (lámparas, lucernas, antorchas, etc.), 
la pintura de líos jardines embalsamados del Paraíso y !la iluminación 
de las iglesias en los días de Pascua (himn. 5). Aunque en algunos 
de estos himnos el elemento lírico está relegado a último tér- 
mino, siguiendo la tendencia de la oda antigua, en especial de 
Horacio, en otros se mezcla ilo lírico a lo épico para producir un 
efecto dramático (martirio de los Inocentes por Herodes) y en los 
más domina lo lírico, fruto del sentimiento tierno y afectuoso, ex- 
clusivo del alma cristiana. A esto contribuye también la elección 
del metro, que Prudencio hace de un modo muy acertado y con 
más variedad que San Ambrosio. 

Si en la poesía lírica se muestra Prudencio original por el uso 
de la descripción y la pintura, mayor originalidad manifiesta en la 
poesía épico-lírica, de la cual es muestra su obra Peristephanon 
(Las coronas), la más importante de las suyas desde el punto de vis- 
ta estético e histórico. Consta de trece himnos y un poema epigra- 
mático (el 8.°), de extensión, forma y carácter varios, unos en honor 
de mártires españoles, otros dedicados a mártires cuyas tumbas es- 
tán en Roma o visitadas por ©1 autor en su viaje a Imola, como el 
-de San Casiano; populares unos, artísticos otros. El i." está dedi- 
cado a San Emeterio y San Celedonio, de Calahorra, mártires bajo 



I'RUDENXIO 15 

Diocleciano. El himno más extenso de esta colección es el 2.", con- 
sagrado a San Lorenzo, al cual Ebert se siente tentado a tomar por 
el primer ejemplo de balada moderna, por su animación en el re- 
lato sazonado con la alegría fina y espiritual del pueblo. 

Su asunto es el siguiente : El avaro prefecto de Roma cita a Lo- 
renzo, tesorero de la Iglesia, para que le entregue el tesoro, los vasos 
preciosos, la plata, ya. que en las monedas figura la efigie del Empe- 
rador, no la de Cristo, y a aquél se ha de obedecer. Lorenzo responde 
que en efecto la Iglesia es muy rica y que él va a entregar sus teso- 
ros al Prefecto, para lo cual pide un corto plazo. Muy contento el 
Prefecto se lo concede. Lorenzo reúne apresuradamente todos los en- 
fermos, que viven de limosnas de la Iglesia. Los ciegos, los paralíticos, 
los cojos, los leprosos... he aquí los vasos de oro que el Santo ofrece 
al Prefecto. Lleno de rabia, enmudece, y el Santo, de muy buen hu- 
mor, le explica cómo es preferible la enfermedad del cuerpo a la del 
alma, diciéndole alguna frase que le molesta. El Prefecto manda que 
sea quemado a fuego lento ; y el Santo, sin perder su buen humor, se 
hace dar vueltas, como cuando un cocinero vuelve un asado. 

A Santa Eulalia de Mérida está dedicado el himno 3.", de gran 
interés literario y artístico, ya que el poema francés más antiguo 
-que se cons^erva tiene ciertas relaciones con éste de Prudencio. 

Joven de flistinguida familia, Eulalia huye de su casa en busca del 
martirio ; condenada, muere entre las llamas, que forman como una 
muralla alrededor de su cabellera; su alma vuela al cielo bajo la for- 
ma de una paloma blanca, mientras que cae la nieve y va lentamente . 
cubriendo su cuerpo. 

Otros himnos están consagrados a los diez y ocho mártires de 
Zaragoza (himn. 4) ; a San Vicente, mártir de Zaragoza (himn. 5) ; a 
San Fructuoso, de Tarragona, y sus dos diáconos Augurio y Eulo- 
gio (himn. 6), escrito en estrofas de tres versos endecasílabos, lo que 
ofrece interés en relación con el metro de la Divina Comedia; a 
San Quirino, mártir de Panonia (himn. 7). De e.stilo eminentemente 
épico son los himnos dedicados a San Casiano (himn. 9) y a San 
Hipólito (himn. 11), en que cuenta el poeta su visita a Imola y a la 
tumba de San Hipólito en Roma, reproduciendo escenas vistas en 
cuadros pintados, por lo cual tienen interés arqueológico, así como 
la Pasión de San Pedro y San Pablo (himn. 12), en que describe las 
fiestas de Roma en honor de los Apóstoles. En alabanza de San 
Román (himn. 10) y de San Cipriano (himn. 13) cantó Prudencio; y 
termina el Pcristcphanon con un himno (14) consagrado a Santa 
Inés, virgen romana. Condenada al lupanar, es expuesta, desnuda, 
a la vista del público en la calle ; pero la gente aparta de ella los 
ojos; sólo se atreve a mirarla con apetito sensual un joven, a quien 



l6 LITERATURA ESPAÑOLA 

hiere un rayo, castigo del cieilo ; sin embargo, a ruegos de la virgen, 
recobra la salud y la vista. Después de martirizada el poeta nos la 
muestra subiendo al cielo y echando una mirada a la tierra, que 
manifiesta una vez más la vanidad y la miseria de esta vida. Este 
himno es acaso el mejor del Peristephanon, distinguiéndose por la 
unidad de la composición y por muchos detalles poéticos. 

De carácter didáctico y polémico son las demás obras poéticas 
de Prudencio. En la Apotheosis, apología de la divinidad de Cristo, 
combate a varias sectas heréticas: los patripasianos, los sabelianos, 
los judíos, los ebionitas, los maniqueos. En Hamartigenia (del ori- 
gen del mal), apoyándose en obras de Tertuliano, combate el dua- 
lismo gnóstico de Marción, que admitía dos dioses, vmo para el 
Antiguo y otro para el Nuevo Testamento, y decía que en éste, el 
demiurgo era la causa del mal ; Prudencio pone el origen del mal en 
Satanás ; a quien él describe por primera vez en la poesía occidental, 
dando una pintura de las penas infernales, de interés en relación con 
Ja Divina Comedia. En los Dos libros contra Símmaco ataca la 
religión pagana del estado romano, que Símmaco pretendía que fue- 
ra restaurada con carácter oficial : en el libro I expone los oríge- 
nes históricos de los dioses paganos, el desarrollo de sus cultos y 
supersticiones, especialmente el culto de Mitra o el Sol, conservado 
por largo tiempo entre las personas cultas; en el libro II refuta 
punto por punto la célebre Relación de Simmaco, apoyando muchas 
veces su argumentación en Minucio Félix, probando que Roma no 
había perdido su grandeza por el advenimiento del cristianismo, y 
abogando por la supresión de los gladiadores en el circo. En el Ditto- 
chaeon explica en 49 tetrásticos otros tantos cuadros con pinturas 
tomadas del Antiguo y del Nuevo Testamento,, 

El poema Psychomachia, el más original de Prudencio, es tam- 
bién el más interesante, histórica y literariamente, por ser el primer 
ejemplo en la literatura medieval de poesía puramente alegórica. 

La concepción de este poema, que pinta el combate del alma con 
sus enemigos, es original de Prudencio, aunque la personificaición 
de virtudes y vicios se vea usada en Tertuliano alguna vez, y en 
las Metamorfosis de Apulleyo {pantomima del Juicio de Paris), y 
en el Epitalmio y en el Panegírico de Stilicón de Claudio, Ha sido 
una de lias obras maestras de la Edad Media; pasa a la enciclopedia 
de Herrad de Landsberg y se le recomienda en el Lahyrinto atribuí- 
do a Eberhard de Béthune. 

En Prudencio aparece ya una poesía enteramente cristiana, por 
las ideas y por el empleo del fenómeno sensible como símbolo del 
pensamiento; pero esta producción cristiana descansa en una base 
nacional y romana, ya que Prudencio es, a pesar de su cristianismo. 



MEROBAUDES. OROSIO 1/ 

un patriota romano, que conserva el sentimiento de la grandeza de 
la Roma inmortal, que el cristianismo debía rejuvenecer. En él 
se nota el influjo de la elocuencia retórica romana, y la crudeza 
en la descripción, de que se le ha criticado, no es cristiana, sino 
resto de la rudeza y ferocidad del carácter romano (compárense 
las tragedias de Séneca), que el helenismo no pudo hacer desapa- 
recer. 

La fama de Prudencio ha vivido a través de los siglos. Sus con- 
temporáneos, como Sidonio Apolinar y Alcimo Avito; San Isidoro, 
el V. Beda, Rábano Mauro, en la Edad Media; Erasmo, que lo con- 
sidera como el mejor poeta cristiano, Bossuet y muchos más lo 
han igualado en mérito con los poetas clásicos latinos. 

II, Flavio Merobauües. Poeta cristiano, que vivia por los años 
440, retórico y militar, que compuso panegíricos en elogio del cón- 
sul Aecio, imitanido a Claudiano, con ciertos recuerdos de Virgi- 
lio. Se distingue por la elegancia en la expresión y en la factura,, 
impropia de su época, y pertenece al grupo de poetas que sólo tie- 
nen de cristiano el nombre, pero cuyo genio, forma y sentimierrtos 
son todavía paganos. Se duda que sea autor del poema en alaban- 
za de Cristo, Proles vera dei, impregnado del sentimiento cristia- 
no, en algunos manuscritos atribuido a Claudiano. 

12- Orosio. Paulo Orosio, presbítero de Lusitania, acaso oriun- 
do de Córcega, es el primer representante de la prosa histórica 
entre los españoles cristianos. Muy joven aún, viajó por Oriente (414), 
conoció a San Agustín y por su instigación compuso (417 y 418) su 
obra Historiarum lihri VII contra paganos, para servir de suplemen- 
to al libro tercero de la Ciudad de Dios. Con el fin de probar que el 
Imperio romano había padecido males materiales, sobre todo por las 
guerras, antes del advenimiento del cristianismo, hizo Orosio el 
primer ensayo de historia universal cristiana. La idea dominante del 
libro es que todo suceso de la historia de la humanidad obedece al 
orden de la Providencia divina; esta idea, desarrollada por San 
Agustín e indicada ya por Minucio Félix, da a la historia unidad y 
carácter cristiano. 

En lugar de las dos monarquías universales de San Agustín, Oro- 
sio divide la historia en cuatro: la primera abarca hasta la fundación 
de Roma (lib. I) ; la segunda, el imperio de Macedonia con Alejandro 
Magno y la historia de Roma hasta la conquista de las Galias (libros 
II y III) ; la tercera abraza la historia de Roma hasta la ruina de 
Cartago (lib. IV) ; el resto comprende la cuarta monarquía, el Impe- 
rio de Roma, con los períodos que marcan la guerra de los esclavos 

2 



l8 LITERATURA ESPAÑOLA 

(lib, V), Augusto y el nacimiento de Cristo (lib. VI), y los sucesos pos- 
teriores, hasta la vida del autor (lib. VII). 

Esta historia de Orosio subordina todo a su carácter apologéti- 
co; efecto de este mismo carácter exagera o altera alguna vez loí 
hechos ; le falta el sentido crítico y la integridad que debe distinguii 
al historiador. Como trataba de mostrar los males de la guerra 
apenas se ocupa de la historia interna; su modelo fué Trogo Pom- 
peyo, aunque en el estilo imite a veces a Tito Livio, a César, a Tá- 
cito y a Suetonio, y cite a Virgilio. Algo oscuro y pesado en la cons- 
trucción de la obra, redactada, además, con alguna premura, es pe- 
culiar en Orosio la predilección por España, su patria, frente al odio 
al arrianismo y a Jos bárbaros, aun a trueque de faltar a la imparcia- 
lidad. La influencia de Orosio durante la Edad Media y aun en los 
tiempos modernos ha sido extraordinaria. 

13. Idacio. También cultivó la historia Idacio (395 ''-470 ?) , ga- 
llego. De niño viajó por Oriente, donde conoció a San Jerónimo y a 
otros varones ilustres; fué obispo, acaso de Aquas FJavias, el año 
427, amigo del papa San León y perseguidor de los priscilianistas. 
Escribió un Chronicon en el que narra los sucesos ocurridos en el 
mundo desde 379 a 469, clasificados segiin el orden de los emperado- 
res, siguiendo las huellas de San Jerónimo y Orosio. España, y so- 
bre todo Galicia, ocupan el primer lugar en su obra, pues, a medida 
que el Imperio se desmorona, toma interés la crónica nacional 
(Ebert) ; a este carácter nacional se ha de añadir la veracidad, pues 
parte de su crónica se refiere a hechos por él conocidos. Es fuente 
original de la mayor importancia para la historia de la entrada de 
los suevos, vándalos y alanos en España, y describe los fenómenos 
naturales (eclipses, cometas, etc.) con bastante exactitud. 

14. Juan de Biclara. De escaso interés literario es el Chroni- 
con del Bidarense (54o?-62i). Natural de Scalabis, hoy Santarén, 
en Portugal, se educó en Constantinopla ; perseguido por el rey 
■irriano Leovigildo, se refugió en Cataluña, fundando allí en Bicla- 
ra (acaso el Validara de hoy) un convento, dd que llegó a ser 
abad; fué luego obispo de Gerona. Su Chronicon continúa la Crónica 
de Víctor Tunnunense; alcanza desde el año 567 al 589, narra con 
preferencia los hechos referentes a Bizancio y a España, y es re- 
comendable por su imparcialidad y su fidelidad, siendo una de las 
mejores fuentes para el estudio de la historia de los visigodos. 

15. Cronicones. Además de Idacio y de Orosio deben citarse 
como muestras interesantes de la historiografía española en este 
período las siguientes crónicas latinas : 



SAN ISIDORO 19 

Cronicón de las Eras de los Mártires, que abarca desde el año 
K hasta el 410. 

Fastos idacianos, desde el 45 a. de Cristo hasta el 468. 

Cronicón atribuido a Severo Sidpicio, escrito en 733, que abra- 
za desde Adán hasta 479. 

Cronicón de Mélito y San Isidoro, desde el principio del mundo 
liasta el año 4." del reinado de Sisebuto (615). 

Y Crónica de los Visigodos; llamada de Vulsa, que el padre Flórez 
cree ser errata por Wise Gottorum, atribuida también a San Julián 
de Toledo, comprensiva desde el año 362 hasta el 700. 

16. San Isidoro. La más grande figura de la España goda fué 
San Isidoro de Sevilla (57o?-636). Natural de la provincia carta- 
ginense, hijo de Severiano y Túrtura, debió mucho de su educa- 
ción a su hermano San Leandro, obispo de Sevilla, amigo del papa 
San Gregorio el Grande, y que trabajó por la conversión de los go- 
dos al catolicismo. Era también hermano de Fulgencio, obispo de 
Astigi (Ecija), y de TJorentina, poetisa de cierto interés. Hacia el 
año 600 sucedió a San Leandro en la sede episcopal de Sevilla. Es- 
te hecho, su extensísima erudición y su elocuencia le hicieron ad- 
quirir gran nombradla entre sus contemporáneos. Presidió el Con- 
cilio Hispa)lense II y el IV Toledano. Murió en 636, y su cadáver 
fué trasladado a León en 1063, en virtud de un tratado entre Fer- 
nando I de Castilla y Mohamed ben Abbad, de Sevilla. 

San Isidoro es, a juicio de Ebert, "tal vez el más grande compila- 
dor que haya existido jamás..." "Sin ideas propias, se esforzó en 
reunir, como en un trabajo de mosaico, materiales enormes (ya tex- 
tualmente copiados, ya reproducidos sólo según el sentido) para sa- 
car de ellos sus obras científicas." Extractos de bibliotecas enteras 
"fueron decisivas para la cultura general, ejerciendo una notabilí- 
sima influencia sobre la literatura de la Edad Media. Menéndez Pe- 
layo entiende que no importa la falta de originalidad en San Isidoro. 
"Ni él quiso inventar — dice — , ni podía hacerlo. Colocado entre una 
sociedad agonizante y moribunda y otra todavía infantil y semisaí- 
raje, pobre de arte y de toda ciencia, y afeada además con toda 
suerte de escorias y herrumbres bárbaras, su grande empresa debía 
ser transmitir a la segunda de estas sociedades la herencia de la 
primera. E^to hizo, y por ello merece cuantos elogios caben en len- 
gua humana." 

La obra más importante de San Isidoro es la llamada Etimologías 

(Originum sive Etymologiarum libri XX), voiuminosa enciclope- 

• dia de toda la ciencia. En ella "el autor da una reseña, incompleta 

5in duda, de las materias de la ciencia, por medio de una definición 



20 LITERATURA ESPAÑOLA 

de las nociones y objetos científicos mismos, sirviéndose de la eti- 
mología de las palabras que los designan, etimología que muy a me- 
nudo €s ¿e las más curiosas y fantásticas" (i). 

San Braulio de Zaragoza, a quien dedicó San Isidoro la obra, la 
dividió en 20 libros. Los tres primeros tratan de las siete artes libera- 
les, que componían el Trivium (Gramática, Retórica y Dialéctica) y el 
Quadrivium (Aritmética, G^ometría^ Música y Astronomía). Trata 
luego de Medicina (IV), Derecho y Cronología (V), Biblia y otros 
libros (VI), Teología (VII), Iglesia y sectas (VIII), Lenguas y pue- 
blos (IX), Lexicología (X), Anatomía (XI), Zoolo^a (XII), Geogra- 
fía (XIII y XIV), Arquitectura y Agrimensura (XV), Mineralogía y 
Pesos y medidas (XVI), Agricultura (XVII), Guerra y juegos (XVIII) 
(donde cita a los poetas romanos). Navios y casas (XIX) (donde tra- 
ta de vestidos, joyas, costumbres, etc.), y Alimentos, bebidas, utensi- 
lios, herramientas, etc. (XX). 

Los autores, cuya influencia se nota más en las Etimologías, son. 
Casiodoro y las traducciones de Boecio, para el libro II; Lactancio, 
en su libro De Opificio, para el XJ ; Celio Aureliano, para el IV ; y 
ía geografía e historia natural está tomada de Plinio, de Soiino y, 
sobre todo, del libro de Su€tonio, titulado Prata, hoy perdido, al 
cual acaso deba la idea y el plan de la obra. 

Con el carácter de las Etimologías se relacionan las obras Dif- 
ferentiae verborimi et rerum, diccionario de sinónimos y distinción- 
de ciertas nociones dogmáticas y morales; y los dos libros sobre 
Sinónimos {Synonyma), llamados después I^ibcr lamentationum. Es- 
ta obra gramatical, considerada luego como libro piadoso, es una 
colección de sinónimos, enlazados en la forma de diálogo entre un 
hombre y la razón. 

Su más importante obra filosófica es el Liber de natura rerum,. 
dedicado a su discípulo el Rey Sisebuto. En este libro, inspirándose 
en San Ambrosio, en San Clemente Romano y, sobre todo, en Jos 
Prata de Suetonio, trata de los días, semanas, meses, estaciones, 
solsticios, equinoccios, el cielo, los planetas, el sol, la Juna, etc., etc. 
Su más interesante obra teológica son los tres libros de Sentencias 
{Scntcntiarum libri tres). Primera obra notable de este género, alj- 
canzó gran celebridad en la Edad Media; viene a ser como un ma-- 
nual de dogma y moral, compuesto de frases tomadas de autoridades 
eclesiásticas, sobre todo de las Morales de San Gregorio. 

A más de varias obras teológicas, escriturarias o de polémica 



~ j1> >írr 

(i) V'éanse algunas etimologías dadas por San Isidoro: Mors viene de 
mor su, porque el hombre mereció la muerte por el bocado {morsu) que dio a 
lá manzana en el Paraíso ; Séneca viene de Se-necans, el que se matr 
á''Sí mismb; íííJíícMí, derivado de añinli cusios, o de hamus. '•■ 'Jb nbnh ■ 



discípulos de san ISIDORO ?I 

«contra los judíos, es autor San Isidoro de obras históricas, Spn é§^^\ 
De ortu et pbitu P-atrnm, que trata de unos ochenta y cinqp, P%^ 
■dres, desde Adán a los Macabeos y desde Zacarías hasta Tito; un 
Chronicón, refundido después en las Etimologías, que abarca desde 
Adán hasta el cuarto año de Sisebuto ^615), en el que divüe la cró- 
nica en seis edades, a la manera de San Agustín en la Ciudad de 
Dios, y se inspira en Julio Africano, Ensebio de Cesárea y San Je- 
rónimo ; la Crónica de los Visigodos (Historia de regibtis Gothorum, 
Vandalonim et Snevorum), inspirada en Próspero, Idacio, Orosio, 
entre otros, cuyas características son el entusiasme -por los godos, 
pueblo ante el cual se ha inclinado Roma, y ha hecho temblar a to- 
das 'las gentes de Europa, y el panegírico de España, "eí país más 
bello de todos los países, desde el occidente a la India", "perla y 
ornamento del Universo" ; y el Liber de viris illustribus, a modo de 
San Jerónimo y de Gennadio, en que se da la bioirrafía de las figu- 
ras más salientes de la España goda, comenzando por Osio de Cór- 
doba y acabando en San Leandro de Sevilla. 

Las obras de San Isidoro influyen poderosamente durante toda la 
Edad Media. Don Enrique de Villena y el rey don Martín de Ara- 
:gón tenían en su biblioteca obras del obispo de Sevilla. Olvidado en 
el Renacimiento, fué objeto de los trabajos del jesuíta expulso Faus- 
tino Arévalo. que hizo, a fines del siglo xviii. la mejor edición de 
sus obras. 

17. Discípulos de San Isidoro. Entre los escritores, proceden- 
tes de la escuela de San Isidoro de Sevilla, merecen citarse los si- 
guientes : San Braulio (f hacia 646), obispo de Zaragoza, que ordenó 
las Etimologías en 20 Jibros, y escribió una vida de San Millán, uti- 
lizada luego por Berceo, y algtmas epístolas; San Ildefonso, obispo 
de Toledo (657-667), continuador de la obra de San Isidoro De viris 
illustribus con el mismo espíritu españolista de éste, y autor de su 
tratado De rirginitate perpetuae S. Mariae, contra Helvidio y Jo- 
viniano; San Eugenio, antecesor en la Sede toledana de San Il- 
defonso (646-657), editor y corrector del Hexaemeron de Dracon- 
-cio, y poeta casi único de su siglo, notable por el uso de la forma an- 
tigua de la poesía clásica en epigramas elegiacos o satírico-didácti- 
<:os; Tajón (651), obispo de Zaragoza, discípulo de San Braulio, que 
tomando por modelo Jos libros de las Sentencias de San Isidoro y 
utilizando las doctrinas de los Diálogos y los Morales de San Gre- 
:gorio, compuso, en tiempo de Recesvinto (649-672), cinco libros de 
Sentencias, obra importantísima para la historia de la Teología ; y 
JSan Julián, obispo también de Toledo (680-690), el más profundo 
pensador de la escuela toledana, -segiin algunos, autor de vari<is Ora- 



22 LITERATURA ESPAÑOLA 

Hones, de dos Apologéticos, del Prognosticon futuri saeculi, que tie- 
ne gran interés filosófico, y de la Historia de la rebelión de Paulo' 
contra Wamha : escrita a raíz de los sucesos, por su animada narra- 
ción y por el empleo en el relato de discursos, revela en su autor 
un discípulo de los historiadores clásicos; este libro, como los poe- 
mas de San Eugenio, demuestran que los literatos españoles, a cuya- 
cabeza iban los obispos de Toledo, conservaban, según observa ati- 
nadamente Ebert, una cultura antigua tradicional, de modo dife- 
rente a lo sucedido entre los Francos, cultura que se paralizó violen- 
tamente por ia invasión musulmana. 

b). Mozárabes: i8. Elipando, Juan Hispalense, Speraindeo, San 
Eulogio, Alvaro de Córdoba, Samsón, Vicente, Samuel, Cipriano,. 
LeovigiLdOj etc. 

i8. Mozárabes. La triste condición social de Jos cristianos baja 
el dominio musulmán se refleja en el escaso número de pensadores 
y escritores que se producen entre los mozárabes. Y todos ellos 
puede decirse que son escritores de asuntos teológicos o apolo- 
géticos, que siguen la tradición isidoriana. 

Célebre es en la historia de las herejías Elipando (717-808),, 
obispo de Toledo, que difundió la teoría del adopcionismo. siendo 
combatido por San Beato de Liébana y por Heterio. 

Juan Hispalense (839), llamado por los escritores musulmanes 
Said el Matrán, compuso unos comentarios a la Biblia, escritos en 
árabe, sin duda para uso de sus correligionarios, que iban olvidan- 
do el latín. 

La persecución de los mozárabes de Córdoba en tiempo de Ab- 
derrahmán II produjo los más gloriosos escritores cristianos de 
esta época, como fruto acaso de la última reacción del elemento 
mozárabe andaluz contra el elemento musulmán que lo absorbía. 
El abad Speraindeo escribió un Apologético contra Mahoma, ci- 
tado por San Eulogio, y un opúsculo en defensa de la Trinidad. 
Pero su mayor gloria estriba quizá en haber sido maestro de San 
Eulogio y de Alvaro Paulo. 

San Eullogio nació en Córdoba a principios del siglo xi, de fa- 
milia noble; dedicóse a la carrera eclesiástica en el templo de Sar» 
Zoil, estudiando con el abad Speraindeo y conociendo en su cáte- 
dra a Alvaro Paulo, joven cordobés, rico y principal, que no es- 
tudiaba con destino al sacerdocio. Desde 848 viajó Eulogio por la 
España cristiana; y cuando volvió a Córdoba trajo consigo libros, 
raros ya y de pocos conocidos, como la Eneida, poesías de Juvenai 
y Horacio; opúsculos de Porfirio, la Ciudad de Dios de San Agus- 
tín, himnos católicos, etc. Recrudecida la persecución contra los 



MOZÁRABES 23 

cristianos, algunos se ofrecieron voluntariamente al martirio y 
se promovió la cuestión de si este ofrecimiento era lícito o no. San 
Eulogio escribió entonces la obra Memoriale Sanctorum, en de- 
fensa de los mártires y contra los partidarios de la opinión opuesta. 
Encarcelado por los musulmanes, animó a las jóvenes FJoca 
y María, que fueron por fin martirizadas; para ellas escribió el 
Documentum martyriale. 

Puesto en libertad, escribió aún su Apologético de los Mártires, 
Fué elegido obispo de Toledo, pero no llegó a ir. Perdió su vida en 
defensa de la fe, en Córdoba, el año 859. "Era — dice su biógrafo 
Allvaro Cordobés — un varón que sobresalía en todo linaje de obras 
y merecimientos; que a todos socorría en proporción de sus nece- 
sidades, y que, aventajando a los demás en ciencia, se tenía por ei 
menor entre los menores. Su rostro era ciaro y venerable ; su pala- 
bra, elocuente; sus obras, luminosas y ejemplares." 

Alvaro Cordobés (f 861 u 862) quizá sea d más culto de los 
mozárabes españoles. Además del conocimiento de las sagradas Es- 
crituras y Santos Padres griegos y latinos, da muestras de haber 
leído a Virgilio y a otros cflásicos, y es probable que conociese 
el árabe y el hebreo. Se conservan entre sus obras unas poesías 
religiosas en hexámetros y pentámetros latinos, cuyas reglas 'le en- 
señó San Eulogio "cuando los sabios en Elspaña las ignoraban to- 
davía"; una Confesión, por el estilo de la de San Isidoro; un Libro 
ie Cartas suyas a diferentes personas; la Vida de San, Eulogio, 
y la más importante, que es el Indículo luminoso. Esta obra fué es- 
crita para defender la causa de los mártires en un estilo vehemente y 
arrebatado; en ella fustiga a los cristianos tibios, que poco a poco 
se iban arabizando, y aboga por la lengua y la cultura latina en pá- 
rrafos elocuentes reproducidos en todas las historias. Su lenguaje es 
algo rudo y desaliñado, siendo de gran interés para el estudio del bajo 
latín. 

Apologista notable fué también Samsón (810-890), abad de Pe- 
ña Melaría, que combatió duramente a Hostegesis, obispo de Mála- 
ga, y a sus secuaces, defensores del antropomorfismo, es decir, 
que suponían en Dios figura material y humana, afirmando que está 
en todas das cosas, no por esencia, sino por sutileza. "El Apologético 
de Samsón — dice Menéndez Pelayo — es la única obra de teología 
dogmática y de filosofía que de los mozárabes cordobeses nos que- 
da... El libro no tiene simple interés bibliográfico, sino que merece 
figurar honradamente en los anales de nuestra ciencia... Las Mo- 
rales de San Gregorio, las obras de San Isidoro, muchas de San Agus- 
tín, las de San Fulgencio de Ruspa, y el libro De Statu animae de 
Claudiano, son las fuentes predilectas del abad cordobés." 



24 LITERATURA ESPAÑOLA 

Completaremos el cuadro de la cultura mozárabe si añadimos 
el nombre de Vicente (830), autor de un himno penitencial com- 
puesto en versos latinos octosílabos; el de Samueíl (hacia 850), au- 
tor de una compilación de opúsculos y documentos, conservada 
en la Catedral de León; el del Arcipreste de Córdoba, Cipriano (890). 
de quien se conservan ocho epigramas, últimos restos de la poesía 
latina entre los mozárabes: eí de Leovig-ildo. autor del libro De 
habitu clericorum. 

Después toda la literatura mozárabe se reduce a himnarios, co- 
lecciones de cánones y alguna copia de las Etimologías de San 
Isidoro. Y esto dura hasta la época de la escuela de traductores 
de Toledo, en donde los hispano-cristianos enlazan su cultura con la 
de los musulmanes españoles. 

¿Influyeron los mozárabes en la cultura de los musulmanes es- 
pañoles? Simonet y Menéndez Pelayo, que lo sigue, opinaron que 
sí, fundados en que los árabes invasores eran de cultura inferior 
a la de los andaluces. No se conservan datos que puedan probar 
esta afirmación. En cambio consta (por Alvaro) que los mozárabes 
aprendieron el árabe, aunque a la vez hablasen un dialecto roman- 
ce; que tenían muchas costumbres de los musulmanes, llegando 
hasta usar el traje moro y circuncidarse, según la Vida de San Juan de 
Gorz y Leovigildo, y a usar nombres árabes, y es notoria la inferiori- 
dad de su literatura comparada con la esplendorosa de los musulma- 
nes. Hoy podemos afirmar que los musulmanes españoles, que intro- 
dujeron en Andalucía los estudios filosóficos y científicos y que tanto 
brillaron en todos los ramos del saber, no eran de raza árabe, que 
vino en exigua minoría, sino de la raza española islamizada. Por 
tanto, nos podemos ufanar de haber tenido la civilización más alta 
de Europa en la Edad Media con el Califato de Córdoba, con los 
musulmanes de Andalucía que antes que musulmanes son españoles. 

c). Cristianos independientes: 19. Cronicones. 

19. Cronicones latinos. Las únicas manifestaciones literarias 
conservadas de los cristianos no sujetos all dominio islámico en la 
Península, durante los primeros siglos, son los cronicones. Frente 
a la esplendorosa cultura literaria de la España musvilmana, en 
los reinos cristianos, sólo se encuentran estas secas narraciones, que 
de un modo por lo general escueto apuntan una batalla, la muerte 
de un rey, la ocupación de una. plaza fuerte, la derrota por los ene- 
migos del Sur, las victorias que trabajosamente van consiguiendo 
los habitantes del Norte, hasta que después de la conquista de Tole- 
do se inicia el predominio de Castilla y Aragón sobre Andalucía. 



CRONICONES. LATINOS 25 

He aquí la lista de los principailes cronicones, por orden cronoló- 
gico de su terminación : Cronicón del Pacense, algo literario, que abar- 
ca desde el año 6ii hasta el 754, titulado "Epitome Imperatonim 
vel Arabum Ephemerides". Crónica de Alfonso III, atribuida a Se- 
bastián, obispo de Salamanca, que comprende desde 672 hasta 866. 
Cronicón de Sampiro, obispo de Astorga, continuación de la ante- 
rior, desde 866 hasta 982. Cronicón de San Isidoro de León o Ana- 
les Castellanos pHmeros, desde 618 hasta 939. Cronicón Alheldetv- 
se o Emilianensc, obra de Vigilano, monje de Albelda, hacia el 
año 976, desde Rómtdo (año 38 de Roma) hasta el año 976. Croni- 
cón del Silense, historia de reyes desde Pelayo hasta Fernando I 
(a. 718-1054) mucho más iliteraria, y que parece debió ser una vida 
de Alfonso VI, de la cual sólo se han conservado a/lgunos fragmen- 
tos que componen esta Crónica. Cronicón complutense, desde el 
año 281 hasta el 1065. Cronicón de Don Pelayo, obispo de Oviedoi, 
desde el año 982 al 1109. Anales Complutenses (o Castellanos segun- 
dos) desde el año i hasta 1126. Cronicón coynpostelano, desde 362 
a 1 126. Historia compostelana, dedicada en especial a la vida de 
Don Diego Gelmírez, obispo de Santiago, escrita por tres canóni- 
gos de esta catedrajl, desde 1140. Cronicón lusitano, desde el 311 
hasta 1222. Anales Compostclanos (año 1-1248) y Cronicón Bur- 
éense (a. 1-1250) calificados por algún autor de Efetnérides rio- 
janas, en unión de la Crónica pequeña amhrosiana. Cronicón del 
Cerratensc, obra de Rodrigo Cerratense (s. xiii) que abarca des- 
de 618 a 1252. Cronicón Barcinonense, desde 985 (reconquista de 
Barcelona) hasta 1308, y Cronicón conimhricense (año 281-1404) 
escrito en portugués desde el año 1296. 

El valor histórico de estas crónicas, escritas todas en latín, es 
relativo: junto a noticias legendarias, hay otras de indudable auten- 
ticidad, y ni se pueden aceptar ni rechazar, sin un serio contraste. 
Unas utilizan a otras anteriores, y suelen tener importancia para 
Ja parte coetánea del narrador. El vaüor literario es muy escaso, 
nulo en algunas, más apreciable en otras, como el Pacense, el Si- 
lense, la Crónica de AJfonso III. Pero son las únicas muestras del 
cultivo del latín en la Península que nos quedan anteriores al si- 
srlo xm. 



26 LITERATURA ESPAÑOLA 



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M. Gómez Moreno, Anales castellanos. Disctirsos leídos ante la Real Acade- 
mia de la Historia en la recepción de... el día 27 mayo de 1917, Madrid. 1917. 



I.ITER ATURA HISP ANO-JUDIA 

I Aben Habib. 
) Arrazi (Rasis). 
a) Primitivos. . . Abenakutía. 
I ( Ajbar Machmúa. 

A. Histo- 



riadores. 



b) Particulares. 



UITER ATURA 
HISPANO 
ARÁBIGA 



c) Generales.. 



B. Biógrafos. 



Alajoxaní. 

Abenhayán. 

Abenjacán. 

Abeníbassam. 
j Abena! jatib. 
I Abenjaldún. 

(Aflfaradí. 
j Abenpascual. 
•jAddabí. 
' Abenalabbar. 

( Abenchobair. 

C. Geógrafos y viajeros.^ p, Becrí 

Abenmasarra. 
Abenházam. 

T^ T- ' ' Avempace. 

D. Filósofos , ., j. ., 

\ Abentofail. 

I Averroes. 
' A1>enarabi. 

Caracteres generales 
de la poesía arábi- 
gohispana. 

Abenabderrábihi. 

Abulnuajxí. 

Azzobaidí. 

Said de Bagdad > 
Arramadí. 

E. Poetas 'Abenzaidún y Ualada 

Almotamiid y Aben- 

ammar. 

Abenabdún. 

Aflguacaxí. 

Avenzoar. 

Racunía. 

' Abulbeca. 

Abensaid de Granada. 

F. Bibliotecas. 



CAPITULO II 
Literatura hispano>jud¡a. 

Hasdai hen Chaprut, Aben Nagrela, Avicebrón o Abengabirol, Ba- 
kia bén Pakuda, Salomón ben Zakbel, Moisés Aben Ezra, Jehu- 
da Halevi, Abcndaud, Aljaricí, Maimónidcs. 

La tercera gran época de la historia judía pertenece a la Edad 
Media, y España fué precisamente la especie de patria intelectual, 
ideal, donde convergían los esfuerzos de todos los judíos que die- 
ron por resultado una brillantísima civiSlización en que el cultivo 
de Jas letras y de la ciencia bíblica se desarrolló en grado inaudito. 
Desde los siglos x al xii, entre Hasdai ben Chaprut y Maimónides, 
la ciencia y la poesía judías alcanzan un carácter de grandeza y 
de independencáa digna de los p)eríodos literarios más brillantes. 

El primer desarrollo de la civilización hispano-judaica se debe 
a Hasdai ben Chaprut (945-970), médico y ministro de Abderrah- 
man III. EJ protegió a los poetas Menahem ben Saruk y Dunasch 
ben Labrat. La poesía hebraica, hasta entonces sinagogal con un 
carácter exclusivo de penitencia, de humildad, cambió sus temas 
usuales para celebrar las virtudes, la grandeza, la generosidad de 
aquel príncipe, en versos líricos brillantes, que dieron a la vieja 
iengua sagrada juventud, vida y armonía. 

Samuel Aben Nagrela (993-1055) llegó al alto cargo de visir 
del rey Habus de Granada. En él pudo ser el genio tutelar de su 
raza, para quienes logró una situación muy mejorada, dándoles 
entrada en la administración pública y el ejército. Entre sus obras 
se citan un pequeño Psalterio y una imitación del Eclesiastes. Pero 
más que como escritor, tiene interés como protector de la ciencia 
judía y de las escuelas talmúdicas. 

EJ primer filósofo notable entre los judíos españoles es Avi- 
cebrón. Salomón ben Jehuda ben Gabirol (1021-1070), llamado Avi- 
cebrón por los escolásticos; nació en Málaga, y muy joven qued^' 



30 LITERATURA ESPAÑOLA 

huérfano y sdlo. Esta circunstancia imprimió un sello de melanco 
lía en su carácter que duró toda su vida e influyó en sus obras. Pro 
tegido en Zaragoza por el poeta Yekutiel. amigo del rey Yahy; 
ben Mondir, hubo de abandonar la ciudad a la muerte de su pro 
tector y buscó refugio cerca de Aben Nagrela, después de habe) 
andado errante por España. Una leyenda cuenta que fué asesina 
do por un poeta árabe envidioso de su talento y que el homicida k 
enterró al pie de una higuera de su huerto. Al año siguiente e 
árbol produjo frutos de un volumen y una dulzura extremadas, a 
punto de que llamó la atención al Rey, que hizo pregtmtar al pro- 
pietario, acabando éste por confesar su delito. 

Como poeta "puede llamarse a Avicebrón — escribe Munk — e. 
■verdadero restaurador de la poesía hebraica; ocupa el primer lugai 
-entre los poetas judíos de la Edad Media, y era quizás uno de loí 
más grandes de su tiempo. Si ha imitado a los poetas árabes en k 

. -que concierne a las formas exteriores de la versificación, les ha so- 
brepujado en el arranque poético por la eilevación de los pensa- 
mientos y de las emociones." Su obra principal es la titulada Co- 
rona real, himno en prosa rimada donde canta la unidad de Dios 
y las maravillas de la creación ; es además "una meditación piados: 
y- un poético resumen de la cosmología per ipatético-alej andrina". 

Véase muestra de una de sus composiciones que figura en la 
liturgia del rito español para el día de las expiaciones, traducida 

, ¡portel señor Bonilla y San Martín: 

¡ Renuncia a tu dolor, ánima inquieta ! 
¿Por qué temes del mundo la amargura? 
i Pronto a la fosa irá tu vestidura, 
y vendrá el olvidar ! 

¿Qué buscas, regia y noble, en este suelo 
de efímeros laureles y fatigas, 
donde las flechas que creíste amigas 
apuntándote están? 

Lo que juzgas precioso, es ilusorio; 
mentiras el placer y la belleza, 
engaños el imperio y la riqueza, 
que vienen y se van. 

Como filósofo es notable por el libro titulado Fuente de la vida, 
'íundado sobre el principio de "que todas las substancias espirituales 
tienen una materia espiritual, viniendo la forma de lo aJto sobre 
la materia que la recibe abajo; es decir que la materia es un sub- 
stratum y que la forma es llevada por ella". Este libro, influido 
por las ideas del cordobés Abenmasarra, es de carácter pseudo- 
uempedocleo y neoplatónico; no influyó casi entre los hebreos por 



BAKIA. HALEVI JI 

SU sabor panteísta y por estar escrito en árabe. En cambio, tradu- 
cido al latín con el título de Fons vitae, por Domingo Gundisalvi 
de la escuela de traductores toledanos, fué conocido por los Esco- 
lásticos e influyó en Duns Scoto y en la escuela agustiniana, y llegó 
hasta Giordano Bruno en el siglo xvi. 

Contemporáneo de Avicebrón es Bakia ben Pakuda (hacia 1060), 
autor de un libro titulado Deberes de los corazones, escrito en ára- 
be, influido por la doctrina moral y mística de Algazel. Se le ha 
llamado el Tomás de Kempis judío; y "aunque el fondo de su cul- 
tura fué neopiatónico, predomina en su pensamiento la tendencia 
ascética y el propósito de enaltecer la moral práctica sobre la especu- 
lativa". 

Con el ascetismo de Bakia contrasta grandemente la frivolidad 
'de Salomón ben Zakbel, que, imitando las célebres makamas del 
Hariri, admiradas entonces en todo el mundo, escribió una espe- 
cie de novela satírica. Su héroe siente la nostalgia de su amante, 
•con la cual ha vivido anteriormente. Un billete misterioso lo lleva 
.a un harem, cuyo dueño le amenaza de muerte; pero este enemigo 
•es una bella mujer enmascarada, que le promete satisfacer sus de- 
seos; y cuando va a ver la reina de sus pensamientos, otra meta- 
morfosis le descubre que todo es una broma de sus amigos. Falta de 
valor real, esta obra tiene la nota curiosa de ver el empleo de la len- 
gua sagrada en galantes frivolidades. 

Poeta de temperamento semejante a Avicebrón, fué Moisés Aben 
Ezra (I 1 138), que, enamorado de una sobrina suya, ante la oposi- 
ción de sus hermanos a su matrimonio, huyó d'C la casa paterna y 
buscó en el estudio y en Ja poesía el consuelo de la familia. Com- 
puso una obra titulada el Collar de perlas, en la cual, dice Graétz, 
"canta el vino, el amor, la alegría, los placeres, lamenta la trai- 
ción, la separación, la vejez que se acerca, y luego se reconforta 
•con la esperanza en Dios y celebra el don divino de la poesía". Tam- 
bién escribió un libro, Diálogos y recuerdos, que, a 4a vez que un tra- 
tado del arte de escribir, es la historia literaria de los trabajos de 
los poetas hispano-judios y se ocupa también algo en la poesía 
■árabe. 

Poeta religioso y filósofo notable fué Abulhasan Jehudá Halevi 
'(1085?-! 143). Nació en Toledo y estudió la ciencia talmúdica con 
•el célebre Al f asi, en Lucena. Dedicóse en Toledo mucho tiempo al 
cultivo de la medicina, y a los cincuenta años de su edad marchó a 
Tierra Santa, donde murió asesinado por un musulmán, según se 
«cuenta. 

Se entregó con ardor al cuitivo de la poesía, conservándose de 
-éi 827 composiciones. Sus descripciones de la naturaleza son compa- 



32 LITERATURA ESPAÑOLA 

rabies a las obras maestras de otras lenguas; pero sus mejores can- 
tos son sus poemas religiosos nacionales, ilas Sionidas, las composi- 
ciones más parecidas a los cantos de David en toda 3a poesía neo- 
hebraica. "Avicebrón — dice Graétz — , deplorando su abandono, nos 
conmueve; Aben Ezra, llorando sus frustrados amores, nos impresio- 
na. Pero Jehuda Halevi, llevando el luto de Sión, la dulce amadla,, 
nos penetra profundamente y remueve lo más intimo de nuestras fi- 
bras." 

En su Himno a la creación dice (según la traducción de Mienén- 
dez Peí ayo) : 

¿A quién, Señor, compararé tu alteza 

tu nombre y tu grandeza, 
si no hay poder que a tu poder iguale? 
¿Qué imagen buscaré, si toda forma 
lleva estampado, por divina norma, 
tu sello soberano? 

¿Qué carro ascenderá donde tú moras, 
sublime más que el alto pensamiento? 
¿La palabra de quién te ha contenido? 
¿Vives de algún mortal en el acento? 
¿Qué corazón entre tus alas pudo 
aprisionar tu veneranda esencia? 
¿Quién hasta ti levantará los ojos? 
¿Quién te dio su consejo, quién su ciencia? 



Mas no tu ser, tus obras indagamos, 
tu fe, cual ascua viva, 
que en medio de los santos arde y quema ; 
por tu ley sacrosanta te adoramos ; 
por tu justicia, de tu ley emblema; 
por tu presencia, al penitente grata, 
terrífica al perverso; 
porque te ven sin luz y sin antorchas 
las almas no manchadas ; 
y tus palabras oyen, extasiadas, 
cuando yace dormido 
el corporal sentido, 
y repiten en coro resonante : 
Tres veces Santo, Vencedor y Eterno 
Señor de los ejércitos triunfante. 

Lo mismo que en su poesía en su obra filosófica titulada el Cu- 
zari tiende a ensalzar su pueblo y su religión. Este libro, escrito- 
en árabe, se basa en el hecho histórico de la conversión al judais- 
mo del rey de los Jazares (sigilo vii). 



HALEVI. BEN EZRA 33 

El rey — supone Ha-Levi — trata de encontrar la verdadera religión. 
Se dirige primero' a Un ñlósofo, luego a un cristiano y después a un 
musulmán, y no satisfaciéndole ninguna de sus doctrinas, decide con- 
sultar con un hebreo, el cual le enseña las verdades del judaismo. El 
piuito esencial de su demostración es la existencia de Dios, probada 
por los milagros hechos en favor de Israel- Y el rey abraza el judais- 
mo, y después, sus generales y magnates, y, por último, todo el pueblo. 
Esta obra de exaltación del judaismo es natural que haya tenido en- 
tre los hebreos tanta acogida como la Guía de Maimónides, y su influen- 
cia haya llegado hasta el siglo xviii. 

La persecución almohade contra los judíos hizo que muchos de 
ellos emigraran a Toledo, llegando a ser esta población un verdadero 
foco de la cultura judaica. Uno de los principales escritores de este 
período es Abraham ben David de Toledo (1110-1180). Sus estudios 
fueron enciclopédicos y ejerció la medicina. Escribió varias obras 
históricas: el Libro de la tradición es Ja crónica más completa de 
los hebreos españoles. Sti obra de carácter filosófico es la titulada 
La fe sublime; en ella intenta conciliar la Biblia con las doctrinas 
de Aristóteles, siendo el predecesor más directo de Maimónides que 
acaso conociera las obras de Aben David. 

Toledano también era Abraham ben Mair ben Ezra (1092-1167) 
amigo de Moisés ben Ezra y de Jehuda Ha-Levi. erudito, poeta, 
astrónomo, astrólogo y bohemio errante. "Hago cuanto puedo — de- 
cía — para adquirir algunos bienes, pero los astros me son contrarios. 
Seguro estoy de que, si me dedicase a vender sudarios, acabaría por 
no morirse nadie, y si vendiese cirios, el sol no se pondría jamás." 
De carácter inquieto y aventurero recorrió medio mundo. Visitó 
África, Palestina, Roma, Luca, Verona. Besieres, Londres, Xarbo- 
na, y en todas partes tuvo discípulos y disputas. Es notabUe por sus 
epigramas ingeniosos, agudos y a veces de gran mordacidad; y más 
todavía por sus trabajos exegéticos y astronómicos. Comentó el Pen- 
tateuco, haciendo de Jos Comentarios una verdadera obra de arte en 
el fondo y en Ja forma. En Filosofía parece inclinarse al neoplato- 
nismo, con tendencia al panteísmo, habiendo influido aügo en la doc- 
trina de su correligionario Benito Espinosa. 

El último representante de la poesía neohebraica en España es 
Jehuda ben Salomón AJjarizí. Graétz dice que se le puede llamar el 
Ovidio de la poesía neohebraica por tener algo de Ja ligereza y li- 
cencia del poeta latino. Su vida aventurera recuerda la de Aben 
Ezra. Como Jos hebreos españoles preferían el árabe al hebreo en 
sus composiciones, -Aljarizí quiso probar que el hebreo no cedía 
en riqueza ni en armonía al árabe. Comenzó a traducir las macamos 
del Hariri, y compuso una especie de novela dramática, llamada 



34 LITERATURA ESPAÑOLA 

Tachkemoni, donde hay críticas severas de poetas antiguos y con- 
temporáneos. Sus poesías son inferiores a su prosa, encontrándose 
ya en ellas los signos de la próxima decadencia de la poesía neo- 
hebraica. 

El más grande pensador de la raza hebrea española es, sin duda 
alguna, Moisés ben Maimón, Maimónides (i 135-1204), calificado de 
Santo Tomás del judaismo. Natural de Córdoba, estudió en los co- 
legios judíos y árabes, donde tuvo por condiscípulo a un hijo del 
célebre astrónomo Cheber ben Afflah, de Sevilla, y por maestro, a 
un discípullo de Avempace. La invasión de los almohades (1148) 
obligó a su familia a huir a Córdoba, y Maimónides anduvo por 
varias regiones de España, residiendo algún tiempo en Almería, 
convertido aparentemente al islamismo. Emigró luego a Fez, de aquí 
pasó a Pailestina, marchando a Egipto, donde se instaló, primero 
en Alejandría, luego en Fostat (Viejo Cairo). Dedicóse con su her- 
mano David al comercio de piedras preciosas; pero habiendo nau- 
fragado un navio, que conducía a la India a su hermano, y perdida 
toda su fortuna, Maimónides se dedicó ail ejercicio de la Medicina. 
Dueño de Egipto Saladino, su visir Alfadel nombró a Maimónides 
médico de cámara, alcanzando en este tiempo fama considerable. 
Fué nombrado presidente dei! colegio rabínico del Cairo, y él mismo 
cuenta, en carta a Abentibbon, que no tenía momento de reposo 
con el ejercicio de la Medicina. El teólogo y poeta árabe Abularab 
ben Moixa, que conoció a Maimónides en Fez, lo denunció como 
apóstata del islamismo; pero la protección de Alfadel le libró de la 
muerte. También le persiguieron, por envidia, sus correligionarios- 
Ios jefes de las escudas de Alepo, Bagdad y Forquiéres, aunque sin 
éxito. Murió el 1204, llorado por los israelitas y musulmanes. De- 
jó un hijo, Abraham, médico y talmudista, y sus descendientes se 
sucedieron hasta el siglo xv. 

Sus obras, que. son numerosísimas, se pueden clasificar en tres 
grandes grupos: científicas, teológicas y teológico-filosóficas. En- 
tre las científicas merecen citarse un Resumen de los libros de Ga- 
leno y unos Aforismos de Medicina. 

La principal die sus obras teológicas es la Michnc Torah, com- 
pendio de la Michná, llamado Yad Hazaqah (la mano fuerte). Esta 
obra es como una refundición del Tailmudí. 

La obra principal de Maimónides como filósofo es la titulada 
Moreh Nehukin (Guía de los descarriados), redactada en árabe con 
el título de Dalalat al-hayirin, traducida al hebreo, al latín y a dis- 
tintas lenguas europeas, entre ellas al castellano, por Pedro de To- 
ledo, en el siglo xv. 

'*La obra de Maimónides — dice el señor Bonilla y San Martín — 



MAIMONIDES. ARRAZl 35 

m 

•es una verdadera Suma teológico-filosófica del judaismo. La sereni- 
dad de sus juicios, la rectitud habitual de su criterio, el rigor de sus 
demostraciones y la claridad de su estilo hicieron que fuese acogida 
con singular aplauso, tanto por judíos como por musulmanes... Los 
mismos escolásticos cristianos, como Aflberto Magno y Santo To- 
más de Aquino, utilizaron grandemente el Moreh en versiones lati- 
nas." Maimónides intentó conciliar la razón y la fe, como lo hicieron 
Averroes y Santo Tomás. 

"La obra de Maimónides — escribe Munk — es la última fase del 
■ desenvolvimiento de los estudios filosóficos entre los judios con- 
siderados como sociedad' aparte." Sólo León Hebreo, Isaac Car- 
doso y Benito Kspinosa pueden tenerse después por verdaderos pen- 
sadores de la raza hispanohebrea. 

Literatura hispano-arábiga. 

Historiadores: a) Primitivos: Aben Habib, Arrazí, Abenalcutia, 

Ajbar Machmúa. 

Crónicas de la vida política, biografías de personajes célebres, 
libros de viajes son lias produciones más abundantes, de la histo- 
riografía hispano-arábiga. Contrastan notablemente las historias 
arábigas con las crónicas cristianas, pobres de noticias y áridas, 
éstas; abundantes en datos, literarias, aquéllas. No tenían los his- 
toriadores musulmanes el sentido clásico de la Historia: pero a 
través de sus narraciones se ven no solamente ios hechos sino ios 
hombres, el medio ambiente, la civilización, en fin, en que los he- 
chos narrados se produjeron. 

I^os más notables entre los historiadores primitivos son los cua- 
tro que siguen : 

Abdelmelic ben Habib (f 853 u 854). Hombre de grandes conoci- 
mientos en Gramática y Poesía, en GeneaJogía e Historia, en Juris- 
prudencia, Lexicografía y Medicina. De sus obras, cuyo número di- 
cen se elevaba a más de mil cincuenta, sólo una ha llegado hasta nos- 
otros: la Historia, que trata de varias cosas a la vez — sobre Historia 
bíblica, ía de Mahoma y de los primeros califas, la de España, sobre 
cuestiones teológicas, etc. — . Admite, aplicadas a España, fábulas 
y leyendas orientales, llegando a convertirla en un Eldorado, y 
dando como descubierto en el Atlántico el Tamid, país de genios, 
de castillos encantados, de estatuas automáticas, de diablos ence- 
rrados en cajas por Salomón, etc. , 

Apartándose de lo fabuloso y ateniéndose más a Jos hechos rea- 
les encontramos a J?aíú^ Ahmed Arrazí (887-955). Literato, orador 



36 LITERATURA ESPAÑOLA 

y poeta; autor de varias obras históricas, perdidas casi todas. Soló- 
se conservan fragmentos de su descripción de España en traducción, 
castellana, contenida en la primera parte de la obra llamada Crónica 
del Moro Rasis. Esta versión españoJa está hecha, no se sabe por 
quién, de otra portuguesa, la cual, hoy perdida, es obra del clérigo 
Gil Pérez, hecha por orden del rey don Dionisio (1279- 1325), con ei 
concurso de varios moros. La versión es inexacta. Dozy y Gayangos 
creen que lia Crónica que se conserva no es la obra de Arrazi, sino 
algún compendio. Fué utilizada por Pedro del Corral. 

Mucho mayor interés tiene la obra de Benalcutia (f 977) (hijo 
de la Goda, por su origen visigodo), llamada Historia de la conquista 
de España, que alcanza hasta los tiempos de Abderrahmán III. La. 
R. Ac. de la Historia publicó el texto árabe. Después veremos su 
interés para el estudio de la poesía épica popular musulmana. 

Obra publicada también por la Academia de la Historia, con tra- 
ducción castellana de Lafuente Alcántara, es el Ajbar Machmúa o- 
Colección de tradiciones, de autor anónimo, del siglo xi, que reunió 
lias antiguas leyendas acerca de la conquista de España por los mu- 
sulmanes y de los sucesos posteriores hasta Abderrahmán III. Des- 
igual en el relato, en unos sucesos muy ampllio, y en otros muy escueto, 
se caracteriza esta crónica por la sencillez, naturalidad y recto crite- 
rio del autor en la elección de materiales, desechando muiltitud déf 
leyendas, muy corrientes y admitidas por otros cronistas. 

Historiadores: h). Particulares: Aljoxaní. 

El principal de todos Jos historiadores particulares en la España 
musulmana es Aljoxaní, originario de Caimán, avecindado en Es- 
paña, autor del libro titulado Historia de los Jueces de Córdoba. De 
este libro dice su editor y traductor señor Ribera, que "nos pone en- 
medio de Córdoba en los tiempos del emirato, dándonos la impresión 
de la realidad, cual ninguna otra historia erudita o literaria es capaz 
de producir. Nos cuenta cosas fútiles, escenas vulgares, sin grandezas 
ni aparato de conjunto; pero esa inatención artística, esas descuida- 
das narraciones consienten el estudio de fenómenos sociales, que en 
otras crónicas no aparecen siquiera esbozados ni aludidos." 

Historiadores: c). Generales: Ahenhayán, Ahenjacán, Abenbassam,. 
Abenaljatib, Abenjaldún. 

El más renombrado historiador entre los musulmanes españoles 
es el cordobés Abenhayán (987-1076), autor de la obra Almoctabis,. 
.sbre historia de España. Propios y extraños han reconocido en él 
al historiador imparcial y verídico. Sencillo en su estilo, filuído etv 



ABENJACÁN. ABENBASSAM. ABENJALDUN 37 

la narración, veraz en las noticias, tiene entre los historiadores ará- 
Ijigos "muy pocos que puedan comparársele y nadie que anteponér- 
sele", a juicio de Dozy. , 

Abenjacán (t i 134 ó 1 140). Nació en una alquería cerca de Al- 
calá la Real. De vida agitadísima y licenciosa, privado de riquezas 
y bienestar, visitó todas las regiones de España, solicitando dádivas 
y mercedes de los príncipes y magnates "que bebían vino"; pero 
"milagro entre los milagros de la elocuencia", al decir de sus bió- 
grafos, usó siempre un lenguaje castizo y puro. Su obra principal 
es la titulada Collares de oro. Se divide en cuatro partes, que tratan 
de los príncipes, de los visires, de los jueces y de otros doctos y ele- 
gantes poetas. Si como hombre fué un tipo de corrupción e inmo- 
ralidad, como autor literario es bastante desaprensivo. Copió de Aben- 
bassam capítulos enteros sin citarlo. 

Abenbassam (entre 1084-1147). Natural de Santarén, expulsado 
de su patria, donde le confiscaron sus bienes, se refugió en Sevilla; 
aquí compuso sus obras y versos en honor de los literatos y nobles, 
■de los cuales percibía ciertos donativos, con los que subvenía a sus 
necesidades y que Dozy compara a los honorarios que hoy reciben 
los escritores de sus editores. Su obra principal es la titulada Adh- 
dhahira (Tesoro de las bellas cualidades de los españoles). Se com- 
pone de cuatro partes ; que tratan de los escritores de Córdoba y re- 
giones colindantes; de los varones doctos de la España occidental 
y Portugal ; de los de la r-egión de Levante ; y en la 4.* (perdida) de 
los literatos extranjeros que vinieron a la Península y de algunos 
que jamás estuvieron en ella. Dedica un capítulo a cada literato, por 
orden de su excelencia, en que consta la vida del autor de que trata. 
sus obras y algunos extractos de ellas. 

Dozy establece im paralelo entre Abenjacán y Abenbassam, dei 
que resulta que si en el fondo vale más la obra de Abenbassam, que 
tiene muchos datos útiles para historia civil y literaria; en la for- 
ma y estilo es superior Abenjacán. Abenbassam fué docto como 
pocos de su tiempo; conocía la historia antigua de los árabes, los 
versos de sus poetas y los proverbios corrientes; Abenjacán, en 
cambio, no suele mostrar tanta culltura. 

El más ilustre escritor de Granada fué Abenaljatib (f 1374). 
Político ambicioso y hábil, logró altísimos cargos en las cortes de los 
Reyes de Granada y de Marruecos, terminando su vida en la prisión, 
•después de haber perdido la privanza. Es notabilísimo como poeta, 
como prosista y como historiador. Su obra más conocida es la 11a- 
jnada Ihata (Círcido), colección de biografías de todos los hombres 
célebres de Granada, o que con Granada tienen alguna relación. 

Abenjaldún. No podemos menos de citar en este breve resu- 



38 LITERATURA ESPAÑOLA 

men al celebérrimo Abenjaddún (1332-1406), uno de los más exi- 
mios representantes de la historia filosófica y trascendental, pues, 
aunque nacido en Túnez, procedía de padres españoles. Conocido 
desde muy joven en todo el mundo musulmán por su gran sabidu- 
ría, empleado en las cortes de varios reyes de África, profesor en 
el Cairo y cadí durante muchos años, aún tuvo tiempo para com- 
poner una obra histórica con un plan original y con un método nue- 
vo : su historia, que va precedida de los famosos Prolegómenos, se- 
ñala un notable adelanto en la historiografía musulmana y plantea o 
sugiere, según nota Altamira, "casi todos los problemas que luego, 
entendidos de muy diverso modo, han venido a constituir la preocu- 
pación principal de los historiadores modernos". 

• B. Biógrafos: Alfaradí, Abenpascual, Adahi, Abenalabbar. 

Muchas compilaciones biográficas nos ofrece la literatura ará- 
bigo-española. Las más conocidas son: la Historia de los sabios de 
España de Alfaradí, cordobés, jurisconsi^to, poeta y bibliófilo, 
muerto en el saqueo de Córdoba por los berberiscos el año 1013; la 
Assila (continuación de la anterior) y el Mocham o diccionario de 
sus maestros, obras del ilustre tradicionista Abenpascual, muerto 
en Córdoba en 1182; el Dicionario biográfico de Adabi, que coinci- 
de a veces con Abenpascual : y Ja Tecmila (complemento de la 
Assila) y Alhollato essiyara (Túnica recamada de oro), obras dé 
Abennai.abbar (1198-1260), poeta valenciano, secretario de Abuzeid 
y de Zeyan ben Mardanix, fugitivo después de la caída de Va- 
lencia en poder de los cristianos en Túnez, donde murió trágica- 
mente. 

Casi todas las citadas colecciones biográficas están publicadas 
por los señores Codera y Ribera en la Bibliotheca arábico-hispana, 
y tienen un valor incalculable para el estudio de fla historia de Es- 
paña musulmana, por la multitud de datos que contienen en \o> 
muchos miles de biografías de que constan. 

C. Geógrafos y viajeros: Abcnchobair, El Becrí. 

El precepto que el Islam impone de la peregrinación/ a la Meca 
fué causa de una gran comunicación de la España musulmana con 
Oriente, provechosa para el cambio de productos y de ideas. Fre- 
cuentísimos eran los viajes de los españoles por los distintos paí- 
ses musulmanes, y ello dio ocasión a cierto número de obras para 
describirlos. La más notable es él Itinerario o viaje del valenciano 
Abenchobair, que muestra un gran conocimiento de los hombres 
y de las cosas, escrito a la manera de los diarios de los turistas;: 



ABENMASARRA. ABENHAZA.V 39 

ameno y seneillo, es' de gran importancia, sobre todo para la his- 
toria de Sicilia. 

El principal geógrafo de la España musulmana es el Becri, 
amigo del célebre rey de Sevilla Almotamid. La más importante de 
sus obras es la titulada Los caminos y las provincias, de la cual se ha 
publicado la Descripción del África Septentrional por ed Barón de 
Slane. Simonet y Pons opinaban que eJ Becri conoció y utilizó la 
parte geográfica de las Etimologías de San Isidoro, a juzgar por d 
parecido en algunos pasajes ; v. gr., íla descripción de las Islas Afor- 
tunadas (Canarias). 

D. Filósofos: Ahenmasarra, Abenházam, Avempacc, Ahcntofail, 
Averrocs, Abenarahi. 

La Filosofía era mal considerada por el vulgo y todos los afi- 
cionados a ella eran mal vistos por los doctores y teólogos ortodo- 
xos. Los aficionados a esta ciencia, aunque no la manifestaban pú- 
blicamente por miedo a Ja censura del pueblo, la estudiaban re- 
servadamente. Hubo escuelas filosóficas que vivieron como socie- 
dades secretas, no atreviéndose a hacer ostentación de sus ideas. Y, 
sin embargo, gracias a este afán de estudio renació en Europa la Fi- 
losofía, pues los sabios españoles que viajaban por Oriente leían y 
conocían los libros de los árabes, traductores y comentadores de los 
filósofos griegos, sirviendo los españoles de intermediarios con el 
resto de Europa e influyendo notablemente en la Escolástica. 

El iniciador de los estudios filosóficos en la España musulmana 
fué el cordobés Abenmasarra (883-931). que, según el señor Asín, "ba- 
jo las apariencias musulmanas del motazilismo y sufismo batini, fué 
el defensor y propagador, dentro del Islam español, del sistema plo- 
tiniano del pseudo-Empédocles, cuyo teorema más característico, 
la existencia de una materia primera, común a cuerpos y espíritus, 
influyó en el sistema de Avicebrón. en el de Abenarabi y en toda 
la escuela franciscana hasta Duns Scoto". 

Figura extraordinaria del Islam español fué Abenhaz.\ai, el cor- 
dobés (994-1064). visir y amigo íntimo de Abderrahman V. de vas- 
tísima erudición revelada en una fecundidad literaria de que hay 
pocos ejemplos. Escribió un Tratado del amor, bellísimo estudio psi- 
cológico de esta pasión ; el libro de Los caracteres y la conducta, re- 
sumen interesante de la psicollogía social de la España musulmana 
(traducido por Asín) ; pero su obra principal es la Historia critlcí 
de las religiones, herejías y escuelas, en la que estudia los sis- 
temas filosóficos contrarios a toda religión positiva, y las rellig^o- 
nes anteriores al islamismo; las diversas sectas musulmanas, y 



40 LITERATURA ESPAÑOLA 

las opiniones filosóficas y teológicas de las distintas escuelas or- 
todoxas. Aplica el criterio exteriorista que atiende siempre al sen- 
tido literal para la interpretj^ción del Alcorán y la Sunna. 

AvEMPACE, A la corriente neoplatónica que representaban los an- 
teriores sucedió otra de carácter aristotélico encauzada definitiva- 
mente por Averroes y Maimónides, Bl primier comentarista de Aris- 
tóteles en España fué el zaragozano Avempace (io85?-ii28 ó 1138), 
que, utilizando los trabajos de Alfarabi, Avicena y Algazel, dio ori- 
gen a una brillante escuela filosófica que superó a la oriental. Maes- 
tro de Averroes, ha sido obscurecida su fama por la del discípulo; 
pero, no obstante la célebre teoría averroística del intelecto uno, o 
panteísmo psicollógico, está ya desarrollada por Avempace en su Li- 
bro de la unión del entendimiento con el hombre y en el Régimen del 
solitario, conservados sólo fragmentariamente. 

Otro de los predecesores de Averroes fué Abentofail, natural 
de Guadix, médico y gran privado del rey de los almohades Abuya- 
cub Yusuf (1163-84), autor de la célebre novela filosófica Hay ben 
Yacdán o El Filósofo autodidacto. Hay, nacido sin padres y criado 
por una gacela en ima isla desierta, llega, por su propio esfuerzo in- 
telectual, a conocer él mundo que le rodea, el sublunar y el celeste, 
alcanzando la unión de su entendimiento con Dios en el éxtasis. 
Obra la más original y curiosa de toda la literatura árabe, la llama 
Menéndez y Pellayo, quien hace también notar su parecido con los 
primeros capítulos del Criticón de Baltasar Gracián. 

El filósofo árabe más conocido de la Europa cristiana fué Ave- 
rroes (1126-1198). Abuluálid Mohámed ben Roxd^ "el nieto", na- 
ció en Córdoba el año 1126. Desde muy joven se dedicó al estudio 
del Derecho y la Medicina. Fué presentado por Abentofail al sultán 
Almoháde Yusuf; parece que Abentofail le incitó a escribir unos co- 
mentarios sobre Aristóteles que declarasen la oscuridad de expresión 
del filósofo griego y de sus traductores, para satisfacer los deseos 
del Sultán. Yusuf le nombró cadí de Córdoba, y en el reinado de su 
sucesor Yacub Almansur gozó de su mayor favor, favor que alcanzó 
su apogeo hacia 1195, cuando Almansur preparaba la campaña que 
terminó con la derrota en Alarcos del rey Alfonso VIII de Castilla. 
Después cayó en desgracia ante d monarca, seguramente por inci- 
tación de los alfaquíes, que veían con malos ojos el estudio de la Fi- 
losofía. Los alfaquíes condenaron las doctrinas de Averroes en su 
relación con las verdaderas religiosas, y Averroes, despojado de sus 
honores y dignidades, fué desterrado a Luicena, ciudad habitada, en 
su mayoría, por judíos. Perdonado después, merced a la influencia de 
un grupo de notables sevillanos, fué llamado a Marruecos, ciudad en 
la cual murió, el 10 de diciembre de 1 198, siendo trasladados sus re«- 



AVERROES. ABEXARABl 4I 

tos a Córdoba, al mausoleo de sus ascendientes, en el cementerio de 
Benabás. El célebre filósofo y místico Abenarabi cuenta que vio 
pasar el cortejo fúnebre, yendo cargado en una bestia ei ataúd que 
encerraba su cuerpo, y sus obras servían de contrapeso en el costado 
opuesto. 

Las obras de Averroes pueden clasificarse en dos grupos: co- 
mentarios y originales. Los comentarios — siempre a las obras de 
Aristóteles — son de tres clases: grandes, medios y paráfrasis. Gran- 
des: Últimos analíticos; Física; del cielo; del alma; Metafísica. Me- 
dios: Organon con ila Isagoge de Porfirio, Generación y corrup- 
ción; Meteorológicos: Etica a Nicomaco. Paráfrasis o compendios 
sobre los libros citados en los dos grupos anteriores, excepto la 
Etica. 

Como obras originales merecen mención especial la llamada Te- 
hafot attehafot, conocida en la historia de la filosofía con el nom- 
bre de "destructio destructionis'', y el libro sobre "armonía entre 
la ciencia y la rdigión". Averroes es, ante todo, un comentador de 
la enciclopedia aristotélica; su admiración por Aristóteles tiene a/lgo 
<l€ culto. Pero introduce en la doctrina deJ Stagirita algimas vafian- 
tes principales, como la teoría de las inteligencias de las esferas y del 
entendimiento adquirido. Trató de armonizar la ciencia y la religión, 
y admitida la revelación, cree que, en caso de aparente conflicto, de- 
be someterse Ja ciencia a la fe. Elsta teoría fué compartida por Santo 
Tomás de Aquino. Influyó en ios filósofos judíos y en la Escolás- 
tica durante toda 'la Edad Media, hasta los últimos destellos de la Es- 
cuela de Padua. Y es curioso notar que lo que se llamó averroísmo 
no era doctrina derivada de la suya, y fué causa de una de las 
mayores injusticias que registra la historia. 

"Espíritu religioso, equilibradicsimo y disciplinado, como dice 
Ribera, que supo poner la filosofía al servicio de la teología, cuyas 
enseñanzas no se desdeñaron de aprender teólogos europeos o de 
discutirlas minuciosamente, como lo hizo e3 Doctor Angélico y cu- 
yos comentarios de Aristóteles han sido texto en la mayor parte 
de ñas escuelas europeas en los siglos medios, ha pasado en Eu- 
ropa, durante mucho tiempo, por un blasfemo, un incrédulo, autor 
de la tesis de los tres impostores, y a su nombre se han adjudicado 
todas las procacidades irreligiosas que gentes sin alma formularon 
en la Edad Media." 

MoiiiDix Abexarabi (1164-1240), natural de Murcia, es el re- 
presentante más genuino del panteísmo musulmán. Su principal 
obra es la llamada Fotuhat almekía (Revelaciones de la Meca). 
''Imposible es — dice Asín — dar idea sintética del inmenso conteni- 
do de esta biblia del esoterismo musulmán, porque así como en los 



42 LITERATURA ESPAÑOLA 

libros peripatéticos y escdásticos del Islam existe un plan riguro- 
siamente lógico, en las obras sufíes, y especialmente en las de Abe- 
narabi, los temas menos homogéneos encuéntnanse unidos dentro 
del mismo capítulo, sin obedecer a trabazón sistemática exigida 
por 'la naturaleza de las materias, sino exclusivamente a razones eso- 
téricas, sin fundamento filosófico ni aun teológico." La obra consta 
de varias partes dedicadas a los conocimientos intuitivos, a los. 
procedimientos ascéticos, a los estados extáticos accidentales, a 
los grados de perfección mística, a las uniones místicas del alma 
con Dios, y a los estados extáticos definitivos. Las doctrinas de 
Abenarabi, extendidas por todo el mundo musulmán, han influido- 
además seguramente en la Dh'ina Comedia de Dante y en las obras 
de Raimundo Lulio. 

E. Poetas: Caracteres generales de la poesía arábigo-española. Aben- 
abderrabihi, Abidmajxi, Azzobaidí, Said de Bagdad y Arramadí,. 
Abenzaidún y Ualada, Almotamid y Abenammar, Abenabdtín, Al- 
uacaxh, Avcnsoar, Raciinía, Ahidbeca. Abensaid de Granada. 

Caracteres generales de la poesía arábigo-española. — ^Las prime- 
ras expansiones poéticas de los árabes — dice Schack — fueron ver- 
sos aislados que improvisaban bajo la impresión del momento. Las 
poesías anteisllámicas son siempre breves manifestaciones rkmi- 
cas de un contenido enteramente personal, segrm esta o aquella 
ocasión lo requería. Hacia el siglo vi avanzaron algo con 'las famosas 
moallacas, que ya no constan de unos pocos versos, sino que son más 
extensas, en un ritmo más artificioso y tendiendo a formar un con- 
junto, aunque sin llegar a la perfecta unidad. La poesía anteislá- 
mica se caracteriza por *'la contraposición entre el contenido y 
la forma. Por un Jado las pasiones desenfrenadas de un tiempo 
bárbaro, el asesinato, la sed de venganza; por otro, tal sutileza de 
leiTK^uaje y tan rebuscado primor en la expresión, como si la poe- 
sía se hubiese escrito para aclarar con ejemplos un capítulo de 
Gramática". 

Los asuntos de las primitivas casidas son reducidos y siempre 
los mismos; sin mitología propia, sin tradición épica y sin fuer- 
za de imaginación creadora, el árabe anteislámico se limita a can- 
tar la realidad que le rodea. 'Casi siempre se lee en sus poesías 
"una peligrosa excursión por el desierto, un encuentro con tribus 
enemigas, la descripción de una tempestad, de un caballo, de un 
camello o de una gacela, el elogio de diversas armas, etc.". 

La aparición del Alcorán abrió entre los árabes mayor cam- 
po a lia poesía, aunque su influencia fué muy relativa, ya que ¡\ía- 



LA POESÍA ÁRABE 43 

homa no se presentaba como poeta y el Aücorán no estaba redac- 
tado en verso sino en prosa rimada. Enriquecida con nuevas ideas, 
e imágenes, continuó con el mismo estilo: en todos los tiempos de 
la literatura arábiga los poetas anteislámicos son considerados como 
maestros con quienes se puede competir, pero a quienes no se pue- 
de vencer. 

Los poetas arábigo-españoles no pueden evitar las alusiones a le-- 
yendas, héroes y localidades de la Arabia antigua. Imitaban las 
moallacas porque creían que eso era lo clásico. A más de las ideas e 
imágenes tomadas de los antiguos poetas, de las metáforas, las antí- 
tesis y las hipérboles raras, daban gran importancia a la parte técni- 
ca y al primor del lenguaje, por lo cual nos resuJtan hoy bastante in- 
sulsas la mayor parte de sus poesías, aunque son artificialmente be- 
llas. En la composición carecen sus obras de unidad y las extensas 
no producen un conjunto armónico. Sin modelos propios de com- 
posición artística y sin conocer las literaturas extranjeras, no pu- 
dieron nunca aprender la hermosura y el mérito que se hallan en el 
enérgico desenvolvimiento de un plan grande. En todas las épocas 
desconocieron las literaturas de los otros pueblos. Tenían noticia de 
la filosofía y las ciencias exactas griegas a través de traducciones 
siriacas; pero no llegaron a conocer la historia, da mitología, la li- 
teratura. Averroes mismo no alcanzó a entender qué es tragedia 
y qué es comedia, al comentar la Poética de Aristóteles, citando a. 
los poetas anteislámicos en lugar de los griegos. 

Claro es que en España habían de sufrir alguna influencia del 
medio ambiente. Por eso, en vez de cantar, por ejemplo, discordias 
de las tribus, excitaban a la guerra santa con los cristianos ; a más 
de las descripciones del desierto, que eran convencionales e inevita- 
bles, tenían que pintar la bella naturaleza de los fértiles campos an- 
daluces. Los musulmanes españoles no han producido ensayos dra- 
máticos; aunque tenían algo de ix>esía narrativa, como después ve- 
remos, no llegaron a la epopeya propia. Descollaron principalmente 
en la lírica. 

Las poesías hispano-arábigas se distinguen por la dicción rica 
y sonora y por el brillo y atrevimiento de las imágenes; los pen- 
samientos son substituidos con un diluvio de palabras pomposas. 

"Los asuntos sobre los cuales escriben — dice Schack — son de varias, 
clases. Cantan las alegrías del amor bien correspondido y el dolor del 
amor desgraciado ; pintan con !cs más suaves colores la felicidad de una 
tierna cita, y lamentan con acento apasionado el pesar de una separa- 
ción. La bella naturaleza de Andalucía los mueve a ensalzar sus bos- 
ques, ríos y fértiles campos, o los induce a la contemplación del tra- 
montar resplandeciente del sol o de las claras noches ricas de estrellas. 



■44 



LITERATURA ESPAXOLA 



'-Ora convocan a la guerra santa, con fervorosas padabras, a los re- 
yes y a los pueblos; ora aclaman al vencedor; ora cantan el himno 
íúnebre a los que han muerto en la batalla, o se lamentan de las ciu- 
dades conquistadas por el enemigo, de las mezquitas transformadas en 
iglesias y de la suerte infeliz de los prisioneros, que en balde suspiran 
por las floridas riberas del Genil desde la ruda tierra de cristianos. Elo- 
gian la magnanimidad y el poder de los príncipes, la gala de sus pa- 
lacios, la belleza de sus jardines; y van con ellos a la guerra, y des- 
-criben el relampaguear de los aceros, las lanzas bañadas en sangre y 
los corceles rápidos como el viento. Los vasos llenos de vino que 
circulan en los convites, y los paseos nocturnos por el agua a la luz 
de las antorchas son tartiibién celebrados en sus canciones. En ellas 
describen la variedad de las estaciones del año, las fuentes sonoras, 
las ramas de los árboles que se doblegan al impulso del viento, las 
gotas de rocío en las flores, los rayos de la luna que rielan sobre las 
■ondas, el mar, el cielo, las pléyades, las rosas, los narcisos, el azahar 
y la flor del granado- 

Sus poesías morales o filosóficas discurren sobre lo fugitivo de la 
existencia terrenal y lo voluble de la fortuna, sobre el destino, a que 
hombre ninguno puede substraerse, y sobre la vanidad de los bienes 
de este mundo, y el valor real de la virtud y de la ciencia. Con predi- 
lección procuran que duren en sus versos ciertos momentos agrada- 
bles de la vida, describiendo una cita nocturna, un rato alegre pasadc 
en compañía de lindas cantadoras. Por último, la mayor parte de es- 
tas poesías están enlazadas con la vida del autor ; nacen de la emoción 
del momento; son, en suma, improvisaciones de acuerdo con la más 
antigua forma de la poesía semítica." 

Algunos nombres y algunos fragmentos nos darán a conocer un 
poco la poesía arábigo-española. Las traducciones en verso han 
sido hechas de la obra alemana de Schack por don Juan Valera; y 
tanto para juzgar éstas como las transcritas en prosa, hemos de pedir 
al lector que tenga presente el especial carácter de la lengua árabe 
y la singuJar modalidad de su poesía, cuyo mayor mérito consiste casi 
siempre en el artificio de la versificación. 

Los omeyas españoles protegieron y fomentaron en alto grado la 
< cultura y la lengua árabe, acaso para extirpar el nacionalismo anda- 
luz, y durante su califato brillaron gran número de poetas, carac- 
terizados por Dozy, en su mayoría, como aduladores cortesanos 
•de los monarcas. Quizá el más cortesano de ellos sea Abenabde- 
RRABiHi (860-939), autor dell Libro del collar y de una colección de 
poesías titulada Almahasat, en que una pieza erótica iba seguida 
-de una religiosa. 

Abul Majxí?, a quien Abderrahamán I mandó sacar los ojos, 
vcornpuso 'la siguiente elegía : 



ABENZAIDÚN Y UALADA 45,, 

La maare de mis hijos abrumada 
por el dolor está, 

porque mis ojos con su diestra airada 
ha fulminado Alá. 

Ciego me ve seguir la esposa mía 
esta mortal carrera, 
hasta que el borde de la tumba fría 
con el báculo hiera... 

El sevillano Azzobaidi (989), maestro de Hixeni II, se carac- 
teriza porque su poesía versa generalmente sobre asuntos morales^ 
aunque tiene algunos de carácter erótico. He aquí un^ muestra: 

" — ¡Oh Abu Moslim! Ciertamente el joven debe ser juzgado por su- 
inteligencia y palabra, no por sus cabalgaduras y ropaje." 

Almanzor, imitando la costumbre de los Omeyas, también tuvo 
sus poetas favoritos, entre los cuales se destacan S.md de Bagd.\íd. 
hábil improvisador, que se preciaba de conocer todos los libros es- 
critos, y el más grande embustero que pueda imaginarse ; y Arrama- 
Di,, condenado en cierta ocasión a perpetuo silencio, con prohibición 
de que nadie le dirigiera Ja palabra, que durante /largo tiempo andu- 
vo errante "como un muerto" en medio de la multitud que llenaba 
las calles de Córdoba. 

Abenzaidúx y Ualada. El cordobés Abenzaidún (1003-1071) fué 
favorito durante algún tiempo del emir de Córdoba Abulhazam ben 
Chahuar. Amó locamente a Ualada, siendo correspondido por ella. 
De amena conversación, agudo ingenio y exquisita elegancia, era 
Ualada la mujer más atractiva de la buena sociedad cordobesa; en 
su casa tenía tertulias literarias. Unos autores la consideran hones- 
ta y recatada, mientras que otros dudan algo de su virtud; sus ver- 
sos, obscenos en algunos casos, parecen confirmar la ligereza de- 
siTS costumbres, cosa corriente, por otra parte, en la sociedad de sa- 
tiempo. Pronto Abenzaidún, '"menospreciando la rama abundante,., 
se inclinó a la estéril", y dejó a UaJada por una esclava de ésta, 
negra y cantora. Sobrevino la ruptura; Ualada intimó con Abenab- 
dús; Abenzaidún dirigió a éste una célebre carta, como si fuera es- 
crita por ella; y la que antes le amara con delirio, le odió y le repro- 
chó das faltas más graves. Acusado de un delito común, Abenzai- 
dún fué encarcelado, logrando evadirse de la prisión y siendo des- 
terrado; dirigió epístolas poéticas a Chahuar y a Ualada, hasta que 
obtuvo el perdón, gracias al hijo de Chahuar. Después de andar por 
varias capitales andaluzas, fué ministro de Almotadid y de Almota- 
mid, de Sevilla. Ualada siguió toda su vida tmida a Abenabdús. 

Son notables las composiciones de Abenzaidún en loor de la. 



46 LITERATURA ESPAÑOLA 

familia de Chahuar y de los Ahbadíes de Sevilla, y sobre todo su 
correspondencia poética con Ualada. Es un poeta neoclásico: las 
■comparaciones, las imágenes, la forma de sus obras es árabe; la 
fuente de su inspiración es Andalucía. Sus poesías son modelo en 
Oriente; sus aventuras con Ualada forman el asunto de una pieza 
de teatro impresa recientemente en el 'Cairo. 

AiLMOTAiMiD (1040- 1095), rey de Sevilla, fué poeta célebre en el 
mundo isilámico. Sus amores con Romaiquia en los felices días de 
reinado; sus relaciones con Abenammar, poeta a quien de la nada 
elevó al cargo de primer ministro y a quien hubo de matar con sus 
propias manos por traidor, y su desgraciado fin en un calabozo de 
Agmat (Marruecos), donde pasó largos años prisionero de los al- 
morávides, lo hicieron el más popular de los príncipes andaluces. 
Sus versos fueron admirados hasta por los beduinos, que, respecto 
ajl lenguaje y a la poesía, pasaban por jueces más severos y compe- 
tentes que los habitantes de 'las ciudades, según Dozy. 

En época de una corta ausencia decía a su amada Romaiquia : 

Ceñir quieren mis tjrázos tu cintura, 
y i mis labios besar tus labios rojos; 
hasta gozar de nuevo tu hermosura, 
han jurado mis ojos 
del sueño no rendirse a la dulzura. 
Vuélvete, dueño amado; 
sólo volverme así la dicha puedes, 
que está mi corazón aprisionado 
para siempre en tus redes. 

AnENABDÚN (f 1 134) se distingue por su casida, llamada Abdnnía. 
•en que lamenta la caída de la dinastía de los Aflaftás, de Badajoz. 
Elogiada pomposamente por los más céQebres historiadores de (la lite- 
ratura árabe, fastidia por su afán de erudición y por sus atrevidas 
metáforas, que la colocan en el período de decadencia. Contrasta 
notablemente con las sentidas elegías de Almotamid de Sevilla. 

Aluacaxi, natural de Uacax (Toledo) y residente en Valencia 
durante el asedio del Cid a esta ciudad, compuso una elegía que 
recitó subido "en la más alta torre del muro de la villa", según dice 
la primera Crónica general de Alfonso el Sabio, en donde está la 
traducción : 

"Valencia, Valencia, vinieron sobre ti muchos quehrantos et estás en 
ora de te perder. Pues si tu ventura fuer que tu escapes desto, será grant 
maravilla a quienquier que te viere." (Estrofa i.") "Las tus acequias cla- 
ras, de que te mucho aprovechabas, se tornaron turbias; et con la men- 
gua del alimpiamiento llenas van de muy grant cieno." (Estr. 9.) 

Junto con la versión castellana, da la Crónica texto árabe, que 



AVENZOAR. ABÜLBECA 47 

:no es el primitivo en que fuera escrita, sino una retraducción del 
castellano al árabe vulgar, hecha palabra por palabra, según ha de- 
mostrado el señor Ribera. 

Entre la poesía epigramática hemos de citar al célebre médico 
AvENZOAR (hacia 1198): 

Así exclamé sorprendido, que en tu fondo yo vela? 

al mirarme en el espejo: Y el espejo respondía: 

—¿Quién es este pobre viejo? — Sulema lo explicará, 

¡Adonde, adonde se ha ido que ya te dice ¡papá! 

aquel joven conocido y ayer ¡hijo! te decía. 

Xo menos notable es su epitafio: 

Párate y considera 
esta mansión postrera, 
donde todos vendrán a reposar. 
'Mi rostro cubre el polvo que he pisado; 
a muchos de la muerte he libertado, 
pero yo no me pude libertar. 

También contamos entre los musulmanes españoles alguna poetisa 
como Racunia,, de Granada, que refleja en sus versos los amores de 
Abuchafar ben Said. 

— Estoy celosa por tu causa — dice en una ocasión — de mis ojos que 
te miran, de ti, de tu tiempo y del lugar en que te halles. — Aunque te 
ocultara en mis ojos hasta el día del juicio, aún no me daría por sa- 
tisfecha. 

Es notable la elegía de Abulbeí:a. quien, después de la conquis- 
ta de Córdoba y Sevilla por San Fernando, lamenta la inminente 
caída del Islam en España. De ella entresacamos las siguientes 
estrofas: 

En todo terreno ser tiene el tiempo presuroso 

sólo permanece y dura concedido. 

el mudar. ••• 

Lo que hoy es dicha o placer Con sus Cortes tan lucidas 

será mañana amargura del Yemen los claros reyes 

y pesar. dónde están? 

Es la vida transitoria ¿En dónde los sasanidas 

un caminar sin reposo que dieron tan sabias leyes 

al olvido ; al Irán ? 

plazo breve a toda gloria 



Valera notó cierta semejanza de esta poesía con las célebres co- 
plas de Jorge Manrique y la tradujo en el mismo metro y con la 
misma combinación rítmica que aquéllas. 



48 LITERATURA ESPAÑOLA 

Abensaid vDE Granada (1214-1286), autor de la notable obra his- 
tórica Almogrih, describe, viviendo en Egipto, sus recuerdos de las 
distintas ciudades españolas en que vivió. De Málaga dice : 

A málaga tampoco mi corazón olvida ; 
no apaga en mí la ausencia la llama del amor. 
¿ Dónde están tus almenas, ¡ oh, Málaga querida !, 
tus torres, azoteas y excelso mirador? 
Allí la copa llena de vino generoso 
hacia los puros astros mil veces elevé, 
y en la enramada verde del céfiro amoroso 
sobre mi frente el plácido susurrar escuché. 

Bibliotecas. — Este desarrollo de la literatura y de tías ciencias 
despertó gran afición a los Jibros, ctiya difusión favoreció al ca- 
rácter cursivo de la escritura árabe, el empleo desde muy antiguo del 
papel de pasta y la necesidad del libro como medio de instrucción en- 
tre los musuflmanes, que no tenían asambleas políticas, ni teatros, ni 
academias. El deseo de leer llegó a su apogeo en tiempo de Abde- 
rrahmán III, que hizo de Córdoba el cerebro de las comarcas de Oc- 
cidente, adonde acudían los maestros más sabios, los estudiantes de 
todos los países, 'los copistas más hábiles y los libreros y mercaderes 
más ricos. La primera biblioteca era la Real, enriquecida por Moha- 
med I y Abderrahmán III; los hijos de éste, Mohamed y Alhaquem, 
formaron cada uno una, llegando Alhaquem a reunir las tres en una 
sola con 400.000 volúmenes, con ün bibliotecario jefe encargado de la 
formación del índice y con los mejores encuadernadores, iluminado- 
res y dibujantes. En Córdoba Abenfotaix tenía una gran bibliote- 
ca que llegó a valer en pública subasta unas 40.000 monedas de oro. 
que equivaldrían hoy a más de cuatro millones de pesetas. 

Abenházam, pobre maestro de escuela, se distinguió por su afi- 
ción a los libros. Las mujeres compartían este entusiasmo, siendo 
notable la biblioteca de la noble Aixa. 

Después del Califato siguió Córdoba ocupando el primer puesto, 
correspondiendo el segundo a Sevilla, que tenía la importante bi- 
blioteca de la familia real de los Abbadíes, y un gran mercado de 
libros, que ocupaba una calle entera. Famosa era en Almería la bi- 
blioteca de Abucháfar ben Abbás, visir del rey Zohair, que llegó 
a reunir 400.000 volúmenes encuadernados y completos, más innume- 
rables papeles y cuadernos sueltos. El rey de Badajoz, Almoda- 
far ben Ailaftás, compuso la obra titulada Almodafaría, enciclopedia 
de 50 tomos, sacada del estudio de su grande 5 escogida bi- 
blioteca. En Toledo fueron célebres bibliófilos los Beni Dinnún 
y Ben Maimún; Alfonso I conquistó Zaragoza, cuando se inicia- 
ba la afición científica, representada por los Benihud, Almoctadir 



BIBLIOGRAFÍA 



49 



y A'lmostain ; a Valencia emigraron los bibliófilos zaragozanos Aben- 
matruch y Abenassaguir ; y, f inaümente, en Granada se reconcentra la 
afición a los libros, siendo notables las bibliotecas de los reyes Beni- 
alahmar, de Azzobaidi, de Abenfarcún, de Attaraz y de Ben Lope, 
el célebre polemista con los cristianos. Entre los moriscos se encon- 
traron aún escasos restos de aquellos antiguos libros, que desapare- 
cieron casi por completo, unos a manos de Jos alfaquíes, intransi- 
gentes con Ja filosofía y ciencias, otros a manos de la Inquisición, 
enemiga de los libros de teología y religión musulmanas. 



bibliografía 

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1898. Bibliotheca 'arábico-hispana (ed. Codera y Riberaj, 1883-1895, 10 vols. 
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50 LITERATURA ESPAÑOLA 

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Palacios, Mohidin, en Homenaje a M. Pelayo, II, 217. El filósofo zaragozano 
Avempace, en Rev. de Aragón, 1900 y 1901. Abentofail, El filósofo autodi- 
dacto, trad. Pons, Madrid, 1900: texto y trad. francesa de L. Gauthier 
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París, 1900. Aristotelis opera omnia ciim Averrois cordubensis commentariis 
Venetjis, 1560, 12 vols. Compendio de Metafísica; texto y trad. de C Qui- 
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Spanien und Sicilien, 2." ed., Stuttgart, 1877, 2 vols. (trad. española por 
Juan Valera, 2.^ ed., 1881, 3 vols.). L. Gonzalvo, Poetisas musulmanas, 1905. 
J. Ribera, El cancionero de Abencusmán, discurso en Ac. Española, 1912; [so- 
bre la épica en la España musulmana], discurso en Ac. Historia, 1915. A. 
Cour, Ibn Zaidoün, Constantine, 1920. 



CARITULO III 
La lengua castellana. 

En Roma, junto con el latín literario, se hablaba un latín más im- 
propio, el llamado sermo ru^ticus, plcbeius, vulgaris, que también se 
le denominaba sermo cotidianus, usualis, el sermo urbanus, en una 
palabra, reflejo del modo de hablar de las diversas clases sociales 
de la gran Ciudad. No era, pues, el Jatín vulgar una lengua distinta 
^el literario, como en algún tiempo se creyó; sino que el arte, la ar- 
monía, la regularidad gramatical, la composición más cuidada, la 
selección del léxico daba al latín de las clases cultas una forma li- 
teraria especiail que el 'latín de las clases bajas, empleado de una 
manera más libre y espontánea, no tenía. El lenguaje de los doctos se 
aproximaba al de las obras literarias escritas, porque la instrucción 
en la escuela y la educación en un medio de tradición culta lo 
conservaban cuidadosamente ; mientras que el de las personas incul- 
tas se alejaba mucho de esta perfección. Entre estos dos extremos 
estaba Ha gran variedad de clases sociales, de diversa cuJtura, con 
su matiz distinto, y éstas representaban la mayoría de los que ha- 
blaban el sermo urbanus. 

El latín vulgar fué cambiando a través de los tiem])os; i)ero es 
muy difícil su estudio por falta de textos que hayan conservado la 
forma vulgar escueta, ya que en todas las lenguas los textos escritos 
tienden siempre a lo más literario posible. Sin embargo, se pueden 
señalar algunas características suyas : fonológicas : pérdida de la m y 
s finales; pérdida de la n en el grupo interno ns: sposum por spon- 
sum-, mesem por mensem (siglo iii) ; tendencia de la / a e, y de la u 
breve a o; desaparición de la vocal postónica interna: frigdus, oclus 
por frigidus, oculus. Morfológicas: los pronombres iste, Ule, ipsc 
iban, por una parte, perdiendo su carácter demostrativo, por lo cual 
se les anteponía a veces ecce y eccmn (eccu-iste, de donde aqueste), 
y por otra tendían a ser empleados como artículos donde en clá- 
sico no existían (illa rosa = la rosa). Lexicográficas: el latín vulgar 



r-2 LITERATURA ESPAÑOLA 



usaba ciertos vocablos sinónimos no empJcaidos por el clásico. Se 
escribía eguus, adiuvare, os, ignis, edere; en cambio, hablando eran 
más usuales cahallus, adiutare, hueca, focus, manducare. 

Este latín vulgar se fué modificando cada día más, sobre todo en 
las colonias, por las influencias indígenas, y dio lugar a las distintas 
lenguas neolatinas. Son éstas, de Oriente a Occidente, rumano, dál- 
mata, rético, italiano, sardo, provenzaJ, francés, castellano y por- 
tugués, cada una con diversos dialectos. 

El castellano es el idioma hallado primeramente en Castilla la 
Vieja e impuesto luego como lengua oficial. Se distingue de los 
dialectos peninsulares por la palatalización de los grupos de letras, 
"y principalmente — como nota el señor García de Diego — por su 
fuerza innovadora, por haber pasado rápidamente por estados en 
que se han paralizado los dialectos (del gallego se distingue ya en 
el siglo X por la diptongación de e, o = ie, ue)", y "la gran transfor^ 
mación fonética de siglo xvi en la pronunciación de b, v, s, g, z, j, x, 
h, revolución iniciada principalmente en Castilla la Vieja, es la que 
acabó por diferenciarla de fenómenos que antes eran comunes". 

Los dialectos son el leonés, el navarro-aragonés y el andaluz. (Ef 
catalán, vailenciano y mallorquín se refieren al provenzal ; el gallego, 
al portugués.) El leonés, que, según las localidades, se denomina 
asturiano o bable, 'leonés, berciano, extremeño, mirandés, riodono- 
rés y guadramilés, se caracteriza, entre otras cosas, por la pala- 
talización de n, I iniciales {nariz, llobu) y por no diptongar en al- 
gunas localidades (térra, corpa). — El navarro-aragonés tiene co- 
mo fenómenos especiales, entre otros, la diptongación de e, ó ante 
yod, que lo impide en castellano: oculu, nello; teneo, tiengo; el gru- 
po ct, It, da it: multus, niuito; coctu, cneito; 'los grupos /;, el dan //: 
mullere, muller; aurícula, orella; la tercera persona del plural deT" 
perfecto termina en orón ail Jado de eron (entroron, fizioron, jun- 
to con dixieron, prometieron). El andaluz se distingue por la aspira- 
ción de la h (higo) ; por la elisión de la r, 1, d finales (doló, candí, mi- 
ta) ; por Ha conversión de / en r ante consonante (várgame, er tío) o^ 
por la confusión áe e y z con í (en algunas regiones, a la inversa) :: 
calabasa, munisipio. 

Las fuentes principales de que se ha formado el vocabulario, 
castellano son las siguientes: 

Latín.— ^La romanización de la Península debió ser muy antigua: 
falta, por ejemplo, antes de Augusto, la forma del dativo illui por 
ilh, como en toda la Romanía. En la época del Imperio se acen- 
tuó la unificación del latín hablado en España con el de la metró- 
poli, aunque la lengua culta inició aquí una restauración, impo- 
niendo formas en desacuerdo con las vulgares (aiitumnu, otoño. 



LA LENGUA CASTELLANA 53 

frente a agustu, agosto), popularizando palabras clásicas y hacien- 
do perdurar el pluscuamperfecto (amaram, amara). Después de 
la caída dd Imperio traen algunos cultismos latinos al castellano 
la Iglesia y los literatos (periculu, peligro; miracidu, milagro). A 
partir del sig'lo xiii se va acentuando el número de latinismos; 
Mena y luego Góngora emplean muchos latinismos, que acabaron 
por ser voces corrientes en la época clásica, y en la actual se admi- 
íen sin violencia. 

Árabe. — El contacto durante ocho siglos con el elemento musul- 
mán español, que tenía el árabe como lengua oficial, dio al caste- 
llano gran número de voces de dicho idioma. Eran éstas de oficios. 
como alcaide, alférez; de medidas, como adarme, fanega; de botá- 
nica, como^ azafrán, jazmín; de colores, como zumaque, azul; de 
obras rústicas, como almnnia, vereda, o urbanas, como alfoz, mez- 
quita. Y no citamos más que palabras aún usuales, advirtiendo que 
durante toda la Edad Media eran corrientes, como se comprueba en 
los documentos, muchas voces que luego se dejaron de emplear {al- 
mcleha, sábana; almcxía, túnica, etc.). 

Ibérico. — JVIuchas voces del sufijo rro {ventorro, zamarra) y al- 
agunas otras, como sapo, zupia, etc. Del celta vienen algunas pocas 
palabras, como abedul, palafrén. Del griego importó indirectamen- 
te otros vocablos : por el latín (de xo'Xcícso; = colpu = golpe) o por 
el árabe ( 0¿fy¡xo; = a/ltramuz). Del germánico pasaron algunas 
voces de derecho, como alodio, feudo; de guerra, como tregua, gue- 
rra, botín; o comunes, como danza, rico. Del francés pasan conti- 
nuamente palabras {hotel, jardín, cofre). El italiano nos ha dado 
-cierto número de vocablos, como libreto, partitura, gaceta. De 
América trajimos algunas voces con los animales o frutos que de- 
signaban {loro, vicuña, chocolate). Portuguesas de origen son mo- 
rriña, sarao y algunas más. 

No se puede precisar la época en que el romance castellano sie 
■desarrolló, Al tiempo de la invasión árabe (711) eJ latín hablado en 
la Península era ya probabflísimamei.te romance. De él se hallan 
vestigios en la lengua vulgar de Andalucía musulmana, que lo ase- 
mejan al gallego. Así se podría explicar la reaparición en gallego y 
provenzal de formas líricas semejantes a las empleadas en la len- 
gua vulgar de los musulmanes andaluces, de que quedan vestigios 
en el Cancionero de Abencuzmán. De este período prehistórico del 
castellano no se conservan documentos. El más antiguo hasta hoy 
encontrado (s. x) en un códice deH Monasterio de San Millán de la 
Cogolla y publicado por el señor Gómez Moreno, dice así: "Cono 
-aiutorio de nuestro dueño, dueño Cristo, dueño SalNiatore, qua'l 
<iueno get ena honore e qual dueño tienet ela mandatione, cono Pa- 



¿4 LITERATURA ESPAÑOLA 

tre, cono Spiritu Sancto enos siéculos de los siéciilos. Facanos Deus. 
omnipotens tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudiosos se- 
gamtis. Amen." En la Catedral de I^ón se conserva un documen- 
to, probablemente de 959, en que hay una Noticia de Kesos en ro- 
mance. Del si^lo X son también las Glosas Silenses,, que tienen 
muchas palabras romances. En di siglo xi se inició el estudio del 
Jatín, y esto fué causa de que ilos eruditos no emplaran el vulgar, 
como ya iba sucediendo en el x, y vino e\ divorcio absoluto entre- 
la lengua hablada y la escrita. En el siglo xii ya vemos más docu- 
mentos en romance. El fuero de Aviles (1155), de cuya autentici- 
dad dudó Fernández Guerra, después de los estudios de Malo, de 
Molina, no ofrece duda a los filólogos de ser de esta época, y ésta en 
dialecto leonés. Otros documentos pueden citarse del xii, ya en ro- 
mance : el convenio del Concejo de Conforcos con el Abad de Agui- 
lar de Campóo (1174); la dotación del Concejo de Cuenca al hos- 
pital de Santiago (1184); la carta de población de Villa Algariva 
o Villafranca, que el mozárabe toledano don Pedro Alpolicheni otor- 
ga a favor de Juan Domínguez (1191). (Los dos primeros documen- 
tos se conservan en el Archivo Hisitórico; el tercero, en la Catedral 
de Tolledo.) 

El período arcaico de la lengua abarca las manifestaciones lite- 
rarias de los siglos XII y xiii {Cantar del Cid, versión del Fuero 
Juzgo, Crónica general, Partidas, Berceo, por no citar sino las 
principales). A partir de Fernando III y de Alfonso X el castellano 
viene a ser lengua oficial ; se emplea en los documentos públicos 
redactados antes en latín, y durante Jos siglos xiv y xv (período- 
pretíásico) adquiere ya un vigor y un desarrollo, por ejemplo, en el 
Corbacho, que anuncia lo que ha de ser en la Celestina, en el Diálogo 
de la lengua, en fray Luis de Granada, en fray Luis de León, en el 
Quijote, etc. (período clásico). 

La primera Gramática de nuestro idioma es el Arte de la lengua 
castellana de Nebrija (1492). Bernardo Aldrete dio a luz su libr» 
Del origen y principio de la lengua castellana (1606). Eji maiestro 
Gonzalo Correas publica (Salamanca, 1627) su libro Trilingüe de tres 
artes de las tres lenguas castellana, latina y griega. La Read Aca- 
demia Española dio a luz la primera edición de su Gramática en 
1771. Posteriormente Garcés, Juan Calderón, el venezdlano Andrés 
Bello (anotado luego por Cuervo) y Salva dieron nuevo impulso a 
los estudios gramaticales. Mucho más recientes son las Gramáticas 
históricas de R. Menéndez Pidal (1904), J. Ailemany (190 1), F. Hans- 
sen (1913) y V. García de Diego (1914). El Vocabulario de Alfonso 
de Paúencia fué anulado casi por los Vocabularios latino-español y es- 
pañol-latino de Nebrija. Gran boga tuvo el Vocabnlarimn ecles'iasti- 



LA LENGUA CASTELLANA 55 

cU7}i de Maese Rodrigo de Santaella. el fundador de la Universidad 
de Sevilla, muchas veces reimpreso, desde 1496 hasta 1758. El Te- 
soro de la lengua castellana o española de Sebastián Covarrubias y 
Horozco (161 i) es eíl mejor Diccionario anterior al de la Real Aca- 
demia llamado de Autoridades (1726-1739) ; esta misma Corporación 
ha reeditado muchas veces el Diccionario de la lengua española, que 
sirve de canon en la materia. D€ da mayor importancia es el Dic- 
cionario de constrticción y régimen de R. J. Cuervo. 

Entre las Ortografías castellanas merecen citarse las de Nebri- 
ja (1517), la de Mateo Ailemán (Méjico. 1609), la de Correas (1630) 
y la de la R. Academia. 

Abundan los tratados acerca de métrica castellana. Guillen de 
Segovia &l\ su tratado de la Gaya ciencia; el autor de la Pícara 
Justina (1605) y la Prosodia de Gabriel de Moneada (161 1) se ocupa- 
ron de esta materia, a la cual dedicaron sus esfuerzos Rengifo, Ca- 
ramuel y Lubkowik, Masdeu, en el siglo xviii^ y en el xix, Miguel 
A. Príncipe, Coll y Vehí en sus Diálogos, Menéndez y Pelayo, Benot 
en la Prosodia castellana y versificación y Eduardo de la Barra en 
sus Estudios sobre versificación castellana (1889). por citar sólo al- 
gunos de los más importantes. 



SERIE DE LOS SOBERANOS EN I.A EDAD MEDIA 



Algunos Reyes godos. 

Ataúlfo 414-416 

Recaredo 1 586-601 

Don Rodrigo 710-711 

España árabe. 

Emires dependientes de Damasco 

(primeros y último). 

Tarik 711-712 

Muza... 712-714 

Abdelaziz 714-71S 

lusuf el Fihri 746-756 

Emires independientes de Damasco 

(primero y último). 
Abderrahmán I 756-788 

Abdallah 888-912 

Califas de Córdoba 
(primeros y último). 

Abderrahmán IIT 912-961 

Al-hacán 11 961-976 

Hixem II 976-1008 



Alfonso II el Casto 79i-84^ 

Ramiro 1 842-850 

Alfon.so III 866-909 

Algunos Reyes de León. 

García 1 909-914 

Ramiro III 967-98 + 

Bermudo II 984-999 

Alfonso V 999-1027 

Reyes de León y de Castilla. 

Fernando 1 1037-1065 

Sancho II 1065-1072 

Alfonso VI 1072-7.109 

Doña Urraca 1109-1126 

Alfonso VII • 1126-T157 

Reyes privativos de León. 

Fernando II 1157-1188 

Alfonso IX 1188-1230 

Reyes privativos de Castilla. 

Sancho III 1157-1158 

Alfonso VIIL... 1158-1214 

Enrique 1 1214-1217 

Doña Berenguela 1217 



Hixem III ••• 1027-1030 Unión definitiva de Castilla y León. 

España CRISTIANA. Fernando III 1217-1252 

., D j ^ . ■ Alfonso X 1252-1284 

Algunos Reyes de Asturias. c 1 t-it- o 

■^ Sancho IV 1284-1295 

Pelayo 718-737 Fernando IV 1295-1312 

Alfonso 1 739-756 Alfonso XI 1312-1350 



SOBERANOS EX I. A EDAD MEDIA 



57 



Pedro I 1350-1369 

Enrique II 1369-137Q 

Juan 1 1379-1390 

Enrique III 1390-1406 

Juan II 1406-1454 

Enrique IV 1454-1475 

Algunos Condes de Castilla. 

Pernán González 970 

Garci Fernández 97^-995 

Sancho García 995-1022 

Reyes de Aragón. 

Ramiro 1 10,^5-1063 

Sancho Ramírez 1063-1094 

Pedro I 1094-110-I 

Alfonso I el Batallador. 1104-1134 

Jaime I el Conquistador. 1213-1276 

Pedro III -... 1276-1285 

Alfonso III 1285-1291 

Jaime II 1291-1327 

Alfonso IV 1327-1336 

Pedro nr 1336-1387 



Juan 1 1387-1395 

Martín 1 1395-1410 

Fernando I el de Ante- 
quera 1412- 1416 

Alfonso V 1416-1458 

Juan II 1458-1470 

¡•"ernando II el Católico. 1479-1516 

Algunos Condes de Barcelona 
independientes. 

Wifredo el Velloso 874-896 

Borrell 1 896-91-^ 

Ramón Berenguer 1 1035-1076 

Ramón Berenguer II... 1076-108-: 

Berenguer Ramón II... 1082-1096 

Ramón Berenguer III.. 1096-1131 

Ramón Berenguer IV.. 1131-1137 

Unidad nacional. 

Reyes de España. 

Reyes Católicos doña 
Isabel I y don Fer- 
nando 1 474- 1 504 



CRONOLOGÍA DE HECHOS SALIENTES DE LA EDAD MEDIA 

587. Concilio III de Toledo, convocado por Recaredo. 
711. Batalla del Guadalete y caída del reino visigodo. 
718. Covadonga. Victoria de don Pelayo sobre Alkémiah. 
798. Batalla de Roncesvalles, entre Bernardo del Carpió y Carlomagno. 
^"^i. Carlomagno establece la Marca Hispánica. 
929. Fundación del Califato de Córdoba por Abderrahmán IIl. 
1002. Batalla llamada de Calatañazor : el regente de León, en nombre 
de Alfonso V, Sancho III el Mayor, de Navarra, y Sancho García, 
conde de Castilla, vencen a Almanzor. 

1085. Toma de Toledo por Alfonso VI. 

1086. Alfonso VI es derrotado en Zalaca por Yusuf-ben-Tachfin. 
1099. Muerte del Cid. Conquistó a Valencia en 1094. 

1 134-1137. Ramiro U el Monje y tradición de la Campana de Huesca. 

1 140. Alfonso Enríquez, rey de Portugal. 

1164. Fundación de la Orden de Calatrava, en 1175 la de Santiago- y 

en 1177 la de Alcántara. La de Montesa se fundó en 1317 (reinado 

de Jaime II de Aragón). 
1195. Alfonso VIII es derrotado en Alarcos por Yacub. 
1209. Alfonso VIII crea el Estudio general de Falencia. 
11212. Victoria de las Xavas de Tolosa por Alfonso VIII de Castilla, 



^8 LITERATURA ESPAÑOLA 

Pedro II de Aragón, Sancho el Fuerte de Navarra y Alfonso de 

Portugal. 
1223. Alfonso IX funda la Universidad de Falencia. 
1230. Unión definitiva de Castilla y León en Femando III el Santo. 
1236 y 1248. Conquista de Córdoba y Sevilla, por Fernando III el Santo. 
1282. Vísperas sicilianas [Pedro III el Grande de Aragón]. 

1294. Defensa de Tarifa por Guzmán el Bueno [Sancho IVJ. 

1295. Doña Miaría de Molina, tutora de su hijo Fernando IV. 
1302-1313. Expedición de catalanes y aragoneses a Oriente mandados 

por Roger de Flor [Jaime II de Aragón]. 
1340. Batalla del Salado y Ordenamiento de Alcalá (1348) [Alfonso XI]. 
1364. Fundación del Colegio español de San Clemente de Bolonia por 

don Gil de Albornoz. 
1385- Victoria de los portugueses en Alju1>arrota sobre don Juan I de 

Castilla. 
1402. Conquista de las Canarias [Enrique III]. 

1412. Compromiso de Caspe y elección de don Fernando el de Antequera. 
1435. La armada aragonesa es vencida en Ponza [Alfonso V de Aragón], 
1443. Alfonso V de Aragón en Ñapóles. 

1453. Muerte de don Alvaro de Luna en el cadalso de Valladolid. 
1453- Caída de Constantinopla en poder de los turcos: dispersión de los 

gramáticos griegos. 
1461. Muerte de don Carlos, príncipe de Viana. IMuerte de doña Blanca 

de Navarra. 
1474. Introducción de la Imprenta en Valencia. 

1476. Establecimiento de la Inquisición por los Reyes Católicos. 

1477. Establecimiento de la Santa Hermandad. 

1492. Toma de Granada. Expulsión de los judíos. Descubrimiento de 

América [Reyes Católicos], 
1503- Victorias de Ceriñola y Careliano por el Gran Capitán. 
1504. Muerte de Isabel la Católica, 



LITERATURA 
CASTELLANA 
(siglos XII y xiii) 



A. Épica. 



B. Poemas de orí 

GEN FRANCÉS O 



I Orígenes de la poesía épica. 

Sus primeras manifestaciones. 
I Cantar de Mío Cid. 
I Gesta de los Siete Infantes de 
\ Lara. 

Í Gesta de don Sancho II de Cas- 
tilla. 
I Fragmento de Roncesz'alles. 
' Leyenda del Abad don Juan de 
Montemayor. 

\ Vida de Santa María Egipcieica. 
Libro deis treis Reis d'Orient. 



PROVENZAI 'Libro de Apollonio. 



C. Mester de Cle- 
recía 



Berceo. 

Libro de Alexaitdre. 

Poema de Fernán González. 



\ Orígenes de la poesía lírica. 
I Lo Razón de amor. 

D. Lírka Elena y María. 

¡Alfonso X: Las Cantigas. 

f Cancioneros gaillegoportugueses. 

Cronicones: Anales Toledanos. 
I Lucas de Túy. 
\ Rodrigo Jiménez de Rada. 



E. Historia. 



r Crónica general. 
I Alfonso y^-] Grande e general 

estoria. 
La Gran conquista de Ultramar. 



I Pedro Alfonso. 

1 Calila e Dimna. 

F. Novela \ Sendebar. 



G. Prosa didáctica 



La Gran conquista de Ultramar. 
El Caballero Cifar. 

I Traductores de Toledo. 
Los diez Maívdamientos. 
I Versión del Fuero Juzgo. 
I Catecismos políticomorales (5o-- 
1 nimn, etc.). 

; Alfonso X: Las Partidas y las- 
obras científicas. 



religioso i Misterios. 
H. Dramática. ', Teatro \ i Moralidades. 



profano 



j Juegos de escarnio.. 
I Disputa del almo y 
el cuerpo. 



CAPITULO IV 
Literatura castellana. 

INTRODUCCIÓN A LA EDAD MEDIA 

Los caracteres más salientes y definidos de la Edad Media espa- 
ñola en lo literario, son : el espirita religioso, ell realismo, Ja ener- 
.gía, la variedad, la persistencia de la tradición épica castellana, 
las influencias provenzales y galaico-portuguesas en la lírica, el po- 
deroso arraigo de lo popular y su frecuente convivencia con los 
elementos eruditos, ílas influencias literarias extranjeras, las ten- 
dencias moralizadoras y satíricas. 

En cuanto a lo religioso, aparte del carácter espiritualista de 
la Edad Media en general, está reflejado en el teatro de los mi*;- 
terios y de las moralidades, en el auto de los Reyes Magos, en lo- 
debates o disputas, diversos en la forma y semejantes en el pensa- 
miento; en las leyendas piadosas que esmaltaron Berceo, Alfon- 
so X y el Beneficiado de Ubeda, y en algunos trozos líricos del 
Libro de buen amor y del Rimado de Palacio, para reaparecer en 
distinta forma en los franciscanos Mendoza y Montesino, y en 
• eil Cartujano : animando también indirectamente con su sentido aus- 
tero obras no religiosas como las de Alfonso el Sabio, don Juan 
Manuel o Pero López de Ayala. El realismo parece ingénito en el 
espíritu español y precursor de las maravillas de Cervantes y Veláz- 
•quez; en el Poema del Cid los recursos poéticos de orden sobrenatu- 
ral son limitadísimos, y la exactitud geográfica de la obra extrema : 
es poderoso en don Juan Manuel (moralista práctico), en el canci- 
ller Ayala, en los retratos a pluma, llenos de vida, de Fernán Pé- 
rez de Guzmán y de Hernando del Pulgar; alienta poderosamente 
en todo cuanto tiene sabor popular, y da vida indestructible a los 
portentosos romances viejos y a la CelesHfta. La energía se ob- 
serva en el gusto constante de la raza por lo fuerte (gestas, cróni- 
•cas) con preferencia frecuente a lo delicado, aunque éste no fal- 



I.A LITERATURA EX LA EDAD MEDIA Ól 

ta (v. gr., Ra2Ón de amor, Cantigas, serranillas, el mismo Roman- 
cero). La variedad parece ley general de la Edad Media, lo mis- 
mo en la esfera política, que en la cientifica, artística o literaria. 

La persistencia de la tradición épica de Castilla es tal, que ade- 
más de ser poderosísima en los siglos medios continúa después y 
llega hasta nuestros días: así, la leyenda trágica de los Infantes, 
de Lara pasó a las gestas, luego a la Crónica general y sus deri- 
vaciones, después a los romances, más tarde al teatro por obra de 
Juan de la Cueva, Lope de Vega, Hurtado de Velarde y otros, y. 
por último, en el siglo xix reaparece en el Moro expósito del Du- 
que de Rivas y en una novela de Fernández y González; fenóme- 
no parecido se da con las leyendas del Cid, Bernardo del Carpió. 
Fernán González, etc. Las influencias provenzales en la lírica, ya 
directamente, o ya, más bien, por medio de la poesía galaicoportu- 
guesa son indudables : recuérdese la relación de la lengua ¡emosina 
con la provenzal; la comunicación de Cataluña con Francia; el 
establecimiento de la Marca hispánica por Carlomagno; la bri- 
llante pléyade de trovadores catalanes (admirablemente estudia- 
dos por Milá) ; las relaciones de algunos de ellos en cortes y ciu- 
dades castellanas (v. gr., en la de .\ilfonso X) ; las peregrinaciones 
a Santiago de Compostela, y, soíbre todo, la técnica más o menos 
artificiosa de los líricos castellanos, desde fines del siglo xiii has- 
ta la aurora misma del Renacimiento, como se ve en los corres- 
pondientes cancioneros, y su repetición de ciertos temas predilec- 
tos que se agostaron pronto. Gómez Manrique es quizá el último 
poeta de esta clase. Por esto no hay que olvidar la importancia que 
tienen para los orígenes de la lírica peninsular y castellana los. 
cancioneros galaico-portugueses. 

El arraigo de lo popular en las letras medievales es muy fuer- 
te: se observa en los elementos propiamente épicos (las gestas) y 
en sus derivaciones (crónicas, romances) ; en la incorporación de 
lo popular a olbras artísticas, por la inspiración o la tendencia de 
escritores, tales como don Juan Manuel o el Arcipreste de Hita ; 
en remedos felicísimos de lo popular hechos por poetas cultos, 
verbigracia Santillana, fray Ambrosio Montesino. Juan del Encina ; 
en los Adagios que dicen las viejas tras el fuego, que recogió y 
ordenó ei mismo Marqués; en el Corvacho del Arcipreste dte Ta- 
lavera, tan rico en e'lementos folklóricos y en modos de decir ex- 
presivos y felices tomados de la boca del pueblo, y en la Celesti- 
na, donde se observa el mismo fenómeno, en forma aún más pro- 
funda y con mayor depuración y eficacia estéticas. 

Prueba singular de la convivencia de los elementos populares 
con los eruditos es el Poema de Fernán González, que es una es- 



52 LITERATURA ESPAÑOLA 

pecie de transición y transacción entre el mester de joglaría y el 
de clerecía; ia Crónica general, donde se prosificaron muchas le- 
yendas épicas (entre ellas la de los Infantes de Lara, la de don 
Sancho II de Castilla y la del Cid); el Libro de los enxempLos, 
el de los gatos y otros parecidos, en los que se recogieron cuentos 
de varia procedencia y no pocos tomados de la boca dad pueblo; 
aparte de las obras ya citadas, el Conde Liccanor, el poema del 
Arcipreste de Hita, etc. 

Las influencias extranjeras dan sabor especial, vario y multi- 
forme a las letras medievales. Estas influen/cias son orientales, 
clásicas y de literaturas romances (francesas e italianas). Las 
orientales, de origen indio, llegadas a España por conducto persa 
y arábigo, se ven en las colecciones de cuentos del judío converso 
Pero Alfonso, el Calila y el Sendebar, continuándose esta tradi- 
ción en el Conde Lucanor, en el Libro de los gatos y en el de los 
■enxemplos; las influencias arábigas se observan en las produccio- 
nes de la escueía de traductores de Toledo, en la Historia arabnm 
de don Rodrigo Jiménez de Rada ; en las obras científicas del Rey 
- Sabio ; en la música de las Cantigas; en el Piigio fidei de Raimun- 
•4o Martí; en la impugnación de San Pedro Nicolás Pascual y en 
los escritos de Raimundo Liáio; en el Poema aljamiado de Yu^uf, y 
en otras obras análogas ; en la elegía de Alguacaxí a la pérdida de 
Valencia, traducida e inserta en ila Crónica general, y en algún pa- 
saje dell Arcipreste de Hita; las hebreas, en los Proverbios mora- 
les del Rabí don Sem Tob ; las clásicas, en el Poema de Alexandre, 
en lias fábulas de origen esópico que intercala Juan Ruiz, en la 
■Crónica troyana, en los múltiples reflejos de Ovidio, ya como poe- 
ta erótico, ya como autor de las Metamorfosis, denominadas con 
razón la Biblia de los poetas, y en las crónicas del canciller Pero 
López de Ayaia, que se ejercitó en el arte y en él estilo de la his- 
toria traduciendo a Tito Livio. 

Las relaciones literarias de España y Francia, y sus recíprocas 
influencias en los tiempos medievales, son evidentes: el estable- 
' cimiento de la Marca Hispánica por Cario Magno: las relaciones 
• constantes con Cataluña y con Navarra ; el entronizamiento en Na- 
varra y Portugal de Reyes de sangre francesa; las peregrinacio- 
nes a Santiago de Compostela; la llegada de los monjes clunia- 
censes ; las guerras, v. gr., las deil tiempo de don Pedro I, y la ve~ 
' cindad de ambos países, explicaría dichas relaciones, que se mani- 
fiestan en algún aspecto de la epopeya castellana, en los poemas de 
origen francés o provenzal, como la Vida de Santa Maria Egipcia- 
■qua, en la presencia de los trovadores, en las influencias provenza- 
-les en los artificios de la técnica lírica, y probablemente en obras 



LA LITERATURA EN LA EDAD MEDL\ 63 

-de procedencia septentrional!, como algunos libros de caballerías, 
j en la Di-ni.':a de la viucrte. 

Igualmente son clavas y constantes las relaciones con (Italia y con 
las iletras italianas: respecto de Dante (1265-1321), mícer Francis- 
co Imperial {Dezir de las siete virtudes) ; Santillana, Mena y otros 
poetas que figuran en el Cancionero de Baena imitan al autor de 
la Divina Comedia y su artificio alegórico, y el catalán Rocaberti 
calcó en este poema su Comedia de la gloria d'amor, y don Enri- 
que de \'illena traduce la obra de Alighieri; en cuanto a Petrar- 
ca (1301-1374). el primero de los líricos a la manera moderna, 
abundan los códices de sus obras en la biblioteca de Santillana; el 
mismo López de Mendoza, en sus sonetos fechos al itálico modo, 
tuvo presentes los de Petrarca y también los de Dante, Cavalcanti 
y Checo Dasculí; el delicadísimo amador de Laura fué imitado por 
el catalán Mayol y por Ausías March, y Mttje tradujo a la ¡len- 
gua catalana la Historia de Waltcr e de la pacient Griselda, escrita 
en ilatín por el Petrarca. Y en cuanto a Boccaccio (1313-1375), el 
canciller Ayala traduce su .libro De casibus virorum et feminanim 
illustrinm, y de las dos obras que escribió el gran cuentista italia- 
no en vituperio y en alabanza de las mujerc-j (7/ Corhaccio o La- 
berinto d'amore y De claris miiiieribus) se derivan no pocas obras 
castellanas que siguen una u otra dirección, v. gr., las poesías de 
Torrellas, el Corvacho del Arcipreste de Talavera y el Libro de las 
claras e virtuosas mujeres de don Alvaro de Luna ; y la novela ca- 
talana erótico-sentimental Curia¡ y Guclfa es una imitación de la 
ríammeta de Boccaccio. 

La tendencia moralizadora es también frecuente: en los siglos 
medios hubo varias épocas de graves crisis, no sólo en lo poJií'co 
sino también en lo social y en las costumbres (particularmente a 
fines del siglo xiii y durante todo el siguiente) ; esto nos explica la 
aparición de Las disputas del alma y del cuerpo, del agua y ded vino, 
y otras; de los catecismos político-moralles, género característico de)l 
tiempo, tales como el Bonium, Poridat de paridades, Flores de Filo- 
sofía, etc.; los Proverbios en rimo del Sabio Salomón, Rey de Israel; 
los Proverbios morales del Rabí don Sem Tob; las colecciones de 
apólogos y cuentos, que envuelven siempre lecciones éticas y de 
práctica de la vida. 

La tendencia satírica en los siglos medievales es tan clara y 
tan inesperada como se observa en los detalles ornamentales de no 
pocos templos, combinándose estos elementos satíricos con otros mu- 
chos de vario carácter, v. gr., con los moralizadores ; así, son de no- 
tar, no sólo las obras directas de este carácter (Coplas del Provin- 
cial, de ¡Ay, Panadera! y de Mingo Revulgo), sino los poemas del 



5^ LITERATURA ESPAÑOLA 

Arcipreste de Hita y del canciller Ayala, de carácter jocoso aquél 
y de tono austero éste, y uno y otro fustigadores de la sociedad de 
su tiempo; la Danza de la muerte, sátira social y colectiva; d Cor- 
vacho del Arcipreste de Talayera, etc., y hasta la tendencia de mu- 
chos cuentos, v. gr, del Libro de los gatos y del de los Enxemplos-. 
que son otros tantos dardos contra vicios de la época. 

A. Épica: i. Orígenes de la poesía épica: sus primeras manifcsta-. 
dones— 2. Cantar de Mió Cid.— 3. Gesta de los siete Infantes 
de Lara.—4. Gesta de don Sancho II de Castilla.— 5. Ronces- 
valles.— 6. Leyenda del abad don Juan de Montefnayor. 

I. Orígenes de la épica castellana.— Tres teorías se han idea- 
Jo hasta ahora parr. explicar el oscurísimo punto del o'-igen de la 
epopeya castellana. Las exponemos, siguiendo el orden de su apa- 
rición. 

A) Origen francés. Lo defiende Gastón Paris (1898), a quien'! 
sigue Eduardo de Hinojosa (1904). Funda esta hipótesis: 1.°, en 
las semejanzas de la métrica en ambas epopeyas, que no cree pro- 
bable haya nacido "espontánea e independientemente al Sur y al 
Norte de los Pirineos'". [Pidal lo^ rechaza, porque la métrica en la 
épica española no es todo lo perfecta que la imitación debía dar, 
sino que se ha perfeccionado lentamente, y porque usa la c para- 
gógica, desconocida en la métrica francesa.] 2.° La producción épi- 
ca española ha comenzado cuando ya estaba floreciente la epopeya 
francesa y no ha celebrado ningún hecho histórico antes de la in- 
troducción de las chansons francesas. [Pidal lo rebate diciendo que 
la introducción de las chansons en España data de principios del si- 
glo xii (falso Turpín y monje de Silos) y a fin del siglo xi se pu- 
sieron en contacto la civilización francesa y ila española; los hechos 
históricos de los cantares de Fernán González y los Infantes de 
Lara pasan en eil siglo x, debiendo haber sido compuestos a raíz 
de Jos sucesos.] 

El alemán H. Morf (1900), que no admite el origen francés, di- 
ce que existió en el siglo x una canción contemporánea de la muerte 
de los Infantes de Lara; y se inclina a creer que las chansons han- 
servido de modeío a la epopeya castellana, sólo en un período ade- 
larutado de su desarrollo, no en sus principios. Esta misma idea si- 
gue Pidal, diciendo que en el siglo xii d Poema del Cid y en el 
xiii otros poemas, muestran "cierta influencia de la epopeya 
francesa" ; son estas gestas posteriores a ia invasión de 3a civiliza- 
ción de Francia en tiempo de Alfonso VI y a las primeras pruebas de 
la introducción de las chansons en España. Pero antes de estos he- 



ORÍGENES DÉLA ÉPICA 65 

.chos, existió una epopeya castellana que cantó a Fernán González, 
a los Infantes de Lara y al infante don García. "La diferencia ab- 
soluta en la manera de concebir y tratar poéticamente los asuntas 
— concluye Pidal — nos obliga a afirmar la independencia primitiva 
de la epopeya castellana respecto de la francesa, y a rio admitir más 
que una influencia tardía de la epopeya francesa, que introduce al- 
guna de sus formas y algunos de sus asuntos en la poesía épica 

castellana." -/rr ni- f. :/ .|':l'^*"'"^"^.í' 

.(, ,B) Origen germánico. R. Menéndez Pidal (1909) ¿Ke'qúe^'^éííik- 
.yiene suponer para la epopeya castellana los mismos orígenes ger- 
mánicos que se le han descubierto a la, epopeya francesa". Para 
justificar esta hipótesis, Pidal nota que los germanos tenían, según 
Tácito, cantos en que celebraban ©1 origen de su raza (etnogónicos) 
y a Arminio, libertador de Germania bajo Tiberio (epopeya histó- 
rica). El historiador godo Jordanes (s. vi) cuenta la emigra<^ión (Je 
los godos a,. Scitiai. dirigidos por, el rey,Filím€r:;al pasar el. ejército 
un río (acaso el Vístula) se hunde el puente, ylos qlíe se háDÍári que- 
dado atrás no pudieron avanzar por ser un terreno abundante en 
lagunas y pantanos ; y ,^yn en tiempo de Jordanes se decía oír en flás 
aguas los mugidos d€ los animales sepultados; después, los godos que 
habían pasado el puente vencieron a los Spalos y llegaron victorio- 
sos ail ilímite de la Scitia, ail Ponto Euxino, "según lo celebran sus 
cantos primitivos, que son como una. especule de historja, y Ablavio, 
Cjl, ilustre histQriador .de los godos, í o di^ .también por cíel:4:o'^ Según 
Jordanes, los godos en sus canciones eran llamados ca^i/íaíf, nombre 
dado por Dicineus al catequizarlos. A más del testiínonio de Jorda- 
nes, .CjOnstaefl hecho de que Hermenerig, conquistador ostrogodo, y 
Teodorlco, tutor en 507 de Amalarico, rey de España, fueron can- 
tados por sus contemporáneos. También fueron celebradas las /haza- 
ñas de;loS; visigodos Fridigern y Vidigoia; el primero era reyezuelo 
visigodo en Mesia y Tracia ; ©1 segundo, se^n Müllenhof f, era ún vi- 
sigodo del siglo iv^ a quien Jos sármatas mataron a traición.. \y ' 
Una vez demostrada la existencia de cantos épicos entre los vi- 
sigodos, rechaza Pidal la opinión de Wolf (1859), exjpuesta antes 
por pozy (1849), de. que aquéllos no pudieron: traer la epopeya a 
España, porque, romanizados ya al venir, no habían podido con- 
sei^^ar el recuerdo de sus mitos ni de. áu primitivo estado. Niega 
Pidal valor a este argumento, porque la épica que cantabq. a Fri- 
d'igern no era mítica,, sino plenamente histórica, por lo cual no de- 
bió ser influida por la romanización. Al .'establecerse en Galia y 
en España los visigodos sólo llevaban unos cuarenta años de cris- 
tianismo; este plazo era suficiente para adoptar k organizad óíi 

administrativa del Imperio, Va que ellos ""fío tenían ^,6trá;bof' eso di- 

; ■ ' '- "■■ r/^n^pvíq fí no'j '^.h'--':oD h n:- Ty'XíO v: (.,; 

5 



66 LITERATURA ESPAÑOLA 

ce Mommsen que el reino visigodo más parece una provincia roma 
na vuelta independiente que un reino de nacionailidad germánica 
pero en este corto tiempo no pudieron olvidar sus instituciones poli 
ticas, que retoñan lluego, ni menos sus costumbres privadas y sociales 
cuya huella se conserva en la España medieval con tanta persisten- 
cia. Desgraciadamente, la falta de documentos quita "toda esperanza 
de encontrar recuerdos vivientes de esta epopeya". Sólo el obispo ga- 
licano Hidacio narra en su Cronicón un hecho maravilloso acaecidc 
en la Corte de Eurico; y acaso la leyenda del rey Rodrigo pro- 
venga en parte de poemas contemporáneos, corrientes entre ios go- 
dos, y de los cuales se hacen eco los historiadores árabes, desdt 
el siglo X. 

Quizá para Pidal la prueba principal de la influencia germá- 
nica es la leyenda de Walter, llamado de España o de Aquitania 
Estando Walter con su esposa como rehenes en la corte de Atila, 
huyen, llevándose el tesoro del rey huno; perseguido Walter, sostie- 
ne un encarnizado combate en defensa de su esposa y de su tesoro, 
Vence, y en el campo de batalla, sembrado de sangrientos despojos, 
vencedores y vencidos beben y ríen, y áuego se separan, Walter 
vuelve a su patria, y se casa con su prometida Hiltgunda. originaria 
de Aragón. Para Pidal este Walter es una muestra de la epopeya 
de los visigodos de España, que persiste, influyendo hasta el si- 
glo XVI en el romance de Gaiferos, que huye a Sansueña con su 
esposa Melisenda; perseguido por los moros, lucha con ellos y los 
vence. A más del asunto, tienen el poema latino de Walter del siglo x 
y el romance del siglo xvi otras analogías de detalle. Cantada la 
kyenda de Walter en el siglo xiii en Allemania, Noruega e Ingla- 
terra, debió serlo también en España, y Pidal no duda en conside- 
rar al romance de Gaiferos, como "un fragmento conservado por 
casualidad del lazo misterioso que une la epopeya visigoda a 3a 
poesía heroica castellana". 

Fortifica esta hipótesis Pidal notando el acentuado carácter 
germánico de la sociedad descrita en la epopeya castellana. La con- 
sulta del rey con sus vasallos, el duelo, el voto difícil de cumplir de 
un caballero, ía espada con un nombre propio, el manto de una 
dama asilo para el perseguido... En la epopeya castellana, según 
Pidal, palpita el aspecto más noble del espíritu de los germanos, 
celebrados en Tácito "por la borrachera, la afición al juego, la 
pereza, la suciedad, así como por la hospitalidad, la castidad, la 
fidelidad e independencia indomable". La organización del ejército 
germánico según Tácito, de la reunión de amigos v vasallos alre- 
dedor del señor, es la reflejada en la epopeya castellana. El germa- 
no se crece en el combate con la presencia de su mujer e hijos- e' 



ORÍGENES DE LA ÉPICA 67 

•Cid hac€ que asistan su mujer e hijos a la batalla con el rey de Ma- 
rruecos. Las asambleas periódicas de los germanos, descritas por 
Tácito, se parecen a las reuniones de la corte real en los poemas. 
En la Gennania de Tácito las enemistades son obligatorias; es e'l 
mismo espíritu de venganza de los cantares de Fernán González y 
.de los Infantes de Lara. Pero así como entre los germanos el homi- 
cidio se reparaba mediante una indemnización, en la epopeya cas- 
teHana se repara mediante el pago de quinientos sueldos de oro. Y 
así como el adulterio no encontraba perdón entre los germanos, 
tampoco en la epopeya, que dio origen a los dramas de honor clásicos. 

"Este carácter germánico de Ja epopeya española — termina Pi- 
dal — , esta serie de costumbres qU'C se reflejan en ella, desconocidas 
•de los romanos y notadas como tales por Tácito en su libro, nos 
impiden admitir el origen hispano-romano de esta poesía primitiva, 
y nos revelan que procede de los conquistadores germánicos de Es- 
paña." 

C). Origen musulmán andaluz. Lo indica Julián Ril>era (1915) 
en un estudio sobre las "huellas que aparecen en los primeros his- 
toriadores musulmanes de la Península, de una poesía épica ro- 
manceada que debió florecer en Andalucía en los siglos ix y x". 
Demostrada ya la coexistencia de un dialecto romance en Andalucía 
musulmana al lado del árabe, y teniendo en cuenta que "en la poe- 
sía árabe clásica, según Dozy, no existe epopeya, ni siquiera poesía 
narrativa, porque es lírica y dtescriptiva exclusivamente", ha bus- 
cado Ribera en las crónicas musulmanas restos de leyendas, deriva- 
dos de la influencia indígena que debieron entrar en ellas, al igual 
que las gestas castellanas pasaron a las crónicas cristianas en época 
posterior. A más de los poemas descriptivos, que no se conservan, de 
la conquista de España y guerras posteriores, debidos a Algazal, 
probablemente de raza españcJa y a Temáni ben AJcama, casado con 
la hija de Romano, conde de Andalucía, se encuentran utilizadas por 
los historiadores musulmanes multitud de leyendas, unas de origen 
•oriental, otras genuínamente españolas, ya eruditas, ya popuilares, 
escritas proíbaíblemente en latín, y otras, forjadas por musulmanes 
españoles nacionalistas, que casi se puede afirmar que correrían en 
romance. Como ejemplo de leyenda^ de espíritu nacionalista se pue- 
den citar: la de La generosidad de Arlabas, godo a quien imploran 
los árabes y que después de humillarlos, les da sus aldeas y cortijos; 
y la referente al Primer Conde de Andalucía, el mismo Artabás, 
que, despojado de sus bienes, se presenta a Abderrahmán L habla 
•con él de igual a igual y éste le nombra conde, a más de ordenar 
3-estituíríe su fortuna. 

Pero la leyenda que Ribera considera como "un cuadrito de poc- 



68 LITERATURA ESPAÑOLA 

sía caballeresca, una joya de la primitiva épica andaluza", es la. si- 
guiente, que cuenta B,ena.lcutÍQ,¿ ¿^jiLM^tiaq ¿«íjldíUK^j. «ü.i . 

"Muza ben Muza, rey de Zará^oiíá, 'f^ltitd'ejéícftó y 'éé' filé en bus- 
ca de Izrac ben Mont (o Montell), señor de Guadalajara y de su región 
fronteriza. Este Izrac vivía sometido a los Califas de Córdoba por tra- 
dición heredada de sus antepasados. Era uno de los hombres más her- 
mosos de Andalucía. iú-ji^Klnmobiñ i>ini 'Mitüibjií j>dj;'u; 

Cuando Muza ben Muza plantó los reales frente , a Guadalajara e. 
Izrac se puso en movimiento . para combatirle, envió aquél un mensa- 
jero que le dijera a éste: "jO'h Izrac! No he venido a combatirte; 
sólo he venido a casarte; tengo una hija muy hermosa; no hay en An- 
dalucía otra más hermosa; tengo intención de no casarla sino con el 
joven más hermoso de Andalucía: ése eres tú." Izrac aceptó el ofre^ 
cimiento y autorizó las capitulaciones matrimoniales, en vista de lo cuaP' 
Muza ben Muza dio la vuelta a su provincia y envió la mujer a Izrac. 

El monarca de Córdoba Mohamed, al saber lo ocurrido, púsose en 
violenta agitación (temía, seguramente, perder las provincias fronterizatv 
próximas [de Guadalajara], como se habían perdido ya para él las fron- 
terizas lejanas [de Zaragoza]), y determinó mandar una persona fiel, a- 
fin de poner a prueba la sumisión y las intenciones de Izrac Izrac- 
aunque se mostró conciliador ,Ci0n,el enviado del Monarca, se limitó ;í 
decir;: "Ya se verá bien claro si me njantengo en la obediencia del Mo 
narca p no. . . , . . . , ," 

Después def matrimoriib salió aé Guadalajara con pequeña escolta y, 
apartándose de las carreteras o caminos frecuentados, sin que ojo huma- 
no que le conociera le pudiese ver, se plantó ante la puerta de los jardi- 
nes del palacio real de Córdoba. En el Alcázar produjo su llegada Utv 
tumulto: los pajes de palacio corrieron a porfía a comunicar la buenas 
nueva al Monarca. Este ordenó que se le introdujera en palacio, y una 
vez en su presencia, le recriminó por el hecho de haber contraído paren- 
tesco de afinidad con un enemigo del Monarca. Izrac le refirió el suceso" 
tal como había ocurrido y añadió : " ¿ Qué daño puede causarte el que 
tu amigo goce de la hija de tu enemigo? Si me es posible conseguir 
atraerle por este medio, lo haré ; de lo contrario, cuéntame entre lo? que- 
le^éombatan para someterle." 

'El Monarca de Córdoba hizo comensal suyo a Izrac durante unos 
días; agasajóle con regalos; le dio- espléndidos vestidos y, por fin, le 
dejó marchar. 

Cuando Muza ben Muza supo lo que había pasado, reunió ejército. - 
fué a Guadalajara y puso sitio a la ciudad. Izrac hallábase durmien- 
do en la alcazaba que domina el río ; tenía la cabeza reclinada en el re- 
gazo de su mujer. Los del pueblo de Guadalajara se habían disemina- 
do por los campos y jardines, cuando arremetió contra ellos Muza ben. 
Muza y los que le acompañaban, lanzándolos al río. La mujer de Izrac 
alegróse al ver lo que su padre estaba haciendo, despertó a su marido 
yh dijo: "¡Mára lo que hace aquel león!" Contestóle el marido: 



ORÍGENES DE LA ÉPICA 69 

"'¡Cómo! ¿Crees a tu padre superior a mí? Una de dos: o tu padre es 
Tillas valiente que yo, o se ha acabado ya su buena reí)utación. " 

Coge Izrac su cota de mallas, se la viste inmediatamente y sale al 

encuentro de Muza; y como Izrac era uno de los más diestros arroja-, 

dores de lanza, tiróle una lanzada tan certera, que Muza se dio cuenta, 

instantáneamente de que estaba herido; encomendó el mando, a otrO; 

\para volverse a su país y murió antes de llegar a Tudela.'' 

En este relato se ha seguido el proceso ordinario de las leyendas 
un hecho real origina la leyenda poética, que lu^o la utilizan los 
"historiadores prosificada. alterando poco o mucho la forma poética 
primitiva. Las huellas de poetización popular se notan en la presen- 
tación de un ejército inesperadamente ante una ciudad cuyo señor 
duerme en d regazo de su mujer; en la forma del mensaje invi- 
tando a:l casamiento ; én la contestación ambigua de Izrac al enviado 
del Monarca para mantener el interés del relato; en el viaje se- 
creto de Izrac a Córdoba, la agitación del Monarca, las corridas 
de los pajes; en la conversación de Izrac con el Soberano, propia 
sólo de gente de muy baja estofa, y en la alegría de la hija de Mu- 
za, entusiasmada por las hazañas de su padre contra su esposo, de 
^ran ■efecto, pero completamente irreal. uüijíih 

Por estas muestras deduce Ribera , que existió, twa-i épica po- 
pular andaluza, desgraciadamente casi del todo perdida. Esa épica 
pudo vivir mientras hubiera un medio social en el pueblo andaluz 
•que conservase cariño a su lengua y a sus asuntos. Ese medio po- 
ndría ser el de la colonia europea establecida en la España musul- 
.mana, y los eslavos, que tanta influencia tuvieron en determinados 
■períodos de la dominación islámica. "Demostrada Ja continuidad del 
elemento europeo dentro de Andalucía, nada tiene de extraño que 
■éste haya sido el nexo de la continuidad de las manifestaciones, 
•épicas, enlazando las primitivas del siglo ix con l^as posteriores dfis, 
literaturas romances europeas.'' 
. Probada la existencia de una literatura popular romance en 
Andalucía en el siglo ix, ¿será posible que no haya ejercido in- 
'iluencia en la épica castellana y en la francesa, que son posteriores? 
"Comparando Ribera la leyenda de Izrac con la épica castellana y, 
"la francesa, halla que "la épica española [andaluza] primitiva no 
-aparece como fría imitación de literatura extraña. Es narración 
•dé sucesos cuya memoria está muy fresca, puesto que de la realiza- 
-^ión del suceso a su inclusión en una crónica apenas pasa un siglo, 
-durante el cual hubo de forjarse la leyenda aprovechada por la 
.cronícá.^En ésto cohicide cóñ la castellana y en parte ¿ón la fran- 
«céáa dé los siglos Xii y xiii. Se forma al hervor de la Jucha ert 
^tiempos y lugares en que era muy viva. Coincide en esto can la 



70 LITERATURA ESPAÑOLA 

castellana. Los personajes son históricos. Lo mismo ocurre en la. 
castellana y la francesa. Late en aquella narración una idea po- 
lítica; un sentimiento público de protesta contra la feudalidad en 
los señores, en el anárquico desorden de la época, brillando el triun- 
fo de la lealtad al monarca central. En esto coincide con la caste- 
llana y la francesa. Los hechos principales son caballerescos. Duelo 
entre campeones. Semejante a la épica castellana y francesa. Si 
interviene la mujer es para excitar la emulación y el pimdonor caba- 
llerescos; pero reléganse a segundo término los lazos de familia y 
de amor. Este aparece sin refinamientos cortesanos ni románticos. 
Coincide en esto peculiarmente con la castellana y tiene sus seme- 
janzas con la francesa más antigua. La acción suele ser un episodio 
guerrero, a cuyo reJato se va directamente, sin preámbulos, con na- 
turalidad, ingenuidad y hasta con algún tinte local ; se exponen las 
embajadas en forma directa, como en los trozos dialogados. Coincide 
en esto con la castellana y en parte con la francesa. 

En resumen, es ia andaluza una épica muy humana, en que 
no se apela, para dar interés artístico a la narración, a entes so- 
brenaturales, diablos ni genios, ni abstracciones, ni erudiciones. Se 
elige un acontecimiento de transcendencia y se (le da un desarrollo-- 
natural y humano. En esto coincide con la castellana y Ga antigua 
francesa." 

A estos caracteres generales hay que añadir algunos detalles con- 
cretos de la épica francesa: Cadomagno, desterrado de Francia, • 
va a la corte de un rey musulmán de España, con cuya hija se 
casa. El Rey musuílmán de la Chanson de Roland es precisamente 
d de Zaragoza, que interviene en el relato de Izrac. Bl apellido de 
Izrac, Mant o Montell, se aplica en la épica francesa a un caba- 
llero sarraceno que combate con Carlomagno, en las forman' Omont. 
Eaumont, Almonte. 

Si de lia España musulmana, nación la más civilizada de Europa 
en aquel entonces, partieron las influencias científicas y artíisticas; 
si pasó la filosofía, la astronomía, el sistema lírico andaluz, la me- 
dicina, los cuentos, pregunta Ribera, ¿no pasaría nada de 'la épica- 
popular andaluza, muy asequible a la población europea que vivía 
en España? 

Antes de aparecer los estudios de Ribera había dicho Menéndez 
Pidai que "inútilmente buscaríamos en la primitiva epopeya caste- 
llana huellas de la influencia árabe". Algunos usos militares (algara., 
adalides), la costumbre de pagar all Rey el quinto del botín de 
guerra, según la legislación coránica, y nada más. Cree que hay que 
llegar a los romances moriscos y fronterizos para "encontrar una: 



PRIMERAS MANIFESTACIONES DE LA ÉPICA 7 1 

influencia bien señalada de los gustos y costumbres de los moros 
nazaríes sobre la poesía épica castellana". 

La influencia de lo musulmán no puede desconocerse. Si se da 
por indiscutible la existencia de cantos germánicos, empleados 
por los visigodos, no menos indiscutible es la existencia de cantos 
épicos entre los musulmanes españoles. Si los caracteres de la so- 
ciedad descrita en los poemas castellanos coinciden con los que Tá- 
cito decía de los antiguos germanos, no es menos cierto que muchos 
de ellos son también árabes: la hospitalidad, la organización del 
ejército (clientela árabe), el espíritu de venganza, la reparación de? 
homicidio mediante una indemnización, el sentimiento del honor. 
Añádase a esto la convivencia del Cid con reyezuelos musulmanes 
(hasta su nombre es traducción del árabe Sidi, mi señor), que hace 
que en el poema se porte muy bien con los moros vencidos, como 
nota el mismo Pidal (pág. 35), y el carácter de fronterizo que tiene 
el Poema (por hablar sólo del más antiguo) para no extrañarse 
demasiadlo de las influencias musulmanas. ¿Es creíble que hasta el 
siglo XV con los romances iroutcrizos y moriscos no se haya senti- 
do la influencia de Jo moro, habiendo fronteras y moros desde va- 
rios siglos atrás? ¿Es verosímil que íla esplendorosa cultura de la 
España musulmana haya pasado desapercibida de la España cris- 
tiana? 

En último caso, nos encontramos ante dos posibles niodelos de 
la épica castellana: el modelo germánico y el modelo musulmán aii- 
daluz. ¿Por cuál habremos de decidirnos? ¿Por el germánico, más 
remoto y cuyos caracteres hubieron de llegar a España influidos 
por varios siglos de contacto con él Imperio romano? ¿O por el 
musulmán andaluz, más próximo, sin solución de continuidad, is- 
lamizado, sí, en religión, pero españod en raza? (i) 

Primeras manifestaciones de la epopeya castellana. — Si dis- 
cutido es el punto de los orígenes de nuestra épica, no lo es me- 
nos el de sus primeras manifestaciones. Milá, Menéndez Pidal y 
Menéndez Pelayo han defendido la teoría de que nuestras pri- 
meras dbras épicas fueron ciertos cantares de gesta, que se ven 

(i) Está en tela de juicio la autenticidad de la Gervianm de Tácito y de 
la Getica de Jornandes (o Jordanes). M. de Wiener opina que son obras 
de falsarios que sabían el árabe (tal vez españoles) que a fines del siglo viii 
(época de las falsas decretales de Isidoro Mercator, que se decía obispo 
de Badajoz) forjaron antigüedades para dar nobleza y alcurnia a los go- 
dos y a sus hermanos los germanos. Para Wiener son estas obras "la 
primera flor de la novela árabe que conduce a Las Mil y una Noches.''' 
Cfr. Leo Wiener, Contributians toward a History of Arabico-gothic cul- 
turCj \-ol. III. Tacitus' Germania and other Forgeries (8.°, 328 págs., Innes 
Eí sons, Philadelphia, 1920). 



72 LiTtRAttrkÁ ksí'Áiíbj.A 

prosifícados en Jas 'Crónicas. Estos cantares, largos, abundantes 
ep.^ número y populkres, estaban escritos en verso alejandrino, o 
en' forma polimétricaá base del áiéjandritio, y 6rati- cantados por 
los juglares. De ellos se derivaron los romances viejos del siglo xv 
(aintes. la voz romance no tuvo el significado de trozo épico popular 
eii Versó' o hiemistiqüid ' octoáíláb¡ó')^/^áii '¿ttóid^'del' '■ alejandrino salió 
poco a poco el pie de romancé, o &éá,'ei véi'sb de diez y seis sílabas 
en dos hemistiquios octosílabos. El pueblo, oyendo estos cantares 
dergcsta a, los júgíaréé, retenía ¿n 'la- rn'emoria trozos sueltos, que 
modificados poco apoco, vinieron a parar en romances. En España, 
según esta teoría, no liubó epopeya rtaitió'nal, sino épica' aristocrá- 
tica, igual! que en Francia, con la diferencia de que allí no se de- 
rivó ningún rowancí^ro de las chanfons de gesta, como sucedió aquí. 
ÉX' Cantar de . Xíio' Úi(i. es pá'ra' los partidarios de esta teoría el ' pri- 
mer monumento de la épica ca:stellana, que luego fué prosifícado 
en la Crónica general áeV Rey Sabio. 

.,A esta teoría óporíe otra Julio Cejador (1920), siguiendo ideas 
de Foulché Deílbosc y de Rajna, afirmando que "en España hubo 
verdadera epopeya nacional, o sea cantares épicos sobre temas his- 
tóiricolegendarios de interés nacional, compuestos en un metro na- 
cional! y cantados por cantores llamados juglares". Inspirados en 
esta epc^eya los eruditos compusieron (siglos xii o xiii) algunos 
pocos poemas, en metros franceses, sobre los mismos asuntos o 
sobre otros clásicos y algunas obras devotas. Lo primero es la 
epopeya castellana {Mester de juglaría O póí)ulár) ; lo segundo es Há' 
épica castellana (Mester de clerecía o eriidito). Rl Mester dé ju- 
glaría es lia epopeya castellana, popular, anónima, no escrita, canta- 
da en retazos desde tiempo inmemoriail por los juglares, acompa- 
fíándose de algún instrumento, con asuntos históricoílegendarios, 
herreos, íiacióhalés.' en metro de pie dé rómarice, formando (los 
romances, cántdrés^o'fablas. "Consérvase, en parte, esta epopeya 
prosificada en la primera Crónica general de Alfonso X y en sus 
posteriores refundiciones, que óf i^écéh váriíathtes prosif icadas d'^ 
los romances cantados a ía sazón, 'modificación de los más antiguos 
o nuevamente compuestos." Lx)s romances viejos del siglo xv son la 
última manifestación de esta epopeya, interesantísima en nuestra his- 
toria literaria. Bl Mester de clerecía es la épica escrita por fla gen- 
t?,-puat^ en metro alejandrino importado de Francia y comenzó en el 
siglo XII o XIII oon el Cantar de Mió Cid; a ella pertenecen el 
Roncesvalles, el Libro de Apolonio, el Libro de Alexandre, la Pto- 
sa de Fernán González y la Crónica rimada, con otras obras no épi- 
cas, como las de Berceo. El argumento principal que da Cejador pa- 
ra fundamentar esta teoría es d hecho de que los versas que se 



CAíítAR DE Mío CID 75 

•encuentran prosifícadc^ en la Crónica son de pie de romance, y en 
«I mismo Cantar de mió Cid se nota la presencia de muchos versos 
octosílabos, que su erudito autor no habría sabido convertir en 
aáejandrinos; y en el Cancionero de Abencuzmán (primera mitad 
del sig-loxii) .ya. ae^Ver algún octosíflabo. 

2. Cantar de mío Cid. — 'El Cantar de mío Cid es el primer do- 
cumento conservado de la poesía épica española. Escrito, seg^ín to- 
dos los indicios, hacia el año 1140. ha llegado a nosotros en copia 
única, hecha en 1307, por un tail Pedro Abad; a este códice le fal- 
tan una hoja ai comienzo y dos en el interior del poema. Fué des- 
Kíonocido hasta 1779, en que lo publicó don Tomás Antonio Sán- 
chez. La mejor edición es la de R. Menéndez Pidal (1908). 

El asunto desarrollado en el poema es el siguiente : 

Cantar primero : El destierro. Enviado el Cid por Alíonso VI a cobrar 
el tributo a los reyes moros de Andalucía, prende en el castillo de Cabra 
al conde Garci Ordóñez. Vuelto a la Corte, es acusado por alguno> 
envidiosos de haberse guardado parte de las parias, y el Rey lo destie- 
rra. El Cid parte de Vivar, "de los sos oíos tan fuertemientre lloran- 
do " ; pasa por Burgos, donde nadie le da posada por miedo a las repre- 
salias del Rey, teniendo que acampar fuera de la población. Martín An- 
tolínez, "el húrgales complido", abastece a los del Cid. Con la astucia 
de éste logra el de Vivar dinero de dos judíos, dejándoles en depósito 
dos arcas llenas de arena, que hace pasar por oro y plata. Después de 
ofrecer mil misas al altar de la Virgen, se va al monasterio de Carde- 
ña para despedirse de su mujer doña Jimena y de sus hijas doña El- 
vira y doña Sol, a quienes espera ver bien casadas. Sale de Castilla, 
acompañado de "Minaya Alvar Fañez, que Qorita mandó"; de Pero 
Bermúdez, señero del Cid; de "Martín Antolínez, el húrgales de pro"; 
•de Muño Gustioz ; de "Martín !Muñoz, el que mandó a Mont mayor"; 
de Alvar Alvarez, Alvar Salvadores, Galindo García y Félez Muñoz, 
sobrino del Campeador ; gana dos lugares moros : Castejón, en la Alca- 
rria, y Alcocer, orillas del Jalón ; hace tributaría suj'a la región desde 
Teruel a Zaragoza; sigue su avance sobre las montañas de Morella y 
prende al Conde de Barcelona, acción en la que "ganó a Colada, que 
tnás vale de mil marcos", libertándolo generosamente. 

Cantar segundo : Las bodas de las hijas del Cid. El Cid conquistó 
A^'alencia. Envía a Alvar Fáñez con cien caballos para el rey Alfonso, 
a quien pide que deje a Jimena y a sus hijas ir a vivir a Valencia ; 
aquí ha nombrado el Cid por obispo a don Jerónimo. Minaya Alvar 
Fáñez se presenta al Rey, que perdona a la familia del Cid, a la cual 
conduce el caudillo de Guadalajara a Valencia, donde el Cid las recibe 
con gran alegría, mostrándoles desde el alcázar la ciudad conquistada. 

Yusef de Marruecos quiere recobrar Valencia; pero el Cid lo derro- 
ta, y envía regalos del botín al rey Alfonso; estos presentes despiertan 



74 LITERATURA ESPAÑOLA 

la envidia de Garci Ordóñez y la codicia de los Infantes de Carrión,. 
"mucho orgullosos e an part en la cort", que quieren casarse con las 
hijas del Cid. Al Rey le parece bien estas bodas y se lo propone a Al- 
var Fáñez. El Rey y el Cid se avistan en las orillas del Tajo, y se- 
reconcilian. 

Alfonso le pide luego a sus hijas para los de Carrión. Accede el 
Campeador ; pero no quiere entregarlas por su mano, y en representación 
del Rey las da Alvar Fáñez. El Cid recela del casamiento por el orgu- 
llo nobiliario de los Condes, y dice a sus hijas que ha cedido a los rue- 
gos del Rey. En Valencia se celebran las bodas con gran solemnidad. 

Cantar tercero : La afrenta de Corpes. Los infantes de Carrión se 
muestran cobardes, por lo cual son objeto de muchas burlas en la cor- 
te del Cid. Piden permiso a éste para llevar a sus mujeres a Carrión : 
accede el Cid, y en cuanto entran en tierras de Castilla, en el espeso ro- 
bredo de Corpes dejan a sus esposas desnudas, abandonadas, después 
de haberlas maltratado. 

Al saber el Cid el agravio manda a Alvar Fáñez a recoger a sus 
hijas y a Muño Gustioz a pedir justicia al Rey. 

El Rey convoca Cortes en Toledo. Los de Carrión acuden de mala 
gana, pero confiados en el bando de sus parientes, capitaneados por el 
conde García Ordóñez. El Cid pide a los Infantes sus dos espadas Co- 
lada y Tizón, y la dote de sus hijas, a lo cual acceden los de Carrión. 
Después los reta para reparar su honor, tachándolos de "menos va- 
ler". El conde don García defiende a los de Carrión. 

"Essora el Campeador prisos a la barba: 
" Grado a Dios que gielo e tierra manda ! 
"por eso es luenga que a deligio fo criada. 
"¿Qué avedes vos, comde, por retraer la mi barba? 

"Ca de quando nasco a deligio f o criada ; 
"ca non me priso a ella, fijo de mugier nada, 

"nimbla messó fijo de moro nin de cristiana, 
"commo yo a vos, comde, en el castiello de Cabra. 
"Quando pris a Cabra, e a vos por la barba 
"non i ovo rapaz que non messó su pulgada ; 
"la que yo messé aun non es eguada 
"ca yo la trayo aqui en mi bolsa algada." 

Los parientes del Cid, Pero Bermúdez y Martín Aiitolínez, retan de 
traidores a los yernos de aquél. En esto vienen dos mensajeros a pedir las 
hijas del Cid para los Infantes de Navarra y Aragón, países donde se- 
rán remas. Alfonso VI accede ; el desafío se verifica en la vega de Ca- 
món, donde son vencidos y declarados traidores los de la afrenta de 
Cx)rpe«. Las hijas del Cid celebran su segundo matrimonio, por el cual 
emparenta con los Reyes de España el Campeador. 

El Cid histórico.-Roúñgo Díaz de Vivar casó con Jimena 
L>iaz, hija del Conde de Oviedo y prima hermana del rey Alfon- 



CANTAR DE MIÓ CID 75 

>a. que lo distinguía mucho. Fué a cobrar los tributos del rey de 
Sevilla, y en esta excursión prendió en Cabra al conde García 
Ordóñez. que ayudaba al rey de Navarra. Alfonso VI se disgustó 
con el de Vivar por una incursión contra los de Toledo y lo des- 
terró en 1081. Rodrigo se puso al servicio del rey de Zaragoza; pe- 
leando contra los enemigos de éste, el rey de Lérida y el conde de 
Barcelona, Berenguer Ramón, el Fratricida, venciéndolos en Aürne- 
nar. El de Barcelona cayó prisionero, y ed Cid lo libertó generosa- 
mente. Alfonso \'l perdonó ail de Vivar (1087), que \'olvió a Castilla; 
pero por no haber llegado a tiempo a la empresa contra Aledo. el rey 
le confiscó sus bienes, dejando sólo en libertad a su mujer e hijas. El 
Cid peleó de nuevo contra Lérida, y en los montes de Morella apri- 
sionó al de Barcelona por segunda vez, y también lo libertó, siendo 
desde entonces muy amigos; Ramón Berenguer III, sobrino del otro, 
casó con María, hija del Cid. Rodrigo empezó la conquista del li- 
toral valenciano. Intentó congraciarse con Alfonso, que se mostró 
airado (1092). El Cid saqueó la Rioja, sobre todo el condado de Ná- 
jera, de su enemigo García Ordoñez. Sitió a \'alencia y la tomó en 
1094. Los almorávides no pudieron quitársela. En 1098 conquistó Al- 
menara y Murvíedro y restauró el episcopado en don Jerónimo de 
Perigord. Muerto el Cid (1099), doña Jimena se sostuvo en Valencia 
casi tres años; al fin AJfonso \'l se la llevó a Castilla con el ca- 
dáver de Rodrigo, incendiando Valencia (1102). Otra hija del Cid. 
Cristina, casó con el infante de Navarra. Ramiro. 

Se ve, pues, que el Cantar tiene un carácter eminentemente histó- 
rico, en lo que respecta ai Cid, y lo mismo puede decirse de casi 
todos sus personajes principales. También es rigurosamente exac- 
ta Ja geografía en el poema, no habiendo ni un solo lugar fantás- 
tico. El señor Menéndez Pidal localiza el poema en los alrededores- 
de Medinaceli. hacia 1140, pues parece que en la frontera de Cas- 
tilla, en el siglo xii, había un foco de producción poética, así como 
en el siglo xv la nueva frontera sigue siendo el centro de producción 
de los romances fronterizos. Como elementos Jiterarios del poema 
sólo pueden indicarse el de las arcas de arena, una aparición deí 
ánged Gabriel y el episodio de la fuga del león en Valencia. 

Menéndez Pidal entiende que el Cantar fué prosificado en la 
Primera Crónica general, hacia 1289, en un texto más ampliado 
(hoy desconocido), ampliación que se acentúa en la Crónica del año 
^344> y eTi la Crónica particular del Cid; derivando estas refundi- 
ciones en el siglo xv en romances populares. Como de estas diver- 
sas refundiciones supuestas por Pidal no han quedado rastros, Ce- 
jador opina, por el contrario, que el Cantar es poema único, de autor 



y 5 LITERATURA ESPAÑOLA 

-erudito afrancesado (y, por tanto, dé mester de clerezia), que intentó 
reducir a versos alejandrinos los romances populares, no escritos, 
sino cantados por los juglares, y que no influyó para nada en la 
Crónica general ni en Jas variantes más modernas de la leyenda del 
Cid; que ésta pasó a la Crónica desde los romances populares pro- 
sificados; fundando esta afirmación en el hecho de que en la Cró- 
nica todos los restos de versos que se encuentran son de pie de ro- 
mance (octosílabo), no alejandrinos, y el mismo Cantar conserva 
una grandísima cantidad de versos octosílabos, que el erudito autor 

-dd poema no habría sabido evitar. El cotejo dd texto de la Crónica 
y del Cantar lleva a Cejador a estas conclusiones y a la de que d 
texto dd Cantar es amplificación del de la Crónica, y, por tanto, 
muestra un ¡carácter menos épico y más decadente. Ambos escri- 
tores convienen en que el Cantar no inspiró a los dramáticos dd 
siglo de oro, que conocieron la leyenda dd Cid a través de los ro- 
mances viejos, último eslabón, según Cejador, de la epopeya caste- 
llana, pero escritos ya, independientes en absoíluto del Cantar. 
Hay en el Cantar algunos galicismos y ciertos detalles que indican 

Ja influencia de poemas franceses como Roland, Fierabrás, etc.. 
tales, el empleo de oraciones narrativas, la expresión del dolor por 
medio de lágrimas; pero su espíritu es netamente castellano, en 

■ conformidad con la tradición poética que lo informa. 

Menéndez y Pelayo distingue al Poema del Cid por "el ardien- 
te sentido nacional que, sin estar expreso en ninguna parte, vivi-* 
fica d conjunto"; d héroe viene a ser d símbodo de su patria, 
no por la grandeza de los hechos cantados sino por el tempfle moral 
del caudillo, "en quien se juntan los más nobles atributos dd alma 
castellana, la gravedad en los propósitos y en los discursos, la fa- 
miliar y noble llaneza, la cortesía ingenua y reposada. Ja grandeza 
sin énfasis, la imaginación más sólida que brillante, la piedad más 
.activa que contemplativa... la ternura conyugal más honda que ex- 
presiva... da lealtad al monarca y Ja entereza para querellarse de 
sus desafueros... Si el sentido realista de la vida degenera alguna 
vez «n prosaico y utiilitario; si la templanza y reposo de la fantasía 
•engendra cierta sequedad; si falta casi totalmente en el Poema la 
divina (aunque no única) poesía del ensueño y de la visión mística, 
reflexiónese que otro tanto acontece en casi todos los poemas he- 
roicos, y que a la mayor parte de ellos supera el Mió Cid en humani- 
dad de sentimientos y de costumbres, en dignidad moral y hasta 
en cierta delicadeza afectuosa que se siente más bien que se explica 
con palabras y que suele ser ptrimonio de ios hombres fuertes y 

■ de las razas sanas". lfi.b:4 ^vvj rs>>-ju • -m 

Si d Cantar quedó desconocido hasta fin del siglo xviii, y no 



LOS SIETE INFANTES DE LARA TJ 

pudo, por tanto, influir en la concepción (legendaria del Cid, el ro- 
manticismo, en cambio, le fué favorable. Southey, Hallam, SchlegeV 
Ticknor y Wolf lo alabaron decididamente; Damas Hinard lO' 
comparó con el Roland, declarándose en favor del poema español. 
Efl venezolano Bello, y luego los españoles Amador de los Ríos y, 
sobre todo, Milá, en 1874, señalaron la importancia del Poema en 
la literatura épica castellana. 

El Cid de la leyenda recogida en la Crónica general, y desde 
ésta modificada hasta el siglo xv, ha sido el símbolo del pueblo, cu- 
yas cualidades refUeja: el amor a la familia, la fidelidad, la genero- 
sidad y la altanería con el rey; el espíritu caballeresco, aventure- 
ro y conquistador que lleva al hidalgo castellano a apoderarse de Va- 
lencia y a poner a sus hijas en el trono. "Un solo recuerdo como el 
del Cid — decía Schiegel — es de más valor para una nación que toda 
una biblioteca llena de obras literarias, hijas tínicamente deíl in- 
genio y sin un contenido nacional." 

3. Leyenda de los Infantes de Lara. — Es indiscutible quer 
existieron, a más del Contar de Mió Cid, otros cantares de gesta no 
conservados. Sería imposible Ja existencia de un solo individuo sin 
antecedentes ni consiguientes. En las Crónicas medievales fueron: 
refundidos, prosificándalos y utilizándolos como elementos histó- 
ricos, y deílas Crónicas han sido reconstruidos algunos fragmentos. 

Uno de estos cantares.de gesta es el de Los Siete Infantes de 
Lara, cuya reconstitución se del>e a la pericia y sagacidad de don 
Ramón Menéndez Pidal. 

He aquí el asunto de esta ''sombría epopeya de la venganza",, 
compuesta seguramente en el siglo xii: .; 

,.Para honrar las bodas de Ruy Velázquez, señor de Vilvestre, cciir 
doña Lambra de Bureba, de la familia del Conde de Castilla, se celebran 
grandes fiestas en Burgos, a las cuales acude doña Sancha, hermana 
de Ruy Velázquez, mujer de Gonzalo Gustioz, acompañada de sus siete 
hijos, llamados los Infantes de Salas. A causa de una disputa, Gonza- 
lo González, el menor de los infantes, mata a Alvar Sánchez, primo de 
doña Lambra. Esta se da por deshonrada y su marido hiere a Gon- 
zalo, generalizándose la lucha entre los dos bandos, hasta que. poc 
mediación del Conde de Castilla y de Gonzalo Gustioz, se hace la par, 
y los siete infantes acompañan a doña Lambra a Barbadillo. Aquí, por 
orden de doña Lambra, un criado suyo arroja a Gonzalo González un 
cohombro lleno de sangre ; sus hermanos se consideran ofendidos y 
matan al criado, refugiado bajo el manto de su señora. Por persua- 
sión de ella, y para tomar venganza, Ruy Velázquez urde la trai- 
ción contra los de Salas: se finge desagraviado y envía a Gonzalo Gus- 
tioz a Córdoba con tina carta en árabe para Almanzor, díciéndole que^ 



•78 LITERATURA ESPAÑOLA 

■decapite al mensajero y que vaya a la frontera, donde le entregará 
los siete infantes, hijos de Gonzalo. Almanzor se contenta con encar- 
celarle, dándole para su servicio una mora fidalgo (en otras versiones, 
su hermana misma), de la cual tuvo un hijo, M'udarra González, el ven- 
gador. Ruy Velázquez, con pretexto de hacer una incursión en tierra 
de moros, invita a sus sobrinos, que. acompañados de su año Ñuño 
Salido y despreciando los consejos de éste para que se volvieran por ha- 
ber tenido malos agüeros, van al territorio de Almenar; Ruy Veláz- 
quez les manda correr el campo, y de improviso se ven rodeados de 
moros ; comprenden que su tío los ha vendido, luchan desesperada- 
mente, pero sucumben al número y son descabezados uno a uno en 
presencia de Ruy Velázquez. Sus siete cabezas y la de Ñuño Salido 
son llevadas a Córdoba, y Almanzor se las presenta a Gustioz. El mo- 
mento de más trágico interés de la gesta es la escena desarrollada 
cuando el padre coge una tras otra "las siete amadas cabezas" de 
sus hijos y habla con cada una de ellas como si todavía viviesen. Al- 
manzor se compadece y lo liberta. Cuando se dispone a marchar, la 
mora le hace saber que queda embarazada de él, y Gustioz le dice que 
si lo que nazca es varón, se lo mande, para que sea su vengador, y 
parte un anillo por medio, dejándole la mitad a la mora para que sir- 
va de señal. Gustioz, llevando las ocho cabezas, vuelve a Salas. Pasan 
diez y más años, hasta que Mudarra González va a Salas, siendo co- 
nocido por su padre, gracias a la sortija; desafía y mata a Ruy Ve- 
lázquez, y, una vez muerto el Conde de Castilla, se apodera de doña 
Lambra y la quema viva, vengando así la muerte de sus hermanos y 
el cautiverio de su padre. 

"Difícil, o más bien imposible ^ice Menéndez PeUayo — , es 
averiguar hoy lo que haya de cierto en el fondo de esta lúgubre his- 
toria... La leyenda, por otra parte, como todas las leyendas caste- 
llanas, tiene un carácter tan realista, tan profundamente histórico, 
tan sobrio de invenciones fantásticas, que es imposible dejar de ver 
en ella di trasunto fiel de una tragedia doméstica que impresionó 
vivamente los ánimos en un siglo bárbaro, y que hubo de pasar a la 
poesía con muy pocas alteraciones. La Geografía es muy exacta y 
ae contrae a un territorio muy pequeño; los hechos, a pesar de 
su barbara fiereza, nada tienen de inverosímiles, exceptuando las 
enormes matanzas de moros, hipérbole obligada en este género de 
canciones, comenzando por la de Roland. La parte de pura inven- 
ción se distmgue en seguida: es el personaje del vengador Muda- 
rra, imaginado para satisfacer la justicia poética", tomado acaso 
del antiguo poema perdido, titulado Galicn. Existieron dos canta- 
res sobre esta leyenda: el primero, compuesto en el sig-lo xii, fué 
utillizado por la Crónica general de Alfonso el Sabio, y el segundo 
-compuesto a principio del xiv, fué intercalado en la refundición dé 



SANXHO II DE CASTILLA 79 

-esta Crónica, hecha en 1344, en la Crónica de Fernán González, y 
-en otra tercera refundición de la general. Este segundo se carac- 
teriza por la amplificación de las aventuras de Mudarra. propia de 
la épica decadente, igual que ocurre con las mocedades del Cid y 
de Roldan. El más importante trozo que añade este segundo cantar 
es el llanto de Gonzalo Gustioz sobre las cabezas de sus hijos, pre- 
cisamente el más extenso de Jos que ha restaurado Menéndez Pidal. 
Debía estar compuesto en series monorrimas de versos de 14 y 
de 16 sílabas, partidos en dos hemistiquios, siendo en esto menos 
irregular y vario que el Poema del Cid. 

Xo es seguirá la existencia de im tercer cantar sobre esta leyenda, 
del que parece dar indicios cierta Estoria de los Godos. 

La leyenda dio origen a los romances viejos relativos a los Infan- 
tes, Pasó luego al teatro. Juan de la Cueva compuso su Tragedia de 
los siete infantes de Lara (1579) ; de 1583 se conserva una comedís, 
anónima titulada Los famosos hechos de Mudarra; Lope de Vegra 
terminó en 1612 El Bastardo Mudarra y Siete Infantes de Lara, que 
''contiene — según Menéndez Pelayo — la leyenda toda en su inte- 
gridad épica, tal y como la crónica (texto de Ocampo) Ja presenta" ; 
Alfonso Hurtado de Velarde escribió, entre 1612 y 1615, la Gran tra- 
gedia de los Siete Infantes de Lara; Alvaro Cubillo, en El rayo 
de Andalucía y Gemzaro de España (1632), y Juan de Matos Frago- 
so en El Traidor contra su sangre (hacia 1650), perpetúan en el 
teatro la leyenda, por lo menos hasta 182 1, aunque cada vez más 
degenerada en su valor poético. El Conde de Noroña (m, 181 5) 
compuso una tragedia, Mudarra González, que no llegó a impri- 
mirse. En el siglo xix reproducen la leyenda El Moro expósito 
(18^29-33) <Í^ Duque de Rivas, del cual trataremos después, y una 
novela de don Manuel Fernández y González. 

4. Gesta de Sancho II de Castilla. — Siguiendo el mismo ca- 
mino que Menéndez Pidal, ha reconstruido don Julio Puyo! y Alon- 
so el Cantar de Gesta de Ehn Sancho II de Castilla, del cuM ha halla- 
do fragmentos en la Crónica general v en la Crónica particular 
del Cid. 

A juzgar por estos fragmentos, el cantar comienza con la partición 
■de los reinos que hizo Fernando el Magno entre sus hijos. Narra las 
luchas de don Sancho con sus hermanos, hasta que se apodera de 
los territorios de don García, a quien encarcela en el castillo de Luna; 
hace que don Alfonso se refugie en Toledo con el rey Almenón ; ocu- 
pa Toro, propiedad de doña Elvira, y pone cerco a Zamora, señorío 
de doña Urraca- Enviado el Cid a proponer a doña Urraca la entrega 
■de la villa, los zamoranos, con Arias Gonzalo a la cabeza, se oponen. 



8o LITERATURA ESPAÑOLA 

Cuando los de Zamora, apurados por el cerco, piensan en rendirse» 
Vellido Dolfos se ofrece a doña Urraca para hacer desaparecer ai 
Rey. Pásase al campo de don Sancho y llega a ser "muy su privado" r 
lo convence de que le hará entrar en Zamora por una puerta secreta, 
y llevándolo a un sitio apartado, lo mata con un venablo del mismo 
Rey. Perseguido por el Cid, entra Vellido en Zamora, poniéndose 
bajo la protección de doña Urraca. Diego Ordóñez reta a los zamo- 
ranos por traidores, y aceptado el reto, mata en el desafío sucesiva- 
mente a Pedro, Rodrigo y Diego, hijos de Arias Gonzalo- Pero he^ 
rido su caballo ¿)or Rodrigo Arias, y habiéndose salido del cerco, se 
interrumpe la lucha y los jueces no definieron "^i, ^fjaní vengu^o^ ,fc^ 
gambranos o si non; et assí fincó este pleyto". ' 

El señor Puyol opina que debió escribirse esté cantar a iines 
del sig'lo XI o principios del xh, quizá antes que el Poema del Cid. 
Tienen gran carácter histórico sus personajes, y hasta los cuadros 
fantásticos del reto y de la lucha son verosímiles y reales, coinci- 
diendo en esto con toda la épica castellana. De esta gesta pudierart 
derivar algunos romances del Cid. 

' ;)! j;j)'¡'j {•)[ j:! ■ -<)7f;' 

5. RoNCESVALLEs. — ^Recientemente se ha descubierto en Pam- 
plona un fragmento de un cantar de gesta del siglo xiii, publicado 
por el señor Menéndez Pidail con el título de Roncesvalles. Sola- 
mente se conservan dos folios con cien versos, escritos en castella- 
no con ligeros "matices del dialecto navarro-aragonés, en series de 
vérjsos monorrimo^^ '¿bn' tííi riiéfrti dé' írregula'r número de sílabas, 
como el Poema del'^Cid y^ibs frá^entos reconstituidos de otras 
gestas. ■''"^- '"' ''''i' -^]^-^- 

■■''''•■ ■í*)\^ \:\ r,\)i!-)/'jl .1;' ;;■;:, i¡i¡>i ;;¡;, ! ,: i / .• ■: j^ ii'<\ -vrrii' 

,t El astwtp,f4«l,ít?*if^iiff.3|^"^í^to i§,^ reduce a, narrar «1, momento .;eii 
que el emperador Carlos halla en Roncesvalles el' caclávef cieV arzo- 
bispo [Turpin], el de Oliveros, a quien, como si le viese vivo, le pre- 
gunta dónde podrá encontrar a Roldan, a quien descubre también muer- 
to, haciendo sobre él larga lamentación, y quedando amortex^ido a su 
lado. Igualmente el duque Aimón halla el ca#ver dí^, s,u l^iJQ Reinalte 
de Montalbán. i\ \ ^ > , 

'*' Aunque en la chanson de i^WrfHrf's'e halla otro episodio seme- 
jante, el juglar español no traduce sino que imita la chanson, di- 
fundida en España desde el siglo xii y citada ya por el Toledano en 
1243, siendo pequeño el parecido y muy notablles las discrepancias. 
El lamento del Emperador ante el cadáver de Roldan, más que a 
la Chanson, se parece al llanto de Gonzaüo Gustioz sobre las cabezas 
de sus hijos en la gesta de los Infantes de Lara. Este fragmento, 
además de ser el único ejemplar de la épica española,. de asuntos, 
franceses, es el más remoto ■ antecedente de Jos. románete 'carolin- 

'ilsxfio;.! H¡-;;., íIIku>;iií;.\ ,.,| ,í;Iíí ; 



DON JUAN DE MONTEMAYOR 8l 

gios que hasta aquí se suponían derivados directamente de fuentes 
transpirenaicas. ^ 

6. Gesta del Abad don Juan de Montemayor. — Residuos de 
esta gesta perdida han llegado a nosotros en dos textos en prosa: 
eJ Compendio historial (inédito) de Diego Rodríguez de ^\ilmela y un 
libro de cordel (1506), muchas veces reimpreso en los siglos xvi 
y XVII ; ambos proceden de un origen común, quizá la prosificación 
de un cantar de gesta primitivo perdido. Don Ramón Menéndez 
Pidal ha ilustrado esta leyenda. He aquí su asunto : 

El abad don Juan de Montemayor, señor de todos los abades de 
Portugal, recogió una noche de Navidad, a la puerta de una iglesia, 
a un niño expósito producto de un incesto : lo crió y educó bien, pero 
con el tiempo se mostró la perversidad de su origen, pues don García, 
el adoptado, se pasó como traidor a los moros y se vendió a Alnian- 
zor, figurando desde entonces con el nombre de don Zulema : éste 
llegó con su tropa hasta Santiago de Galicia, profanó su iglesia, y a 
la vuelta destruyó a Coímbra y puso sitio a Montemayor, defendida 
valerosamente por el abad don Juan. Puestos en el último aprieto los 
cercados, el abad celebró consejo, y propuso matar a los ancianos, las 
mujeres y los niños para que no cayesen en poder de los moros, y ha- 
cer los defensores una salida para morir matando : aprobada esta 
bárbara y heroica resolución, habiéndose reunido los que habian de 
morir, don Juan mató por sí mismo, en medio de muchas lágrimas, 
a su hermana doña Urraca, y a los cinco hijos pequeños de ésta: y 
habiendo echado al fuego las riquezas de la ciudad, comulgado y per- 
donádose mutuamente, atacó el abad con sus vasallos a los sitiadores 
de tal manera "que no parescia cuando entraba entre los moros sino 
como el lobo quando d^üella las ovejas"; los musulmanes fueron 
completamente deshechos, y don Juan cortó la cabeza al traidor don 
Zulema, y al volver al castillo encontró resucitados a los viejos, mu- 
jeres y niños, muertos en la noche anterior. 

Aunque transportada a Portugal y localizada en este país tal 
leyenda, es evidente su analogía con ila del alcaide de Madrid Gra- 
cián Ramírez degollando a sus hijas, al verse estrechamente si- 
tiado por los moros, y resucitadas éstas después por Nuestra Seño- 
ra de Atocha. También hay otras relaciones entre varios puntos 
de la leyenda de don Juan de Montemayor y algunos tomados de 
¡as gestas castellanas (el Cid. Mudarra, etc.), y aun del mester de 
clerecía (Poema de Fernán González). Y como, además de todas 
estas analogías, la acción se coloca en tiempo del rey don Ramiro 
de León, mucho antes de la formación del Condado (o sea, de Por- 
tugail independiente), deduce M. Pidal que la forma primitiva de la 
leyenda de don Juan de Montemayor fué un cantar de gesta, es- 

6 



g2 LITERATURA ESPAÑOLA 

crito en el metro y forma característicos de la épica castellana, 
y que del mismo modo que otros fué prosificado más tarde. Pero 
aunque no nació en Portugal esta leyenda, se aclimató bien pronto 
allí- en la Diana de Jorge de Montemayor (dos octavas de Ja tLis- 
tori'a de Alcida y Silvano), en la Crónica cisterciense de fray Ber- 
nardo de Brito (1602) y en otros libros. 

B Poemas de origen, francés o provenzal: 7. Vida de Santa María 
Egipciaca— 8. Libro deis tres Reis d'Orient.—g. Libro de Apo- 
llonio. 

7. Vida de Santa María Egipciaca.— 'De fines del siglo xii o de 
principios del xiii es el manuscrito del Escorial que contiene este 
poema, de 1.451 versos, publicado por el Marqués de Pidal. 

Cuéntase en él la vida de la hermosa María, mujer de livianas cos- 
tumbres, loca hasta el extremo de abandonar familia y patria para 
entregarse con más libertad a los deleites. Llegó a Jerusalén en coni- 
pañia de unos peregrinos, y al querer penetrar en el templo el día 
de la Ascensión, se lo impidieron unos ángeles armados de espadas. 
Entonces, arrepentida de su mala vida, se retiró al desierto, donde 
hizo penitencia por espacio de cuarenta años. líl monje Gozimas, que 
enterró su cadáver, ponía la vida austera de María como modelo a sus 
hermanos en religión. 

Deriva este poema, directa o indirectamente de la Vie de Saintc 
Marie VEgyptienne, atribuida a Roberto Grosseteste, obispo de 
Lincoln (ii75?-i253). Ciertos caracteres morfológicos y sintácticos 
revelan su origen provenzal, así como su métrica, en general ver- 
sos de nueve sílabas, aunque a veces se encuentren algunos octo- 
sílabos, versos más propiamente castellanos. Son pasajes notables 
los retratos de la pecadora en la juventud y en la vejez, el encuen- 
tro de María con el ermitaño Gozimas en el desierto, etc. 

S. Libro dels tres Reís d'Orient. — iDe la misma época que la 
Vida de Santa María Egipciaca y de métrica irregular, como ella, 
pareados de ocho sílabas, con algunos de nueve, es este poema, de 
unos 250 versos. 

Los Mago?, guiados por una estrella, llegan a Relén y preguntan 
;a Heredes por Jesús. Una vez que lo encuentran y le ofrendan sus 
dones, se vuelven a su tierra por otro camino. Herodes manda dego- 
llar a todos los niños de la región; pero, avisada la Sagrada Familia 
por un ángel, huye a Egipto. En el camino son detenidos por unos 
bandoleros; viendo el prodigio de sanar de la lepra el hijo de uno de 
ellos, al lavarse en el agua en que lo había hecho el niño Jesús, se 
convierte el padre y liberta a la Sagrada Familia. El niño curado mi- 



IJBRO DE APOLLOXTO 83 

lagTosaüneiite y el hijo de otro ladrón empedernido son crucitkados 
-con Jesús; el primero, Dimas, se salva; el segundo. Gestas, se con- 
flena. 

Por su métrica y por ciertas formas gramaticales se cree de ori- 
gen francés o provenzal, aunque no se ha encontrado todavía la 
fuente primera de esta leyenda. 

9. Libro de Apollonio. — Bl Libro de Apollonio (siglo xiii) es un 
poema de ¿.624^ versos, en cuartetas monorrimas de catorce sílabas, 
con la particularidad notada por Menéndez Pelayo, de que en algunos 
casos, en vez de cuartetas, son estrofas de cinco versos. Su autor 
es un escritor erudito, acaso aragonés, a juzgar por algunas for- 
mas dialectales, y uno de los primeros en usar la métrica francesa 
o provenza;!, la nueva maestría, que después se llamó cuaderna vía. 

Apolonio, rey de Tiro, solicita la mano de la hija de Antíoco, y 
descifra el enigma que éste propone a los pretendientes, descubriendo 
el criminal amor de Antíoco por su hija; por esta aclaración, An- 
tíoco quiere matar al de Tiro, que se salva huyendo. Pero, al di- 
rigirse a Pentápolis, furiosa tempestad deshace la nave y él es salva- 
do por un pescador. Sus habilidades y su disposición para la música 
le ganan el afecto del rey Architastres, con cuya hija Luciana se casa. 
Conocida la muerte de Antíoco, el de Tiro vuelve a su reino. En el 
mar da a luz una niña Luciana, y creyendo muerta del parto a la ma- 
dre, la arrojan al mar en una caja. En Efeso la encuentra un sabio mé- 
dico, que viendo en ella señales de vida, la devuelve la salud con sus 
cuidados. Luciana, al conc-cer su desgracia, resuelve vivir en un mo- 
nasterio consagrado a Diana. Apolonio deja en Tarso a su hija Tarsia- 
Jia, con su aya Licóridcs, al cuidado de Estrangilo y Dionisia, mientras 
él va a Egipto para proporcionar un buen casamiento a su hija. Dio- 
nisia, por envidia, trata de asesinar a Tarsiana (a quien Licórides mo- 
ribunda cuenta su, origen) : pero unos piratas la roban y la venden en 
Mitilene. Antinágoras, enamorado de la esclava, paga el precio puesto 
a su honra por el avaro dueño, y ella, para proporcionar a éste más 
dinero, canta y baila por las calles, con todo primor y habilidad. Vuel- 
ve Apolonio a Tarso y, como la pérfida Dionisia le hace creer que Tar- 
siana ha muerto, se marcha desesperado a Tiro. Antinágoras no logra 

distraerlo; le presenta la juglaresa, que, interesada por el dolor de Apo- 
lonio, intenta abrazarlo, acción que él considera una desenvoltura y 

paga con una bofetada. La pobre niña llora y cuenta sus desventurada 

-\nda; y entonces se reconocen padre e hija. 

Prisola en sus brazos con muy grant alegría 
diciendo: "¡Ay mi fija que yo por vos muría! 
Agora he perdido la cuita que había; 

fija, non amanesció para mi tan buen dia... 
Comenzó a llamar : venit los míos vasallos, 



84 LITERATURA ESPAÑOLA 

sano es Apolonio, ferit palmas e cantos, 
echat las coberteras, corret vuestros caballos, 
alzat tablados muchos, pensat de quebrantallos. 

Tarsiana se casa con Antinágoras y ocupan el reino de Antíoco;. 
heredado por Apolonio; Luciana es descubierta por revelación de un 
ángel. Los nuevos esposos tienen un niño, que sucede en el reino de- 
Architrastes, y Apolonio muere en Tiro, bendecido por sus subditos. 

Este asunto deriva de una novela griega perdida, bien por inter- 
medio de una traducción latina intercallada en las Gesta Romano- 
rum, que la divulgaron en la literatura europea, bien a través de 
una versión francesa o provenzal desaparecida. Se repite en la Con- 
\fessio amantis de Gower y es un antecedente en castellano de Ja no- 
vela bizantina o de aventuras. Es notable el tijx) de Tarsiana, la 
juglaresa errante, que se repite en Timoneda, en la Preciosa de La? 
Gitanilla de Cervantes, en la Marina de Shakespeare, y en la Es- 
meralda de Nuestra Señora de París de Víctor Hugo. Sailvo en. 
ailgunos detalles, el poema castellano se aparta poco de su original 
probable; aunque en muchos pormenores manifieste la fértil ima- 
ginación de su autor. 

C. Mester de clerecía: io. Bercco. — ii. Libro de Alexandrc. — 
12. Poema de Fernán González. 

lo. Berceo. — Gonzalo de Berceo, el más antiguo poeta castella- 
no, de nombre conocido, da noticia de sí propio (aparte de otros pa- 
sajes) en la Vida de San Millán: 

Gonzalvo fué su nomne, qui fizo est[e] tractado, 
en Sant Millan de Suso fué de ninnez criado, 
Natural de Berceo, ond Sant Millán fué nado: 
Dios guarde la su alma del poder del pecado. 

Nació, pues, en Berceo, diócesis de Calahorra; se educó en el' 
monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, y estuvo agre- 
gado a esta famosa abadía como clérigo secular; un hermano suyo, 
llamado Juan, fué también eolesiástico. Gonzalo debió venir al mun- 
do en los últimos años del siglo xii. Según distintas escrituras del 
monasterio en que vivió, era diácono en 1220; en 1237 era presbíte- 
ro; en 1240, 42 y 46, figura como testigo suscribiendo varios do- 
cumentos, apareciendo citado todavía en un testamento de 1264 como- 
maestro de confesión del otorgante, Garci Gil. Parece que llegó a 
edad avanzada, pues así lo expresa en la Vida de Santa Oria, pro- 
babJemente la última obra que escribió. 

Las obras que de él se conservan son las que siguen, con indica. 
Clon de sus fuentes: 



BERCEO 85 

— . . , , Vida de Santo Domingo de Silos. — [Grimaldo.] 

Ires vidas de ^ ,^.^^ ^^ ^^^ Milláyi de la Cogolla.—[S^n Braulio.] 

i i'ida de Santa Oria. — [Munio.] 
Tres poemas de-. Loores de Nuestra Señora. 
d i c a d os a la Mirados de Nuestra Señora. 
Virgen. ¡ Duelo de ia Virgen el día de la Pasión de su Hijo. 

Tres poemas de /*-/ martirio de San Lorenzo. 

asunto religio-| El sacrificio de la misa. 

so vario. j Los signos que aparecerán ante del Juicio. 

Además, suelen figurar tres himnos, como obra suya, en las 
i-ediciones más corrientes. 

En la Vida de Santo Domingo declara, al j^rincipio, Berceo mo- 
vdestamente la causa de escribir en romance y no en latín, y pide 
su recompensa, como lo hacían los juglares. 

En el nomne del Padre, que fizo toda cosa, 
et de Don Ihesuchristo, fijo de la Gloriosa, 
et del Spiritu Sancto, que egual dellos posa, 
de un confesor sancto quiero fer una prosa. 
. Quiero fer una prosa en román paladino, 
en qual suele el pueblo fablar a su vecino, 
ca non so tan letrado por fer otro latino, 
bien valdrá, commo creo, un vaso de bon vino. 

iis digno de notarse el pasaje en que describe la visión de las 
res coronas, y eil episodio en que la entereza de Santo Domingo 
se sobrepone a las amenazas del rey don García de Navarra, que 
proyectaba secularizar los bienes del Monasterio a título de funda- 
dor o patrono de él. 

En Ja Vida de San Millán el poeta se duele de que los pueblos 
sean menos exactos al pagar sus tributos al monasterio dd Santo, 
e intercala, en verso, el privüegio apócrifo de 3os votos de San 
Millán, que él creía auténtico: sin detenerse ante lo difícil que era 
encerrar en sus rimas ilas denominaciones topográficas que con- 
tiene. Debe recordarse también la descripción de 'la batalla de Si- 
mancas, único relato de carácter guerrero que salió de su pluma. 

La obra más larga e importante de Berceo es el poema de los 
Milagros de Nuestra Señora, colección de veinticinco casos mila- 
grosos o leyendas devotas relativas a la Virgen, muchas de ellas 
extendidas también fuera de España y reflejadas en varias litera- 
turas. Puymaigre y otros han hecho notar que Gautier de Coincy, 
prior de Vic-sur-Aisne, en sus Miracles de la Sainte Vierge, ha can- 
tado también muchos de los episodios piadosos de la colección de 
Berceo: más probable es que ambos se inspirasen en una fuente 
-común y no que Berceo siguiese a Gautier, aunque se encuentren. 



86 LITERATURA ESPAÑOLA 

en el poeta francés i8 de los 25 casos milagrosos cantados por eF 
clérigo de San Millán. Además, estas leyendas piadosas, muy di- 
vulgadas en la Edad Media, corrían por todas partes en libros dfe- 
votos o poéticos, sin contar que en cuanto al estilo y manera litera- 
ria hay visible diferencia entre ambos: Gautier es muy difuso > 
amplio, mientras que Berceo, sin llegar a ser sobrio, cosa harto rara 
en su tiempo, es mucho ,más breve y conciso que ei trovero francés,, 
distinguiéndose por su carácter realista. 

El objeto de estas leyendas es mostrar el poder misericordioso- 
de la intercesión de la Virgen en favor de devotos suyos, grandes; 
pecadores a veces, como lo es de algunas de nuestras obras dramá- 
ticas de>l siglo XVII (v. gr., El condenado por desconfiado, de Tirso;: 
La devoción de la Cruz, de Calderón). 

Berceo en estas leyendas expone las tradiciones piadosas sóbre- 
la casulla que regala Nuestra Señora a San Ildefonso; 3a del la- 
drón, que al sufrir la pena de horca se ve libre de ella por haber 
interpuesto la Virgen sus manos entre la cuerda y el cuello del' 
culpable; la leyenda de Margarita la tornera, aquí abadesa, que en- 
tre otras muchas derivaciones literarias españolas y extranjeras es- 
tudiadas por don Armando Cotarelo cuenta la de Lope de Vega. 
Fernández de Avellaneda y Zorrilla: la del monje Teófilo, que tiene 
alguna relación con El Mágico prodigioso de Calderón y con la le- 
yenda de Fausto; la de la resurreación de un monje de Colonia, 
que se había ahogado al volver de cierta aventura, para que hicie- 
se penitencia y pudiera salvarse; la del Crucifijo que fabló como- 
testigo, no en un asunto de amores (como la leyenda del Cristo, 
de la Vega, de Zorrilla) sino en un prosaico pleito de dineros, etc. 

II. El Libro de Alexandre. — Este poema, de considerable ex 
tensión (algo más de diez mil versos) es de autor desconocido, aun- 
que fué clérigo, sin duda, como declara en varios pasajes. Se ha 
atribuido, sin fundamento alguno, a Alfonso X y al arcediano Jofre 
de Loaysa : también a Juan Lorenzo Segura de Astorga. atendiendo 
a la estrofa final, según se lee en uno de los códices : 

Si quisierdes saber quien escrebió este ditado 
Joan Lorenzo, bon clérigo e ondrado, 
Segura de Astorga, de mannas bien temprado : 
En el día del juicio Dios sea mío pagado. Armen. 
Pero la atribución a Juan Lorenzo está desechada, puesto que- 
escribir, en esta época, se refería a copiar, no a componer original- 
mente; y sobre todo, el estar colocada dicha declaración al final del 
poema (como la de Per Abat, en el del Cid) indica que se trata 
de la suscripción paleográfica de un amanuense. Algunos han creí- 



LIBRO DE ALEXAXDRE 87 

do que el autor es Berceo. fundándose en que en otro códice la 
estrofa citada está sustituida por otra equivalente, de texto algo 
distinto, que da el nombre de Berceo en lugar del de Juan Lorenzo 
Segura; pero tampoco creemos que Berceo sea el autor del Libro 
de Alcxandre, no sólo por la gran diferencia que hay entre este 
poema y los auténticos de aquél, profano y pseudo-clásico uno. y 
religiosos los demás, sino también por eJ lenguaje, estilo y tenden- 
cias de uno y de otros. 

Se ha conservado en dos códices: uno de la casa de Osuna (hoy 
en Ja Bibl. Xac. de Madrid), otro de París (editado por Morel- 
Fatio, 1906). 

Debió escribirse hacia la mitad del siglo xiii : abundan las 
formas y modismos leoneses; coexisten 'los pretéritos en -orón con 
los en -eron (3.* persona del plural) : y es frecuente encontrar el 
recíproco en la forma ge por se: "diógela", por ''diósela". 

EJ autor hace declaraciones expresas en cuanto a su arte y 
escuela iliteraria: 

Mestér trago fernioso, non es de ioylaria, 
mestér es sen pecado, ca es de clerecía, 
fablar curso rimado por ¡a cuaderna vía 
a síllabas cuntadas, ca es grant maestría. 

El héroe del poema es Alejandro, rey de Macedonia y Grecia. 

Los aspectos arqueológico y científico merecen atención. En 
cuanto al primero, hay que convenir en que se desatiende del 
todo: abundan Jos anacronismos; y así, Alejandro, a quien acom- 
pañan sus doce pares, recibe la orden de Caballería y una espada 
fabricada por don Vulcano; Aristotil aparece como un doctor es- 
colástico; el Conde don Demóstenes inflama con su elocuencia a 
los atenienses, y la madre de Aquiles esconde a éste en un conven- 
to de monjas; pero en el siglo xiii hubiera sido imposible un poe- 
ma rigurosamente arqueológico, reflejo fiel dd espíritu clásico. 
En cuanto al aspecto científico, a más de alardear candorosamente 
de sus conocimientos, el autor tiene el mérito de haber compren- 
dido el carácter civilizador de las expediciones de Alejandro. 

Las fuentes de esta obra han sido precisadas por ]\L Morel- 
Fatio. Las principales son dos poemas: imo ílatino-medioeval, Ale- 
xandreis, de Gualtero de 'Chatillon, que a su vez sigue la narración 
histórica o semi-histórica de Quinto Curcio (y el poema de Chatillon 
es el modelo preferido por el escritor castellano), y el otro poema es 
francés, empezado por Lambert-Ji-Tors y terminado por Alejandro 
de Bernay o de París: y de tal modo imita el poema castellano a 
estos otros, que (como observa M. Pelayo), unas veces es rápido y 



88 LITERATURA ESPAÑOLA 

S€co e inclinado a las personificaciones alegóricas, como Gualtero, 
y otras veces es difuso, y con tendencias a lo maravilloso y moderno, 
como Lambert-ii-Tors y Alejandro de Bernay. Otras fuentes mucho 
más secundarias son : el Epítome de Julio Valerio ; la supuesta car- 
ta de Alejandro a Aristóteles, De Situ Indiae; un poema francés 
en versos de nueve sílabas atribuido al clérigo Simón; notándose, 
además, como indica el mismo critico, que la descripción de las 
maravillas de Babilonia tiene mucha relación con la que se lee en 
Flores y Blancaflor. 

Algunas obras de procedencia oriental (persas, árabes o hebreas) 
pudieran haber influido además en el poeta castellano; el viaje 
aéreo de Alejandro se relata en forma semejante en algún cuento 
arábigo, y de expediciones submarinas hay muestras en cuentos 
populares árabes que después pasaron a las Mil y una noches. 

Eli poema tiene indudable unidad en cuanto al autor y en cuanto 
al asunto {las empresas legendarias de Alejandro) ; no obstante 
esto, son dignos de notarse algunos pasajes intercalados, de materia 
independiente, v. gr., el relato del sitio y destrucción de Troya, largo 
episodio (1.800 versos) tomado de La Crónica Troyana de Guido de 
Colonna (que se inspira a su vez en Dares el Frigio y Dictis Creten- 
se), y del compendio (latino de la Iliada, que se atribuye a pseudo Pín- 
daro Tebano ; el sermón satirico-moral sobre la corrupción de las 
costumbres; -la descripción de la bajada a los infiernos, y el apólo- 
go del codicioso y del envidioso, el más antiguo de nuestra poesía, 
quizá tomado de algún fabliau francés. 

El autor sobresale en das descripciones, en las que se muestra 
más brillante, animado y pintoresco que Berceo: las principales son: 
la alegórica de los meses representados en la tienda de Alejandro; 
la de la primavera ; la de Calestrix o Tallestrix, reina de las Ama- 
zonas, que es el más antiguo retrato de mujer, en nuestra poesía, 
según el autor de Los Heterodoxos; y la pintura de las maravillas 
de Babilonia, de los misterios de la India y de los palacios de Poro. 
Termina el poema con un discurso que Alejandro dirige a sus Gene- 
rales al presentir su fin próximo, dividiendo sus dominios, y con 
la muerte del héroe macedonio. 

La influencia del poema se ve en el de Fernán González, que 
reprodujo versos enteros; en el del Arcipreste de Hita, que al des- 
cribir la tienda de don Amor se inspiró en la pintura de la tienda 
de Alejandro; y en la Crónica de don Pero Niño, cuyo autor hace 
que el ayo de don Pedro dedique a éste los mismos consejos mora- 
les que en el poema dirige Aristóteles a Alejandro 

El mismo códice que nos ha conservado este poema trae a con- 
tinuación dos cartas en prosa de Alejandro a su madre, no existiet,- 



l'OEMA DE YEKSks GONZÁLEZ 89 

ao Otra relación entre ambas obras que la de estar copiadas en el 
mismo ms. refiriéndose ambas ail hijo de Filipo. La fuente remota 
de estas cartas es la colección árabe de Sentencias de los antiguos 
filósofos formada por Honein-ben-Ishak ; en los catecismos político- 
morales titulados Bocados de oro y Poridat de Poridadcs hay que 
reconocer las fuentes inmediatas de una y otra epístola, muestra 
elegante de la prosa castellana del siglo xiii. 

12. Poema de Ferxáx González. — Este poema del mester de 
clerecía dedicado a cantar al héroe de 3a independencia castellana 
debió ser escrito entre 1250 y 1271. 

Principia con un preámbulo de carácter histórico, desde la aparición 
del cristianismo en España hasta la caída del imperio visigodo, sien- 
do de notar que no refiere la leyenda de la Cava, sino que explica la 
derrota de don Rodrigo por la venganza de los partidarios de Witiza, 
valiéndose del conde don Illán ; expone después la historia de la re- 
conquista hasta los jueces <le Castilla. Fernán González, criado en un 
monte sin saber su origen hasta la edad juvenil, viene a librar a Cas- 
tilla de la opresión. Pelea contra Almanzor en Lara y en Hacinas, y 
contra el rey don Sancho de Navarra, que muere en la Era degollada, 
así como el Conde de Tolosa. El rey de León, don Sancho Ordóñez, 
llama a Fernán González a las Cortes, adonde acude, aunque de mala 
gana, porque "era muy fuerte cosa la mano le besar". Aquí se cita 
la anécdota de la venta del azor y el caballo, que el de León había de 
pagar al de Castilla a plazo fijo, y en caso contrario, por cada día que 
pasara se doblaría el precio. Olvidado Sancho, cuando quiso pagar la 
deuda no tenía dineros suficientes y hubo de resignarse a conceder en 
cambio la independencia de Castilla. La reina de León, hermana del 
muerto Sancho de Navarra, propone a Fernán González su ca=amien- 
\o con su sobrina doña Sancha ; el de Castilla, desprevenido como el que 
va a bodas, es preso por los navarros y llevado a Castroviejo. L^n Conde 
de Lombardía, sabedor de su injusta prisión, habla con la infanta doña 
Sancha ; ésta, arriesgando su vida, lo saca de la torre y huye con él 
a Castilla. En el camino, los fugitivos, refugiados en las espesuras de 
iin monte, encuentran un arcipreste que pone por precio a su silencio 
la honra de la infanta, y muere a manos del Conde. Los castellanos ce- 
lebran la libertad de Fernán González y sus bodas con grandes fiestas. 
Los navarros son vencidos otra vez por los de Castilla, y su Rey, pri- 
sionero en Burgos por doce meses, es libertado por su hermana doña 
Sancha. En Valpi-r vuelve a ser derrotado el navarro, porque, 

" Quiso Dios al buen Conde esta gracia f aser : 
que moros nin cristianos non le podían vencer." 

Tiene este poema rrmchos rasgos característicos de Jos cantares 
de gesta y parece ser una versión erudita y obra prob^ablemente 



QO LITERATURA ESPAÑOLA 

de un monje de Anlanza, de la leyenda del famoso Conde que da:.-:aiv 
los juglares. Fué utilizado en la Crónica general con preferencia 
a los cantares de gesta, y se cree que un episodio del Poema se re- 
pitió en el francés Hernaut de Bcaulande. Se nota en él la influen- 
cia del estilo de Berceo y del Libro de Alexandre, asi como erudi- 
ción bíblica, conocimiento de la éi)ica francesa y empleo de discur- 
sos llenos de reflexiones morales. Consultó el Chronicon Mundi: del 
Tudense, la crónica de Turpín y algunas otras obras históricas. 

D. Lírica: 13. Orígenes de la poesía lírica.— 14. La razón de amor.— 
15. Elena y María.— 16. Alfonso X.—17. Cancioneros gallego- 
portugueses. 

13. Orígenes de la poesía lírica castellana. — Recientes son 
los estudios dedicados a esclarecer este obscurísimo punto de nues- 
tra historia literaria. Uno es de don Julián Ribera (,1912), el otro,, 
de don Ramón Menéndez Pidal (1919), ambos profesores de la 
Universidad de Madrid. 

a) Es evidente, después de las investigaciones del señor Ribera. 
que en la España musulmana coexistieron dos lienguas vulgares: 
la árabe, como idioma oficial, en las escudas, en los actos públi- 
cos, etc.; la latina o romance, como idioma familiar. No debe cx- 
tnañar esto, teniendo en cuenta, por una parte, que el elemento, 
árabe de raza entró en España en escasa cantidad, no pudiendo- 
llamar a ios musulmameis eispañoües, semitas ni orientales, desde- 
la tercera o cuarta generación de'spuéis de la conquista, y por 
otra, que en toda Europa era entonces idioma oficial el laím, y. 
sin embargo, se hablaban distinitas lenguas romances, de él deri- 
vadas. 

Esta duplicidad de lenguas dio origen a un sisitema poético 
mixto con influencias europeas y orientales. Tal poesía, des- 
deñada all principio por los clasicistas, popular, escondida en el 
harem y en (las bajas esferas sociañes, se hizo al fin literaria. Sus- 
asuntos no son los clásicos de alusiones aíl desierto; algunas ve- 
ces son temas populares (como eH de la albada) que se encuentran 
siglos despuiés en las literaturas europeas; sus formas poéticas 
son tamibién distientas de la clásica orienitail. 

La obra principal que ha servido al señor Ribera en sus in- 
vestigaciones es el Cancionero de Abencuzn)án, que contiene poe- 
sías de un cierto género lírico, llamado moaxaha y zéjel (i). 



(1) Zéjel: Canción estrófica bailable, de rimas combinadas, popular,, 
cantable a plena voz ante público numeroso, en la que interviene el coro. 
MoAXAH/, : Composición en que alternan ias rimas a modo de un güexah. 



orígenes de la lírica 



91 



Este género lírico fué inventado por Mocadem el de Cabra el Ciego 
(muerto antes de 912) "en formas métricas descuidaidas, sin arte 
escrupuloso y usando la manera de hablar del vulgo ignaro y la 
IcngiM romance", según testimonio de Abenbassam. Estas cancio- 
nes se componen de estrofas de igual número de versos y simé- 
tricas, excepto una estrofilla o estribillo, que encabeza todas las 
composiciones y suele ser un dístico, que señaíla el asunto, el 
metro y ila rima común de la canción, en la cual se intercaJan a 
veces frases y versos enteros en romance. Las estrofas son de 
cuatro a doce versos. Ponemos el siguiente ejemplo de la moaxaha» 
más sencilla en su composición, traducida por Valera. y junto otro, 
tomado del Aix:ipreste 'de Hita, que nos ahorrarán explicaciones. 



ZÉJEL TRADUCIDO P(JR VaLERA. 



( ANCIÜN DE LOS ESTUDIANTES, (¿UE 
IB.VN PIDIENDO LIMOSNA EN EL 
ARCIPRESTE 



En balde es tanto afanar, 
amigos, para pescar. 

En las redes bien quisiera, 
prender la trucha ligera ; 
mas esta niña hechicera 
es quien nos debe pescar. 
Los peces tienen recelos 
y burlan redes y anxuelos; 
pero en sus dulces ojuelos 
van nuestras almas a dar. Etc. 



Scnnores, dat al escolar 

que vos vien demandar. 
Dat limosna o ración 

taré por vos oración 

(|ue Dios vos de salvación. 

quered por Dios a mi dar. 

El bien que por Dios fisierdes. 

la limosna que por el dierdes. 

cuando de este mundo salierdes, 

esto vos habrá de avudar. 



Estas composiciones están hechas para cantarlas en la calle a. 
voz en grito, ante un público que forma coro y repite el estribillo. 
Suden tener, especialmente en Abencuzmán, dos asuntos yuxta- 
puestos: el primero, hecho para llamar la atención del público; 
el segundo, para exponer el objeto deJ poeta : pedir un favor, una . 
limosna, alabar a un personaje, etc. "El primer asunto suele ser 
un tema popular o tradicional, expuesto en frases alegres, chisto- 
sas, un asunto pornográfico ordinariamente, con escenas báquicas, 



es decir, collar formado por dos líneas de perlas de distintos colores, aludien- 
do a la combinación de rimas. 

En realidad es el mismo tipo artístico : pero la denominación de céjel se 
aplicó a las más populares, en que se usa el dialecto más vulgar, empleadas 
para cantar en la caile. 

El nombre de moaxaha es palabra erudita, y se aplicaba a las composiciones 
del mismo tipo del zéjel, en que se usaba del árabe clásico o de más elevada 
manera. 



■XJ2 LITERATURA ESPAÑOLA 

:sátiras sociales, no acres ni incisivas, ^ino groseras o indecentes." 

>t(Ribera.) 

r La métrica, desde luego, no es (la clásica árabe de pies, sino süá- 

\bica. No se puede explicar como evolución de la árabe, ya que 
*'nace y se desarrolla con caracteres, formas y materias que no 
proceden de oriente ni de país musulmán". El señor Ribera cree 
que es de origen popular y que para explicar la procedencia de 
esta lírica "debe suponerse: o una lírica andaÜuza romanceada, 

^ anterior al siglo x, más antigua que la que aparece en los cancio^ 
ñeros portugueses, o una lírica gallega antiquísima, que la colonia 
gtailega trajo a Andalucía, de donde procede la romanceada an- 
daluza anterior a Abencuzmán". 

El señor Ribera demuestra cómo ésta lírica influye en la pro- 
venzal, en el Conde de Poitiers, que es el primer trovador conocido 
cuyas composiciones se han conservado; en las Cantigas de Al- 
fonso el Sabio, en el Arcipreste, en muchos poetas cortesanos del 
jsiglo XV, y en los autores de canciones musicales recogidas en 'el 
siglo xvL Para el señor Ribera "la clave misteriosa que explica 
el mecanismo de las formas poéticas de los varios sistemas líricos 
del mundo civilizado en la Edad Media está en la lírica andaluza, 
a que pertenece el Cancionero de Abencuzmán". 

h) Resumiendo el estudio de don Ramón Menéndez Pidal halla- 
mos que en la Crónica de Alfonso XI se ven alusiones de cantos 
dell pueblo, bien lamentando la muerte del caudillo Munio Alfonso, 
bien para celebrar el casamiento de una hija del Emperador; ya 
«n el episodio en que la Emperatriz aparece en las almenas de To- 
ledo, con sus doncellas tocando y cantando, e invita a los moros 
a que peleen con el Emperador en Oreja y no ataquen a una ciu- 
dad defendida sólo por damas; ya en d recibimiento triunfal que 
Toledo hace a Alfonso VII, cuando retorna victorioso. Pero nin- 
^n resto nos queda de tales cantares. "La misma forma estrófica 
— dice el señor Menéndez Pidal — usada en este tiempo de Alfon- 
so VII por eil cordobés Abencuzmán debía servir para los primiti- 
vos cantares de las fiestas religiosas y profanas de los castella- 
nos; ya que la misma esencialmente vemos que es la usada máí 
tarde por el Ancipreste de Hita y por la (lírica popular posterior." 
Los textos más antiguos conservados los vemos en los Cancio- 
neros gallegoportugueses ; en lengua gallega escribe Alfonso X 
sus Cantigas, y hasta el siglo xv llega la influencia de esta lengua 
en la lírica, según testimonio del Marqués de Santillana. Pero el 
no conservar textos no quiere decir que no existiera lírica en 
nuestra lengua. Estudiando los distintos géneros populares, s€ 
ve la existencia de canciones de mayo, recordadas en el Poent^ de 



ORÍGENES DE LA LÍRICA 95" 

Alcxandre, en el cantar épico del cerco de Zamora (Crónica de-' 
1344) y en d Poem<i de Alfonso XL T os cantares de vela, emplea- ) 
dos en bajo latín por los soldados de Módena, tiene su representa- 
ción en la cantiga de los judíos en el Duelo de la Virgen, de Ber- 
ceo (1230): Jos judíos, por orden de Pilatos, ponen guardias al- 
rededor del sepulcro de Jesús, y los centinelas cantan: 

Eya velar, eya velar, eya velar. 
Velat aljama de los judíos — eya velar 
que non vos furten el hijo de Dios — eya velar... 

También parecen ser muy antiguos los cantos de segadores. El \ 
que muestra la forma más arcaica, o sea la monornima, es el que- 
dice : 

Esta sí que es siega de vida, trigo blanco y sin árgana 

esta sí que es siega de flor. que de verlo es bendición. 

Hoy, segadores de España^ Esta sí que es siega de vida, 

vení a ver a la Morana esta sí que es siega de flor. 

Tal forma, que es la más propia de la lírica popular castellana^, 
aunque empleada en otras lenguas románicas, es la misma de las 
composiciones de A-b'encuzmán. Vestigios de gran antigüedad tie- 
nen los cantos de Nochebuena, de San Juan, de Carnaval, y las. 
serenatas a las mozas: 

Despertad, ojuelos verdes, 
que a la mañanica lo dormiredes : 

y el precioso villancico 

A quién contaré mis quejas, 
mi lindo amor, 
a quién contaré mis quejas, 
si a vos no ; 

o los llamados cantares de amigo, que lo mismo que en lengua 
gallega, los hallamos también en Castilla, algunas veces relacio- 
nados, como aquéllos, con las romerías religiosas, de los cuales es 
característico el siguiente, armonizado en tiempo de los Reyes Ca- 
tólicos r 

So ell encina, encina 
so ell encina. 
Yo me iba, mi madre, a la romería, 
por ir más devota, fui sin compañía... 

Ell análisis detenido^ de las serranillas ha permitido al señor M. 
Pidal encontrar tres tipos disítintos: uno, el más antiguo, derivado- 
de "villancicos propios de caminantes por la montaña : no tratan' 



g. LITERATURA ESPAÑOLA 

•de la pastora v de la campiña como tipo y paisaje literari^os de 
cualquier región o tiempo, sino de la pastora que, coronada de 
ila niebla y la nieve de las cumbres, vive en las ásperas sierras pe- 
ninsulares; es la serrana, y no la de cualquier tiempo, smo ña 
medieval, cuvo oficio era conducir a los cammanites entre la es- 
pesura de bo'sques milenarios, buscando la difícil abra del puerto. 
<:er.rada por la borrasca." Otro, imitación de la pastorela fraai- 
cesa o provcnzal, y otro, derivación de la pastorela gallegoportu- 

guesa. 

La conclusión a que llega el señor M. Pida! es ésta: "La pri- 
. mitiva lírica peninsular tuvo dos formas principales. Una más 
propia de la lírica galaicoportuguesa, y otra más propia de la 
castellana. La forma gallega es la de estrofas paralelísticas com- 
pletadas por un estribillo... La forma castellana es la de un 
villatracico inicial glosado en estrofas, al fin de las cuales se suele 
repetir todo o parte del villancico a modo de estribillo. En la for- 
ma gallega el movimiento lírico parte de la estrofa, respecto de 
la cual el estribillo no es más que una prolongación; en la forma 
castellana el punto de partida está en el villancico o estribillo, y 
las estrofas son su desarrollo. La forma gallega es dle un hondo li- 
rismo..., afectiva y musical. La forma castellana... llega a ser na- 
rrativa..., más propia para el canto colectivo, en que perfectamen- 
te se pueden unir lo tradicional y lo popular... La forma gallegi. 
aunque conocida ya- en otras literaturas, es muy peculiar de Ga- 
licia por haber adquirido allí una regularidad y desarrollo gran- 
des; fué también,, de un modo más o menos completo, usada a 
veces en Castilla. La forma castellana fué usada en las demás 
literaturas románicas, sobre todo en época primitiva, pero en 
el centro de España tuvo más arraigo desde ima época remotí- 
sima prdliteraria, hasta el punto de haberse introducido en la 
poesía árabe andaluza desde el siglo xi y ser en el xii la forma 
propia de las canciones del cordobés Abencuzmán.'' 

14. La razón de amor. — La razón de amor con Los denuestos 
del agua y el vino, son dos poemitas, publicados por primera vez 
por A. Morel Patio en 1887, anónimos y que parecen corresponder 
a los principios del sigilo xiii; están uno a continuación del otro. 
y expresamente se marca la segunda parte; "Aquis copíenla a de- 
nostar — el vino y el agua a ma[n] levar." Aü final se lee: *'Qui 
me scripsit scribat — Semper cum Domino bibat. — ^Lupus me fecit de 
Moros." Este nombre, Lope de Moros, debe entenderse que es el del 
copista, no del poeta, puesto que se trata de una verdadera suscrip- 
ción paleográfica, por la fórmula empileada, y por el lugar de coló- 



ELENA Y MARÍA • 95 

'cación. o sea al final del documento. — La razón feita d'amor (que 
es la poesía ilírica más antigua que se conserva en castellano) ex- 
pone el encuentro de dos enamorados, sus mutuas declaraciones, sus 
protestas de pasión y la separación de ambos; cierta ingenuidad 
primitiva, con alguna nota lírica, a veces ligeramente melancólica, 
expuesta de pasada, y algún rasgo en que se manifiesta el sentimiento 
de la naturaleza, es lo que distingue a esta poesía, que ''un escolar la 
rimó — que sie[m]pre donas amó": el autor imprimió su sello perso- 
nal en esta composición, "quizá imitación de alguna de aquellas ba- 
ladas francesas que en Galicia y Portugal dieron lugar a los canta- 
res d' amigo... su autor estaba evidentemente familiarizado con las 
pastorelas francesas, provenzales o galaicoportuguesas" (Kelly). — 
Los denuestos del agua y el vino, viene a continuación: esta parte 
parece imitada o acaso calcada de alguna de las composiciones que 
sobre dicho tema tuvieron tanta difusión en los tiempos medioeva- 
les, V. gr.. ¡a Disputoison du viti ef de l'iaue. 

15. Elena y María o Disputa del clérigo y del caballero. — 
Don Ramón Menéndez Pidal ha publicado este poema (402 ver- 
sos) de fines del siglo xiii, acéfalo e incompleto por el fin. Es 
una disputa sostenida entre María, amiga de un abad, y Elena, que 
lo es de un caballero, acerca de cuáfl de los dos amantes es mejor. 
Cada una de ellas dice a la otra las excelencias de la vida del clé- 
rigo o del hombre de armas; terminando por ir ante el Rey Oriol 
para que falle en la discusión. Sus versos son pareados, la mayor 
parte en consonante, de ocho sílabas, algunos de siete y otros de 
nueve. 

El asunto tiene antecedentes en poemas latinos de la Edad 
Media (Phillis et Flora) y franceses (Le Jugement d'Amour, Blan- 
chefor e Floren ce, Hucline, etc.). Pero de ninguno de éstos parece 
•derivar directamente el poema español, pudiéndose suponer, o la 
existencia de una versión provenzal. o la de una española primiti- 
va, de la que derivó Ele-na, popularizándose. Su lenguaje acusa 
un autor leonés, acostumbrado a escribir versos en gallegoportu- 
gués y tiene grandes analogías con di del Poema de Alfonso XL 
Las asonancias y la irregularidad del metro indican su carácter po- 
pular o jugilaresco. Es una de las primeras muestras del género có- 
mico en España. (M. Pidal.) 

i6. Alfonso X, el Sabio. — ^^Hijo y sucesor de Fernando III, el 
Santo, sin olvidar nunca sus aficiones eruditas, como infante se mos- 
tró valeroso, pero como rey fué débil. Los moros de Granada y Mur- 
cia invadieron a Jaén, y Alfonso fué socorrido por Jaime I de Ara- 



g6 ■ LITERATURA. ESPAÑOLA 

gón. Vacante el trono imperial de Alemania, el Rey de Castilla, como 
hijo de doña Beatriz de Suabia, alegó sus derechos y logró los votos 
de la mayoría de los ekctores ; mas los papas, indispuestos con dicha 
Casa Real, se opusieron, y don Alfonso no llegó a coronarse Em- 
perador.— Un infante y varios nobles se unieron al Rey de Grana- 
da; éste se alió con los Benimerines, e invadió tierras de Jaén y 
Sevilla; él infante don Fernando de la Cerda, hijo mayor de don Al- 
fonso y heredero del trono, murió al ir a ponerse al frente de las tro- 
pas castellanas. El hijo segundo del Rey, don Sancho, pretendió ser 
deolarado sucesor del trono, con preferencia a los hijos del de la 
Cerda, que se acogían a las 'leyes de Partida, alegando el derecho de 
representación de los hijos en ellas consignado; cedió don Alfonso, 
y fué jurado sucesor don Sancho en las, Cortes de Segovia; pero 
los reyes de Francia y Aragón protegieron a los de la Cerda, por ra- 
zones de parentesco, y don Alfonso, viéndose en situación difícil, 
accedió a dejar el reino de Jaén ail mayor de los Infantes deshere- 
dados; entre tanto, don Sancho sitiaba a Algeciras, sin éxito; in- 
formado de la resolución de su padre, y apoyado por los nobles, pue- 
blos y reyes de Aragón, Portugal y Granada, se proclamó Rey, y don 
Alfonso X sólo se vio apoyado débilmente por el de Marruecos y por 
el Papa, que amonestó a don Sancho. jVDurió el Rey, desheredando 
a este i'iltimo, que ocupó el trono sin gran dificultad. De este modo 
el reinado de Alfonso X (1252- 1284) fué pródigo en luchas intestinas,, 
promovidas principalmente por su hijo y sucesor Sancho IV el Bra- 
vo, que echaba en icara a su padre su constante afición al estudio, 
que le distraía de las funciones de gobierno. 

Las Cantigas. — ^Son una colección de 420 composiciones, es- 
critas en gallego, en alabanza de la Virgen, y se han reputado común- 
mente como obra de Alfonso X hasta hace poco en que M. Grous- 
sac puso en duda esta atribución. Mientras no se presente una prueba 
directa en contrario (no indicada hasta ahora) seguiremos tenien- 
do al Rey Sabio como autor de ellas. — Se ha discutido la causa de 
que el Rey las escribiera en gallego; y no parece razón bastante Ja 
de que fuera este idioma el de su niñez y educación primera, y mucho 
menos la absurda alegación de que d gallego se extendió tanto en 
la península que llegó a ser el habla habitual en provincias del Sur 
y del Oriente ; la razón de que emplease en esta obra dicho idio- 
ma es la de que. siendo verdadero artista, comprendía bien que era. 
entonces instrumento adecuado para la poesía lírica, muy culti- 
vada en Galicia y Portugal, y no (lo era todavía el castellano, ejer- 
citado hasta entonces en la narración épica, pero no en la expre- 
sión del sentimiento lírico. 

La métrica ofrece gran variedad ; hay versos desde cuatro hasta. 



ALFONSO EL SABIO: CANTIGAS 97 

diez y siete sílabas; y las estrofas presentan con frecuencia los ar- 
tificios usados en los trovadores galaico-portugueses y en los proven-, 
zaJes, notándose también estribillos, acrósticos y otros vanos ejerci- 
cios del ingenio. 

Las fuentes principañes de las Cantigas parece que fueron el Spe- 
culinn historíale de Vicente de Beauvais, inmensa colección de le- 
yendas piadosas, muy divulgada en la Edad Media, y las poesías en 
loor de la Virgen, de Gautier de Coincy; conoció, sin duda, los. 
poemas de Berceo, pero no le imitó ni coincidió siempre con él en 
los detalles narrativos (según Valmar) cuando uno y otro expusie- 
ron análogas leyendas. 

Las 420 Cantigas se distinguen en dos grupos principales : uno de 
composiciones meramente líricas (40), expresión del acendrado sen- 
timiento religioso del regio trovador, o sean, loores en honor de 
Nuestra Señora, y otro, de poesías de carácter narrativo (360), en 
que se refieren leyendas o casos milagrosos referentes a Ja Virgen. 
Aparte de estas dos clases fundamentales, hay unas cuantas cantigas 
que son peticiones o acciones de gracias a María, cánticos en las 
fiestas de la Virgen o dei Señor, o prólogos poéticos. 

Los códices conservados hoy que nos han transmitido esta colec- 
ción son cuatro: el de Toledo, el más antiguo e incompleto; el del 
Escorial 1.°, el más completo y correcto; el del Escorial 2°, del cual 
sólo subsiste el tomo I de los dos que tuvo, siendo de notar que am- 
bos códices escurialenses contienen ricas miniaturas en oro y colo- 
res y la notación musicaíl ; y el de Florencia, que contiene unas cien 
cantigas. Existieron otros códices, hoy perdidos. 

En cuanto a las cantigas de carácter narrativo, el poeta relata' 
candorosamente las leyendas piadosas, sin que en alguna ocasión le 
detenga lo escabroso del asunto o el detalle realista o prosaico. Mus- 
safia ha hecho la observación de que prefirió y empezó por los asun- 
tos de divulgación más general en la Europa cuílta, y cuando éstos se 
iban agotando, recurrió a las leyendas locales. 

He aquí el asunto de algunas Cantigas : Un monje, devoto de la 
Virgen, quiere conocer las delicias del Paraíso: por favor de Nuestra 
Señora es sumido en un letargo quedando arrobado por inefable mú- 
sica; al despertar, no conociendo a ninguno en el convento, advierte al 
fin que el celestial transporte ha durado, no unos momentos, como creía, 
sino trescientos años. En la Leyenda áurea y en Longfellow se ven 
análogas narraciones. 

Las culpas de un pvecador empedernido no serán perdonadas has- 
ta que se llene de agua un vaso que le dio su confesor: con asom- 
bro ve que las aguas de fuentes y ríos se retiran del recipiente, que ai 1 



Qg LITERATURA ESPAÑOLA 

fin queda colmado con dos lágrimas de arrepentimiento. Tomás Moore, 
en el Paraíso y la Peri ha reproducido este asunto. 

Una segoviana dedicada a la industria de la seda, recuerda que no ha 
cumplido a la Virgen la promesa que le hizo de labrarle una toca; se 
apresura a volver a su casa para realizar la obra ofrecida y encuen- 
tra que los gusanos mismos, por sobrenatural mflujo, estaban traba- 
jando la sagrada prenda. 

Un caballero devoto de la Virgen llega tarde al combate, porque 
caminando se ha detenido a oír tres misas, y al ser avistado por los su- 
yos, se ve sorprendido por entusiastas aplausos, en lugar de las exe- 
craciones que temía por su tardanza; a su heroico esfuerzo atribuyen 
los cristianos el triunfo sobre los musulmanes : era que la Virgen, para 
salvar el prestigio del piadoso caballero, había enviado a un adalid, 
con la figura de éste, y con sobrenatural poder realizó heroicidades 
sobrehumanas. Mira de Améscua, en su comedia Lo que puede el oír 
misa, desarrolló análogo asomto. 

En la cantiga 94 la monja tesorera huye con un galán, dejando an- 
tes las llaves en el altar de la Virgen, a la que se encomienda fervo- 
rosamente ; esta Señora toma la figura de la fugitiva y desempeña sus 
funciones; después, abandonada y desengañada la pecadora, vuelve 
arrepentida, encuentra las llaves donde las dejó, y ve con sorpresa y 
reconocimiento que nadie notó su ausencia gracias a la Virgen. Este 
asunto ha sido reproducido muchas veces, entre otras, en la novela Los 
felices amantes, que se halla en el Quijote de Avellaneda; en la come- 
dia La buena guarda o la encomienda bien guardada, de Lope de Vega, 
y en la bellísima leyenda, Margarita la Tornera, de don José Zorrilla. 

En la cantiga 59, una monja, dispuesta á fugarse con un galán, se 
arrodilla ante tin Crucifijo para encomendarse y despedirse : la sagra- 
da imagen separa la mano de la cruz, da un bofetón a la pecadora, 
marcándola en el rostro con el clavo, y mo^viéndola a penitencia. 

Obras atribuidas al Rey Sabio. — Sin fundamento alguno se 
han atribuido al Rey Sabio (que sólo en gallego escribió sus versos) 
dos poesías castellanas, apócrifas : un romance, impreso por primera 
vez, probablemente, en el Sumario de las viaravillosas y espantables 
cosas, de Gutiérrez de Torres (Toledo, 1524), en el que el don Alon- 
so habla de sí mismo y de sus desgracias en esta forma: 

Yo salí de mi tierra — para ir a Dios servir 
e perdí cuanto había, — desde enero fasta Abril... 

"Este romance fué, según parece, sacado de aquella carta que 
incluyó Pedro Barrantes Maldonado en sus Ilustraciones de la ca- 
sa de Niebla, atribuyéndola al mismo Rey don Alfonso X y dirigi- 
da a don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno... También esta carta 
está hoy considerada como apócrifa" (iCotarelo). 



CRÓNICA GENERAL 99 

La otra poesía es un fragmento (contenido en dos octavas de 
arte mayor') de un supuesto Libro de las querellas: 

A ti, Diego Pérez Sarmiento, leal 
cormano, e amigo, e firme vassallo, 
lo que a míos homes de cuita les callo, 
entiendo dezir, plañendo mi mal... 

El primero que dio a conocer estas octavas fué don José Pe- 
llicer de Osau y Tovar. genealogista e historiador fecundísimo, 
también poeta en su juventud, que al imprimir su informe de la ca- 
sa de Sarmiento (Madrid, 1663) las dio a conocer como resto del 
Libro de las querellas .que atribuía al Rey Sabio. No dice Pellicer 
de dónde tomó estas noticias y estos versos, siendo de notar que 
dicho escritor forjó muchas fábulas, sobre todo en el (lamenta- 
ble campo de los falsos cronicones y en genealogías. La familia 
de los Sarmientos no es citada en las Crónicas de España hasta 
el tiempo de don Pedro el Cruel. Tampoco se encuentra copia, 
cita ni alusión alguna del Libro de ¡as querellas en ningún códice 
ni cancionero, ni en ningún libro, hasta que Pellicer da de él no- 
ticia. Además, en la época de Alfonso X, no era conocido el verso 
de doce sílabas, y la octava o copla de arte mayor no se usó hasta 
fines del siglo xiv. El mismo Pellicer, probable forjador de este 
fragmento, es autor de otros tres znklogos, y escritos también en 
la misma estrofa : dos octavas de Las fasañas de Hércules, poema 
de ignorado autor; otras dos. dd fingido Libro de los llantos, que 
da como obra de Diego de San Pedro; y una octava dd dogio de 
Pe<lro Ruiz Sarmiento, personaje inventado que supone enemigo 
de don Alvaro de Luna. Por último, un escritor americano ha pu- 
blicado en Montevideo, 1897. ocho coplas de arte mayor, semejan- 
tes a las dos indicadas, dirigidas a Diego Pérez Sarmiento, como 
continuación de ellas, dándolas como un hallazgo felicísimo, aun- 
que esto no pasa de ser una broma literaria harto inocente. 

Primera Crónica general. — ^El señor Menéndez Pidal ha editado 
ésta obra y ha publicado acerca de ella un estudio definitivo. Según 
este trabajo, la Crónica no es obra total de la época de Alfonso X, 
sino que las dos últimas partes se escribieron j'a en el reinado de 
Sancho IV. El códice escurialense en que ha llegado a nosotros 
consta de dos tomos, que deben ser los mismos escritos en la Cáma- 
ra real : el primero abarca la historia de los distintos pueblos que 
dominaron la península; griegos, almujuces, africanos, romanos, ván- 
dalos, silingos, aüanos, suevos y godos, hasta la caída de don 
Rodrigo, y esta parte se escribió probablemente bajo la dirección dfe 
don Alfonso X; y el tomo II comprende la historia de España 



lÓO LITERATURA ESPAÑOLA 

desde don Pelayo hasta San Fernando, redactada bajo Sancho I\ 
Debió empezar a escribirse en 1270, y el segundo tomo, en 128 
La parte personal del Rey Sabio en la redacción de esta Crónic 
queda más reducida de lo que se había creído ; y no hay fundamer 
tos serios para citar como colaboradores los nombres de Jofre d 
Loaysa, Juan Gil de Zamora, Bernardo de Brihuega y Martín d 
Córdoba. 

Se ha transmitido en muchas copias. La que pudiéramos llama 
más antigua (códice escurialense) era sólo un borrador, que di 
origen a dos versiones: una oficial y otra popular, advirtiendo qu 
ésta refleja mejor el original y que varió más en la transmisión. 

La Crónica general fué por primera vez impresa en Zamora 
1541, bajo la dirección de Florián de Ocampo. Esta edición, po 
sus errores, deficiencias y omisiones, notadas ya por Zurita, no logr 
éxito; a pesar de lo cual la reimprimió el librero de Valladolic 
Sebastián de Cañas (1604). Tomás Tamayo de Vargas (entre 162 
y 34), Juan Lucas Cortés, del Consejo de Indias en tiempo de Car 
los II, y, finalmente, la Academia de la Historia (desde 1798 hast 
1863), intentaron publicar una edición crítica de la Crónica geni 
ral, sin resultado positivo. Hoy podemos leer esta obra en la edi 
ción del citado señor Menéndez Pidal. 

Las fuentes en que se inspiró la Crónica general son diversas 
unas conocidas, perdidas otras. Entre aquéllas, a), para la histori 
romana: los Césares de Suetonio, el Epítome de Justino, abrevia 
dor de Trogo Pompeyo, las Historias de Paulo Orosio, el Speculwn 
historíale de Vicente de Beauvais, las Historias del Tudense y el To 
ledano, y otras, como las Heroidas de Ovidio y la Farsalia de Lu 
cano. En esta parte tiene la Crónica el interés de ser el primei 
intento de fusión de la historia romana con la de España, qu 
hasta entonces se había considerado siempre historia de los godos 
Los capítuilos 51 a 60 relatan la historia de la reina Dido, asunt( 
que se repitió en la literatura española; b), para la historia medie 
val: el Tudense y el Toledano, prefiriendo el segundo al primero 
y, además, una traducción no conservada de la obra de don Rodrigo 

Pero tienen más importancia las fuentes perdidas de la Cróni- 
ca. A más de una historia árabe (historia de Valencia bajo el Cid) 
de una continuación del Toledano, de un cronicón semejante a los 
Anales toledanos segundos, de autor musulmán, y de la tradiciói 
oral, se conservan en la Crónica huellas de fuentes épicas, de im 
portancia capital para la historia literaria. Poemas sobre Fernáf 
González y ell Cid y el Cantar de Zamora están prosificados e in- 
tercalados con gran extensión; las 'leyendas de los Infantes de han 
j de Ber^vardo del Carpió reflejan cantares de gesta más abrevia 



CRÓNICA GENERAL 



lor 



dos; la historia de Mainete, del Infante García y de Zai-da, hija 
de Abenabad de Sevilla, parecen ser relatos legendarios en prosa. 
En la parte de la Crónica en que se utilizan estas fuentes se notan 
bastantes restos de versificación. 

La Crónica general era una obra de compilación, "una combi- 
nación del Tdedano y eí Tudense entre sí, más dos grandes adi- 
ciones: la historia romana en la primera parte, y las leyendas 
lieroicas en la segunda. La primera parte trasciende la universa- 
lidad de espíritu y de cultura de Alfonso X, que no se ve en la se- 
Qunda" (M. Pidal). 

De la general derivan una serie de crónicas en lengua vulgar. 

De las principales da idea este cuadro, que reproducimos del 
•señor Fitz-Maurice Kellv: 



Primera 

Crónica general 

(mandada co uponer 

por 

Alfonso el Sabio. 



Segunda 

Crón'ca general 

de 1344, refundición, 

con adiciones. 



Crónica 

de 

veinte Reyes. 



Refundición perdida 

(con algunos 

elementos de la 

Crónica de 

1344)- 



Tercera 
Crónica general. 



Crónica 

de 

Castilla 



Crónica 

particular del 

Cid. 



Todas ellas dan cabida a los poemas épicos prosificados, y vie- 
nen a ser la base de la historia popular. Esta fusión de lo épico 
y de lo histórico es caso único en la literatura europea. También 
*en la Crónica general se crea la prosa histórica castellana, antes 
que en ninguna nación latina, y en esta obra vemos, no un mero 



JQ2 LITERATURA ESPAÑOLA 

relato de las hazañas de los reyes, sino el reflejo de la vida nació- 

nal en forma popular. \ . /. . j u- ^ 

.,., Escribió además la ^Grande e general Estona (mtento de histo- 
ria universal) que se conserva en varios códices y no ha sido pu- 

blicada todavía. , . , 

Las PARTiDAS.-Este cuerpo legal se comenzó a escribir, según 
se expresa en el pródogo, eil 23 de junio de 1256, y se termino a los: 
siete o nueve años, pues en esto difieren las opiniones; parece pro- 
bable que el lugar en que se trabajó fué Sevilla, residencia ordina- 
ria de la corte, porque, además, los casos prácticos que se proponen 
se fijan en ella; algunos han indicado que en Murcia, residencia de^ 
Jácome Ruiz, se preparó esta obra; pero es poco probable tal 

opinión. 

En el prólogo se expresan los tres fines que se propuso Alton- 
so X en este Código: realizar la reforma legisJativa (anhelada 
ya por su padre), unificando la legislación; auxiliar a ios gober- 
nantes en sus funciones, y dar medios a todos de conocer d Dere- 
cho y la razón. 

Se han suscitado dudas sobre si es sólo un libro doctrinal de 
Derecho o se trata de un verdadero Código; las principales razo- 
nes que se alegan en favor de la primera opinión son que frecuen- 
temente cada precepto ilegal va acompañado de razonamientos (con 
que se trata de fundamentar lo mandado), y en que se dice en- 
el prólogo que se formaron las Partidas "para dar carrera a los- 
homes de conoscer el Derecho e la razón". Pero no son admisibles 
tales explicaciones, porque los razonamientos que acompañan a cada 
ley es procedimiento no extraño en otras épocas, equivalente al mo- 
derno de la exposición de motivos ; y porque algunas leyes (v. gr., 
la 6.», tít. IV, Part. III) mandan que "los pleitos los libren bien e 
lealmente (los jueces) por las leyes deste libro e non por otras". 

Respecto al autor o autores es cuestión obscura ; creemos que 
Alfonso X no es autor único de las Partidas, pues, en cuanto a la: 
forma, no hay unidad en ellas (unas leyes se caracterizan por su 
prolijidad y otras por su concisión), y en cuanto al fondo, se ha 
notado entre algunos, aunque pocos pasajes, tal o cual contradic- 
ción; además, Alfonso el Sabio, por sus preocupaciones políticas, 
guerras civiles, dificultades, etc., no se hallaba en las mejores cir- 
cunstancias para realizar esta empresa ; y parece que sus aficio- 
nes predominantes estaban en los estudios astronómicos. 
c lAzón, famoso jurisconsulto y catedrático de Bolonia, no es el 
autor, como han supuesto algunos, porque murió mucho antes de 
<[ae empezase la redacción del Libro de las leyes o Fuero de las^ 
leyes (título primitivo de las Partidas) ; además de que no es razo- 



LAS PARTIDAS IO3 

nabíe creer que se confiase a un extranjero (de dudosa compene- 
tración con el espiritu nacional) la redacción de un código, ha- 
biendo jurisconsultos eminentes en Castilla. Tampoco hay que peu' 
sar en los discípulos de este jurista, ni en los jueces de Sevilla; en 
cuanto a esto último Floranes ha indicado que Ferrán Mateos y 
Rodrigo Esteban, Alcaldes mayores de Sevilla y Gonzalo Ibáñez, 
de Todedo, pudieron ser los autores de las Partidas, por citarse 
sus nombres en los ejemplos alegados en varias leyes; pero no 
basta esto para atribuirles tal honor. Asimismo es inaceptable pro- 
poner, al efecto, el Consejo de Castilla, porque éste no fué creado 
hasta d reinado de don Juan I. Más probable, aunque no definitiva, 
es la opinión de los que creen que Jas Partidas debieron de ser 
elaboraxias por una comisión representada principalmente por los 
famosos jurisconsultos Maestro Jácome Ruiz, el de das leyes, el 
Maestro Roldan y Fernando Martínez; Jácome Ruiz escribió el 
libro Flores de las leyes, compendio de Derecho dirigido a la ins- 
trucción de Alfonso X, en la juventud de éste; varias leyes de la 
Partida III están tomadas de la Suma del Maestro Jácome Ruiz. 

La época en que las Partidas tuvieron fuerza legal, como có- 
digo, también ha sido discutida. Unos creen que no alcanzaron 
esta sanción hasta que se la dio la ley i.*, título 28, del Ordena- 
miento de Alcalá, cuerpo legal promulgado por Alfonso XI en las 
Cortes reunidas en esía ciudad en 1348; mientras que otros entien- 
den que el mismo Alfonso X sancionó las Partidas; a esto se in- 
clina Jovellanos en su carta, donde conjetura que d Rey Sabio de- 
bió de dar fuerza legal a este Código por su actividad y deseo de 
realizar la reforma legislativa, y hace notar que en cuanto a la 
sucesión a la Corona, muerto Alfonso X, este Código concedía di- 
cho derecho al Infante de la Cerda, hijo del primogénito del Rey 
y representante de los derechos de su padre, y no a Sancho IV, 
y que éste reinó por la fuerza de las armas y la victoria, y no por 
el derecho; por otra parte, si don Fernando de la Cerda invocó las 
Partidas fué porque tenían autoridad legal ; y, además, si algunos 
códices muestran notas y aclaraciones, es porque estas leyes se 
observaban, y de la práctica se debieron deducir tales comentarios. 

Tamíbién se ha discutido la integridad del texto primero, y se 
han preguntado algunos si las Partidas fueron corregidas o no, 
por Alfonso XI, al sancionarlas en las Cortes de Alcalá. Martí- 
nez Marina cree que en dichas Cortes se mantuvo el texto primi- 
tivo; pero la iley i.% tít. 28, del Ordenamiento de Alcalá parece indi- 
car lo contrario al decir: "Mandárnosla requerir e concertar e 
emendar en algunas cosas que compilan; et así concertadas, e 
emeridadas. . . dámoslas por nuestras leyes". Además, en algunos 



jQ. LITERATURA ESPAÑOLA 

códices antiguos, los cuatro primeros títulos de ia Partida I pre- 
stían un t^xto mucho más breve, que aparece fumiamentalmen- 
te ttiodificado en otros manuscritos. La Academia de la Historia 
opina que la modificación del texto primitivo, en tiempo de Alfon-, 
so XI fué sólo en algunos detalles y meramente accidental, porque 
si hubiera sido alterado profundamente resu'lta inexplicable el 
hecho de que en el Ordenamiento de Alcalá se hubiesen plantea- 
do reformas legislativas substanciales, en varias leyes, particular- 
mente en -lo relativo a contratos y testamentos. 

Véase alguna muestra de las leyes de este famoso código : 
En qué manera se deben vestir los caballeros: Paños de colores se- 
ñalados establescieron los antiguos que troxiesen vestidos los caba- 
lleros noveles mientra que fuesen mancebos, así como bermejos, o jal- 
des o verdes o cárdenos porque les diesen alegría; mas prietos o par- 
dos o de otra color fea que les feciese entristecer non tovieron por 
bien que los vestiesen : et esto fecieron porque las vestiduras fuesen 
más apuestas et ellos andudieseti alegres et les cresciesen los corazo- 
nes para seer más esforzados..." (Ley i8, tít. 21, Part. IL) 

Como ante los caballeros deben leer las hestorias de los grandes 
fechos de armas guando comieren. "...Ordenaron [los antiguos] que 
así como en tiempo de guerra aprendían fecho darmas por vista et por 
prueba, que otrosí en tiempo de paz lo aprisiesen por oída e por en- 
tendimiento: ct por eso acostumbraban los caballeros quando comien 
que les leyesen las hestorias de los grandes fechos de armas que los 
otros fecieran, et los sesos et los esfuerzos que hobíeron para saber ven- 
cer et acabar lo que querien. Et allí do non habien tales escripturas f a- 
cienselo retraer a los caballeros buenos et ancianos que se en ello acer- 
taron : et sin todo esto aun facien más, que los juglares non dixiesen 
antellos otros cantares sinon de gesta o que fablasen de fecho darmas. E1 
eso mesmo facien que quando non podiesen dormir, cada uno en su posa- 
da se f acie leer et retraer estas cosas sobredichas : et esto era porquí 
Oyéndolas les crescian Jos corazones et esforzábanse faciendo biei 
queriendo llegar a lo que los otros fecieran o pasara por ellos.' 
(Ley 20, tít. 21, Part. IL) 

Obras científicas. — Don Alfonso escribió o mandó escribir € 
Libro de las Tablas alfonsinas: los Libros del saber de Astrono 
mía que reformaron el sistema de Ptolomeo y que se mantuviere 
en das escuelas de Europa hasta fines de la Edad Media, y, adema: 
él Astrolabio llano, el Astrolabio redondo, el Lapidario y el Libr 
de la Esfera. 

Traducciones. — Mandó poner en castellano úa Biblia, el Alcorái 
d Talmud, la Cabala; más interesante para la historia literaria < 
la versión que se hizo por su orden del Calila e Dimna, de qi 
después se trata. 



CANCIONEROS GALLEGO-PORTUGUESES IO5 

17. Cancioneros gallego-portugueses. — "Non ha mucho tiempo 
— decía el Marqués de Santillana — qualesquier decidores e trovado- 
res destas partes, agora fuesen castellanos, andaluces o de la Extre- 
madura, todas sus obras componían en lengua gallega o portuguesa." 
Este aserto de Santillana se ha confirmado plenamente con el ha- 
llazgo de algunos cancioneros. Son éstos: el Cancionero de Ajuda 
<ed. de 1824 y de 1843 y de C. Michaélis, 1904) ; el Cancioneiro por- 
tugués da Vaticana (ed. Monaci, 1875, y ed., T. Braga, 1878) ; y eá 
Canzoniere portoghese Colocci-Brancuti (ed. Moflteni, 1880), lla- 
mado así por haberlo poseído d humanista del siglo xvi Angelo Co- 
locci y encontrarse en la biblioteca del Marqués Brancuti de Cagli. 

Las poesías de estos Cancioneros pueden agruparse en dos gran- 
des divisiones: las derivadas de la (lírica provenzal, remedada por 
las clases cukas y aristocráticas, de modo lánguido y fastidioso, 
y las inspiradas en la poesía popular indígena. A la primera cía- J 
se hay que reducir el Cancionero de Ajuda; su interés principal 
estriba en el desarrollo de la métrica; en él se encuentran obras de 
trovadores muy antiguos. A la segunda, pertenecen los otros dos 
•Cancioneros que demuestran, en frase de Menéndez Pelayo, que 
"hubo en los siglos xiii y xiv una poesía lírica popular de rara 
ingenuidad y belleza, como hubo una poesía épica, aunque en len- 
:gua diferente". 

La métrica es muy variada, viéndose versos de siete, de ocho, 
■de nueve silabas y hasta endecasílabos de los llamados de gaita ga- 
llega. Es muy frecuente en estos cancioneros la repetición para- 
lelística, como veremos después. 

Por su asunto, las poesías de los cancioneros gallego-portu- 
^eses son de tres clases : 

I.* Cantigas de amor, o de ledino, en que los caballeros se quejan 
de sus damas, o las mozas lamentan ía prohibición materna de ir 
a la romería, etc. Es bellísima la canción de Xuño Fernández Tor- 
Tieol: 

Levad' amigo que dormidas as nian-hanas frías ; 
todal'-as aves do mundo d'amor dizíam : 
leda m' and' eu. 

Levad' amigo que dormides l'-as frías manhanas ; 
todal'-as aves do mundo d'amor cantavam : 
leda m' and' eu... 

2.* Cantigas de amigo, así llamadas por la repetición de la voz 
amigo, equivalente a la de amante. Entre ellas vemos una especie de 
rondas o danzas {bcdndas en sentido provenzal), cuyo tipo puede ser 
el de la de Juan Zorro: 



j^ LITERATURA ESPAÑOLA ¡ 

Bailemos agora, por Deus, ay velidas, 
d'aquestas avelaneyras f rolidas ; 
e quem for velida como vos velidas, 
se amigo amar, 

so aquestas avelaneyras granadas 
verrá baylar. 
Otnas tienen asuntos marinos, como alguna de Martín Codax, O' 
de caza, como la de Pero Meogo : 

Tal vay o meu amigo Tal vay o meu amado, 

com amor que Ih'eu ey, madre, com meu amor, 

como cervo ferido como cervo ferido 

de monteyro del Rey. de monteyro mayor. 

Algunas, llamadas villanescas o vilanas, son vaqueras o pasto- 
relas, antecedente de las serranillas castellanas: taks, varias dd 
rey don Díonís, de don Juan de Aboim, de Airas Nunez y Juan 

Airas. 

Notables son las cincuenta y tres cantigas de amigo del rey don 
Dionís (autor de otras setenta y seis al modo provenzal). 

¡Ay flores, ay flores do verde pino, 
se sabedes novas do meu amigo. 
¡Ay Deus, e hu é? 
Ay flores, ay flores do verde ramo, 
se sabedes novas do meu amado. 
¡Ay Deus, e hu é? 
Se sabedes novas do meu amigo, 
aquel que mentíu do que pos comigo?... 

3.» Cantigas de escarnio y de maldecir, sátiras contra hidalgos, 
juglares, obispos, crónica escandalosa de ia corte, "rudísima imita- 
ción del serventcsio provenzal, pero con tono mucho más plebeyo, cí- 
nico y tabernario" (M. P.). Este género pasó a los cancioneros poste- 
riores con el nombre de obras de hurlas. Es graciosa la composición 
deil rey don Dionís a una doña Berenguela, que cambiaba de nombre 
cada vez que mudaba de amante. Las hay hasta dcl mismo Rey Sabio. 

Importa consignar que en el Cancionero de Colocci-BrancuH 
tienen ya cabida varios lays bretones, viéndose otros rastros de es- 
te ciclo novelesco; y que la única composición castellana del Can- 
cionero, obra de Alfonso XI, es la más antigua poesía trovadores- 
ca castellana de autor conocido. 

En las cantigas de amigo ha creído el señor Menéndez Pidal 
encontrar el antecedente de los villancicos de amigo castellanos. 



BIBLIOGRAFÍA IO7 

BIBLIOGRAFÍA 

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J. Cejador, El cantar de Mió Cid y la epopeya castellana, en Rcv. Hispanique 
(1920), XLIX, ij. Bedier, Les légendes ¿piques. París, 1908-1913, 4 vols. — 
2. Ed. R. M. Pidal. Madrid, 1908-1911; ed. Archer M. Huntington. New 
York, 1897-1903, con trad. inglesa; ed. con versión de A. Reyes. Madrid, 
Calpe, 1919; ed. J. S.-A. Damas-Hinard, con trad. francesa. París, 1858; 
ed. F. Janer, B. A. E., t. LVII. R. Dozy, Rechcrches, Leyden, 1882. J. 
Puyol, El Cid de Docy, en Reí'. Hispanique, t. 23. A. de los Ríos, Exac- 
titud histórica y geográfica del Poema del Cid, en Rev. Europea, t. 14, 
págs. 589-625, y Rev. de España, t. 71, pág. 517; t. 71, págs. 63,482; t. 73, 
pá.?- 333- M Serrano y Sanz. E.ractitud geográfica del P. del C, en Rev. 
de España, t. 62, págs. 428-434 ; F. Araujo, Gramática del P. del C, Madrid, 
1897; R. M. Pidal, El P. del C. y las Crónicas generales, en Rev. Hispanique 
/"iSgS), V, 435 ; E. de Hinojosa, El derecho en el P. del C, en Homenaje a 
Menéndez y Pelayo, Madrid, 1899, I» 55 1- M. Pelayo, Tratado de los roman- 
ces viejos, en Antología, XI, 290. R. M. Pidal, Autógrafos inéditos del Cid 
y de Jimena en dos diplomas de J098 y iioi, Rev. de Filología, II, págs. 1-20. 
M. Malo de Molina, Rodrigo el Campeador. Estudio histórico. Madrid, 1857. 
C. Moreno García, El Cid en la Literatura española, Rev. Contemporánea^ 
189I, III, 337. R. M. Pidal, El Poema del Cid. Valor artístico del poema. Rev. 
Libros, 1913, I, 5-1 1. X. Correal, El Cid: su personalidad en la Historia, en 
el Romance y en la Beneficencia. (Conferencia, 1918.) G. Cirot, Biographie du 
Cid, par Gil de Zamora (xiii* siécle), Bul. Hispanique ("1914), XVI, 80. José 
Zorrilla, La leyenda del Cid. — 3. R. M. Pidal, La leyenda de los Infantes de 
Lara. Madrid, 1896. M. Pelayo. .'» España Moderna. 1808. Gastón París, Los 
Siete Infantes de Lara. Rev. de Paris, 15 nov. 1898. B. L. Foseólo, Una reda- 
sione inédita della legenda degli Infanti di Lara. StMed, 1912-1913, IV, 231- 
253. — 4. Ed. T. Puyol. Madrid, 1912, y estudio. — 5. Ed. y est. de R. M. Pidal 
en Rev. Filología (1917), IV, 105. — 7. Ed. Foulché-Delbosc. Barcelona, 1908 
(textos castellanos antiguos, t. I): B. A. E.. t. LVII. M. Pelayo, Antología, 
II, 27. A. T. Baker, í'ü? de Sainte Marie l'Egyptienne. RLR, 1917, IX, 145- 
401. — 8. B. A. £.. t. LVII; facsímile del ms. de El Escorial. New York, 
1904. M. Pelajo, Antología, II, 27. — 9. Ed. B. A. E., t. LVII. C. Carroll Mar- 
den, Note on the te.vt of the L. de A., en Modern Language Notes (1903), 
t. XVIII, col. 18-20. C. C. Marden, Unos trozos oscuros del L. de .4., Rcv. 
Filología, 1916, vol. III, 290-297. M. Pelayo, Antología, II, 58. G. R. S. Mead. 
Af-olonio de Tyana. Estudio crítico. — 10. P. M. Vélez, Temas de historia crí- 
ticolit eraría. España y América, 1914, XII, 3. [Caracteres de la poesía erudita 
de Castilla en el primer período de su historia.] M. Pelayo, Antología, II, 31- 
58. Poesías. B. A. E., t. LVII; La vida de Santo Domingo de Silos, ed. J. D. 
Fitz-Gerald, Paris, 1904; El Sacrificio de la Misa, ed. A. G. Solalinde, Ma- 
drid, 1913; R. Eecker, Gonzalo de Berceos Milagros und ihre Grundlage, 
Straspburír, 1910; R. Lancheras, Gramática y vocabulario de las obras de G. de 
B.. Madrid, 1903; N. Hergueta, Documentos referentes a G. de B., en Rev. 
.í¡-chivr>s (1904), X. 178; F. Fernández y González, en La Racón (Ma- 
drid, 1860), I, 223, 306, 393. Fr, G. Antolín, El monasterio de San Millón 
de la Cogulla, en El Buen Consejo, t. IX. M. Ferotin, Histoire de l'abbaye 
de Silos. Paris, 1897. El monasterio de San Miilán de la Cogolla, en Sema- 
nario Pintoresco Español, 1846 y 1855, págs. 89 y 337. — 11. Ed. A. Morel- 
Fatio, Dresden, 1906, y ed. B. A. E., x. LVII. A. Morel-Fatio, Recherches 



108 LITERATURA ESPAÑOLA 



.sur 
cías 



• le texte et les sources du L. de A., en Romanía (1875). IV, 7- M. Ma- 
..„s Juan Lorenzo Segura y el Poema de Alexandre. Orense, 191 3- F. Guillen 
Robles, Leyendas de José y Alejandro. Zaragoza, 1888. R. M. Pidal, El Libro 
de AUxandre, en Cultura Española, V, 22. Fr. F. Blanco Garcia, El derogo 
Juan Lorenzo de Segura y su Poema de Alejandro, en La Ilustración Car 
tólica t s."— 12. Ed. C. Carroll Marden, Baltimore, 1904; ed. B. J. Gallar- 
do, Ensayo, etc., Madrid, 1863, I, col. 763; ed. B. A. E., t. LVII. M. Pela- 
yo. Antología, III, 12. El Conde Fernán González, en Semanario Pintoresco 
Español, 1836, páR. 18; 1846. pág. 109.— 13- J- Ribera y Tarrago, Discurso de 
recepción en la R. Acad. Española IBl Cancionero de Abencuzmán']. Ma- 
drid, 1912. R. Menéndez Pidal, La primitiva poesía lírica española (Discurso 
de inauguración en el Ateneo), Madrid, 1919-— 14- R- Menéndez Pidal, Texto 
y estudio, en Rev. de Filología, 1914. L 56-96.-15. F.d. R. M. Pidal, en Rev. 
Hispanique (1905), XIII, 602; ed. M. Pelayo, ^«ío/ofiíía. I, 1-6; Cf. Antolo- 
gía, II, 28.— 16. Alfonso X, Las Siete Partidas, ed. R. Academia de la His- 
toria, Madrid, 1807, 3 vols. ; Opúsculos legales, ed. R. Acad. de la Hist., 
Madrid, 1836, 2 vols.; IJbros del Saber de Astronomía, ed. M. Rico y Si- 
jioijas, Madrid, 1863-1867, 5 vols.; Lapidario, ed. J. Fernández Montaña, 
Madrid, 1881 ; Cantigas, ed. Acad. Española (Prefacio del Marqués de Val- 
mar), Madrid, 1889, 2 vols. J. Vargas Ponce, Elogio del Rey D. Alonso el 
Sabio. Don Alonso el Sabio, en Semanario Pintoresco Español, 1845. M. 
Macías, Dónde pasó su infancia Alfonso el Sabio, Bol. de la Com. de Mo- 
numentos, Orense (1920), VI, 249. J. Pérez de Guzmán, La biblioteca de 
constdta de Alfonso el Sabio, en Ilustr. Esp. y Am„ 1905, Ii i3i- A. G. So- 
lalinde. Intervención de Alfonso X en la redacción de sus obras, en Rev. de 
Filología (1915), II, 283. E. Garcia de Gregorio, Las cantigas del Rey Sabio, 
en El Siglo Pintoresco (Madrid, 1845- 1847). M. Pelayo, Las cantigas del 
Rey Sabio, en Ilustr. Esp. y Ani., 1895, págs. 127, 143, 159. A. Cotarelo. 
Vna cantiga célebre del Rey Sabio. F. Fita, La cantiga 6g de Alfonso el 
Sabio; fuentes históricas, en Bol. Acad. Hist., XV, 79. Cantigas, en Revista 
Ibérica, IV, 304-468. P. Aguado Bleye, Santa María de Salas en el siglo xiii. 
Flstudio sobre algunas cantigas de A. el S. Bilbao, 191 6. La Crónica general, 
-éd. R. M. Pidal, en N. B. A. E., t. V. R. M. Pidal (Discurso en R. Ac. de 
la Historia), Madrid, 1916. J. F. Riaño, La Crónica general, de Alonso el 
Sabio (Discurso en Acad. de la Hist.). M. de Mondéjar, Memorias históricas 
del Rey D. Alfonso el Sabio y observaciones a su Chrónica. Madrid, 1777. 
[Libro escrito con mucha erudición y crítica. Los errores y anacronismos de 
la Crónica se encuentran en esta obra corregidos, y explicados muchos suce- 
■sos de que apenas se hace mención en aquélla.] Libros del saber de Astrono- 
mía, ed. M. Rico y Sinobas. Madrid, 1863. Lapidario, con prólogo de don 
José Fernández Aíontaña. Madrid, 1881. Partidas, ed. de J. Berni y Cátala, 
•con las glosas de Gregorio López. Valencia, 1767. Diccionario alfabético y 
ortográfico de las voces que en sus siete célebres Partidas usó el Rey D. Alon- 
so el Sabio, publicado por el licenciado Diego Pérez Mozún. Madrid, 1790. 
■Opúsculos legales. Ed. de la Real Academia de la Historia. Madrid, 1836. — 
17. M. Pelayo, Antología, III, 1-15. R. M. Pidal, La primitiva lírica españo- 
la. Madrid, 1919. Cancionero de la Vaticana, ed. T. Braga. Lisboa, 1878; 
■Cancionero Colloci-Brancuti, ed. Molteni. Halle, 1880; Cancionero D'Ajuda, 
^. C. Michaelis. J. Valera, El canc. portugués de la B. Vaticana, en Defensa 
■ de la sociedad (revista), t. XII, pág. 749. Cancionero de Martín Codcix, re- 
producción fotográfica, por P. Vindel, 1914. J. Ribera y Tarrago, El Can- 
■cionero de Abencuzmán. M. de Sabuz, De literatura galaica: Los trovadores 
.gallegos, Esp. y Am. (1916), 481; (1917), IV, 299; (1918), I, 100. 



CAPITULO V 

E. Historia: i. Cronicones en castellano. — 2. Lucas de Túy. — 
3. Den Rodriqo Jiménez de Rada. — 4. Alfonso X, — 5. La Grcm 
Conquista de Ultramar. 

1. Cronicones en castellano. — «En la misma forma seca y es- 
cueta de apuntar sucesos y fechas que empleaban los cronicones la-7 
tinos aparecen escritos algunos cronicones en castellano. Merecerr 
citarse los dos de Cárdena, que el primero abarca desde 856 a 13:27,- 
y el segundo comprende hechos desde la época de Alfonso el Casto • 
(791-842). 

Más importancia tienen los tres Anales Toledanos. Los prime- 
ros dan noticias desde Cristo, y especialmente desde el siglo ix 
hasta 12 19, extendiéndose en las referentes a Alfonso VI hasta la 
época de Fernando III. Los segundos, que emplean el cómputo de 
la hégira. empiezan con la genealogía de Mahoma y venida de Ios- 
moros a España, llegando hasta 1250. Los terceros, escritos de va- 
rias manos y con maia cronología, dan noticias en general del si- 
glo xiii. Todos estos Anales iban siendo redactados a medida que 
los sucesos se desarrollaban; y dicho está que son anónimos. 

2. Lucas de Túy (f 1249). — Canónigo regular del convento de. 
San Isidro de Túy; amigo de San Pedro González y de Frate Eiia^ 
discípulo predilecto de San Francisco de Asís, estuvo en Roma, Je-- 
rusalén, Constantinopla, Francia, etc. Propagada en España la here- 
jía albigense, vofivió a combatirla, y escribió "De altera vita fideique 
controversiis adversus albigensium errores libri III", obra tejida de- 
sentencias y ejemplos tomados de Los diálogos y los Morales de San. 
Gregorio, y del tratado de Snmmo bono de San Isidoro. Fué obispo, 
de Túy (1239-49). Además de los Milagros de San Isidoro, escribió,., 
por orden de la reina doña Berenguela, el Chronicon mundi. 

En el libro I trata la historia de la humanidad, hasta Heraclio, mez- 
clando las noticias de los hebreos, Grecia, Roma, etc. El II es la histo- 
ria de los Suevos y de los Godos de San Isidoro. El III contiene la con- 
íinuación de esta historia por San Ildefonso y San Julián. Y el IV com-- 



jjQ LITERATURA ESPAÑOLA 

orende la histeria de España desde la invasión musulmana hasta la con- 
. quista d! Soba por lan Fernando (1236), siguiendo la cronología de 

'"' Utüía las obras de Sa.mpiro, Pelayo y otras crónicas anteriores ; 
y a medida que narra hechos más modernos, resulta mas de aliado y 
Lmpkto. Eli valor histórico de esta obra es ^^^^.^^%\^^^^ll 
cronicones ya citados: hay que contrastar las noticias. Su latin es 
dlaro y sencillísimo. 

3 Don Rodrigo Jiménez de Rada.-hE.1 más notable historiador 
antes de Alfonso el Sabio es don Rodrigo Jiménez de Rada (1170- 
1247) Natural de Puente la Reina (Navarra), hijo de Jimeno Pérez 
• de Rada v de Eva Finojosa, estudió las artes liberales y la teología en 
París- a 'raíz de la derrota de Marcos (1195) Pasó a Castilla, adqui- 
riendo gran ascendiente en la corte de Alfonso VIII. A instancias de 
éste fué propuesto en 1207 para obispo de Osma, y antes de ser con- 
sagrado, fué elegido arzobispo de Tclledo en 1209, y confirmado por 
Inocencio III en 1210. Parece probable que a su iniciativa se debió 
d establecimiento de Ja Universidad de Pa'lencia (1209), e inter- 
vino decisivamente en la preparación de la cruzada contra los al- 
mohades, que concluyó con la victoria de las Navas de Tolosa. 
Muerto Alfonso VIII, de quien fué testamentario, asistió, según 
; algunos, al IV Concilio Lateranense (1215). Canciller mayor de 
Castilla y León, iniciador del Consejo real y maestro de (los hijos 
de San Fernando, cúpoile la gloria de inspirar ©1 plan de la cons- 
trucción de la Catedral de Toledo, comenzada en 1226. Rico por 
las donajciones regias, caritativo con sus fieJes y vasallos, prote- 
gió diversos monasterios, entre todos al de Santa María de Huer- 
. ta, donde está enterrado, cumpliendo su deseo manifestado en tes- 
tamento hecho en París en 1201. A este monasterio donó su bi- 
bliofteca, de la cual se conservan restos en la del Instituto de Soria, 
y anotamos como detalle curioso que su momia, bastante bien con- 
servada, aún viste un riquísimo traje de seda, con dibujos e ins- 
• cripciones árabes, único completo conservado de tan remata fecha. 
Además de un compendio de historia sagrada, titulado Bre- 
viarium Ecclesiae Catholicae, conservado manuscrito en la biblio- 
teca de la Universidad de Madrid, notable por sus miniaturas, es 
: autor don Rodrigo de dos obras importantísimas : la Historia Go- 
thica o De rchiis Hispaniae, y Ja Historia Arabum. 

La Historia Gothica, escrita a instancias del rey don Femando y con- 
cluida en 1243, dedica el libro primero a los tiempos fabulosos y domi- 
nación romana; se ocupa después de los visigodos hasta Wamba "(li- 
;^bro II) ; sigue luego la narración de la invasión musulmana, donde acep- 



JIMÉNEZ DE RADA III 

"ta las leyendas de la Cava y del palacio encantado de Toledo, a la vez 
que utiliza, acaso el primero, las fuentes árabes (lib. III) ; en el período 
•desde Pelayo hasta los jueces de Castilla (lib. IV) admite las leyendas 
de las cien doncellas, de Clavijo y de la Cruz de Alfonso el Casto, a la 
vez que rechaza la fábula de la conquista de toda España por Carlo- 
magno. El principio y desarrollo de la monarquía central frente al des- 
censo del poder islámico, hasta la conquista de Toledo (1085) y la muer- 
te de Alfonso VI, ocupan los libros V y VI, narrando las hazañas de 
los héroes populares, como Fernán González y el Cid ; siguen las cara- 
pañas contra los almorávides y los almohades, que concluyen con la glo- 
riosa victoria de las Xavas (lib. VII) ; y termina (lib. VIII) describiendo 
con todos los pormenores este memorable suceso, descripción que es del 
mayor interés, tanto por la magnitud del hecho relatado como por ser 
<"' narrador actor principal en dicho episodio. 

La Historia GotJiica, escrita en latín literario y elegante frente 
al sencillísimo de Lucas de Túy, marca un gran avance sobre los 
rudos y concisos cronicones anteriores o coetáneos; se notan en 
ella ciertos atistbos de crítica en el uso de las fuentes, al rechazar 
muchas fábulas y leyendas, aunque acepte algunas, entre ellas la 
de Roncesvalles y las antes citadas; fija la cronología, escasamen- 
te puntuallizada en el Chronicou Mutidi y en la misma Estoria de 
Alfonso X. Utilizada por este rey en sus obras, traducida ail cata- 
lán en 1266 por Pedro Ribera de Parpejá. La Historia Gothica fué 
editada por vez primera en Granada en 1545. luego en 1603 y, por 
fin, en 1793 por el cardenal Lorenzana. Bajo el título de Estoria de 
los Godos, se hizo un arreglo y una traducción de esta obra al pa- 
recer por persona distinta del autor, según opinión de algunos crí- 
ticos. 

La Historia Arahum abarca desde el principio y origen de Máho- 
ma con la exposición de su biografía (incluye ya la leyenda de la ascen- 
sión al cielo) y la historia del islamismo oriental. Concretándose a Es- 
paña, hace la historia del Califato, de Almanzor y, con más extensión, 
desde las guerras civiles que precedieron a los reinos de Taifas, de los 
almorávides y concluye con la monarquía de Yusuf ben Texufin (a. 539 
de la hég.). La cronología va en años de la hégira y muestra conocimien- 
to bastante exacto de las fuentes árabes. 



4. Alfonso X: Crónica general y Grande e general Estoria.' — 
Véase e3 núm. 16 del cap. I\" (pág. 99). 

5. La Gran Conquista de Ultramar. — Véase eÜ núm. 9 de este 
capítulo (pág. 114). 



112 LITERATURA ESPAÑOLA 

F. Novela: 6. Pedro Alfonso.— j. Calila e Dimna.—S. Sendehar. — 
9. La Gran Conquista de Ultramar.— \o. El Caballero Cifar. 

6. Pedro Alfonso.— El judío de Huesca Rabí Moisés Sefardí, 
bautizado en 1106 y llamado Pedro Alfonso, por ser su padrino Al- 
fonso I el Batallador, escribió, acaso en árabe, y él mismo puso en. 
latín, una obra muy conocida en la Edad Media, titullada Disciplina 
clericalis. Es una colección de 33 cuentos, orientales, inspirados en 
Honain, en Mobaxir y en el Libro de los engannos. El texto latino 
fué editado por vez pimera en París, 1824, bajo la dirección del abad 
De Labouderie, y ha sido reproducido en la Patrología latina de- 
Migne, voll. 157. Fué traducido al hebreo, al francés, al alemán y al 
catalán. En castellano, a más de una versión que Amador de los Ríos 
prometió publicar, fué incorporada en su totalidad en el Libro 
de los enxemplos, aunque con un orden distinto. Véanse algunos 
cuentos de esta col'eoción: 

: El medio amia o. Un árabe, que sólo ha tenido en su vida un medio 
amigo, recomienda al morir a su hijo, que se jacta de tener cien ami- 
gos, que los someta a prueba. Siguiendo su consejo, se echa a la espalda 
un saco ensangrentado en que ha metido el cuerpo de un becerro y,, 
fingiendo que ha matado un hombre, va a pedir a sus amigos que entie- 
rren el cadáver en su casa. Todos lo rechazan; menos el medio amigo 
dé su padre que se presta a ocultar el cuerpo muerto. [Cuento I : Luca- 
nor, 48.] 

El Pan. Dos cortesanos y un rústico van a la Meca, y al fin de su 
viaje no les queda ya más que un pan. Queriendo engañar al rústicor^ 
los cortesanos proponen que se coma el pan aquel de los tres que tenga 
un sueño más extraño. El rústico, recelando el engaño, se come el pan 
a medio cocer. Un cortesano se despierta y dice que ha soñado que dos 
ángeles lo llevaban al cielo; el otro, que dos ángeles lo conducían al 
infierno. El rústico, despertado por ellos, dice que habiendo visto en 

sueños que uno de ellos se iba al cielo y el otro al infierno, no espe- 
rando ya verlos se había comido el pan. [Cuento 17 : Libro de los enxem- 
plos, núm. 27.] 

Hablamos aquí de la Disciplina clericalis, obra escrita en latín, 
porque es probablemente el primero de los conductos por el que 
llega a nosotros el apólogo oriental, y de lia Discipina clericalis han 
tomado algunos cuentos Vicente de Beauvais, en el Speculum his- 
toríale; don Juan Manuel, Boccaccio, el Arcipreste de Hita, Ti- 
moneda, etc., sin contar otras colecciones similares que también 
lo han utilizado. 

7. Calila e Dimna. — ,Siendo infante don Alfonso el Sabio, pro- 
bablemente en el año 1251, mandó traducir del árabe al castellano eJ 



CALILA E ÜIMNA II3 

Libro de Calila e Dimna. Es este libro una colección de fábulas in- 
dias recogidas por Barzuyeh, médico de Anuxirvan o Cosroes I, rey 
de Persia (531-579), traducidas al árabe hacia d año 750 por Ab- 
dalá Benalmocafa; del árabe se tradujeron después al siríaco, al grie- 
go, al persa, al hebreo y al castellano. La versión hebrea fué traduci- 
da al latín por Juan de Capua, con d título de Directorium vitae hu- 
nianae. Esta versión y la castellana son las que mejor reproducen 
el texto de Benalmocafa. 

El título de la coflección lo ha dado, impropiamente, el primer 
cuento, tomado del Panchatantra, que es el más largo y el más in- 
teresante, en que se refieren 'las aventuras de dos lobos hermanos. 
Calila y Dimna, en la corte del león, que tiene por privado a un 
buey, llamado Senceba; Dimna induce por malas artes al león a 
que mate al buey; pero, denunciado Dimna, manda el león que lo 
juzguen, y es condenado a morir de hambre y sed en su calabozo. 

Contiene, además, otros varios cuentos que se van enlazando 
entre sí, aunque enteramente independientes del de Calila, como 
el de los cuervos y los buhos, del gato y del ratón, del religioso y 
.su huésped, etc., hasta catorce capítulos. 

En la narración de cada uno de estos cuentos se intercaJati 
otros varios; por lo cual es ésta una de las mejores y más exten- 
sas compilaciones de fábuílas orientales. 

Véanse, en extracto, a'lgunos de sus cuentos: 

Una rata, metamorf oseada en mujer, es criada por un ermitaño que 
quiere casarla con el ser más fuerte. Acude al sol, quien le contesta que 
más fuertes son las rubes que lo obscurecen ; las nubes dicen que más 
fuerte es el viento que las arrastra; el viento replica que es más fuerte 
la montaña que lo detiene ; y la montaña dice que más fuerte es el ratón 
que la socava. El ermitaño ruega al ratón que se case con la mujer; 
pero éste pone por condición que se torne rata, como sucede. 
(Influye en Lope de Vega, El ejemplo de la paciencia.) 
Un religioso, ahorrando la miel y la manteca que le daban de limosna, 
la metió en una jarra, que colgó a la cabecera de su lecho. Habiendo 
encarecido la miel y la manteca, él hacía cuenta de venderlas, pensando 
en comprar cabras ; con los productos compraría vacas, labraría después 
tierras; luego se casaría con una mujer rica, de la cual tendría un hijo 
varón, a quien educaría muy bien ; y si el niño era díscolo le pegaría 
con una vara. Y acompañando la acción al pensamiento, levantó la oue 
tenía en la mano, y rompió la jarra, derramándose la miel y la manteca. 

En este cuento se inspira la conocida fábula de La Lechera, cuyo 
asunto reproducen La Fontaine, Samaniego y otros, Raimundo Luíio 
tomó de esta misma fuente el libro Vil del Libre de les marav cites; 
el infante don Juan Manuel utilizó en su Conde Litcanor algún apó- 

8 



114 LITERATURA ESPAÑOLA 

logo del Calila y en el Libro de los gatos y «1 de los enxemplos tam- 
bién se copian algunas de sus fábulas. La importancia de esta co- 
lección puede juzgarse por el hecho de haber sido traducida a más 
de cuarenta lenguas. 

Con d título Exemplario contra los engaños y peligros del mun- 
do se hizo una versión castellana anónima, sobre la latina, y fué 
editada por vez primera en Zaragoza, 1493, y muy repetida duran- 
te eí siglo XVI. La mejor edición moderna es la hecha por don José 
Alemany (Madrid, 1915) en vista de dos manuscritos de la Bibliote- 
ca del Escoriaü, traducción de Abenalmocafa, y de los textos árabes 
más completos. 

8. Sendebar. — ^Bl Sendebar es, como el Calila, de origen indio. 
Llegó a Europa por dos caminos: uno, grupo occidental, Syntipas, 
del cual proceden la Historia de los diez visires, y el Dolophatos 
o Historia de los siete sabios de Roma; el otro, grupo oriental, si- 
guió este camino: texto pehlvi, persa, siriaco, árabe y castellano; 
perdidos todos menos el castellano, éste tiene el mérito de poderse 
considerar hoy como la versión más cercana de la fuente. El infante 
don Fadrique, hermano de Ailfonso el Sabio, mandó traducir del 
árabe, en 1253, esta obra, dándole el título de Libro de los engañ- 
itos et los asayamientos de las mujeres. 

En su primitiva forma hispanoarábiga queda reducido a vein- 
tiséis cuentos, enlazados entre sí por una ficción semejante a la 
de las Mil y una noches. 

Un príncipe es acusado por su madrastra de haberla querido violen- 
tar; el Rey, su padre, lo condena a muerte; pero la ejecución se dilata 
por siete días, en los cuales disputan la acusadora y siete sabios. Todos 
los cuentos que éstos recitan tienden a demostrar los engaños, astu- 
cias y perversidades de la mujer. W octavo día se cumple el plazo del ho- 
róscopo que anunciaba al Príncipe un gran peligro si hablaba; renuncia 
a su fingida mudez, se justifica ante el Rey, y la madrastra es condenada 
al fuego. 

Estos cuentos de forma gnave y doctrinal, son livianos en el 
fondo, sin llegar al cinismo grosero de los fabliaux franceses ni 
a 'la procacidad de Boccaccio. 

9. La Gran Conquista de Ultramar. — Es una historia de las 
Cruzadas, traducida en tiempo de don Sancho IV. que comprende 
cuatro libros, con más de i.ioo capítulos. Empieza con la noticia 
del califa Omar y describe extensamente las hazañas de Godofre- 
do de Bouillon, la conquista de Jerusalén, la creación de las ór-- 



GRAN C0NQLI5TA DE ULTRAMAR 115 

denes del Temple y de los Hospitalarios y ilas expediciones de Jos 
cruzadas en Egipto, Trípoli y Túnez. Hoy tiene más valor que por 
su fondo histórico por las leyendas que se intercalan. Parece que el 
compilador de esta obra tuvo presente, según P. Groussac, el Román 
d'Eraclc, traducción francesa de la Historia rerum in partibus trans- 
marinis gestarum, de Guillermo de Tiro (m. 1184). Contiene frag- 
mentos de varios poemas franceses, relativos a las cruzadas, tales 
como la Chanson de Jerusaleni y la Cansó d'AntiocJia, refundición 
de un original de Gregorio Bechada, poeta provenzal. En La Gran 
Conquista está incluida, para explicar la genealogfía de Godofre- 
do, la bellísima leyenda de 

El caballero del cisne. La infanta Isomberta, por esquivar un matri- 
monio que sus padres le imponían, huyó de su casa y navegando en una 
barca llegó a unas riberas, donde el conde Eustacio estaba cazando. 
Perseguida por los perros de la jauría, refugióse en el tronco hueco de 
una encina, donde la encontró el Conde, dueño de aquella tierra. Eus- 
tacio se casa con la Infanta, contra la voluntad de su madre, que odia 
a su hija política. Ausente el Conde en la guerra, Isomberta da a luz 
siete niños de un parto, a cada uno de los cuales un ángel le coloca un 
collar de oro al cuello. La suegra hace creer al padre que ha dado a 
luz la Infanta siete podencos, y manda matar á la madre y a los siete 
recién nacidos, por ser presunta adúltera la mujer que tuviese más de 
un hijo en un solo parto. El caballero Bandoval no cumple este terrible 
encargo y abandona a los niños en un monte, donde una cierva los cría 
f los ampara un ermitaño con el cual van a pedir limosna seis, quedan- 
lo el otro en casa. La madrastra los reconoce y aprisiona y manda ma- 
arlos; y al quitarles los collares, para ejecutar la sentencia, se convier- 
en en cisnes y se escapan volando. La Condesa ordena fundir los co- 
lares para hacer una copa; el platero sólo con uno tuvo oro suficiente 
)ara la obra encargada y se guardó los cinco restantes. Los niños, trans- 
formados en cisnes, se refugiaron en un lago cerca de donde vivía el 
:rmitaño con su otro hermanito. 

Vuelto el conde Eustacio de la guerra, tras diez y seis años de au- 
encia, tuvo que cumplir la ley contra su esposa, acusada de adulterio, 
ue había de morir si no se presentaba un caballero que la defendiese 
matase al acusador. Dos días antes del plazo fatal, un ángel reveló 
1 ermitaño la situación de Isomberta; el ermitaño envió a su hijo — el 
éptimo infante — a la lucha; éste venció al acusador y fué reconocido 
orno hijo del Conde. Eustacio ordena que la suegra sea emparedada y 
ue traigan los cisnes; conforme se les ponen los collares, van tomando 
1 figura humana, pero como faltaba un collar, que fué fundido, un 
isne no se transformó en hombre. El mozo que lidió por la honra de 
u madre recibió la gracia de "vencer en todas las batallas que se ha- 
an contra dueña inocente", y su hermano, que continuó en forma de 



jj5 literatura española 

cisne, la de "guiarle a todos los lugares donde tales batallas habían de 
tener' efecto". Por eso se llamó el Caballero del Cisne. 

Una de las dueñas defendidas por el Caballero del Cisne fué la Du- 
quesa de Bullón, cuyas tierras tenía ocupadas el duque Raines de Sajo- 
uia; el intruso fué vencido en lucha con el del Cisne, que tomó por es- 
posa a Beatriz, hija de la Duquesa, con condición de que "nunca le pre- 
guntará quién es, ni de qué tierra, ni cómo ha nombre, porqiie, des- 
de el momento en que lo hiciera, de allí a nueve días, partiría para 
siempre, y no le vería más". Pero Beatriz, impresionada por las caba- 
llerescas proezas de su esposo en las guerras con los de Sajonia, no 
puede reprimir su curiosidad, y un día le pregimta su nombre y su pa- 
tria. El Caballero se aleja de ella en el bajel tirado por el cisne, y hasta 
el hechizado cuerno de marfil, última prenda de cariño que a la curio- 
sa mujer le fuera dejada por su marido, lo arrebató el Cisne, en castiga 
de no haberlo guardado como debiera. 

Esta leyenda apareció en Alemania (1200) con el nombre d; 
Lohengrin, y ha sido renovada en la célebre ópera de Ricardo 
Wagner. 

En La gran Conquista áe Ultramar se hallan intercalada i otras 
leyendas interesantes, como la de Baldovín y la Sierpe; k de Har- 
píií de Bourges y los ladrones ; y la de Maynete, que también se cita 
en la Crónica general: 

'Carlos, por. otro nombre Maynete, hijo de Pepino, rey de Francia^ 
vino a la corte de Galafre, rey moro de Toledo. Galiana, hija de Gala- 
fre, se prendó de Carlos y le rogó se la llevara a Francia y se casara con 
ella. Maynete y los suyos ayudaron a Galafre en la guerra que le hacía 
el moro Bramant, con quien luchó y a quien venció Carlos, quitándole la 
espada Diu-andarte. Muerto Pepino, Maynete huyó a Francia, tomando 
la precaución de herrar los caballos al revés para despistar a quienes lo 
persiguieran. El conde don Morant se llevó de Toledo a Galiana, no sin 
luchar varias veces con los moros que se la querían quitar, y llegaron a 
París, donde Maynete desposó a la mora, después de convertirse al cris- 
tianismo: entró en posesión del reino y fué llamado Carlos el Grande. 

10. El Caballero Cifar. — Esta obra, titulada Historia del Ca- 
ballero de Dios que havía por nombre Cifar, el qual por sus virtuo- 
sas obras e hazañosas cosas fué Rey de Mentón, transmitida a nos- 
otros por dos códices (de París y de Madrid) e impresa en Sevi- 
lla por Jaoobo Cromberger (1512), es el libro de caballerías más 
antiguo, de fecha conocida. Por las indicaciones que constan en 
el prólogo, referentes al viaje a Roma del Arcediano Ferrant Mar- 
tínez, debe colocarse esta obra entre 1299 y 1305; el libix) es anó- 
nimo (aunque no es imposible que Ferrant Martínez fuese su au- 
tor) y se dice en e3 prefacio (como era corriente en libros- de caba- 



EL CABALLERO CIFAR lij 

Herías) que de un original caldeo fué traducido al latín, y del la- 
tín al castellano, siendo tan fantástico el supuesto original como 
ia versión latina. 

No es un libro de caballerías puro, sino una obra extraña y 
miscelánea en que se combinan elementos hagiográficos, caballe- 
rescos y didácticos, que deben distinguirse: 

I. En cuanto a los primeros, se reproduce aquí ila leyenda po- 
pular de origen griego de San Eustaquio o Plácido, muy extendida 
en Occidente por el Speculum Historíale de Beauvais, la Legenda 
^urea y la Gesta Romanorum. 

Cifar cae en desgracia de un Rey de la India, por intrigas de envi- 
<iiosos cortesanos, y porque, muriéndosele cada diez días su caballo, 
resultaban muy costosos sus servicios militares. Cifar confía a su espo- 
sa Grima un secreto : que descendía de reyes, que su familia había 
caído de su elevada condición por la maldad de uno de sus antepasados, 
y que no volverían a su encumbramiento primero sino cuando de su es- 
tirpe naciese otro caballero tan excelente y virtuoso como perverso 
había sido éste. Ambos esposos salen del país con sus hijos pequeños 
Garfin y Roboam, venden cuanto poseen y convierten su casa en hos- 
pital. Llegan a la ciudad de Galapia, cercada por el Conde Roboam ; 
Cifar hace levantar el cerco, hiere al Conde, mata a su sobrino, hace 
prisionero a un hijo de aquél, del cual se enamora la soberana de Gala- 
pía, acabando ambos por casarse, dotando a ésta el novio con los es- 
tados de su padre Roboam. Cifar se marcha después de concurrir a fies- 
tas y regocijos, y su familia se disgrega porque su hijo Garfin es arre- 
batado por una leona, y el otro hijo, Roboam, se extravía en la ciudad 
de Falac, y su mujer Grima es robada oor unos marineros, que tratan 
de satisfacer innobles apetitos; preservada por la Virgen, y llegada 
a Galapia, funda allí un monasterio, donde permanece nueve años, 
volviendo al fin por mar al reino de Mentón, guiando el Niño Jesús 
la nave. El Rey de Mentón, cercado por el de Ester, promete la mano 
•de su hija y la herencia del trono a quien haga levantar el cerco ; Cifar 
lo consigue por su valor y por las astucias de Ribaldo, su escudero. 
Muerto el Rey, Cifar le sucede y se compromete su casamiento con la 
Pnncesa, a la sazón de pocos años. Llega Grima al reino de Mentón y 
funda un hospital para caminantes ; Cifar y ella se reconocen, aunque no 
lo manifiestan; también llegan los dos hijos, Garfin y Roboam, que, 
después de muchas aventuras, son reconocidos por su padre. 

Bien claro se ve el carácter de novela bizantina, por sus via- 
jes, naufragios, piraterías, pérdidas de niños y anagnórisis o re- 
conocimientos. 

IL Con la historia de los hijos de Cifar (I, cap. 97) se pene- 
tra en los capítulos más característicos de libro caballeresco del 
ciclo bretón, con sus encantamientos, misterios v fantasías. 



jjg LITERATURA ESPAÑOLA 

He aquí uno de estos episodios: 

El conde Nasón se subleva contra su rey Cifar, y los dos hijos d' 
éste, con el escudero Ribaldo, salen a combatirle, le vencen, aprisionai 
y queman por traidor, y sus cenizas son arrojadas a un lago; pero la; 
aguas, en contacto con ellas, empiezan a bullir, se oyen voces desde mu: 
hondo, se marchan aterrados. A este lago se decía que muchos iban : 
presenciar las luchas de caballeros armados en derredor de él, viéndose 
ciudades y castillos muy fuertes, y a veces pararse una hermosa dueñ; 
en medio del lago, que calma las aguas, "e llama a los que están di 
fuera por los engañar, assí como acontesció a un cavallero que fué ¡ 
ver estas maravillas, que fué engañado desta guisa". Y aquí empieza 1; 
extraña historia de la Dama del Lago. 

Otro episodio es la historia de Roboam, hijo menor de Cifar, coi 
sus proezas, obteniendo al fin el estado de Tigrida con la mano de la Em 
peratriz (libro tercero de tan voluminosa novela). 

III. Los elementos didácticos ocupan mucha parte en esta obra 
"Todo el libro II, en que !a narración se interrumpe por completo 
está dedicado a los Castigos y documentos morales que el rey di 
Mentón daba a sus hijos, Garfín y Roboam. La mayor parte de es 
tos castigos están tomados literalmente de las Flores de Filosofía 
como ya demostró Knust, pero el autor parece haber aprovechad( 
también, aunque de un modo menos servil, la Segunda Partida'' y e 
evidente que manejó mucho el libro atribuido a don Sancho ©1 Bravo 
"Según costumbre general en esta clase de catecismos éticopolíticos 
tan del gusto de la Edad Media, la enseñanza está corroborada coi 
una serie de apólogos, cuentos y anécdotas, casi todos de fuent< 
muy conocida." (M. P.) Unas son fábulas esópicas, otras proceden d( 
los cuentos orientales. El cuento de la prueba de los amigos salió d< 
Pedro Alfonso, y se lee en el Conde Lncanor, en el Espejo de legos \ 
en otras colecciones. El del alquimista se ve también en el Lihrc 
Félix de Ramón Lull y en el citado de don Juan Manuel. C. P 
Wagner ha puntualizado las fuentes de otros apólogos. 

^ Nota característica en este libro, y acaso su mayor mérito, es 
la creación del tipo del escudero Ribaldo, el antecedente definidc 

^ con más precisión hasta hoy del de Sancho Panza. Como él prodi- 

"^ ga los refranes, de los que Wagner ha recogido y comentado 6i, sir 
contar los de origen erudito, procedimiento paremiológico que au- 
torizarán después el Arcipreste de Talayera y el autor de la Ce- 
lestina; y también como Sancho se manifiesta de carácter avisado, 

I socarrón y astuto, moderador de las fantasías de su señor, a quien 
sirve con lealtad y afecto. Pero Ribaldo, que tiene también gran- 
des lanailügías con tipos que habían de esmaltar la novela picaresca 
se diferencia de Sancho Panza en que ejercita con frecuencia, no 



ESCUELA DE TRADUCTORES DE TOLEDO 119 

sólo la astucia, sino ei valor guerrero, y por esto su condición y 
carácter se van elevando y ''el rrey tuvo por guisado délo faser 
caballero, e lo fizo, e lo heredó e lo casó muy bien ; e decíanle ya 
el Cavallero Amigo^\ 

G. Prosa didáctica: ii. Escuela de traductores de Toledo. — 
21. Los Diez Mandamientos. — 13. Versión romanceada del Fue- 
ro Juzgo. — 14. Catecismos políticomorales: Boninm. Poridat, 
etcétera. — 15. Las Partidas. 

II. Traductores de Toledo. — La esplendorosa cultura de la 
España musulmana tuvo necesariamente que ser conocida en la Es- 
paña cristiana, y a medida que los musulmanes eran batidos y se 
inició la descomposición de los reinos del Sur, comenzó a notarse el 
intercambio de ideas. Toledo, reconquistado por Ailfonso VI el 1085= 
fué d centro de que irradió la cultura árabe y judia al resto de Es- 
paña y de Europa. Durante el reinado de Alfonso VII se refugiaron 
en Toledo los judíos, expulsados de AndaJucía por el almohade Ab- 
delmúmen. Al Arzobispo de Toledo y Gran Canciller de Castilla, 
don Raimundo (1130-1150) cabe la gloria de haber introducido los 
textos árabes en los estudios occidentafles, hecho que influyó deci- 
sivamente en la suerte de Europa, según notó Renán. 

Bajo la protección de don Raimundo, trabajó en Toledo un 
grupo de traductores y escritores, conocido hoy con el nombre de 
Colegio de traductores toledanos. Los principales españoles, cuyos 
nombres se conservan, son : Dominico Gundisalvo y Juan Hispa- 
lense. Dominico Gundisalvo (a veces llamado Gundisalinus) era 
arcediano de Segovia; Juan era, al parecer, un judío converso, na- 
tural de Sevilla, llamado en ciertos lugares Juan Híspanense, His- 
palense, Lunense, Avendeat, Avendehut y Avendar. En la mayor 
parte de las obras trabajaban juntos. Juan dictaba la traducción 
del texto árabe en lengua zndgar, y Gundisalvo la escribía en la- 
tín. Se conservan de ellos versiones de libros de Avicena, Algazel, 
Avicebrón, etc. De Juan Hispalense haj^ traducciones de obras ára- 
bes de astronomía y astrología. Gundisalvo no se contentó con" tra- 
ducir; es autor de algunas obras originales, como el tratado De im- 
mortalitate animac, influido por las doctrinas de Avicena y Avice- 
brón; el De processionc mundi, calificado por Jourdain como "uno 
de los más antiguos e importantes monumentos de la filosofía es- 
pañola influida por la musulmana'", y editado por Menétidez Pela- 
yo, en el cuan sigue el emanatismo oriental y neoplatónico de Avi- 
cebrón; y eíl De divisione philosophiae, clasificación de ías ciencias,. 



J20 LITERATURA ESPAÑOLA 

siguiendo un tratado de Alfarabi, en el que Gundisalvo muestra co- 
nocer a Boecio y San Isidoro, además de los filósofos árabes. 

Divulgadas por Europa las traducciones de Gundisalvo y Juan 
Hispalense, aumentó la fama de la escuela y a ella concurrían mu- 
chos extranjeros, ávidos de conocer la ciencia grecoonental que 
entonces reaparecía. En general, estos extranjeros, poco o nada 
versados en la lengua árabe, se valían de algún mozárabe o judío 
toledano que literalmente les interpretase, en lengua vulgar o en 
llatín bárbaro los textos de Avicena o de Averroes; ellos lo ponían 
en latín escolástico, y esta versión se multiplicaba por las escuelas 
europeas. Roberto de Retines y Daniel de Morlay, ingleses; Gerar- 
do de Cremona y Miguel Scoto, italianos; Hermán el dálmata y 
Hermán d alemán, son los principales traductores extranjeros que 
produjo la escuela de Toledo Sus traducciones son ininteligibles a 
causa de la barbarie de su latín, y contrastan con las darás y a ve- 
ces literarias de Gundisalvo y Juan Hispalense. Todas estas versio- 
nes fueron ell medio transmisor de las doctrinas panteístas a las es- 
cuelas de París, y dieron más tarde lugar a lo que se ha llamado 
el Averroísmo en la historia de la filosofía ; por medio de ellas Eu- 
ropa conoció ell pensamiento griego, a través de los árabes, de modo 
más completo que hasta entonces. 

Alfonso el Sabio continuó con más empeño la empresa de trans- 
mitir al mundo (latino la ciencia oriental. 

12. Diez Mandamientos. — Es una instrucción para los confe- 
sores, que contiene los mandamientos comentados, con las cosas 
que se han de preguntar al penitente en cada caso y la indicax;ión 
de los demás asuntos en que puede pecar el hombre. Por el len- 
guaje, parece que cabe fijar su fecha en la primera mitad del si- 
glo XIII, y no tiene otro interés que ser uno de los primeros textos 
castellanos en prosa. 

13. Fuero Juzgo. — El rey San Fernando dio a fla ciudad de Cór- 
doba (1241), recién conquistada de los moros, como fuero de pobla- 
ción, el Forum Judicum, haciendo que lo tradujeran al romance 
vulgar, versión que algunos sospechan no se hizo hasta la época 
del Rey Sabio. Tiene algunas variantes respecto del texto latino, 
por las alteraciones sufridas en las leyes en el transcurso de los 
tiempois. En el Fuero Jii::go, de gran importancia en el aspecto ju- 
rídico, se manifiesta ya formado el castellano. 

''Que faz la ley. La ley govierna la cibdad, e govierna a omne en 
toda su vida, e asi es dada a los barones, cuerno a las mugieres, e a 
los grandes cuerno a los pequennos, e así a los sabios cuemo a los no 



BONIUM. PORIDAT DE PURIDADES 121 

sabios, e asi a los fiiosdalgo cuerno a los villanos..." [Lib. I, tít. II, ca- 
pítulo 3.] 

14. Catecismos político-mokales. — A la época dej rey San Fer- 
nando y de Alfonso X se reducen, de ordinario, varias obras en 
prosa, de la misma estructura de Catecismos pa'.ítico-morales. El Li- 
bro de los doce sabios, titulado también De la Nobleza y de la Lealtad, 
-es una colección de avisos útiles al rey de lo que neicesita saber todo 
príncipe para gobernar a sus vasallos. Se finge una academia de sa- 
bios que va definiendo distintos conceptos: lealtad, codicia, etc., y 
señalan las virtudes que deben brillar en ios reyes. 

Otra compilación de máximas y sentencias pdlíticas, dividida en 
treinta y ocho capítulos, es la titulada Flores de Filosofía. Se atri- 
buyen los dichos a varios filósofos anónimos y a Séneca, aunque 
no parece que haya ninguno de él. Principia con un apólogo oriental, 
que da una receta para sanar de los pecados. Las Flores están inter- 
caladas en El Caballero Cifar. 

Libro de Bonium o Bocados de oro. Bonium, rey de Persia, va 
a ila India en busca de la sabiduría. Visita el palacio de íos sabios, 
cuyos dichos y palabras recopila en este libro. Hay en él sentencias 
de filósofos indios, griegos, latinos y árabes; y vidas de algimos hom- 
bres célebres, especialmente de Aristóteles y de Alejandro. Esta obra 
se deriva de la colección de Abulguafá Mobaxir ben Fatik, titula- 
da Libro de las sentencias. 

Para enseñar a líos reyes el modo de conducirse con sus pueblos 
y de guardar la paz de sus Estados, servían las máximas y senten- 
cias morales y religiosas, reunidas en el libro Poridat de porida- 
des, derivado también del árabe, en el cual abundan las citas de 
filósofos y algunas de la Biblia. Estas dos obras sirvieron de base 
para el Libro de la Saviesa de don Jaime I de Aragón. 

En el mismo manucrito que contiene el Poridat se hallan el 
Libro de los buenos proverbios, codeicción semejante de máximas, 
traducida de las Sentencias morales de los filósofos de Honain 
ben Ishac Elibadí, y los Enseñamientos et castigos de Alixandre, 
-donde (como también en el Bonium) se encuentran dos cartas apó- 
'crifas de Alejandro a su madre. 

15. Alfonso X : Las Partidas. Véase el núm. i6 del capítu- 
lo IV (pág. 102). 

H. Dramática. — 16. El teatro religioso: misterios y moralidades; el 
Auto de los Reyes Magos. — 17. El teatro profano : los juegos 
de escarnio. — 18. La Disputa del alma y el cuerpo. 

16. Et. teatro religioso. — Aun cuando en España no estén to- 



122 LITERATURA ESPAÑOLA 

davía sistematizados estos estudios, ni reunidos siquiera los mate- 
riales dispersos para historiar ios orí^nes de nuestro teatro, pode- 
-mos afirmar, sin miedo a una rectificación, que aquí, como en toda 
la Europa cristiana, el teatro nace, se desarrolla y filorece al calor del 
culto y como un desenvolvimiento de la liturgia católica. 

El teatro latino, que no había sido nunca muy popular en las 
provincias, se perdió casi por completo como consecuencia de la in- 
vasión de los bárbaros, y fué preciso que el instinto dramático d^e 
las muchedumbres y la afición a las representaciones escénicas bus- 
caran campo nuevo donde arraigar y lo encontraron abonadísimo en 
los oficios de las grandes solemnidades religiosas. 

La riqueza de elementos representativos de una gran parte de 
los textos litúrgicos se puso muy pronto de relieve en el canto aJ- 
ternado y hasta en la simpíle recitación a varias voces, que dan, 
con frecuencia, la impresión dell diálogo dramático. 

El primer paso lo dieron las instituciones monásticas, que ya 
desde eil sigi'o ix formaban una especie de federación en toda la 
Europa, circunstancia importantísima, porque explica la rápida di- 
fusión de las innovaciones litúrgicas y literarias, como las prosas, 
¡as sequencias, y sobre todo los tropos (i) dialogados, que fueron 
el primer germen deil drama áitúrgico. 

Los tropos de Navidad y de Pascua se convirtieron sin violen- 
cia alguna en los dos oficios dramáticos de "I^s Pastores" y del 
"Sepulcro", que tuvieron desde el principio un éxito asombroso y 
pasaron en seguida de las costumbres monásticas a ilos rituales 
de la mayor parte de las diócesis, y durante toda la Edad Media y 
aun más adelante se consideraron como parte casi fundamental 
de la liturgia ordinaria. 

Tres fases fundamentales pueden señalarse en la evolución del 
teatro religioso medieval: el drama (litúrgico propiamente dicho; lo« 
juegos o representaciones escolares y las piezas escritas total- 
mente en lengua vuílgar, que toman nombres distintos, según ios 
países. 

El primero, íntimamente ligado al culto, por necesidad había de 
desenvolverse dentro de los límites impuestos por el recitado evan- 
gélico, pero aun así los oficios primitivos no sólo no se estacio- 
naron sino que llegaron a formar dos ciclos de ceremonias litúr- 
gicas más o menos extensos y adornados : el de Navidad, que com- 
prendía el drama de La Adoración de los Pastores, el de Raquel o 

(i) Tropos llamaron desde fines del siglo ix a las interpolaciones dialo- 
gadas, introducidas en los responsorios del oficio divino, principalmente en 
las fiestas de Navidad y Pascua y en los introitos de las misas solemnes. 



EL TEATRO RELIGIOSO 1 23 

de Los Santos Inocentes y la Adoración de los Reyes Magos; y el 
de Pascua, que constaba del drama de La Resurrección y d de 
Los viajeros o de dos discípulos de Emaús. 

Ei florecimiento del teatro íitúrgico en la Iglesia latina abar- 
ca un período de cerca de cuatro siglos: desde fines del ix hasta 
el último tercio del sigilo xiii ; pero ya desde fines del xi y, sobre 
todo, durante el xii, le hacen una competencia temible las repre- 
sentaciones o juegos escolares, que en un principio se diferencia- 
ban muy poco de los dramas litúrgicos, y hasta empezaron repre- 
sentándose en el interior de los templos, aunque bien pronto, insu- 
ficientes por la afluencia de espectadores. Jas antiguas basílicas, 
hubieron de utilizar, total o parcialmente, los claustros contiguos y 
aun los atrios y los cementerios. 

A] salir el teatro del templo y romperse los lazos que le unían 
a la liturgia pudo permitirse amplificaciones y libertades glosando 
los textos bíblicos, y ya no se limitó a dramatizar los temas consa- 
grados, buscando argumentos nuevos en la vida y milagros de los 
santos Patronos de sus escuelas o de la localidad. 

Los juegos escolares fueron, durante el siglo xii, la casi única 
manifestación del teatro público. Dos causas principales contribu- 
yeron a su decadencia: la fundación y rápido desenvolvimiento de 
las Universidades en el siglo xiii y, sobre todo, ed desarrollo de 
las lenguas romances. 

Fundadas y dotadas las primeras por los Reyes y privilegiadas 
por las bulas pontificias, atrajeron una gran parte de la población 
estudiantil, y las antiguas escuelas monásticas y episcopales per- 
dieron el predominio que durante siglos ejercieran; pero aún fué 
más decisivo ed desarrollo de las lenguas romances que desde eJ 
siglo XII fueron instrumento hábifl para la materia literaria; y suce- 
dió lio que tenía que suceder : que las representaciones escénicas es- 
critas enteramente en lengua vulgar, amparadas por los gremios y 
cofradías, arrinconaron para siempre dos juegos latinos de los esco- 
lares como espectáculo público, y ya desde entonces subsistieron 
sólo como ejercicios de gimnasia intelectual en los torneos literarios. 
A (los dramas religiosos de la Edad Media se les ha dado en" 
Francia el nombre de Misterios jv tienen su correspondencia en los 
Miraclcplays ingleses, en los Geistliche Schauspiele alemanes, en las 
Sacre Rappresentazione italianas y en los Autos españoles. 

El paso del drama litúrgico y escolar a estas nuevas formas fué 
naturalísimo ; los autores y actores de aquéllos eran exclusivamente 
clérigos, tomada esta palabra en la acepción amplísima que tenía 
en aquellos tiempos; el público, en cambio, era cada vez más hete- 
rogéneo; las poblaciones en masa acudían a presenciar aquellas 



^ 



124 LITERATURA ESPAÑOLA 

■representaciones dadas en las iglesias y en los claustros de las ca- 
^■'tedrales y abadías y llegó un momento en que el texto de aquefl tea- 
tro fué ininteligible para la inmensa mayoría de ilos esi>©ctadores y 
;por una evolución completamente -lógica el idioma vullgar se fué 
como incrustando en aquella prosa y aquella poesía latinas, en for- 
ma de refranes o frases sueltas primero, en seguida intercalando es- 
trofas compíetas en el idioma del pueblo y avanzando cada vez 
niás hasta hacerse completamente exclusivo. 

Bl teatro religioso en lengua vulgar adquirió un desarrollo enov- 
Tme; los dos ciclos primitivos de Navidad y Pascua fueron ensan- 
chando cada vez más el marco hasta abarcar la vida entera de Je- 
I sucristo en los grandes misterios cíclicos del siglo xv. El ciólo de 
Navidad comenzaba con la escena llamada El Proceso del Paraí- 
so, venía en seguida la de Los Profetas de Cristo, prólogo de Ja 
Natividad propiamente dicha, que terminaba con la escena de Je- 
sús entre los Doctores; ésta servía de enlace con el ciclo de Pascua, 
que abarcaba La Pasión, La Resurrección, La Venida del Espíritu 
■ Santo y La Misión de los Apóstoles. 

Que en España fué abundantísima y extensa esta literatura 
es iiTicuestionablle ; nos faltan los textos, que o se perdieron o están 
todavía por descubrir en el fondo de nuestros archivos; pero tene- 
] mos, en cambio, una tradición constante, atestiguada por los docu- 
mentos llegislativos, los cánones de nuestros Concilios y las Consue- 
ta de nuestras abadías y catedrales. Basta citar aquí el inaprecia- 
ble códice gerundense del año 1380, que tantas y tan curiosas no- 
ticias nos ha conservado de representaciones sacras. 

Dos de los oficios litúrgicos de Pascua publicados por Carlos 
Lange son españoles y de los más arcaicos de la colección, y dramas 
litúrgicos contiene el códice de lia B. Nacional titulado Tolosanac 
Ecclesiae Preces. En lengua vulgar el único monumento que hasta 
hoy conocemos, dejando a un lado el llamado Misterio de Elche, que 
todavía se representa y que en su redacción primitiva remonta acá 
so a mediados del sigilo xiii, es el Auto de los Reyes Magos, docu- 
mento interesantísimo, más aún que por sus cualidades artísticas y 
positivas, por ser la única muestra de lo que fué nuestro teatro 
religioso medieval. Sólo ha llegado a nosotros un fragmento de 
147 versos, distribuidos en cinco escenas, menos, acaso, de la mitad 
de la obra; pero más que lo suficiente para juzgar con conocimien- 
to de causa de aquell arte rudimentario y sencillo, muy sobrio to- 
davía en recursos escénicos, pero en el que la acción se desarrolla 
con rapidez, el diálogo corre suelto y sin trabas y en el que apun- 
tan ya rasgos de crítica y de observación personal, con toques rea- 
listas, muy característicos de la literatura española, que revelan 



ALTO ÜE LOS REYES MAGOS 12$ 

un progreso positivo y hasta cierto sentido verdaderamente teatral 
en ei autor. 

El argumento es muy sencillo; se reduce, casi, a glosar el re- 
lato evangaico de San Mateo sin elementos extraños apenas: Ios- 
Reyes Magos han observado aialadamiente la estrella milagrosa y 
guiados por ella aparecen en escena uno a uno; reunidos luego los 
tres, emprenden juntos el viaje para adorar al Dios recién nacido 
y ofrecerle como presentes el incienso, el oro y la mirra. M lle- 
gar a Jerusalén se íes oculta la estrella y recurren a Herodes pata 
que les indique el lugar donde ha nacido el nuevo Rey. Herodes les 
dice solapaxiamente que si lo encuentran vuelvan a comunicárselo» 
porque también él quiere ir a adorarle, y convoca en secreto a los 
sabios de Israel para que le digan lo que las escrituras han anun- 
ciado del Mesías, y con la discusión de los rabinos termina el frag- 
mento. La versificación, un tanto tosca, es muy irregular y variada, 
predominando en ella los versos de seis, ocho y doce síúabas. 

Don Felipe Fernández Vallejo, canónigo de la catedral de Tole- 
do y después arzobispo de Santiago de Compostela (1798-1800),. 
descubrió el Auto de los Reyes Magos hacia 1785, fecha en que re- 
dactaba sus curiosísimas Memorias, aún inéditas, en un manuscrita 
de la iglesia toledana, que para hoy en la Biblioteca NaK;ionail. 

Vallejo lo creyó, desde luego, derivado de un texto latino y 
Morel-Fatio ha señaJado después como fuentes los oficios franco- 
latinos de Limoges, Rúan, Xevers, Compiégne y Orleans, dando este 
último como fuente imiiediata por la circunstancia de tener de común 
con el Auto tres versos de Virgilio {Eneida, VIII, 112-114). La críti- 
ca ha aceptado las conicdusiones del célebre hispanófilo, muy discu- 
tibles, sin embargo, pues en primer lugar el Arito castellano no tie- 
ne, ni mucho menos, correspondencia Literal con los oficios france- 
ses; en éstos se notan grandes concomitancias con los Evangelios 
apócrifos, de los que apenas hay rastro en aquél ; hay en el texto cas- 
tellano pensamientos, como el de la prueba para conocer si ol niño 
recién nacido es Rey del cielo o de La tierra, que no proceden de los 
oficios franceses, y mientras no aparezca una prueba decisiva 
no hay necesidad alguna de recurrir a una fuente directa francesa 
para un tema que era vulgarísimo y popular en la liturgia de toda 
la Europa cristiana. 

La fecha también es muy insegura, pues nada en concreto pue- 
de deducirse del hecho de figurar con sus nombres propios los Re- 
yes Magos en el Auto. Hartmann afirma que los nombres se les atri- 
buyeron después del descubrimiento de sus restos en MUán el año 
115S y que se divulgaron después de la interpolación de un perso- 
naje apócrifo en la Historia Scholastica de Pedro Comestor (f 1171) ; 



J26 LITERATURA ESPAÑOLA 

pero los nombres figuran ya en él Poema del Cid (v. 337), Que es 

anterior y algo modificados se leen en una crónica conocida con 

.^1 título de Excerpta Barban, que según Mommsen pertenece al 

: siglo VI, y Jacobi Ha lleva al siglo iv. El manuscrito castellano es 

> de fines del sigilo xii o principios del xiii. 

17 El teatro profano.— Al afirmar en otro lugar que el tea- 
tro religioso fué casi la única manifestación dramática en la Edad 
Media, dábamos por supuesta la existencia de otro teatro, popular 
también, de carácter profano y del que encontramos huellas por 

todas partes. 

Hubo, pues, dos dramaturgias, definidas con toda claridad en el 
código de Alfonso el Sabio (Par. I, tít. VI. 1. 34): "Los clérigos... 
nin deuen ser fazedores de juegos descarnios, porque los vengan 
a uer gentes, como se fazen. E si otros ornes los fizieren, non deuen 
los clérigos y uenir, porque fazen y muchas villanías e desapostu- 
ras, nin deuen otrosí estas cosas fazer en las Eglesias; antes deci- 
mos que les deuen echar dellas desonrradamente a los que lo fi- 
zieren: ca la Eglesia de Dios es fecha para orar, e non para fazer 
escarnios en ella... Pero representación ay que pueden los clérigos fa- 
zer; así como de lia nascencia de nuestro Señor Jesu Christo, en que 
muestra como eíl Ángel vino a 'los pastores e como ües dixo, como 
era Jesu Christo nacido. E otrosí de su Aparición, como los tres 
Reyes Magos lo vinieron a adorar. E de su Resurrección, que mues- 
tra que fué crucificado e resucitó al tercer día: tales cosas como 
estas, que mueven al ome a fazer bien e a auer devoción en la fe, 
pueden las fazer... Mas esto deuen fazer apuestamente e con grand 
devoción e en las Ciudades grandes donde ouieran Arzobispos o 
Obispos, e con su mandado dellos, o de los otros que touieran sus 
vezes : e non lo deuen fazer en .las adeas nin en 'los lugares viles, 
ni por ganar dineros con ellas." 

Estas representaciones profanas, hechas por dérigos y legos 
dentro y fuera de los templos hubieron de ser muy populares a juz- 
gar por la abundancia de las citas y la persistencia de sus principa- 
les actores (histriones, juglares, remedadores y facedores de los 
zaharrones), que a cada paso saltan en las crónicas, en los cáno- 
nes de los Concilios y en los textos legislativos. No es posible de- 
finir hoy lo que eran en concreto aquellos juegos de escarnio, por- 
que no ha llegado ninguno hasta nosotros y probablemente no se 
escribieron nunca; pero las constantes condenaciones de los Conci- 
lios y la nota de enf amados que infligen las Partidas a 'los que por 
oficio les representaban, nos autorizan para suponerles juegos de 
•burlas, con mucha frecuencia obscenos e inmorales y con sus ribe- 



EL TEATRO PROFANO 12/ 

tes de sacrilegos por la parodia burlesca de los oficios eclesiás- 
ticos. En suma, algo parecido a los mimos y atelnna^ de los últimos 
tiempos de la República en Roma, aunque entre éstos y aquéllos 
probablemente no haya relación alguna de derivación literaria. 

Para explicamos el nacimiento del teatro profano medieval 
no es preciso buscar entronques con el teatro popular latino, ni 
mucho menos con aquel "género de representaciones rudimentario 
e incipiente" que debió existir entre las tribus indigenas españo- 
las; basta y sobra con los elementos dramáticos latentes en la vida 
social y literaria de la época. 

Los que habia implícitos en la liturgia católica, sin pretenderlo 
nadie siquiera, en un momento oportuno germinaron, se desenvol- 
vieron y nació el drama religioso: lo mismo ocurriría con el teatro 
profano. 

Las fiestas y diversiones del pueblo, en especial las danzas en 
coro y lias pastorelas, /los trozos líricos y narrativos, que consti- 
tuían el repertorio de los juglares, como los sermones jocosos y sa- 
tíricos, los monólogos dramáticos y de charlatanes, los debates o 
•disputas, como La Razón de Amor con los denuestos del agua y 
el vino; la Disputa del alma y el cuerpo; la Revelación de un hcr- 
mitanno, y La disputa de Elena y María; las comedias llamadas ele- 
giacas y horacianas, que eran poemas latinos qu-e a veces adoptan 
la forma de verdadera comedia y de las que en España fueron po- 
pulares, por lo menos, el Amphitryon o Geta y el Pamphilus que pasó 
al Libro del Buen Amor, del arcipreste de Hita; toda una litera- 
tura latino-eclesiástica, satírica y paródica ; muchas escenas del 
teatro religioso de carácter profano, como la venta de los ungüentos 
en los dramas de la Pasión, las escenas de diablerías, de tabernas y 
mesones, allí puramente episódicas, pero susceptibles de un des- 
arrollo independiente; fiestas ecksiastico-burlescas, como la de ios 
locos y la del Obispillo, que todavía se celebraban a fines del si- 
glo XVI : todo esto y mucho más encerraba gérmenes dramáticos, 
que para convertirse en verdaderas representaciones sólo necesita- 
ban que surgieran el aiOtor y el público. 

El juglar que recita su decir o su disputa y tiene desarrollado ei 
instinto para imitar diversas voces, para subrayar determinadas ap- 
titudes y provocar la hilaridad del público, se ha convertido en un 
actor y su poema en un drama, en algo teatral ; dado el primer paso, 
lo demás es obra del tiempo. 

De obras dramáticas profanas propiamente dichas anteriores a 
los ensayos de Gómez Manrique y al teatro de Juan del Enzina, 
apenas tenemos noticias ; eil códice de Gerona nos habla de una ~" 
farsa burlesca que, por lo menos desde eil año 1360, se representaba - 



j2g UTERATURA ESPAÑOLA 

e, dia de los Inocentes. En 1394 se puso en «-- »J,.^^;;'°,''j^: 
de Valencia ia tragedia Uom emmorat y la fembra satisfeta, oe mi 
cer ¿Im ñgo Masfó, hoy desgraciadamente perdida y en UU. cc^ 
ocasión de las fiestas celebradas en Zaragoza para la coronacon de 
don Fernando de Antequera, se representó ,macomed,a a nbu.da al 
Si™ don Enrique de ViUena, en la que salían person.f.cadas .a 
JuS, la Verdad, la Paz y la Misericordia, personificaciones de 
imiquisrmo abolengo en los dramas religiosos en la escena que se lia- 
maba el Proceso del Paraíso. 

18 Disputa del alma y el cuerpo.-Es un fragmento de trein- 
ta y siete versos, escrito al dorso de un pergamino del monasterio 
de Oña defl 1201 y por .estos años debió componerse. Fue descubier- 
to por don Tomás Muñoz y Romero y publicado por vez primera 
por d Marqués de Hdal. Traduce un poema francés, Debat dii corps 
et de Ume, que a su vez deriva de unos versos latinos: Rixa ammi 
et corporis. El alma y el cuerpo de un difunto recién enterrado se 
increpan mutuamente, atribuyéndose el uno al otro la causa de to- 
dos los pecados de su vida. 

Al cuerpo dixo el alma : de ti lievo mala fama, 
tot siempre te maldijré, ca por ti penaré. 

Es una repetición más de estas disputas, muy frecuentes en la 
Edad Media. 



bibliografía 



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Bul' Hispanique (1919), XXI, 93- Ci. España Sagr., XXIII, 356-423- M. Se- 
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glo xiii. La obra histórica más antigua en idioma español, en Bol. Ac. Esp. 
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PP. Toletanorum Opera, ed. Lorenzana, Madrid, 1782-1793, t. III; La His- 
toria Arabum, en Historia Sarracénica, de G. Elmacino, ed. T. Erpenio^ 
Lugduni Batavorum, 1625; M. de Cerralbo, El arzobispo don Rodrigo (dis- 
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de Aut. Españoles, LI, 443-542) para la versión castellana. V. Chauvín, 
Bibliographie des ouvrages árabes, Liége, 1905, fase. IX, 1-44. Amador de 
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1899, t. V; V. Chauvin, Bibliographie des ouvrages árabes, t. II, págs. 73-74' 
—8. Ed. Bonilla, en Bibliotheca Hispánica, vol. XIV. Menéndez Pelayo, Orí- 



bibliografía 129 

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bingen, 1872 (Bib. des litt. Vereins in Stuttgart, t. CXII). C. P. Wagner, The 
sources of El Cavallcro Cifar, en Rev. Hispanique (1903), X, 4. M. Pelayo, 
Oríg. noz'ela. I, 186. — 11. M. Pelayo, Heterodoxos, I. A. Jourdain, Les an- 
cicns traductions latines d'Aristotc, Paris, 1883. L. Baur, Dominicus Gtindi- 
salinus de divisione philosophiae (Munster, 1903). A. Bonilla, Historia de la 
Filosofía, I. — 12. Ed. Morel-Fatio, Tcxtes castillans inédits, en Romanía 
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dríguez y Rodríguez. Fuero Juzgo, su lenguaje, gramática y vocabulario, 
Santiago, 1905. — 14. Ed. H. Knust, en Mittheilungen aus dcni Eskurial, Tü- 
bingen, 1879, págs. 66, 538. Cfr. Amador, Hist., III, 439, 542. Poridat : 
H. Knust, Jabrbuch für rom. und engl. Literatur (Leipzig, 1869), t. X, 153- 
303. Flores de filosofía, ed. H. Knust, en Dos obras didácticas y dos leyen- 
das íSoc. Biblióf. Españoles), 1878, pág. 11. — 16-17. M. Sepet, Origines ca- 
tholiques dn théátre modcrnc. París,. 1878. W. Creizenach, Geschichte des 
neucren Dramas. Halle, 1893. P. R. González, El teatro religioso en la Edad 
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Teatro español del s. xvi. Madrid, 1885. M. Milá, Orígenes del teatro catalán, 
en Obras, vol. VI. A. D'Ancona, Origini del teatro italiano. Toríno, 1891. 

A. Bonilla, Las Bacantes, o del origen del teatro, disc. en Ac. Esp., 1921. — 
18. Disputa del alma y el cuerpo. E. Pida!, en Rev. Arcli. (1900), IV, 449. 
Batchiukof, en Rontania (1891), XX, i, 513. M. Pelayo, Antología, II, 27. 

B. Sutoríus, Le débat provcngal de l'ñme et du corps. Freibursr, 1916. 



; A- Épica. 



I Cantar de Rodrigo. 
■( Poema de Alfonso XI. 



I Vida de San Ildefonso. 

\ Proverbios del sabio Salomón^ 

B. Mester de Cue.- Poema de Yugitf. 
uECiA \ Arcipreste de Hita. 

Pero López de AyaJa. 
Libro de miseria de homne. 

C. Poesía didácti-i Sem Tob. 
co-MORAL. ) Pedro de Veragüe. 

i , Fernán Sánchez de VaJladolid 

la Crónica de Alfonso XI. 
Juan Fernández de Heredia. 



LITERATURA 

CASTELLANA 

(siglo xiv). 



D, Historia /Ayala: Crónicas de 



Don Juan Manud: 



Pedro L 
Enrique H. 
Juan I. 
Enrique HL 

Crónica com 
plida y eró 
nica abre- 
7 nada. 



[ Leyenda de Buda. 

E. Novela } Crónica Troyona. 

( Don Juan Manuel : Conde Lucanoi 



Don Juan Manuel : 



F. Prosa didáctica. 



[Libro del caba- 
) Itero y del es- 



cudero. 
Libro de los e¿ 
tados. 
Castigos e docum,entos del Rey dot 

Sancho. 
Ayala: Libro de cetrería. 

Alfonso XI : Libro de Monteríc 



CAPITULO VI 

\. Épica: i. Cantar de Rodrigo. — 2. Poema de Alfonso Onceno. 

I. Cantar de Rodrigo. — 'A medida que la leyenda del Cid se 
popularizaba, iba cambiando el tipo del héroe. Los juglares nece- 
sitaban dar nuevos caracteres a Jos personajes de la leyenda, en 
consonancia con dos gustos del auditorio. Así se expllica la apa- 
rición del Cantar de J^odrigo o las Mocedades de Rodrigo, donde 
se presenta al Cid en la primera época de su vida. La redacción más 
antigua de este poema consta en prosa en Ja Crónica de 1344; otra 
redacción en verso, probablemente de principios del sigilo xv, en la 
Crónica rimada de las cosas de España desde la muerte del rey 
■don Pelayo hasta don Fernando el Magno y más particularmente 
de las aventuras del Cid (versos 280-1125). El códice fué descu- 
Jiierto y publicado por Francisco Michd, jefe de la Biblioteca Im- 
perial de Viena. 

Según este poema, Rodrigo mata al conde don Gómez de Gormaz, 
padre de Jimena Gómez. Esta se presenta al rey don Fernando y recla- 
ma a Rodrigo por esposo. Accede el Rey y llama a Rodrigo, quien 
consiente de mala gana e insulta al Rey, diciéndole que no besará su 
mano. El Cid jura no ver a solas a Jimena hasta que haya vencido en 
cinco batallas. Triunfa y aprisiona al rey moro Burgos de Aillón, a quien 
liberta generosamente y se reconcilia con el rey don Fernando. El rey 
de Aragón desafía al castellano en Calahorra, y es enviado el Cid a 
pelear en nombre de Castilla. Rodrigo va antes en peregrinación a 
Compostela, encontrando en el camino un leproso, a quien cuida amo- 
rosamente; el leproso resulta ser San Lázaro, que se le presenta en 
sueños, le sopla en la espalda y le dice que obtendrá la victoria siem- 
pre que sienta un temblor (calentura) semejante al que ha experimen- 
tado a su soplo. Triunfa Rodrigo en la lid y gana Calahorra. Obtiene 
nuevos éxitos sobre reyes moros y cristianos, acabando por ir a com- 
batir al Rey de Francia, al de Alemania y al Papa. Vence al Conde 
'de Saboya, llevándose una hija de éste, que entrega al Rey castellano, 
para que en ella deshonre a Francia; llama a las puertas de París, 
desafía a los doce Pares, y por fin los sitiados piden la paz, después 



1^2 LITERATURA ESPAÑOLA 

de haber visto con asombro que la hija del Conde de Saboya ha dado 
a luz un hijo del rey don Femando. 

Por este relato se ve que en el poema de Rodrigo no se encueu 
tran los caracteres históricos que distinguen al Poema de Mió Cid 
Rodrigo, además, es altanero, fanfarrón, vulgar frente a los reye; 
y a los emperadores, que Je tienen miedo. El juglar supedita tod( 
a producir efecto, no vacilando en sacrificar la Historia y la Geo 
grafía para que su héroe resulte valiente y novelesco hasta la exa 
geración. En una palbra, es obra de decadencia muy acentuada d 
la épica. La métrica, en general, es e'l verso d€ diez y seis sílaba: 
partido en dos hemistiquios. La épica desde este momiento tenderí 
visiblemente hacia el romance y acabará por adoptar esta forma 

El interés principal del Cantar de Rodrigo estriba en habe 
sido la fuente de inspiración literaria en todas las obras que des 
pues han tratado del Cid. Primero en los romances, luego en Juai 
de la Cueva, Comedia de la muerte del rey don Sancho y reto di 
Zamora por Diego Ordóñez; más tarde en Jas Mocedades del Cid 
de Guillen de Castro, y en Las almenas dé Toro, de Lope de Vega 
por fin, en La jura en Santa Gadea, de Hiartzenbusch, se sigue e 
tipo del Cid pintado en el Cantar de Rodrigo; este mismo carác 
ter noveles.co inspira aÜ Cid de Corneille, a Herder, a Víctor Hugo 
a Heredia, a Leconte de Lisie, a Massenet y a cuantos en el ex 
tranjero han tratado dd héroe de Vivar. 

2. Poema de Alfonso Onceno. — Es el último eco el mester di 
joglaría. 

Se ha conservado en un manuscrito que fué de don Diego Hur 
tado de Mendoza, hoy en la Biblioteca de El EscoriaÜ. Consta d* 
2-455 coplas y narra los sucesos del reinado de Alfonso XI, a con 
tar desde el año 1312. Su autor no parece ser el Ruy Yáñez citad( 
en lia copla 1841 : 

La profesia conté 
e torné en desir llano, 
yo Ruy Yannes la noté 
en lenguaje castellano. 

Este Ruy Yáñez debió ser traductor de un original gallego, pue 
según observó el señor Cornu, los versos castellanos, mal medido; 
en el Poema, resultan perfectos en lengua galaico-portuguesa. 

Fallóla sobre Algesira Achou-o em Algesira 

con su hueste e su pendón : con sua hoste e pendom : 

r\ buen Rey, quando lo viera o bom rei quando o vira 

alegró el corazón. allegrou se o coragom. 



VIDA DE SAN ILDEFONSO 133 

A no ser que sea obra de algiín poeta leonés, acostumbrado a es- 
ibir en gallego. 

Otro indicio del mismo origen podrían ser las aJusiones a las 
profecías de Merlín, que habían penetrado en Portugal con los lays 
br-eton^es; por ejemplo, Ha profecía deil Icón coronado (rey de Casti- 
lla), el ¡■eón durmiente (rey de Portugal), etc. Sin embargo, no debe 
-creerse obra del portugués Alfonso Giraldes, a quien los historió- 
grafos lusitanos citan como autor de un poema sobre la batalla del 
Sadado, ya que en nada se parecen ambas obras en la parte conser- 
vada reJativa a este episodio, fuera de la rima. 

Tiene gran interés histórico el Poema, hasta el extremo de que 
algún erudito ha creído ser obra del mismo que redactó 3a Crónica 
en prosa de Alfonso XI, a la cual añade muchas noticias, y cuyo 
autor debió conocer la crónica en verso. Poéticamente es importan- 
te por ser el tipo de transición de los Cantares de gesta al romance 
histórico y fronterizo. El verso de diez y seis silabas, en dos he- 
mistiquios, se emplea desde ahora en da poesía popular narrativa. 

B. Mester de Clerecía: 3. Vida de San Ildefonso. — 4. Proverbios 
en rimo del sabio Salomón. — 5. Poema de Yuguf. — 6. Juan Ruiz. 
Arcipreste de Hita. — 7. FJ Canciller Pero Lópec de Ayala. — 
8. Libro de miseria de Homne. 

.3. La vida de San Ildefonso. — Este breve poema, en que se 
muestra la decadencia del mester de clerecía, es anónimo; sólo se 
sabe del autor que escribió otro acerca de la Magdalena, que se ha 
perdido, y el cargo que desempeñaba, según él mismo dice: 

E el de la Magdalena ovo enante rimado 
al tiempo que de Ubeda era beneficiado ; 
después quando esto fizo vivía en otro estado. 

En otro pasaje dice el poeta, en cuanto al tiempo en que escribía: 

Reynaba don Alonso, quando él lo fiziera 
fijo de don Sancho e de doña María, 

Pero como no ha habido ningún rey llamado don .Aionso que 
fuese hijo de don Sancho y de doña Alaría, es posibde que primiti- 
vamente dijera don Fernando (o sea el Emplazado) en vez de don 
Alonso. El códice original hoy no se conserva, y se conoce esta obra 
por la edición de Janer, que se valió de una mala y bárbara copia deí 
siglo XVIII. El autor parece que quiso imitar la sencillez de Beroeo 
y resulta evidente su falta de gusto, de estilo y de sentimiento poé- 
tico. El asunto es la vida del santo Obispo de Toledo. 



J24 LITERATURA ESPAÑOLA 

4. Proverbios del sabio Salomón.— Los Proverbios en rimo del 
sabio Salomón, rey de Isrrael, son una composición de diez tetrás- 
trofos alejandrinos aconsonantados, y, por tanto, parece obra de la 
escuela literaria que cultivó el mester de clerecía; es anónima, 
probablemente del siglo xiv; su descubridor, don Rafael Floranes, 
señor de Tabaneros, la caracterizó exactamente por su severidad 
y por la austeridad del desengaño o doctrina que contiene, todo 
lo cual creía que denotaba probablemente el genio rígido dell can- 
ciller mayor don Pedro López de AyaJa. En cuanto a que Ayala 
sea el autor de los Proverbios, no hay el menor fundamento para 
afirmado, salvo la sospecha del erudito Floranes. El autor anuncia 
que va a exponer "los Proverbios que dixo el sabio rey Salomón" y 
a razón de ellos; "fabla de aqueste mundo e de las cosas que y son", 
y en efecto, tal es el asunto de esta poesía, poniendo el autor de re- 
lieve los engaños del mundo y lo deleznable de las riquezas y de la 
vanidad, el domino universal de la muerte, eíl juicio del pecador en 
la vida de ultratumba, terminando con una breve alabanza del hom- 
bre virtuoso. 

5. Poema de YuguF. — A la literatura aljamiada pertenece d 
Poema de Yuguf o José, escrito en estrofas de la cuaderna vía, obra 
anónima de algún morisco aragonés, a juzgar por dos matices dialec- 
tailes de su lenguaje. Su fecha es incierta, pudiendo haber sido es- 
crito en el siglo xiii, época del mayor cultivo de la cuaderna vía, 
o en él siglo xiv, en tiempo del Arcipreste y el canciller Ayala. Su 
asunto es el siguiente : 

Los hermanos de José, por envidia, deciden hacerlo desaparecer, para 
lo cual piden a su padre les deje llevárselo a enseñarle a cazar. Lo 
meten en un pozo lleno de agua, y vuelven diciendo que un lobo lo 
mató; Jacob no los cree, les hace que traigan el lobo y éste se excusa 
de la muerte que le imputan. Un mercader que pasa, saca del pozo a 
José; vienen los hermanos y se lo venden, como si fuera su esclavo, 
en 20 dineros. Al llegar la caravana ante la tumba de la madre de José, 
éste se baja del camello y hace oración. 

Un esclavo negro lo abofetea; y desencadenada una fuerte tormen- 
ta, sólo se apacigua al confesar el negro su falta. Llegan a Egipto y 
José es comprado por el Rey y su mujer Zalija; conocida por el mer- 
cader la personalidad de José, sólo acepta por él los 20 dineros que le 
costó y le pide que sus 12 mujeres tengan hijos, cosa que logra. Zalija 
se enamora de José, y para vencer su virtud, decora una habitación con- 
pinturas sensuales, donde manda entrar al esclavo. José huye y Zalija 
lo retiene por la túnica, gritando y acusándolo de haber querido vio- 
lentarla. Su liviandad es murmurada por las mujeres de la ciudad, yr 
ella las convida a un banquete y les presenta al esclavo ; ante su vista 



POEMA DE YUgUF, JUAN RUIZ I35 

se embelesan, hasta el punto de cortarse las manos en lugar de las fru- 
tas, y disculpan a Zalija. José es aprisionado; en la cárcel interpreta 
los sueños de Faraón y lo libertan, después de que Zalija y las demás 
mujeres confiesan su torpeza. Llega a privado del Rey; sus hermanos 
van a comprar trigo a Egipto y José los reconoce, utilizando la virtud 
mágica de la medida de los granos, que todo lo revela. Sin descubrirse, 
les manda que traigan a Benjamín; cuando éste viene, lo hace de- 
tener fingiendo que le ha robado la medida; los otros hermanos se 
indignan hasta el extremo de pretender apelar a la fuerza, pero 
José les demuestra ser más fuerte, les enseña la escritura de su venta 
y les manda cortar las manos como a traidores. Ellos se humillan, y 
José los perdona, mandándolos que traigan a Jacob, su padre, a Egipto. 

Aquí acaba el Poenm, incompleto en los dos manuscritos que de él 
se conservan en lia Biblioteca Nacional y en la Academia de la His- 
toria. La leyenda de José termina con la venida de Jacob a Egipto ; 
eil episodio de Zalija concluye encontrándose ésta, vieja y ciega, con 
José, en el apogeo de su gloria, el cual hace que recupere la vista 
y la belleza anterior y se casa con ella. 

El Poema es árabe, por su inspiración y por su asunto, tomado 
de la historia de José, según la sura 12 del /Mlcorán, modificada por 
otras leyendas musulmanas, especialmente la de Cab Alajbar, in- 
fluidas, a su vez, por tradiciones judías vulgares. 

6. El Arcipreste de Hita. — Poco se sabe de la vida del Arci- 
preste : él mismo da su nombre : "Yo, Juan Ruiz, ell sobredicho Arci- 
preste de Hita..." Pone su propio retrato en boca de Trotaconventos: 
"velloso, pescozudo... de andar enfiesto, de nariz luenga, de grandes 
espaldas". Según el códice de Salamanca, que ha conservado su poe- 
ma, dice el mismo escritor al dirigirse a su amada : "Fija, mucho vos 
saluda uno que es de Alcalá" ; y en otro códice se lee : "uno que mora 
en Alcalá". En la patria de Cervantes, por tanto, nació o habitó, y 
debió pasar su vida, o 'la mayor parte de ella, en las tierras de Ma- 
drid, Guadalajara y otras limítrofes; sufrió prisión de trece años por 
orden dd arzobispo de Toledo don Gil de Albornoz, que ocupó la Silla 
Primada de 1337 a 1367; en enero de 1351 ya no era Arcipreste de 
Hita Juan Ruiz, a quien había sustituido en este cargo un tal Pedro 
Fernández, y el poeta murió antes que d arzobispo don Gil ; la fe- 
cha de su prisión es desconocida, así como las causas de ella. El 
mismo dice que escribió muchos cantares : 

Fise muchos cantares de danzas e troteras 
para judias e moras, e para entendederas... 
Cantares fis algunos de los que disen ciegos 
et para escolares que andan nocherniegos, 



136 LITERATURA ESPAÑOLA 

et para otros muchos, por puestos andariegos, 
cazurros e de bulras, non cabrian en dies pliegos. 

Lo único que se conoce de sus escritos es un largo poema (1.728 
estrofas) o Libro de cantares que él denomina varias veces, en eil 
contexto, Libro de buen amor, título que hoy prevalece. Esta obra 
ha llegado a nosotros por medio de tres códices, del siglo xiv : el de 
Gayoso, hoy en la Academia Española ; el de Salamanca, que es el 
mejor, ahora en la Biblioteca de Palacio, y el de Toledo; la primera 
edición crítica se debe a Ducamin. 

Este poema es misceláneo y multiforme ; en él se mezcla lo reli- 
gioso y lo profano, (lo meramente narrativo con lo lírico y lo alegó- 
rico, la fábula y la sátira, y el autor mismo es el personaje princi- 
pal, que parece ha querido darnos unas memorias poéticas de sí pro- 
pio, no enteramente genuinas, sino alteradas por influencias litera- 
rias muy poderosas: la persona de Juan Ruiz es la que da unidad a 
tan variados elementos, de los cuales unos son predominantemente 
narrativos y otros líricos : entre Jos narrativos conviene distinguir : 
a) Una novela picaresca, en verso, de forma autobiográfica, cuyo hé- 
roe es el Arcipreste, y esta novela, muchas veces interrumpida, para 
reaparecer constantemente, se extiende desde el principio hasta el fin 
del poema; así es como el autor cuenta cómo fué enatmorado, lo que 
aconteció con Fernán García, de la pelea que el Arcipreste hubo 
con don Amor, de la respuesta que le dio d Amor (pintura de la 
dueña y de Trotaconventos) ; cómo el Amor castiga al Arcipreste 
por beber mucho vino (cuento del ermitaño) ; de la vieja que vino al 
Arcipreste y de lo que aconteció con ella y después con varias se- 
rranas; de cómo el Arcipreste se enamoró de una dueña, que vio 
estar haciendo oración; de cómo Trotaconventos Üe aconsejó que 
amase alguna monja; de cómo esta vieja habló con una mora de 
parte de Juan Ruiz; cómo murió esta tercera; de don Furón, mozo 
del Arcipreste; y cómo el poeta, por encargo deil arzobispo don 
Gil llevó lias Cartas del Papa, o constitución discipdinaria a los clé- 
rigos de Talavera ; terminando el poema con dos cantares de ciego 
de asunto piadoso, b) Reminiscencias latinas, unas clásicas, repre- 
setatadas principalmente por paráfrasis del Arte de amar de Ovidio 
(que influye, aunque menos de lo que se ha dicho, en Ruiz), y otras 
medievales, singuíarmente la del pseudo-Ovidio, o sea Panfilo,, au- 
tor de la comedia Vettda. c) Digresiones morales y ascéticas a 
modo de apuntes para sus sermones, si los predicaba,' v. gr., la de- 
clamación contra la Muerte, que es denostada' y maldita por el au- 
tor, con motivo del fallecimiento de Trotaconventos, de la que hace 
sentida lamentación y escribe su epitafio, d) Fragmentos alegóri- 
cos, V. gr., la batalla de don Carnal y doña Cuaresma, parodia épi- 



JUAX RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA 137 

•ca admirable ; el triunfo del Amor, y Ja bellísima descripción de los 
meses representados en la tienda de don Amor (reminiscencia del 
poema de Alexandre). c) Un conjunto copioso de apólogos, mu- 
chos de ellos procedentes de Ja colección esópica: entre ellos re- 
cordaremos eü de "las ranas que demandaban Rey a don Júpiter, 
el del gallo que falló el zafir en el muladar, el del ortolano e de 
la cuílebra, el del alano que llevaba Ja pieza de carne en la boca, el 
<}ue refiere lo que suced.ió quando la tierra bramaba, ed de la raposa 
e del cuervo, el del mur de Monf errado y del mur de Guadalajara 
(que no procede de Horacio), el del león doliente e de las otras ani- 
mailias que le venían a ver, el del león e del caballo, el del pileito queil 
lobo e Ja raposa ovieron ante don Ximio, alcal<le de Buxía (parodia 
-de prácticas curialescas). Xo es original, por tanto, el autor, en 
cuanto al asunto de sus apólogos, i)ero sí lo es por la gracia y agu- 
deza con que Sos refiere. 

Parte lírica. — Conviene distinguir en los elementos líricos deil 
Libro de buen amor, esparcidos acá y allá, dos grupos : a) El propia- 
mente lírico, representado por poesías, unas de carácter profano 
-(trova cazurra, trova de ciegos, dos de escolares, y cuatro serrani- 
llas), y otras de asunto reJigioso, como son algunas cantigas y loo- 
res de Nuestra Señora, en que el Arcipreste, hombre de fe sólida 
aunque gran pecador, continúa con verdadero estro la tradición li- 
teraria de las Cantigas de Alfonso X; en sus serranillas se anticipa 
en un siglo a las de Santillana; son de arte menos delicado, más 
rudo y primitivo que las de éste, b) El satírico, expresado alguna 
vez en tono serio, como el pasaje sobre las propiedades del dinero, 
y más generalmente en tono festivo (mejor acomodado al carácter 
del poeta), v. gr.. el picaresco elogio de las mujeres chicas. 

Ha pasado la Cuaresma j' las penitencias que un fraile impuso a 
don Carnal, v. gr. : comer garbanzos cochos, " pestigar sus carnes con 
santa disciplina", etc.; llega el Domingo de Ramos, y don Carnal, bur- 
. lando la vigilancia de don Ayuno, se acoge a la aljama de los judíos, 
pide un rocín prestado a uno de ellos, y atraviesa como un rayo los 
campos de la Mancha y Extremadura, alborotando cuantos animales 
encuentra: desde Valdevacas. "nuestro lugar amado"', don Carnal en- 
vía a la Cuaresma, "flaca, magra, e vil sarnosa"', un cartel de desafío 
llevado por don Almuerzo y doña Merienda, para contender en lid cam- 
pal el Domingo de Pascua antes de salir el sol ; doña Cuaresma prevé 
su derrota y huye el sábado por la noche en hábito de romera. El Ar- 
cipreste describe entonces una orgía desenfrenada. Llega don Amor a 
Toledo, y este suceso se pinta con colores más suaves, intercalando al- 
gunas parodias de la liturgia y reconociéndose Juan Ruiz subdito y 
discípulo de don Amor, a quien dice entre otras cosas: "De ti fui 
apercebido, e de ti fui castigado." 



138 LITERATURA ESPAÑOLA 

Se ha discutido lia intención del Arcipreste en cuanto a la mo- 
ral. Don José Amador de los Ríos creyó en (la moralidad de este 
escritor, a quien presenta como clérigo ejemplar y digno y severo 
moradista y se funda como otros en las frecuentes protestas del pos- 
ta (sospechoso por su insistencia), ya en la introducción en prosa^ 
ya en varios pasajes del poema; en la introducción escribe: "Esco- 
giendo, et amando con buena voluntad sailvacion et gloria del paraí- 
so para su ánima, figo esta chica escritura en memoria de bien- 
et compuso este nuevo ilibro en que son escritas algunas maneras e 
maestrías e sotilesas engannosas del loco amor del mundo, que 
usan algunos para pecar". Pero a continuación dice, desenmasca- 
rándose: "Empero porque es humanal cosa el pecar, si algunos (lo 
que non les consejo) quisieren usar del Joco amor, aquí falla- 
rán algunas maneras para ello... En la carrera que anduviese puede- 
cada uno bien decir: IntellccHun tibí daboJ^ Con este chiste, queda 
transparente ila cuestión: sin duda el Arcipreste se burlaba de sus 
lectores cuando aseguraba que escribía para que "se puedan me- 
jor guardar de tantas maestrías como algunos usan por el loco amor'^. 
Y no puede quedar duda cuando nos fijamos en Ja complacencia 
con que Juan Ruiz refiere muchas de sus propias aventuras, y 
otros episodios, v. gr., el de doña Endrina y efl de don Pitas Payas, 
el gran papal que desempeña Trotaconventos, etc. Hoy son tolera- 
bles estos rasgos por el criterio histórico con que se lee tal poema- 
y por lo anticuado del lenguaje y del estilo. Puymaigre, por el con- 
trario, presenta al Arcipreste como un precursor de Rabelaís y aun 
del libre pensamiento, fundándose en ailgunos rasgos irónicos dei 
poeta contra la curia pontificia de Aviñón y en los ataques de Juan 
Ruiz contra la simonía (grave culpa de la época que había de co- 
rregirse en el Concilio de Trento) ; pero como no es posible dudar 
de la fe dd poeta, pecador, pero creyente (como se ve en sus Can- 
tigas a la Virgen y en otros pasajes religiosos), se piensa, ante estos: 
fragmentos de su poema (icomo dice M. Pelayo), no en Wiclef ni en; 
Lutero, sino en Petrarca y otros escritores redigiosísimos, que ante 
la corrupción de Ja época, clamaban por la reforma y mejora de 
las costumbres en eclesiásticos y seglares. 

Influencias literarias en Juan Ruiz.— El Arcipreste sabía la- 
tín y algo también de francés, árabe y probablemente italiano: per- 
sona de gran talento y de considerable cultura para su época, era ca- 
nonista más aún que filósofo y teólogo, a más de sus extraordina- 
rias condiciones de hombre de letras. En él conviene distinguir di- 
ferentes influencias literarias, que se manifiestan en su Libro de 
buen amor: 

o) Influencia clásica, reflejada en sus reminiscencias de Ovi- 



JUAN RUIZ. ARCIPRESTE DE HITA I39- 

dio (que no llegó a conocerse directamente hasta el siglo xv con 
él Renacimiento) y más aun de Panfilo, imitador del elegiaco 
latino (véase la historia de doña Endrina, en el Arcipreste); en 
las citas de dísticos del pseudo-Catón ; y en la introducción de apó- 
logos (que se observan a la vez en la tradición oriental y en la clá- 
sica), conocidos del Arcipreste por cdlecciones o derivaiciones d- 
Esopo y Fedro. 

b) Inflicencia latino-cclesiástica. Juan Ruiz alardea de conocer 
?a Filosofía escolástica y el Derecho canónico de su tiempo; cita 
alguna vez a Aristóteles, el sabio por excelencia, ya en serio, ya en 
burias, y debió de ser conocedor de los cánones más que de la TeOí^ 
logia, ufanándose en el prólogo de haber leído a Graciano y las De- 
cretales : recuérdense también algunos pasajes de su poema (''Ora- 
ción que el Arcipreste fizo a Dios. "Todas las cosas del mundo son 
vanidat sinon amar a Dios." "De la Pasión de Nuestro Señor Jhesu- 
xristo." "La lición que sobre la penitencia un fraille da a don CarnaH». 
de "cómo el pecador se debe confesar et quién ha poder de lo ab- 
solver". "De quales armas se deve armar todo xristiano para ven^ 
qer el diablo, el mundo, e ia carne",) 

c) Influencia árabe. El Arcipreste sabía algo o mucho de árabe,, 
como se ve por el mensaje de Trotaconventos a la mora, por la de- 
claración de los instrumentos que no convienen a los cantares dé 
arábigo, por haber compuesto el arcipreste, según declara, cantigas 
para troteras y danzaderas moriscas, por eJ empleo del metro del 
zéjel en los cantares de escolar y por la multitud de palabras de ori- 
gen o estructura árabe que se leen en su poema (como han hecho 
notar en sus Glosarios Engelmann, Dozy y Egfuilaz). Lo verdade- 
ramente oriental en este libro es alguno de los apólogos (que pudo 
tomarlo el poeta de la Disciplina cleri^ali-s de Pero Alfonso, del 
Calila e Dimna, deJ Sendebar, de Ramón LuU, o de don Juan Ma- 
nuel) y la manera suelta y fragmentaria de intercalarlos. Tiene tam- 
bién tinte oriental el Horóscopo del nacimiento del fijo del rey Al- 
earás, que presenta cierta analogía, más bien exterior, con las Mil y 
una noches o con el Sendebar. 

d) '^Influencia francesa. Es reaU, aunque se ha exagerado por al- 
gunos. "Se reduce — dice M. Pelayo — a cinco o seis cuentos (3a 
disputa entre el doctor griego y el ribaldo romano; la historia de los 
dos perezosos, que querían casar con una dueña; ia del garzón que 
quería casar con tres mujeres; la desl ladrón que fizo carta al diablo 
de su ánima; la del ermitaño que se embriagó y cayó en pecado, 
y la de don Pitas Payas, pintor de Bretaña, tan desenvuelta y ma- 
liciosa)." Además, está inspirado en el fabliau de la bataillc de Ka- 
resme et de Charnage, "la pelea que hobo don Carnal con doña Qua- 



j^O LITERATURA ESPAÑOLA 

resma", que es la imitación más extensa y directa. También se notan 
ciertos galicismos, aunque pocos en número, v. gr., "monsennor voló 
ir a Handes ; vodo facer en vos una buena figura ; petit corder", y 
algún otro. Puymaigre dedara (observa di autor de los Hetero- 
doxos) que el Arcipreste, aun saqueando a todo el mundo, es más 
original que sus modelos, lo cual consiste en que tenía estilo propio 
y en que sabía imprimir en sus obras el sello de su personalidad. 
e) Influencia provenid. Es, por lo menos, discutible y harto du- 
dosa. Eil lirismo de origen provenzal en Juan Ruiz resuflta no directo, 
sino de segunda mano, pues su inspiración lírica y su métrica se 
expilican fácilmente sin saJir de los ámbitos de nuestna Península: 
las Cantigas de loores de Santa María, por las Cantigas de AHonso 
el Sabio: las trovas de escolares y de ciegos, por la tradición po- 
pular arábigo-española, y las serranillas, por las que se l-een en el 
Cancionero de la Vaticana, donde se encuentran los precedentes d« 
los artificios métricos del Arcipreste, incluso de algún ensayo de 
endecasílabo, que por primera vez aparece en castellano en la plu- 
ma de Juan Ruiz, al invocar a la Virgen, de este modo: 

Quiero seguir a ti, flor de las flores 
siempre de^ir, cantar de tus loores... 

7. Pero López de Ayala (1332- 1407). — 'Fué hijo de Fernán Pé- 
rez de Ayala y de doña Elvira de Cevallos, y vio la luz en Vitoria. 
Hábil y constante mantenedor de su propio provecho, y diestro en 
la política, en la diplomacia y en la guerra,^ ocupó altos destinos 
durante cuatro reinados, y cultivó 'las letras: por su carácter, tie- 
ne mucho de hombre moderno. En el reinado de don Pedro fué 
capitán de su flota y alguacil mayor de Toledo; pero cuando d 
bastardo don Enrique de Trastámara se proclamó rey en Calahorra, 
Ayala y su padre (como dice en su Crónica) entendieron que "los 
fechos de don Pedro no iban de buena guisa y determinaron par- 
tirse de él, con acuerdo de non volver más". Como allférez mayor de 
la Orden de la Banda asistió a la batalla de Nájera, donde fué 
apresado por 'la caballería inglesa del Príncipe Negro; y después, 
ya libre, obtuvo, entre otras mercedes, eil nombramiento de alcalde 
mayor de Vitoria y merino de ella, y luego el de alca¡lde mayor 
de Toledo. Como embajador en la corte de Carlos VI de Francia, 
asistió a éste con sus consejos en la batalla de Rosebeck, por lo 
cuai lie fué concedida una pensión de mil francos de oro. En el 
reinado de Juan I asistió al .desastre de Aljubarrota (1385), donde 
quedó prisionero, siendo encerrado en una jaula de hierro, en el 
castillo de Oviedes, algo más de un año, y después rescatado por 
treinta mil doblas de oro pagadas por su mujer doña Leonor de 



EL CANCILLER LÓPEZ DE AVALA I4I 

Guzmán, su pariente el Maestre dé CaJatrava y los reyes de Cas- 
tilla y Francia. Como enl>ajador ajustó la concordia con la casa de 
Lancaster (que representaba los derechos d-e don Pedro) : y en Has 
Cortes de Guadalajara impugnó d loco proyecto de Juan I de ab- 
dicación y reparto del reino. En la época de Enrique III formó 
parte dal Consejo de Regencia y ajustó treguas con Portugal : éa 
fué nombrado canciller mayor de Castilla, y sus hijos, el uno me- 
rino mayor de Guipúzcoa y d otro alcalde mayor de Toledo. Ayala 
murió casi repentinamente en Calahorra. 

El Rimado de Palacio se ha llamado también Rimos de las ma- 
neras de Palacio, y Libro de los fechos de Palacio: ninguno de es- 
tos títulos es bastante exacto, puesto que se refieren a un solo as- 
pecto o parte del poema, que ha llegado a nosotros mediante dos 
ródices, el del Escorial y el de la Condesa de Campo Alange (hoy 
en la Bibl. Xac). El Rimado puede y debe considerarse como un 
complemento de las Crónicas de Ayala, y también deíl Libro de 
buen amor. 

Las princii>ales anajlogías entre los poemas del Arcipreste y del 
Canciller son : "Uno y otro tienen carácter de sátira social y co- ^ 
lectiva, que alcanza a todas las jerarquías y estados; uno y otro se 
distinguen por la enérgica franqueza y da extremada libertad de 
juicio; uno y otro pertenecen a la primitiva y tradicional escuela 
de nuestra poesía erudita ; pero ambos la modifican profundamerute, 
abandonando en muchos casos da monotonía del tetrástrofo, y dando 
entrada aíl elemento dírico, en muy varias formas y combinaciones, 
a toda luz, de la tradición galaico-portuguesa. Y finalmente, para 
que la semejanza síca mayor aún, ambos libros tienen un sello pro- 
fundamente personal, y en medio de do abigarrado y descosido de 
su composición, cierta unidad de pensamiento que en la persona 
misma dd poeta ha de buscarse" ...pero se diferencian en que "en 
d Arcipreste todo es regocijo epicúreo: en el Canciller todo tris- 
teza, austeridad y desengaño de la vida. Uno y otro libro reflejan 
fielmente la distinta condición social de sus autores, y diversos 
son también los cuadros que presentan. El Arcipreste vive entre ei 
pueblo y corre de feria en feria, en la alegre compañía de escolares 
nocherniegos y de cantadoras judías y moriscas ; d Canciller vive 
en dos padacios y describe las maneras y fechos de sus habitadores, 
las tribulaciones de los míseros pretendientes que andan bruju- 
leando los semblantes del privado, la venalidad y falacia de los 
oficiales regios, la hinchada presunción y torpes amaños de los 
legistas, la insaciable codicia de los arrendadores y cobradores ju- 
díos..., y nos expone de paso sus ideas sobre el gobernamiento de- 



j^2 LITERATURA ESPAÑOLA 

Ua república y sobre las virtudes que deben adornar al buen rey y 
.•diferenciaríe dd tirano" (M. P.) : 

Este nombre de rey de bien regir desciende : 
quien ha buena ventura bien assy lo entiende; 
el que bien a su pueblo gobierna et defiende 
este es rey verdadero : tírese el otro dendé. 

Se caracteriza e)l Rimado por la intención doctrinal y moraJiza- 

■ dora del autor, lo cual da lugar a cierto prosaísmo pedagógico: por 
ello Puymagre señaló, con razón, su nota positiva y realista, exclu- 

. yendo toda preocupación del ideal; por ello también Oarus, fiján- 
dose en su valor histórico, lo consideró como un ''espejo de la so- 
ciedad del siglo XI v"; y es a la vez un reflejo persona/1 del poeta, 
por ílo que Gallardo, acertadamente, vio en él unas "efemérides del 
espíritu de su autor". Bl Rimado es obra entre sermón y sátira 
grave, y ante todo una impugnación de las malas costumbres del 
tiempo: hay en él no poco de confesión que ell Canciller hace de sus 
propios pecados ; pero mucho más que declaración personal de erro- 
res individuales hizo la de su siglo, época de crisis y de relajación 

.general, declarando las culpas sociales y colectivas que reprobaba, 
y también 'los desórdenes eclesiásticos, producidos o agravados por 
el cautiverio de Aviñón y eíl cisma de Occidente, 

Ed Poema, multiforme, como é. deH Arcipreste, y que recibe, como 
éste, su unidad, de la persona del autor, es de contenido muy vario: 

■ a) Parte religiosa. Empieza invocando el misterio de la Santa Tri- 
nidaid y exponiendo los fundamentos del cristianismo; diserta sobre 
los diez mandamientos, üos siete pecados, las siete obras de miseri- 
cordia, los cinco sentidos y las siete obras espirituales. — b) Parte 
política, donde trata del gobernamiento de la república, y a más 
un extenso pasaje titulado Libro de los fechos de palacio. — c) Par- 
te lírica, esparcida acá y allá, representada por cantares, cantigas 

.y deytados, v. gr., Cas oraciones a Dios y a la Virgen. — d) Un largo 
trozo final, que comprende cerca de la mitad del poema (desde la 
estrofa 869), todo él en cuaderna vía; es de carácter religioso- 
moraíl, y trata de aJgunos vicios, condenándolos (hipocresía, so- 
berbia, ira y envidia) ; de algunas virtudes cristianas y excelen- 
cias morales, que pondera, y así elogia lia limosna, da consejos al 
predicador, indica las condiciones del buen prelado, presenta la vi- 
da como camino para la muerte, expone cómo el pecador pier- 
de él miedo y la vergüenza; distinta estimación de los bienes tem- 
■porailes y celestiales; cómo no se conocen los juicios de Dios, muy 
oscuros; del mismo modo (dice el Canciller) que no se sabe si de 
Una mujer embarazada nacerá macho o hembra; testimonio de ía 



EL CANCILLER LÓPEZ DE AYALA 143 

conciencia del pecador y esperanza de él, sentencia d^l juicio finai, 
escasa sensatez del hombre en la buena fortuna, problema de Ja 
Providencia en relación con la existencia y éxitos de los malvados: 
el Anticristo, la virtud de la mansedumbre, etc., todo ello autorizado 
con múltiples testimonios bíblicos, particularmente ded Antiguo Tes- 
tamento, y ante todo con Ha historia de Job y d« sus desgracias, y 
consideraciones acerca de ellas, y referencias a Adán, Eva, Jafet, 
Noé y su embriaguez, Jacob, historia de José y de Faraón, vir- 
tudes de Moisés, Josué y Samuel, pecado de David contra Uria's, 
Jesucristo Redentor de los hombres, etc., etc. Este largo pasaje es 
una especie de exposición parafrástica de ciertos textos de los Mora- 
les de San Gregorio Magno. 

Entre los tipos sociales atacados deben recordarse los arrenda- 
dores judios, cuyas condiciones eran "para e'l pueblo mezquino ne- 
gras como el carbón"; los mercaderes, que parece que tienen "fe- 
cha cofradía con todos los diablos"; los letrados, que ayudan o no 
ail defendido, según éste tenga o no con qué pagarle : 

Si toviese el malfechor alguna cosa que dar 
luego fallo veinte leyes con que le puedo ayudar... 

«1 viejo y empobrecido cortesano, a quien eJ erario no paga sus 
•créditos, que tiene al fin que ceder, malbaratándolos, a los avaros ju- 
díos; y en medio de tanta desdlación, el abatimiento de la corona y 
•la decadencia general, que comprende a todos y se exterioriza en 
Aljubarrota, donde queda prisionero el autor. 

En cuanto a la métrica, los poemas del Arcipreste y del Canci- 
ller son las últimas muestras del mester de clerecía, y ambos poe- 
tas quebrantan fia unidad técnica de esta escuda literaria, puesto 
que en uno y otro las cantigas, decires, etc., en metros cortos líricos 
alternan con los graves cülej andrinos; en Ayala hay que notar que 
el Deytado sobre el Cisma de Occidente es una de las primeras 
composiciones extensas escritas en octavas de arte mayor (versos 
dodecasíllabos) y que aun en medio de la rigidez de la cuaderna vía, 
se esforzó por dar movimiento a estas pesadas estrofas, v. gr., en 
el pasaje en que parece anunciar la eüegía de Jorge Manrique; 

¿Dó estar las heredades et las grandes posadas, 
las villas et castillos, las torres almenadas, 
las cabanas de ovejas, las vacas muchiguadas, 
los caballos soberbios de las sillas doradas? 

Crónicas. — Muy importantes son las Crónicas de Ayala rela- 
tivas a los reinados de Pedro I, Enrique II, Juan I y Enrique III, 
esta última sin concluir a causa de la muerte del Canciller. Si la 
Crónica general del Rey Sabio representa la historia poética y le- 



144 LITERATURA ESPAÑOLA 

gendaria de üa Edad Media española, das Crónicas de Ayala, so- 
bre todo la de don Pedro, son la realización más perfecta de la 
historia dramática, rica en observación morall, aguda y 4)rofunda. 
Ayala poseía en alto grado condiciones de historiador : /sus retra- 
tos directos son pocos y breves; pero tienen tal agudeza psicoJógi- 
ca que resultan tan inconfundibles como penetrantes y no fué su- 
perado al pintar ilos caracteres de sus personajes; por otro lado, 
prepara y agrupa das circunstancias que interesan y que hablan al 
ánimo icon tal maestría que su re/lato nos parece un drama vivo y 
palpitante. | 

La másHiotable de estas Crónicas es lia de don Pedro, y ail Can- 
ciller debe en gran parte este Rey efl tinte legendario, entre cruel y 
justiciero, que Je han atribuido las generaciones posteriores. Algu- 
nos episodios de la obra son notabilísimos, como ei relato del su- 
plicio del Rey Bermejo, la extraña competencia de generosidad en- 
tre Beltrán Duguesdlin y el Príncipe Negro sobre eJ rescate de 
aquéil, y ila singular profecía de Merlín, interpretada por Ben Al- 
jatib, sabídor moro granadino, que Ayaña muestra cumplida en la 
persona de don Pedro cuando sucumbe en Montiel a manos de 
don Enrique. Esta Crónica está dividida en 19 apartados, corres- 
pondientes a los años dell reinado de don Pedro. 

Aiigunos han puesto en duida la veracidad e imparcialidad de 
Ayalla en su primera Crónica, sin más fundamento que el haber 
dejado a don Pedro por seguir al de Trastámara; pero, de ser así, 
íe hubieran desmentido los contemporáneos, pues quedaron muchos 
seguidores del Rey justiciero, lo cual no sucedió; y por otra parte,, 
cronistas distintos confirmaron el relato de Ayala, entre ellos el 
autor de 'las Memorias de Pedro IV de Aragón, el portugués Fer- 
nán Lopes, el itajliano Villan? y \os franceses Froissart y el biógrafo 
de Duguesclin. 

Jerónimo de Zurita propuso algunas enmiendas a las Crónicas 
de Ayala. Próspero Mérimée, con sólo acomodar afl gusto moderno 
esta Crónica, ha hecho un libro tan dramático, interesante y atractivo 
como sus mejores novelas. 

Ayala escribió también el Libro de cetrería o de las aves de 
casa, importante para e'l estudio de las costumbres y de ños ejerci- 
cios caballerescos por las observaciones relativas a ia Historia Na- 
tural y ,1a- Geografía de España y por la riqueza del vocabulario 
especial de caza que contiene, verdaderamente castizo, y en parte 
perdido hoy (gerifaltes, sacres, borníes, alfaneques, tagarotes y ba- 
haríes): hay dos reimpresiones modernas, una la de los Biblió- 
filos españoJes y otra la de Gutiérrez de la Vega, en su Bihl Vena- 
toria. 



LIBRO DE MISERIA DEL IIOMNE 145 

Ayaila se distinguió también como traductor y puso en castella- 
no la I.* 2.» y 4.* Décadas de Tito Livio, no directamente del ori- 
ginal Jatino sino valiéndose de la versión francesa de Pedro de 
Bercheur. Tradujo también el De Consolatione de Boecio; los Mora- 
les de San Gregorio el Magno, fuente principal de las Sentencias del 
zaragozano Tajón (M. R), y los tres libros De sumnio bono de San 
Isidoro, "Suma de nuestra primitiva cultura en lo teológico" (M. P.) ; 
la Crónica troyana de Guido de Columna, extraña obra, muy difun- 
dida en la Edad Media, en que se hermanaron por singular manera 
los recuerdos clásicos, degenerados y alterados ordinariamente, con 
el aimbiente caballeresco medieval ; la Caída de Príncipes de Boccac- 
cio (versión incompleta, que fué terminada por efl obispo don 
Alonso de Cartagena), y quizá también el libro tan popular de Va- 
lerio Máximo, aunque esta última traducción no es segura. 

En estas traducciones inicia el Canciller la corriente italiana, 
que poco a poco va sobreponiéndose a la francesa, casi exclusiva 
hasta ahora ■en nuestras letras. 

8. Libro de miseria de iiomne. — Muestra del mcstcr de cle- 
recía en sus últimas manifestaciones es el Libro de miseria de homne, 
que acaba de editar don Migue! Artigas, cultísimo encargado de 
la "Biblioteca M-enéndez y Pelayo", donde el códice se conserva. 
Parece ser del siglo xiv, obra de un clérigo presbítero, acaso un 
monje, con cura de almas en adguna alldea agrícola. Está escrito en 
502 tetrástrofos monorrimos de diez y seis silabas, en dos hemis- 
tiquios de a ocho, mostrando la iníluencia del metro popular. El 
asunto del poema es el mismo del libro de Inocencio III llamado 
vulgarmente De contemptu mundi, que es "una suma de textos bí- 
bflicos y profanos referentes a las miserias de la vida humana; aña- 
de algunas noticias sobre martirios de Santos tomadas del Flos 
Sanctoriim, y algún pasaje, como la historia de Cosdroe, inspirado 
probablemente en la Gran conquista de Ultramar o acaso derivada 
también de los Flos Sanctorum, en todos los cuaJes estaba la leyenda 
de la Exaltación de la Cruz. Muéstrase original en muchos deta- 
lles; por ejemplo en la enemiga que manifiesta por los caballeros; en 
la crítica de los distintos estados, tema frecuente en la literatura 
medieval {Alexandre, Rimado, Danza de la Muerte, etc.) Es nota- 
ble pasaje (est. 117 y sigts.) efl que pinta la llegada del Señor a casa 
de su siervo, que se ve precisado a dejar su morada para que el amo 
la ocupe. 

C. Poesía didáctico-moral : 9. Sem Tob. — 10. Pedro de Veragüe. 

9. El rabino de Carrión don Sem Tpb (llamado Samtob, o Santo), 
deditó ai rey don Pedro el Cruel (1350-1369) el libro át Prover- 



146 LITERATURA ESPAÑOLA 

bios morales o Consejos y documentos al rey don Pedro. Su form; 
métrica es Ha cuarteta de versos heptasilábicos, desdoblamiento de 
alejandrino propio del mester de clerecía y comprende 686 estrofas 
Su autor es el primer judío que escribe en nuestra lengua, donde im 
porta uno de los más caracteríscos usos de la literatura rabínica 
la poesía gnómica o sentenciosa, influido por ilas máximas de h 
Biblia, del Talmud, de Avicebrón, de Honain ben Ishac y de Pedrc 
Alfonso. El Marqués de Santillana, en su Carta al Condestable, lo con 
sideraba como un gran trovador, a pesar de ser judío, y recuerda ¿ 
este propósito los versos del poeta: 

Por nascer en espmo Nin vale el azor menos 

la rosa, yo non siento porque en vil nido syga, 

que pierde, ni el buen vyi© nin los enseniplos buenos 

por salir del sarmiento. porque judío los diga. 

Sus sentencias son notables por su sabiduría; tienden a prevenir 
los idaños de la injusticia y de la prodigalidad, ensalzando el traba- 
jo y el silencio. Su estilo es excesivamente conciso y, aunque ILeno 
de adagios y dichos populares, contrasta con la lozanía del Arci- 
r preste. Por su carácter exótico de sabiduría orientaíl y por un cier- 
to dejo de melancolía filosófica, es agradable la poesía del rabino 
de Carrión, moralista para quien lo principal de las obras humanas 
es la virtud. 

Por aquesto fallesce y lo que syempré créice 

el plaser corporal, es lo espiritual. 

El género iniciado por Sem Tob es continuado por el Marqués 
de Santillana en sus Proverbios, por Fernán Pérez de Guzmán y 
Gómez Manrique, y en el siglo xvi por Alonso Guajardo Fajardo, 
Alonso de Barros y Cristóbal Pérez de Herrera. A Sem Tob se 
han atribuido sin fundamento las siguientes obras : La Doctrina cris- 
tiana. La Revelación de un hermitaño y la Danza de la muerte, 
de que luego se trata. 

ID. La DOCTRINA DE LA DiscRiciÓN.— Se ha atribuido al Rabí 
Sem Tob, por estar en el mismo ms. que sus Proverbios. Según la úd- 
tima estrofa, es obra de Pedro de Veragüe. Contiene, en 154 estrofas 
en tercetos monorrimos octosilábicos, con un pie quebrado, un dibro 
de Doctrina cristiana, explicando el Credo, los diez Mandamientos, 
las catorce Obras de raisericondia, los siete Pecados capitales, los 
Sacramentos, los trabajos del mundo y otros consejos de moral y 
conducta. 

Por muy bien guardar tu ley, 
y i>or ser leal a tu rev 



JUAN FERNANDEZ DE HEREDIA M/ 

e por defender tu grey 
debes morir. 

Es el más antiguo de Jos Catecismos españoles, y tuvo gran po- 
piylaridad, llegándose a imprimir hasta el siglo xvi. 

L). Historia: ii. ^ ,\..,<,cií^- de don Juan Manuel. — 12. Fernán Sán- 
chez de Valladolid, la Crónica de 4lfonso XI. — 13. Juan Femán- 
ícz de Heredia. — 14. Crónicas j^ei. Canciller Ayala. 

11. Don Juan Manuel: Crónicas, Véase el núm. 17 (pág. 152). 

12. Fernán Sánchez de Valladolid (vive en 131I5-1359). *^cr- 
•sona distinta de Fenián Sánchez de Tovar, según demuestra el se- 
ñor Puyol, puede ser el autor de las Crónicas relativas a los rei- 
nados de Alfonso X, Sancho I\' y Fernandb IV, en otro tiempo atri- 
buidas a Juan Núñez de Villazán. Era Fernán Sánchez notario de 
Castilla, canciller deil sello de la puridad y consejero de Aflfonso XI. 
Es muy dudoso que sea suya, aunque se lie atribuya la Crónica de 
Alfonso XI, que, además de contener el relato de las valersas haza- 
ñas defl vencedor del Salado, añade la historia de los reinos musul- 
manes de Granada, Marruecos y Tremecén. 

13. Juan Fernández de Heredia (i3IO?-I396), natural de ]Mu- 
nébrega (Calatayud), ingresó en la Orden de San Juan de Jerusa- 
ién, y en ella fué comendador de Alfambra (1334), de Villel y de 
Aliaga, castellán de Amposta y hasta Gran Maestre. Intervino en 
los asuntos pciliticos de la época de Pedro IV de Aragón y fué per- 
sonaje de gran relieve en 3a corte pontificia d)e Aviñón, tomando 
parte como diplomático y soldado en la guerra de los cien años, 
y siendo gravemente herido en la batalla de Crecy (1346). En una 
expedición contra los turcos en Patrás fué hecho prisionero, y su 
cautividad duró tres años (1381). El final de su vida lo dedicó 
a los trabajos de erudición histórica. Es posible que sóio dirigiera la 
composición de las obras que aparecen como suyas, y reunió una se- 
lecta librería, que utilizaba Pedro IV y que en parte fué a parar a 
manos del Marqués de Santillana. 

Sus obras principales son: la Gran crónica de España, inspi- 
rada en la Crónica general; pero más crítica que la del Rey Sabio, 
pierde el interés que esta tiene por Üas 'leyendas y gestas interca- 
ladas, a la vez que traduce o extracta líos historiadores clásicos o 
de la Edad Media. Se conserva la primera y tercera parte en dos 
tomos manuscritos de la Biblioteca Nacional de Madrid. Eíl iibro 



148 LITERATURA ESPAÑOLA 

18 del tomo II contiene las Gestas del Rey don Jaime de Aragó 
(ed. Morefl Fatio, 1909). 

La Gran crónica de los Conquiridores (ms. inédito de la B; 
bliateca Nacionafl) narra la vida y hechos de algunos famosos per 
sonajes: principia con Marco Antonio; sigue la vida de Octavio 
sus amores con Qeopatra; Tiberio, Constantino, Teodorico. Y 
en lia Edad Media, se ocupa de Atila, Carlos Martel, Carlomagnc 
Tarik, Muza y Gengiskan, entre otros. Termina con las vidas d 
San Fernando y Jaime I. Parte de esta obra forma el Libro de lo 
fechos et conquistas de la Morea (ed. Morefl Fatio, 1885). 

Mandó traducir al dialecto aragonés varias obras, tales cam 
la Flor de historias de orient, de H'ayton; el Libro de Marco Polc 
el audaz viajero por el Extremo Oriente, cuya reilación tanto inte 
resó en la Edad Media; 5as Vidas paralelas de Plutarco, siguiend 
la versión al griego moderno de Demetrio Talodiqui, y 'las Historia 
del presbítero Orosio. A su iniciativa se debe la redacción del Car 
tulario magno de la Orden de San Juan de Jerusalén (6 volúmeneí 
conservados en el Archivo Histórico Nacional), interesante para e 
estudio de las instituciones jurídicas, costumbres y lenguaje vulga 
de Aragón en la Edad Media. 

14. Avala : Crónicas. Véase el núm. 7 de este capítuilo (págt 
na 143). 

E, Novela: 15. Leyenda de Buda o Román de Barlaam et Josa 
phat. — 16. Crónica troyana. — 17. Don Juan Manuel: el Condt 
Lucanor. 

15. Leyenda de Buda o Román de Barlaam et Josaphat. — E 
Speculum historíale de Vicente de Beauvais (hacia 1250), divuílgc 
la íeyenda de Buda, que había sido traducida al latín en el si 
glo XII, tomándoía del libro sánscrito Lalít a-Vis tara, por iiiterme 
dio de una adaptación griega, hecha probablemente por un monj^ 
cristiano. 

Esta leyenda expresa las creencias populares acerca de- Buda (s. vi 
a. de J. C). Buda o Sakia-Muni, después de vivir en el cielo doce años, 
viene al mundo, entrando en el seno de su madre, la divina Maya (la ilu- 
sión), en figura de un elefantito blanco. El día de su nacimiento ocurren 
mil prodigios, que llevan al sabio Asita a visitar al niño, y anuncia que 
sojuzgará la tierra y será un célebre reformador. En la escuela, deslum- 
hra a su maestro, explicándole sesenta y cuatro clases de escritura des- 
conocidas. Quinientos Sakias, en asamblea, determinan darle esposa. Buda 
pide si«te días de término y luego enumera en verso las cualidades que 
debe tener la casada ideal. Sólo se encontraron en Gopa ; mas su padre re- 
husa dársela a Buda, por no juzgarlo digno. Al fin se celebró un certamen, 
«n el que Buda resultó vencedor sobre todos sus competidores en artes, 



BARLAAM' Y JOSAPIIAT. CRÓNICA TROYANA 149 

ciencias y ejercicios corporales : la mano de Gopa fué el premio del 
concurso. El placer cansa pronto a Buda y los dioses le recuerdan su 
rpromesa de librar al mundo del dolor y de la muerte, y él exclama : " Si 
^mediante la ciencia superior fuera yo libre, podría libertar al mundo." 
Su padre le fabrica tres palacios, para invierno, verano y tiempo llu- 
vioso, llenos de todo lo apetecible, y apartados de cuanto puede re- 
cordar la vejez, la enfermedad, el dolor o la miseria; pero un tedio 
invencible le consumía. Vio a un anciano apoyado en su bastón, y 
reconoció lo que era la vejez ; se encontró con un enfermo asqueroso, 
y supo que la salud es como ilusión del que sueña; un cortejo fúnebre 
le hizo saber lo que es la muerte. Y en un ermitaño, mendigo errante, 
encontró Sakia Muni el mejor género de vida. Tanto como su padre 
siente la resolución de Buda de hacerse ermitaño, lo celebran los dioses, 
(lue arrojan una lluvia de flores; un sueño milagroso adormece a la 
ciudad, para que Sakia pueda salir sin ser visto. En su retiro lo acom- 
pañan sólo cinco discípulos. Su compasión por los animales le lleva a 
darles a comer su propio cuerpo. Llegó a practicar la más rígida abs- 
tinencia, no comiendo sino mt grano de arroz. Cuando se decidió a 
tomar alimento abundante para poder ejercer la compasión, sus cinco 
-•discípulos le abandonaron. 

Tenemos rastro de esta leyenda en el Libro de los Estados de don 
Juan Manuel! y en los Exemplos de Sánchez de Vercial. 

i6. Crónica Troyana. — A nombre de los supuestos Dares el fri- 
.^io y Dictis cretense se forjaron relaciones de la guerra de Troya 
.cuando, en la extrema decadencia de las letras clásicas, perdieran su 
significación los poemas homéricos. Aquellas ficciones se escribieron 
primero en griego (cuyo texto primitivo se perdió) y del griego se 
tradujeron al latín, y en esta ilengua se divulgaron. La de Dares se 
dice encontrada y traducida por Cornelio Nepote; pero su estilo de- 
muestra bien que no es obra de la buena época ; la de Dictis es me- 
jor. Segián los preliminares, un temblor de tierra, en tiempo de 
Nerón, descubrió el ignorado sepulcro de Dictis, cerca de Gnoso, 
y en él se halló una caja de plomo, guardadora de sus Memorias 
acerca del sitio de Troya, escritas en caracteres fenicios, que fue- 
ron traducidas al griego, y del griego al latín. Esta failsificación es, 
a lo sumo, del siglo iv^ pero no anterior. 

Ambas ficciones, que aparentaban cierta exactitud histórica, al- 
canzaron gran crédito en lia Edad Media. Benoit de Sainte More, 
poeta de Turena, hacia iióo compuso el poema francés Román 
de Troie en más de treinta mil versos pareados de nueve síla- 
bas, amplificando las narraciones de Dares y Dictis, añadiendo en 
'la. introducción la historia de los argonautas; fraguó el imaginario 
■parentesco de los francos con los troyanos, dio tinte feudal ai. re- 



ICO LITERATURA ESPAÑOLA^ 

lato e inventó algunos episodios, entre ellos el de los amores de 
Troilo y Briseida que inspiró a Boccaccio, Chaucer y Shakespeare, 

Del poema de Benoit de Sainte-More (Benito de Santa María, se- 
gún le llamó d traductor castellano) hizo una refundición, en latín, 
Guido delle Cdonne, juez de Mesina, titulada Historia Troyana (ter- 
minada en 1287) ; ocultó eí original de S^inte^More, nombró única- 
mente a Dares y a Dictis, que pasaban por auténticos, y dio a su li- 
bro cierto carácter histórico, con lo que íle procuró una difusión ex- 
traordinaria. 

Las varias formas que se conocen de la Crónica Troyana, en 
Italia o en España, se derivan, o de ia obra de Sainte-More, o de 
la refundición que de ésta hizo Guido de íla Columna. Los eruditos 
Mussafia y Gorra han empezado a ptmtualizar unas y otras deri- 
vaciones. Del poema de Sainte-More proceden dos traducciones cas- 
tellanas, hechas del francés, y una gallega hecha defl castellano; se- 
gún la suscripción de un códice, una de las castellanas fué manda- 
da hacer por Alfonso XI y terminada en tiempo del rey don Pedro 
y parece que se emprendió para lia educación de este último Príncipe. 
En üa Biblioteca Naicional (Madrid) se guarda un códice gallego que 
fué del Marqués de Santillana, y que ha sido publicado (Coruña, 
1900) por Martínez Salazar, y es el documento más antiguo en pro- 
sa literaria gallega; fué copiado en parte por Fernán Martís (o 
Martínez), capellán de Fernán Pérez de Andrade; esta traducción' 
de traducción contiene muchas formas castellanas y francesas. 
Otro códice bilingüe (en gallego y en castellano) se guarda en la 
Biblioteca Menéndez Pelayo, en Santander. También saílió del poe- 
ma francés de Sainte-More otra versión anónima castellana de fines 
deil siglo XIV conservada en un Códice de la Bibfl. Nacional (antes 
de la de Osuna), que tiene intercalados algunos trozos en verso, que 
recuerdan la procedencia poética de la obra. 

De la Crónica Troyana de Guido, o Egidio, de la Columna pro- 
ceden la traducción catalana de Jaime Conesa, terminada en 1367 y 
la castellana de Pedro de Chinchilla, hecha a instancia del primer 
Conde de Benavente en 1443. En el siglo xvi se hicieron varias im- 
presiones de una Crónica Troyana impresa a nombre de Pedro Núñez 
Delgado, que procede también de Guido de la Coflumna, agregando 
algunas fábuHas mitológicas referentes a Hércnfles, Eneas y Bruto; 
lo que se relaciona con este último, salió de la Historia Britomim- 
de Godofredo de Monmouth. Tales son las filiaciones y conexiones; 
que señalla M. P. {Orig. Novela, I) en tan intrincado problema. 

La Crónica Troyana refiere la guerra de la ciudad famosa, según- 
lo que se ha indicado, con visibles matices de libros de caballería. 



DON JUAX MANUEL I5I 

Recordemos ios episodios de la muerte de Héctor, ia de Aquiles, los 
éxitos de Ulises, y lo referente a Helena. 

17. Don Juan Manuel (1282-1349?). — Nació en Escalona, siendo 
hijo del infante don Manuel y nieto de San Femando; huérfano 
muy niño, Sancho IV le nombró Adelantado de la frontera de Murcia 
a los doce años. Sostuvo luchas con el Rey de Aragón, dividiéndose 
el reino de Murcia entre este monarca y Sancho IV, dándose al In- 
fante de la Cerda un Estado por la parte de Sevilla y a don Juan 
Manuel el señorío de Villena y la villa áe Alarcón. 

Acompañó a Fernando IV aá sitio de Aflgeciras (1309) ; pero la 
desunión, recelos y retirada de varios nobles (uno de ellos don Juan 
Manuel), dejando al Rey "en la mayor necesidad y miseria", hicie- 
ron que éste d'^sistiese deil asedio. Muerto Fernando IV se dividen 
nobles y prelados, declarándose unos por el infante don Pedro y 
otros por el infante don Juan ; don Juan Manuel siguió a este úflti- 
mo; en 1319 fueron muertos aquellos Infantes en la Vega de Gra- 
nada. En 1322 se unió con don Juan el Tuerto, ofreciendo a éste, 
para lo futuro, la mano de su hija Constanza; el Rey, para dividir- 
los, pidió secretamente ia mano de esta dama, niña a la sazón, cele- 
brándose los esponsales con el Rey. Don Juan Manuel atacó a los 
moros de Granada con éxito. Asesinado en Toro don Juan el Tuerto 
en lia ¿amara regia y casado Alfonso XI con doña María, hija del 
Rey de Portugal, y encerrada doña Constanza en el castillo de Toro, 
don Juan Manuel se desnaturalizó deil reino, se unió al de Granada 
para hacer la guerra al de 'Castilla, siendo sitiado por el Rey en Esca- 
lona y logrando que Toro y Zamora negasen obediencia a Alfon- 
so XI. Viudo el Infante, casó con doña Blanca, heredera de los 
Laras, aliándose con su pariente don Juan Núñez de Lara. Conti- 
nuando presa doña Constanza, don Juan Manuel concierta treguas 
con los moros, y malogra la guerra defl Rey contra éstos. Alfon- 
so XI quiere atraérselo; pero el Infante le dice que no se verá con 
él sino mediando un río importante entre ambos, y conformándose 
el Rey, don Juan le objeta que ni aun así consiente en la entrevista. 
Mientras Alfonso XI sitia a Gibraltar, don Juan Manuel y su cu- 
ñado don Juan Núñez de Lara le hacen la guerra. E(l Rey trata de 
impedir eíl concertado matrimonio de doña Constanza, ya Jibre, 
con don Alfonso de Portugal ; después de nuevas luchas con el In- 
fante (en que éste otra vez se desnatura del reino), terminan tan 
rencorosas discordias permitiendo el Rey el indicado casamiento, 
y volviendo a su gracia al señor de Lara y a don Juan Manuel, 
que desde entonces Je guardó fidelidad y ie auxilió en la guerra con 



152. 



LITERATURA ESPAÑOLA 



los moros. Se ignora el año de la muerte del inquieto Infante; es 
probable que fuese el de 1349. 

Tiene don Juan Manuel algunas obras de carácter histórico. La 
Crónica ahreyiada es uno de tantos sumarios o extractos de la 
Crónica general (1320-1324). Se le atribuye la Crónica complida, y 
algunos, como Baist, la identifican con el Chronicon Domini Jo- 
hannis Emmanuelis, publicado por el padre Plórez en España Sa- 
grada (tomo II) ; otros, como Menéndez Pidal, creen que la Crónica 
r.omplida no es del Infante, y que el Chronicon debió ser escrito bajo 
su dirección, pero no por él mismo, puesto que confiesa no saber 
latín. De todos modos, parece que este Cronicón latino no contiene 
completa la Crónica complida. 

La obra más importante de don Juan Manuel es el Conde Luca- 
nor o Libro de Patronio, colección de 50 apólogos o cuentos intere- 
santísimos, de tendencia educadora, para toda díase de estados y 
condiciones. En 1335, unos trece años antes de la fecha probab'lc 
de la composición del Decameron de Boccaccio, terminó don Juan 
Manuel esta obra maestra de la prosa castellana dd sigilo xiv, que 
en cuanto a plan y naturaleza (colección de apóllogos sueltos, de 
fondo moral) continúa la tradición de Pero Alfonso, dd Calila y 
del Sendebar. En cada cuento el conde Lucanor propone a Patro- 
nio, su consejero, un caso determinado de las rdlaciones humanas, 
un problema de moral social, y, a continuación, el maestrókl_o re- 
suelve por un medio alegórico, el de un apólogo de contenido seme- 
jante, terminando con un pareado, expresión de la moraleja, v. gr. ; 

Por falso dicho de heme mintroso 
non pierdas buen amigo et provechoso, 

Aquesto tenet por cierto, ca es verdad probada 
que honra et vicio grande non han una morada. 

Esta colección es variadísima por la naturaleza de sus cuentos y 
por la procedencia de éstos; comprende fábulas esópicas y orien- 
tales (cuentos del raposo y del cuervo, y de doña Truhana, que es 
la fábuáa de la 'lechera), parábolas (como 4a del corazón del avaro 
lombardo que se encontró después de su muerte en el arca de su¿ 
caudailes), aikgorías (como la de la Mentira y la Verdad), cuentos 
maravillosos (como el de lo que aconteció a un Deán de Santiago 
con don Illán, el gran maestro de Toledo, o el ddl hombre que se 
hizo amigo y vasallo del diablo), cuentos satíricos (v. gr., el de 
los buTÜadores que fabricaron el paño mágico). Por otra parte, en 
esta riquísima colección de apólogos se encuentran no pocos que 
guardan relación, por su asunto, con obras importantes de la litera- 
tura universal ; así, ell cuento "de lo que aconteció a un ome que por 



EL CONDE LUCANOR 153 

pobreza et mengua de otra vianda comía atramuces", se ve en la 
décima de Calderón {La vida es sueño) "Cuentan de un sabio que 
\in día"...; eíl del "mancebo que casó con una mujer muy fuerte e 
muy brava e llegó a domarla", es el fondo de La fiera domada, de 
Shakespeare; el de los burladores que labraron el paño mágico se 
repite también en el Retablo de las maravillan de Corvantes y de Qui- 
ñones y en un cuento de Andersen, 
He aquí «fl asunto de dos cuentos : 

El buen hombre y su hijo. — Un hombre, queriendo adoctrinar a su 
hijo, joven bueno, pero de condición indecisa, le anunció que al día 
siguiente irían ambos al mercado, y que previniese el borriquillo. Ca- 
minaron en todas las formas posibles, ya montándose el padre, ya el 
hijo, ya ambos a la vez en el asno, ya caminando los dos a pie, y 
.siempre encontraron censuras por parte de otros transeúntes a todas 
estas formas de viajar, ya fundándose en la compasión que despertaba 
el que iba a pie, o en la lástima que sentían por el pollino cuando 
ambos lo montaban, o en lo absurdo de ir andando viejo y mozo te- 
niendo a mano una cabalgadura utiHzable. '"Por tanto (concluyó el pa- 
dre), ¿qué podremos realizar a gusto de todos? Hagamos el bien se- 
gún nuestra conciencia y despreciemos las murmuraciones de ociosos 
y entrometidos." 

Pero Meléndes de Valdés. — En León gozaba justamente dicho caballe- 
ro del favor del Rey, pero unos envidiosos le calumniaron para perderle, 
diciendo que no se había opuesto a una correrla de los moros por trai- 
ción e inteligencia con éstos : no pudiendo castigarle públicamente el 
^ey, éste, siguiendo el parecer de malvados y ruines consejeros, le 
envió a media noche una carta mandándole que inmediatamente se pre- 
'sentara en palacio; pero Meléndez (que siempre encontraba bueno y opor- 
tuno lo próspero o lo adverso, como decretado por la Providencia), al 
bajar la escalera de su casa se cayó, resultando con una pierna rota, 
y siéndole imposible acudir al llamamiento : por este accidente, se sal- 
vó de sus enemigos, pues le esperaban ocultos los calumniadores en ei 
Jbosque inmediato para asesinarle. Poco tiempo después se aclaró todo; 
castigó el Rey a los envidiosos ; visitó al piadoso caballero, pidiéndole 
perdón, y Pero Meléndez admiró una vez más la sabiduría de la 
Providencia, que le había salvado la vida por habérsele roto la pierna, 
librándole así de sus enemigos. 

Las fuentes de estos cuentos de don Juan Manuel son variadí- 
simas; el ingenio del autor supo encontrar sus asuntos, para darles 
nuevo ser y savia castellana lo mismo en los dibros que en la vida, 
ya en la sabiduría oriental o clásica, ya en las crónicas castellanas. 
Indiquemos algunas de estas procedencias: "De lo que contesció a 
un raposo con un cuervo que tenia un pedazo de queso en el pico", 
es de origen oriental y había sido reproducido por Fedro; "De lo 



IC¿^, LITERATURA ESPAÑOLA 

que contesció a Ja golondrina con las otras aves cuando vio sem- 
brar eíl lino", se lee en la colección esópica; "De lo que contesció 
a un Deán de Santiago con don Illán, el grand maestro de Toledo", 
sé lee en el 'libro árabe Las cuarenta mañanas y las cuarenta no- 
ches; "De lo que contesció a una mujer quel dician doña Truha- 
na"/está en Calila e Dimna; "De lo que contesció a los cuervos con 
los buhos" se ve ya en el Pantchatantra y en el Calila; "De lo que 
contesció al león et al toro", se encuentra en el Pantchatantra y en el 
Hitopadesa; "De lo que fazen las hormigas para se mantener", pro- 
cede, probablemente, de un pasaje de la Historia Natural de Plinio. 
sobre la vida de las hormigas; "De (lo que contesció a un falcón sa- 
cre del infante don Manuel con una águila et una garza", es un 
episodio de caza sucedido a su padre el infante don Manuel; "De 
lo que contesció a un ciego que adestraba a otro", salió dic una pa- 
ráboña contenida en el Evangelio de San Lucas (cap. VI) ; "De la 
respuesta que dio el conde Ferrant Gonsales a sus gentes después 
que hobo vencido la batalla de Facinas", se lee en la riAmVa del 
Conde Fernán González (cap. VII) (Burgos, 1516). 

F. Prosa dudáctica : 18. Don Juan Manuel : el Libro del Caballero 
y del escudero; el Libro de los Estados. — 19. Castigos e docu- 
mentos. — 20. Ayala: Libro de cetrería. Alfonso XI: Libra ^er 

Monterí-a. 

18. El Libro del Caballero et del Escudero ha llegado in- 
completo (faltan los cap. 3-17). Tal como lo podemos áeer, se tra- 
ta de que un Rey "muy bueno et muy onrado" convoca cortes, a 
ías que acuden "muchos omnes, ricos et pobres", uno de ellos un 
escudero, mancebo de condición humilde, pero de excelentes pren- 
das. Aquí se corta el relato, por lo incompüeto del manuscnito, y al 
reanudarse, vemos al escudero recibiendo los consejos de un caba- 
llero anciano, que le adoctrina acerca de la caballería: concurre el 
joven a unas justas, vuelve a la ermita, donde estaba retirado 
aquél, recibe nuevas advertencias de él, describiéndbse también 
la muerte y sepultura del consejero. A esto se reduce la acción no- 
velesca; pero además hay una segunda parte, que es una verdadera 
encidopedia de los conocimientos de entonces acerca de Teología, 
Astronomía y Ciencias naturailes, tratándose, por tanto, de Dios, los 
ángeles, los cielos, los planetas, piedras y metales, mar, árboiles,. 
bestias, etc. Las fuentes de esta obra son : la principal, el Libre del 
orde de cavayleria de Luíl, y también Vejecio, las Etimologías de 
San Isidoro, las obras de Alfonso X, el Lucidario y el Speculum his- 
toríale de Beauvais. 



DOX JUAN MANUEL 1 55 

El Libro de los Estados consta de 150 capítulos, en los que se 
expone la educación de Johas, hijo del rey pagano Morován, por 
el maestro Turín; este último, no pudiendo resolver cumplidamente 
ciertos proWemas que Je propone su discípulo, llamia a! santo varón 
Julio, que a poco más de la mitad del iibro logra convertir al cris- 
tianismo a los tres personajes. Gayangos ha creído identificar a 
estas cuatro figuras, suponiendo que Johas es don Juan Manuel; 
Morován, su padre don Manuel ; Turín, Pero López de Ayala, abue- 
lo del futuro Canciller, y Julio es Santo Domingo; pero como este 
último muere antes del nacimiento de clon Manuel, la cronología 
se opone a dicha hipótesis. El libro de los Estados, revista comple- 
ta de Ja sociedad del siglo xiv en todas sus clases y condiciones, 
es la obra castellana más antigua, en que se refleja la de Bar- 
laam y Josaphat, en versión distinta probablemente a ¡a atribuida 
a San Juan Dannasoeno, vulgarizada esta última en todos los pue- 
blos cultos de la Edad Media, resultando la relación de don Juan 
Manuel una nueva forma de adaptación cristiana de la leyenda de 
Buda. En el Libro de los Estados los tres encuentros de Buda con 
el leproso, el viejo decrépito y et cadáver están reducidos a uno 
solo, el que tiene lugar "con el cuerpo del home finado", y de este 
modo se concentra más el efecto dramático del conocimiento de la 
muerte y de la vanidad, de las glorias humanas. "Coincide el Li- 
bro de los Estados con eil de Barlaam y Josaphat en la disputa de 
las religiones, en la conversión defl Rey, padre de Johas, y en otros 
pormenores, pero no en el motivo de! encerramiento del Príncipe, 
que aquí no se funda en un vaticinio de !os astrólogos, ni en el re- 
celo de que se convirtiera a la nueva fe, sino en el motivo pura- 
mente humano, aunque quimérico, de ahuyentar de él la imagen 
defi dolor y de la muerte... (Este libro) desde la conversión y bauti- 
zo del Infante pierde todo interés novelesco." (M. P.) Dicho tema de 
Barlaam y Josaphat vuelve a surgir en la comedia de este título 
(16 18) de Lope de Vega y en La vida es sueño de Calderón. Yendo de 
camino ell infante Johas y su ayo Turín, encuentran acaso d cadáver 
que llevaban a enterrar (ya indicado) ; y contra la orden expresa dd 
rey Morován de mantener a su hijo eJ Infante en perpetuo descono- 
cimiento de la muerte, Johas, impulsado por natural curiosidad, pre- 
gunta y averigua sobre la vida y la muerte y la distinción entre el 
cuerpo y d alma. De ello surgen otras cuestiones y luego otras, hasta 
que Turín, no pudiendo resolverlas, le dirige al santo Julio, natural 
de Castilla, que entonces predicaba el Evangelio por aquellas tie- 
rras. Julio enseña al infante Johas los principios de la fe católica y 
las ciencias naturales, terminando con el bautismo de éste, de su 
padre y de su ayo. 



jc5 LITERATURA ESPAÑOLA 

19. Castigos e documentos.— Gayangos y Amador de los Ríos 
^creyeron que el libro de los Castigos e documentos era obra del 
-rey don Sancho IV el Bravo para la educación de su hijo Fernan- 
'do IV: así, al menos, constaba en alguno de los códices, que ponía 

la terminación del aibro en 1292 durante el sitio de Tarifa. Pero los 
señores Foulché-Ddbosc y P. Groussac han demostrado (1906) ser 
los Castigos reproducción de parte de la adaptación castellana del De 
Regimine Principum (1284) de Egidio CoHonna (Gil de Roma), he- 
«cha con el título de Regimiento de los Príncipes, hacia 1345 poi 
fray Juan García de Castro jeriz, confesor de la Reina; añadiendo 
los Castigos allgunas disertaciones originales de fray Juan, que ha- 
bía escrito su obra para la educación de don Pedro {el Cruel). El 
libro es una muestra del género didáctico, tan corriente en la Edad 
Miedia, con abundancia de sermones, ejemplos, milagrosos o alegóri- 
cos, derivados de las más diversas fuentes. 

20. Avala: Libro de Cetrería. — Véase el núm. 7 de e»te ca- 
pítulo (pág. 144). 

Libro de Montería de Alfonso XI. Parece ser obra, en parte, 
de Alfonso XI, redactada hacia 1340. Trata asuntos de caza, como 
lo hace Pero López de Ayaila en su Libro de Cetrería y como des- 
pués lo había de hacer Barahona de Soto. 

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con estudio. — 17. Obras, ed. P. de Gaj'angos. B. A. E., t. LI : Libro de las tres 
razones, y Libro de los estados, o del Infante, ed. A. Benavides, Memorias de 
D. Fernando IV de Castilla, Madrid, 1860, I, 350, 444; El Conde Lucanor, 
ed. H. Knu.st [y A. Birch-Hirschfeld], Leipzig, 1900; ed. E. Krapf, Vigo, 
1902; Libro de la Caza, ed. J. Gutiérrez de la Vega, en Biblioteca venato- 
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frenberg, en Romanische Forschungen, 1893, VII, 427; La Crónica com- 
plida, ed. G. Baist, en Romanische Forschungen, 1893, VII, 551 ; R. M. Pi- 
dal, en Revista Crítica, etc., Madrid, 1896, I, ni; F. Hanssen, Notas a la 
versificación de Juan Manuel, en Anales de la Universidad de Chile (1901), 
CIX, 539 ; M. Pelayo, Oríg. novela. I, 86. El Conde Lucanor ha sido estu- 
diado por Ticknor, Historia de la lit. esp. (trad. Gayangos, I, págs. 65-81); 
Puibusque, Revue Coutcmporaine, y en la traducción completa Le Comte 
Lucanor, Paris, 1854, y en la Hist. comparée des litteratures espagnole et 
frangaise. Paris, 1843, I, 70-80: Wolf, Studien ; Milá, El Conde Lucanor, 
Barcelona, 1853, preliminar; Gayangos, Rev. españ. de ambos mundos, II, 
1854, págs. 384-402. Amador de los Ríos, Hist. crít., IV; Puymaigre, Vieux 
autcurs ; Benfey y Liebrecht (ambos en alemán). F. de P. Canalejas, Rai- 
viundo Lulio y D. Juan Manuel (siglos xiii y xiv). Estudio literario, en 
Rev. de España, II, 116; IV, 402. — 19, B. A. E.^ t. LI ; P. Grousac, en 
Rev. Hispanique (1906), XV, 212; R. Foulché-Delbosc, ibid., págs. 340-371. 
— 20. Ed. J. Gutiérrez de la Vega, Biblioteca venatoria, Madrid, 1877, I y II. 
B. Martín Mínguez, Alfonso XI y el libro de la Montería, en La Ilustr. Esp. 
y Amer. (1096), LXXXI, 190. 



A. Épica. Romances viejos. 



Revelación de un ermitaño. 



B. LÍRICA. 



Cancionero de Bae- 
na •- 



Escuda galai- 
y co p o r t u-( 
) giiesa. 



Ferrús. 

Villasandino, 

Jerena. 

Valencia. 

Sánchez de Talavera. 

Macías, 



Cancionero de Stú- 
ñiga: Alfonso V 
de A r a g ó n en 
Ñapóles 



/ Imperial. 
Escuela a 1 e-V Páez de Ribera, 
górica i t a-' Martínez de Medina, 
liana. j Manuel de Lando. 

f Juan Alfonso de Baen; 

Carvajal o Carvajales. 

Torrellas. 

Stúñiga. 

Santa Fe. 

Andújar. 

Tapia. 

Villalpando. 

Dueñas. 

Juan Poeta, o de Valladolid. 



Marqués de Santillana. 
Juan de Mena. 
Fernán Pérez de Guzmán. 
Antón de Montoro. 
Alvarez Gato. 
Hernán Mexía. 
Gómez Manrique, 
i Jorge Manrique. 
I Guillen de Segovia. 
Rodríguez de la Cámara. 
Fray Iñigo de Mendoza. 
Fray Ambrosio Montesino. 
Juan de Padilla. 
Garci Sánchez de Badajoz. 
Juan del Encina. 
Rodrigo Cota. 



Cancioneros de. 



Constantina. 
Hernando del Castillo. 
Obras de burlas. 
iHíjar. 
Herberay, etc. 



\bfí 

< 

tí 

< ' 

< \ 

<: 
•w 



C. SÁTIRA. 



Social Danza de la Muerte. 



Política. 



") 



Crónicas 
renerales 



D. Historia. 



(Coplas del Provincial. 
' — de Mingo Revuílgo. 
— de ¡ Ay, Panadera ! 

' Pablo de Santa María. 
Alfonso Mz. de Toledo: Atalaya. 

Crónica de don Juan II. 
Fernán Pérez de Guzmán : Gene- 
raciones. 

Príncipe de Viana. 

/C r ónicas] 
de Enri- 
que IV. 

j Diego de Valera. 
[Rodríguez de Almella. 
'Juan Rodríguez de Cuenca. 

, C r ónicas 
de los Re- 
yes Cató- 
licos. 



Alfonso de Palencia. 
Plnríquez del Castillo. 



|Hernando deíl Pulgar. 
Bernáldez. 
I Flores. 



b) Crónicas 
particufla-y'jj^ ^ 2 
res. 



TT, I Don Alvaro de Luna. 

Flersona- „. , 
^ \ Cid. 

íes nota- ^ -»^._ 

■ j Pero iSino. 

( Lucas de Iranzo. 



Gran Ta- 



acio-/ Historia del 
nes die; morían, 
viajes. ' Andanzas de Tafiir 



E. Novela. 



jj , í Paso honroso, 
r '. Seguro de Tordesillas. 

'{ Bachiller Palma. 

Libro de los gatos. 

Libro de los exemplos. 

Don Pedro. Condestable de Portugal. 

Pedro del Corral. 

Alfonso Mz. de Toledo: Corvacho. 

! 

, 1, ¡Aniadís de Gaula. 
cabaJle- , , d, , 

ÍTirant lo Blanch. 
rías. \ 



Diego de San Pedro: 
sentimentales. 
I Juan de Flores. 
La Cuestión de Amor. 



otras novelas 




F. Prosa DiPÁrncA. 



G. Dram-vjica... 



Enrique de Villena. 
Santillana: Carta al Condestable. 
|Don Alvaro de Luna. 
lAlfonso de la Torre. 
Teresa de Cartagena. 
/Alfonso de Cartagena. 
\Fray Martín de Córdoba. 

Fray Lope Ferrández. 
AHf onso de Madrigal ; Castigos y doc 
trinas. 

Juan de Lucena. 

Fernando de Córdoba. 

[Gómez Manrique. 

jEncina. 

jLucas Fernández. 

¡Celestina. ; 



CAPITULO VII 
A. Épica: i. Romances viejos. 

I. Romances. — El primer documento donde s€ citan los roman- 
ces en la acepción actual (no en la de lengua ni en la de novela cor- 
ta, que tenía esta palabra en la Edad IVIedia) es el Proemio del 
Marqués de Santillana, escrito entre 1445-48: "ínfimos poetas son 
aquellos que sin ningún orden, regfla ni cuento facen estos canta- 
res y romances, de que las gentes de baja e servil condición se ale- 
gran." En general son anónimos. Carvajal o Carvajailes, del Can- 
cionero de Stúñiga, firma dos en 1442; a Rodríguez del Padrón se 
le atribuyen algunos. Y Alvarez Gato, Nebrija y Encina ya los lla- 
man viejos. 

¿Cuál es su origen? Punto es éste muy oscuro. Milá y Fontanals, 
Menéndez Pidal y Menéndez Pelayo opinan que los romances son 
restos de cantares d€ gesta. Estaban escritos éstos para ser recitados 
por los juglares en los castillos de los nobles y casi siempre trata- 
ban de hazañas guerreras. Pero los cantares de gesta se perdie- 
ron, por no escribirlos, por haberlos intercalado prosificados en las 
Crónicas y por eí favor que logró la poesía cortesana, que trajo por 
consecuencia el abandono de los códices antiguos, así del mester de 
clerecía como del de joglaría, y entonces de los asuntos que estos can- 
tares celebraban y de los fragmentos conservados a la memoria se 
apoderó el pueblo, entendiendo por pueblo lo mismo que la Partida 2.» 
(tít. X, Jey i.^) el "ayuntamiento de todos los homes comunal- 
mente, de los mayores, et de los menores, et de los medianos". Es- 
tos nuevos poemas de carácter popular son los romances. Los 
cantares primitivos fueron pocos en número; pero en el siglo xiv 
o principios del xv, a los asuntos derivados de ellos y cantados en 
los romances, se añadieron otros: extranjeros, de hechos contem- 
poráneos (fronterizos, moriscos, etc.), tratados seguramente por in- 
genios cortesanos, que versificaron a lo popular. Los romances his- 
tóricos derivan, pues, de las gestas, directamente o por medio de las 
Crónicas; los caballerescos, fronterizos, etc., debieron de nacer en 
el siglo xv^ por tratar estos asuntos al modo de los históricos. 

II 



jg2 LITERATURA ESPAÑOLA 

El señor Foulché-Ddbosc encontraba inverosímil la teoría ^pre- 
.Hente de la creación de los romances por una colectividad y de la 
^Isforma ón de un cantar de gesta en romance por ia transmisión 
oral Lonomances, inspirados indudablemente en los poemas épicos 
d a de adencia, no es seguro que sean los má. antiguos. Pero no 
formulaba hipót sis alguna frente a la sostenida por los maestros de 
aTstoria literaria española. El señor Cejador, en cambio, opina 
(IQ20) que los romances fueron la primera manifestación de la 
epopeya castellana, recitados por los juglares, pero no escritos. Estos 
romances pasaron prosificados a la Crónica general -,n \^ cual se 
ven restos de versos de pie de romance (octosílabos)- ; ellos sirvie- 
ron a los eruditos para componer gestas, como, por ejemplo, la del 
Cantar de Mió Cid. En el siglo xv los romances se escribieron ya 
y se nos conservan en (los llamados romances viejos. Esta teoría, que 
es, en substancia, la misma de Duran, ha sido combatida por Menen- 
dez Pidal (1921), que mantiene sus primitivos puntos de vista. 
' Emplean los romances viejos el verso de diez y seis sílabas, par- 
tido en dos hemistiquios de ocho, con asonancia uniforme. El verso 
octosílabo debe ser de origen épico; se ve ya en el Poema del Cid, en 
la Crónica general, en el Cantar de Rodrigo y en el Poema de Alon- 
so el Onceno; el Arcipreste y el canciller Ayala lo emplean en cuarte- 
tos monorrimos. "El verso de diez y seis sílabas, o si se quiere de 
ocho más ocho, es indígena y privativo de España; no se en.cuen- 
tra en la poesía francesa ni en la italiana" (M. P.). La asonancia se 
empleaba ya en el bajo latín y es común aíl latín vulgar y a las len- 
guas romances. 

En el Cancionero de Fernández de Constantina (principios del 
siglo xvi) y en el Cancionero general de Hernando del Castillo (151 1) 
figuran ya romances. En el sigilo xvi se empezaron a imprimir en 
pliegos sueltos. Martín ?\iUcio publicó en Amberes ©1 Cancionero 
de Romances (una edición sin fecha, otra de 1550). En seguida, 
Esteban de Nájera, en Zaragoza, 1550, imprimió una Silva de Ro- 
mances. Juan de Timoneda publicó cuatro colecciones." Rosa de 
amores, Rosa española, Rosa gentil y Rosa real de romances. En 
las Guerras de Granada de Ginés Pérez de Hita se recogió alguno 
muy notable de la tradición oral. Estas son las colecciones anti- 
guas más importantes de romances viejos. Al lado de estas coleccio- 
nes se formaron otras de romances artísticos, escritos a imitación 
de los viejos por eruditos y poetas. Alonso de Fuentes (Sevilla, 1550) 
publicó sus Cuarenta cantos de diversas y peregrinas historias: 
Lorenzo de Sepúilveda (Amberes, 1551) imprimió un Romancero. 
Del mismo carácter artístico son las composiciones que integran el 
Romancero general (1600-1605 y 1604-1614), obra de los poetas 



ROMANCES HISTÓRICOS 163 

más refinados del siglo wi. \ín el siglo xvii y sobre todo en el 
XVIII se acentuó la decadencia del género, y el romanticismo ale- 
mán vino a rehabilitar ed romancero. Herder popularizó en su pa- 
tria el Romancero del Cid; Jacobo Grimm (1815) y Depping (1817) 
publicaron colecciones de romances. Don Agustín Duran dio a luz 
el Romancero (1828-32) y la segunda edición en 1849-51. Más 
exactamente fijaron los textos Fernando Wolf y Conrado Hof- 
raann en la Primavera y flor de Romances (Viena, 1856). Menén- 
dez y Pe'layo (1899-906) incluyó en su Romancero alrededor de la 
Primavera de Walf, las colecciones antiguas de Amberes y de Es- 
teban de Nájera, y los romances recogidos oralmente. El Romancero 
de Menéndez y Pelayo parece que pued€ considerarse como defi- 
nitivo. 

Lx)s romances viejos, de Jos que aquí se trata, han sido clasifica- 
dos por Menéndez y Pelayo de Ga manera siguiente : 

a) El rey don Rodrigo y la pérdida de España 

b) Bernardo del Carpió. 

c) El conde Fernán González y sus sucesores. 
I d) Los Infantes de Lara. 

í. Romances históricos e) El Cid. 

/) Romances históricos varios. 

g) El rey don Pedro. 

h) Romances fronterizos. 

i) Romances históricos de tema no castellano. 

II. Romances del ciclo carolingio. 

III. Romances del ciclo bretón. 

IV. Romances novelescos sueltos. 
y. Romances líricos. 

I. Romances históricos.— a) El rey don Rodrigo y la pérdida de 
;:spoña. — La leyenda del iiltimo Rey godo tiene tres fases esenciales. 
Primera: don Rodrigo, rompiendo con la tradición de sus antepasados, 
entró en el palacio encantado de Toledo (Cueva de Hércules), adonde 
nadie se habia atrevido a penetrar. En ella encontró un paño con figuras 
de árabes pintadas y una inscripción que anunciaba la posesión de Es- 
paña por el pueblo que aquellas figuras representaban, cuando alguien 
hubiese llegado a aquel lugar. Segimda fase: don Rodrigo se enamora 
de la Cava, hija del conde don Julián, doncella que estuvo en palacio, y 
satisface sus deseos : la Cava, que instantáneamente pierde su belleza, 
trscribe a su padre pidiéndole venganza: el Conde trae a los musulma- 
nes, que destronan al Rey y se apoderan de sus estados. Fase tercera: 
después de la batalla llamada del Guadalete, el Rey godo, fugitivo, llega 
.a las inmediaciones de Viseo, y confiesa sus culpas a un ermitaño : 



164 LITERATURA ESPAÑOLA 

este, por inspiración divina, le impone como penitencia, para salvar su 
alma, que se entierre vivo en un sepulcro con una serpiente de dos- 
cabezas : así lo hizo don Rodrigo, y cuando murió devorado por ella, 
las campanas de Viseo tocaron sin que nadie las moviese, para indicar 
la salvación eterna del desgraciado monarca. Aún se v« cerca de Viseo, 
una lápida sobre el que se dice sepulcro del Rey, 

Ninguno de los romances viejos de este grupo se puede califi- 
car de tal. Los seis que admitió Wolf derivan de da Crónica sarra- 
cina de Pedro del Corral!, y no pasan del siglo xvi. Merecen recor- 
darse el que comienza Las huestes de don Rodrigo. A él pertene- 
cen los siguientes versos : 

Ayer era Rey de España, — hoy no lo soy de una villa ; 
ayer villas y castillos, — hoy ninguno poseía ; 
ayer tenía criados, — hoy ninguno me servía ; 
hoy no tengo una almena — que pueda decir que es mía... 

Del que empieza Después que el rey don Rodrigo, en que se narra 
ia penitencia del monarca godo, se ha hecho célebre en el Quijote 
«1 fragmento : 

Ya me comen, ya me comen — por do más pecado había. 

A más de las derivaciones indicadas al tratar de Pedro del Co- 
rral, sigue esta ileyenda viva en la tradición del pueblo. En Asturias 
se han recogido oralmente bellísimos romances de este grupo; por 
ejemplo, el que empieza: 

Don Rodrigo fué a caza, — a caza como solía... 

b) Bernardo del Carpió. — Es quizá el único héroe fabuloso de nues- 
tra épica. Doña Jimena, hermana de Alfonso 11 el Casto, tuvo del 
Conde de Saldaña a Bernardo. El Rey apresó al Conde y mandó criar 
a Bernardo muy esmeradamente, pues no tenía hijos. Como Carlomag- 
no pidiera a Alfonso que se hiciera vasallo suyo, Bernardo se opuso y 
ayudó a los moros de Zaragoza a derrotar a los francos en Roncesva- 
lles. Después venció al conde Bueso, que había penetrado en tierra de 
España. Reclamó a Alfonso III el Magno la libertad de su padre, toda- 
vía encarcelado, y el Rey negósela ; por lo cual Bernardo guerreó contra 
el Monarca y tomó el castillo del Carpió. El Rey, temeroso de su bravu- 
ra, envió mensajeros que le anunciaran la libertad de su padre. Y cuando 
Bernardo cerca de Salamanca, salió al encuentro del Conde, besóle la 
mano y lo halló muerto. Don Alfonso desterró a Bernardo, que se fué 
a París. 

La leyenda, recogida en la Crónica general, deriva de los textos del 
Tudense y del Toledano y de cantares de gesta perdidos. 

De los romances de este grupo, sólo se puede calificar de viejo el 
que empieza : Con cartas y mensajeros — el rey al Carpió envió. De 



ROMANCES HISTÓRICOS 165 

■be derivar de un cantar decadente, por el espíritu anárquico y feu- 
•dal del héroe y por su fanfarronjería frente all abatimiento del Rey. 

— Prendedlo, mis caballeros, — que igualado se me lia. 
— Aquí, aquí, mis doscientos, — los que comedes mi pan, 
que hoy era venido el día — que honra debemos ganar. 

Otros tres romances, incluidos por Wolf en la Primavera, son 
versificación dtíl texto de la Crónica. Eil de Por las riberas de Arlan- 
za es de Timoneda. 

El Bernardo inspiró varios poemas, entre ellos el de Cristóbal 
Suárez de Figueroa España defendida, y El Bernardo o h Victoria 
de Ronccsvalles de \^albuena. Juan de la Cueva lo llevó por vez 
primera afl teatro en su comedia La libertad de España por Ber- 
nardo del Carpió; Cervantes alude a este asunto y Lope de Vega io 
repitió en Las Mocedades de Bernardo y en El casamiento en la 
muerte, obra esta última en que Lope añade a la leyenda ila legiti- 
mación que Bernardo hace de sí mismo, juntando la mano de su 
madre con la de su padre, helada por la muerte. El Alfonso el Casto 
■de Hartzenbusch es la liiltima manifestación de las hazañas del fa- 
buloso vencedor de Ronccsvalles, que todavía vive en Ja poesía po- 
pular española. 

c) El Conde Fernán González y sus sucesores. — La leyenda del pri- 
mer Conde de Castilla la hemos expuesto al tratar del Poema de Fer- 
nán González (pág. 89). 

Es viejo eíl romance que principia Castellanos y leoneses, deríva- 
lo de la Crónica de 1344. De él es este trozo: 

Eso que decís, buen Rey, — véolo mal aliñado ; 
vos venís en gruesa muía, — yo en ligero caballo ; 
vos traéis sayo de seda, — yo traigo un arnés tranzado ; 
vos traéis alfanje de oro, — yo traigo lanza en mi mano; 
vos traéis cetro de rey, — yo un venablo acerado... 

También lo son el fragmento Buen Conde Fernán González — el 
rey envía por vos... y el de Por los palacios del rey. Entre los ro- 
^mances artísticos de este grupo debe citarse el que dice : 

Juramento llevan hecho — todos juntos a una voz 
de no volver a Castilla — sin el Conde su señor... 

que aparece en d Romancero general de 1604 y que pudiera ser 
de Lope. Además, Lope escribió La libertad de Castilla por Fernán 
González y Rojas repitió el asunto en la comedia La más hidalga 
Jtermosura. 

El conde Garci Fernández. — El conde Garci Fernández, el de "1»« 



l66 LITERATURA ESPAÑOLA 

fermosas manos", casóse con la condesa Argentina, que de Francia 
iba en peregrinación a Compostela. Otro Conde francés, también pere- 
grino, enamoróse de Argentina, que huyó con él. Garci Fernández se 
fué tras los adúlteros, y logró, disfrazado de mendigo, ponerse en re- 
lación con doña Sancha, hija del Conde francés, que odiaba a su padre 
por haberle dado madrastra, y que utilizó al de Castilla para vengar- 
se. Sancha ocultó una noche al Conde castellano bajo el lecho de sus 
padres, quien, una vez dormidos, los degolló, y con doña Sancha se 
vino a Castilla. 

Esta leyenda, contenida en la Crónica general, deriva de un 
cantar de gesta, perdido, y dio origen al romance Castilla estaba 
muy triste — crecidos llantos hacía, obra de Sepúlveda (siglo xvi)^ 
y no viejo, como creyó Duran. Zorrilla, en los Cantos del trovador 
(Historia de un español y dos franceses), repitió este asunto. 

Sancho Garda. — Su madre, por casar con un moro, de quien estaba 
enamorada, quiso envenenarlo ; y él hízole beberse el tósigo que tenía 
prevenido. Como reparación el Conde fundó el monasterio de Oña. 

Sancho García, el de los buenos fueros, mereció ser cantado 
en poemas, perdidos, de los que se ven rastros en el prólogo de la 
Crónica Rimada. Sepúlveda y Juan de la Cueva escribieron ro- 
mances con este asunto; Cadalso en Sancho García, que tiene la 
particularidad de ir escrita en pareados; Cienfuegos en La Conde- 
sa de Castilla, y Zorrilla en su hermosa tragedia Sancho García, 
repitieron este argumento. 

También fueron asunto épico la tragedia del conde de Cas- 
tilla don García, asesinado por los Velas cuando se iba a casar 
con la infanta doña Sancha, y ia acusación de adulterio contra la 
reina de Navarra, mujer de Sancho el Mayor, que formularon sus 
hijos Fernando y García, defendiéndola su entenado Ramiro, hijo 
ilegítimo de don Sancho. Sobre estos asuntos se conservan algu- 
nos romances del siglo xvi. 

d) Los Infantes de Lara.— -Al tratar de la Gesta de los Infantes de 
Lara expusimos la leyenda y sus derivaciones literarias. Aquí nos toca 
indicar los principales romances a que dio lugar este trágico asunto. 

El que empieza A Calatrava la Vieja ~ la combaten castellanos, 
se deriva probablemente del cantar de gesta que siguió la Crónica- 
general de 1344 o de varios fragmentos de él yuxtapuestos. Es nota- 
ble el llanto de doña Lambra ante el insulto de los de Lara : 

Yo me estaba en Barbadillo, — en esa mi heredad ; 
mal me quieren en Castilla — los que me habían de guardar. 
Los hijos de doña Sancha — mal amenazado me han 
que me cortarían las faldas— por vergonzoso lugar, 



ROMANXES HISTÓRICOS 167 

y cebarían sus halcones — dentro de mi palomar, 
y me forzarían mis damas. — casadas y por casar. 

El mismo asunto repite el romance que principia ¡Ay Dios, qué 
buen caballero — fué don Rodrigo de Lara! El precioso Cansados de 
pelear — los seis hermanos yacían, no es viejo, a pesar de la opinión 
de Woíf y Duran; representa la Iticha de los de Lara con los 
moros. De él es la siguiente increpación: 

¡ Oh traidor, falso, malvado. — grande es tu alevosía ! 
Trujístenos con tu hueste — a quebrantar la morisma 
enemiga dé tu fe, — y a ellos tú nos vendías, 
y dices que aquí nos maten. — De Dios perdón no recibas. 

Del segundo cantar de gesta deriva el famoso Pártese el moro 
Alicante — víspera de San Ccbrión, en que se relata el llanto de Gon- 
zalo Gustios ante las cabezas de los Infantes sus hijos. Acaso de 
este mismo cantar derive el A cacar va don Rodrigo — y aun don Ro- 
drigo de Lara, en que Mudarra se venga de Ruy Veílázquez, imitado 
por Víctor Hugo, en una de sus Orientales: 

Si a ti dicen don Rodrigo, — y aun don Rodrigo de Lara, 
a mí, Mudarra González, — hijo de la renegada ; 
de Gonzalo Bustos hijo, — y alnado de doña Sancha; 
por hermanos me los hube — los siete Infantes de Lara : 
tú los vendístes, traidor, — en el Val de Arabiana ; 

mas sí Dios a mí me ajoida — aquí dejarás el alma. 

« 
e) El Cid. Menéndez y Pelayo agrupó Jos romances dd Cid en 

tres series: i. Mocedades de Rodrigo. 2. Partición de los reinos 

y cerco de Zamora. 3. Conquista de Valencia y castigo de los 

Condes de Camón. 

1. De la primera serie, derivada del Cantar de Rodrigo, es ver- 
daderamente viejo y precioso el Cabalga Diego Laínes — al buen Rey 
besar la mano, en que Rodrigo se niega a prestar homenaje al Rey. 

Por besar mano de Rey — no me tengo por honrado ; 
porque la besó mí padre — me tengo por afrentado. 

Inspiró a Leconte de Lisie en L'accident de don Iñigo. 

Los que empiezan Cada din que amanece. Dia era de los Reyes 
y En Burgos está el buen Rey, cuentan las quejas de doña Jimena, 
pidiendo justicia contra efl Cid, matador de su padre el conde Lo- 
zano; dicho romance está influido por contaminación por el de A 
Cal-atrava la vieja, del ciclo de los Infantes de Lara. 

2. De la segunda serie es viejo el que dice: 

Doliente, estaba, doliente, — ese buen rey don Fernando ; 
los pies tiene cara oriente — y la candela en la mano... 



l58 LITERATURA ESPAÑOLA 

derivado del perdido Cantar de la partición de los reinos. El Afuera, 
afuera, Rodrigo — el soberbio castellano, que supone cierta inclina- 
ción amorosa entre d Cid y doña Urraca, es del siglo xvi y derivado 
de la Crónica del Cid. De la gesta perdida era uno que se cantaba 
en tiempo de Enrique IV: 

Rey don Sancho, rey don Sancho, — no digas que no te aviso, 
que de dentro de Zamora — un alevoso ha salido : 
llámase Vellido Dolfos, — hijo de Dolfos Vellido, 
cuatro traiciones ha hecho — y con esta serán cinco... 

asi como !os que empiezan Riberas del Duero arriba, Junto al 
muro de Zamora, Ya cabalga Diego Ordóñez y Por aquel pos- 
tigo viejo. 

Es celebérrimo el que cuenta el juramento que el Cid tomó a 
Alfonso VI, En santa Gadea de Burgos, de no tener parte en la 
muerte de don Sancho. 

Villanos mátente, Alfonso ; — villanos, que non fidalgos, 
de las Asturias de Oviedo — que no sean castellanos... 
con cuchillos cachicuernos, — no con puñales dorados... 

Parece derivado de ila Crónica general y de la particular del 
Cid. De carácter esporádico son el de En las almenas de Toro, uti- 
lizado por Lope, y el de Por el val de las estacas. 

3. Los de la tercera serie, que son viejos y que se refieren a 
la última época de la vida del héroe, tienen su fuente remota en el 
Poema del Mió Cid. Tal es el de Tres cortes armara el rey — todas 
tres a una sazón..., en que comparecen los Infantes que deshonraron 
a las hijas del Cid. El romance "más bello, y sin duda más popular 
y antiguo de todos >los concernientes al Cid", según el gusto de 
Menéndez y Pelayo, es el siguiente, de origen desconocido: 

Helo, helo, por do viene — el moro por la calzada, 
caballero a la jineta — encima una yegua baya; 
borceguíes marroquíes — y espuela de oro calzada... 
una adarga ante los pechos — y en su mano una azagaya. 
Mirando estaba a Valencia, — como está tan bien cercada: 
¡Oh Valencia, oh Valencia, — de mal fuego seas quemada!... 

Los romances del Cid han tenido gran trascendencia en la lite- 
ratura. Juan de la Cueva en el Cerco de Zamora, Lope en Las 
Almenas de Toro, Guillen de Castro en las Mocedades del Cid, por 
no citar sino los principaÜes, los utilizaron en el teatro. El Ro- 
mancero de Escobar tuvo tanta difusión en España como los plie- 
gos de condel. Este y otros romanceros, difundidos en todas las 



KOMANCES HISTÓRICOS 169 

épocas, dieron lugar en siglo xix a obras importantes de Hart- 
.2€nbusch, Fernández y González, Zorrilla, Milá y Fontanals. En 
Aüemania, Herder; en Inglaterra, Lockhant; en Italia, Berchet y 
Pietro Monti, han llevado este asunto a la literatura mundiaü. 

Al lado de la leyenda deil Cid debió correr la de su lugartenien- 
te Alvar Fáñez, conquistador de Cuenca; pero el cantar de gesta 
se ha perdido. La misma suerte alcanzó la leyenda de Munio Al- 
fonso, alcaide de Toledo, terror de los almorávides, en cuyo asun- 
to se inspira ila tragedia Munio Alfonso de Gertrudis Gómez de 
Avellaneda, y la dd conde Rodrigo González, señor de las As- 
turias de Santillana, con cuya soberanía quiso alzarse, por lo cual 
ee atrajo Ha enemistad de Alfonso VII; peleó con los aJmoravides 
y fué a las Cruzadas. Otros temas poéticos celebrados en cantares 
perdidos se conservan: tales, la leyenda de los caballeros Finojosas; 
la de la Dama de pie de cabra, intercalada en la genealogía de don 
Diego López de Haro, señor de Vizcaya ; Ja del conde don Ramiro 
y la Infanta mora; la del abad don Juan Montemayor. 

f) Romances históricos varios. De este grupo hay que citar el 
de la infanta doña Teresa, de quien se cuenta que su padre Ber- 
mudo II la entregó por esposa a Almanzor; ella prohibió aíl moro 
que ua tocara porque un ángel dd Señor lo mataría: así sucedió, y 
el. musitlmán, moribundo, la devolvió a su padre. .Sólo un romance, 
no muy viejo, se conserva de este asunto. Tres se conocen referen- 
tes al conde Vélez (época de Sancho III), de carácter erótico: 

Alabóse el conde Vélez — en las Cortes de León 
que no hay dueña ni doncella — que le negase su amor... 

Dos romances se conservan relativos al Pecho de los cinco 
maravedís, tributo que .Ailfonso \'^III quiso exigir a los hidalgos, 
y al que se opusieron éstos, capitaneados por Ñuño de Lara. El in- 
fortunio del Rey Sabio se cantó en el siglo xv en d romance Yo 
salí de la mi tierra; y este romance dio origen a unas cuantas fal- 
sificaciones históricogenealógicas y a suponer la existencia; del fa- 
moso Libro de l<is querellas, por tanto tiempo atribuido al autor 
de las Partidas. La Jeyenda de Fernando IV, emplazado por los her- 
manos Carvajal, a quienes él mandó arrojar por la peña de Martos, 
a comparecer a los treinta días ante el tribunal divino, fué divulga- 
da en algunos romances, uno de ellos recogido en la Historia de 
Gailíndez de Carvajal : En Cándete está el buen rey — en ese lu- 
gar honrado, que en otras versiones comienza: Válasme, nuestra se- 
ñora — cual dicen de la Ribera. 

g) El rey don Pedro. Así como el teatro favoreció la memo- 
ria de este discutido Rey. los romances de fueron hostiles, y €«• 



170 LITERATURA ESPAÑOLA 

que no debieron inspirarse directameníte en la Crónica de don Pedn 
del canciller Ayalá. Parecen tener su origen en la tradición po 
pular y en la Cuarta Crónica general, y no son anteriores ai si 
gflo XV. Wolf admitió como viejos cinco; entre ellos se citan el d< 
la muerte de don Fadrique, maestre de Santiago, a quien el Re] 
ordenó matar a gdpes de maza, según el romance, por influenci: 
de doña María de Padilla, aunque estto no es cierto. Es el que em 
pieza Yo me estaba allá en Coimhra — que yo me la hube ganado, 3 
tiene la particularidad de poner la relaición en boca del muerto 
Véase cómo hablaba la de Padilla con la cabeza cortada de 
Maestre : 

— Así pagaréis, traidor, — lo de antaño y lo de hogaño, 
y el mal consejo que distes — al rey don Pedro, tu hermano — . 
Asfóla por los cabellos, — echósela a un alano ; 
el alano es del Maestre, — púsola sobre un estrado, 
y a los aullidos que daba — atronó todo el palacio... 

Aún es popular en Asturias este romance, del que recogió una 
versión Amador de dos Ríos. Por los campos de Jerez es un roman- 
ce que enumera a modo de visión profética, los crímenes del rey 
don Pedro. El que narra la muerte de la reina doña Blanca atri- 
buye este hecho del Rey a iníluencia de doña María de Padilla, la 
cual no tuvo parte; además, que ¡la crítica se inclina a no creer en 
este crimen, sino en muerte natural de la Reina. Tampoco son cier- 
tas las relaciones entre doña Blanca y don Fadrique, especie que 
algunos romances muy tardíos recogieron, aunque da hayan explo- 
tado los genealogistas para explicar la filiación de don Alonso 
Enríquez, hijo natural de don Fadrique (y probablemente de la mu- 
jer de su mayordomo de Llerena), y tronco de 1» casa de los Al- 
mirantes de Castilla. Es bellísimo el romance dedicado a !a muerte 
del rey don Pedro, que sus partidarios lloran mientras la cdebran 
los de su hermano: 

A los pies de don Enrique — yace muerto el rey don Pedro, 
más que por su valentía, — por voluntad de los cielos... 
Riñeron los dos hermanos, — y de tal suerte riñeron, 
que fuera Caín el vivo — a no haberlo sido el muerto. 
Los ejércitos, movidos — a compasión y contento, 
mezclados unos con otros — corren a ver el suceso : 

Y los de Enrique 
cantan, repican y gritan: 
"Viva Enrique"; 
y los de Pedro 
clamorean, doblan, lloran 
su Rey muerto. 



ROMANCES FRONTERIZOS I7I 

Y es de gran valor onomatopéyioo el estribillo que caracteriza 
este romance. Notable sabor dramático tiene Id intervención de 
doña María de Padilla, aunque sea anacronismo: 

... Así la triste señora — llora y se deshace, viendo 
cubierto a Pedro de sangre — y Enrique de oro cubierto. 
Echó al cabello la mano, — sin tener culpa el cabello, 
y mezclando perlas y oro, — de oro y perlas cubrió el cuello ; 
quiso decir, "Pedro", a voces, — "villanos, vive en mi pecho"; 
mas poco le aprovechó ; — y mientras lo está diciendo, 

los de Enrique 

cantan, gritan y repican : 
" Viva Enrique " ; 
y los de Pedro 
clamorean, doblan, lloran 
su Rey muerto. 

Lope de Vega, y después el romanticismo, hicieron del Rey cruel 
el valiente justiciero. Mencionaremos la tradición del Candilejo, ro- 
mance del Duque de Rivas, y El Zapatero y el Rey, drama de los 
mejores de Zorrilla, entre Jas numerosas producciones que tienen 
como base la figura del monarca muerto en los campos de Montid. 

Del tiempo de don Juan II son el romance En Arjona estaba el 
Duque, que narra el episodio de la prisión de este Duque por el" 
Rey, y el que dice : Alburquerque, Alburquerque — bien mereces ser 
honrado..., que relata la rebelión de esta plaza contra don Alvaro 
de Luna y el monarca. Es el más antiguo conservado con nota- 
ción musical. 

. h) Romances fronteri::oj^ Dedicados a cantar los varios episo- 
dios de Ja lucha con los moros, los romances fronterizos son, como 
dijo Milá. "joya incomparable de la poesía castellana". "Hijos de 
una sociedad todavía heroica y no bárbara, inspirados por el más 
vivo espíritu nacional, reflejan al mismo tiempo algo de las costum- 
bres, de los trajes y edificios, y aun, si bien en pocos casos, de la 
poesía del pueblo moro." Su característica es ser rigurosamente his- 
tórico. Debieron componerse con preferencia en los reinos de Jaén 
y Murcia. El más antiguo (del siglo xiv) es el de Cercada tiene a 
Baeza — ese arráez Audalla Mir, en que interviene "el traidor d<í 
Pero GiV\ probabilísimamente el rey don Pedro el Cruel, apodado ast^ 
por sus enemigos. Ya del siglo xv es el primero, él que dice: 

Moricos, los mis moricos, — los que ganáis mi soldada, 
derríbesme a Baeza, — esa villa torreada, 
y a los viejos y a los niños — los traed en cabalgada, 
y a los mozos y varones — los meted todos a espada... 



■^j2 LITERATURA ESPAÑOLA 

Se refiere al hecho histórico del cerco de Baeza por el Re 
.de Granada en 1407. En él se cita un Vanegas, relacionado si 
.<iuda con el Reduán Venegas, caballero tornadizo, o sea que se vo] 
vio moro, del romance: 

Reduan, bien se te acuerda — que me distes la' palabra 
que me darías a Jaén — en una noche ganada... 

El hecho resonante de la conquista de Antequera por el infan 
te don Fernando (1410) fué cantado en Üa poesía erudita (La Cor, 
quista de Antequera, por Rodrigo de Carvajal y Robles, Lima, 162; 
y en la popular. Es notable el romance De Antequera partió el mor 
— tres horas abites del día, semejante al de ia pérdida de Alhamí 
Merece citarse una canción con estribillo, all modo de los sájele 
árabes (de los cuaíes acaso derive), que dice: 

¡Sí, ganada es Antequera! Dijo mora con gemido: 

¡Ojalá Granada fuera! —Yo te lo daré, a muley: 

Di j ele que me dijese aunque no eres de mi ley, 

las sennas de su marido mentirte nunca Dios quiera, 

porque yo se lo trújese ¡Si, ganada es Antequera... \ 
preso, muerto o mal ferido. 

Como "joya lírica de alto precio" consideró Menéndez y Pela 
yo él célebre romance de 

¡ Abenámar, Abenámar, — moro de la morería ; 
el día que tú naciste — grandes señales había ! 

Enumera los augurios del nacimiento del moro; evoca Ja visió 
<le Granada, tal como se presentaría a don Juan II (1431), y tei 
mina : 

Allí habló el rey don Juan — bien oiréis lo que decía : 
— Si tu quisieres Granada, — contigo me casaría ; 
daréte en arras y dote — a Córdoba y a Sevilla. 
— Casada soy, rey don Juan, — casada soy que no viuda ; 
el moro que a mí me tiene — muy grande bien me quería. 

Tiene influencias árabes (personificación de la ciudad como no 
vía, augurios del nacimiento de Abenámar) y se puede referir a 
hecho histórico del combate de la Higuera, perpetuado en un lienz 
que Felipe II hizo copiar en la saila de las Batallas en Eil Escoria' 

En el romance De Granada partió el moro — que se llama Be 
Zulema, se cita ya al célebre Rodrigo Narváez, alcaide de Antequeré 
Alora, la bien cercada, — la que estás a par del río, se recuerda en € 
Laberinto de Mena. El acto heroico del Conde de Niebla, que sucum 
. bió ante Gibraltar por salvar a los suyos, fué celebrado en romanccí 
inferiores por cierto al brillante pasaje, lo mejor quizá del Laberiti 



ROAIANCES FRONTERIZOS 173 

to. En la batalla de los Alporchones, el adelantado Adonso Fajardo 
y el comendador de Aledo, con las milicias de Lorca y Murcia, de- 
rrotaron a los moros. El hecho fué cantado en el romance Allá en 
Granada la rica — instrumentos oí tocar, histórico de todo rigor. Fa- 
jardo es el del que dice la leyenda qu€ jugó Lorca al ajedrez con 
el rey moro de Almería, ardid que es fama utiílizó el visir de Almota- 
mid de Sevilla Abenammar con Alfonso VI. Gran interés tiene ei 
romance que cuenta la derrota de los cristianos en Jaén y la prisión 
de!l obispo don Gonzalo de Zúñiga : Día era de San Antón, — ese día 
señalado... 
^ De los romances dedicados a la conquista de Granada, merece 
citarse la elegía a da pérdida de Alharaa: 

Paseábase el Rey' moro — por la ciudad de Granada, 
desde la puerta de Elvira — hasta la de Bibarrambla. 
¡,Ay de mi Alhama ! 

Cartas le fueron venidas — que Alhama era ganada; 
las cartas echó en el fuego, — y al mensajero matara. 
¡ Ay de mi Alhama ! 

Este romance tiene marcadas influencias árabes por su carácter 
predominantemente lírico y por el espíritu que le anima, sentimien- 
to de dolor del vencido. Fué traducido por Lx)r<l Byron y entró así 
en la literatura universal. Directamente relacionado con este episo- 
dio está el de la muerte del alcaide que perdió Alhama: 

Moro alcaide, moro alcaide, — el de la vellida barba, 
el Rey te manda prender — por la pérdida de. Alhama... 

Sobre d. cerco de Baza (1489) se conserva un bello romance en ed 
Cancionero musical de Barbieri: Sobre Basa estaba el Rey, — lunes^ 
después de yantar... Entre las figuras más celebradas en romances 
fronterizos se cuentan: Don Rodrigo Girón, maestre de ' Calatrava, 
más aventurero que capitán, ai que los romances presentan arrojan- 
do la 'lanza contra Granada: ¡Ay, Dios, qué buen caballero — el 
Maestre de Calairava. Este personaje dio lugar a multitud de com- 
posiciones poéticas, entre ellas la Oriental de Gregorio Romero de 
Larrañaga (1838) El de la cruz colorada: 

Dime tú, el Rey de los moros, el rey de las medias lunas, 

el- de los bellos jardines, de los reyes soberano, 

el de los ricos tesoros, el de la Alhambra dorada, 

el de los cien paladines, el de la hermosa Granada, 

el de las torres caladas en dónde está mi cristiano, 

con sus agujas labradas, el de la cruz colorada... 
el de alcatifas morunas. 

También celebraron Üos romances a don Manuel Ponce de León, . 



jyi LITERATURA ESPAÑOLA 

■de quien se cuenta haber entrado en una jaula de leones a recoger 
el guante que se había caído a su dama (anécdota del folklore uni- 
versal) ; a Garci Laso de k Vega, el luchador con el moro Tarfe; 
a Hernán Pérez del Pulgar, que tuvo la osadía de entrar con quince 
caballeros en Gratiada y clavó un pergamino con la Jeyenda Ave 
María en la mezquita, como para tomar posesión de ella; a don 
Alonso de Aguilar, que sucumbió heroico retirado en un peñón de 
Sierra Bermeja por no rendirse a ilos moros, episodio maravillosa- 
mente relatado por el autor de La guerra de Granada, que dio lugar 
al romance : 

Río Verde, río Verde, — tinto vas en sangre viva ; 
entre ti y Sierra Bermeja — murió gran caballería. 

Otras lleyendas produjo fla poesía fronteriza; por ejemplo, 
la de lia Peña de los Enamorados, dos amantes que huyendo de la 
persecución del padre de la novia se arrojaron abrazados por un 
precipicio; Ja ddl Abencerraje y la hermosa Jarifa; El Suspiro del 
moro,, es decir, la conocida anécdota en que la 'madre de Boabdil 
dijo al verlo llorar cuando se marchaba de Granada: "Bien haces, 
hijo, en llorar como mujer lio que no fuiste para defender como 
hombre." 

i) Romances históricos de tema no castellano. Merecen citarse 
entre este grupo : d de la Emperatriz de Alemania, a quien el Conde 
de Barcelona libró dsl fuego; el de Miraba de Campo Viejo — el 
Rey de Aragón un dia, en que Alfonso V. a punto de conquistar 
Ñapóles, excilama": 

¡ Oh ciudad, cuánto me cuestas — por la gran desdicha mia ! 

Cuéstasme un tal hermano — que por hijo le tenía; 

cuéstasme veinte y dos años, — los mejores de mí vida. 

que en ti me nacieron barbas, — y en ti las encanecía ; 

allguno dedicado a la conquista de Navarra por el Rey Católico; 
los referentes a doña Isabel de Liar, que repiten -la leyenda de doña 
Inés de Castro; el relativo a la muerte de la Duquesa de Bragan- 
za, asesinada por el Duque: Quejóme de vos el Rey, que recuerda 
la parte sentimental del Conde Alar eos, en lia escena de los hijos 
desamparados; el que cuenta el asesinato de don Juan de Borja, 
duque de Gandía (1497), Y los referentes a la muerte *del infante don 
Juan, hijo de los Reyes Católicos. 

II Romances del ciclo carolingio.— Utilizando asuntos toma- 
dos de las gestas francesas, pero tratados con plena libertad de 
imagmación, aparecen en el siglo xv (alguno al fin dd xiv) los ro- 
mances viejos del ciclo carolingio. Ciertas características dd lengua- 
je, el empleo de da repetición y de algunas formas de juramento, el 



ROMANCES BEL CICLO CAROLINGIO I75 

:gran lugar concedido a la descripcióti de trajes, la complicación no- 
velesca y un excesivo sentimentalismo, a veces, denota en ellos un 
síntoma de decadencia. 

Los más viejos parecen ser los relativos a Roncesvalles. Entre 
ellos debe citarse el de La fuga del rey Marsilio, eco lejano de la 
Chanson de Rolla nd ; el de doña Alda, bellísima poesía que cuenta 
el -sueño que tuvo esta dama, precursor de 3a noticia de la muerte 
-de su esposo Roil(^ín: 

En París está doña Alda, — la esposa de don Roldan ; 
trescientas damas con ella — para la acompañar ; 
todas visten un vestido, — todos calzan un calzar ; 
todas comen a una mesa, — todas comían de su pan...; 

^1 de Por i<i matanza va el viejo, — por la matanza adelante, que 
presenta aíl padre de don Beltrán buscando a su hijo entre los muer- 
tos en Roncesvalles, y el del conde Guarinos, célebre por haberlo 
citado Cervantes (con una palabra cambiada). 

¡ Mala la visteis, franceses, — la caza de Roncesvalles ! 
Don Carlos perdió la honra, — murieron los doce Pares, 
cativaron a Guarinos, — almirante de las mares... 

De Gaiferos se citan como viejos tres romances: el tercero, "que 
trata de cómo sacó a su esposa Melisendra, que estaba en tierra dte 
moros", fué inmortalizado en el Quijote (pasaje del retabdo de Mae- 
-c Pedro) : 

Caballero, si a Francia ides, — por Gaiferos preguntade, 
decidle que la su esposa — se le envía a encomendare... 

Relacionados con los de Gaiferos están los de Moriana y el del 
fragmento de Jidianesa, del cual son los conocidos versos : 

Mis arreos son las armas, — mi descanso es pelear ; 
mi cama, las duras peñas; — mi dormir, siempre velar... 

El de la Linda Mclisendra, no la esposa fid de Gaiferos sino la 
impetuosa doncella hija de 'Carlomagno, deriva del poema francés 
Amis et Anules, y es aún popular entre los judíos de Oriente: son 
sus notas características la erótica y el empleo de lo maravilloso. 

Otro personaje citado en los romances de este grupo es Valdo- 
vinos, hermano de Roldan y marido de la reina Sevilla. Es nota- 
-ble el romance : 

Ñuño Vero, Xuño Vero, — buen caballero probado, 
hinquedes la lanza en tierra — y arrendedes el caballo ; 
preguntaros he por nuevas — de Valdovinos el franco. 

Merecen recordarse dos romances del Marqués de Mantua. Ex- 



j-g LITERATURA ESPAÑOLA 

traviado en el bosque, oye los lamentos de un caballero, que re- 
sulta ser su pariente Valdovinos. Lope escribió una de sus mejo- 
res comedias con este asunto. , , i v j 

Los romances del Conde Claros son remmiscencia de la leyenda 
de Eginhardo, secretario de Cailomagno, de quien se enamoro su hija 
Emma. Introducido Eginhardo en la habitación de Emma, como al 
salir hubiera nevado, la doncella lo saca sobre sus hombros y vueñve 
por las mismas pisadas para evitar que lo descubran: el Emperador, 
que lia vio detrás de una ventana, los casa. En ti romance, el Rey 
condena al conde Gafos de Montalbán, y la doncella, Claraniña, la 
sadva. 

Media noche era por filo — los gallos querían cantar, 
conde Claros por amores — no podía reposar. 

Con este romance se relaciona el de Gerineldo, paje que se enamo- 
ra de la hija del Rey, el cual llega a descubrir su afrenta. 

Al ciclo carolingio asignó Menéndez y Pelayo é. bello romance, 
que recuerda por su factura uno del Cid, pero que tiene sentimien- 
tos más relacionados con las supersticiones germánicas: 

¡Helo, helo por do viene— el infante vengador, 
caballero a la jineta — en caballo corredor, 
su manto revuelto al brazo, — demudada la color, 
y en la su mano derecha — un venablo cortador ! . . . 

De asunto idéntico en el fondo all de ila linda Melisendra, pero- 
más delicado es el de Rosaflorida, "'lindísima joya de la poesía po-^ 
pu/lar" : 

En Castilla está un castillo — que se llama Rocafrida : 
al castillo llaman Roca — y a la fonte llaman Frida... 
Dentro estaba una doncella, — que llaman Rosaflorida... 
Prendóse de Montesinos — ^ de oídas, que no de vista... 

Varios lugares españoles recuerdan esta leyenda, sobre todo ia 
Cueva de Montesinos, inmortalizada en d Quijote. De Montesinos 
se conservan aflgunos romtances viejos, que narran la vida y educa- 
ción de este caballero, perseguido por el conde Tomillas, su con- 
trario. Con los romances de este grupo se relacionan los de Duran- 
darte, cuyo corazón lleva Montesinos a Belerma. esposa de aquél. 

Muerto queda Durandarte — al pie de una gran montaña ; 
un canto por cabecera, — debajo una verde haya... 

El romance más extenso de todos los viejos es el del Conde Dir- 
ías, que consta de más de 68o versos de diez y seis sílabas. El Con- 
de de Irlos, ausente muchos años por la guerra, vuelve a su casa 
cuando ya su mujer iba a celebrar sus bodas con Celinos, por orden 



ROMANCES DEL CICLO BRETÓN. NOVELESCOS VJ'J 

de Carlomagno. Ha sido tema muy repetido en todas las litera- 
turas; de una variante alemana deriva El Noble Moringer de Wal- 
ter Scott, muy parecida a nuestro romance. 

De menos interés son los romances conservados referentes a Rei- 
ualdos de Montalbán y al moro Calaínos, que fueron muy populares, 
dando los de este úJtimo origen a una frase muy corriente en el len- 
guaje familiar. 

III. Romances del ciclo bretón. — Sólo tres romances viejos se 
citan derivados de las leyendas artúricas; un fragmento que recuer- 
da a Tristán: 

Ferido está don Tristán — de una muy mala lanzada...; 

y otros dos, referentes a Lanzarote. Uno lo parodió Cervantes: 
Nunca fuera caballero — de damas tan bien servido 
como fuera Lanzarote — cuando de Bretaña vino, 
que dueñas curaban del, — doncellas del su rocino. 

Bl que principia Tres hijuelos había el Rey, — tres hijuelos y no 
más, refiere el mismo asunto que el poema neerlandés de Lanzarote 
y el ciervo del pie blanco : 

Una reina bella y poderosa se casaría con el caballero que fuera 
capaz de matar un ciervo con la pata blanca, defendido por siete leo- 
nes en un monte. Lanzarote logra matarlo, pero queda gravemente he- 
rido, y otro caballero se presenta en la corte de la reina haciéndose pa- 
sar por el heroico vencedor de los leones. Vuelve Lanzarote y es des- 
cubierta la traición. 

Hay algunos romances artísticos referentes a la penitencia de 
Amadís de Gaula en Ja Peña Pobre. 

IV. Romances novelescos sueltos. — lAparte algunos romances _^ 
de asunto mitológico o de historia clásica como e/1 de Verguíos; de .. 
historia medieva'l, como el de Laudarico, amante de Fredegunda; 
del d'C Espínelo, en que se introduce Ja leyenda que supone adúl- --, 
tera a la mujer que tiene más de un hijo en un parto, citaremos los \ 
romances moriscos novelescos. Del mismo tono que los fronterizos 

es el que dice : J\ 

Yo me era mora Moraima, — morilla de un bel catar : 
cristiano vino a mi puerta, — cuitada por me engañar... 

Ai mismo género pertenece ell de Mi padre era de Ronda — y mi 
madre de Antequera, y la canción que recogió Barbieri: 

Tres morillas me enamoran 
en Jaén : 

Axa, Fátima y Marien. 
Tres morillas tan garridas 



lyg LITERATURA ESPAÑOLA 

iban a coger olivas 
y hallábanlas cogidas 
en Jaén : 
Axa, Fátima y Marien. 

El asunto de la adúltera castigada se contiene en el romance 
_ Blanca sois, señora mia, — más que no el rayo del sol, que en por- 
tugués se titula de Bernal Francés. Y también a este asunto refiere 
Menéndez y Pelayo el de 

Rosa fresca, rosa fresca, — tan garrida y con amor, 
cuando vos tuve en mis brazos — no vos supe servir, no; 
y agora que os serviría — no vos puedo haber, no... 

El romance de la Bella mal maridada fué muy popular y lo glo- 
saron Gil Vicente, Castillejo, Silvestre, Montemayor y otros varios. 

La bella mal maridada, — de las más lindas que vi... 
Si habéis de tomar amores, — vida, no dejéis a mí. 

Del grupo que relata venganzas femeninas deben citarse el de 
Marquillos y Blanca Flor, y mejor aún el de Rico-Franco: 

A caza iban, a caza — los cazadores del rey ; 
ni fallaban ellos caza, — ni fallaban que traer..., 

asunto difundido en la poesía popular de casi toda Europa; y el 
de Moriana, envenenada con el mismo tósigo que pretendió dar 
a su enemigo. 

Entre los moriscos era corriente di cuento de la doncella Arcayo- 
na, terriblemente castigada por su padre por no corresponder a 
ios deseos incestuosos que en él despertara. Esta leyenda de la don- 
cella de las manos cortadas la vemos en el Victorial de Gutierre 
Díaz de Gámez. 

El asunto del romance de la Infantina se repite en poesías de 
Francia e Italia: 

A cazar va el caballero, — a cazar como solía. . . 
En una rama más alta — vido estar una infantina; 
cabellos de su cabeza — todo aquel roble cobrían. 

Ella le pide que la lleve en su compañía y él le contesta que 
va a tomar consejo de su madre: 

¡Oh mal haya el caballero — que sola deja la niña! 

V. Romances líricos.— Entre los romances llamados líricos me- 
recen recordarse eil de 

Fonte-frida, fonte-f rida, — fonte-f rida y con amor, 
do todas las avecicas — van tomar consolación, 
si no es la tortolica — que está viuda y con dolor..., 



ROMANCES líricos I79 

j el del conde Amalaos, que pondera la eficacia y el poder d«i 
•canto. El que narra la aparición de la esposa muerta: 

En la ermita de San Jorge — una sombra oscura vi : 
el caballo se paraba, — ella se acercaba a mí... 
— ^Voy a ver a la mi esposa, — que ha tiempo que no la vi. 
— ^La tu esposa ya se ha muerto, — su figura vesla aquí... 

Con otras variantes lo dio a conocer Wolf. Vélez de Guevara lo 
utilizó en Reinar después de morir: 

¿Dónde vas, el caballero? — ¿Dónde vas, triste de ti? 
Que la tu querida esposa — muerta es, que yo la vi. 
Las señas que ella tenía — yo te las sabré decir : 
su garganta es de alabastro — y su cuello de marfil... 

A la muerte prematura de la primera mujer de Alfonso XII se 
hizo popular una canción con letra derivada de este romance. 

La tragedia del Conde Alarcos será el último romance que ci- 
temos. La infanta Solisa, a quien el Conde había dado palabra de 
matrimonio, lo reclamó por marido cuando él ya se había casado 
y tenía hijos. La Infanta pide al Rey su padre que ordene a Alarcos 
matar a su mujer para después cumplirle la palabra dada. El Rey 
manda a)l Conde "que matéis a da condesa, — que cumple a la honra 
mía", y Alarcos se decide a ejecutar esta orden para salvar el ho- 
nor del Rey. La patética escena en que el Conde comunica a su 
esposa la terrible nueva; en que ella se despide dd hijo menor, aún 
de pecho, y en que perdona al Conde, emplazando al Rey y a la In- 
fanta para que vayan a juicio de Dios antes de treinta días, es de 
una belleza incomparable. 

No han alcanzado el efecto trágico del romance los ensayos 
de adaptación escénica de este asunto: por ejemplo, de Lope, de 
Guillen de Castro, de Mira de Amescua, de Schlegel, y en nuestros 
-días, de Jacinto Grau. 

B. Lírica: 2. Revelación de un ermitaño. — 3. Poetas del Cancio- 
nero de Baena. — 4. Poetas del Cancionero de Stúñiga. — 5. Mar- 
qués de Santillana. — 6. Juan de Mena. — 7. Fernán Pérea de Guz- 
.mán. — 8. Antón de Montoro. — 9. Alvares Gato. — 10. Hernán Me- 
.YÍ-a. — II. Gómez Manrique. — 12. Jorge. Manrique. — 13. Guillen de 
Segovia. — 14. Juan Rodríguez de la Cámara o del Padrón. — 15. 
Fray Iñigo de Mendoza. — 16. Fray Ambrosio Montesino. — 17. 
Juan de Padilla. — 18. Garci Sánchez de Badajoz. — 19. Juan del 
Encina. — 20. Rodrigo Cota. — 21. Cancioneros: de Constantina, de 



jgQ LITERATURA ESPAÑOLA 

Hernando del Castillo, de Obras de burlas provocantes a risa, de- 
Resende, etc. 

2. Revelación de un ermitaño.— Repite ei mismo asunto que 
la Disputa del alma y el cuerpo, en estancias de arte mayor, con 
evidentes influencias dantescas. Su fecha (1420) la determina la 
primera estrofa : 

Después de la prima la hora pasada, 
en el mes de enero, la noche primera, 
en cccc e beynte durante la hera, 
estando acostado allá en mi posada... 

Aún hubo alguna disputa posterior: v. gr. eíl Departimiento del' 
cuerpo y del alma, de un tal Antón de Mata, impreso en el siglo xvi. 

3. Cancionero de Baena. — Es una recopilación, llamada /así 
por haberla hecho Juan Alfonso de Baena, judío converso, quien la 
dedicó al rey don Juan II hacia 1445. El manuscrito original estaba 
aún en la (librería de Isabel la Católica. La única copia conocida per- 
teneció a la Biblioteca de Eli Escorial hasta principios del siglo xix ; 
sacóse de ella el manuscrito para cierta comisión de estudios y 
fué vendido en Londres por los herederos de don José Antonio Con- 
de y adquirido por la Biblioteca Na.cional de París en 1.140 francos, 
en donde sigue, a pesar de las reclamaciones hechas. Lo editó en 185 1 
don Pedro José Pidal siguiendo una copia bastante defectuosa. El 
editor Brokhaus, de Leipzig, reprodujo esta edición. El señor don. 
Archer M. Huntington prepara otra fotográfica. 

El Cancionero de Baena es fuente indispensable para conocer 
la poesía lírica cortesana de los reinados de Enrique II, Juan 1, 
Enrique III y minoridad de Juan II. Se conservan en él 576 com- 
posiciones de 54 poetas, que se nombran, y unas 35 poesías anóni- 
mas. A dos escuelas fundamentales redujo Menéndez y Pelayo los 
poetas de este Cancionero : ía galaico-portuguesa, representada por 
los más antiguos ; la alegórica itailiana, derivada de Dante, que siguen 
ios más modernos. Aunque se ven algunas cantigas de amada — pro- 
pia o ajena — y en gallego, al modo de ilos cancioneros galaico-portu- 
gueses, dos géneros «más representados son el serventesio, en los de- 
cires políticos y satíricos; y la recuesta, o disputa de dos trovadores,, 
en la que el segundo había de contestar en el mismo consonante que 
el primero. Esta compilación tiene tanta importancia histórica como 
interés literario. "Leamos eJ Cancionero de Baena — dice el Con- 
de de Puymaigre — y desfilarán a nuestros ojos ios caballeros de 
férrea armadura, los monjes con su sayal, las nobles damas con 
sus ropas de brocado, los judíos más o menos convertidos, ios. 



CANCIONERO DE BAENA l8l 

médicos árabes, los doctores en Teología; las monjas de Sevilla, que 
traían competencia de belleza con das de Toledo; todo un mundo 
que vive y se mueve, que se deleita en rimar versos ligeros, que 
canta y celebra al rey de la faha, pide aguinaldos, propone y resuel- 
A-e enigmas." 

Fuera de las canciones de estilo gallego, los metros más notables 
en este Cancionero son el endecasílabo (con acentuación sáfica), em- 
pleado de un -modo algo inconsciente, y ú dodecasílabo, en estrofas 
de arte mayor. 

Se caracteriza este Cancionero por sus tendencias arcaizantes, 
reflejo del gusto de Baena, compilador, y del rey don Juan II, a 
quien iba dedicado. 

Como veremos después, casi todos los poetas citados eran "in- 
genios no vulgares"; pero su tiempo, época de transición de estilos, 
escuelas y modeflos, les impidió ser poetas comj^etos. Los más an- 
tiguos enilazan con los cancioneros galaico-portugueses, pero sin el 
empleo de la poesía popular ; los últimos tienen el mérito de haber 
preparado el camino de un Mena (Imperiall), de un Santillana (Villa- 
sandino), de los Manrique (Talavera y Medina). 

Citaremos los principales poetas de este Cancionero : 

Pedro Ferrús o Ferrández es e!l más antiguo, amigo del can- 
ciller Ayala. Las cinco poesías que de él se conservan nos lo mues- 
tran erudito en las obras clásicas y conocedor de das novelas del 
ciclo bretón. Ya cita tres libros del Amadís. 

Alonso Alvarez de Villasandino (o de Illescas) es d poeta 
de quien mayor número de composiciones conserva el Cancionero 
de Bacna, y también el más cínico y grosero de todos los incluidos 
en esta colección. Tenía gran facilidad para versificar y ailquUaba 
su ingenio a los nobles y cortesanos por algún favor. Su vida fué 
desordenada y su segundo casamiento, castigo de sus culpas, 
pues, segTÍn la níbrica de una composición, estaba "repiso del casa- 
miento, cuando más quisiera tener a la doña Mayor por comadre 
que por mujer segund la mala vida que en uno avían, por celos 
e vejez". En sus versos es rara áa verdadera inspiración; sin em- 
bargo, fué poeta oficial de Enrique II y de sus sucesores. En la 
época de Juan II, cuando, viejo y arruinado, el gusto había sufrido 
transformación, Villasandino ya no hacía gracia ; entonces, sus com- 
posiciones son en su mayor parte peticiones de una limosna. 

Garci Ferkándes de Jarena, "por sus pecados e gran desaven- 
tura, enamoróse de una juglara que avía sido mora, pensando que 
ella tenía mucho tesoro e otro si porque era mujer vistosa...; pero 
después falló que non tenía nada". Desesperado, se retiró a una er- 
mita "enfingendo de muy devoto contra Dios" ; pero diciendo qitc 



jg2 LITERATURA ESPAÑOLA 

iba en romería a Jerusalem, se quedó en Málaga con su mujer y 
abrazó el islamismo. A los trece años, viejo, sin un cuarto y con 
muchos hijos, alguno de aduílterio, volvió a Castilla (1491)» donde 
fué escarnecido y vilipendiado por los poetas, especialmente por 
Villasandino. De estos sucesos dan cuenta las rúbricas del Cancio- 
nero o sus composiciones, poco interesantes por otro aspecto. 

El fraile Diego de Valencia es autor de la mejor poesía erótica 
dd Cancionero: "En un vergel delicioso..." Escribió, además, versos 
de burlas, que rivalizaban con los más desvergonzados de Villa- 
sandino. 

Fernán Sánchez de Talavera, comendador de Villarrubia, re- 
presenta la poesía seria del Cancionero. Escéptico, pesimista y aun 
fatalista, propuso a los demás trovadores la cuestión de la predes- 
tinación (asunto que había de culminar en el Condenado por descon- 
fiado de Tirso). Se le atribuye el Decir a la muerte del almirante 
Ruy Díaz de Mendoza, precedente de las Coplas de Jorge Manrique, 
por sus pensamientos principales, por el giro interrogativo y has- 
ta por el bello y celebrado movimiento poético: 

¿ A dó las sciencias, a dó los saberes, 
a dó los maestros de la poetrya, 
a dó los rymares de grant maestría, 
a dó los cantares, a dó los tañeres? 

El Arcediano de Toro es de los úfltimos que escriben en ga- 
llego. Nótese su testamento satírico: 

Adeus Amor, adeus el rey 
que eu ben serví, 
adeus la reina a quen loeí 
e obedescí. 

Hacías el Enamorado es más conocida que por sus versos por 
la leyenda que a su alrededor se formó, leyenda que parece tener 
algún fundamento histórico. 

Hernán Núñez, comentando las obras de Mena a principios del si- 
glo XVI, da la siguiente versión, seguida por Argote de Molina, y que 
sirvió de base a novelas y poemas : Hacías, doncel de don Enrique de 
Villena, enamorado de una dama casada, murió en Arjonilla atravesa- 
do por el venablo del celoso marido, que se lo arrojó cuando cantaba una 
poesía a su dama. — Otra versión da el condestable don Pedro de Por- 
tugal : Macías enamoróse de una señora a quien salvó la vida sacándo- 
la de un río. Un día se la encontró, ya casada, en un camino, y le rogó 
que bajase de su cabalgadura y hablase con él. Ella accedió a su deseo : 
y cuando se marchó, vino el marido, que encontró a Macías besando las 
huellas de su amada. "Mi sennora puso aquí sus pies, en cuyas pisadas 



CANCIONERO DE BAENA : IMPERIAL 183 

yo entiendo vevir e fenescer mi triste vida.'" El marido, celoso, le dio 
una lanzada mortal. 

Esta leyenda es celebrada por Santillana y Mena, y repetida 
en todos los Infiernos de Amor ai modo alegórico dantesco. Lope 
en Porfiar hasta morir y Larra en su drama Macías y en su nove- 
la el Doncel de don Enrique el Doliente, renuevan ia trágica his- 
toria de este trovador. 

Figuran también en el Cancionero de Baena otros muchos poe- 
tas de la escuela antigua calificados ya como viejos por Juan Poe- 
ta en 1435. Tales, por ejemplo, don Pedro González de Mendoza, 
abuelo de Santillana, y su tío don Pedro Vélez de Guevara, cuyos ver- 
sos recuerdan en su tono a los del Rimado de Palacio. 

Imperial. — EJ que inició la imitación dantesca en España fué 
micer Francisco Imperial, hijo de un genovés, mercader de joyas, 
establecido en Sevilla. Era hombre de gran cultura, que no sólo 
conocía los autores clásicos e italianos, sino que, además, leía el 
francés, el inglés y el árabe. Su obra más importante es el Decir 
a las siete virtudes (núm. 250 del Cancionero de Baena), "centón de 
pasajes tomados generalmente del Purgatorio y del Paraíso" de 
la Diiñna Comedia (M. P.), sin modificarlos interna ni externa- 
mente. 

El poeta, guiado por Dante, tiene una visión de las Virtudes teolo- 
gales y cardinales, acompañada cada cual de las derivadas de ellas, 
como si fueran sus hijas. Extrañado de que estas luces no brillen en 
Castilla, se entera de que es por estar la ciudad (Sevilla) en poder de 
siete sierpes (los pecados) : 

¡O cibdat noble! pues que te esmeraste 
en todo el regno por más escogida 
que destas sierpes una no dexaste, 
que todas siete han en ti guarida; 
verguenqa te verguenge, o mal regida! 
verguenqa te verguenge, o espelunca; 
que luengo tiempo faze que en ti nunca 
passió la langa nin fué spada erguida. 

Dante le dice que esa situación acabará cuando venga el imperio de 
la Justicia. Termina la visión, oyendo el canto del Ave María y de la 
Salve Regina, y despertando el autor con la Divina comedia en la 
nano. 

Tiene el mérito de haber comprendido perfectamente eí mo- 
delo; versificaba con destreza y arte, empleando el endecasílabo de ' 
un modo intencionado, presintiendo el interés que esta innovación 
tendría con el tiempo. En otras composiciones suyas de menos im- 



j84 literatura española 

portancia, amorosas, morales, de pdítica {Visión de los siete plane- 
tas) vemos también la forma alegórica. Por sus innovaciones, pudo 
á&civ de Imperial el Marqués de Santillana: "al qual non llamaría yo 
decidor o trovador, mas poeta." 

Ruy Páez de Ribera, "vesino de Sevilla, el quail era homne muy 
sabio entendido," es el primero de los discípulos de Imperial. Pa- 
rece que pertenecía a 'la ilustre familia del Adelantado de Andalu- 
cía Per Afán de Ribera, y por azares de fortuna cayó en la mise- 
ria y sufrió sus reveses. En su Proceso que ovieron en uno la Do- 
lencia e la Vejez e el Destierro e la Pobreza, cada una de estas fi- 
guras alegóricas expone su propia acción sobre el hombre : el poeta 
da la primacía a la Pobreza. 

El pobre no tiene parientes ni amigos, 
donaire nin seso, esfuerzo e sentido, 
e por la proveza le son enemigos 
los suyos mesmos po^r verlo caído. 

Las ideas principales de esta composición derivan del Eclesiás- 
tico. Una obra en loor de la regencia de don Fernando de Anteque- 
ra y otro Proceso entre la Soberbia e la Mesura merecen citarse 
entre las obras de este poeta. 

Martínez de Medina. — ^Dos hermanos, sevillanos, de este nombre 
cita el Cancionero. Diego, poeta mediocre, fué uno de los fundado- 
res del monasterio de Jerónimos de Buenavista. Más interés tiene 
Gonzailo, "muy ardiente e suelto de lengua". Seguramente es obra 
suya el Dezir que fué fecho sobre la justicia et pleitos et la gran 
vanidad de este mundo, que recuerda al Rimado de Palacio. Su sá- 
tira fustiga con calor y viveza no sólo a alguaciles, escribanos, doc- 
tores, funcionarios de justicia, etc., sino a los mismos Papas y Obis- 
pos. Sus obras son dé carácter moral y "parecen vano y lejano 
preludio de la poesía filosófica de Quevedo y del autor de la Epís- 
tola a Fabio'\ (M. P.) 

También figuran en el Cancionero fray Lope del Monte, Gó- 
mez Pérez Patino, fray Alonso de ía Monja y el cordobés Pero 
González de Uceda, luliano, autor de una fantasía humorística, 
donde el autor finge pa?:af por los más diversos oficios, y de una 
curiosa disputa entre ilos colores. 

Ferrán Manuel de Lando, doncel de Juan I, y personaje in- 
fluyente en la conté, "escribió — dice el Marqués de Santillana — 
muchas buenas cosas de poesía : imitó más que ningún otro a micer 
Francisco Imperial; £190 buenas canciones en loor de Nuestra Se- 
ñora, fiqo asymesmo algunas invectivas contra Alonso Alvarez, 
de diversas materias e bien ordenadas". La disputa con Villasan- 



CANCIONERO DE STÚÑIGA 185 

diño y otros poetas de su grupo se agrió al fin y acabó llegando 
-a los cabezones Lando y Alonso de Morana. A Ferrán Manuel, "lin- 
do fidalgo en luna menguante", le echaban en cara sus contrarios la 
filiación dantesca. Al lado át Villasandino iba en esta discusión el 
«cdector del Cancionero. 

Juan Alfonso de Baena: judio converso, escribano real, de lar» 
mala 'kngua, que era, según él mismo, "barrena que taladraba y 
cercenaba cuanto fallaba". Esta cualidad le hizo temible en los cer- 
támenes y desafíos poéticos. Insolente y pedigüeño, nos interesa 
poco como poeta, y hemos de agradecerle la compilación que lleva 
su nombre. Su mejor composición es un largo poema a Juan II, 
no inserto en el Cancionero. 

4. Alfonso V de Aragón en Ñapóles. El Cancionero de Stú- 
ÑiGA. — ^El rey de Aragón Alfonso \' tomó posesión de la corona de 
Ñapóles en 1443. Su corte, al ponerse en contacto con la cultura 
italiana del Renacimiento, sufrió la influencia de humanistas tan 
célebres como el Panormita A. Phileílpho, Valla, Eneas Sülvio Pic- 
coflomini, Jorge de Trebisonda, todos ellos protegidos por el Rey 
aragonés. El mismo era aficionado lal latín, llegando a traducir la* 
Epístolas de Séneca; por su orden se hizo la versión de la Historia 
Natural de Aristóteles y de la Ciropedia de Jenofonte. A su alrededor 1 
se desarrollaron dos literaturas independientes: una en lengua 
latina, 3a de los humanistas itaJianos, de los cuales se declaraban 
humiildes discípulos los españolles ; otra en lengua castellana y a 
veces catalana, la de los poetas cortesanos. En el primer grupo 
merecen citarse Ferrando Valenti o Fernando de Valencia, mallor- 
quín, traductor al catalán de las Paradojas de Cicerón ; Luciano Co- 
lomer, escritor sobre Gramática en verso latino; Jaime Pau y su 
hijo Jerónimo, jurisconsulto aquél, geógrafo éste y poeta elegantí- 
simo, autor de Triumphus de Cnpidine; Pedro Miguel Carbonell, 
archivero de 'la Corona de Aragón, conocido por su libro De Viris 
iUustribns catalanis siiac tempcstatis, y tantos otros que contribu- 
yen a perfeccionar con la influencia clásica la prosa cataJana deH 

"íiglo XV. 

En el segundo grupo están los poetas del Cancionero de Stúñiga. 
Es ésta una colección hecha probablemente en Ñapóles y después 
de muerto Alfonso V, que debe su nombre a Lope de Stúñiga, efl '1 
primer poeta de quien se recogen composiciones. Son poesías de ca- j 
rácter más lírico que las dea Cancionero de Baena, y en él se da 
entrada a formas popuñares, como villancetes, motes y sobre todo 
romances. La vida guerrera y cortesana de Nápoies se refleja en 
.este Cancionero : ^ la princesa de Rosano doña Leonor de Aragón, 



jgg LITERATURA ESPAÑOLA 

hija naturaí del Rey; a su amante Lucrecia de Alanio, y a casi to- 
das las damas de la corte se dedican poesías. Los más notables poe- 
tas de este Cancionero son los siguientes : 

El poeta de mayor número de composiciones (45) y más inspi- 
rado del Cancionero de Stúñiga es Carvajal o Carvajales, preci- 
samente el más antiguo autor conocido que firma romances; tiene 
serranillas fáciles y graciosas, imitando ai Marqués de Santillana, 
algunas de carácter autobiográfico; y fué el primer poeta español 
que escribió en italiano. 

El catallán Torrellas o Torrella, ayo del Principe de Viana, 
escribe en castellano, por ío general, poesías picantes y de burlas. 
La obra que lo ha hecho célebre son sus Coplas de las calidades de 
l-as donas, invectiva contra las mujeres, sosa e inocente, sin gracia 
ni malignidad, según observa Menéndez y Pelayo ; pero que fueron 
güosadas por los enemigos del sexo femenino e. impugnadas por ga- 
lantes trovadores como, por ejemplo, Suero de Ribera y Juan del 
Encina. En el Tratado de Gris el y Mirabella de Juan de Flores se 
ve en su mayor extensión la leyenda que se formó acerca de ¡as co- 
plas de que las mujeres se habían reunido para castigar al poeta 
que las combatiera. 

Lope de Stúñiga, hijo del mariscal Iñigo Ortiz, fué el padrina 
de Suero de Quiñones en el célebre Paso honroso y enemigo acé- 
rrimo de don A'lvaro de Luna; entre sus obras poéticas debe citar- 
se da canción Gentil dama esquiva. El aragonés Pedro de Santafé,. 
a más de composiciones eróticas, escribió otras de asunto histórico 
contemporáneo como el Loor del rey Alfonso en el viaje a Ñápales. 
Juan de Andújar, en su Visión de amor, imita el Infierno de Dante. 
Juan de Tapia dirigió a María Caracciolo, dama infiel a la dinas- 
tía aragonesa, un notable albalá. Juan de Villalpando fué el único 
escritor del siglo xv que hizo sonetos después de Santillana, aunque 
en versos dodecasílabos. Juan de Dueñas, poeta andariego que es- 
tuvo a punto de perder el juicio por el amor de una "fermosa gentil 
judía", escribió la Nao de amor y El pleyto que ovo Juan de Dueñas 
con su amiga, que parece un diálogo dramático, acaso representado 
en alguna fiesta cortesana. Juan de Valladolid o Juan Poeta, "cie- 
go juglar, que canta viejas fazañas", ganándose así la vida, anduvo 
vagabundo en Castilla y Aragón, en Ñapóles, en Mantua, en Milán, 
y estuvo cautivo en Fez; por sospechoso de judaismo y por su vida 
estrafalaria de picaro, fué este desgraciado victima de las más gro- 
seras invectivas de los i>oetas de su tiempo, tales como Gómez Man- 
rique, Antón de Montoro, etc. 

Don Pedro, Condestable de Portugal. Véase el núm. 25 del 
cap. VIII (pág. 238). 



EL MARQUÉS DE SANTILXANA 187 

5. El Marqués de Santtllana.— Don Iñigo López de Mendoza. 
(1398-1458) nació en Carrión de los Condes. Era hijo dtel segundo 
matrimonio de don Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Cas- 
tilla, señor de Hita, Buitrago, Guadalajara y el Real de Manzanares, 
con doña Leonor de la Vega, señora principal de las Asturias de 
Santillana. Huérfano de padre a los siete años, su patrimonio quedó 
ligado a pleitos y dificultades sin número, a que se sobrepuso su 
madre, que, juntamente con su abuela doña Mencía de Cisneros, 
le educó. Casó con doña Catalina de Figueroa, hija den Maestre de 
Santiago. A los diez y seis años acompañó al Infante de Antequera 
a Aragón. Con otros magnates desacató a don Juan II en Tordesi- 
Uas y en Avila, obligándole a convocar Cortes, y sitiando al Monar- 
ca en el castillo de Montalbán, procurando rendirle por hambre. Hi- 
zo una conversión en política, y en 1429 formó parte del ejército 
de don Juan II y del Condestable contra el Rey de Navarra y el in- 
fante don Enrique, encargándole el de Castilla la defensa de la fron- 
tera por Agreda, siendo derrotado en Araviana por el mesnadero 
Ruy Díaz de Mendoza el Calvo, y después premiado por don Juan II 
(1434) con algunos de los bienes confiscados en Castilla a los Infan- 
tes de Aragón. En 1431 su hueste, al mando de Pero Menéndez de 
Valdés, tomó parte en la guerra contra Granada y- en la batalla de 
la Higueruela, no pudiendo pasar don Iñigo de Córdoba, aquejado 
por grave enfermedad. Esta expedición produjo disensiones en el 
campo y la Corte de Castilla, y habiendo sido encarcelados el Conde 
de Haro y otros deudos de don Iñigo, éste se retiró a su castillo de 
Hita. Peleó contra los moros y cercó y tomó a Huelma (1436). Con 
los enemigos de don Alvaro de Luna y del Rey ocupó a AÜcalá de 
Henares (144 1), que recobró la mesnada del Arzobispo de Toledo, 
después de derrotar al de Hita. Peleó contra el Rey de Navarra, 
derrotándole en la batalla de Pampliega (1444), y al año siguiente 
concurrió a la batalla de Olmedo al lado de don Juan II y de don 
Alvaro, siendo premiado con los títulos de Marqués de Santillana 
y Conde del Real de Manzanares. Doña IsabeH de Portugal, segunda 
esposa del Rey, se declaró contra ed Condestable ; éste puso en pri- 
sión al Conde de Alba, primo de don Iñigo, y conjurado Santillana 
con los enemigos del de Luna, éste fué preso, muriendo en el cadal- 
so de Valladolid. Asistió el de Hita a las Cortes de CuéJlar, donde 
se trató de la guerra contra los moros de Granada, en la que tomó 
parte. Se preparó para la muerte yendo en romería a Guadalupe, 
haciendo importantes donaciones a ios monasterios del Paular, Lu- 
piaña, etc., y con otras buenas obras; y falleció en Guadalajara, a 
los sesenta años de edad. 

Las obras de Santillana pueden clasificarse como sigue : 



-fgg LITERATURA ESPAÑOLA 

1 Carta al Condestable de Portugal. 
AGtlosas a sus Proverbios. _ 

'Opúsculos '£^amentación en profecía de la segunda destruycion de H^- 
en prosa, j p^-^_ 

■'Refranes que dicen las viejas tras el fuego. 

Escuela p r o- I Serranillas, 
venzal o tro- Canciones, 
vadoresca | Decires. 

,La Comedieta de Ponza. 
El Infierno de los enamorados. 
Obras en I Escuela a 1 e- k ^ defunsión de don Enrique de Villcna. 

verso \ góncodantes- '(^Q^onación de mosén Jordí de San Jordí. 

ca y petrar- . canonización del maestro Vicente Ferrer y 

1"^^*^ [ del maestro Pedro de Villacreces. 

Sonetos fechos al itálico modo. 

1^ 1 Diálogo de Bias contra Fortuna. 

lEs^ela didac- j^^^^^.^^^ ^^ ^^.^^^^^ 

I Proverbios. 

La Carta que escribió al cotvdestable don Pedro de Portugal, co- 
mo Prohemio del Cancionero de sus propias obras, que le enviaba, 
€s el documento más antiguo de historia y crítica literarias en cas- 
tellano, y merecen atención particular. Define la poesía "fingimien- 
to de cosas útiles, cubiertas o veladas con muy fermosa cobertura, 
compuestas, distinguidas et scandidas por cierto cuento, peso y me- 
dida" ; los dementos esenciales de este concepto de la poesía son 
creación o ficción poética, forma y utilidad doctrinal, y parafra- 
seando a Casiodoro, añade: "Las plazas, las lonjas, las fiestas, los 
convites opulentos, sin ella [lia poesía] asy como sordos en silencio 
se fallan." 

Se inspira en Cicerón, San Isidoro, Casiodoro, Dante, Petrarca 
y Boccaccio, tomando también, directa o indirectamente, alguna idea 
■de las poéticas provenzaks o catalanas, aparte de su conocimiento 
y lecturas de escritores franceses, italianos, gallegos, castellanos \ 
catalanes. 

De los provenzales parece tener noticia más bien de las teorías 
<en las poéticas) que de las obras, y de esto a travé^de escritores 
itañianos y por citas de ellos. 

Bastante más conocía a los franceses ; en su biblioteca figuraba 
un códice magnífico (que aún se conserva) del Román de la Rose; 
elogia a Michaute (Michault) por "sus baladas, canciones, ron- 
deles, days e virolays"; a Alan Charrotier (Alain Chartier), que 
compuso e cantó en metro el Debate de las quatro damas... Ja Grand 



BL MARQUÉS DE SANTILLANA 1 89 

pastora..., el Hospital de amores, por cierto cosas asaz ferniosas e 
placientes de oír" ; siendo de notar que los poetas franceses citados 
por Santillana pertenecen a la escuela alegórica y dantesca. 

Mayor afición tenía a los escritores italianos que a los france- 
ses, apreciando particularmente el mérito musical de aquellos poe- 
tas, por lo cual eJ Marqués se considera como el versificador más 
correcto y numeroso de su época. 

Fué Santillana el primero que determinó los orígenes gallegos de 
la poesía peninsular en lo lírico ; y dice que él mismo, cuando mucha- 
cho, se deleitaba leyendo un cancionero galaico-portugués que estaba, 
en poder de su abuela doña Mencía de Cisneros. También conocía la 
literatura catalana y valenciana, elogiando a Pedro March el viejo, 
por sus "proverbios de grand moralidad" ; a mosén Jordí de Sant 
jordí, petrarquista, ai que se refiere uno de sus poemas; a Ausías 
March, "gran trovador e ome de assaz elevado espíritu". En cuanto a 
las letras castellanas, desdeñaba o no conocía la primitiva poesía 
popular, y observa M. P. que "ni siquiera el nombre de Cantar de 
gesta suena en el Prohemio ni en otra ninguna de sus obras. Sus noti- 
cias empiezan en el Mester de clerecía y aun en esto son muy in- 
completas; a Berceo ni siquiera le nombra; en cambio menciona 
un poema no descubierto hasta hoy, Los votos del Pavón, que de- 
bió de ser continuación del Alexandre, como lo es en los poemas 
franceses del mismo argumento," Elogia a micer Francisco Impe- 
rial, sin duda como imitador de Dante ; coleccionó los Refranes que 
dicen las viejas tras el fuego, que es Ja recopilación paremioJógica 
más antigua que existe en lengua vulgar, y por una de tantas contra- 
dicciones no enteramente raras en el pensamiento humano, el colec- 
tor de estas fórmulas de la experiencia popular despreciaba los ro- 
mances y cantos deil pueblo, "de que la gente baja e de servil condi- 
ción se alegra". 

Sus diez serranillas han sido siempre muy celebradas; aunque 
carecen de la sencillez y sabor primitvos que se notan en las más 
antiguas producciones ¡líricas de los trovadores gallegos (cantos de 
ledino y canciones de amigo), unen a cierta frescura innegable la 
blanda y maliciosa ironía con que las dotó el poeta, al renovar el tema 
corriente del encuentro del Caballero y la Pastora (que ya se ha visto 
en la Racón feita d'amor) ; el sentimiento de la naturaleza está vi- 
vamente expresado. Puymaigre ha traducido en elegantes versos 
franceses la Vaquera de la Fino josa: 

Moga tan fermosa Faziendo la vía 

noft vi en la frontera del Calatraveño 

como una vaquera a Santa Alaria, 

de la Finojosa. vencido del sueño, 



LITERATURA ESPAÑOLA 

íracrn^a guardando ganado 

Dor tierra iragosa, & . „^ 

^ „ , con otros pastores, 

perdí la carrera '-'^' . *^ 

^ . , la vi tan graciosa, 

do VI la vaquera id vi ua 

de la Finojosa. ciue apenas creyera 

En un verde prado que fuese vaquera 

de rosas e flores, de la Fmojosa. 

También es bellísima la serranilla dedicada a la moza de Lozo- 
yuela, que termina asi: 

Garnacha traía -Sí soy, cavalkro ; 

de oro presada ^i por mi lo avedes, 

con broncha dorada decit ¿que queredes. 

-que bien parecía. Fablat verdadero. 

A ella volví Yo le dixe assi : 

diziendo: -Locana -J"ro por Santan 



;e soys vos 



villana? que no soys villana. 



Análogo espíritu, arte y gracia, se observa en sus Canciones 
y decires, en los que supo intercailar o parafrasear cantarcillos po- 
pulares, contradiciéndose una vez más a sí propio; es digna de no- 
tarse la siguiente canción: 

Recuérdate de mi vida, las penas que non meresco 

pues que viste desque vi 

mi partir e despedida la respuesta non debida 

ser tan triste. Que me diste, 

Recuérdate que padesco por lo cual mi despedida 

e padescí íué tan triste. 

Siempre mostró Santillana admiración por los italianos, singu- 
larmente por Dante, Petrarca y Boccaccio. Del primero intercaló 
muchos pensamientos; así tradujo un célebre pasaje en el Infierno 
■ de los Enamorados : 

La mayor cuyta que aver es membrarse del placer 

puede ningún amador en el tiempo del dolor. 

También gustó mucho de introducir en sus ficciones poéticas 
las visiones alegóricas, influido por la Divina comedia, particular- 
mente en su principio. 

La Comedieta de Ponza en estancias de arte mayor, la obra más 
importante de Santillana en este género, hasta por el título, recuer- 
da la de Alighieri; no es obra dramática, sino que fué denominada 
asi por responder al concepto que el Marqués tenía de la comedia, 
como dice en su carta a la Condesa de Módica: "Comedia es dicha 
aquella cuyos comienzos son trabajosos, e después el medio e fin 



EL MARQUÉS DE SANTILLANA I9I 

■de SUS días alegre, gozoso e bienaventurado, e desta usó Terencio 
Peno e Dante en el su libro..." 

Su asunto se refiere a la batalla naval de la isla de Ponza, cerca 
de Gaeta (1425), en la que la armada genovesa deshizo a la del rey Al- 
fonso V de Aragón, que cayó prisionero, con sus hermanos el rey de 
Navarra don Juan y el infante don Enrique. El Marqués indica las 
alternativas de la fortuna y expone un sueño en el que se le manifiestan 
cuatro damas enlutadas, que eran las reinas de Aragón y de Navarra, la 
infanta doña Catalina, mujer de don Enrique, y la reina viuda de Ara- 
gón doña Leonor, madre de los tres Infantes; se presenta un varón de 
aspecto gravísimo, Boccaccio (conocido en aquella época, no sólo en 
su Dccamerone sino en todas sus obras), que consuela a las damas ; des- 
cribe el poeta la batalla naval, expone el sueño que antes de ella tuvo 
doña Leonor, la aparición de la Fortuna, que consuela a estas señoras 
anunciando la libertad de los Príncipes y el futuro engrandecimiento 
de éstos. 

Aparte de algunas pedanterías, es brillantísima la descripción 
<lel combate, así como una paráfrasis del Beatus Ule de Horacio, que 
es la más antigua imitación de este poeta que hay en castellano. 

En el Infierno de los enamorados, el Marqués, influido por 
Dante, pinta una selva en la que es asaltado por tigres, serpientes, 
dragones y otras fieras, y por un jabalí que arrojaba "flamas ar- 
dientes por los ojos"; se aparece Hipólito, entenado de Fedra, pro- 
tegido en sus cacerías por la casta Diana; Hipólito le acompaña a3 
infierno de los enamorados, donde andan penando algunos de que 
habla Ovidio (Dido y Eneas, Hero y Leandro y otros) y además 
Francesca de Riniini, cuyo episodio se aplica a Macías y a la dama 
por la que murió; es una imitación más del Dante, muy inferior al 
modelo. 

En la Defunssión de don Enrique de Villena se presentan nueve 
doncellas, que son las musas; se hace el eíogio defl muerto y se le 
compara con muchos sabios y poetas; abundan las vaguedades y no 
queda en modo alguno caracterizado el de Villena con el vigor y 
relieve que era de esperar. 

Tiene Santillana 42 sonetos, fechos al itálico modo, sobre va- 
riados temas amorosos, morales, políticos, religiosos. Menéndez y 
Pelayo observa que "abundan las imitaciones directas del Canzoniere 
-de Petrarca; así los sonetos que principian: 

Quando yo veo la gentil criatura... 
Sitio de amor con grand artellería... 
¡Oh dulce esguarde, vida e honor mía... 
Doradas ondas del famoso río..." 

En estos endecasílabos es frecuente la acentuación sáfica; Jas 



102 LITERATURA ESPAÑOLA 

cesuras no coinciden con ,las pausas, y no escasean das terminación 
nes en agudo, como luego había de ocurrir en Boscán: este udtimo no 
es pues el primer introductor del endecasílabo italiano en nuestro 
parnaso' pero con Boscán, y no con Santillana, tuvo éxito esta 
innovación métrica. 

El diálogo de Bias contra Fortuna es la obra más importante de 
su autor en el género didáctico; es un poema de i8o coplas, y en 
él discuten el filósofo Bias con la Fortuna sobre ío deleznable, vano 
y transitorio de las cosas de este mundo, sujetas a perpetua mu- 
danza; Bias sostiene con éxito que no hay en lo humano cosa aJ- 
guna que pueda sobreponerse al imperio de la conciencia ni cer- 
cenar Ja libertad del sabio. Con frecuencia son armoniosos los ver- 
sos y las expresiones felices, siendo de notar la descripción de los 
Campos Elíseos y el movimiento interrogativo con que Bias pon- 
dera lo variable y vacío de das cosas de esta vida. 

Bl Doctrinal de privados es una especie de sátira política durí- 
sima, en que el Marqués pone en boca de don Alvaro de Luna, 
después de haber sido decapitado en ValladoHd, la confesión de 
los pecados, mostrándose Santillana severísimo con efl caído Con- 
diestable, aunque al fin muestra a don Alvaro arrepintiéndose de 
sus culpas y gozando del Paraíso. 

Los Proverbios de gloriosa doctrina e fructuosa enseñanza fue- 
ron compuestos para la educación del príncipe don Enrique; sus 
fuentes, indicadas por el autor en el prólogo, son los Proverbios 
de Salomón y también Ratón, Aristóteles, Sócrates, Terencio, Vir- 
gilio, Ovidio y otros filósofos y poetas. Los puntos morales des- 
envueltos en esta composición son variadísimos; prudencia y sa- 
biduría, justicia, fortaileza y sobriedad, gratitud y amistad, amor 
y temor, y, por ú'ltimo, la muerte. Por su gran concisión resultan, a 
veces, obscuros, y por ello escribieron glosas en prosa de estos Pro- 
verbios el mismo poeta y su capellán Pedro Díaz de Toledo. 

6. Juan de Mena. — iPoco se sabe de la vida de Juan de Mena 
(1411-1456): que era cordobés; que, huérfano muy joven, empezó 
a los veintitrés años a estudiar en su ciudad natal, luego en Salaman- 
ca y en Roma; que a la vuedita de la Ciudad Eterna fué nombrado se- 
cretario de cartas latinas de Juan II, veinticuatro de Córdoba y cro- 
nista real; que siempre permaneció fiel al Rey y al condestable don 
Allvaro, de quienes era poeta predilecto, y que falleció en Torrela- 
guna de un ''rabioso" dolor de costado. 

Descartada su intervención en la Crónica de Juan II, sólo nos 
queda en prosa de Mena el comentario de su propio poema La 
Coronación y la lUada en romance, compendio breve de la obra de 



JUAN DE MENA 193 

Homero, <k quien fué el primer traductor en España, Como pro- 
sista es francamente malo. 

Como poeta cultivó los géneros de moda en su tiempo; tiene 
canciones amorosas, decires, preguntas y respuestas, etc. En algu- 
nas de estas canciones imita a Dante en la Vita nuova. Escribió sá- 
tiras políticas y versos de donaire, como la composición Sobre un 
macho que compró un Arcipreste ; habiéndosele atribuido las Coplas 
de ¡Ay, panadera! (sátira de los caballeros que combatieron en Ol- 
medo). Lo claro oscuro es una composición tan confusa como lo peor 
de Góngora. La coronación (CaJamicleos) es un poema de 51 quin- 
tillas dobles, que después de describir las penas deíl infierno, mues- 
tra al autor arrebatado al monte Parnaso, donde ve coronar al Mar- 
qués de Santillana como un excelso poeta. En las Coplas contra los 
pecados mortales, inspirado, mejor que en la Psicomaquia de Pru- 
dencio, en los debates tan frecuentes en la Edad Media, describe 
los efectos de ios siete pecados capitailes, a quienes dirige invectivas 
la Razón. Es una especie de "sermón rimado", "seco, realista, in- 
aimeno, adusto, pero muy castellano" (M. P.), que continuaron Gó- 
mez Manrique, Guillen de Segovia y fray Jerónimo de O'Hvares. 

Pero lia obra capital de Juan de Mena es el Laberinto de For- 
tuna, conocido por las Trescientas, a pesar de que las estrofas au- 
ténticas no son 300, sino sólo 297, a las que se añadieron 20, acaso 
con la idea de hacerlo llegar a tener tantas como los días del año. 
Su asunto es como sigue : 

En el carro de Belona, tirado por dragones, es transportado el poe- 
ta al palacio de Fortuna. Guiado por la Providencia, que sale de una 
nube '"muy grande y escura", visita la "gran casa", donde se ve la 
"máquina- mundana". En ella nota tres ruedas: dos inmóviles, otra en 
perpetuo girar; ésta alegoría del tiempo presente; aquéllas, del pasa- 
do y del porvenir. En cada rueda hay siete círculos : el de Diana, mo- 
rada de los castos; el de Mercurio, sitio de los malvados; el de Ve- 
nus, lugar donde se castigan los pecados sensuales ; el de Febo, retiro 
de los filósofos, oradores, historiadores y poetas ; el de Marte, panteón 
de los héroes muertos por la patria; el de Júpiter, sede de los reyes 
y príncipes; el de Saturno, lugar que ocupan los justos gobernantes de 
la república. 

EJ Laberinto es un poema alegórico, que toma la idea generan del 
Paraíso de Dante, aunque la representación de las tres ruedas de 
Fortuna parece original ; pero su verdadero vallor no está en el sim- 
bolismo sino en los episodios históricos, que muestran un sentimien- 
to patriótico reflexivo, una visión de la unidad nacional, un ideal 
español encarnado en el "muy prepotente don Juan el Segundo", 
como nota Menéndez y Pelayo. En estos episodios vemos desfilar 

13 



I04 LITERATURA ESPAÑOLA 

al trovador Hacías, al sabio don Enrique de Villena; a doña Ma- 
ría Coronel, mártir de la castidad; a los soldados muertos en Ja 
guerra de los moros, tales como el Conde de Niebla, que hizo el 
sacrificio de su vida en Gibraltar (1436) por intentar la salvación 
de sus compañeros (el mejor y más extenso episodio del poema) ; 
al joven Lorenzo Dávalos, conducido ante su triste madre, "que besa 
la boca fría de su hijo, como para llamarle a la vida y comunicarile 
su aliento" (Quintana) ; a Diego de Ribera, el conquistador de "Alo- 
ra, la bien cercada", y tantos otros. 

Se notan en esta obra imitaciones de Virgilio y de Lucano, sobre 
todo el bellísimo y terrible pasaje de la maga de Tesalia {Farsalia, 
VI, 420), aplicado a don Alvaro de Luna, en que un cadáver se 
anima, a fuerza de conjuros, para anunciar d triste fin del Cond-es- 
table. 

L%a vez que Ja maga tiene 

un cuerpo tan malo que por aventura 

le fuera negado aver sepultura, ! 

comienza su evocación, y como el espíritu no acudiera a sus pajiabras, 

con viva culebra lo fiere e azota, 

hasta que el cuerpo va retornando a la vida. Entonces 

los miembros ya tiemblan del cuerpo muy fríos, 

medrosos de oír el canto segundo; 

ya forma voces el pecho iracundo, 

temiendo la maga e sus poderíos. 

la qual se le llega con bezos impíos 

e face preguntas por modo callado 

al cuerpo ya vivo, después de finado. 

porque sus actos non salgan vacíos. (Copla 252.) 

La versificación de Mena es suelta y fácil ; emplea mucho el 
hipérbaton, y abunda en latinismos e italianismos, que Juego se in- 
corporan en la lengua; su estilo es inconfundible, y el conjunto 
resulta fatigoso y pesado, debido a la monotonía deíl verso dodeca- 
síilabo. Pero hay en su obra versos y pasajes de verdadero poeta. 
En el siglo xvi fué considerado como clásico y mereció que lo co- 
mentaran Hernán Núñez y el Brócense. Se le ha llamado el Ennio 
español, y fué benévolamente juzgado por Quintana. 

'' ^: i'^r''^'' ^^^^ ""^ GuzMÁN.-Sobrino del canciller Ayala y 
^o del Marqués de Santíllana, -Fernán Pérez de Guzmán, señor de 
Batres (i376?-i46o?), se disgustó, después de la batalla de la Hi- 
^uerudla, con don Mv^to de Luna, que lo aprisionó; perdido el 



FERNÁN PÉREZ DE GUZMAX 195 

favor de la Corte, se retiró a su señorío, donde pasó el resto de su 
larga vida. Fué gran amigo del obispo Alonso de Cartagena, qu« 
escribió para él su Oracional. Tradujo a)lgunas epístotas de Séneca a 
Lucilio y compiló la Floresta de los Filósofos, centón de sentencias 
tomadas de Séneca, Cicerón, Boecio, del Tesoro de Bruneto Latini, 
etcétera. Erróneamente se le han atribuido la Crónica de don Juan II 
y di Valerio de las Historias. Le pertenece, en cambio, el Mar de 
istorias, que consta de tres partes, que tratan: i.% "de los emperado- 
res e de sus vidas, e de los príncipes gentiles, e católicos" ; 2.^, "de 
los sanctos e sabios e de sus vidas e de los libros que f icieron" ; 
3.*, "sembJanqas y obras de los excelentes reyes de España don 
Enrique III e don Juan el II y a üos venerables prelados o nota- 
bles caballeros que en los tiempos de estos nobles reyes fueron" ; esta 
última se conoce con el título de Generaciones y semblanzas desde da 
época de Galíndez de Carvajal. Las dos primeras partes relatan 
hazañas de personajes reales (Alejandro, César, Carlomagno, etc.) 
o imaginarios (eñ rey Artús y los caballeros del Santo Grial), inspi- 
rado principalmente en el Mare historiarum de Giovanni de -Colon- 
ña o en alguna derivación francesa de él, aunque con un estilo pro- 
pio, animado y brillante. 

Las Generaciones y semblanzas son la primera colección moderna 
de biografías, inspiradas acaso en <la manera de Salustio, pero he- 
chas teniendo a la vista ilos modelos vivos y reflejando en ellas al 
hombre, así en Qo físico como en lo moral; es la mejor prosa del si- 
glo XV. El delicado y enfermizo Enrique III el Doliente; su herma- 
no el Infante de Antequera, "muy fermoso de gesto, sosegado e 
benigno, casto et honesto, muy católico y devoto cristiano" ; el con- 
destable Ruy López Dávalos, de origen humilde, pero muy traba- 
jador; .el disoluto y forzudo maestre de Caüatrav.i don Gonzalo 
Núñez de Guzmán ; el poderoso Conde de Niebla ; el callado y va- 
liente maestre de Santiago don Lorenzo Suárez de Figueroa; el 
advenedizo Fernán Alonso de Robles, favorito de Sa reina doña Ca- 
talina de Lancaster, "mucho gruesa", que "tanto parecía hombre 
como mujer", y tantos otros vemos desfilar por estas páginas vi- 
vas de (la historia patria. Muestra su orgullo aristocrático, manifies- 
ta el rencor contra don Alvaro de Luna y el menosprecio hacia el 
apocado rey don Juan II ; pero siempre es imparcial ; sus juicios, 
severos y duros, han sido confirmados casi todos por la posteridad. 
Es pesimista; no de tono vengativo como Saint Simón, con quien 
se le ha comparado, sino con cierta resignación filosófica, que le 
lleva a enoonitrar su ideal de la felicidad en la vida de un caballero 
vque no hizo cosas notables, pero que tampoco tuvo enemigos. 

Como poeta figura en el Cancionero de Baena v tiene otras va- 



196 LITERATURA ESPAÑOLA 

rías composiciones: las Cuatro virtudes cardinales, alegoría en re- 
dondillas, bastante prosaica; la titulada Que las virtudes sen buenas 
de invocar e malas de platicar, la mejor acaso de las suyas en el 
aspecto n ir ico; la elegia a la muerte de Alonso de Cartagena. Los 
Loores de los claros varones de España es un compendio de nuestra 
historia en octavas de arte menor, inspirada en don Rodrigo de 
Toledo, en Ja Crónica general, eti fray Juan Gil de Zamora, etc. Son 
pasajes notables, en medio de la morotonía del poema, la escena de 
la muerte de Fernando el Magno, el elogio de Sancho Abarca, el 
pasaje dedicado al antipapa Luna, etc. Reuniendo algunas de estas 
obras poéticas de Pérez de Guzmán se editó (Sevilla, 1516) un libro 
titulado Las Sietecientas, remedando el poema de Mena. 

8. Antón de Montoro. — ^Probablemente nació en Montoro (Cór- 
doba) (1404- 1480?), de donde tomó su apellido. Era de familia dé 
judíos, se convirtió a la fe cristiana; fué sastre o ropero en Cór- 
doba, donde vivió pobremente, dirigiendo con frecuencia poesías a 
distintos personajes para pediitles algún socorro; no pudo abando- 
nar su" oficio, como él mismo dice con ocasión de algún desaire 
recibido : 

Pues non cresce mi caudal adorárnoste, dedal, 
el trovar nin da más puja, gracias fagamos, aguja. 

Sostuvo contiendas poéticas, en que abundaron las desvergüen- 
zas e improperios, con el comendador Román, de musa semejante 
a lia suya, con Juan Poeta y con otros. Probablemente le socorrió 
alguna vez don Pedro Fernández de Córdoba, padre del Gran Ca- 
pitán; su primogénito don Alonso de Aguilar dijo a Montoro que 
no quería que .le loase ni le desloase, a lo que contestó el poeta con 
una composición ingeniosa y sencilla. Sus versos gozaron de re- 
nombre, pues Juan de Mena y el Marqués de Santillana lo estima- 
ron y el último le pedía copia de ellos : Montoro se excusaba deJi- 
cadamente diciéndole que eso sería ir a vender miel al colmenero. 
En sus últimos años dirigió a la Reina Católica una irreverente 
composición en que compara a Isabel I con la Virgen María, lle- 
gando hasta decirle que si ella hubiese nacido antes, habría sido la 
madre de Jesucristo. Francisco Vaca y el portugués Alvaro Brito 
impugnaron estas blasfemias en sus poesías, aunque reconociendo 
ell mérito literario del poeta, que fué elogiado también por Gómez 
Manrique. En (los días de viernes y sábado santo de 1473 se sublevó 
contra judíos y conversos el populacho de Córdoba, que se entregó 
a la matanza y saqueo; don Alonso de Aguiflar trató de contener a 
la desbordada plebe ; muchos de los perseguidos huyeron, especial- 



ANTÓN DE MONTORO 197 

mente a Sevilla: de ellos fué Montoro, que probablemente acabaría 
en esta ciudad su vida, en la oscuridad y en la pobreza. 

Cultivó ia poesía festiva y burlesca: aunque el tono de sus ver- 
sos es a veces excesivamente trivial, sus donaires hacen toflerables 
y aun gratos los asuntos tratados. La ingenuidad, con algo de mali- 
cia y no poco del arte d-e saber vivir, caracterizan sus composiciones, 
que resultan agradables. Recordemos sus versos "contra Torrellas, 
porque fizo contra ías donas"; "al Conde de Cabra, porque le de- 
mandó y non le dio nada" ; sus contestaciones al comendador Román, 
que le impugnaba en burilas, diciéndole : 

Y pues tenéis el renombre os espante y os asombre 
faciendo falso el vocablo, como la vista del diablo, 

yo os haré que este mi nombre 

Montoro, que cultivaba con preferencia la poesía satírica 5' la 
festiva, dedicó una notable composición en octavas de arte mayor 
a un suceso trágico que se tuvo antes por fantástica leyenda, pero 
cuya realidad histórica hoy no ofrece duda. 

Fernando Alfonso de Córdoba, veinticuatro de esta ciudad, se casó 
con doña Beatriz de Hinestrosa, emparentada con la ilustre familia 
de los Córdoba. Hacia 1448 doña Beatriz tuvo relaciones adúlteras 
probablemente con don Jorge Solier o Fernández de Córdoba, comen- 
dador de Cabeza de Buey, o acaso con su hermano don Fernando Al- 
fonso de Córdoba, comendador del Moral, y ambos del hábito de Ca- 
latrava. Conoció el marido la infidelidad de su mujer, y una noche 
e|ue halló en su casa a los dos hermanos, les dio muerte, y lo mismo 
hizo con su esposa, dos criados, y tal vez algún otro (como insinúa 
Antón de ^lontoro). Huyó el matador, y aprovechándose de la carta 
de inmunidad concedida por don Juan II poco antes a los homicidas 
que sirviesen un año y un día en el levantamiento del cerco de Ante- 
quera, alcanzó su indulto, y según tradición, se casó de nuevo en Cór- 
doba con doña Constanza de Haro. 

Este suceso impresionó la fantasía jxDpular: en unas endechas, 
muy extendidas en ed resto del siglo xv, se supone que había doña 
Beatriz, y refundida en el Cancionero de Juan de Linares (Bar- 
celona, 1573) y modernamente por Duran, aparece con el estribillo: 

Los comendadores, 3'0 vi a vosotros, 

por mi mal os vi; vosotros a mí. 

Francisco Delicado en la Lozana andaluza y Lope de Rueda en 
el Coloquio de Timbria recordaron este suceso, que fué algo ampli- 
ficado por Juan Rufo, jurado de Córdoba, en cinco romances, im- 
presos en sus Apotegmas (1596). 

Según esta versión "Fernando el A''eint¡cuatro vivía en paz con su 



jgg LITERATURA ESPAÑOLA 

mujer, cuando ésta se prendó de Jorge, uno de los comendadores. El" 
marido estaba en Toledo al lado del Rey Católico, de quien era muy 
favorecido, tanto que en cierta ocasión le entregó un precioso anillo 
que él dejó a su muier al ausentarse, y ésta entregó a Jorge. Llamado 
por el Rey también a Toledo, llegó Jorge con su anillo, violo el Mo- 
narca y reprendió a Fernando por haberlo enajenado. Así conoció su 
deshonra el Veinticuatro y se aprestó a vengarla pidiendo en el acto 
permiso al Rey para volverse a su casa. Llegan también Jorge, de To- 
ledo, y Fernando, de Sevilla; finge el Veinticuatro una cacería por al- 
gunos días : y a la noche regresa, y halla en su domicilio a los comen- 
dadores. El primero a quien acuchilla es a Jorge ; luego, a Fernando y 
a su amada (una doña Ana, secretaria de Beatriz); luego a un paje de 
los comendarores llamado Galindo, y después empieza el degüello ge- 
neral", matando también a Beatriz después de confesar ésta. (Cotare- 
lo. Cancionero de Moni oro.) 

Lope de Vega recogió esta tradición (según la versión de Juan 
Rufo) en su drama Los Comendadores de Córdoba, tradición que ha 
vudlto a revivir en algunos escritores modernos (Barrantes, Munta- 
das y Lustonó). 

9. Alvarez GATO.^uan Alvarez Gato [i43o?-i496?] : hijo 
segundo de Luis, cabeza de este nolik apellido de Madrid. Fué 
armado caballero por don Juan II el año de 1453, quien le dio la 
espada que traía ceñida, en cuya memoria la dejó vinculada en su 
mayorazgo. El Rey le honró con su confianza y envióle a apaciguar 
las diferencias surgidas en Toledo entre ila ciudad y Pedro López 
dte Ayala, conde de Fuensalida; sirvió aí rey don Enrique IV; 
después fué mayordomo de la reina doña Isabel. 

Fué amigo del Duque del Infantado, de Cíómez y Jorge Manri- 
que, de Hernán Mejía de Jaén, de don Diego López de Haro y de 
fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada. 

Las poesías de Alvarez Gato (que habló perlas y plata, según 
Gómez Manrique) son amorosas, moraíles y poilíticas y devotas. En 
las primeras se ve con frecuencia tal o cual rasgo humorístico y 
aun burlesco; es buen versificador, hábil en el manejo de las rimas, 
sencillo en la expresión, e ingenioso a veces; las poesías devotas 
son, en general, de su última época, siendo de notar algunas de 
rimas cortas que glosan cantarcillos populares, adaptándoflos con 
maestría a temas piadosos, como fray Ambrosio Montesino. He aquí 
algunas de lias composiciones de Gato. 

, Una copla amorosa envió con un negro suyo, y el color del portador 
Je proporcionaba fáciles metáforas e ingeniosos conceptos. — Una noche 
que vido a cierta señora a una ventana, llegándose a hablar con ella 
se quitó, y mandó ponerse a una vieja diforme, y él, no dando a enten- 



ÁI.VAREZ GATO. HERNÁN MEXÍA 1 99 

der que lo sentía porque hacía muy escuro, habló todo lo que deseaba 
decir, y por que ella supiese que no le era oculto el engaño, hizo las co- 
plas siguientes : 

Yo que de inieda no os Hablo tiniebla por claridad, 

esperanJ'^ ver a vos, vencimiento por victoria, 

esperak^ver a £)íc? "" '■^*^'" ^'^j^ ^^ "°"^ 

y mostróse el diablo; P^*" ^^ ""^^ '''^^^ beldad... 
diéronme pena por gloria, 

A„; „ „ ^ - quien servía que le dijo se casase 

Asi se excusa con una señora a 

con ella: 

Decís casemos los dos siendo .''" ^'^^?''^ '''I 

porque deste mal no muera : que os fagi.^ *"' companera, 

señora, no plega a Dios 

De'l pobre ropero de Córdoba Antón de Montoro y del i ^^ 
espuelas Mondragón a/laba el ingenio. 

Apartándose del mundo y de. sus vanidades para mejor prac- 
ticar la virtud, escribió, sutilizando el concepto : 

Mundo, quien discreto fuere, quien te quiere no te sabe 
cierto so que no t'alabe ; quien te sabe no te quiere... 

El cantarcillo que sigue lo enderezó a lo espirituañ y al daño que 
deil mundo vrene. g/losándoJo con gusto y maestría : 

Quita allá, que no quiero quita allá, que no quiero 

mundo enemigo, que huelgues conmigo. 

lo. Hernán Mexía. — Hernán Mexía, veinticuatro de Jaén, ene- 
migo acérrimo del condestabíle Miguel Lucas de Iranzo, se distin- 
guió, como su amigo Alvarez Gato, por obras de carácter satírico 
y amatorio: se han conservado diez composiciones suyas y son nota- 
bles las coplas A tina partida que hizo de donde sti amiga quedaba, 
la obra Del seso al pensamiento, y sobre todo las coplas en que 
descubre los defectos de las condiciones de las damas. Tienen más 
gracia y viveza que ílas de Torrellas, de quien se declara imitador. 
y en dicha poesía se nota algo de la observación aguda del Corva- 
dlo del Arcipreste de Talavera. 

Ellas aman y aborresgen Trastornan sus atavíos 

en un ora presto y matan ; cada ora en muchas guisas 

ellas hieren y guarescen, con afeites tan baldíos, 

quando se niegan se ofrcscen. empero sus desvarios 

donde prenden se rescatan... siempre las tienen devisas... 

Algunos de estos conceptos se ven repetidos en un soneto me- 
morable de Lope de Vega. 



^QO LITERATURA ESPAÑOLA 

II GÓMEZ MANRiQUE.-Después de Santillana y Mena cree Me- 
néndez y Pelayo que debe conceptuarse como el mejor poeta del 
siglo XV a Gómez Manrique (i4i2?-i49o). natural de Amusco (tierra 
de Campos), hijo del adelantado de León Pedro Manrique y de Leo- 
nor de Castilla, fundadora después del convento de Calabazanos. Asis- 
tió a la conquista de Huesear (1434) I tomó parte muy activa en la 
agitadisima vida política de su tiempo entre los adversarios de don 
Alvaro de Luna, partidario primero del infante don Enrique, luego 
del infante don Alonso, y a la muerte de éste, de la infanta doña Isa- 
beil; asistió al pacto de Sos Toros de Guisando {1468) y contribuyó 
eficazmente a 'las negociaciones que trataron ia boda de la Infanta 
con don Fernando de Aragón ; tanto, que al frente de cien lanzas re- 
cibió en la frontera y condujo a Dueñas al Príncipe aragonés cuando 
entró en tierra castellana para celebrar su matrimonio con la Rei- 
na Católica. Logró contener las demasías del Arzobispo de Tole- 
do, que apoyaba las pretensiones de Ja Bekraneja y de Alfonso V de 
Portugal, siendo encargado de retar a éste en nombre del Rey de 
Castilla (1475). Como el Arzobispo quisiera entregar Toledo a ios 
portugueses, Gómez Manrique, nombrado corregidor, juntó al pue- 
blo y llogró que siguieran fieles a da causa castellana por medio de 
un notabilísimo discurso, que le mostró como "orador ante quien 
todos son grillos", que decía Alvarez Gato, como tolerante para los 
judíos y de ideas democráticas para su época. Reconstruyó el puente 
de Alcántara (1484) y edificó ilas Casas Consistoriales, donde hizo 
grabar la célebre inscripción: 

Nobles, discretos varones Por los comunes provechos 

que gobernáis a Toledo, dexad los particulares : 

en aquestos escalones puesi vas fizo Dios pilares 

desechad las aficiones, de tan riquísimos techos, 

codicias, amor y miedo. estad firmes y derechos. 

Murió en Toledo hacia 1490, enumerándose en él inventario 
de sus bienes ios libros que poseía. Devoto de las armas, se tenía 
él mismo en muy poca estima como poeta, siendo cosa providencial 
la conservación de su Cancionero, que publicó el señor Paz y Melia 
(1885). 'Comprende 108 composiciones. 

Se pueden dividir en varias dases: o), eróticas y de gaílantería; 
b), requestas o preguntas al estilo trovadoresco, alternando con los 
mejores ingenios cortesanos; c), coplas según la escuela galaico-pro- 
venzal, como la Batalla de amores, alegoría ingeniosa; el Aparta- 
miento, la Lamentación, etc.: en ellas recuerda a Macías y a Ro- 
dríguez dd Padrón, y llega a escribir una vez en portugués (cosa ya 
rara en su tiempo) ; en todas la versificación es suelta y algunas 
comparaciones son graciosas : 



GÓMEZ MANRIQUE 201 

Que todas mis amarguras Ansí mis ansias secretas, 

derrama vuestro donaire, viéndovos, fuyen de mí; 

como las nieblas escuras bien como las cuervas prietas 

se derraman en el aire. perseguidas del neblí. 



d), de carácter doméstico, como felicitaciones, estrenas y aguinaldos, 
ligeras por regla general, si bien merecen recordarse especialmente 
-las coplas a la defunción de su primo Garcilaso en el sitio de Baza 
(1455) y las dedicadas a su esposa doña Juana de Mendoza por la 
-muerte de dos hijos pequeños; e), de carácter jocoso o burlesco, en 
las que muestra poco humorismo, siendo inferiores a las de Antón 
de Montoro, a quien imita hasta en ilos asuntos: Quejas de una nuda, 
Razonamiento de un rocín a su paje; /), de carácter serio y moraíl 
inspirado en las lecturas filosóficas y en das obras de Santillana 
y Mena: es aquí donde Gómez Manrique se muestra como poeta 
más elevado, hasta el punto de que sólo le aventajan las Coplas 
de su sobrino Jorge Manrique. La muerte de su tío el Marqués de 
Santillana, que mejor pudiera . decirse su padre espiritual, le ins- 
piró el Planto de las Virttides e Poesía por el magnífico señor don 
Iñigo Lopes de Mendosa: es una carLción alegórico-dantesca al mo- 
do de las repetidas visiones dcfl siglo xv, imitación de la Comedic- 
ta de Ponsa y de la Coronación de mosén Jordí. 
Perdido el autor en un valle oscuro, en el cual 

Non jazmines con sus flores Texos eran sus frutales 

había, nin praderías; e sus prados pedernales, 

nin por sus altos alcores e buhos los que cantaban, 

resonavan ruyseñores cuyas bozes denotavan 

ni sus dulces melodías. los advenideros males..., 

llega por la mañana a un castillo, en cuyas salas se encuentra a las 
siete Virtudes, que van haciendo el panegírico del Marqués; la Poesía 
luego exhorta a Manrique a que cante al insigne poeta; pero él se ex- 
cusa, diciéndola que acuda a Fernán Pérez de Guzmán, "noble viejo, 
fuente de grande elocuencia". Desaparece la Poesía y las Virtudes se 
lamentan del estado moral de Castilla. 

Los Consejos a Diego Arias Dáviila, favorito de Enrique IV, 
la mejor obra de Manrique, "son una noble y filosófica lección so- 
bre ila instabilidad de las grandezas humanas, sobre la vanidad del 
mundo'', etc., y debieron inspirar a su sobrino en su elegía, vistas 
las semejanzas de conceptos y frases. 

Pues si son perecederos procura los soberanos, 

y tan caducos y vanos para siempre duraderos ; 

los tales bienes mundanos, que so los grandes estados 



202 LITERATURA ESPAÑOLA 

e riquezas trabajos tienen y tantos 

f artas fallarás tristezas como los cultivadores; 

e cuydados. pues no fies en los hombres 

Mira los Emperadores, que padecen, 

los Reyes y Padres Santos; y con sus vidas perecen 

so los riquísimos mantos sus renombres. 

Escribió además (las llamadas Coplas del mal gobierno de Toledo 
glosadas luego por eJ doctor Pedro Díaz de Toledo y el Regimiente 
de Príncipes, doctrinal de buen gobierno dedicado a los Reyes Cató- 
licos. 'Continuó el poema didáctico de Mena Debate de Ja razón con- 
tra la voluntad en la parte referente a la reprensión de la gula, en- 
vidia y pereza. 

Notabilísima es en la historia de la dramática su Representación 
del Nacimiento de Nuestro Señor, hecha para el monasterio de Cala- 
bazanos, cerca de Eallencia, donde estaba su hermana María Man- 
rique. Su asunto es el nacimiento de Jesús y la adoración de los pas- 
tores, trazado con la sencillez del dram^a litúrgico y sin las irreve- 
rencias de los misterios franceses. A este género pertenecen las 
Lamentaciones fechas para Semana Santa, y algunos momos para 
honrar el cumpleaños de un sobrino del autor y del infante don Afl- 
fonso, que fué reailmente representada por la infanta Isabd y sus 
damas. 

12. Jorge Míanrique (1440-1478). Fué señor de Belmontejo, e 
hijo def] conde de Paredes don Rodrigo y de su primera mujer doña 
Mencía de Figueroa. Nació en la villa de Paredes de Nava hacia 
1440. Tomando parte en las banderías de la época, derrotó cerca 
de Ajofrín a don Juan de Valenzuela; obtuvo uno de los trecenaz- 
gos de la Orden de Santiago, de da que fué maestre su padre. Ar- 
diente partidario de la Reina Católica, defendió el Campo de Calla- 
trava : unido con su padre hizo levantar el jsedio de Udés a das fuer- 
zas combinadas de don Juan Pacheco y del arzobispo de Toledo 
don Alonso Carrillo. Prosiguió la lucha contra el Marqués de Ville- 
na, enemigo éste del poder rea-l, y murió pelleando deflante del cas- 
tillo de Garci Muñoz (14781). En su ropa se encontraron unas coplas, 
que empezaba a componer, "contra el mundo" (sobre análogo tema 
ad de su famosa elegía) y en el mismo metro, y que fueron continua- 
das con arte por Rodrigo Osorio. 

Se conservan de él, entre el Cancionero general de Hernando defi 
Castillo (151 i) y el Cancionero de Sevilla (1535), unas 50 poesías 
según la escuela castellana, de las que pueden recordarse las espar- 
sas diciendo qué cosa es amor; otras, ''porque estando él durmiendo 
Je besó su amiga"; otras a una prima suya que le estorbaba unos, 



JORGE MANRIQUE 203 

tmores; la canción "Quien no estuviera en presencia.,."; la glosa 
i este mote "Sin Dios y sin vos y mí"; la referente a un convite 
[ue hizo don Jorge a su madrastra; y las coplas que dirigió a una 
duda que tenía empeñado un briaU en la taberna. Estas últimas poe- 
lías, de carácter satírico, no brillan por el buen gusto ni por la ver- 
ladera gracia. 

La más famosa de sus composiciones y muy superior a todas las 
luyas, es la titulada Coplas de Jorge Manrique a la muerte de su 
wdre, tan notables por la extremaida corrección de forma como 
lor la profundidad de pensamiento; estas Coplas, "arrancando del 
[olor individuad, se levantan a la consideración del dolor humano 
:n toda su amplitud y trascendencia" (M. P.), Son 43, y de ellas 17 
e refieren al elogio fúnebre de su padre don Rodrigo, en que el 
»oeta expresa con arte y sentimiento no superados su dolor por la 
rreparabúe pérdida, y en las restantes reprime su propia pena ante 
'1 dolor universal y humano, y esto es "lo que da eternidad a esti? 
oplas y las convierte en un doctrinal de cristiana filosofía" (M. P.). 
>e don Rodrigo Manrique, vencedor en veinticuatro batallas, hace 
m brillante y laudatorio retrato Hernando del Pulgar en sus Cía- 
os Varones, diciendo de él que "volver las espajldas al enemigo 
va. tan ajeno de su ánimo que e'legía antes rescebir la muerte pe- 
cando que saávar la vida huyendo..." 

He aquí ailgunas estrofas de la admirable elegía de Jorge Man- 
ique : 

Recuerde el alma adormida, .\llí los ríos caudales, 

avive el seso y despierte allí los otros medianos 

contemplando y más chicos, 

cómo se pasa la vida, allegados son iguales 

cómo se viene la muerte los que viven por sus manos 

tan callando. y los ricos... 

Cuan presto se va el placer, ¿Qué se hizo el rey don Juan? 

cómo después de acordado Los infantes de Aragón 

da dolor, íQué se hicieron? 

cómo a nuestro parescer ¿Qué fué de tanto galán? 

cualquiera tiempo pasado ¿Qué fué de tanta invencióti 

fué mejor... como trujeron? 

Nuestras vidas son los ríos Las justas y los torneos, 

que van a dar en la mar, paramentos, bordadtiras. 

que es el morir ; y cimeras, 

allá van los señoríos fueron sino devaneos ? 

derechos a se acabar ¿Qué fueron sino verduras 

y consumir. de las eras?... 

En cuanto al pensamiento capital de tan excelsa poesía, ya in- 
[icado, claro es que Jorge Manrique no hizo otra cosa que reco- 



204 LITERATURA ESPAÑOLA 

ger una verdad universal vulgarizada ya hasta e)l extremo en pro 
sa, en poesía, en do sagrado y profano, v. gr., leyenda de Buda, y fa 
miliar en las letras y en otras manifestaciones cultas; y su mentt 
y originalidad está en haber sabido dar forma admirablemente ar 
tística y casi definitiva a estos lugares comunes sobre lo delezna 
ble y caduco éél vivir y la certeza de la muerte. Hondo sentimien 
to hay en estas estrofas que llegan a lo profundo del alma, y si 
matiz melancólico y a veces lúgubre penetra el espíritu con má 
eficacia que las máximas de la filosofía o las exhortaciones de 1; 
oratoria ; en ellas la lengua se muestra perfecta ; el estillo, clarísima 
y extremadamente puro y natural. 

Don Juan Valera, en su versión de la brillante obra de Schacl 
Poesía y arte de los árabes en España y Sicilia, all tratar de la efle 
gía que Abul-Beka, poeta de Ronda, escribió a la pérdida de Cor 
doba y Sevilla, Valencia y Murcia, ha sostenido que esta últim; 
poesía es el modelo que imitó Jorge Manrique en la suya, fundan 
dose en la semejanza que encuentra entre una y otra; desde luegí 
hay cierta analogía entre una parte de Üa poesía de Abul-Beka ; 
varias estrofas de Manrique, y esita analogía resulta extremad; 
por haber traducido Vallera la poesía arábiga en el mismo metn 
de Jas Coplas, y en cambio es mucho más lejana si se comparai 
éstas con cualquier traducción en prosa, y aun con otras en len 
guas extranjeras; pero la semejanza es casual, ya que lo transí 
torio de las glorias de este mundo, de las grandezas humanas, e 
imperio nivdador de la muerte, la rapidez de íla vida del hom 
bre, etc., principios que se ponen de relieve en ambas poesías, soi 
verdades conocidas de todos y manifiestas en cuantos libros mo 
railes y religiosos se han producido. 

Hay reminiscencias del Eclesiastés, de Isaías, de Baruch (don 
de se lee ya la tremenda interrogación sobre lo pasajero de las glo 
rías mundanas), de los Santos Padres, de Boecio, etc. Pero en 1; 
propia poesía castellana se había expresado ya esta misma pre 
gunta por el canciller Ayala; por fray Miguir, fraile Jerónimo, qui 
aparece en el Cancionero de Baena; por el autor del Decir a 1; 
muerte del almirante Ruy Díaz de Mendoza (Fernán Sánchez di 
Talavera?); en el Marqués de Santillana, que en su Diálogo d, 
Bias contra Fortuna, escribe : 

¿Qué es de Nínive, Fortuna? ¿Qué es de Tiro e de Sidói 

¿Qué es de Tebas? ¿Qué es de Atenas? e Babilonia? 

¿De sus murallas e almenas ¿Qué fué de Lacedemonia? 

<<iue non paresce ninguna? Ca si fueron, ya non son. 

Y más que ninguno de estos poetas, su tío Gómez Manrique 



GUILLEN DE SEGOVIA 205 

en los Consejos a Diego Arias de Avila, tiene pensamientos y ex- 
¡ presiones que recuerdan algunos pasajes de las coplas. 

Lx)pe de Vega dijo que estas Coplas merecían estar escritas 
con letras de oro ; el padre Mariana, en su Historia, las llama "tro- 
vas muy elegantes, en que hay virtudes poéticas y ricos esmaltes 
de ingenio y sentencias graves a manera de endecha"; Luis Vene- 
gas de Henestrosa, en su Libro de cifra nueva... (Alcalá, 1577), las 
puso en música. Y fueron glosadas por el liceruciado Alonso de 
Cervantes, corregidor que fué de Burguillos, de donde sa/Hó deste- 
rrado y privado de sus bienes; por Luis de Aranda, vecino de Ube- 
da (que escribió una difusa e infeliz exposición en prosa); por d 
capitán Francisco de Guzmán, más afortunado en esta empresa 
que en otras poesías moralizadoras (o más bien prosas rimadas) 
que a él se deben; por el monje cartujo don Rodrigo de Valdepe- 
ñas, prior del Paular (obra más piadosa que literaria, aunque no 
desprovista de mérito) ; por el protonotario Luis Pérez, natural 
y vecino de Portillo (cerca de ValladoHd), que Has comentó pedan- 
tescamente; por Jorge de Montemayor, que las glosó dos veces^ 
siendo admirable la segunda de estas glosas (aunque no es com- 
pleta), y por Gregorio Silvestre, cuya glosa excede a las demás én 
gusto y valor poético. Fray Pedro de Padilla, carmelita, en su- 
Jardín espiritual (1585), publicó unas Coplas castellanas imitando 
a las de Jorge Manrique; y alguna vez los románticos trataron de 
reflejar la forma y aun el espíritu de esta maravilla literaria. Fué 
traducida diferentes veces: en el siglo xvi, en dísticos Catinos, de- 
dicándose esta versión al príncipe, duego rey Felipe II ; al inglés 
y en forma tan poética como exacta, por Longfellow, y al francés^ 
solamente algunas estrofas por Maury (en Il'Espagne poétique), y 
mejor aún por el conde de Puymaigre. 

^.^13. Guillen de Segovia. — 'Sevillano era Pedro Guillen (1413- 
1474?) y se le llama de Segovia por haber vivido en esta ciudad. 
Rico en su juventud, que se deslizó "fermosa, riente, aíegre, muy 
clara", probablemente protegido de don Alvaro de Luna, después 
de ila caída de éste y de la muerte de Santillana quedó en la mi- 
seria, teniendo que ganarse la vida como copista. Cuando estaba 
a punto de suicidarse, un reáigioso le recomendó al arzobispo de 
Toledo Carrillo, de quien llegó a ser contador y cuya historia es- 
cribió en el prólogo de la Gaya ciencia. Tiene alguna composición 
amorosa, como el Decir sobre el amor, de imitación dantesca. Es más 
abundante en poesías de carácter moralista, y político, como los De- 
cires contra la pobreza, Del día del juicio, los Siete pecados morta- 
les (continuación de Mena) y la Querella de la gobernación, escrita. 



2o6 LITERATURA ESPAÑOLA 

en respuesta a la del mismo título de Gómez Manrique. Los Dis- 
cursos de los doce estados del mundo son una sátira socid al modo 
de las Danzas de la muerte, en que se critica a los prelados, caballe- 
ros, religiosos, mer/caderes, etc. Su mejor obra son Los siete salmos 
penitenciales trovados, hecha al modo de los Proverbios del Mar- 
qués de Santillana, y que lia Inquisición mandó quitar del Cancio- 
nero general. "Son casi d único ensayo de poesía bíblica directa 
que encontramos en nuestra literatura de la Edad Media" (M. P.), 
y tienen gran vailor poético en su expresión sencilla y fácil. Obra 
suya es La Gaya de Segovia o Silva copiosísima de consonantes 
para alivio de trovadores (manuscrita en la Biblioteca Nacional), 
diccionario de rimas, eil más antiguo que poseemos en castellano, 
hecho a imitación del Libre de Concordances del catalán Jaime 
March. 

14. Juan Rodríguez de la Cámara. — Se le llama también deí Pa- 
drón, por su lugar natal (vivía 1440). Probablemente paje de Juan II, 
estuvo también al servicio del cardenal Cervantes, con quien acaso 
fuera al Concilio de Biasilea. En torno suyo se ha formado una le- 
yenda, algo semejante a la de Macías, que parece tener cierto fun- 
damento histórico. Según se deduce de su misma novela, una dama 
de la 'Corte prendóse de él y encendió en su corazón el fuego de un 
amor correspondido ; pero cierta indiscreción del venturoso amante, 
que contó su dicha a un amigo, fué causa del enojo de su señora. 
El castigo consistió en alejarlo de su presencia, y él se fué a llorar 
su desgracia en los agrestes montes de Galicia, un poco al estilo de 
Amadís. Corre muy autorizada la conseja de que terminó su vida 
como franciscano en el convento de Herbón. Alguien ha dicho ser 
la dama da reina doña Juana, madre de la Beltraneja, cosa imposi- 
ble, porque los hechos de Padrón han de reducirse hacia 1430, y 
el príncipe don Enrique se casó por vez primera con doña Blanca de 
Navarra en 1440. Menos verosímil aún es que fuera una Reina de 
Francia, como expone alguna versión. 

Escribió Juan Rodríguez un Triunfo de l-as donas, elogio de las 
mujeres, en refutación del Corbaccio, y lia Cadira del honor, apolo- 
gía de la nobleza de sangre. Su obra principal es la novela El Sier- 
vo libre de amor, dedicada a Gonzalo de Medina, juez de Mondo- 
ñedo. La divide alegóricamente el autor en tres partes, según tres 
estados del alma : la primera se refiere al "tiempo que bien amó y 
fué amado" ; la segunda, afl "tiempo que bien amó y fué desamado", 
y la tercera, al "tiempo que no amó ni fué amado". Hay que distin- 
guir en ella dos elementos: una novela íntima, autobiográfica; otra, 
-caballeresca y sentimental, titulada Estoira de los dos amadores 



I. DE MENDOZA Y MONTESINO. 20/ 

Ardanlier e Licsa, que no puede llamarse libro de caballerías a 
pesar de algunos episodios como el paso sostenido en Iría, semejan- 
te al de Suero de Quiñones, y que puede aproximarse a Menina 
e Moga, según Menéndez y Pelayo. 

En su novela inserta composiciones de la escuela cortesana, de 
las que tiene aJguna muestra también en el Cancionero de Baena. 

Se de atribuyen en algún códice los romances del Conde Arnal- 
dos, de la Infantina y de Rosa florida, de los cuales parece que sólo 
es refundidor. 

Con gran fundamento se cree ser obra suya el Bursario, traduc- 
ción parcial de Jas Heroidas, que muestra el interesante momento 
en que Ovidio viene a mezclarse en la novda española del Renaci- 
miento. 

15. Fray Iñigo de Mendoza era uno de los poetas favoritos de 
Isabel la Católica. La más extensa de sus obras es la titulada Vita 
.Christi, por coplas, escrita en quintillas dobles, que, después de los 
loores de la Virgen, trata de la Encarnación, la Natividad, la Cir- 
cuncisión, la Adoración de ilos Reyes y la presentación de Jesús en 
^1 Templo; qu^da interrumpido el libro en la. degollación de los Ino- 
centes. Con los loores va mezcílada una sátira sobre los devaneos y 
flaquezas de las damas. Es notable la Vita Christi por el empleo de 
poesías populares: himnos, romances y villancicos, y por un frag- 
mento casi dramático, aligo como égloga o farsa, en lenguaje villa- 
nesco, parecido al de las Coplas de Mingo Revulgo. De carácter po- 
lítico son e!l Dechado de la Reina doña Isabel, que a veces se llama 
Regimiento de Príncipes, y el Sermón trovado a don Fernando, lue- 
go Rey Católico. En el Dechado se. Jeen consejos a la Reina, que 
recuerdan lo mejor de Gómez Manrique: 

Pues si non queréis perder en facer 

y ver caber justicias mucho complidas ; 

más de quanto está caído que matando pocas vidas 

vuestro reino dolorido, corrompidas, 

tan perdido, todo el reino, a mi creer, 

que es dolor de lo ver, salvaréis de perecer, 
emplead vuestro poder 

También escribió un Dictado en vituperio de las malas hembras... 
y en loor de las buenas mujeres, de tendencias didácticomorales ; y 
la Justa y diferencia que hay entre la rasón y sensualidad sobre la 
felicidad humnna. composición ajlegórica inspirada en Juan de Mena. 

16. Fray Ambrosio Montesino, franciscano, era natural de 
Huete, y llegó a Obispo de Cerdeña. Su traducción de la Vita Chris- 



2o8 LITERATURA ESPAÑOLA 

H del cartujo Landtiilfo de Sajonia, llamado el Cartujano, es una de 
las mejores muestras de la prosa de su tiempo; fué muy leída per- 
dí B.eato Juan de Avila y por Santa Teresa de Jesús, y sirvió de 
fuente a los predicadores. Retocó una versión antigua de las Epís- 
tolas y Evangelios, tan perfectamente, que Mayans la llama "un mo- 
numento del lenguaje castizo español"; vdlvió a ser impresa por 
fray Román de VaJlecillo (1585) modernizando el /lenguaje. 

Sus poesías fueron recogidas en su Cancionero de diversas obras 
de nuevo trobadas (Toledo, 1508). El hecho de estar muchas de sus 
composiciones dedicadas a personaj.es importantes, muestra la re- 
putación que fray Ambrosio gozaba como autor de versos devotos. 
Más que poeta místico, dice Menéndez Pelayo, es un "orador sa- 
grado en forma poética". Los poemas más extensos son exposicio- 
nes teoflógicas: Tratado del Santísimo Sacramento; Coplas del árbol 
de la Cruz, etc. Esta poesía se caracteriza por su sencillez, candor y 
sinceridad, que recuerdan los Cantos espirituales de Jacopone da 
Todi (1230?- 1 306), que seguramente conoció, así como también 
por cierto matiz satírico, como, por ejempflo : en una Doctrina y re- 
prehensión de las mujeres en sus tres estados de doncellas, casadas 
y viudas. 

Reprende las costumbres de los clérigos seculares y regulares, y 
aun de los mismos predados, haciendo la apología de ila pobreza, "te- 
soro puro y gran bien no conocido". El aspecto más típico de la 
obra de fray Ambrosio es la adaptación de la poesía popular (villanci- 
cos y canciones) aJl modo religioso. Tiene diáflogos de Navidad, escri- 
tos probabl emente para ser recitados en conventos de monjas, como 
los de Gómez Manrique. Otras copüas esitán hechas para cantarlas 
con da misma sonada que canciones populares. También escribió ro- 
mances (por cierto impresos en versos de diez y seis sílabas) dé 
asunto religioso, pero saturados deíl espíritu de la poesía heroica.. 
Véase, por ejemplo, el dedicado a San Francisco: 

Andábase San Francisco — por los montes apostado... 
Usaba de duras peñas — por blanda cama y estrado... 

Su romance histórico a la muerte del príncipe don Alfonso de 
Portugal parece ser amplificación de otro anterior, descubierto por 
Gastón París. Fray Ambrosio fué di poeta favorito de la Reina Cató- 
lica, y suyos fueron los últimos versos que Ha egregia señora pudo 
leer. En sus obras vemos ya alguna alusión a la impresión que pro- 
ducían los primeros viajeros que volvían de (las Indias, recién des- 
cubiertas. 

17. Juan de Padilla. El mejor imitador de Dante, después de 
Mena, fué Juan de Padilla (1468-1522?), apellidado de ordinario el. 



JUAN DE PADILLA 209 

Cartujano, por haber sido monje profeso de la Cartuja de Santa 
María de las 'Cuevas de Sevilla. En 1493 publicó un poema, hoy per- 
dido, titulado Laberinto del Marqués de Cádiz (don Rodrigo Ponce 
de León), imitación acaso del Laberinto do Juan de Mena. Las obras 
que de él se conservan son dos poemas: el Retablo de la vida de 
Cristo (1516) y los Doce triunfos de los doce Apóstoles (1521), es- 
critos en estrofas de arte mayor, a estilo de Mena, de versos rigu- 
rosamente dodecasílabos. El Retablo es una vida de Jesucristo, si- 
guiendo los cuatro Evangelios, y dividida en cuatro partes, a la ma- 
nera de Juvenco, con algima comparación o sentencia original del 
autor. Su lenguaje llano y su sencillez hacen muy recomendables 
ciertos pasajes, v. gr., eJ de fla crucifixión : 

Ya comenzaba el Señor dolorido 
hacer las señales del último punto; 
mostraba su cara color de difunto, 
la carne moría, moría el sentido : 
el pecho sonaba con ronco latido, 
los ojos abiertos, la vista turbada, 
llena de sangre la boca sagrada, 
fríos los pies y su pulso perdido. 

Los Doce triunfos de los doce Apóstoles es un poema alegórico 
dantesco, en el que la historia aparece de modo episódico, como en 
la Divina Comedia y el Laberinto. Canta los hechos de los Apósto- 
les, representados por los signos dell Zodiaco entendiendo por el 
Sol a Cristo; describe las tierras donde los Apóstoles predicaron, 
y tiene un viaje al Infierno y al Purgatorio guiado por San PabJo, 
así como Dante lo fué por Virgilio. Confuso y pedantesco en la 
parte astrológica y cosmográfica, es interesante este poema en la 
visita a lias regiones de ultratumba. Padilla se asimiló una de las cua- 
lidades características de Dante: *'el poder de representación efi- 
caz y viva de las realidades concretas", llegando a veces sus des- 
cripciones a poderse parangonar con las del poeta florentino; por 
ejemplo, el castigo de los apóstatas, cuyas carnes y lenguas son 
devoradas por perros: 

Mostraban aquellos ministros cruentos, 
como verdugos y bravos leones, 
manos y garfios de mil condiciones, 
y otras maneras de nuevos tormentos. 

Despedazaban los cuartos sangrientos 
y lenguas babosas de aquellas quimeras ; 
los cuales colgaban de las espeteras, 
allí do picaban los buytres hambrientos, 
bien como cuervos de cuencas enteras. 

14 



210 LITERATURA ESPAÑOLA 

En el curso del viaje encuentra el cartujo personas conocidas 
relatando los episodios de su vida, que reflejan el desordlen qu< 
precedió a los Reyes Caitólicos; Santo Domingo de Guzmán refie 
re ias hazañas de Ha Reconquista, notándose en esta narración re 
cuerdos de la tradición épica (Rodrigo, Vellido Dolfos, el Cid, etc.) 
Se ven alusiones a lugares y cosas de la vida sociaJ y de nego- 
cios: la feria de Medina, el potro de Córdoba, el aqueJarre de las 
hechiceras de Durango, e/1 brasero de Tablada, etc. Y aunque des- 
igual y poco ameno, el poema tiene buenas descripciones y una ver- 
sificación robusta y sonora, empleando muchos latinismos e italia- 
nismos, que después se aclimataron en el 'lenguaje poético. Según 
Menéndez y Pelayo; fué Padilla "de los que tocaron en (las puertas 
del Renacimiento, sin llegar a penetrar en él, y sin ser tampoco ver- 
daderos poetas de la Edad Media; su erudición tuvo que ser pe- 
dantesca, torcido y violenito su estilo". El Retablo tuvo gran éxi- 
to y fué frecuentemente reimpreso en ios siglos xvi y xvii, no 
siendo tan conocidos los Doce triunfos, que fueron reeditados en 
Londres, en 1842, por el canónigo M. del Riego, quien califica 
exageradamente a Padilla de "Homero y Dante español". Imitó al 
Cartujano un religioso de la orden de los Mínimos en un Libro de 
la Celestial Jerarquía y Infernal Laberinto, dedicado al Duque de 
Medinaceli, que es uno de tantos poemas a/legóricos, reflejo muy 
debilitado de la Divina Comedia. 

18. Garci Sánchez de Badajoz. — 'Uno de los poetas mejor re- 
presentados en el Cancionero general es Garci Sánchez de Badajoz 
(i46o?-i526?), probablemente natural de Ecija, oriundo de Badajoz. 
Una vehemente pasión amorosa le llevó a la locura, aunque algu- 
nos lo juzgasen como castigo divino por las irreverencias y profa- 
naciones de las cosas santas que en sus versos hizo. Agudo y discre- 
to cortesano, se refieren de él anécdotas y cuentos chistosos; a más 
de canciones, decires y villancicos, conserva el Cancionero gene- 
ral lo Claro escuro y las Liciones de Job, parodia sacrilega de este 
libro sagrado, persguida por el Santo Oficio; pero, cosa no muy 
rara entre los poetas del siglo xv, en el Sueño, donde presencia en 
vida su propio entierro, oyendo a los pájaros cantar sus funerales 
(tema que repite en el romance Caminando por mis males), puede 
compararse con da Querella de amor de Santillana. En aÜguna poe- 
sía de Jorge de Montemayor parecen recordarse los versos si- 
guientes : 

Dime, lindo ruyseñor, que de mí viene herido? 

¿viste por aquí perdido 
un muy leal amador Y estas palabras diciendo, 



RODRIGO DE CXWA 211 



y las lágrimas corriendo, yo con otras muchas aves 

se fué con dolores graves : fuemos en pos del siguiendo. 

Zll Infierno de amor es una colección de canciones de los más ena- 
morados trovadores coetáneos, que penan encantados en una espe- 
cie de cueva de Montesinos; ei interés de esta alegoría dantesca 
estriba en dar un catálogo de los afamados poetas eróticos de tiem- 
po del autor y en los restos que conserva de sus canciones. No en 
■el Cancionero sino sueltas se imprimieron las Lamentaciones de 
•amores, en que emplea la estrofa de pie quebrado: 

Lágrimas de mi consuelo salid, salid sin recelo, 

que aveis hecho maravillas y regad estas mejillas 

y hacéis : que soléis. 

Juan de Valdíés ailaba las coplas de Garci Sánchez; Lope de Vega 
•dice literalmente: "¿Qué cosa se iguala a una redondilla de Garci 
Sánchez o de don Diego de Mendoza?"; y Quintana encuentra en 
sus coplas "mucho calor y agudeza". 

19. Comendador Escrivá. — Véase en Novela. 

20. Rodrigo de Cota. — Rodrigo de Cota de Maguaque era to- 
ledano y de sangre judia; se le llama el Viejo y el Tío para distin- 
guirle de aJgún sobrino suyo que, probablemente, alcanzó fama en 
algima cosa; hizo causa común con los cristianos viejos, degollado- 
res de sus hermanos los conversos, por cuya indignidad fué objeto 
•de los dardos satíricos de Antón de Montoro, de la misma raza, que 
le llama cronista del Rey Católico, acaso en broma. Compuso unos 
versos burlescos (que ha dado a conocer M. Foulché-Delbosc, 1894) 
hacia 1472, contra Diego Arias Dávila, contador mayor de los Re- 
yes Católicos, porque no le convidó a lia boda de un hijo o sobrino 
suyo con una parienta del gran Cardenal de España, composición 
interesante como documento histórico, por ias alusiones a costum- 
bres de los hebreos españoles; pero de escasos quilates como obra 
poética. 

Se le han atribuido, con poco fundamento, las sátiras polí- 
ticas Coplas de Mingo Revulgo y Coplas del Provincial, y tam;bién 
(como a Juan de Mena) el primer acto de la Celestina, que, como 
"los siguientes, es obra deil bachiller Fernando de Rojas. La obra que 
le ha dado justa nombradía es el Diálogo del Amor y un Viejo, de- 
licada poesía que contiene elementos líricos y elementos dramáticos, 
más o menos rudimentarios. Ante un viejo, retraído en una huerta, 
:seca y destruida, súbitamente paresció el Amor; d Viejo empieza 



212 LITERATURA ESPAÑOLA 

por increpar al Amor, causa de afanes, cdos y pasiones en los hom- 
bres, y se fellicita de estar fuera de su dominio; el Amor le respon- 
de mostrándole su aspecto halagüeño; el Anciano acaba por con- 
vencerse, y le dice : 

Vente a mí, muy dulce Amor; 

vente a mí, brazos abiertos; 

ves aquí tu servidor, 

hecho siervo de señor 

sin temer tus dones ciertos. 

El Amor abraza al imprudente Viejo, como éste pide, reanimando 
aparentemente su cansado vivir; ie comunica su fuego oculto, y así 
que lo ve sometido, se bunla descaradamente de él y de sus muchos 
años. Dos ellementos hay en esta composición : la controversia entre 
ambos personajes, que es una de las muchas disputas en qu€ abunda 
la literatura medieval (disputa de EJena y María, defl alma y efl 
cuerpo, del agua y el vino, etc.) y el vencimiento ddl Viejo por ei 
Amor, con el consiguiente descalabro (y en esto último es donde 
está propiamente lo dramático de la obra). 

El pensamiento capital de este poemita, profundamente filosó- 
fico y humano, tiene algún parecido con la leyenda de Fausto y aur 
con el epieodio del viejo Fiietas de las Pastorales de Longo. 

Hay varias derivaciones o imitaciones del Diálogo; en un códi- 
ce de la Bibl. Nacional de Ñapóles encontró d erudito Mióla otrc 
Diálogo anónimo, que es más bien un calco del primero, e inferiod 
a éste. Juan del Enzina, entre otras imitaciones dell poemita d'í 
Cota, escribió la Égloga de Cristino y Febea. 

Juan del Encina. Véase el núm. 44 del cap. VIII (pág. 2^56) 

21. Cancioneros. — El primer cancionero publicado en el si 
gtlo XVI fué 'd de Juan Fernández de Constantina, llamado Guirnaldi 
esmaltada de galanes y elocuentes decires de diversos autores. In 
serta algunos romances viejos {Conde Claros, Fonte frida) y cas 
íntegro fué incluido en el 

Cancionero general de Hernando d&l Castillo (Valencia, 1511) 
Abarca 964 composiciones, de unos doscientos autores, aunque si 
interés estriba principalmente en Üa recopilación de los poetas di 
la época de los Reyes Católicos. Hay en él un intento de clasifica 
ción: obras de devoción; obras agrupadas de ailgunos poetas qu 
parecieron más interesantes al colector ; canciones, romances, inven 
dones y letras de justadores, motes, villancicos, preguntas, obras po 
autores, en general los más modernos; obras de burlas. 

Este Cancionero fué editado segunda vez por d mismo Castill 
(Valencia, 1514), y después fué reimpreso hasta nueve veces, caí 



CANCIONEROS 213 

• todas con variantes, y alguna expurgado (Sevilla, 1535) añadiendo 
en esta edición castigada justas poéticas de la escuda antigua. 
Ha sido reimpreso en 1882 por don Antonio Paz y Melia en la So- 
ciedad de Bibliófilos españoJes. 

El Cancionero general se formó a bulto, según frase de Lope 
de Vega, y por eso hay en éfl desigualdades grandes; pero así y todo 
es muy interesante y se ve muy citado en la Retórica de Mayans. 

Figuran en él composiciones de aristócratas, sólo por serlo, de 
escaso interés poético; merecen citarse, no obstante, el MarquévS de 
\storga, autor d^e la delicada composición : 

Vida .de la vida mía, 
¿a quién contaré mis quejas 
si a ti no?, 

_y eil Vizconde de Altamira, que escril>e celias amorosas delicadas. 
En el Cancionero figuran Garci Sánchez de Badajoz, el comenda-^ 
dor Escrivá, Diego de San Pedro, Rodrigo Cota, que los estudiamos 
en otros lugares, y algunos más, de menor interés, tales: Diego 
López de Haro, digno de memoria, por su Aviso de cuerdos, diáílogo 
casi dramático de más de mil versos en pareados, donde intervie- 
nen hasta 60 personajes; Cartagena, que no debe ser el obispo de 
Burgos, aunque éste escribió poesías que no se conservan, sino su 
pariente el Caballero Cartagena, petrarquista, que canta a Oriana. 
autor de varios diálogos, como el del Corazón y los ojos, del Cora^ 
can y la lengua, del Dios Amor y un enamorado, que puede tener 
relación con eíl diálogo de Cota; Guevara, autor de coplas de "me- 
jor sentido que estillo", a juicio de V^aldés; Costana, que escribe los 
Conjuros de amor, publicados por Quintana en la colección de don 
Ramón Fernández; Tapia, amanerado y artificioso, salivo en su 
glosa del romance Fonte frida, y el comendador Román, que se 
burla de Montoro y escribe la elegía Décimas al fallecimiento del 
príncipe don Juan y las Trovas de la Gloriosa Pasión de Nuestro 
Redentor Jesucristo, que le dieron tanta fama como a Padilla el car- 
tujano su Retablo. En el Cancionero general figuran romances vie- 
jos, glosas de ellos y romances artísticos, firmados por Soria, Nú- 
ñez, Proaza, Juan del Encina, Alonso de Cardona, etc. Es una de 
las partes más notables del Cancionero, y fueron elogiados por Val- 
dés en el Diálogo de la lengua, "porque en ellos me contenta aquel 
su hilo de decir, que va continuado y llano". 

Cancionero de obras de burlas provocantes a risa. — Ampliando eil 
último grupo del General, se publicó (Valencia, 1519), reeditado por 
Usoz (Londres, 1841). Contiene las composiciones más libres de su 
época. 



214 LITERATURA ESPAÑOLA 

Cancioneiro geral de Resende. — En Lisboa, 1516, publicó Gar- 
cía de Resende una compilación de poesías de autores portugueses. 
Siguiendo él modelo dej Cancionero de Castillo, del cual puede decir- 
se continuación o suplemento, se citan 286 autores, de los cuales 29 
tienen obras en castellano. Fuera del infante don Pedro, en otro Jugar 
estudiado, merecen nombrarse: Juan de Meneses; Fernán Silveira, 
más conocido por Coudell-Mor; d conde Vimioso; AJvaro Brito,. 
gran satírico portugués; Duarte Brito, autor de un Infierno de 
enamorados, de carácter allegóricodantesco ; don Juan Manuel, que 
dedicó a la muerte ded príncipe don Alfonso, caído de un caballo, 
una elegía de sentimiento sincero, e imitó a Mena en Los siete pe- 
cados capitales y el mismo García de Resende, de talento y cultura 
superior a lia genera)l de su época, que comprendió el vaJlor de la poe- 
sía popular en su obra acerca de doña Inés de Castro. Repite, como el 
de Castillo, tletras de justadores y versos de burlas, en líos que des- 
cuella Enrique de da Mota, ingenio parecido a Montoro. 

Más que valor poético, tiene este Cancionero, cortesano, sin 
enlace con ía poesía antigua popular gallego-portuguesa, la significa- 
ción de símbolo de fraternidad entre los dos pueMos hermanos. 

Otros varios cancioneros pudieran citarse; por ejempilo, el que 
poseyó Herheray des Essarts, que debió comipillarse a fines deü si- 
glo XV, como conjetura Gallardo, y reúne composiciones, en gene- 
ral amatorias, de poetas conocidos, como Santillana, Macías, Jorge 
Manrique, y de algunos na tan céllebres, como Diego de Sevilla, Al- 
fonso Enríquez, etc.; d de Hijar, que fué propiedad del Duque de 
este título, que tiene poesías del sigflo xv, y algunas de Boscán y dé! 
almirante Enríquez, y otros que pueden verse en la nota bibliográ- 
fica. 

C. Sátira: 32 Social. Dansa de la M vierte. — Política. — 23. Coplas 
del Provincial: — 24. Coplas de Mingo Revulgo. — 25. Coplas de 
¡Ay, Panadera! 

32. Danza de la Muerte. — ^En ©1 códice de Bl Escorial, que 
contiene, copiados de la misma letra, los Proverbios morales del Rab- 
bt Don Sem Tob, ila Doctrina cristiana y la Revelación de un ermi- 
taño, se halla la Danza de la Muerte, poema que probablemente 
se escribió en los primeros años del siglo xv: es anónimo, y no 
creemos (como alguna vez se ha insinuado) que fuese su autor el 
mismo de los Proverbios morales, entre otras razones, porque en la 
estrofa 6.* se recomienda la confesión : consta de 79 coplas de arte 
mayor, en forma dialogada casi toda ia obra, diálogo que parece 
como un esbozo o rudimento de acción dramática. Se funda en (Ist 



COPLAS DEL PROVINCIAL 215 

ficción, tan extendida en ,Ia Edad Media, muchas veces expresada por 
la poesía y por la pintura, que supone a la Muerte llamando a todos 
los estados del mundo o dases sociales, a tomar parte en su lúgu- 
bre danza, oyendo cada cual en ella las amonestaciones de la Muer- 
te, contrastando lo sombrío del pensamiento con los rasgos humorís- 
ticos que la terribüie directora de la Danza dedica a los llamados. Es 
sátira de carácter social y colectivo. Tiene relación, flo mismo que 
la Tontentanz de Lübeck con la Danse macabre de París. 

Holbein dio a este asunto, muy repetido en la Edad Media, for- 
ma gráfica inmortal en sus Simulacros de la Muerte, coilección de 
grabados (Lyon, 1538) que alguien ha llamado "Danza macabra 
del Renacimiento". 

Comparecen ante la Muerte distintas personas representativas 
de los diversos estados, desde el Papa, el Emperador, el Cand'enal, el 
Rey, ell Patriarca, e!l Duque, hasta ed Santero, siendo convocados, ya 
un clérigo, ya un seglar, y alternando ío que dice tristemente cada 
personaje con los rasgos de tétrico humorismo con que la Muerte 
contesta a cada uno, reprendiéndole y mostrándole su poderío, in- 
vencible y nivelador. Así responde la Muerte al Condestable, que 
quisiera huir en su caballo: 

Fuyr non conviene al que ha de estar quedo; 
estad, condestable : dexat el cauallo 
andad en la danga alegre, muy ledo, 
sin faser rruydo, ca yo bien me callo. 
Mas verdad vos digo que al cantar del gallo 
seredes tomado de otra figura; 
allí perderedes vuestra fermosura. 
Venit vos, obispo, a ser mi vasallo. 

Eí pensamiento de esta obra se reproduce en el Diálogo de 
Mercurio y Carón de Juan ée Valdés (que es una Danaa. transfor- 
mada e influida por el espíritu del Renacimiento) : en la Farsa 
ilamada Danaa de la Muerte de Juan de Pedraza (impresa en 155 1) ; 
en Las Cortes de la Muerte, drama comenzado por Micael de Car- 
vajal y terminado por Luis Hurtado, dd cual hay una referencia 
en ell Quijote (parte II). Carbonell escribió en catalán otra Danza. 

23. Coplas del Provincial. — Son 149 ; el autor anónimo supo- 
ne que la corte es un convento y d fingido Provincial dirige a 
caballeros y damas (que se designan con sus nombres propios) las 
incuil paciones más afrentosas (entre otras la de judío) ; tratándose 
de una sátira de esta clase contra los personajes de da corte de! 
tiempo de Enrique IV los linajes más ilustres de Castilla fueron 
escarnecidos de tail modo que en el sigilo xvi se procuró por todos 



2l6 LITERATURA ESPAÑOLA 

los medios concluir con estas coplas, incluso valiéndose del poder 
del Santo Oficio; pero no se logró tal propósito, sino que la pro- 
hibición despertó más la curiosidad, reproduciéndose en copias im- 
perfectas. M. Foukhé-Delbosc ha impreso (1898) el texto más co- 
rrecto y asequible. Empiezan: 

I, El Provincial es llegado 2. Y en estos dichos se atreve 

a aquesta corte real, y si no cúlpenle a él, 

de nuevos motes cargado si de diez veces las nueve 

ganoso de dezir mal. no diere en mitad del fiel. 

Debieron ser escritas después de 1465 y antes de 1474, porque 
a don Beltrán de la Cueva se le llama Duque de Alburquerque, 
merced que obtuvo el primero de los dos años citados y se señala 
como persona viva a Miguel Lucas de Iranzo, asesinado, como es 
sabido, en da iglesia mayor de Jaén en 1473. 

Esta sátira, propia de la decadencia de Roma, más que obra li- 
teraria es documento histórico harto lamentable, no sólo para los 
inculpados, sino para el autor, que, oculto en la sombra, dirigía talles 
ataques. Se han atribuido a Alonso de Falencia, cronista y gra- 
mático, que nunca compuso versos que se sepa; a Rodrigo de Cota 
y a Antón de Montoro, que escribió otras poesías procaces, pero 
no probablemente estas copias, porque el intencionado ropero de 
Córdoba, judío de raza, tuvo el valor de defender a los conversos, 
cuando eran terriblemente perseguidos, mientras que en esta sá- 
tira el mote de judío se prodiga en sentido afrentoso. Quizá fué 
obra de varias plumas; la unidad de estilo, o no existe, o es muy 
dudosa; y además, en el Cancionero manuscrito de Alvarez Gato se 
leen unos versos "a los maildicientes que fizieron las Coplas del Pro- 
vincial, porque, disiendo mal, crescen en su merescimiento''. 

34. Coplas de Mingo Revulgo. — Son una sátira política, re- 
lativa a Enrique IV, grave y doctrinal, en forma alegórica y en 
diáJlogo, aunque sin acción dramática; y a pesar de que su arti. 
cío es sencillo, eil procedimieruto literario está ya próximo al de las 
Églogas de Juan del Encina. Su comentador Hiernando del Pul- 
gar expone así el objeto y asunto de estas coplas: "La intención 
de esta obra fué fingir un profeta o adivino, en figura de pastor, 
llamado Gil Arribato, el cual preguntaba al pueblo (que está fi- 
gurado por otro pastor llamado Mingo Rcvidgo) que cómo estaba, 
porque 'le veía en mala disposición. El pueblo (que se llama Rc- 
vulgo) responde que padece infortunio, porque tiene un pastor que, 
dejada la guarda del ganado, se va tras sus deileites y apetitos... 
Muestra cómo están perdidas las cuatro virtudes cardinales, con- 



COPLAS UE ¡ AY, PANADERA I 217 

viene a saber : Justicia, Fortaleza, Prudencia y Temperancia, fi- 
guradas por cuatro perras que guardan el ganado... Y cómo per- 
didas y enflaquecidas estas cuatro perras, entran los lobos ail gana- 
do y 5o destruyen... [En otras dos coplas] concluye los males 
que generalmente padece todo el pueblo. Y de aquí adelante el pas- 
tor Arribato replica y dice que la mala disposición del pueblo no 
proviene todo de La negligencia dei pastor, más procede de su mala 
condición. Dándole a entender que por sus pecados tiene pastor 
defectuoso y que si reynase en el pueblo Fe, Esperanza y Caridad, 
que son lias tres virtudes teologales, no padecería los males que 
tiene. Después... muestra algunas señales por_ dondte anuncia que 
han d!e venir turbaciones en el pueblo, las cuales... declara que 
serán guerra y hambre y mortandad. Le amenaza y amonesta que 
haga oración y confesión y satisfacción y que haga contrición para 
excusar los males que ile están aparejados... En la última y primera 
copla alaba la vida mediana porque es más segura, y en treinta y 
dos coplas se condluye todo el tratado." 

Es digna de notarse lia forma de diálogo y por ello no dejaron 
de tener alguna inflencia estas Coplas, aunque carezcan de acción, 
en la forma primitiva de nuestro teatro. Aunque la expresión es 
moderada, la intención satírica es firmísima. El pastor Candaulo de 
esta poesía es Enrique IV, y este nombre fig^irado alude a aquel 
mentecato rey de Lidia de que habla Herodoto: también se ataca 
a doña Guiomar de Castro, dama portuguesa con quien tuvo amo- 
res €il Rey; e igua)lmente son de notar alg^inos dardos satíricos di- 
rigidos a don Bekrán de la Cueva. Tres glosas han llegado a nos- 
otros de esta composición (lo cual indica su popularidad), una de 
Hernando del Pulgar, otra anónima (publicada por Gallardo) y 
otra de Juan Martínez de Barros, vecino de Madrid, compuesta en 
1564. Las Coplas de Mingo Revidgo son anónimas. Mariana, en su 
Historia (libro XXIII, cap. XVII), Cas atribuyó a Hernando del Pid- 
gar, y Sarmiento en sus Memorias para la Historia de la poesía, re- 
pite esta misma atribución diciendo que "sólo el poeta se pudo co- 
mentar a sí mismo con tanta claridad y no otro a/lguno, y que sóílo el 
comentador pudo haber compuesto aquellas coplas". Pero como no 
se sabe que Puñgar fuese poeta, y como, además, para cualquier 
contemporáneo de Enrique IV, eran llanas y transparentes las aúu- 
siones de esta sátira, no es seguro que el Cronista de líos Reyes 
Católicos fuese el autor de esta composición. 

25. ¡ Ay. Panadera! — Las coplas de ¡Ay, Panadera! han lle- 
gado a nosotros en un Cancionero manuscrito, que dice Gallardo (I, 
col. 610) que había sido de su propiedad. Es una sátira que pone de 



3l8 LITERATURA ESPAÑOLA 

relieve lia cobardía de muchos personajes, designados por sus 
nombres, que se hallaron en la batalla de Olmedo (i445)» donde las 
tropas de don Juan II y don Alvaro de Luna vencieron a los nobles 
sublevados, enemigos del favorito: sólo 37 cadáveres quedaron en 
el campo y muchos cayeron prisioneros, con quienes se mostró muy 
benigno 61 vencedor. Cada copla consta de dos redondillas octosilá- 
bicas enlazadas; y se llaman de ¡Ay, Panadera! porque estas palabras 
constituyen el estribillo, que es consonante de ilos versos i.°, 4.°, 5." 
y 8." He aquí una estrofa : 

Con lengua brava parlera, Y dio tan gran correndera 

con corazón de alfeñique, fnyendo muy a deshora, 

el comendador Manrique que seis leguas en una hora 
escogió bestia ligera. ¡Ay, Panadera! 



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plas de), ed. B. J. Gallardo, Ensayo, etc.. I, 823; ed. M. Pelayo, Antología, 
III, 5-20. Cfr. ibid., VI, 12. — 25- ¡Ay, panadera! (Coplas de), ed. B, J. Ga- 
llardo, Ensayo, etc., I. 613. 



■CAPITULO VIII 

'D. Historia: o). Crónicas generales: i. Pablo de Santa Ma- 
;.f^. — 3. Alfonso Martínez de Toledo. — 3. Crónica de don 
Juan II. — 4. Fernán Pérez de Guzmán. — 5. Príncipe de Vinna. — 
6. Alfonso de Palencia. — 7. D. Enríquez del Castillo : Crónica 
de Enrique IV ^ — 8. Mosén Diego de Valer a. — 9. Rodríguez de 
Almcla. — 10. Juan Rodríguez de Cuenca. — 11. Hernando del Pid- 
gar: Crónica de los Reyes Católicos. — 12. Bernáldez. — 13. Alon- 
so Flores. 

1. Pablo de Santa María (1350-1432). — Es autor de Las siete 
edades del inundo o las Edades trovadas, dedicadas en 1430 a doña 
Catalina dé Lancaster, madre de don Juan II, aunque debió acabar- 
las antes de 1404. Contienen en 233 octavas de arte mayor una 
historia universal, desde la creación hasta su época. 

2. Alfoso Martínez de Toledo: Atalaya. Véase el núm. 27 
de este capítulo (pág. 240). 

3. Crónica de don Juan II. — 'El doctor Lorenzo GaSíndez de 
Carvajal (1472-1530) publicó por vez primera (1517) esta Crónica, 
que comprende el reinado complleto a que se refiere (1406- 1454), no 
según eil texto primitivo, sino con arreglo a una refundición, a 
más de contener adiciones y enmiendas die Gaüindez. El autor es 
incierto. Según Pérez de Guzmán y el primer editor de esta Cróni- 
ca se observa que varias manos intervinieron en ella. Parece muy 
probable que Aívar García de Santa Mearía (m. 1460), hermano diell 
converso Pablo de Santa María (1350-1432), escribiese la primera 
parte, o sea el texto que se refiere a los catorce primeros años diell 
reinado, cuya presunción la extienden otros a los veintiocho primeros 

■ años (1407- 1432), hipótesis bien razonable, ciertamente. Eai cuanto al 
resto de ía Crónica, es de autor totalmente desconocido hoy ; se han 
indicado los nombres de Juan de Mena (buen poeta, pero desdicha- 

"do prosista), Juan Rodríguez de la Cámara, mosén Diego de Va- 



CRÓNICA DE DON JUAN II 22^ 

lera (éste solamente en cuanto a los capkullos relativos a don Al- 
varo de Luna, que ailguien ha supuesto que han sido interpoilados 
por él), Pero Carrillo de Aübornoz, fray Lope de Barrientos (1382^ 
1469), confesor del Rey, y Fernán Pérez de Guzmán: a nombre de 
este último corre impresa, aunque no es probable esta atribución, 
porque en eíl prólogo de sus Generaciones y Semblanzas dedlara 
que no sabría relatar los sucesos de su tiempo en forma histórica 
aunque quisiera, ^'y si supiese, non esto ansi instruito e informado 
de líos hechos como era necesario a tal auto". 

Es de notar además que el manuscrito de lia Academia de la His- 
toria, examinado por Amador de los Rios y antes por Jerónimo de 
Zurita, "difiere de la parte que en áas ediciones de Ja Crónica se da 
como texto decisivo de Alvar Garcia de Santa María, parte que 
está aún por imprimir, en concepto del señor Muñoz y Romero" 
(BaJlester), Esta Crónica, "Ja más puntúan y la más segura de cuan- 
tas se conservan antiguas" (Mondéjar), es quizá la que marca me- 
jor la transición de la Crónica medieval a la Historia modlerna. En 
el texto impreso está dividida según los años del reinado, y cada año, 
en varios capítullos ; da iníteresantes noticias sobre el Rey y sobre 
los personajes más silentes, tales como el infante don Enrique, 
don Femando el de Antequera, don Alvaro de Luna, don Iñigo 
López de Mendoza, mosén Diego de Valera, etc. 

Entre otros muchos capítulos, son miuy interesantes los que tratan: 
De cómo el infante don Fernando asentó su real sobre Antequera. — 
Del compromiso de Caspe (en el que uno de los compromisarios fué San 
Vicente Ferrer). — De cómo el rey don Fernando se coronó en Zarago- 
za. — Del gesto e condiciones de este excelente Rey. — Del discurso que 
el almirante don Alonso Enríquez hizo a don Juan II en las Cortes de 
Madrid, quando le fué entregado el regimiento del Reyno. — De cómo 
el adelantado Diego de Rivera y el obispo don Gonzalo de Jaén e otros 
caballeros entraron a la vega de Granada e de la vitoria que ende hu- 
vieron de los moros. — De cómo don Iñigo López de Mendoza lomó de 
los moros por fuerza de armas la villa de Huelma, que es a cinco le- 
guas de Jaén. — Cómo don Alvaro de Luna fué preso, y su muerte. 

Son de notar igualmente varios capítulos que se refieren a sucesos 
o usos caballerescos, v. gr. : De cómo el rey don Femando [de Ante- 
quera] salió de Alfagería ante de su coronación y esa noche veló las 
armas e otro día domingo lo armó caballero el Duque de Gandía. — De 
cómo Juan de Merlo, guarda mayor del Rey, partió deste Reyno con una 
empresa, e hizo dos veces armas, las unas en la ciudad de Ras, en Pi- 
cardía, en presencia del duque Felipo de Borgoña, las otras en Basi- 
lea, estando ende ayuntado el Sacro Concilio general. — De una justa 
que el condestable don Alvaro de Luna hizo en la villa de Valladolid. 
— Torneo, en Segovia, entre el caballero alemán Roberto, señor de 



224 LITERATURA ESPAÑOLA 

Balse, y don Juan Pimentel, conde de Mayorga— De cómo vino a la 
Corte un faraute del Duque Felipo de Borgoña e publicó los capítulos 
de un torneo que Fierres de Brefemonte entendía de hacer cerca de 
lá villa de Dijón. 

4. Fernán Pérez de Guzmán. Véase el núm. 7 del cap. VII 
(pág. 194). 

5. Príncipe de Viana.— Don Carlos, príncipe de Viana (1421- 
1461), discípulo áe .'\llfonso de 3a Torre, amigo de Ausías March, 
en medio de Jas luchas pollítícas que llegaron a ocasionarle larga 
prisión, ondenada por su mismo padre, d Rey de Navarra, halló 
tiempo para dedicarllo a los estudios. Tradujo las Eticas de Aris- 
tóteles y escribió íla Crónica de los Reyes de Navarra. Se divide en 
tres libros: i.° Desde los orígenes hasta Sancho III. 2° Reyes de 
Navarra, aragoneses, hasta Sancho el Fuerte; 3.° Dinastía franco- 
navarra; desde Teobaldo hasta Carlos el Nobíe, abuelo del Prín- 
cipe. Tiene ell interés de ser una de las primeras historias que pro- 
cura fundarse en documentos. La fama del Príncipe fué grande, y 
los catallanes lio consideraron como santo. 

6. Alfonso de Palencia. — ^.AJfonso Fernández de Falencia 
(1423-1492), natural de Osma, familiar de Alonso de Cartagena 
(1441), pasó a Italia, donde estuvo ail servicio del cardenal Besarión 
(hasta 1453), y estudió Humanidades con Jorge Trapezuncio. VueQ- 
to a España, después de ser de ila casa dal arzobispo Fonseca de 
Sevilla, sucedió a Mena en d cargo de cronista y secretario de 
latín de Enrique IV. Se declaró partidario de don Alfonso (1468) 
e intervino en las negociaciones para la boda de doña Isabell y don 
Fernando, siendo actor en pintorescos y arriesgados lances. Des- 
pués de haber ayudado eficazmente a establecer la Santa Híerman- 
dad en Sevilla (1476), desaparece de Ha escena política y sólo sa- 
bemos que murió en 1492. 

Entre las obras princípaíles que de él se conservan están la Ba- 
talla campal de los perros y los lobos (1456), escrita en latín, luego 
traducida por Palencia mismo para ejercitarse en el estilo histórico- 
y que, en las Juchas de los animailes, es muy probable que quisiera 
simbolizar las guerras civiles de su tiempo. El Tratado de la perfec- 
ción militar (1460) plantea la siguiente cuestión: "¿Por qué, siendo 
l'os españoles más esforzados guerreros que los de otras naciones, 
no Jos acompaña el Triunfo? La Experiencia, hija de la Discreción^ 
contesta que sin acompañarse con el Orden y Obediencia, España 
no podía ver el culto y fiesta del Triunfo", frase que hoy conserva 



ENRÍQUEZ DEL CASTILLO 225 

íntegro su valor. Hay en este libro curiosas notas sobre d carácter 
catalán, francés e italiano, y páginas e excedente prosa. 

Al adelantado de los estudios humanistas contribuyó con su Opus 
synonimorum y con ell Universal Vocabulario, anterior al de Nebri- 
ja, aunque de menos mérito. Tradujo, de versiones latinas, las Vi- 
das paralelas de Plutarco y la Historia de los judíos de Josefo. Pero 
su obra trascendental es la llamada Décadas, es decir, Gesta his- 
paniensia ex annalihus suorum dierum, traducida por el s»eñor Paz 
y Melia con el título de Crónica de Enrique IV. De ella deriva la 
Crónica llamada de Falencia (versión castellana antigua), y de esta 
última Crónica, el Memorial de diversas hazañas de Valera. Abar- 
ca desde 1440 a 1477 y es un refSejo fiel, descamado y sincero de 
la triste situación de España. Se ha tachado a Falencia de parciail 
contra don Alvaro de Luna y don Enrique, de deslenguado, de poco 
veraz. Pero a ila luz de otros documentos independientes de su his- 
toria se ve que no se prestaba mucho a la alabanza d Rey, aficio- 
nado a toda clase de livianda^dles, amigo de los moros, cruel, tirano 
(cuando los favoritos le permitían serio), de quien su preceptor don 
Lope Barrientos dijo que "aquetl joven había nacido para mina 
dell trono y baldón de (las gentes" ; ni el Condestable podia encon- 
trar entre sus contemporáneos quien le dispensara sus actos despó- 
ticos, en la idea de someter los nobles a lia corona, ni los corte- 
sanos podían escapar a la crítica de un hombre recto, que llama a los 
hechos por sus palabras claras y precisas, y que, a juicio del señor 
Faz, *'aún se quedó corto en la relación de vicios, maldades y des- 
gobierno, encarnados en fios favoritos don Juan Pacheco y don 
Pedro Girón; en Ja de doña Guiomar de Castro, baratera de Paila- 
cío; en la del afeminado y rufianesco prior VaJenzueJa ; en la del 
farsante alquimista Alarcón y en las de taritos otros". "Si Jos episo- 
dios y cuadros de las Décadas durante el reinado de don Enrique 
producen tristezía. por ser reflejo de tanto rebajamiento y corrup- 
ción en ía Corte, en da Iglesia, en los Grarwles y en el pueblo, no 
puede negarse que son casos de importante clínica moral para el 
pensador, y de interesante lectura, aun para el más indiferente."' 

Es notable el retrato que hace Falencia de don Enrique. Sus ojos, 
■■ siempre inquietos en el mirar, revelaban con su movilidad excesiva 
la suspicacia o la amenaza : que su aplastada nariz (por accidente) le 
daba gran semejanza con el mono ; que afeaban el rostro los anchos 
pómulos, y que la barba, larga y saliente, hacía parecer cóncavo el per- 
fil de la cara, cual si se hubiese arrancado algo de su centro". El re- 
trato del Rey, conservado en un manuscrito de Stuttgart, reproducido 
por el señor Paz, nos confirma la exactitud. 

7. Diego Enríquez del Castillo. — (El segoviano Diego Enrí- 

15 



226 LITERATURA ESPAÑOLA 

quez dá Castillo ( 1433" 1 5^4 ?) escribió la Crónica del Rey don En- 
rique IV de este nombre. Capellán, consejero y embajador suyo en 
asuntos graves y difíciles, le fué siempre fiel, y esta lealtad le atra- 
jo el odüo de Jos nobles rebelldes ; días después de la batalla de Olme- 
do (20 agosto 1467), favorable a don Enrique, fué prisionero Cas- 
tillo por los enemigos, quienes saquearon su morada y se apoderaron 
de sus papeles, entre los cuales estaba el original de la Crónica, cuyo 
manuscrito entregaron a AJfonso de Pailencia, cronista del bando 
opuesto. Él mismo confiesa que hubo de apelar a sus recuerdos per- 
sonaíes para rehacer la Crónica de Enrique IV^, por lo cual su 
cronología es deplorable. Buen conocedor de los sucesos de aquel 
reinado, demuestra por su estillo ser hombre de letras, aunque es 
declamatorio y fallso y abusa de la retórica. 

Su empeño por justificar a don Enrique íle hace incurrir en ver- 
daderas falsedades. De la época más depravada de la historia de 
España se atreve a decir: "Andaba el Rey muy poderoso por su 
reino; todos los suyos ricos, contentos y ganosos de su servicio; 
la' justicia bien administrada en su Consejo, donde se oían las cau- 
sas de Corte, y en 3a Chancillería, donde pendían los pleitos, tenía 
Peiflados, Presidentes, letrados famosos de conciencia donde se des- 
cubría la verdad y por ninguna cosa se torcía la justicia." Xo pin- 
taban tan feliz Arcadia los Grandes, Preilados y caballeros en su 
Representación de 1464. 

Merecen leerse los capítulos que tratan de la destitución del Rey 
en el tablado de Avila (74), batalla de Olmedo (97), juramento de la 
princesa doña Isabel (118), casamiento de ila Beltraneja (147), etc. 

El retrato que hace del rey don Enrique contrasta notablemente con 
el que nos dejó Alfonso de Falencia: ''Era persona de larga esta- 
tura y espeso en el cuerpo, y de fuertes miembros; tenía las manos 
grandes y los dedos fuertes y recios; el aspecto feroz, casi a seme- 
janza de león, cuyo acatamiento ponía temor a los que miraba; las 
narices romas e muy llanas, no que así naciese, mas porque en su ni- 
ñez rescibió lisión en ellas; los ojos garzos e algo esparcidos, encar- 
nizados los párpados; donde ponía la vista, mucho le duraba el mi- 
rar; la cabeza grande y redonda; la frente ancha; las cejas altas: 
las sienes sumidas; las quixadas luengas y tendidas a la parte de 
yuso; los dientes espesos y traspellados; los cabellos rubios; la bar- 
ba luenga e pocas veces afeitada... Era de singular ingenio y de gran 
apariencia, pero bien razonado, honesto y mesurado en su habla..." 

^ Se había considerado hasta ahora esta Crónica como la fuente 
más importante para la historia de Enrique IV; pero después de 
conocidos algunos documentos coetáneos y publicado eíl estudio 



MOSÉN DIEGO DE VALERA 22/ 

-dell señor Paz acerca de Alfonso de Falencia, se ve que das Décadas 
de éste son el reflejo exacto de la triste reallidad española anterior 
a los Reyes Católicos. 

8. MosÉN Diego de Valera. — ^Probablemente en Cuenca nació 
mosén Diego de Valera (1412-1487?), hijo de Alfonso García Chiri- 
no y María de Valera. Donceü de Juan II y luego del príncipe don 
Enrique, asistió a Ja batalla de la Higueruela (143 O '> armado caba- 
llero en ell sitio de Huelma (1435), marchó poco después a Francia 
y a Bohemia, donde, luego de dar muestra de su valor en la guerra 
contra líos husitas, fué muy honrado por el rey Alberto, que le 
concedió la orden de Ja Escama y el dictado honorífico de mosén. 
Rompió lianzas en los torneos de Dijon, venciendo a los caballeros 
franceses; fué varias veces embajador de Juan II. Enemigo acé- 
rrimo de don Aflvaro de Luna, escribió en dos ocasiones al Rey 
(1441 y 1448) contra el Condestable y logró que unas Cortes ( 144-8) 
rechazaran la propuesta de confiscación de bienes de los enemigos 
del de Luna; puesto al servicio de don Alvaro de Zuñiga, fué de 
los que más contribuyeron a la caída del Condestabfle. Se añejó de 
la actuación política en tiempo de Enrique IV; corregidor de Pailen- 
cia (1462), se declaró por doña Isabed, de quien fué Maestresala. 
Murió en el Puerto de Santa María, siendo alcaide de su castillo 
por el Duque de Medinaceli desde 1472. Allí intervino en das haza- 
ñas navales de su hijo Charles Valera, y desde su retiro escribió 
cartas a los Reyes Católicos, que estimaban en mucho sus consejos. 

Sus Epístolas a diversas personas son lo mejor de sus obras, 
por ¡Lenguaje y estilo. La Crónica abreviada o Valeriana (1482) 
tuvo un gran éxito, acaso por ser Qa primera que se imprimió; la 
primera parte es cosmográfica ; la segimda abarca desde Tubal hasta 
Viriato, y la tercera, desde Atanarico hasta la invasión musulmana ; 
en ambas admite toda clase de leyendas y fábuílas; en la cuarta se 
inspira en la Crónica general del Rey Sabio, de la cual es un resu- 
men, y para los reyes posteriores a San Fernando sigue con exac- 
titud los Cronicones reales; a medida que se acerca a su época es 
más interesante, y la parte dedicada a don Juan II puede conside- 
rarse como una crónica nueva de este Rey. Además deíl Memorial 
•de diversas fazañas, refundición de las Décadas de Alonso de Fa- 
lencia, tiene varios escritos de carácter genealógico o nobiliario, co- 
mo el Tratado de las armas o de los rieptos y desafios, y otros de ca- 
rácter moral o político, como el de Providencia contra Fortuna y el 
Doctrinal de Príncipes. Entre sus versos, "pocos y malos", según 
Menéndez y Pelayo, merecen citarse 3a Letanía y los Salmos Peni- 
tenciales, parodias de la liturgia y de estos cantos bíblicos, aplicadas 



228 LITERATURA ESPAÑOLA 

a motivos eróticos; fueron irnitadas por Juan de Dueñas y Suero. 
de Ribera en sus sacrilegas Misas de amor. 

9. Diego Rodríguez de Almella.— Diego Rodríguez de Al- 
mella o de Murcia (i426?-i492?), arcipreste de Val de Santibáñez, 
capellán de Isabel ila Católica y lluego canónigo de Cartagena, fué 
discíptilo, desde la edad de catorce años, de Alfonso de Cartagena. A 
instancias de Juan Manrique, arcediano de Valpuesta, que le pe- 
día una compilación en prosa o verso de las obras del Obispo de 
Burgos y de "Has escolásticas historias", compuso el Valerio de las 
historias (1472), siguiendo la idea de Cartagena de hacer un resu- 
men de los Hechos y dichas memorables de Vañerio Máximo, muy 
en boga entonces entre los eruditos. Como Valerio, divide Almella 
su obra en nueve libros. El plan de ella es el siguiente: expone 
primero consideraciones filosóficas respecto de este o aquel defec- 
to o cuallidad moral, v. gr., la ira, lia avaricia, la lujuria, etc. ; y des- 
pués de cada una de estas consideraciones generales presenta cier- 
to número de casos históricos en ndlación con estas diser- 
taciones de orden generail, tomados de la historia sagrada, pro- 
fana o nacional. Editado por vez primera en 1487, tuvo un gran 
éxito, contándose diez ediciones hasta 1587. Inspirado también en 
Cartagena escribió las Batallas campales (14811), coimpillación de ''to- 
das ilas batallas campales que fueron e son acaescidas desde el co- 
mienzo del mundo fasta en nuestros días". Es autor, además, de 
una Historia de España desde el difluvio hasta Enrique IV, Com- 
pilación de las crónicas et estorias de España, terminada en 1491,. 
que permanece inédita en El Escorial.. 

10. Juan Rodríguez de Cuenca. — Despensero de la reina doña 
Leonor, mujer de Enrique III, escribió un Sumario de los Reyes 
de España, que abarca desde Peilayo hasta el Rey Doliente. La 
parte tocante a este Rey y a Pedro I es lo mejor dell libro. Fué 
adicionado por un anónimo, aunque desfigurando flos hechos. 

n. Hernando del I^ülgar. — Hernando dell Pulgar (1436?- 
1493 ?)j que se le supone natural de Toledo, se crió en la corte do 
Juan II y Enrique IV, sirviendo más especialmente a doña Isabel, 
que le envió al Rey de Francia como su Embajador en 1474 y 1475. 
Escribió la Crónica de los señores Reyes Católicos don Fernando' 
y doña Isabel, incompleta, que comprende desde flos años 14681 a 
.1490. Por encargo de la Reina, Nebrija la tradujo al latín y en- 
esta lengua y como de Nebrija se publicó por vez primera en 1545. 
Deshecho el error, ya en 1567 apareció la edición castellana con. 



ANDRÉS BERNALDEZ 229 

•el nombre de Pulgar, y en 1780 Monfort la editó en \'alencia má» 
cuidadosamente. Como Piülgar siguió a la corte en sus viajes, tie- 
ne Ja Crónica gran valor histórico; la cronodogia de los primeros 
años está equivocada, y omite hechos importantes y tergiversa 
otros, cosa de que ya le inculpó Galíndez de Carvajal. Consta de 
tres partes, dedicando la tercera a la guerra y conquista de Granada. 

Más interés tienen sus Letras, colección de 32 cartas a varios 
personajes. Merecen citarse una dirigida al arzobispo Carrillo re- 
criminándole valientemente su rebddía; otra enderezada a la Reina, 
en que le refiere la marcha de su Crónica, y otra a su hija monja, 
dándole prurdentísimos consejos, en la que inserta una bella fábula 
del asno y el raposo. 

Y lo más importante, sin duda, de la obra literaria de Pulgar 
son sus Claros Varones de Castilla, coilección de 24 retratos de la 
nobleza ambiciosa y levantisca <íe lia Corte de Enrique IV. Leyén- 
t dolos van apareciendo ante nuestra vista personas como el Mar- 
.ques de Santillana, "hombre de mediana estatura, bien proporcio- 
nado en la compostura de sus miembros y hermoso en las facciones 
tde su rostro..., agudo y discreto y de tan gran corazón que ni las 
grandes cosas le alteraban, ni en las pequeñas lie placía entender"; o 
como el Marqués de Villena don Juan Pacheco, "agudo y de gran 
prudencia..., que tenía el común defecto que todos tenemos de al- 
canzar honras y bienes temixwa'les'' ; o como ^1 arzobispo Carrillo, 
que "era belicoso, y siguiendo su condición placíale tener continua- 
mente gente de armas y andar en guerras y juntamientos de gen- 
tes...; era gran trabajador en las cosas de Ja guerra, y cuanto era 
amado de algunos por ser franco, tanto era aborrecido de muchos 
por ser l>dicoso, siendo obligado a religión". Se ha considerado es- 
-ta obra como continuación de las Generaciones y semblanzas de Pé- 
rez de Guzmán ; se aproxima a los modeflos dásicos, tiende a la ob- 
servación moral, y acaso resulta demasiado apologética de sus bio- 
grafiados. 

12. Andrés Bernáldez. — Andrés Bernálldez (j 15 13), capellán 
del arzobispo de Sevilla don Diego de Deza y cura de dos Palacios 
(1488-1513), escribió la Historia de los Reyes Católicos don Fer- 
nando y doña Isabel (hasta 1513). Está redactada siguiendo los 
modelos antiguos de las crónicas castellanas, y no al modo huma- 
nista de Pulgar. Hace resaltar, quizá mejor que éste, la idea direc- 
tiva de la poúítica de los Reyes Católicos. Es ortodoxo y decidido 
partidario de la Inquisición, y su oficio le lleva a predicar a des- 
tiempo, "Trata ampfliamente sucesos importantes, como la introduc- 
ición de la Inquisición y lia expulsión de los judíos. Nunca es profun- 



230 LITERATURA ESPAÑOLA 

do, mas da con exactitud y vivacidad sus opiniones y sus informa- 
ciones." (Fueter.) Tienen verdadera importancia los capítulos dedi- 
cados al descubrimiento de las Indias, para cuyo relato el mismo 
Colón le facillitó documentos. 

13. Alonso Flores (1476). — Vecitio de Salamanca y familiar 
del Duque de Alba, escribió una Crónica de los Reyes Católicos, que 
edita don Baltasar Cuartero por encargo de ila Real Academia de 
la Historia. Sus primeros capítuQos están dedicados a referir los 
sucesos dell turbulento reinado de Enrique IV; los restantes tra- 
tan del de los Reyes Católicos, hasta el final de la guerra de su- 
cesión, sostenida por éstos contra las pretensiones de Alfonso V 
de Portugal. No ha sido apreciada porque no da la cronología de 
ios sucesos narrados y por ser incompleta; pero es veraz, a pesar 
del juicio contrario del cronista Alonso de Santa Cruz, y su lengua- 
je puro, cortado, sin mezicla de latinismos, claro y en muchos perío- 
dos verdaderamente elocuente. He d'a cierto interés. Como Pulgar, 
e imitando a Tito Livio y Salustio, introduce breves peroraciones 
que dan vida a la narración, enérgica y a veces pintoresca. Merecen- 
citarse especiaflmente Jas semblanzas de don Fernando y doña Isa- 
bel, vistos muchas veces por el autor. 

b). Crónicas particulares de personajes notables: 14. Don Alvaro 
de Luna. — 15. El Cid. — 16. Don Pero Niño. — 17. Miguel Lucas de 
Iranzo. — Rellaciones de viajes: 18. Historia del Gran Tamorlán. 
19. Andanzas e viajes de Tafur. — Hechos famosos : 20. El Pasa 
honroso. — 21. Seguro de Tordesillas. — 22. El Bachiller Palma. 

14. Crónica de don Alvaro de Luna. — Entre 1454 y 1460 debió 
escribirse esta Crónica, por un -familiar del Condestable, que don 
José de Pellicer, y con él Nicolás Antonio, suponen fué un ,tal An- 
tonio Castellanos; y Amador de los Ríos, siguiendo a Floranes,, 
cree que fué Alvar García de Santa María. Se imprimió en 1546 (Mi- 
lán) por don Alvaro de Luna, biznieto del Condestabíe, cuya me- 
moria rehabilitó. Abarca casi todo el reinado de don Juan II y, 
aunque descuidada en la cronottogía de los sucesos, tiene un estilo 
apreciable. Como d autor anónimo era muy afecto a/1 Condestable,, 
cuidó de referir minuciosamente sus méritos y hazañas, sus costum- 
bres y habüidades, resultando evidentemente parcial ; pero los docu- 
mentos diplomáticos y otros escritos coetáneos muestran a don Al- 
varo muy parecido al que Ja Crónica describe. Se lee esta Crónica 
con agrado y son notables en ella, entre otros, los capítulos en que 
cuenta ell desafío de don Alvaro y del Conde de Benavente con lo^ 



CRÓNICA DE DON PERO NIÑO 23I 

infantes don Enrique y don Pedro; los referentes a la batalla de 
Olmedo; la semblanza del Condestable (tit. 68), de "cuerpo pequeño 
e muy derecho, e Manco, gracioso de talle en toda la su edad, e del- 
gado en buena forma, las piernas bien fechas, las arcas grandes e 
altas... Traía Ja cara siempre alegre e ailta... fué temprano calvo, de 
buena voluntad... era todo vivo... tanto que parescía que todo era 
niervos e huessos... Fizo muy vivas e discretas canciones de los 
sus amores e muchas veces dedaraba en ellas misterios de otros 
grandes fechos''; y el iiltimo capítulo, en que relata "la muerte del 
mejor caballero que en todas las Españas ovo en su tiempo, e mayor 
señor sin corona, el buen Maestre de Santiago". 

15. La Crónica popular del Cid fué editada por vez primera 
en Seviúla, en 1498. Según ha demostrado el señor Puyol y Alon- 
so, esta obra no es más que una reproducción de ilos capítulos 35 a 
104 de la cuarta parte de la Crónica de España abreviada, de mo- 
sén Diego de Valera, que comprende la historia del Cid. Valera, 
además, se inspiró para esta parte de su Chronica en la Crónica de 
1344. Abarca la historia del Cid desde Femando I hasta la muerte 
áeH héroe, incluyendo las leyendas de los distintos cantares de gesta 
en que se trata de Ruy Díaz. Alcanzó esta Crónica gran celebridad, 
repitiéndose mucho sus ediciones en los siglos xvi y xvii. 

i6. Crónica de don Pero Niño. — ^Gutierre Díaz de Gámez 
(i379?-i45o) escribió la historia caballeresca de su señor don Pero 
Niño, con él título de Vicforial, proponiéndolo como modeúo de hom- 
bre cortesano y galante. 

Cuenta la educación de don Pero, sus primeras hazañas militares y 
901 boda con doña Constanza de Guevara; su excursión con tres ga- 
leras y junto con el francés Charles de Savoisy contra Inglaterra; su 
vuelta a Francia y su vida en Serifontaine, en el castillo del almiran- 
te Renaut de Trye, que parece un capítulo de novela de caballerías; 
sus galanteos por la mujer del Almirante, viuda ya, la más bella, bue- 
na y espiritual de las mujeres de Francia, cuyo corazón conquista en 
fuerza de actos valientes. Vuelto a España, Pero Niño se prendó en un 
torneo de doña Beatriz, hija del infante don Juan de Portugal, y se 
desposó secretamente con ella, acto que le ocasionó persecuciones del 
Príncipe regente de aquel reino, aunque pronto obtuvo el perdón. Fué 
agraciado con el título de Conde de Buelna (1431) por don Juan II, y 
muerta doña Beatriz (i447), el Conde casó con doña Juana de Zúñiga. 
Hasta aquí llega el relato de Gámez, quien termina su obra invitando 
al Conde a que no tiente más a Dios, porque ya ha cumplido seten- 
ta años. 

Siguiendo el ejempllo de la Crónica general y de Ja Gran Con- 



2^2 LITERATURA ESPAÑOLA 

quista de Ultramar, Díaz de Gámez, intercada en su reiato varios 
pasajes, de carácter histórico o legendario, adaptándolos a su asun- 
to: como la historia de Bruto, un caso de moderación y paciencia 
de fla historia de Inglaterra alegado para maildecir los males cau- 
sados por tta discordia; una kyenda de Alejandro, que luego re- 
pitió fray Antonio de Guevara. Ciertamente, Gámez reproduce es- 
tos icpisodios con la credulidíid propia de su tiempo y sin crítica 
alguna, a veces con ignorancia de hechos coetáneos. Pero hay en 
su libro, que por el estilo se puede parangonar a veces con el Con- 
de Lucanor, observaciones pisicológicas muy atinadas sobre el ca- 
rácter de los franceses, ingleses y españoles; abundan líos datos cu- 
riosos referentes a la vida marítima y campestre. Y las empresas 
del faimoso don Pero Niño comprueban, como el Paso honroso, cuan 
cerca de la vida real estaban las hazañas inmortaílizadas por los 
übros de caballerías. 

El Victoria!, manuscrito en la Academia de la Historia, fué edi- 
tado por Llaguno (1782), suprimiendo los episodios y leyendas adi- 
cionadas al relato principal; en la traducción de los Condes de 
Circcurt y de Puymaigre (París, 1867), hecha sobre efl manuscrito, 
se reproduce esta importantísima parte de la obra de Díaz de 
Gámez. 

17. La Relación de fechos del condestable Miguel Lucas de 
Iranzo en una copia moderna se atribuye a su criadb Juan de Olid, y 
otros creen ser de Diego Gómez o de Pedro de Escavias. Obra de al- 
gún allegado ajl Condestable, narra los sucesos desde 1458 a 1471 de la 
vida de este hombre, de humiMe cuna, "levantado del estiércol", 
que llegó a los más altos puestos debidoi a su privanza con Eni-i- 
que IV. Vencido por das envidias e intrigas de don Beflitrán de la 
Cueva y el Marqués de Villena, abandonó la Corte y se retiró a 
Jaén, de cuya fortaleza fué nombrado alcaide (1471). Allí vivió 
hasta 1473, que cayó, víctima de un ailzamiento popuJar, cuando 
oía Misa <en la Iglesia Mayor. De mucho colorido local, es curiosa 
por mostrar ías interioridades de la vida doméstica en el siglo xv, 
vestidos, manjares, costumbres, fiestas, etc. 

18. Ruy González de Clavijo. — Enrique III envió una emba^ 
jada all gran Tamorlán de Persia con Payo Gómez de Sotomayor 
y Hernán Sánchez de Pallazuelos. EJ gran señor mandó al de Cas- 
tilla magníficos regalos, y para darie las gracias y hacerle presen- 
tes fueron a su corte, por encargo de don Enrique, Aflonso Páez de 
Santamaría, Ruy González de Clavijo y Gómez de Saüazar. Salieron 
de Madrid en 2>i de mayo de 1403 y volvieron los dos primeros 



PERO TAFUR 2^3 

(Sallazar murió en el camino) el 24 de marzo de 1406. Bl itinerario 
de esta embajada está descrito en la Historia del gran Tamorlán, obra 
de Ruy González de Qavijo (muere 1412). Este era madrileño, y su 
casa solariega ocupaba el lugar donde hoy está la Capilla del Obispo 
de Pllasencia don García de Vargas Carvajal, detrás de la iglesia 
de San Andrés. Describe las ciudades por donde van pasando los 
embajadores, talles como Gaeta. Mesina. Rodas, Chio, Constantino- 
pla, Calmarín. Teherán, Samarcanda, etc., citando sus monumen- 
tos más notables y los personajes con quienes tratan. Ya en la Cor- 
te del gran Tamurbec (Tamorlán), son agasajados con todo género 
de fiestas, en las cuales se bebe en abundancia vino y leche de ycr 
guas cortada; tienen costumbre de tomar el vino antes de comer, 
y "dan a beber a tantas veces y tan a menudo que face ios omes 
beodos'-. Describe Qavijo banquetes fantásticos en que se devoran 
caballos y carneros asados, celebrados en tiendas de campaña enor- 
mes, armadas sobre doce árboles cada una. HIausada, la mujer dei' 
primogénito del Tamorlán, con motivo de la Ixxla de una parien- 
ta, invita a dos castellanos a una comida en que se bebe en abundan- 
cia, pues el emborracharse lo "han ellos por muy gran nobleza, ca 
entenderían que no sería placer nin regocijo donde no oviese omnes 
beodos". Encontramos notas curiosas, como las costumbres del rito 
griego ortodoxo; la del anillo del Tamorlán, que mudaba de color 
si én su presencia se decía una mentira; efl valor que en aquellas 
regiones tenía la planta del romero; ilas habilidades de los marfiles 
(elefantes), etc. Parece que no se puede dudar de la veracidad de 
las cosas contadas en este curiosísimo libro, aunque a veces pueda 
haber errores de observación. 

Argote de Molina publicó esta obra de Qavijo (15Í2); Pero 
Mexía escribió una Vida del gran Tamorlán {Silva de varia lec- 
ción, II, 28) ; otra escribió Paulo Jovio, obispo dé Nochera, en sus 
Elogios, traducidos por el licenciado Gaspar de Baeza, y de otra 
excursión a Persia (1618) da cuenta García de Silva, el embajador, 
en eí libro V de sus Comentarios. 



19. Pero Tafur. — De Córdoba era natural Pero Tafur (1410?- 
1484?). Militó en la frontera de Jaén, a las órdenes de don Luis Gon- 
zález de Guzmán, maestre de Cailatrava, y aprovechando una tregua 
entre Granada y Castilla, emprendió su viaje, que duró desde 1435 
a 1439. Era familiar de don Juan II y caballero de la orden de la 
Escama. Casó con doña Juana de Orozco; fué veinticuatro de Cór- 
doba y se puso al lado del señor de Aguilar en las luchas poílíticas 
del tiem^x) de Enrique IV. Las Andoneas e viajes de Pero Tafur 



234 LITERATURA ESPAÑOLA 

por diversas partes del mundo, editados por M. Jiménez de ía Espada, 
en 1874, son ell relato de esta expedición. 

Embarcó en Sanlúcar, y pasó, entre otros sitios, por Ceuta y 
Málaga, llegando a Genova. Recorrió diversas ciudades de Italia: 
Pisa, Florencia, Venecia. De aquí navegó hacia Jerusalén, donde su 
curiosidad le llevó a disfrazarse de moro por ver la mezquita, reco- 
rriendo varios lugares de Palestina. En Chipre fué muy agasajada 
por el Rey, quien le envió por su embajador especial a El Cairo. 
En Constantinopla, eil Emperador le agasajó extremadamente, y has- 
ta lo quiso casar allá. Siguió su viaje por Grecia a Venecia, Ferrara,. 
Alemania, Flandes, Breslau, Viena, Florencia y Túnez. El manuscri- 
to está incompleto. Tafur narra lo que ve de modo agradable e ins- 
tructivo; describe con verdad y juzga rectamente los hombres y las 
cosas, amenizando su relato con tradiciones legendarias e históricas. 

20. Libro del Passo honroso. — lEl Libro del Passo honroso de 
Suero de Quiñones fué redactado por Pero Rodríguez de Lena, 
escribano que asistió a este torneo para dar fe de éll, siendo su rela- 
ción compendiada por Juan de Pineda más de un siglo después 
(1588). Se trata de un suceso absolutamente histórico, del cual se. 
sabe, no sólo por el escribano dicho, sino por ilas referencias que se 
leen en la Crónica de don Juan II, en los Anales de Aragón, de Zu- 
rita, y además, por la autorización que concedió al efecto dicho Mo- 
narca. El caballero Suero de Quiñones, joven de veinticinco años, 
había hecho la promesa de llevar al cuello todos los jueves una ar- 
golla en señal del cautiverio amoroso en que le tenía su dama, que 
no se nombra; y para librarse de ello, se comprometió a defender, 
■ en unión de otros nueve comipañeros de armas, el puente de San 
Marcos de Orbigo, a seis leguas de León, desde el 10 de juflio de 
1439 al 9 de agosto siguiente. 

No hay que extrañarse demasiado de tall hecho, pues otros 
análogos e indudables se refieren en la Crónica de don Juan II: 
don Alvaro de Luna intervino por sí mismo en algún torneo se- 
mejante; mosén Diego de Valera andaba de corte en corte prac- 
ticando la caballería en forma no muy diferente; y aun pasado un 
sigflo, se desafían en singular combate Carlos V y Francisco I. 

Para la celebración del Paso, don Juan II dio su real permiso; 
la familia de Quiñones costeó comida y estancia a cuantos concu- 
rrieron al palenque; se enviaron carteles a muchas partes, de den- 
tro y de fuera de España, anunciando el torneo, invitando a cuan- 
tos caballeros quisiesen tomar parte en él y expresando que no ha- 
bían de entrar en estas pruebas ni el Rey ni don Alvaro de Luna. 
Suero de Quiñones ayunaba los martes en honor de la Virgen y de 



SEGURO DE TORDESILI.AS 235^ 

SU dama, y sus nueve compañeros oían Misa diaria mientras se:- 
desarrolló el Paso; los combates se inauguraron /por Suero de Qui- 
ñones y micer Arnaldo de la Floresta Bermeja, joven justador ale- 
mán ; 68 cabaileros de España y de fuera de ella peílearon contra los. 
diez mantenedores, y todos estos quedaron heridos; el aragonés Es- 
berte de Glaramonte murió de una lanzada en la cabeza, no pu- 
diendo obtener sepultura en sagrado, a pesar de los esfuerzos de don 
Suero, por lo temerario de aquella empresa. El caballero aragonés 
mosén Francés Davio hizo voto a Dios de no amar más a ninguna 
monja, mereciendo las pallabras de este paladín vivas protestas del 
cronista por falltar con ello a la nobleza del cristiano y a la vergüen- 
za natural. De este modo se celebraron setecientos combates, cum- 
pliéndose el requisito de las "trescientas lanzas rompidas por d 
asta con fierros de Milán". Todo ello se refiere con exactitud, y 
como la cosa más natural y corriente, lo que demuestra que algunas 
de Oas aventuras de las novelas caballerescas estaban mucho más pró- 
ximas a la realidad que a la ficción. 

Terminado el torneo, los jueces del campo declararon libre a Sue- 
ro de Quiñones de la argolla qwe llevaba al cuello los jueves, y 
Suero instituyó dicha anilla como emblema o condecoración honro- 
sa en favor de sus nueve compañeros de armas, estableciendo en 
dicha institución algunas distinciones harto singulares. Marcharon^ 
después a León, entraron en la Catedral y dieron gracias al cielo, 
y Quiñones fué a ver a sus padres y a curarse una herida causa- 
da en el torneo. 

Entre Jas condiciones con que se anunció este Paso figuran al- 
gunas muy singuflares, por reflejar fielmente las prácticas de la ca- 
ballería, como es ésta : "Cualquiera señora de honor que por allí 
pasare, o a media legua dende, que si non llevare caballero que 
por ella faga las armas ya devisadas, pierde el guante de la mano, 
derecha." 

Eil tema de esta obra ha sido reproducido modernamente en El 
paso honroso del Duque de Rivas y en Esvero y Almedora, poema 
narrativo de Maury. 

21. Seguro de Tordesillas. — Episodio famoso en la historia de 
Juan II fué el Seguro de Tordesillas. La anarquía de los nobles 
tiabía llegado a tal extremo que ni pactos, ni confederaciones se 
respetaban, ni nadie podía fiar mañana de ios amigos de hoy. Par»^ 
^er el medio de concluir con tan angustiosa situación, ei rey don- 
juán, ei de Navarra, el Infante de Aragón y los nobles y magnates^ 
ie todos los bandos, concertaron reunirse en Tordesillas (1439),. 
depositando su confianza en don Pedro Fernández de Vdasco, ei 



2-j6 literatura española 

Buen Conde de Haro. Y por unos días depusieron sus rivalidades, 
para luego vollver a las luchas banderizas con más ahinco. El de 
Velasco escribió la relación del suceso, utilizando los documentos 
oficiales. En 1611 la imprimía Pedro Mantuano, secretario de la casa 
'de Haro. 

22. El bachiller Palma és autor de la Divina retribución sobre 
■ la caída de España en tiempo de don Juan I, obra breve que sigue ia 
historia de Castilla durante cerca de un siglo (1385-1478), cuyo 
centro es la batalla de Toro, ganada por los Reyes Católicos a ios 
portugueses, punto de partida de los éxitos de su reinado. Efl autor 
titula su obra Divina retribución por considerar dicho triunfo como 
una especie de compensación providencial por el vencimiento de Al- 
jubarroita: es obra de tonos patrióticos y refleja las profundas di- 
ferencias entre castellanos y portugueses. Empieza con el desastre 
de Aijubarrota (1385), reinados de Enrique III, Juan II y Enri- 
que IV; cómo fué alzada por reina dte Cas.tilla y León doña Isabel: 
entrada en Castilla con título de rey de don Alfonso de Portugal y 
su llegada a Toro, y cómo don Fernando el Católico dirigió a éste 
un carteil de desafío; victoria de Toro, en que es vencido el de 
Portugal ; llegada de los Reyes Católicos a la igllesia de esta ciu- 
dad, en acción de gracias y para ofrecer a don Juan I los trofeos 
portugueses; nacimiento del príncipe don Juan, y carta que el rey 
don Juan de Aragón envió' a don Fernando poco antes de morir, 
y exhortación moral para todos con motivo de su fallecimiento. Ei 
bachiller Palma debió ser uno de dos servidores de los Reyes Cató- 
licos, quizá próximo a sus personas, como se deduce de algunas 
frases de él ; sólo se conoce su nombre. Su obra va dirigida, no a 
ios eruditos, sino a toda clase d'e lectores. 

E. Novela : 33. Libro de los gatos o de los cuentos. — 24. Libro 
de los Exemplos; Espéculo de los legos.— 1^. Don Pedro, Con-- 
destable de Portugal. — 26. Pedro de Corral. — 27. Alfonso Mar- 
tines de Toledo. — Libros de Caballerías. — 28. Amadís de Gatda. 
29. Tirant lo Blanch: — 30. Diego de San Pedro: otras novelas 
sentimentales. — 31. Juan de Flores. — 32. La Cuestión de Amor. 

23. Libro de los gatos o de los cuentos. — lEl llamado Libro de 
los gatos (probablemente error de lectura de quentos) es una co- 
lección de sesenta y nueve apólogos, traducidos de las Narrationes 
del monje inglés Odo de Cheriton (-j- 1247), entre 1400 y 1420. En 
este libro, mejor escrito que el de los Exemplos, más interés que 
el apólogo tiene la sátira feroz, a la manera del Román de Renart, no 



CLEMENTE SAINCHEZ DE VERCIAL 237 

suave como la del Arcipreste de Hita. Fustiga a los nobles que- 
oprimen a sus vasallos, a los alcalldes y merinos corrompidos y ve- 
nailes, y sobre todo a los cíérigos, tanto seculares como regulares. 
-Aílgunos de los ejemplos de este libro son fábulas esópicas; otros 
están tomados deil Calila; el de "un home que había nombre Gal- 
ter", de Gesta Romanorum. Y en esta coCección figura eJ cuento del 
asno que se viste con piel de león. 

Uno de los más suaves es el 19 {Excmplo del lobo con los mon- 
jes) : Un lobo se mete monje y éstos le hacen corona, le visten cogu- 
lla y le enseñan a leer Pater Noster; pero él, en lugar de decir Pater 
Moster decía "cordero o carneio"; y por más que los monjes le dicen 
que se fije en el crucifijo, "él siempre cataba al cordero o al carnero". 
Así muchos monjes, en vez de aprender la Regla de su orden, se ocu- 
pan del "carnero", es decir, de las comidas, el vino, y los vicios mun- 
danos. 

24. Clemente Sánchez de V'ercial. — El Libro de los exemplos 
o Suma de exemplos por A. B. C, pasó mucho tiempo por obra anó- 
nima, hasta que el señor Moral Patio descubrió y publicó un có- 
dice más completo que el conocido de la Biblioteca Xacionail de 
Madrid, editado por Gayangos. Es obra de Clemente Sánchez de 
Vercial (i370?-i426), arcediano de Valderas, autor de un manual 
litúrgico titulado Sacramental, muy divulgado hasta el sigilo xvi. 
Conti'ene 467 cuentos, precedido cada uno de una sentencia latina, 
"traducida en dos llíneas rimadas que quieren ser versos"- y que 
contienen la moraJidad del apólogo, al modo dei Conde Lucanor. 
Es un repertorio doctrinal para uso de Jos predicadores, dispuesto 
por orden alfabético de las sentencias latinas. No es una traduc- 
ción de cualquiera de líos Alphabeta excmplorum, muy corrientes 
en ell siglo xiii^ pues no se ha podido identificar su fuente, aunque 
algunos indiquen el Alfabeto de Esteban de Besan(;on. Clemente 
Sánchez tradujo y compiló éS mismo diversos cuentos; vertió ín- 
tegra la Disciplina clericalis de Pedro Alfonso, y él mismo cita 
entre sus fuentes a San Gregorio, Valerio Máximo, Séneca, San 
Agustín, Cas Vitae Patrum, y utilizó la Gesta Romanorum, aun 
cuando no lo indica. Su estillo es puro y sencillo, y el dibro es de 
gran interés para la literatura comparada. Véase una muestra de 
io.s cuentos de este curioso libro: 

Ex. 115. Grata ciini sint animalia, dehet potius esse homo. 

Las animalias agradescen el bien fecho ; 

mas debien los hombres facer según derecho. 

Habiéndosele clavado a un león una espina en una garra, un rus- 



^28 LITERATURA ESPAÑOLA 

*¡co se la extrae. El león es cazado y llevado a Roma; el rústico es 
condenado a las fieras; pero al verlo aquel león lo reconoce, se le 
acerca y le lame los pies, impidiendo que le hagan mal los otros ani- 
males. . , 
[Tomada esta versión de la Gesta RomanQrum.—St repite en las 

Epístolas familiares del obispo Guevara.] 

Ex. 146. Un rey promete a un avaro y a un envidioso dar a cada 
: uno doble de lo que el otro pida. El envidioso dice que le saquen un 
-ojo para que tengan que sacarle al otro los dos. 

Espéculo oe los legos.— «Es una obra de moral ascética, aún 
inédita. Consta de 91 capítullos, en los que se intercalan anécdotas 
y parábolas tomadas de la Escritura, de las vidas y obras de los 
Santos Padres, de la historia romana y algunas de origen orien- 
taS (Pedro Alfonso y Conde Lucanor). 

25. Don Pedro, condestable de Portugal (1429-1466), a quien 
■el Marqués de Santillana dirigió su célebre Carta, es el primer por- 
tugués que escribe en castellano. Desterrado de su patria por aza- 
res políticos, despojado de sus bienes y dignidades, vivió mísera- 
mente en Castilla (1449-57) ; perdonado, volvió a Portugal, de donde 
fué llamado para ocupar el trono de Cataluña (1464)- Poco "^ás 
de dos años duró su reinado, habiendo sido combatido por el rey 
don Juan II de Aragón. Murió, víctima de la tisis, en Granollers, en 
1466. Fué erudito, bibliófilo y numismático; pero sobre todo poeta. 
Su primer ensayo (literario es la Sátira de felice e infelice vida (an- 
tes de 1455), dedicada a su hermana la reina doña Isabel de Portu- 
gal. Nada tiene de satírico la Sátira, como nada dramático tiene ía 
Comedieta de Ponza, sino que este nombre responde a una dlasi- 
ficación arbitraria de los géneros literarios; es "una especie de no- 
vela alegórica sentimentail, de pobre y trivialísimo argumento", es- 
-crita en prosa y verso, en la que recuerda sus amores de los catorce 
a los diez y ocho años, imitando el argumento dell Siervo libre de 
Amor. Muestra su erudición en unas inoportunas glosas, en que 
utilizó el Ilibro de Las claras e virtuosas mujeres de don Allvaro de 
Luna; su prosa, a veces demasiado latinizada y muy artificiosa, es 
.agradable otras, quizá por la imitación de lia Vita nuova de Dante. 

La Tragedia de la insigne reina doña Isabel le fué inspirada 
por la prematura muerte de esta soberana de Portugal. Es una es- 
pecie de autobiografía psicológica, en prosa y verso, inspirada en 
d Libro de Job, en eíl De Consolatione de Boecio y en los trata- 
dos moralles de Séneca, exponiendo sus propios sentimientos ante 
el hecho de la muerte, acaecida con gran resignación, a la vez fi- 
losófica y cristiana. Su vida, tan amarga y triste, sería, acaso, pro- 
picia para esta filosofía rdligiosa, de la cual tenemos otra muestra 



PEDRO DEL CORRAL 239 

<en SUS Copiáis del Contemplo del mundo, poema didáctico inspirado 
en Jos moralistas antiguos, principalmente en Séneca, sin novedad 
«n la concepción y en Cos pensamientos, pero en el que late un no- 
ble ideal de justicia y de vida. Tratando de fla ingratitud de los 
hijos dice : 

Son causa los fijos de males muy fuertes, 
a los tristes padres que los engendraron, 
y lo que es más feo, buscan las sus muertes... 

26. Pedro del Corr.al. — La más antigua novela histórica cas- 
tellana es (la Crónica sarracina o Crónica del Rey don Rodrigo con 
In destruyción de España. Hacia 1443, """ üiviano y presuncioso 
hombre llamado Pedro ddl Corral hizo una que llamó Crónica Sa- 
rracina, que más propiamente se puede llamar trufa o mentira pa- 
ladina", según dice Fernán Pérez de Guzmán en sus Generaciones 
y semblanteas. El autor acaso fuera hermano deíl aventurero Ro- 
drigo de Villandrando (i387?-i457?) ; su Crónica es un verdadero 
libro de caballerías, atribuido por Corra!, según costumbre en esta 
clase de obras, a los fabulosos Eleastras, Alanzuri y Carestes ; pero 
en reallidad derivado de la Crónica del Moro Rasis, influido por 
la Crónica troyana y acaso por algún perdido cantar de gesta referen- 
te a don Rodrigo. La leyenda del último Rey godo abarca tres puntos 
esenciales: da cueva encantada de Toledo, o cueva de Hércules, y los 
amores de üa Cava, de origen musulmán ; y la penitencia de don Ro- 
drigo, de origen cristiano. La Crónica de Corral es, a juicio de Me- 
néndez y Pefayo, *'una amplificación monstruosa y dilatadísima del 
libro de Rasis". CorraJ, con ingenio y cierta amenidad de estilo, ad(o<r- 
na ©1 cuento de los amores de la Cava con todos los atavíos de la no- 
vella caballeresca : torneos, desafíos, jardines suntuosos, coloquios, 
cartas, etc. Sigue más ceñido al texto de Rasis en la parte histórica 
de la conquista de España por los musulmanes, y se muestra más 
original en lo tocante ail fin de la batalla de ía Janda, a ía peni- 
tencia asperísima de don Rodrigo en una ermita cerca de Viseo, 
donde resiste las tentaciones del diablo, que toma la forma de la 
Cava y del conde don Julián, y al horribíle martirio dd infortunado 
Rey, enterrado vivo con una culebra de dos cabezas, que lentamen- 
te se lo come. Además, en Ja segunda parte inserta la fabulosa 
historia de don PeCayo, con los amores de sus padres don Favüa y 
doña Luz (fuente de inspiración de la leyenda de Zorrilla La 
Princesa doña Luz, por intermedio de los Reyes Nuevos de Toledo 
de Lozano, y del drama de Hartzenbusch La madre de Pelayo). 

La Crónica de don Rodrigo se hizo en seguida muy popular; de 
ella proceden los romances tenidos por viejos entre dos de don 



2A0 LITERATURA ESPAÑOLA 

Rodrigo, que ninguno parece anterior al siglo xvi; eil padre Ma- 
riana la utilizó para su Historia; a fin del siglo xvi fué sui^lanta- 
da por Üa Historia verdadera del rey don Rodrigo y de la pérdida 
de España, atribuida a Abulcasim Tariic Abentarique, por su autor 
el falsario Miguel de Luna, morisco granadino. Obra disparatada e 
insulsa, muy inferior a Ja Crónica, alcanzó gran celebridad, deri- 
vándose de ella él nombre de Florinda, dado a la Cava, y siendo 
utillizada por Lope de Vega en EL último Godo. Walter Scott sigue 
a Luna; Washington Irving, a Luna y a Corrall ; y Roberto Sou- 
they, siguiendo a la Crónica de don Rodrigo, publicó en 1815 el 
poema inglés Rodrigo, el último godo, calificado por Menéndez y 
Pelayo como "el mejor de líos que se han dedicado a este argumento 
de nuestra historia". 

27. Alfonso Martínez de Toledo.— De da vida de Alfonso 
Martínez de Toledo (i398?-i470?) sabemos pocas notiicias. Era 
bachiller en decretos ; vivió largo tiempo en los reinos de la Corona 
dte Aragón, sobre todo en Barcelona. Fué capellán de Juan II, arci- 
preste de Tattavera, racionero de la catedral de Tolledo, su ciudad na- 
tal, y tenia aficiones de bibliófilo. Escribió unas Vidas de San Isi- 
doro y San Ildefonso y una obra histórica, Atalaya de las Crónicas. 

P¡ero su obra más importante es la llamada Corvadlo o Repro- 
bación del amor mundano (ed. 1548) : que «1 autor no quiso titularla 
"Sin bautismo sea por nombre llamado Arcipreste de TaBavera, don- 
de quier que fuere llevado." Consta de cuatro partes. La primera es un 
tratado contra la llujuria, inspirado en Gerson; la segunda es una sá- 
tira mundana, cáustica y festiva de los vicios, tachas y condiciones 
de las mujeres; las dos últimas partes (de menos interés) tratan de 
las "¡complisiones de los hombres" y de su disposición para amar 
y ser amados. Se caracteriza por un estilo abundante, lozano, a veces 
excesivamente, en llarg'as enumeraciones, monólogos 'y diálogos; 
ejempllo, la lamentación áe una mujer por la pérdida de su gallina, 
"lia rubia de la calza bermeja", o l<a descripción dell paseo de la mujer 
"vanagloriosa y lozana", que va por las calles haciendo remilgos 
para llamar Ja atención. Su lenguaje, sin latinismos, es el vullgar de la 
gente defl pueblo, "impresión directa de la realidad castellana" 
(M. P.), y en su prosa está el germen de la picaresca, que veremos en 
la Celestina y en et Lazarillo. Pinta felizmente las costumbres mun- 
danas de su tiempo, mostrándose muy -enterado de todos los secretos 
de modas, trajes, afeites, etc. (es notable la descripción del tocador 
de una dama), y parece recrearse en ías mismas costumbres malas 
que critica. No pertenece a lia serie de libros en contra o en favor de 
las mujeres, corrientes en su época (Rodríguez del Padrón, Vale- 



AMADIS DE GAUL.\ .• 24I 

ra, don x-\ílvaro de Luna), ni tiene con Boccaccio otra relación que 
efl titulo (que j-a hemos dicho no ser puesto por el autor). Tampoco 
se nota en el bachiller ■Martínez de Toledo influencia de la sátira de 
Jaime Roig (Libre de les dones) ; debiendo, en cambio, alguna cosa 
al catalán Francisco Eximenis con su Libro de las Donas y al Ar- 
cipreste de Hita (lo menciona y a Trotaconventos) con quien tenía 
mucho parecido, en la riqueza de dicción, fuerza cómica y facilidad 
descriptiva, aunque su facultad creadora sea menor, y en cambio 
io sobrepuje en el manejo defl (lenguaje. Varios pasajes de la Ce- 
lestina son indudable derivación del Libro del Buen Amor, con efl 
que coincide también en. efl empleo de proverbios y refranes. El 
Arcipreste de Talavera "es eil único moraJista satírico, e/1 único 
prosista popullar, el único pintor de costumbres domésticas en tiem- 
po de Juan II. Su libro, inapreciable para la Historia, es, además, 
un monumento para Ja lengua" (M. P.). 

28. El Amadís de Gaul.\. — Los orígenes de este iibro, el más 
importante de los de caballerías, son muy oscuros. La edición más 
antigua conocida hoy e,s la de Zaragoza, 1508; está en llengua cas- 
tellana y dividido el relato en cuatro libros, consignándose que Gar- 
ci Rodríguez de Montalvo (en ías ediciones posteriores, Garci-Or- 
dóñez) (i) corrigió los tres libros primeros, y trasladó y enmendó el 
libro cuarto, añadiendo el quinto, que contiene ías Sergas de Esplan- 
dián, hijo de Amadís. 

Pero desde mucho antes era popular en España un Amadís de 
Caula en tres libros. Así le cita Pero Ferrús (o Ferrandes), que com- 
puso versos a lia muerte de Enrique II, y que es uno de los más an- 
tiguos poetas que figuran en el Cancionero de Baena; y el canciller 
Ayala, nacido en 1332 y preso en Aljubarrota en 1385, en su Rima- 
do de Palacio, aJ declarar los pecados de su juventud, expresa en- 
tre ellos la lectura de libros de entretenimiento. 

Plógonie otrosí oyr muchas vegadas 
Libros de devaneos e mentiras probadas, 
Amadís, Lancalote e burlas asacadas 
En que perdí mi tiempo a muy malas jornadas. (Estr. 162.) 

También lo citan Castrojeriz y Fernán Pérez de Guzmán; y 
entre otros testimonios, tenemos el del sepulcro de don Lorenzo 



(i) Lo único que se sabe de Garci Ordóñez de Montalvo lo consigna él 
mismo en el prólogo y en el libro V dedicado a Esplandián : era aficionado a 
la caza y regidor de Medina del Campo en tiempo de los Reyes Católicos, 
algo descuidado en el desempeño de sus funciones, como embebido por afanes 
idealistas y por una imaginación espléndida que le apartaba de la realidad, 
en medio de las llanuras castellanas, para hacerle inventar en su edad madura, 
en que escribía, múltiples y fantásticos episodios. 

16 



242 



LITERATURA ESPAÑOLA 



Suárez de Figueroa, maestre de Santiago, muerto en 1409, exis- 
tente antes en la iglesia de su Orden y hoy en la de la Universi- 
dad de Sevilla, en el cuail está esculpido un perro, que en el collar 
lleva d nombre de Amadis, escrito dos veces en caracteres góticos. 
Los portugueses, atribuyéndose este libro, alegan antigua y re- 
petida tradición en su abono, y el texto de Gomes Eannes de Azu- 
rara, que en la Crónica del conde don Pedro de Meneses, escrita en 
1454^ dice que "el libro de Amadis fué compuesto a placer dt un 
homtbre. que se llamaba Vasco de Lobeira, en tiempo dell Rey don 
Fernando" ; pero como Vasco de Lobeira fué armado caballero por 
don Juan I el día de lia batalla de Aljubarrota. y dadas das prác- 
ticas caballerescas debía de ser muy joven, comparado con el can- 
ciller Ayaila, que quedó prisionero en ella; y siendo así, ¿cómo es 
posible que el Canciller, entonces de cincuenta y tres años, hubiese 
leído en su mocedad un libro que se supone compuesto por el joven 
Vasco de Lobeira? 

Por otra parte, Miguel Leite Ferreira, en 1598, afirma que "el ori- 
gina'l de Amadis (no especifica en qué idioma, pero es de suponer 
que se refería all portugués) andaba en casa de Aveiro'\ Esta cita es 
ío único que se sabe de dicho manuscrito. 

Del episodio de Brioilanja se han deducido importantes conse- 
cuencias. En este pasaje Amadis, por efl esfuerzo de su brazo, res- 
tituye a dicha Princesa el reino de Sobradisa, de que había sido 
desposeída por su tío, que había empezado por dar muerte al pa- 
dre de la dama; ésta se enamora de Amadis, y se declara y rinde 
a él. Amadis, fiel a Oriana, y dechado de leales amadores, recha- 
za lias pretensiones de Brioilanja, según el texto primitivo; ¡pero en 
el que podemos leer de Montaílvo se dice : "el señor Ynfante Don 
Alfonso de Portugal, habiendo piedad desta fermosa doncella, dt 
otra guisa lo mandó poner" ; y, en efecto, dicho Infante (que debió 
de ser don Alfonso IV de Portugal, hijo dtel rey don Dionís, a 
quien sucedió en 1325) ordenó reformar este punto, de modo que 
Amadis, después de larga resistencia y autorizado por Oriana, para 
que no pendiera la vida, tuvo reilaciones al fin con 3a enamorada 
Briolanja, de las cuales procedieron un hijo y una hija gemelos 
(I, cap. XL). Esta importante rectificación pugna compfletamente con 
el carácter de Amadis, prototipo de Ja fidelidad amorosa, y con 
la aventura (consignada después) del arco de los leales amadores, 
que el sabio Apolidón construyó en la Insufla Firme, arco que sólo 
podían pasar Jos que habían mantenido fla prometida fidelidad amo- 
rosa Y no se concibe que el a.utor, que imaginó a Amadis como de- 
chado dd amor ideal, iba a destruir su propia obra por ú capricho 



AMADÍS DE GAULA 243 

úe un príncipe : luego esta modificación es evidentenvente posterior 
al autor primitivo y obra de un refundidor. 

Est€ refundidor (nunca autor original) fué quizás Juan Lobeira 
(no Vasco), trovador d* la corte d^l rey don Dionís, y del! cuaíl se 
conserva inconupíeta en el Cancionero Colocci Brancuti una canción 
portuguesa, cuyo estribillo es el mismo de otra canción inserta en 
el Amadis castellano (II, cap. XI), canción castellana que conser- 
va también, con escasas alteraciones, los principales conceptos y 
frases de la deil Cancionero; el estribillo es éste: 

Leonoreta, sin roseta sin roseta no me meta 

blanca sobre toda flor en tal cuita vuestro amor. 

Prescindiendo de una interpolación posible, aunque poco proba- 
ble, de dicha poesía, Menéndez y Pelayo obser\-a qu"e, en este tiempo, 
"ílo que allguna vez se encuentra son códices bilingües, en que alter- 
nan fraternalmente la prosa gallega y la castellana ; así es eil de la Es- 
ioria de Troya [ms. de M. P.], y así uno de los de íla Crónica gene- 
ral. La promiscuidad en que entonces vivían ambas tenguas es un 
hecho indudable, y no lo es menos la inferioridad de (la prosa por- 
tuguesa, en cantidad y calidad, que es eíl más sólido apoyo en que 
Baist funda sus razonamientos" (para negar en absoluto a los por- 
tugueses prioridad aJguna en las novelas en prosa). 

Las fuentes son tan oscuras como el texto primitivo de la noveia. 
Fernando Wdlf observó acertadamente la ausencia de ''todo funda- 
mento vivo e histórico que se refleje en la concepción", y Menén- 
dez y Pelayo añade : "No es obra nacional, es obra humana, y en esto 
consiste el principal secreto de su popularidad sin ejempllo". Pero se 
ha notado, con razón, que el autor se muestra muy conocedor de la 
literatura caballeresca bretona, y que dos nombres de personas y lu- 
gares tienen este carácter; así Caula parece que es GaJles; Arcalaus, 
Arc-á-lleau; Briolanja, Brioníl'ange ; Mahilia, Maville; Gravisanda, 
Gravesend; Vindilisora. Windsor, etc. También parece que la in- 
fluencia del Tristón es íla más profunda. 

De esto ha surgido ila cuestión del posible origen francés del 
Amadis. En el siglo xvi Nicdlás de Herberay des Essarts, que tra- 
dujo a su lengua este libro por orden de Francisco I de Francia, 
dijo que había existido un libro en lenguaje picardo que era el ori- 
ginal del Amadis castellano; pero como nadie flo había visto, ni 
hay la menor indicación acerca de esta obra, fuera de dicha cita, 
no puede concederse mucho vañor a Ja afirmación de Herberay. 

Teófilo Braga ha forjado una teoría fantástica en que "supone 
gratuitamente que ¡el Amadis de Caula tuvo: i.", un rudimento ha- 
giográfico; 2.°, la forma de cantilena anónima o de lai; 3.°, la forma 



244 LITERATURA ESPAÑOLA 

cídlica de gesta o poema de aventuras; 4.°, la forma actual de no- 
vela en prosa" (M. P.). Según Braga, di rudimento hagiográfica 
es lia leyenda de San Amando, que huyó de casa de sus padres a 
los quince años y se escondió en la isla Ogia u Oge, de la Bretaña: 
armoricana, y Amadís, a su vez, salió de la corte de sus padres- 
casi a la misma edad y se retiró en la Peña Pobre a hacer vida 
de ermitaño con el nombre de Beltenebros. Aparte de la diferen- 
cia de circunstancias y móviles, cesan ya las semejanzas fundadas y 
razonables entre ambos términos. Además, nadie cree ya en la teo- 
ría de las cantilenas primitivas, que por evolución producen una 
verdadera epopeya nacional. 

"No por fútiles presunciones, sino por motivos algo más hon- 
dos, aun sin contar con los indicios históricos y documentales, se 
siente inclinado di ánimo a buscar en el Oeste o Noroeste de Es- 
paña la cuna de este libro. Domina en él un idealismo sentimen- 
tal que tiene de gallego o portugués mucho más que de castellano; la 
acción flota en una especie de atmósfera lírica que en flos sigilos xiii 
y XIV sollo existía allí. No todo es vago devaneo y contempíación 
apasionada en el Amadís, porque la gravedad peninsular imprime 
su huella en el libro, haciéndofle mucho más casto, menos lírico 
y frivolo que sus modellos franceses; pero hay todavía mucho de 
enervante y muelle que contrasta con la férrea austeridad de las- 
gestas castellanas. Todo es fantástico, Jos personajes y la geo- 
grafía. El elemento épico-histórico no aiparece por ninguna parte, 
lo cual sería muy extraño en un libro escrito originariamente en 
Castilla, donde lia epopeya reinaba como soberana, y lo había pe- 
netrado todo, desde la Historia hasta la literatura didáctica." 

El carácter de Amadís es elevado y noble, prototipo del idea- 
Sismo caballeresco; pero sus hazañas se distinguen i>or un matiz, 
enteramente imaginario y totalmente ailejado de la realidad. 

*'B1 libro primero (dice M. P.) es el que presenta carácter más 
arcaico y probablemente el que fué menos refundido por Montalvo. 
En él se contienen la novelesca historia del nacimiento de Ama- 
dís, arrojado al río en una arca embetunada, con una espada y 
un anillo, que había de servir para su reconocimiento (leyenda que 
inmediatamente aplicó Pedro del Corrall ai rey don Pelayo en su. 
Crónica Sarracina) ; la crianza de Amadís en casa del caballero 
Cándales de Escocia; el delicioso idilio de sus amores infantiles 
con üa princesa Oriana, tratado con extraordinaria sobriedad y 
delicadeza; la ceremonia de armarse caballero, cuyo valor poé- 
tico ha resistido aun a la parodia de Cervantes; las primeras em- 
presas de Amadís; el reconocimiento por sus padres Perión y Eli- 
sena; el encantamiento de Amadís en ed palacio de Arcalaus y la. 



AMAUIS DE CAULA 245 

•extraña manera como fué desencantado por dos sabias doncellas, 
discípülas de Urganda la Desconocida; el fiero combate entre los 
dos hermanos Amadís y Galaor, sin conocerse, inspirado eviden- 
temente por el de Oliveros y Roldan en la isila del Ródano; ías 
cortes que celebra en Londres d rey Lisuarte ; lia liberación de Ama- 
dís por Oriana y su voluntaria entrega amorosa; la reconquista 
del reino de Sobradisa y 'la aventura de Briolanja." 

En «1 libro II, tan exuberante de invenciones fantásticas como 
el I, se distinguen dos episodios principales: 3os palacios de la 
ínsula Firme, sus extraños encantamientos y la singular prueba de3 
Arco de Jos Leales Amadores (que sólo podían pasar los amantes 
que había guardado fidelidad absoluta), y ila penitencia caballeres- 
ca de Amadís, con eí nombre de Beltenebros, en Peña Pobre. El 
episodio más interesante del libro III es el combate y victoria de 
Amadís (d caballero de 'la Verde Espada) sobre d diabólico En- 
driago, hijo incestuoso del gigante Bandaguido, en la ínsula deí 
Diablo, monstruo que es símbolo dd infierno y dd pecado; termi- 
nando este libro (y la novela primitiva) con el vencimiento del Em- 
perador de Occidente por Amadís, la libertad de Oriana y el re- 
tiro de ambos amantes a la ínsula Firme, reposando de tantas 
luchas y peripecias. El libro IV (invención de Montalvo, y adi- 
ción accesoria y aun inútil, dentro de lia concepción novelesca), 
es un doctrinal de caballeros, terminando con el casamiento canó- 
n.ico de Aimadís con Oriana, casando también el ermitaño Xascia- 
no, en una sola misa, a Galaor con Briolanja, y a los demás per- 
sonajes de la novda con sus amadas respectivas, saliendo finaü- 
mente del mar Urganda la Desconocida, reina de la ínsula non Fa- 
llada, y pronosticando los estupendos destinos del hijo de Amadís, 
Esplandián, a quien hace armar caballero. 

La resonancia de Amadís fué grande. Gil Vicente ío utilizó para 
su tragicomedia de Amadís de Gaula; el autor del Diálogo de la 
engna lio considera como uno de (los mejores libros de su clase. 
Ariosto, en Orlando Furioso, recuerda varios pasajes del Amadís, 
según demostró Pío Rajna. Bernardo Tasso, padre de Torcuato, 
compuso su Amadigi (1558), poema en cien cantos, de a 500 ó 600 
versos cada uno, con el asunto de la novela española. Herberay, 
señor des Essarts, lo tradujo (1540-56) por orden de Francisco I. 
que lo había Ceído durante su prisión en Madrid. Inglaterra lo co- 
noció a través de las traducciones francesas, que se suicedieron 
hasta la época de Napoleón; y los prerrománticos alemanes resu- 
citaron este tema como tantos otros medievales, siendo de notar el 
úandalin de Wieland y el Nuevo Amadís (1770). 



246 LITERATURA ESPAÑOLA 

Sin contar e»l Tirante y el Libro del caballero Marsindo (inédito j¡ 
en España se sucedieron las continuaciones del Amadís. 

39. TiRANT LO Blanch.— ^Cervantes, en el escrutinio de la libre- 
ría de don Quijote, además de sailvar defl fuego esta novela, la elogió, 
considerándola como "tesoro de contento y mina de i)asatiempos",. 
y agrega: "Por su estilo es éste él mejor libro del mundo; aquí 
comen los caballeros y duermen, y mueren en sus camas, y hacen 
testamento antes de su muerte, con otras cosas de que todos los 
demás libros deste género carecen. Con todo eso os digo que me- 
recía el que lo compuso, pues no hizo tantas necedades de indus- 
tria, que le echasen a galeras por todos los días de su vida." 

Este libro de caballerías lio empezó a escribir su autor, Mos- 
sen Johannot Martorell, 1460, según dice en su dedicatoria all in- 
fante don HIernando de Portugal : se imprimió en Valencia en 1490,. 
y en Valladolid (1511) se dio a las prensas una traducción cas- 
tellana hecha por Diego Gumiel. En la dedicatoria dice el autor 
que el libro original estaba en inglés, y que él lo tradujo de este 
idiomia al portugués, y luego al valenciano, y que la cuarta parte 
es versión del escribano Juan de Galba. 

Aunque di original inglés, que nadie ha visto, resulta una in- 
vención de 'las acostumbradas en este punto de libros caballeres- 
cos, hay aJlguno's antecedentes ingleses en la obra : la acción empie- 
za en Ingtlaíterra, se describen sus justas reales, el origen y es- 
tatutos de la Orden de la Jarretiera, y hay adgunas reminiscencias 
del cidlo bretón; la leyenda del dragón de Cos parece tomada á'éT 
libro de viajes apócrifos de John de Mandeville, etc. En cambio^. 
la procedencia catalana (o sea vailenciana) es tan mancada que 
su autor difícilmente podía ser otro que un subdito de la Corona, 
de Aragón, porque el encuentro del joven Tirante con el caballero' 
ermitaño y Jos consejos que éste l'e da son una reproducción o cal- 
co directo del Libre del Orde de Cavaylería de R. LuU ; porque el 
asunto capital de la novella, o sea las empresas de Tirante en Gre- 
cia y Asia, sus victorias sobre el Gran Turco y el Soldán dé Egip- 
to, su entrada triunfal en Constantinopla, sus amores y casamien- 
to con la hija dd Emperador griego, su elevación a la dignidad de 
heredero del Imperio, y hasta su muerte, que ile sorprende en me- 
dio de las fiestas nupcialles (aunque causada por enfermedad y no 
por traidora intriga), dan al Tirante carácter de novela histórica, 
en que se transparenta la expedición de catalánes y aragoneses a 
Oriente y -ell trágico destino de Roger dé Flor- porque, aunque a 
Tirante se le presenta como bretón, antes de terminar di libro I 
abandona el centro y norte de Europa y se pone al servicio del 



DIEGO DE SAN PEDRO 247 

rey de Sicilia, o sea de un principe de la dinastía catalana, y por- 
que los intereses políticos que preocupan a Tirante son esencial- 
mente mediterráneos, es decir: efl peligro de Constantinopla ; el po- 
derío de los turcos; el socorro de Rodas, defendida por tíos caballe- 
ros de San Juan de Jerusalén ; el comiercio absorbente de los g€- 
noveses. 

30. DiECK) DE San Pedro.— <E1 bachiller Diego de San Pedro, 
quizá de origen judío, que estaba al servicio del maestre de Cala- J 
trava don Pedro Girón por los años de 1459 y era teniente de su 
villa de Peñafiel el año 1466, fué quien dio el más vigoroso desarro- 
llo a la novela sentimental en el siglo xv. En 1491 publicó eJ Trata- 
do de amores de Arnalte y Lucenda, primer esbozo de Ja Cárcel de 
Amor. 

Tiene por asunto los amores de Arnalte por Lucenda. de quien no con- 
sigue ser correspondido. Confía su secreto a su amigo Gerso ; y por me- 
diación de su hermana Belisa, Lucenda le concede una entrevista, que hace 
concebir al enamorado alguna esperanza ; pero un día tiene malos agüeros 
en la caza, vuelve a su castillo y se encuentra con la noticia de la boda de 
Gerso y Lucenda. Arnalte desafía y mata a Gerso : Lucenda profesa en un 
convento y el desventurado amador se retira a su castillo, donde se deja 
morir. 

Libro hoy de extraordinaria rareza en castellano (hay un ejem- 
plar en la Academia de ila Historia), fué traducido ail francés 
por Herberay des Essarts ; al italiano, por Bartdlomé Maraf f i, y al 
inglés, por C. Hqlyband y L. Lawrence (éste en verso) ; por su ter- 
nura y su fina observación psicológica obtuvo, sin duda, gran éxi- 
to, tanto en España como en el extranjero. 

Pero la obra más importante de Diego de San Pedro es Ja Cárcel 
de Amor, editada en 1492. Su asunto es como sigue : 

Extraviado el autor en Sierra Morena, se encuentra un caballero de 
feroz y salvaje presencia, el Deseo, primer oficial de la casa del Amor, que 
lleva encadenado a un amante; apiádase de éste y llega con ellos a una 
fortaleza de rara construcción, la Cárcel de Amor, donde un infeliz cau- 
tivo es atormentado de las más extrañas maneras, en una oscurísima 
torre. El cautivo es Leriano, hijo del Duque de Macedonia. amante de 
Laureola, hija del Rey de Gaula : suplica al viajero que vaya y diga 
a Laureola los tormentos que sufre por ella. El autor logra llegar a 
la ciudad de Suria y entrevistarse con Laureola, cuya aspereza consigue 
amansar, hasta el punto de establecer por su mediación un proceso de 
cartas entre los amantes, cartas que forman "una especie de anatomía 
del amor, nueva en la literatura castellana". Leriano va a la Corte y 
obtiene honestos favores de su dama ; pero, envidiado por Persio y 



v^ 



2^8 LITERATURA ESPAÑOLA 

denunciados al Rey sus amores, Laureola es encerrada en un castillo. 
Persio desafía a Leriano y es vencido por él; pero, sobornando testi- 
gos falsos, que declaran haber visto a Leriano y Laureola en lugares 
sospechosos, logra que el Rey condene a muerte a su hija. Leriano, a 
mano armada, liberta a Laureola y se refugia en una fortaleza, que el 
ejército real sitia; un testigo entonces confiesa su perjurio, y el Rey 
perdona a los amantes. Laureola, ofendida por el peligro en que Le- 
riano había puesto su honra y su vida con sus requerimientos amorosos, 
le prohibe presentarse ante sus ojos; él intenta dejarse morir de ham- 
bre. Sus amigos tratan de disuadirlo; uno de ellos pronuncia una in- 
vectiva contra las mujeres, que Leriano rebate, inspirado en el Triun- 
fo de las donas de Juan Rodríguez del Padrón. Trágicamente termina 
el relato con el lento suicidio de Leriano (que bebe en una copa las 
cartas de su amada) y con el llanto de su madre, patético trozo imita- 
do en la Celestina por el que hacen los padres de Melibea. 

De yuxtapuestos ellementos caballerescos, poco artísticamente 
trabados, es notable esta novela por su estilo, "casi siempre ele- 
gante, sentencioso y expresivo, y en ocasiones apasionado y elo- 
cuente" (M. ?.). Inspirada en Ja Fiammetta de Boccaccio, en las 
obras de Juan Rodríguez del Padrón y en la Historia de duobus 
amantibus de Enneas vSilvio, influyó, a su vez, en la Celestina, en 
las Novelas ejemplares y en los episodios sentimentales del Qui- 
jote (Marcela y Grisóstomo, Luscinda y Cárdenlo). Tuvo extra- 
ordinaria aceptación, tanto por su novedad como por su poca exten- 
sión y, a pesar de los anatemas del Santo Oficio y de las condena- 
ciones de Luís Vives y otros moralistas, este librillo estaba en manos 
de todo el mundo, llegando a ser "el breviario de amor de los 
cortesanos", e imprímiémdose más de veinticinco veces en caste- 
llano y más de veinte en traducciones a lenguas extranjeras. Se- 
gún Usoz, "la Cárcel de Amor es el Werther's Leiden de aquellos 
tiempos". 

Diego de San Pedro escribió además un Sermón, modeilo de 
otro más discreto de Cristóbal de Castillejo en su farsa Constanza, 
y el poema Desprecio de fortuna (núm. 263 deJ Cancionero gene- 
ral), donde se arrepiente de haber publicado sus anteriores obras. 

Merecen citarse entre las novelas sentímentailes la Repetición 
de amores (anterior a 1497) de Lucena, hijo de Juan de Lucena, en- 
sayo de un estudiante sobre unos versos de la sátira de Torrellas ; 
la Queja que da a su amiga ante el Dios de Amor (1514), por el co- 
mendador Escrivá, y el Veneris Tribunal (1537), obra dd valen- 
ciano Ludovico Scrivá, de las peores de su género, en opinión de 
Menéndez y Pelayo. 

31. Juan de Flores. — Es autor de dos novelas interesantes. 



CUESTIÓN' DE AMOR 249 

XJna es Grimalte y Gradissa (1495?), continuación de la Fiammeíta 
Mde Boccaccio, en que narra ilas aventuras de Grimalte, amante de 
Gradissa, para lograr que Panfilo vuellva a amar a Fiammetta ; como 
Pánfiílo rehusase, Fiammetta muere desesperada, y Grimalte pasa 
largos años en busca dd ingrato, encontrándolo en Asia, de forma 
que recuerda la aparición de Cardenio en Sierra Morena, Los ver- 
sos intercalados en esta novela son de un Alonso de Córdoba. Ra- 
rísirno este libro en castellano, se conocen traducciones france- 
sas por Mauricio Sceva (1535 y 1536). Más importante es la otra 
noveila de Flores, titulada Historia de Grisel y Mirabella con 1a 
disputa de Torrellas y Bragayda, cuestión de amor, por el estilo 
de las del Filocolo de Boccaccio. 

Sabedor el Rey de Escocia de los amores de su hija Mirabella con 
Grisel, quiere castigar, según la ley, al más culpable de los dos; como 
cada uno de ellos cargue con toda la culpa, el Rey decide que juzgue 
«na dama y un caballero, expertos en lides amorosas : éstos son Brasaida 
y Torrellas. Vence Torrellas; Grisel se arroja a las llamas por no ver 
morir a su amada; ésta, desesperada, se echa al patio de los leones del 
Rey, y Torrellas es martirizado por las damas de la reina en venganza 
•de las sátiras que contra ellas hiciera. 

Traducida al italiano con el título de Historia de Aurelio e Isa- 
bella, fué desde aquí vertida al francés y al ingflés; sirvió de 
texto para la enseñanza de idiomas, habiéndose hecho ediciones bi- 
lingües y polígllotas; influyó en el Orlando de Ariosto; fué utiliza- 
da por Lope de Vega en la comedia La ley ejecutada, por Fletcher 
en la suya Women pleascd y por Scudéry en su drama Le Prince 
.dé guisé. 

32. Cuestión de amor. — En 15 13 se editó por vez primera una 
novela, no sólo sentimenta.l y psiccCógica, sino de carácter histórico, 
titulada Questión de amor de dos enamorados. Es, según Menén- 
dez y Pelayo, "una noveila de clave, una pintura de la vida cortesana 
en Ñapóles, una especie de crónica de salones y galanterías, en que 
los nombres propios están levemente disfrazados con pseudónimos 
y anagramas". Dos enamorados caballeros españodes, Vasquirán y 
FJamiano, disputan cuál de ellos sufre más : aquél, por haber per- 
dido d su dama Viofiina, después de haberla sacado de su casa de 
Circunda; éste, por amar sin esperanza a la napoCitana Belisena. 
Acaba la novela con la muerte de Flamiano en la batalla de Rávena 
(1512). El autor es ''un gentilhombre que se halló presente a todo", 
y que "por mejor guardar el estilo de su invención... mezdla a lo 
que fué algo de lo que no fué"'. B. Croce ha logrado descifrar el enig- 
una. de la mayor parte de los personajes que figuran en esta obra: 



2CO LITERATURA ESPAÑOLA 

Belisena es Bona Sforza, futura reina de Polonia; el Marqués de 
Persiana es el Marqués de Pescara; el cardenal de Brujas es el car- 
denal de Borja, etc. No ae ha podido identificar a Ramiano, a Vio- 
lina ni a Vasquirán; éste se sospecha si será un tal Vázquez, autor 
de un Dechado de amor... a la Reina de Ñapóles, quie figura en el 
Cancionero general, y acaso de un cancionerillo conservado en 
un pliego gótico de ía colección de Campo Alange. Esta novena, mix- 
ta de prosa y verso, cuya composición y estilo agradaban a Juan 
de Valdés, a pesar de sus italianismos, tiene su mayor interés en¡ 
la exacta descripción de la eilegante sociedad itálo-española, con 
la pintura de sus justas, juegos de cañas, cacerías y diversiones, 
casi todas de origen español, can el inventario de sus trajes, ga- 
las y arreos militares, y muestra la íntima compenetración de espa- 
ñdles e italianos, medio siglo después de la conquista aragonesa. 

F. Prosa dddáctica: 33- Don Enrique de Villena. El Marqués de 
Santillana. Carta al Condestable. — 34. Don Alvaro de Luna. — 35. 
Alfonso de la Torre. — 36. Teresa de Cartagena. — 37. Alfonso de 
Cartagena. — 38. Fray Martín de Córdoba, — 39. Fray Lope Fe- 
rrández. — 40. Castigos y doctrinas que un sabio daba a sus hijas: 
Alfonso de Madrigal. — 41. Juan de Lucena. — 42. Fernando de 
Córdoba. 

33. Don Enrique de Villena (i 384- 1434). — ^Descendiente de 
la Casa Real de Aragón por su padre y de la de Castilla por su 
madne, no fué Marqués, ni Condestable, ni siquiera Conde de Can- 
gas de Tineo, título concedido por Enrique III nominalmente.. 
Maestre de Calatrava, después de un divorcio escandaloso, "en 1414 
todo sié había ido ya en humo: marquesado, condado y maestraz- 
go". "Aunque fué tan grand letrado, supo muy poco en lo que le cum- 
pJia", según frase de Pérez de Guzmán. En adelante sólo allcanz6 
a ser presidente de los juegos fllorales, favorecido por don Fernan- 
do ell de Antequera cuando fué rey de Aragón. Muerto el Rey, don 
Enrique se retiró al señorío de Iniesta, de su mujer, y a su villa de 
TorraJlba, donde la aílquimia, las letras y las ciencias ocuparon sus 
últimos años, acortados seguramente por su afición desmedida a los 
pÜaceres de la mesa y ddl amor. 

Juan II ordenó a su confesor fray Lope de Barrientos expurgar 
los libros de don Enrique. Barrientos hizo quemar allgunos y con- 
serA'ó otros en su poder. "Su espíritu era tan nimiamente crédulo, 
tan puerilmente curioso, tan ávido de lo extraordinario y lo sobre- 
natural, y... tan indisciplinado y vagabundo, que forzosamente ha- 
bían de tener un adepto fervoroso todas las ciencias ocultas." (M. P.) 
Alrededor de su nombre se formó en ía Edad Media una leyenda 



DON ENRIQUE DE VILLEXA 25 1 

que nos lo presenta mago, brujo, haciendo pacto expreso con el demo- 
nio, etc., etc., leyenda que entró en la (literatura en eil sigilo xvii : 
la conseja de lia sombra perdida, con la cual engañó al diablo, bur- 
lándose del pacto hecho; La Cueva de Salamanca, de Alarcón; Lo 
que quería ver el Marqués de Villena, de Rojas; La visita de los 
chistes, de Quevedo; la Redoma encantada, de Hartzenbusch. 

Prescindiendo de un Tratado de Astrología, que se le atribuye; 
de las citas «ii sus obras en materia de adivinanza, sueños, etc., por 
Barrientos; defl tratado acerca del aojamicnto o m<il de ojo, to- 
mado en serio por Villena ; de Ja exposición de algún salmo y del 
Tratado de la lepra, sus obras más importantes son Los doce tra- 
bajos de Hércules y el Arte cisoria. Los Trabajos de Hércules fue- 
ron redactados primeramente en catalán (1417) y lluego vertidos 
por el mismo autor al castellano, "alongando en algunos pasos e 
en otros acortando, segunt lo requeria la obra... por el trocamien- 
to de las lenguas". A cada trabajo de Hércules sigue Ha exposición 
allegórica. la verdat de aquella historia y la apñicación moral a 
los estados dell mundo. La destrucción de los centauros significa 
la de los criminosos mailhechores ; el león de Nemea es la sober- 
bia, etc. Es una obra al modo del Libro de los Estados o del caba- 
llero y el escudero, de don Juan Manuel. Eli Tratado del arte de 
cortar del cuchillo, conocido por Arte cisoria, tiene más ameni- 
dad y más importancia para el estudio de las costumbres medie- 
vales y de ía historia interna, en general. Es un verdadero arte 
de cocina, d más antiguo conocido, anterior al Libro de guisados 
de Ruperto de Xola. 

Después de señalar las condiciones del cortador de cuchillo (lim- 
pieza, buen olor, etc.) y de enumerar "las diversas feahuras de los cu- 
chillos", indica "las aves, animabas de cuatro pies, pescados, frutas y 
yerbas, que se comen por mantenimiento e placer de sus sabores"; las 
compuestas, como empanadas, pasteles, quesos, albóndigas, longanizas, 
morcillas, turrones, etc. ; y algunas comidas raras, como las llamadas 
capirotada, pipotea, cabeza de turco, etc. 

De Villena es lia más antigua traducción a una lengua vulgar de 
la Eneida (1427-28). aunque pierde interés, por el estilo hueco e 
hinchado, lleno de transposiciones que remedan el hipérbaton la- 
tino. También es suya (la primera versión española de la Divina 
Comedia. Sólo se conservan fragmentos de su Arte de trovar, pre- 
ceptiva a imitación de (las provenzales, con curiosas doctrinas fo- 
néticas e interesantes noticias históricas de los consistorios de las 
Gaya Ciencia. 

Santillaxa : Carta al Condestable. Véase el núm. 5 del cap. VII 
(pág. 187). 



252 LITERATURA ESPAÑOLA 

34. Don Alvaro de Luna. — Este personaje, el primero ddl rei- 
nado de don Juan II, maestre de Santiago, condestable de Castilla, 
•conde de San Esteban, que sucumbe en el cadalso de Valladolid 
(1453), vencido por la nobleza, escribió versos gaJantes, de cir- 
cunstancias, y es, además, autor del Libro de las virtuosas e claras 
mujeres; está dividido en tres partes : la «primera, acerca de las mu- 
jeres que vivieron bajo la ley del Antiguo Testamento (Eva, Judith, 
Esther, la Reina de Sabba, la hija de Jefté, etc.) ; la segunda, relativa 
a las mujeres griegas y romanas que vivieron bajo lia ley de da Na- 
turaleza (Lucrecia, Virginia, Dido, Casandra, Artemisa, Hiperm- 
nestra, Penélope...), y la tercera, que se refiere a Jas "dueñas y donce- 
llas del pueblo cathóllico christiano que fueron so la nuestra muy 
santa e gloriosa ley de gracia" (Santa Ana, María Egipciana, Ma- 
ría Magdaílena, Paiíla, etc.). Lleva un proemio de Juan de Mena 
en que felicita a don Alvaro por haber compuesto este libro en 
honra de Has mujeres, y, además, varios preliminares con el mismo 
■propósito de enalltecimiento de éstas, en que prueba el autor que 
(los vicios o menguas no vienen a las mujeres por naturaleza sino 
por costumbre; qué cosa es bienaventuranza y cómo las mujeres 
son tan capaces de virtud como los hombres; cómo eil pecado ori- 
ginail no culpó más a lias mujeres que a los varones: prueba que 
los sabios que dijeron mal de las mujeres se refirieron a las des- 
ordenadas, pero no a todas, e indica ell autor las razones en que 
se funda al comenzar su libro en Nuestra Señora. 

Esta interesante obra contiene elementos históricos, morales y 
políticos. 

35. Alfonso de la Torre. — El bachiller Alfonso de la Torre 
escribió, hacia 1440, íla Visión delectahle de la Filosofía y artes li- 
■herales, dedicada a Juan de Beamonte, preceptor de/1 Príncipe de 
Viana (1421-1461). A pesar de que tiene cierta composición artís- 
tica, no puede considerársela como noveÜa, siendo más bien una 
enciclopedia científica, a la manera de la obra de Marciano Capella, 
De nuptiis Mercnrií et Philologiae, y de gran interés para la histo- 
ria de la fillosofía española. 

Consta de dos partes : en la primera se trata de las artes liberales, 
•de la Metafísica y Naturaleza; en la segunda, de la Filosofía moral y 
de cómo las virtudes moderan las pasiones. El autor tiene una visión 
en que se le aparece cómo el Entendimiento acude sucesivamente a la 
■Gramática, Lógica, Retórica, Aritmética, Geometría, Música y Astrolo- 
gia, todas personificadas, y cada una de las cuales expone sus secre- 
tos; con ellas va subiendo a un alto monte, en cuya cumbre está la 
Verdad. Ante ella, la Sabiduría, la Naturaleza y la Razón le van mos- 



ALFONSO DE CARTAGENA 253- 

trando sus misterios. Xa~Razón explica las causas de la ignorancia hu- 
mana; la Verdad expone los principios infalibles con los que la Sabi- 
duría demuestra la existencia de Dios y sus atributos y providencia ;. 
desarrolla luego la teoría del principio del mundo y la de los ángeles y 
artes mágicas y divinaciones. Acompañado de la Verdad, la Razón y 
muchos sabios, entra el Entendimiento en casa de la Naturaleza, quien 
le declara el orden del mundo, el conocimiento de Dios, la inmorta- 
lidad del alma y todos los grandes secretos de la vida natural y física.. 
La Razón (parte II) lleva luego al Entendimiento a su casa y le mues>- 
tra los desórdenes y las falsedades del hombre, su fin, sus modos de 
vivir (como ángel, como hombre o como animal) ; su vida social, sus 
pasiones naturales o accidentales ; citándole varias cuestiones sobre la 
abundancia de los malos, la impecabilidad del hombre, los hados y 
constelaciones, que pueden influir en su vida. Contra las pasiones le 
presenta luego a las cuatro virtudes cardinales, que cada una le expone 
su fin y los males que el mundo sufre si ella falta. Dale después no- 
ciones sobre la vida política y social, demuestra que la fe católica es 
necesaria y termina enseñándole que el fin último del hombre es la vi- 
sión beatífica. 

Aunque se inspira en las Etimologías, en Algazel, en Avempace 
y €n Maimónides, es notable por la grandeza sintética de la con- 
cepción y por su elocuencia; la m-ejor prosa científica de(I siglo xv 
es la de la Visión delectable. Olvidada en España, fué impresa en 
1556 vertida al italiano por Domenico Delfino, que la dio como> 
original; de esta versión italiana la retradujo al castellano eü judío 
Francisco de Cáceres, en Amberes, 1663. 

36. Teresa de Cartagena. — De mediados del siglo xv es Tet^e- 
sa de Cartagena, monja, que aflguien ha supuesto de la familia de 
Pablo de Santa María, aunque no se ha encontrado documento 
alguno que lo pruebe. Escribió la Arboleda de enfermos, manuscrito 
inédito en Eli Escorial, que es una serie de consideraciones morales 
para que éstos saquen fruto espiritual de sus dolencias sufriéndolas 
por Dios. Sorda y enferma, finge refugiarse en una is!a poblada 
de arboledas, que son los ilibros, en 'los cuales encuentra sanos conse- 
jos. Fuera del principio, no se halla más en el libro ía forma sim- 
bólica. Para defenderse de los que no reconocían en esta obra in- 
genio alguno, dedicó a doña Juana de Mendoza, mujer de Gómez 
Manrique, un breve tratado, Admiración de las obras de Dios, don- 
de, a más de su defensa, expone Jos favores espirituañes que Dios 
hace a los hombres. 

37. ^Alfonso de Cartagena. — Hijo de Pablo de Santa María, 
Alfonso de Cartagena (1384-1456) sobresalió en la cultura de su 



2CA LITERATURA ESPAÑOLA 

época. Desempeñó varios embajadas (en Portugal, en el Concilio 
de Basilea, etc.) y sucedió a su padre en eü obispado de Burgos. 
Fué hechura suya Diego Rodríguez de Almella, quien nos ha dejado 
la lista de Has obras -deíl Obispo. Tradujo doce libros de Séneca 
y los gJosó; escribió además la Genealogía de los Reyes de España. 
desde Atanarico hasta Enrique IV (árbol genealógico, impreso, 
1545) y varias obras die carácter teológico: Defensorium fidei, ale- 
gato en defensa de (los judios conversos; exegético: aipología del 
saímo Judica me Deus; moral: Doctrinal de caballeros, Oracional; y 
jurídico: sofere-el asentamiento de las sillas contra el Rey de In- 
glaterra, y lia demostración de que las islas Canarias corresponden 
al rey de Castilla y no al de "Portugal. Hernando dei Pulgar nos 
dejó ía semblanza del obispo de Burgos en sus Claros Varones. 

38. El PADRE Martín de Córdoba. — Entre los escritores de la 
escuela ascético-didáctica del siglo xv merece citarse el agustino 
padre Martín de Córdoba, gran predicador y esicriturario, profesor 
de lias Universidades de Tolosa y Salamanca. Tuvo gran ascendien- 
te con don Alvaro de Luna, al que dedicó su libro De próspera y 
adversa fortuna, el mismo, acaso, que con el epígrafe de Compen- 
dio de fortuna, describe minuciosamente Gallardo y del que copia 
la dedicatoria al Condestable. Compuso también un tratado para las 
religiosas, el que llamó Alabanza de la Virginidad; pero su obra 
maestra es el Jardín de las nobles doncellas, libro rarísimo, com- 
puesto (antes de 1467) para la educación de la infanta doña IsabeÜ, 
más tarde Reina Católica, a quien va dedicado. La obra trata de la 
generación y de las condiciones de la mujer y dé cómo se han de 
promover las dueñas al bien por el ejemplo de flas pasadas. Es, 
por su fondo, un precedente de La Perfecta casada de fray Luis 
de León, y su estilo clásico y castizo le vaflió al padre Córdoba ser 
inclluído en el Catálogo de las autoridades de la lengua por la Aca- 
demia Española, aunque a veces su prosa resulta rimada. 

39. Fray Lope Ferrández o Fernández. — ^A mediados del si- 
glo XV flloreció también fray Lope Ferrández, célebre agustino del 
convento de Toledo. Escribió dos obras notabiílí simas, que nos ha 
conservado un manuscrito de El Escorial : El espejo del alma y el 
Libro de las tribulaciones, en las que se desarrolla con una dialéc- 
tica irresistible y en estilo llano, pero cuajado de imágenes atrevi- 
das y enérgicas, un pensamiento de honda filosofía: la ineficacia 
de los bienes y pllaceres del mundo para llegar a poseer la paz deí 
corazón, que sólo en Dios puede encontrarse y al que se va derecha- 
mente por los caminos de la tribulación y la penitencia. 



lERNAXDO OE CORDOIIA 255 

Su prosa es de una severidad scMrprendente y que anuncia ya los 
-esplendores del sigilo xvi, llena de virilidad y de energía. Usa a 
veces de la aJegoria y del apólogo, mereciendo citarse el Hombre 
justo, al que Dios da a elegir entre dos días de purgatorio y dos 
años de tribulaciones, que se .lee en el Libro de las tribulaciones. 

40. Castigos y doctrinas que un sabio daba a sus hijas. — 
Anónima creyeron Knust y Menéndez y Peílayo esta obra, parte inte- 
grante del Trotado de Confisión hecho por el Tostado. Segiin ha 
demostrado recientemente di padre Miguélez de El Escorial, la 
leyenda del casamiento del Marqués con la aldeana es adaptación de 
una historieta dd Petrarca en Florisela. Tiene ejemplos tomados 
de Valerio Máximo, San Agustín. San Ambrosio y de la Biblia. 
El Confesional y los Castigos, dedicados a la enseñanza de la mu- 
jer, hacen digno parangón con La Perfecta casada. 

41. LucENA. — Juan de Lucena (1506), oriundo quizá de Soria, 
pasó a Roma siendo ya adulto y fué familiar de Eneas Silvio Picco- 
lomini (luego Pío II). En 1463 escribió su Libro de vida beata, de- 
dicado a Enrique IV e impreso en 1483. Esta obra es, segiín el señor 
Paz y Mtília. "un buen texto del ilenguaje castellano". En ella, ei 
Marqués de Santillana, el Obispo de Burgos, .Alonso de Cartagena y 
el poeta Juan de Mena, dialogan acerca del tema de la felicidad. 
Estudiando la vida activa y contempflativa, recorren las diversas 
^condiciones humanas, para terminar con la afirmación de que en 
este mundo no existe la verdadera dicha. Resulta una adaptación 
o traducción libre en prosa castellana del Dialogus de felicítate vitae 
(1445) de Bartolomé Fazzio (f 1457). dedicado all hijo de su pro- 
tector Alfonso V de Aragón. Sin embargo, aún tiene muchas cosas 
originalles: por ejemplo, la nota que hace de la afición de los es- 
pañoles a pullas y motes ; la cailurosa defensa de los judíos con- 
versos, puesta en boca de Alonso de Cartagena; la sátira del ele- 
mento popular contra todos los estados, etc. También conocemos 
de este autor la Epístola exhortatoria a las letras, ellogio de la Rei- 
na Católica. 

42. Fernando de Córdoba (i425?-i486?) asombró al mundo 
con su memoria y su prodigiosa erudición. En Italia fué protegido 
por Lorenzo \"alla, y en Francia retó a la Universidad, ofrecién- 
dose a contestar a todas las preguntas que le hicieran, cosa que 
cumpflió. Los doctores do consideraron como el Anticristo y hubo 
de marchar a Gante ; en Colonia estuvo a punto de ser condenado 
por suponerlo en tratos con e=l diablo. Vuelto a Genova, fué protegí- 



256 LITERATURA ESPAÑOLA 

do por el cardenal Bessarión y llegó a ser subdiácono del Papa: 
(cargo que desde 1655 se ha llamado Auditor de la Rota). 

Escribió opúsculos de Astronomía, Teología y exégesis bíblica,. 
Política, Medicina, Derecho canónico y Filosofía. El principal aca- 
so sea él libro de Artificio, tratado de Lógica, de inffiuencia plató- 
nica y Juliana en Üa forma, aunque en el fondo fuese escolástico^ 
por educación y por inclinación. 

G. Dramática: 43. Gómez Manrique. — 44. Juan del Enzina. — 
45. Lticas Fernández. — ^46. La Celestina. 

43. GÓMEZ Manrique.— Véas€ el núm. 11 del cap. VII (pági- 
na 200). 

44. Juan del Enzina. — ^Ei llamado "patriarca del teatro espa- 
ñol", Juan del Enzina (1469-1529), era probablemente natural de 
Encina de San Silvestre, cerca de Ledesma. Estudió en Sallamanca, 
quizá con Nebrija. Joven aún, entró al servicio del duque de Alba, 
don Fadrique Alvarez de Toledo, en cuyo palacio se celebraban re- 
presentaciones dramáticas, a (las que Enzina añadía música. Haci»' 
1497 solicitó una pllaza de cantor en la Catedral de Salamanca, que 
no obtuvo. Marchó a Roma y fué cantor en la capilla del Papa 
León X. Nombrado racionero en Salamanca en 1502, no consta que 
viniese a España: en 1509 tomó posesión por procurador del Arce- 
dianato de Málaga, dbnde residía en 15 10, sin haberse ordenado in 
sacris. A la 'Ciudad Eterna se volvió en 15 12 y allí debió escribir 
su égloga de Plácida y Vitoriano, representada en una fiesta en casa- 
del cardenal Arbórea en agosto de 15 13. No intervino en la re- 
presentación, como se ha dicho, porque en este mismo mes y año- 
asistía a un cabMdo en Málaga. Aunque esta corporación apeló 
a todos los medios para que residiese en su Catedral y se ordenase, 
privándole de parte de sus emolumentos, su influencia logró dis- 
pensas en Roma, en cuya ciudad seguía viviendo. En 15 19 permutó 
con Juan de Cea su arcedianato por un beneficio de Morón, del 
cua'l no debió posesionarse por haber sido nombrado en marzo (1519) 
para eí priorato de Ja Catedraü de León. Por esta fecha, y a los 
cincuenta años de su edad, abandonó da vida frivola y decidió or- 
denarse de sacerdote, saliendo en peregrinación a Jerusalén (junio, 
1519), donde dijo su primera Misa, en eil monte Sinaí; este viaje 
lo cuenta en su poema la Trivagia. Desde 1526 a 1529 consta que 
residía en León, donde debió morir en fin del 1529, puesto que a 
principios del año siguiente se le dio posesión a su sucesor en el 
priorato. 

Como músico figura en d Cancionero editado por Barbieri. 



JUAN DEL ENZINA 257 

can 68 composiciones, entre ellas da mayoi parte de ¡os villancicos 
que ferminan sus obras dramáticas; se caracteriza por la subor- 
dinación de ia Üeítra a la música, cosa explicable por su educa- 
ción literaria y su cualidad de poeta y músico. 

La mayor parte de sus obras literarias, "hechas desde los cator- 
ce años hasta los veinte y cinco", están recopiladas en su Cancio- 
nero, publicado por vez primera en 1496, época en que eran ya tan 
corrientes que algunos las usurpaban y las corrompían. No figu- 
ran en esta colección la Trivagia (1521) ni (las églogas de Plácida y 
Vitoriano y de Cristino y Febea. 

Empieza eil Cancionero por un Arte de la Poesía castellana, 
muestra principal de Ja preceptiva en el siglo xv, en la cual !as 
teorías de los trovadores están influidas ya por las ideas clásicas 
del Renacimiento, según el Arte de Romance de Nehrija, que fué 
su modelo. Prueban la inclinación de Enzina al clasicismo sus tra- 
ducciones o mejor dicho adaptaciones de las Églogas de Virgilio 
en verso castellano, aplicándolas a personajes contemporáneos, uno 
de ellos el Rey Católico; es el primero que intentó esta cflase de 
versiones, mucho mejores que las rudísimas dell sigilo xv, como las 
de don Elnrique de Villena, y que seguramente influyeron en el 
diálogo y acción de sus propias églogcís. 

En su Cancionero figuran poesías a lo divino y profanas. De 
aquéllas hay algunas dedicadas a festividades religiosas, versio- 
nes de salmos y cánticos, etc., sin gran valor poético ni sagrado. 
Entre las profanas, sigfuiendo las huellas de las visiones alegóri- 
cas, aunque sin llegar a lia altura de un Juan de Padilla, escribió: 
Triunfo de la fama, para celebrar la rendición de Granada, reme- 
dando el Laberinto de Juan de Mena; ía Tragedia trovada a la do- 
lorosa muerte del príncipe don Juan (1497) y el Triunfo de Amor, 
pesada e insulsa visión, imitando a Petrarca. En las poesías eróticas, 
aunque Enzina debió ser muy enamoradizo, no acertó a reflejar 
la expresión del sentimiento amoroso, distinguiéndose en el dis- 
creteo galante y en las poesías frivolas. De escasa vena satírica» 
entre sus versos de burlas merecen recordarse la Almoneda, el Jui- 
cio... de toda la Astrología y los Disparates, comentados socarrona- 
mente por Quevedo en la Visita de los Chistes, e imitados por don 
Tomás d'e Triarte. Mucho mayor interés tienen aquellas de sus com- 
posiciones en que el elemento popular, tanto poético como musi- 
cal, logran poner en sus labios "un raudall de poesía dulce y sabro- 
sa, natural y ligera, que traduce sin esfuerzo las impresiones de la 
juventud, de ¡la primavera sonriente, del amor fácil". Sus villanci- 
cos pastoriles, sacros y profanos, son de lo mejor de la poesía bu- 
cólica españoÜa, no superados por ningún trovador del siglo xv y 



258 LÍTSéATURA ESPAÑOLA 

Üanltigrado favor de preceptistas tan rígidos como Martínipf,4e, la 
ílosa. 

¡ Ay trister.qwe vengo que no que viniera 

vencido de 'amor; tan aquerenciado ; 

maguera pastor! que vengo, cuitado, 

Más sano me fuera vencido de amor, 

no ir al mercado maguera pastor! 

Dotado de oído musical fino, de imaginación fresca, de. vena 
cómica fácil, de ingenuidad de sentimiento, de alma de poeta po- 
' pular y de bastante ilustración, Juan del Enzina, acaso por vivir 
en una época de transición, no alcanzó -las allituras de la gran poe- 
sía y siguió perteneciendo a la Edad Miedla, a pesar de sus aspira- 
ciones clásicas. Su inipórtancíá' Verdadera está en Ja historia del 
teatro. 

Exceptuadas (las Representaciones de Gómez Manrique, '^fás"'pH- 
aueras obras dramáticas castellanas que se conservan '^h las erogas 
de Enzina, que no fueron representadas en público fti por compa- 
ñías de cómicos, sino en casa de üos Duques de Alba, alguna ante 
él príncipe don Juan y ante el cardenal Arbórea en Roma. Enzina 
secullarizó el drama religioso medieval, los misterios, los juegos de 
escarnios y las moralidades, de las que sólo se conserva el recuer- 
do en la literatura castellana. Enzina emplea en sus obras dramá- 
ticas, fácilmente dialogadas y de sencillo aparato escénico, un voca- 
bulario especial que algunos han llamado dialecto sayagués, por la 
comarca de Sayago, pero que, según opina Menéndez y Pelayo, es 
"una jerigonza ¡literaria convencional!", puesta por los poetas cuE- 
tos en boca de pastores y gente de baja condición. Dos maneras 
pueden distinguirse en lias piezas dramáticas de Juan d)el Enzina. De 
la primera manera, la más sencilla y elemental, son sus églogas 
— nombre que él usa por vez primera en castellano, y que denota 
la influencia virgi'liana^ de la Pasión y la Resurrección, diálogos 
sencillos y fríos; spií. inferiores a das églogas de la Navidad, donde 
el asunto se presta a más aiegría y se da mayor importancia al ele- 
mento pastoril. 

En ql Auto del Repelan dos, pastores, Piernicuierto y Juan JRara- 
más, .cuentan cómo unos estudiantes los repelaron y íes hicieron 
otras burfas; tiene pasajes sumamente groseros y aun repugnantes. 
En las dos églogas de la noche de Antruejo se dramatiza ^^l(;t^;í^7 
de la ba/talla entre dop .gaífjaJit^ ^gña Cuaresma, terminando coa 
un himno báquico: .o^j ,,i^^„;,, .^^^^, 



"írCAS FERNÁNDEZ 259 

Hoy comamos y bebamos, embutamos^ estos panchos, 

y cantemos y holguemos, recalquemos el pellejo, 

que mañana ayunaremos. Que costumbre es de concejo 

Por honra de Sant Antruejo que todos hoy nos hartemos, 

parémonos hoy bien anchos, que mañana ayunaremos. 

En las de Mingo, Gil y Pascuala encontramos un esbozo de la 
verdadera comedia, por su artificio en presentar el contraste entre 
4a vida campesina y la cortesana ; parece que Lope de Vega !as 
tuvo presentes en Los prados de León, y tienen la novedad de que 
.aC villancico se añade el baile, por lo cual Barbieri Jas conside- 
raba como el germen de la zarzuela. La representación sin títuflo 
ante d príncipe don Juan comienza con un soliloquio, en el cual el 
Amor canta su poderío (como después do haría el Aminta del Tasso) 
■con reminiscencias deil Diálogo de Cota: 

Prende mi yerba do llega, mis artes, fuerzas e mañas, 

y en llegando al corazón, e mis sañas, 

la vista de la razón mis bravezas, mis enojos, 

luego ciega. cuando encaran a los ojos 

^li guerra nunca sosiega; luego enclavan las entrañas. 

En la segunda manera, dramáticamente la más compleja. En- 
zina se muesíra influido, más que por las pocas comedias italianas 
hasta su época conocidas, por la Cárcel de Amor y sobre todo por 
lia Celestina. La égloga de Fileno, Zambardo y Cardonio cuenta como 
Fileno, enamorado de Cefira y por ella desdeñado, narra sus i>enas 
a Zambardo y Cardonio, y como ellos no le dan remedio, se sui- 
cida. La farsa de Plácida y Vitoriano, alabada por Juan de Valdés. 
expone dos amores de Plácida por aquél, viéndose en ella, junto 
•con una Vigilia de la enamorada muerta, parodia die las preces por 
los difuntos, magníficos monólogos, en que Plácida expone la pa- 
sión de los celos. 

Cúmplase lo que Dios quiera; los juramentos que hacía 

venga ya la muerte mía, por me haber ! 

si le place que yo muera. ¡ Oh maldita la mujer 

¡Oh quién le viera e oyera que en juras de hombres fía!... 

En Cristina y Febea es protagonista "un ermitaño a quien el 
dios Amor hace ahorcar los hábitos, tentándole con la hermosura 
•de una ninfa". 

45. Luc.\s Fernández. — ^Eil primer discípulo e imitador de Juan 
deü Enzína es Lucas Fernández, natural de Salamanca, que impri- 
mió sus farsas en 1514 y que en 1535 era catedrático de música en 



25o LITERATURA ESPAÑOLA 

SU Universidad, intervitiiendo en la reforma de los estatutos publi- 
cados en 14 de octubre de aquel año. Se conservan seis farsas y églo- 
gas suyas a modo pastoril y castellano, más un Diálogo para can- 
tar. En tres de ellas, de asunto profano, se cuentan los amores de 
Bras Gil y de Beringuella, de una Doncella y un Caballero, de Prá- 
bos y Antona. Las otras son de carácter reíligioso : una relativa al 
Nacimiento de Jesús; otra, la más interesante, el Auto de la Pasión, 
en que San Pedro se ilamenta haber negado a Cristo; San Dionisio 
cuenta al autor líos cataclismos de lia naturaleza; después San Ma- 
teo exipone la Pasión y Muerte, interviniendo al fin el Profeta de ios 
Trenos y ilas tres Marías. Es notable este auto por su sencilla pie- 
dad y ddicado sentimiento, pudiendo competir las lamentaciones del 
Príncipe de los Apóstoles con otras semejantes del siglo xvii, por 
ejemplo, con una del maestro Valdivielso. Se distingue por la pin^ 
tura de costumbres villanescas y dos donaires de ermitaños y san- 
teros. 

46. La "Celestina. — Oscuros problemas relativos al texto y al 
autor presenta esta obra extraordinaria. En cuanto al texto, 
parece que la edición más antigua conocida es la de Burgos, 1499; 
en su redacción definitiva consta de veintiún actos, y en algunas de 
las ediciones que siguieron a la citada se lee un acto más, el de Traso, 
que desapareció después, con razón, por ser un agregado extraño, 
postizo y de todo punto inútil. 

En cuanto al autor, unos versos acrósticos, que van al prin- 
cipio de la obra, afirman que el bachiller Fernando de Rojas, na- 
cido de la Puebla de Montalbán, es autor de los veinte actos últi- 
mos. Se dice también que el bachiller Rojas, estudiante de Jurispru- 
dencia en Salamanca, conoció d primer acto de la obra, que corría 
manuscrito entne los escolares, atribuido por unos a Juan d(e Mena 
y por otros a Rodrigo de Cota; que Rojas continuó y terminó la 
obra, escribiendo ílos veinte últimos actos en quince días de vaca- 
ciones. 

Menéndez y Pelayo entiende que la a/tribución del acto primero a- 
Mena es absurda e inverosímil, porque éste fué, en su tiempo y dentro ■ 
de su escuda, buen poeta, pero desdichado prosista, como se ve en 
su compendio de la Uvada de Homero y en los comentarios que 
compuso a su poema la Coronación, plagados de latinismos, de ar- 
tificios y de hipérbaton, y careciendo totailmente de la: soltura, na- 
turalidad y gracia, tan admirables en el primer acto y en ios demás 
de la Celestina. En cuanto a Cota, sólo conocemos de él una bellí- 
sima poesía, el Diálogo entre el Amor y un viejo, que, además d)e 
estar en verso, se distingue por sus bellezas (líricas, mientras que las, 



LA CELESTINA 201 

Nde 'la Celestina (obra en prosa) son dramáticas: no cabe, por tanto, 
una comparación justificada. 

Por otra parte, es increíble que en solos quince días de vacacio- 
nes (en que muy difícilmente habría espacio materiatt para una 
copia), un estudiante, por muchos que fueran sus conocimientos 
V lectura, con la inexperiencia de la vida propia de da juventud, 
pudiera escribir los veinte actos úlltimos, ya que la Celestina es 
obra tan perfecta y meditada que no parece posible su composición 
sino con mucho estudio, tiempo y reposo. Agregúese que, si se ex- 
ceptúan los preliminares de üa obra, en ningiín autor contemporá- 
neo se ve la noticia de que el acto primero sea obra de distinto 
autor que los restantes; y nótese además ila igualdad de estilo 
en todos los actos de la Celestina, do mismo en lo trágico que en 
lo cómico, io mismo en lo sentimental que en lo apaciblle; y aún 
más importancia que todo esto tiene "la admirable unidad de pen- 
samiento que en toda la obra campea, la constancia y fijeza en el 
trazado de los caracteres, el desarrollo lógico y gradual de la fá- 
bufla y el dominio y señorío con que el bachiller Rojas se mueve 
dentro de ella, no como quien continúa obra ajena sino como quien 
dispone (libremente de cosa propia. Sería ed más extraordinario de 
los milagros literarios y aun psicológicos el que un continuador 
llegase a penetrar de tal modo en la concepción ajena y a identi- 
ficarse de tal suerte con el espíritu defl primitivo autor y con los 
tipos humanos que él había creado. No conocemos composición ail- 
guna donde tal prodigio se verifique...; siempre en manos del con- 
tinuador pierden los tipos aligo de su valor y pureza primitivos, y re- 
sultan llánguidos y descoloridos o recargados y caricaturescos. Tal 
■acontece con el faJso Quijote de Avellaneda, tal con efl segundo Guz- 
mán de Alfarache de Mateo Lujan de Sayavedra, taú con las dos 
continuaciones defl Lazarillo ' de Tormes. Pero ¿ quién será capaz 
de notar diferencia alguna entre el Calixto, la Celestina, el Sempro- 
nio o &\ Parmeno del primer acto y los personajes que con iguales 
nombres figuran en ilos actos siguientes?" (M. P.) La única di- 
ferencia que existe eriítre el primer acto y los otros es la de que 
aquél es visiblemente mucho más extenso que cualquiera de los res- 
tantes; pero esto se exp/lica por la exposición del asunto, que es- 
tá todo él en germen en el primer acto. 

Por consiguiente, creemos que toda la Celestina o Tragicomedia 
<ie Calixto y Melibea es obra de un sollo autor: el bachiller Fernan- 
•do de Rojas. 

El asunto lo expone así el mismo autor en los argumentos: "Entran- 
•do Calixto, de noble linaje, de claro ingenio, en una huerta, en segui- 
rmiento de un falcón suyo, halló allí a Melibea, mujer moza muy ge- 



202 • LITERATURA ESPAÑOLA 

nerosa, de alta y serenísima sangre, una sola heredera a su padre Pie- 
berio y su muy amada; de cuyo amor preso [Calixto], comenzóla de ha- 
blar; de la cual muy rigurosamente despedido fué para su casa muy 
angustiado, y habló con un criado suyo, llamado Sempronio, el cual,. 
después de muchas razones, le enderezó a una vieja llamada Celestina,, 
en cuya casa tenía el mismo criado una enamorada llamada Elicia." 
Celestina, con apariencias de buhonera, logra entrar en casa de Meli- 
bea, y consigue amansar la esquivez que al principio siente la donceHa 
por su pretendiente, concluyendo por enamorarse de él : Sempronio y 
Parmeno, criados y confidentes de Calixto, visitan a sus enamoradas, 
pupilas de Celestina, y traman con ésta el explotar la pasión de su amo. 
"Llegada la media noche, Calixto y Sempronio y Parmeno, armados, van 
a casa de Melibea: Lucrecia (su criada) y Melibea están cabe la puerta 
aguardando a Calixto... apártase Lucrecia: habíanse por entre las puer- 
tas Melibea y Calixto (XII). — iCalixto, yendo con Josía y Tristán al 
huerto... a visitar a Melibea, que le estaba esperando, estando dentro^ 
del huerto con Melibea... oyendo Calixto ruido, quiso salir fuera; la 
cual salida fué causa que sus días feneciesen [cayendo de la escala 
que había puesto para penetrar en el jardín] (XIX). — Lucrecia llama 
a la puerta de la cámara de Pleberio ; pregúntale Pleberio lo que quie- 
re; Lucrecia le da priesa que vaya a ver a su hija Melibea. Levantado 
Pleberio, va a la cámara de Melibea. Comienza preguntándole qué mal' 
tiene. Finge Melibea dolor de corazón. Envía a su padre por algunos 
instrumentos músicos: suben ella y Lucrecia en una torre: envía de 
sí a Lucrecia. Cierra tras sí la puerta. Llégase su padre al pie de la 
torre, descúbrele Melibea todo el negocio que había pasado: en fin, dé- 
jase caer de la torre abajo (XX). — Pleberio torna a su cámara con 
grandísimo llanto; pregúntale Alisa, su mujer, la causa de tan súbito 
mal; cuéntale la muerte de su hija Melibea, mostrándole el cuerpo della,. 
todo hecho pedazos, y haciendo su llanto, concluye." 

En cuanto a los antecedentes de esta obra, se encuentran en cier- 
tos personajes de ia comedia latina, y particularmente los criadcs^ 
de 'Calixto y Jas protegidas de Ceilestina tienen evidente relación, 
hasta en los nombres, con los personajes de esta clase de las 
comedias de Plauto y Terencio. Eli tipo de tercera se ve ya en 
Tibullo, en la vieja que pinta, unas veces alabándola y vituperándola 
otras. Desciende la Celestina de la vieja Dipsas, de Ovidio, y de un 
tipo análogo que se ve en una comedia latina irrepresentable, del 
siglo XII, obra probablemente de ailgún monje que se ocultó co;i 
el pseudónimo de Panfilo Mauriliano ; esta comedia, titulada De Ve- 
tula unas veces, y otras Pamphilus, de amore, trata de la pasión, 
de los jóvenes Panfilo y Gaílatea, llevada a término por interven- 
ción de una vieja (la V\etida) y terminando fla obra con la apari- 
ción de la diosa Venus. 

Esta comedia de Panfilo fué imitada en verso por el Arcipres- 



BIBLIOGRAFÍA 263 

te de Hita en el episbSTo de don Meíón de la Huerta y doña En-v 
drina de Caflatayud, y en dichos (personajes y en d de Trotacon- 
ventos se observa un esbozo de (los más dielineados del Bachiller 
Rojas. Además éste conocía el Corvacho o Reprobación del amor 
mundano o Libro de los vicios de tus mal<¡s mujeres y complisionés[ 
de los hombres, obra que compuso Alfonso Martínez, arcipres;te de 
Talavera, en tiempo de don Juan H, que "con apariencias graves y 
morales, es en el fondo una sátira y una galería de cuadros de cos- 
tumbres trazados con mucha ligereza y brío y con extraordinaria 
abundancia de picantes donaires y de modos de decir felices y ex- 
presivos; es el único antecedente digno de tenerse en cuenta para 
explicarnos de aJgún modo Ja elaboración de la prosa de la Celesti- 
na''^ ; sobre todo, fué modelo de esta última obra en la aplicación de 
proverbios y refranes y giros de sabor popular, procedimiento cas- 
tizo que más adeíante reaparece en el Quijote. 



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LITERATURA 
CATALANA 



' I. Trovadores. 

2. LULIO. 



3. Cróxicas. 



I Jaime I. 
JDesclot. 
■JMuntaner. 
I Pedro IV. 



4. TURMEDA. 



Rocaberti. 

Jaime Roig. 
5. Poetas de la ES-jCodolada. 
CUELA italiana... I Jordi de San Jordi. 

Ausías ^larch. 

Ruiz de Corella. 

Meitge : Valter y Griselda.- 

Curial y Guelfa. 
1 Profano. 
^Misterio de Elche. 



6. XoVEL.Aé. 



'7. Teatro. 



CAPITULO IX 

Literatura catalana. 

I. Las primeras manifestaciones de la literatura catailana pare- 
cen hallarse en ilos sermones predicados en lengua vulgar, acaso 
desde d sigilo x, y de líos cuales son muestra las Homilies d'Or- 
ganyá. 

Trovadores. — ^.\ mediados del siglo xii, con Berenguer de Paflol 
(1136-1170) florece ya en Cataluña la poesía de los trovadores si-- 
guiendo los modelos provenzaies de la escuela de Tollosa. Llamá- 
base trovador al poeta, a veces de 'alta jerarquía social, que com- 
ponía la letra y la música de sus canciones, a diferencia del juglar, 
que era el que cantaba poesías ajenas. Formábase ed trovador en 
la imitación y en la práctica (ios tratados gramaticales son de 
época muy posterior) y recorría "las cortes feudales, donde se cele- 
braban fiestas llamadas puys y probablemente las Cortes de amor, 
tan decantadas íuego. Las poesías de los trovadores están anima- 
das del ideal caballeresco; pero lia práctica no parece haber estado- 



208 LITERATURA ESPAÑOLA 

•<Íe acuerdo con las canciones, por lo menos en lo referente al id^e 
caballeresco del amor, que no era tan puro y espirituail en la vi( 
como los versos harían suponer, y en la religiosidad, que resi 
taba harto débil a veces; en cambio parece que eran siempre ma 
-tenidos d valor y ei" pundonor militar y el desprendimiento. 

Las cualidades de esta poesía eran la originalidad, la rique 
■<le sus géneros, la belleza de sus formas y su armonía musical ; pe 
le faltaba el valor morad; sus ideas eran limitadas; sus asunte 
convencionales, como si tendieran los poetas a una vida aparte < 
la re^l. Es e)l primer modelo dd género cortesano, de donde fác 
mente nacen la afectación y la oscuridad y el agotamiento. 

Entre las principales formas adoptadas por esta poesía mer 
cen citarse: la canción {chansó, chansoneta) de rimas complicadí 
■ con una media -estrofa de final llamada tornada; el serventesio, cm 
no amatoria, de asunto moral o pdlítico, casi siempre satírica; 
tensión (tensos), controversia entre dos trovadores en lia misr 
rima; la prezicanza (sermón moral); ol descort y otras formas i 
la lírica popular: alba, serena, .pastorela, vaquera, balada, -etc. 

Muchos fueron los trovadores provenzales que anduvieron p 
la Penínsulla, tales como Marcabrú, Bertrán de Born, Gavaud; 
el Viejo, Ramón de Miraval, etc. Entre los catalanes que siguiere 
sus huellas son dignos de mención: Guiraldo de Oabrera (vivía < 
1208-28), que muestra conocer los cantares caiflovingios y las n 
velas en verso del ciclo bretón; Hiugo de Maitaplana, que asist 
a la batalla de las Navas (12 12) y fué meoenas de Ramón Vidal < 
Bezandún (Besallú), considerado por Milá como el Capmany, 
mejor como los Argensolas de su época, notable en sus compoí 
clones Abril y Unes noves, autor de Ja Dreita manera de trobi 
(introducción gramatical del arte trovadoresco), y el primero qi 
emplea la voz lemosín; Serverí de Gerona (época de Jaime I), tr 
vador profesional fecundo, inclinado al género moral y didáctici 
Amaneo des Escás (época de Pedro III), autor de dos instrucción 
a un donaél y a una doncdla dándoles normas para su vida, y ta; 
tos otros. 

En el sigilo xiv se escriben diversas artes poéticas. tratad( 
del gay saber: Leys d'Amor, de Guillermo Molinier (1356), el cor 
pendió que de ellas hizo Castelnou, y otras varias, que dieron lug; 
a la lescuida semiprovenzal de los catalanes, que tuvo su complí 
mentó en el Consistorio de la gaya ciencia por Jaime March y Lu 
<i'Aversó (1387-96), con la protección de don Juan I, proteccic 
que luego siguieron dispensánddle los reyes don Martín y don Fe 
nando el de Antequera. La escuela nacida de ila influencia itali; 
na da fin a ¡la escuela de los trovadores. 



LULIO. CRÓNICAS 269 

2. La Ikeratura catailana ailcanza ya su apogeo con Raimundo 
LuLio (1235-1315), natural de Palma de Mallorca, conocido por él 
título de Doctor Iluminado. Absorbido por la vida mundana, se 
cuenta que en cierta ocasión entró montado a caballo en la iglesia 
en Santa Euflalia, siguiendo a una d*ama llamada Ambrosia o Leo- 
nor dtel Gástelo, la cual, para contenerlo, hubo de mostrarle su 
seno devorado por un cáncer. Lulio se convirtió; abandonó su 
mujer y su casa y entregóse a da penitencia. Dedicó sus esfuerzos 
a predicar a judíos y musulmanes, creó un coílegio de (lenguas orien- 
tales en Miramar (1275) y otro en Roma; viajó por el Norte de 
África, por Siria y Palestina; explicó en París contra los averroís- 
tas (1309), fué martirizado en Bujía (1314) y murió en 1315. En 
Baleares se le venera conno Santo, y el Papa Pío IX lo beatificó. 

Lulio escribió multitud de obras. En Lógica son nctaWes d Ars 
niagna y el Arhor scientiae, iiustrado con apólogos, donde emplea 
como símbolo un árbol. Tiene muchos tratados de polémica filosó- 
fica y teológica. Entre sus poesías, muchas didácticas, merecen ci- 
tarse las líricas del Plant de nostra dona; Lo Cant de Ramón, y, so- 
bre todo> el hermoso poema lírico didáctico del DesconorL Entre 
sus libros en prosa se destacan : el Libre del gentil e ios tres sahis, 
con influencia del Barlaam o del Cticary; él Libre del Orde de 
Cavaylcria, imitado por don Juan Manuel y por lél autor del Tirant; 
el Libro felix de les maravelles del mon, encidlopédico y de gran 
interés para la novelística; y sobre todo el Blanqucrna, especie de 
novela utópica, donde se da doctrina para los diversos estados: 
inatrimoniail, religioso, eremítico, etc. En este íibro está intercala- 
do el Cántico del amigo y del amado, ''joya de nuestra poesía mís- 
tica, digna de ponerse al lado de los angélicos cantos de San Juan 
de la Cruz" (M. P.). Las doctrinas filosóficas de Lulio formaron 
escuela, que perduró ñargo tiempo. Se caracterizan, según Menén- 
dez y Pelayo, por el empleo de la alegoría, del apólogo y de las re- 
presentaciones gráficas en forma de árboles y círculos. Hoy, des- 
pués de las investigaciones de los señores Ribera y Asín, no cabe 
dudar que estas formas, junto con muchas ideas, las tomó Lulio 
de los místicos musulmanes (sufíes), sobre todo del murciano Abe- 
narabi (es característico el libro Els cent nonis de Deu) ; así como 
el Calila le sirvió para el Libre de les besties, y las colecciones 
de apólogos orientales las utiílizó ampliamente. 

3. La prosa histórica, que ya se manifiesta en la traducción 
de la Crónica de Jiménez de Rada por Pere Ribera de Parpejá (1267), 
adquiere su máximo desarrollo en las grandes obras históricas. 
La Crónica de Jaime I es casi seguro que no sea obra personal 



270 LITERATURA ESPAÑOLA 

.suya sino que él 'k inspiró a algún secretario. Trata, en cuatro 
partes, de la vida d'eil Rey, hasta la conquista de Mallorca, la de 
Valencia y Murcia y ilos úatimos años del Mooiarca. Son exactos 
sus juiíaios de los contemporáneos; sus recuerdos personales de las 
cami^añas le dan un carácter "romántico y sensual, irónico y de- 
voto". 

Bernardo Desclot escribió, acaso hacia 1300, la Crónica de Pc- 
■ dro III y síis antepasados. Abarca Ja historia de Cataluña desde 
Rjamón Berenguier IV hasta ila muerte de Pedro III. Es, según 
Mlassó, el cronista modelo de la Edad Media; concibe la historia 
ail modo objetivo moderno. Relata exactamente, en estilo severo 
y elevado, los hechos, dlejándoiles hablar en puesto del cronista. 
Es excepcional su imparciallidad. Ramón Muntaner (1265-1336), 
colaborador de Roger de Fllor en la expedición a Oriente (asistió 
a la brillante defensa de Gallípoli), escribió, en forma de autobio- 
.grafia o memorias militares, la Crónica de Jaime I, que compren- 
de no sollo el reinado de este Monarca sino dos de sus sucesores 
hasta AJlfonso IV (1327). Es interesantísima esta Crónica para co- 
nocer lia célebre expedición contra los turcos y griegos; refleja 

• el entusiasmo del autor ante los hechos narrados en dos cuales in- 
tervino o de los que tuvo referencia de testigo presencian. Es obra 

-de tendencia épica y el autor es aficionado a los detalles pintores- 
cos. Su estillo es cilaro, transparente y animado. Fué utilizada por 
Moneada en su Expedición de los catalanes y aragoneses. 

La Crónica de Pedro IV no parece obra personal suya sino de 
su secretario Bernardo Descoll, por inspiración dd Rey. Abarca 
de 1319 a 1366. En cambio casi se puede afirmar que es obra del 
Rey Ceremonioso la Crónica de San Juan de la Peña o Pinatensc, 

• que trata de los orígenes de Aragón y Cataluña. A más de las histo- 
rias generales, utilizó su autor algunas tradiciones populares, como, 
por ejempflo, la de La campana de Huesca. 

4. Curioso ejemplar de la historia iliteraria nos ofrece fra}- 
Anselmo de Turmbda, iTuallorquín, de mediados dell sigilo xiv; es- 
tudió en Lérida y en Bolonia, fué de la orden de Menores, pasó 
a Túnez y apostató, tomando el nombre de Abdalá, y ejerciendo 
el cargo de intérprete (truchimán); murió en 1420, en olor de san- 
tidad, entre los moros. En el mundo musulmán es todavía emplea- 
do su tratado de polémica contra los cristianos, inspirado en Aben- 
házam de Córdoba; pero su obra más importante, escrita en cata- 
lán y conservada en su versión francesa, es La disputa del asno 
contra fray Anselmo de Turmeda. Es una fábula zoológica muy 
atractiva, en que se discute de la superioridad del hombre con res- 



ROCABEíiTI. KOIG. MOSEN JORDI 27J,_ 

pecto a /los animales, en una asamblea en que el asno — represen- 
tante de éstos — rebate las razones alegadas por Turraeda — en 
nombre de 'Ja huimanidad — : En una de las pruebas se intercalan 
varios cuentos bocachescos para probar <jue los frailes cometen los 
siete pecados capitales. Es este libro una traducción 'literal de la 
disputa de flos animales contra «1 hombre, contenida en la enciclo- 
pedia árabe de los ''Hermanos de ila pureza" (sigilo x). Turmeda, 
pllagiario y aipóstata, tuvo la habilidad de hacerse pasar por ori- 
ginal y fué considerado como santo «ntre dos musulmanes y entre 
Jos cristianos. Su colección de máximas morales en catalán ha ser- 
vido de libro de enseñanza en las escueilas de Cataluña hasta muy 
«ntrado el siglo xix, 

5. A la escuela de Jos trovadores sucedió en el siglo xv otra 
de brillantes poetas, inspirados en los modelos italianos. 

Hugo Bernat de Rocaberti (vivía en 1461) compuso una Come- 
dia de la gloria de amor, de influencia dantesca. Se describe en ella 
d viaje por un valle donde se ven varios amantes célebres, así de la 
antigüedad como itaJianos, franceses y un catalán, el Príncipe die 
Viana. 

Jaume Roig, valenciano, medico de doña ]^laría, mujer de Al- 
.fonso V, que figura en el libro de Obres y trabes (1474), escribió su 
Libre de Consells, fingida vida del autor, en tono satírico. Cuenta 
cómo desde niño hubo de ganarse la vida, y sirvió en cierta oca- 
sión a un capitán de bandoleros; cómo luego vivió en París, donde 
vio ahorcar a varias mujeres por su mala conducta; cómo se casó 
•cuatro veces, siempre con deplorable resultado, por las condiciones 
de sus mujeres. Censura vivamente al sexo femenino, describien- 
do sus defectos, modas y arterías de modo quie recuerda al Ar- 
cipreste de Talavera. La sátira de Roig es graciosa, y su expresión, 
fácil y abundante. Milá dice que el Libre des consells fué uno de 
ios modelos de la noveila picaresca. 

Una dirección popular de Ja poesía satírica se había marcado 
en las composiciones llamadas noves rimes y cadolada. Eran aque- 
llas composiciones en estrofas de versos iguales, rimados de dos 
en dos; y ésta, aunque tenía la misma rima (nuestro pareado), se 
componía de versos de desigual número de sílabas. Son ejemplos 
notables, el Spill de Jaume Roig y el Col-loqui de dues dames, 

MosÉN JoRDi DE San Jordi, Camarero de Alfonso V según San- 
tillana, "compuso asaz f ermosas cosas, lias cuales él mismo asonaba : 
ca fué músico excelente'-. Escribió la Pasión de amor influido por 
Petrarca y recopilando varias canciones antiguas. A su muerte 
consagró Santillana el poema Coronación de M. Jordi (1430). 



272 LITERATURA ESPAÑOLA 

También Santillana consideraba como "gran trovador y hom- 
bre de asaz elevado espritu" a Ausías March (i379-I459). caballe- 
ro valenciano, señor ée Beniarjó, casado con doña Isabel Martorell 
y luego con doña Juana Escoma. La mayor parte de sus Cants 
d'amor están dirigidos a una doña Teresa Bou, a quien exalta con 
fervor, aunque a veces se queje de ella con amargura. Cuando ella 
dejó de existir le dedicó sus Cantos de muerte, muy sentidos; por 
ejemplo: 

Aquelles mans I que jamas perdonaren 

han ja romput | lo fil tenint la vida 

de vos que sou | de aquest mon exida, 

segons les fats [ en secret ordenaren... i 

Era devoto de Petrarca y de Dante, y conocía ios poetas proven- -1 
zales, franceses y algún castellano. Su gran cualidad es la since- 
ridad de líos sentimientos que expresa, hasta cuando da una doc- 
trina teórica dd amor. Pero es algo oscuro, no tiene mucha fantasía 
creadora, por lo cual, considerándosele, con razón, como un gran.; 
poeta, no puede decirse que lo sea completo. No influyó mucho en 
el parnaso castellano, que siguió en parte a Petrarca. Fué tra- 
ducido al castellano por Jorge de Montemayor (1579). 

Juan Ruiz de Corella (vivía en 1500) figura en las Obres y tra- 
bes (1474), y es autor de la Tragedia de Caldesa y de una Oraciá 
a la Virgen, de las mejores piezas literarias catalanas. 

6. Bernat Metge, secretario del rey don Martín de Aragón, 
tradujo (1388?) la úlltima historia dc/1 Decamcron de Boccaccio, 
tomándola de ia refundición latina que había hecho el Petrar- 
ca Historia de Valter y Griselda, y es el primer trasunto del De~ 
cameron en España. Es asunto tratado también en los Castigos 
y doctrinas que un sabio daba a sus hijas, en la patraña segunda 
de Timoneda, la Comedia de la Marquesa Salusia de Navarro, y 
en los romances vulgares de Griselda y Gualtero. 

Curial y Guelfa. Novela eróticosentimental, mejor que libro 
de caballerías, obra anónima de fines del siglo xv o prinpicios 
del XVI, escrita en catallán, aunque probablemente de autor fo- 
rasítero. 

El asunto está tomado de una de las Cento novelle antiche (la: 
núm. 61) : Una dama, disgustada con su caballero, le exige, para 
concederle de nuevo su gracia, que cien varones, cien caballeros, 
cien damas y cien doncellas griten a la vez perdón, sin saber a 
quién (lo piden. Eil caballero, gran trovaxlbr, compone una canción. 
y va a cantarla en ei Puis de Nostredame. Los asistentes a la fies- 



MISTEJtJO DE ELCHE 273 

ta repiten Ja palabra perdón que figura en (la trova, y la dania vudve 
a su favor al caballero. 

Se ven en esta novela influencias italianas, sobre todo de la 
Fiammetta de Boccaccio. Aunque ia acción se pone en Monferrato, 
la época es la de Pedro III, e/1 héroe era catalán y se citan muchos 
personajes catalanes de apedlido ilustre. 

7. Bl teatro profano parece que principió en las cantidanzas 
populares de los trovadores (danza, balada). Se sabe de aígunas 
ejecutadas en las coronaciones de AÜfonso IV (1327) y de Martín 
el Humano (1399), precedentes de las representaciones históricoale- 
góricas que abundan en efl siglo xv. Por el nombre — entremesas — se 
ve que debieron ser representados en banquetes de ceremonia — en- 
tre-tnetz — ; pero fueron pronto representaciones ambulantes he- 
chas en carros triunfales o roques. 

Del teatro religioso, de origen litúrgico, como el castellano, 
hay un testimonio de 1380; el Misteri de Sant Estevc de la cate- 
dtaJ de Gerona. En el siglo xv tenemos el Misterio de Elche, lla- 
mado así por representarse todavía en esta ciudad ail mediar agos- 
to. Escrito en catalán, en variedad de metros, se ha discutido su 
fecha, aunque no puede ser posterior a 1492, según Milá, por figu- 
rar en íla obra los judíos, que acaban por convertirse ; y sabido es 
que fueron expulsados en dicho año; ail final, Santo Tomás da ex- 
p^licaciones por su tardanza en llegar, diciendo que las Indias le han 
tenido ocupado; y si este pasaje no es una interpolación, ed diescu- 
brimiento de América debía estar reciente. Bl autor es descono- 
cido, y este antiguo drama religioso trata del Tránsito y Asun- 
ción de i!a \^irgen, que está "fundado en el relato antiguo, aunque 
no canónico, De Transitu Virgini^^ (Milá). Es interesante también 
la parte musical, estudiada por Pedrell. 

Antecedente inmediato de esta obra, según Bonilla San Mar- 
tín, puede considerarse da Representado de la Asumpció de Mado- 
na Santa Maria, descubierta y publicada por el presbítero don Joan 
Pié. Es un verdadero drama litúrgico, y trata del Tránsito y Asun- 
ción de la Virgen, como z\ Misterio de Elche. Está escrita en 
catalán, en verso, y parece obra del siglo xiv y hay en ella mayor 
artificio y complejidad que en el Misterio de Elche: reuniones de 
los judíos, ruego de la Virgen a Jesús de que lia lleve con El; ma- 
quinaciones ¡de Lucifer con los demonios (algunos de los cuales 
se le rebeían) : Jesucristo apaleando a ilos diablos con la cruz; 
traslado del cuerpo dfe 3a Virgen aJl sepulcro por Jos Apóstoles ; ce- 
guera de los judíos que tratan de acercarse ail cadáver de Santa 

18 



274 LITERATURA ESPAÑOLA 

María; recobro de la vista por ellos cuando creen, y ascensión so- 
lemne del alma de la Virgen al Paraíso. 



Literatura aljamiada. 

Escaso fué el desarrollo de la literatura entre los musulmanes 
sometidos a ios cristianos de la Península. Perdido entre ellos d 
uso de la lengua, empleaban, en cambio, los caracteres del alfabeto 
árabe para escribir en los dialectos romances españoCes, a lo cual se 
ha dado el nombre de aljamía. La triste condición social de los mo- 
riscos después de Ja conquista de Granada, cuando se veían obliga- 
dos al bautismo y perseguidos por 'la Inquisición, se refleja clara- 
mente en todos sus escritos. 

La más antigua composición literaria aljamiada es el Poema de 
Yuquf, ya estudiado. (Véase pág. 134.) 

Ail siglo XIV deben reducirse también las Coplas y Poema en ala- 
banza de Mahoma, publicadas por MüUer y Gayangos, escritas en la 
forma de moaxahas o en Ja cuaderna vía. 

Quien quiera buena ventura 
y alcanzar grado de altura 
proponga en la noche escura 
l'aggala sobre Mohamad. 

Después, en los sig'los xvi y xvii, se compusieron muchas obras 
poéticas de carácter apoilogético, mereciendo citarse la Historia ge- 
nealógica de Mahoma, traducción dd árabe, hecha, hacia 1603, en 
romances por Mohamed Rabadán, natural de Rueda del Jalón, aca- 
so el mejor poeta morisco. Al tratar de Azrael, ángel de la muer- 
te, dice : 

Yo soy quien mi nombre temen — cuantos memoran mi nombre, 
desde la más baja tierra — hasta las más altas torres;... 
A todos los hago iguales — a los grandes y menores, 
desde el labrador más bajo— al emperador más noble. 

En las ilibrerías de los moriscos hasta ahora descubiertas, las 
obras más abundantes son las religiosas, de supersticiones y de De- 
recho. Los tratadistas más notables eran: Isa ben Chebir, alfa- 
quí de Segovia, un anónimo Mancebo de Arévalo, remotamente in- 
fluido^ por das doctrinas de Algazel, y un desconocido, refugiado 
en Túnez, autor de los Artículos de la ley mahometana, especie 
de suma teológica musulmana, que muestra ser familiar a su autor 
las novelas y poesías populares de su tiempo, sobre todo de Lope de 
V^ega. 



LITERATURA ALJAMIADA 275 

Pero literariamente los más importantes restos de la aljamía son 
•3as leyendas o cuentos. Versiones de tradiciones en su mayoría ára- 
bes, son Jas aljamiadas en general, narraciones a veces animadas 
de escenas de ila vida de Jesús, de Moisés y, sobre todo, de Ma- 
homa y sus compañeros. En la historia de la doncella Arcayona se 
notan reminiscencias del libro de Apolonio y de la leyenda de Santa 
Genoveva. La leyenda de Temim Addar, transportado a la región 
de los genios, cuya vida narra al volver a la tierra, muestra la ma- 
nera de las Mil y una noches, así como el Hadiz del baño de Zarieb, 
novdlita de amor, considerada de origen cordobés. 

De carácter caballeresco, tradicional y maravilloso son el Ha- 
4iz del alcázar de oro, el Libro de las batallas, el Hadiz de Alí con 
■las cuarenta doncellas y, sobre todo, el Recontamiento del rey Ali- 
xandre, en árabe Dulcarnain (de dos cuernos), narración fabulo- 
sa de la vida de Alejandro Magno, visto a través de las consejas 
y leyendas popullares islámicas. La traducción de la novela pro- 
venzal del siglo xv^ Historia de los amores de París y Viana, es una 
prueba de la influencia de la literatura extranjera en los moriscos 
ilustrados. 

BIBLIOGRAFÍA 

L. Xicolau D'Olwer, Literatura catalana (Barcelona, 1917). Introduc- 
ción o. li Literatura catalana, en Estudio, 1914-1915. A. Morel-Fatio, < n 
•Grundriss der romanischen philologi^, de Gróber (Strasburg, 1890-1904). 
— ^I. Milá y Fontanals, De los trovadores en España (1882). — 2. S. Calmes. 
Vida compendiosa del B. R. L., 1915. Estudis de Bibliografía Luliana, 
igjS. Blnnqnerna (ed. M. Pelayo, 1882), con prólogo. M. Pelayo, Orígenes 
d.? la novela. I, 72. J. Ribera, Orígenes de la filosofía de R. L. (en Home- 
naje u M. Pelayo, II, 191). M. Asín, Abenmasarra, apéndice VI. Histoire 
iittéraire de la France, 29, Paris, 1885. M- Gaya, R. L., en Rev. Conte>n- 
poránea (1900), vol. 119, pág. 617. S. Bové, El sistema científico luliano, 
1 908. — 3. R. Ballester, Fuentes narrativas de la Historia de España (1905). 
,J. Massó y Torrents, Historiographia de Catalunya, en Rev. Hispanique. 
XV, 486-613. — ^4. Ed. Miret y Sans (en Rev. Hispanique, XXiV, 358). Cf. 
M. Asín: El original árabe de la disputa del asno contra Fr. A. de T. (Ma- 
drid, 1914). — 5. Milá, Antichs poetas catalans (Obras, III, 143-240). Ansias, 
«d. Pagés, Barcelona, 1912. Torras y Bagés, Tradició catalana, 1892, 
pág. 533. — 6. Ed. Aguiló, Barcelona, 1883. Cf. M. Pelayo, Oríg. novela TI, 
III. Ed. Rul)ió y Lluch (Barcelona, 1901). Cf. M. Pelayo, Oríg. novela. 
I. 248. — 7. Misterio de Elche. Ed. con letra de F. Pedrell y notas de A. 
Herrera, Madrid, 1905. F. Pedrell, La Festa d' Elche ou le drame lyrique 
l'.tmgique espagnol, Paris, i9<->6. M. Milá, Obras completas (Farcelona, 
1^95). VI, ;í2i y 324. 

Literatura aljamiada'. F. Guillen Robles, Leyendas moriscas, 1885-86,. 
,3 vols. G. Falencia, Algunos mss. árabes y cljamiados de Toledo y Madnd. 
en Miscelánea de estudios y textos árabes, 1915. E. Saavedra, índice ge- 
neral de la literatura aljamiada (Disc. en P. Ac. Esp., 1878). J. Ribera y 
M. Asín, Manuscritos árabes y aljamiados de la Bibl. de la Junta para ani- 
:pliación de estudios, 1912. 



Literatura castellana. 

(ÉPOCA clásica: SICxLOS XVI Y XVIl) 
SERIE DE LOS SOBERANOS DE LA CASA DE AUSTRIA 

-Felipe I el Her- Carlos I '^^'^-iSS^^ 

nwso 1504-1506 Felipe II 1556-159B 

Regencias de don Felipe III 1598-1621 

Fernando y de Felipe IV 1621-1665 

Cisneros 1506-1517 Carlos II 1665-170C 

HECHOS NOTABLES DE ESTE PERIODO 

1504. Conquista de Ñapóles y Sicilia. 

1506. Cisneros funda la Universidad de Akalá. 

1509. Conquista de Oran. 

151 1. Establecimiento del Consejo de Indias. 

1512. \Qonquista de Navarra. 

1 5 14- 17. Biblia Políglota Complutense. 

15 17. Carlos V llega a España. 

1519. Calilos V es elegido emperador de Alemania. 

1519-1521. Conquisita de Méjico. Batalla de Tabasco (1519) y de- 

O'tumba (1520). 
1 520-1 522. Viaje alrededor del mundo de Magallanes y Del Cano. 
1 521. Guerra de las Comunidades (Villa'lar). 

1521. Cartlos V convoca la dieta de Worms, en la que expuso sus- 

doctrinas Lutero. 

1522. Fin de las Germanías de Valencia, 

1525. Batalla de Pavía: cautiverio de Francisco I. 

1527. Asallito y saqueo de Roma y muerte del Condestable de Bor- 

bón. 
1527. Asamblea de Valladoilid para examinar las doctrinas de 

Erasmo. 
153T-1541. Conquistas del Perú y de Chile. 

1535. Toma de Túnez. 

1536. Muerte de Erasmo en Basilea. 

1539. Muere Fernando Colón, hijo de Cristóbal, legando la famosa 
Biblioteca Cdlomibina ai Cabildo de la Catedral de Sevilla^ 



HECHOS NOTABLES 277 

3540. Fundación de la Compañía de Jesús. 
1545. Concilio de Trento (duró diez y ocho años). 

1545. Fundación del Archivo de Simancas. 
1 545- 1 568. El príncipe don Carlos. 

1 545- 1 578. Don Juan de Austria, hijo de Carlos V. 

1546. Primer índice generail expurgatorio. 

J547. Batalla de Mühlberg (•entre Carlos V y el elector de Sajo- 
rna). 

1553. Suplicio de Miguel Servet en Ginebra por Calvino. 

1554. índice expurgatorio del inquisidbr Valdés. 

J556. Abdicación de Carlos V, su retirada (1556-58) a Yuste. 

1557-1559. Guerra de Francia. Batalla de San Quintín (1557-1559). 
Tratado de Cháteau-Cambresis. 

J560. Feílipe II traslada la Corte a Madrid. 

1563. Se coleccionan las leyes de Indias por don Luis de Ve- 
lasco, virrey de Nueva España. 

1567-1584. Fundación de la Biblioteca de Itl Escorial. 

J567. Nueva Recopilación. 

1568-1570. Sublevación de los moriscos de ías Alpujarras. 

1 57 1. Batalla de Lepanto. 

J572. Biblia Políglota de Amberes (Arias Montano). 

1578. Desastre de Alcazarquivir (don Sebastián de Portugal es ven- 
cido y muerto por üos moros). 

J580. Batalla de .Alicántara (B'elipe II y los portugueses). Anexión 
de Portugal. 

j 585- 1 598. Guerra desgraciada con Francia. 

J587. Incursión en Cádiz dd corsario inglés Drake. Este muere 
frente a Porto-Bello (cerca de Panamá) : 1596. 

Í1588. Destrucción de la Armada Invencible. 

1590. Huida de Antonio Pérez a Zaragoza y Francia. 

1591. Fundación de la Academia de los Nocturnos (Valencia). 
1595. Superchería de los plomos del Sacro-Monte de Granada. 
i6oo. Batalla de Neuport o de las Dunas (Mauricio de Nassau 

derrota al archiduque Alberto). 
1609. Expulsión de los moriscos. 

1617. Fundación de Jas Escuelas Pías de San José de Calasanz. 
1621. Guerra desgraciada contra los Países Bajos. 

1634. Españolles y austríacos vencen en Nordlingen. 

1635. Guerra desgraciada contra Francia. 
1640. Sublevación de Portugal y de Cataluña. 

1643. Batalla de Rocroy (Conde vence al Conde de Fuentes). 
1648. Paz de Westfalia. Felipe IV reconoce la independencia de 
Holanda. 



278 LITERATURA ESPAÑOLA 

1659. Tratado de los Pirineos. Felipe IV cede a Luis XIV ©1 Rose- 
llón y parte de la Cerdaña. 

1667. Francia ocupa los Países Bajos. 

1668. Tratado de Aix-la-'ChapeJle. 

1678. Paz de Nimega. España pierde el Franco Condado y 13 ciu-^ 
dades de Plandes. 

1688- 1697. Guerra con Francia. 

1697. Tratado de Ryswick, Luis XIV restituye sus conquistas a 
Carlos II para ganar su afecto en cuanto a designación de- 
sucesor, 

1700. Muerte de Carlos II de Austria: en su testamento nombra 
heredero a Felipe V de Borbón. 



A. Preliminares 
SIGLO XVI 



del' 



o 



_, ;rt 



B. Poesía narr.ativa.' 



Introducción de la imprenta en España. 

Traductores de clásicos latinos y griegos. 

El Renacimiento: los humanistas españoles. 

Lebrija. 

Relaciones entre España e Italia. 

La Políglota Complutense. 

Erasmo y los erasmistas españoles. 

Alonso Hernández: Historia Parthenopea. 

Juan de la Cueva: Conquista de la Bética. 

Barahona de Soto: Lágrimas de Angélica. 

Luis Zapata : Cario famoso- 

Juan Rufo: La Austriada. 

Ercilla: La Araucana; sus continuaciones. 

(Pedro de Oña, Santisteban, Osorio.) 
Juan de Castellanos: Elegías de varones 

Ilustres de Indias. 
Viirués: El Monserrate. 
Cervantes: Viaje del Parnaso. 
Pedro Espinosa : Fábida del Genil. 

I Hermosura de Angélica. 
Jeriisalem conquistada. 
Dragontea. 
I Corona trágica. 
' Isidro. 
í Circe. 
'.Andrómeda. 
[Filomena. 

Burlesca I Gatomaquia. 

Arte nuevo de hacer co- 
medias' 
Laurel de Apolo. 
Isagoge a los estudios 
de la Compañía. 
Valdivielso: Vida de San José; Romancero 

espiritual. 
Luis de Ribera : Lágrimas de San Pedro. 
\'Hla\-iciosa : Mosquea- 
Arjona: Tebaida. 
Hojeda: La Cristiada. 
Acevedo: La creación del mundo. 
Cristóbal de Mesa. 
Balbuena: El Bernardo. 
Marcelo Díaz Callecerrada: Endimión. 
Trillo y Figueroa : Neapolisea. 
Romances artísticos. 



Propiamente 
n,arrativas...| 



Lope 
^^ Mitológicas 

Vega.) 



Didácticas.. 



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'55 le. Poesía lírica 


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Traosacción... 



Boscán. 
I Garcilaso de la Vega. 
I Hernando de Acuña. 

a) Petrarquistas.- Gutierre de Cetina. 

I Francisco de Figueroa, 

I Lomas Cantoral. 

I Sá de Mirainda. 

I Cristóbal de Castillejo. 

(Antonio de Villegas. 

b) Tradicio4iali.s-]^^g^^^^^ Silvestre. 

""^^ Gálvez de Montalvo. 

Jorge de Montemayor. 
Diego Hurtado de Mendoza. 
Fray Luis de León. 
Malón de Chaide. 

d) Escuela sal- 1 Arias Montano, 
mantina \ Sánchez Brócense. 

Francisco de la Torre. 
i Francisco Medrano. 
^ , jMal-Lara. 

I • po '(Diego Girón. 

Fernando de Herrera 
francisco de Medina 

e) Escuela sevi-p-" ¿Poca. Baltasar del Alcázai 

llana ¡ Céspedes. 

f Pacheco. 

[Juan de Arguijo. 

I Jáuregui. 

., , Rodrigo Caro. 

3.- época. ? j ü- • 

Francisco de Rioja. 

¡Epístola moral de Pal 

\ Pedro de Quirós (?' 

. ,. Romance 

«> ^^^j;^" Letrillas. 

° " Sonetos. 

' 6) Inclinación al mi 

Góngora.\ gusto con restos i 

bueno: sonetos..... 

Paneg'irk 
al Diiqt 
de Lerm 
Polifemo 
\ Soledade. 
Villamediana. 
Jacinto Poflo de Medina. 
Francisco de Trillo y Figueroa. 
Paravicino. 



/) Escuela culte- 
rana 



\-) Ma¿ 
gusto. . . i 



Poesía lírica. 



g) Grupo granadi- 
no y antequerano. 



Luis Barahoam de Soto. 
Pedro Espiíiosa. 
Flores de Poetas ilustres. 
Cristobalina Fernández de 

Alarcón. 
Pedro Soto de Rojas. 
Luis Martín de la Pla¿ci. 
Vicente Espinel. 
Juan de Arjona. 
Gregorio Morillo. 

h) Grupo valen-J Gil Polo. 

ciaiio i Poetas de la Academia de 

los Nocturnos. 



{) Escuela arago- 
nesa 



Lupercio L. de Argensola. 
Bartolomé L. de Argens la. 
Liñán de Riaza. 
Esteban Manuel de Villegas. 
El Príncipe de Squilace. 



Preliminares. 



/) Escuela concep 
tista 



( Ledesma. 
•( Bonilla. 



Quevedo. 
Meló. 

El canónigo Fuster. 
Baltasar Gracián : preceptis- 
ta del conceptismo. 
Manuel de Salinas. 
I Sor Juana Inés de la Cruz. 

/) Poetas madrile-/ Lope de Vega. 

ños (tradiciona- ¡Tirso áe y Cigarral es: teatro. 

les) \ Molina. (Deleitar ap r o v e- 

chando (contra el 
cuSteranismo.) 

Antonio Enríquez Gómez. 

Rebolledo. 

David Alonso de Barros o 

Barrios. 
Cri'Stóba)] Pérez de Herrera. 
Joaquín Se tan ti. 



tu) Prosaísmo. 



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T^ , i a) Época anterior 

Dramática J r t t 

f a J.ope de Vega, 



Torres Naharro. 

Gil Yacente. 

Códice de autos viejos. 

Imiitaciones de La Celestina. 

Castillejo: Farsa Constanza. 

Francisco de las Natas: Comedia 

Tideü. 
Jaime de Hiiete : Tesorina y Vi- 

driana. 
Díaz Tanco de Frexemal : Prefacio 

del Jardín del alma cristiana. 
Hernán López de Yanguas : Farsa 

sacramental en coplas. 
Francisco de Avendaño : Comedia 

Florisea. 
Diego Sánchez de Badajoz: Reco- 
pilación en metro. 
Micael de Carvajal : Tragedia Hu- 
mada Josefina, Auto de las Cor- 
tes de la Muerte (terminado por 
Luis Hurtado de Toledo). 
Perálvarez de Ayllón : Comedia 

Tibalda. 
Juan de París: Farsa. 
Juan de Pedraza: Farsa llamada 
Danza de la muerte. 

Farsa llamada S a l- 
mcintina. 
( ídem id. Custodia del 
hombre. 
Victoria de Cristo. 
Sebastián de Horozco. 
Lope de Rueda. 
Andrés de Prado: Farsa llamada 

Cornelia. 
Luis de Miranda : Comedia pródiga. 
Alonso de la Vega. 
Juan de Timoneda. 
Juan de Mal-Lara. 
Jerónimo Bermúdez. 
Andrés Rey de Artieda. 
Cristóbal de Virués. 
Joaquín Romero d€ Cepeda. 
Migud Sánchez. 
Lupercio Leonardo de Argensota. 



Bartolomé 
Pallan... 



Francásco Agus- 
tín Tárrega. 
o) Dramáti-l Gaspar de Agui- 
cos valen-' lar. 

cíanos ) Ricardo del Turia. 

í Carlos Boyl. 
Guillen <ie Gastro^ 

b) Tres gran-í Lope de Vega, 
des dramá-j Tirso de Molina., 
ticos I Ruiz de Alarcón. 



)[D. Dramática.] 



b) Época de Lope 
de Vega 



c) Dramáti- 
cos de se- 
gundo or- 
den 



d) Dramáti- 
cos de ter- 
cer orden. 



e) 



Entreme- 
sistas. 



Antonio Mira de- 

Amescua. 
Luis V é 1 e z de 

Guevara. 
Juan Pérez de 

Montalbán. 

D a mián Salucio 
del Poyo. 

Alfonso Hurtado' 
de VeJarde. 

Salas Barbadillo.. 

Castillo Soíórza- 
no. 

Mexía de la Cer- 
da. 

Diego Jiménez de 
Enciso. 

FeJipe Godínez. 

Luis de BeJmon- 
te Bermúdez. 

Rodrigo de He- 
rrera. 

Antonio Hurtado 
de Mendoza. 

José de V a 1 d i - 
vielso (autos). 

Cervantes. 
Luis Quiñones de 
Benavente. 



^ ^ i Calderón de 

a)Tresgraii- ^^^^^ 

des drama-/ TI • -y •„ 
j Rojas Zorrilla. 

■■■fMoreto Cabana 



ticos. 



b) Dramáti- 
cos de se 
gundo o r- 
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!c) Época de Cal- 
derón y sus de- 
rivaciones 



c) Dramáti- 
cos de ter- 
cer orden.. 



(/) Decaden- 
c i a de la 
escueila de 
Calderón...' 



Juan de Mat 

Fragoso. 
'Juan Ba u t i s t 

Diamante. 
'Juan de la H 

y Mota. 

Antonio Coello 

Ochoa. 
Jerónimo de Cá 

cer y Velas* 

Francisco An 

nio de Montes 

Amtonio Enríqv 

Gómez. 
Fernando de / 

rate. 
I Cristóbal Moni 

y Silva. 
I Diego y José 

F i g u e r o c 

Córdoba. 
Juan V é 1 e z 

Guevara. 
Antoimo de Se 

y Rivadenei 
Francisco de I. 

va Ramírez 

Arellano. 
Jerónimo de C 

llar. 
Agustín de Sa 

zar y Torre; 
Sor Juana I n 

de la Cruz. 

i Francisco Ban 

Candaimo. 
Antonio de '. 



mora. 



José de Cañiza 



Continuaciones del Amodís- 



d) Caballeresca....! „ , t\ a • 

^ I Palmenncs: Decadencia. 



b). 



c) Pastoril. 



"« E. Novela. 



d) Picaresca. 



jO Hi 



isionca. 



, El Quijote. 

/ El Quijote de Avellaaiedai 



Jorge de Montemayor : 

Diana. 
Continuaciones de la Diana : 

Allonso Pérez, Gil Polo^ 

Texeda, etc. 
Antonio Lofrasso. 
Luis Gal vez de Montalbo. 
Cervantes: La Calatea. 
Lope de Vega: La Arcadia^ 
Otras varias. 

Lazarillo de Tormes y sus 
- continuaciones. 
Mateo Alemán. 
La Pirara Justina. 
Vicente Espinel. 
Quevedo: El Buscón. 
Jerónimo de Alcalá. 
Salas Barhadillo. 
Castillo y Solórzano. 
Céspedes y Mene=es, 
Enríquez Gón>ez. 
Alcaáá y Herrera. 
Estebanillo Gott salea. 
FraiKÍsco Santos. 

I Fray Antonio de Guevara^ 
I \ Historia del Aben- 

( I cerraje y la her- 

I 1 mosa Jarifa. 

1 Ginés Pérez de 

I Morisca./ Hita. 

\ Historia de O emití- 

I y Daraja (en el 

. Guzmán). 

' Historia del cauti- 
vo (Quijote). 



/) Senitimental o , Juan ée Segura, 
atnatoiria / Peregrino y Ginebra. 



bJO 



g) Bizantina. 



< 






[E. Novela. 



/t) Cuentos y no- 
velas cortas. 



Francisco de Vergara: Teágenes y C 

riclea. 
Traducción de Leucipe y Clitofontc. 
Alonso Núñez de Reinoso. 
Jerónimo de Contreras. 
Cervantes: Trabajos de Persiles. 



Traduic- 



Ita- 

íia- 
cíones/ j^,(j 

al, 

Fran- 
cés. 



, B o c c accio : Decamerc 
\ Bandello; Doni; Gu 

ciardini; Giraldi Cint 

Straparola. 

Boystuau y Belleforest 



Pero Mexía: Silva de varia lección. 

Luis Zapata: Miscelánea. 

Mal-Lara: Philosophia vulgar. 

Juan Aragonés. 

Timoneda : Sobremesa y Portacuent 

Sebastián de Horozco. 

Luis de Pinedo: Líber facetiarum. 

Glosas al sermón de Aljubarrota. 

Melchor de Santa Cruz : Floresta cs^ 

ñola. 
Juan Rufo : Apotegmas. 
Julián de Medrano: Silva curiosa. 
Ambrosio de Salazar: Clavellinas. 
Rodomuntadas. 
Sebastián Mey: Fabulario. 
Gaspar Lucas Hidalgo: Diálogos de a\ 

cible entretenimiento. 
Antonio Eslava: Noches de invierno. 
Cervantes: Novelas ejemplares. 
Lope de Vega: Novelas a Marcia Le 
> narda. 
Tirso de Molina: Los tres maridos b 

lados. 
Pedro Espinosa : El perro y la calentu 
Vélez de Guevara: Diablo Cojudo. 
María de Zayas. 
Salas Barbadillo. 
Castillo y Solórzano. 
Francisco Santos, 



b) de Carlos V. 



c) de sucesos par- 
ticulares 



X 



J O campo, 
í Zurita, 
o) Historias gene-J Morales. 

rales Vaseo. 

( Garibay. 
¡Mariana. 
I Comentarios de Carlos V. 

Alonso de Santa Cruz. 

Pedro Mexía. 

Juan Ginés de Sepúlveda. 

Francesillo de Zúñiga. 

Fray Prudencio de Sandoval. 

Italia, j Crónicas del Gran Capitán. 

Guerra de las Co- ,.. , , . , 
, . , , Pedro de Alcocer, 

munidades - 

Moriscos de Gra-, Mendoza. 

nada Mármol. 

Avila V Zúñiga. 
|Flandes y Alema- Bernaídino de Mendoza. 
"•^ Carlos Coloma. 

; Calvete de Estrella. 
j Sepúlveda. 
d) de Felipe II... [Luis Cabrera de Córdoba. 
1 Antonio de Herrera. 
[Baltasar Porreño. 

I Colón. 

1 Mártir de Angflería. 

JHernán Cortés. 

Primitivos Gonzalo Fernández de Oviedo. 

i Bartolomé de Jas Casas. 
iLópez de Gomara. 
jBernal Díaz del Castillo. 

,,... .Cervantes de Salazar. 

M.éiico r 

^ /Bernardino de Sahagun. 

Nuevo Reino L , ^ , „ 

, ^ , Juan de Castellanos, 

de Granada.! 

Venezuela | Aguado. 

ijérez. 

iCieza de León. 

Perú /Zarate. 

¡Sarmiento de Gamboa. 
iGarcilaso el Inca. 
Antonio de Herrera. 



I. 



e) de In- 
dias. 



Particulares 



II. 



Tran- 
sición. 



IH. 



I Generales. 
Qasicista ¡Antonio de Soflís: Méjico. 



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/i) de Ordenes re- 



/) apócrifa j Falsos cronicones. 

Pedro de Rivadeneira : Flos 
Sancforum. 

José de Sigüenza: Vida de San 
g) de Santos ( Jerónimo. 

Í Diego de Yepes : Vida de San- 
ta Teresa. 
Quevedo : Vida de San Pablo y 
de Santo Tomás de Villa- 
nueva. 

Hernando de Castillejo: Donu- 

nicos. 
Jerónimo Román : Agustinos. 
José de Sigüenza: Jerónimos. 

iligiosas ] Tirso de Molina: Mercedarit 

' Diego de Yepes: Benedictin;, . 
Juan de la Cruz : Dominicos» 
Felipe de Sosa : Frailes Menores 

Francisco Cáscales: Murcia. 

\i) de ciudades | Ortiz de Zúñiga: Sevilla. 

f Colmenares : Segovia. 

Rades y Andrada : Ordeni 

Militares. 
\ Argote de Molina : Nobleza r 

j) nobiliaria \ Andalucía. 

Pellicer. 

Juan Lucas Cortés. I 

Luis Salazar y Castro. 

Moneada: Expedición a 

k) de CataJluña I Oriente. 

(Meló: Guerra de Cataluña. 

i Gil González Dávila : F e 1 i- 

/) de reyes j pe HL 

(Céspedes y Meneses : Felipe I\ 

1,,^ -„fr^K..:^ 'c (Alonso de Contreras. 
ni) autobnogranca. ,-. , ^ , 

{ l-'uque de Estrada. 

ÍJuan de Zavaleta. 
Francisco Santos. 
Antonio Liñán y Verdugo; 
Fulgencio Afán de Ribera. 

Preceptiva y críti-l ^"^^ Jerónimo de San José. 

ca histórica ) ^^^^^^'^ ^"tonio. 

(Marqués de Mondéjar. 



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H. MÍSTICA. 



^ G. Ascética. / 



Hernando de Talavera. 
Alejo de Venegas. 
Juan de Avila. 
Fray Luis de Granada. 
Fray Luis de León. 
Malón de Chaide. 
Fray Diego de Estella. 
Alonso de Cabrera. 
Hernando de Zarate. 
Cristóbal de Fonseca. 
Juan de Pineda. 
Pedro de Vega. 
Panes : Escala espiritual. 
Sor María de Agreda. 
Nieremberg. 
Molinos (heterodoxo). 

Santo Tomás de Villanueva. 
Beato Orozco. 
Francisco de Osuna. 
Alonso de Madr'd. 
Santa Teresa de Jesús, 
San Juan de la Cruz. 
Soneto a Cristo Crucificado. 
Fray Juan de los Angeles. 



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León Hebreo: Diálogos de amor. 
El Cortesano (trad. de Boscán). 
Gabriel Alonso de Herrera. 
Palacios Rubios. 
Pérez de Oliva. 
Alfonso de Valdés. 
Juan de Valdés. 
Francisco de Villalobos. 
Fray Antonio de Guevara. 
Monardes. 
Pedro Mexia. 
Cristóbal de Villa'ón. 
Antonio de Torquemada. 
Andrés Laguna. 
Sabuco. 
Simón Abril. 
Didáctica... Huarte de San Juan. 
Arias Montano. 
Pérez de Moya. 
Antonio Pérez. 
Eugenio de Salazar. 
Cipriano de Valera. 
José de Acosta. 
Alonso López Pinciano. 
Refranes. 
Rivadeneira. 
Martín de Roa. 
P. Juan Márquez. 
González de Salas. 
Nieremberg. 
Baltasar Gracián. 
Sor María de Agreda. 
Nicolás Antonio. 



CAPITULO X 
La literatura castellana durante la Casa de Austria. 

INTKODUCCi 'iN 

A fines del siglo xv los estados tienden por irresistible impulso 
y ley de naturaleza a da consolidación y a la unidad, alcanzando 
■en la Europa occidental su forma definitiva las nacionalidades mo- 
'dernas. En cuanto a España, expulsados musulmanes y judíos, fuer- 
te la constitución dei Estado y el poder real, poderoso el prestigio 
•español dentro y fuera de los dominios de Carlos V, pudo muy exac- 
tamente Hernando de Acuña dirigir a este Príncipe su soneto fa- 
moso en que anuncia que ha llegado la hora de "Un monarca, un 
imperio y una espada'*. 

También son factores esenciales, en efl espíritu del siglo xvi y 
del siguiente, ias grandes empresas marítimas y descubrimientos 
■geográficos, iniciados en íla centuria anterior, el espíritu de expan- 
sión, las relaciones más frecuentes cada vez de los pueblos, la reJa- 
-fciva difusión de la cultura en la ciencia, el arte y la industria, mer- 
ced a lias auras del Renacimiento especialmente. 

El descubrimiento de América hace derivar a las nuevas tierras 
'buena parte de fla savia hispana, y las humanitarias leyes de Indias 
prueban ej levantado espíritu de la metrópoli, saliendo al paso de 
todo exceso, en cuanto era posible, como proclama él insigne his- 
-panista norteamericano Lummis; Magallanes y DeH Cano, nuevos ar- 
gonautas, realizan i!a navegación más asombrosa que han conocido 
ios mares, digna de la epopeya; poco antes el genio marinero de 
los portugueses, personificado en Vasco de Gama, dobla el Cabo de 
Buena Esperanza y llega a la India. EJ Mediterráneo, mar interior 
y camine deJ Oriente, teatro continuo de la actividad de los pue- 
blos, ofrece Jos peligros de los piratas de Argel y de los turcos, 
y los episodios de Oran y de Lepanto; y en tierras de Marruecos, 
Ja caída d&I Rey don Sebastián. 

Las relaciones de España con otros pueblos se manifiestan prin- 
-cipalmente por Jo que sigue: con Francia, por la rivalidad de 
Carlos V y Francisco I, por las guerras con los sucesores de éste. 



202 LITERATURA ESPAÑOLA 

por la intervención en Cataluña y por la derrota de Rocroy; con. 
Itailia (donde era poderosísima desde lo'S tiempos de Alfonso V 
de Aragón), por las campañas á&í Gran Capitán, el establecimien- 
to en Ñapóles y Sicilia, Jas luchas con la Santa Sede, efl asalto 
y saqueo de Roma, el concilio de Trento (donde brillaron los espa- 
ñolles), la Santa Liga y la intervención en el Milanesado y en Vene- 
cia; con Portugal, mediante la anexión de este reino a la corona 
de Peilipe II, realizando la unidad del territorio; con Inglaterra,. 
por razón de su protección a los rebeddes de Flandes y Países 
Bajos, por sus depredaciones marítimas, por la expedición de las 
dos Invencibles y por los matrimonios proyectados; con flamencos y 
holandeses, por las luchas en la tierra y en el mar con unos y 
otros por motivos de religión e independencia: y con Alemania, 
por la corona imperial que ciñó Carlos V, y por las luchas e in- 
fluencias luteranas. 

Como era natural, estos y otros hechos se refilejaron de algún, 
modo en laá letras. En Francia llegó a estar en moda la íengua 
castellana; así lo prueban, a más de numerosas traducciones de 
nuestros libros, el que Brantóme y otros intercalasen frases de 
nuestra íengua en sus textos; los libros de Ambrosio de Salazar, 
César Oudin, H. de Luna y otros; las rodomuntadas, y la podero- 
sa influencia de nuestro teatro representado en Corneille, Rotrou, 
Hardy, .Scarron, etc., y de nuestras comedias y novelas en Le- 
sage. En cuanto a Italia, recordemos la significación de Pedro' 
Mártir de Angleria, Lucio Marineo Sícuilo y otros, el movimiento* 
petrarquiista y la. introducción de la métrica italiana; los poemas, 
narrativos, compuestos según el tipo die Ariosto y el Tasso (Baraho- 
na, Lope de Vega, Balbuena, Ercilla, Camoens, etc.); el teatro de- 
Lope de Rueda y Alonso de la Vega, vaciado en troqueles italianos;: 
algo del del Fénix de los Ingenios; las traducciones admirablles de 
algunas obras características italianas, como el Cortesano de Casti- 
gílione, y lia Aminta del Tasso, y los numerosos italianismos que se 
incorporaron a nuestra lengua. 

Respecto a Portugal, basta decir que ya en el Cancionero de 
García de Resende había poesías en una y otra lengua hermanas; 
la difusión y prolongación de nuestros romances; el teatro de 
Gil Vicente, escrito en portugués y en castellano; áos escritores, 
bilingües Sá de Miranda, Montemayor, Mdo y otros muchos, exami- 
nados en lia bibliografía de escritores portugueses que escriben en 
castellano, de don Domingo García Pérez. 

En cuanto a Inglaterra, atkanzan extraordinario éxito en este 
país las Cartas áureas de fray Antonio de Guevara, el Quijote 
<por nadie, entre las gentes extrañas, más adlmirado que por ¡los. 



LA LITERATURA EN LOS SIGLOS XVI Y XVII 293 

ingfleses) y en el teatro la influencia española se señala en Shir- 
ley, Dryden, Wycherley, Ludwig Holberg, etc. 

Por lo tocante a Flandes y los Países Bajos, recordemos la 
influencia de Erasmo en España, la significación de Luis Vives, 
las rellaciones con la Universidad de Lovaina, la Políglota Regia, 
dirigida por Arias Montano, e impresa en Amberes por Pdantino, 
y Jas colonias de emigrados peninsulares, judaizantes y reformistas, 
que se instalaron en varias ciudades, sobre todo en Amberes y 
Amsterdam. 

En algunos de los soberanos de la Casa de Austria, el amor a 
las letras y a la difusión de la cultura es notable : Cartlos V pensio- 
na a Erasmo y a otros varones insignes; tiene como secretario al 
erasmista Alfonso de Valdés; gusta de tratar con gente de letras, 
como Villalobos, Garcilaso de la Vega, Pedro Mexía, fray Antonio 
de Guevara, Avila y Zúñiga, Hurtado éc Mendoza y otros. Feli- 
pe II erige El Escorial con el concurso de Juan de Herrera; fun- 
da a instancias de Páez d>e Castro su notable biblioteca, donde se 
reúnen las librerías de Gonzaflo Pérez, de Páez. del Conde de Luna, 
de don Pedro Ponce de León, obispo de Plasencia, de don Diego 
de Mendbza, de Antonio Agustín, de Arias Montano, de Muley 
Zidan, rey de Marueoos, del Conde Duque de Olivares, etc. ; es 
protector de Ambrosio de Morales y Arias Montano y de las empre- 
sas que significan arte y cultura. 

Felipe IV se hizo notar por su gusto por la pintura y por la 
poesía, y alentó el genio de Velázquez y se dio cuenta del valor 
de nuestro teatro. 

Señalemos ahora los caracteres más salientes de nuestras letras 
en los distintos géneros literarios, durante la época de los Austrias, 
considerada como la edad de oro de nuestra historia: A). Poesía 
NARRATIVA. Prevalece poderosamente el tipo italiano, bien del Arios- 
to, bien del Tasso, inciluso en los poemas de carácter burlesco, 
como la Gatomaqum de Lope de Vega o la Mosquea de Villa- 
viciosa, y sin perjuicio de esto, continúa el mismo amor a los ro- 
mances que en el último período de la Edad Media, hasta el pun- 
to que nuestros poetas más insignes (Gjóngora, Lope de Vegia, 
Quevedo) se esfuerzan en reproducir no sólo su forma, sino tam- 
bién su espíritu, y adquieren carta dJe naturaileza en nuestra esce- 
na, gracias a Juan de la Cueva, Lope, Guillen de Castro, Vélez de 
Guevara y otros, que hacen revivir la épica medioeval, inspirándose 
en las leyendas de las antiguas crónicas. B). Lírica. Durante eJ 
reinado del Emperador luchan la escuela tradicional castellana cuyo 
:más entusiasta representante fué Castillejo (caracterizada por el em- 
pleo de los metros cortos, especiaJlmente del octosílabo) y la escue- 



294 



LITERATURA ESPAÑOLA 



aa toscana o italiana, introducida por Boscán y Garcilaso, que hace 
triunfar el endecasíüabo y que sigue brillantemente en ia pÜuma de 
Herrera y de fray Luis de León, y de cuantos poetas se significan en 
los distintos grupos literarios peninsulares. En el siglo xvii el mal 
gusto se extiende representado por dos direcciones distintas: e^ 
culteranismo (cuyo corifeo fué Góngora), que se refiere especial- 
mente a la expresión, y el conceptismo (del cual fué representante 
principal Quevedo), surgiendo al final dell siglo xvii el prosaísmo en. 
la poesía, como protesta contra el gongorismo, prosaísmo que se ex- 
tiende durante buena parte del sigilo xviii. C). Dramática. Las obras 
de nuestro teatro de la primera mitad del siglo xvi, y, por tanto, an- 
terior a Lope de Vega, puede decirse que siguen dos direcciones : o 
bien continúan el rumbo trazado por Juan del Encina, en el que hay 
evidentes dejos del teatro medieval, o bien tienen algo de consecuen- 
cia y derivación de la Celestina (obra dramática, aunque no re- 
presentable) y de Torres Naharro, en cuya manifestación es cla- 
rísimo el infilujo del Renacimiento. El más importante de los dra- 
máticos anteriores al Fénix de los Ingenios es Juan de la Cueva- 
Lope de Vega, verdadero monstruo de naturaleza, lo absorbe todo,, 
representa bien el genio nacional, particularmente en el teatro^ 
y da a éste su forma definitiva: con él se relacionan los grandesí 
poetas de nuestro teatro del sigilo xvii (Alarcón, Tirso, Calderón,. 
Rojas, Moreto) ; los de segundo orden, contemporáneos suyos (Gui- 
llen de Castro, Mira de Amescua, Vélez de Guevara y Montalván) ; 
ffos inferiores, y los que representan la decadencia de la dramática 
española, ultima expresión del sistema calderoniano (Bances Can- 
damo, Zamora y Cañizares), que enlazan el teatro del siglo xvir 
con el del siguiente. Muerto Lope, Calderón es la gran figura de 
nuestra dramática: representa muy bien su patria y su época: el 
sentimiento religioso, el monárquico y el caballeresco, bien visi- 
bles en Lope de Vega, alcanzan aquí complleto desarrollo, y lo mis- 
mo decimos de üos autos sacramentales; además, ed ciilteranismo 
se manifiesta no rara vez en Calderón y en los que le siguen- 
(v.^ gr., don Antonio de Solís) ; por último, el gracioso es perso- 
naje característico de nuestra escena. D). Novela. La novela caba- 
lleresca (más propia de la Edad Media) decae visiblemente en lá épo- 
ca del Emperador, recibiendo el golpe de gracia con ej Quijote; sur- 
ge la novela pastoril (relacionada con Sannazaro) ; aparece con el 
Lasarillo, una especie nueva y genuínamente española (la picares- 
ca), que ha de tener abundante florescencia en estos dos siglos; surge 
también la noveJa morisca con la Historia del Abencerraje y la her- 
mosa Xarifa, que ha de reflejarse en derivaciones extranjeras: y no 
escasean otros géneros, v. gr., d cuento, la novela bizantina. E). His- 



INTRODUCCIÓN DE LA IMPRENTA 295 

TORiA. La antigua Crónica deja esta forma medieval y acepta la má> 
culta del Renacimiento, distinguiéndose algunas de estas obras por 
inspirarse €n modelos clásicos; así Hernán Cortés sigue a César; don 
Diego de Mendoza, a Salustio y Tácito; Mariana, a Tito Livio. Las 
tierras áe Indias, con sus cronistas, aportan un elemento nuevo: la 
descripción de una naturaleza poderosa, antes no conocida. Apa- 
recen los falsüs cronicones, que no son exclusivos de nuestra Pa- 
tria (como demuestra Annio de Viterbo), y con ellos, la crítica 
histórica representada por Nicolás Antonio, el Marqués de Mon- 
■déjar y otros, y la investigación histórica (lo mismo que otras 
manifestaciones eruditas) alcanza gran d-esarrollo en eJ reinado de 
Carlos IL F). Didáctica. Este género ofrece, como es natural, 
gran variedad; entre lo más característico señalemos los escritores 
místicos y ascéticos, siendo de notar que la mística propiamente 
taJ (lo mismo en la poesía ¡lírica que en la prosa) no aparece en 
España antes del siglo xvi y no se extiende más allá de los prin- 
cipios dd xviii, salvo algún caso aislado y poco saliente; además, 
deben señalarse las influencias clásicas, y particularmente sene- 
quistas, templadas por ías enseñanzas cristianas, especialmente de 
los Santos Padres, como se ve en escritores que tratan asuntos 
políticos y morales, v, gr., Quevedo, Saavedra Fajardo: entre ellos 
no fueron escasos los que combatieron a Maquiavelo, como los 
dos que acabamos de citar, Rivadeneyra y Márquez. 



Época clásica: Parte primera. 

A. Preliminares del siglo xvi: i. Introducción de la imprenta en 
España. — 2. El Renacimiento: los humanistas españoles. Los 
traductores de clásicos. — 3. Lehrija. — 4. Relaciones entre Espa- 
ña e Italia. — 5. La Políglota complutense. — 6. Erasmo y los eras- 
mistas españoles. 

I. Introducción de la imprenta en España. — Zaragoza y Va- 
lencia se disputan el honor de haber sido la sede primera de la im- 
prenta en España. El señor Serrano y Sanz ha encontrado en un 
protocolo de Zaragoza un contrato de 1473 para fundar imprenr¿t. 

No aparecen libros impresos ese año, por lo cual se sigue con- 
siderando la primera obra tipográfica de España Les trotes en la- 
hors de la Verrje Marte, obra sin portada ni lugar ni año de impre- 
sión, que contiene las composiciones presentadas a un certamen poé- 
tico celebrado en Valencia, que Bernatdo FenoUar, secretario de 



296 



LITERATURA ESPAÑOLA 



la junta, recopiló e hizo imprimir en 1474- Las poesías de esta 
colección son cuarenta y cinco, escritas en vaknciano, salvo tres 
en castellano y otra en toscano ; los poetas que se citan son cuarenta, 
algunos conocidos, como Jaime Roig (1377?- 1478)» médico, poeta 
satirico y fácil versificador, autor del Lo Libre de les dones, contra 
las mujeres; Juan Ruiz de Gorella (f 1500), traductor dei Cartu- 
jano (1496) y autor de la Tragedia de Caldesa; Bernardo Fenollar 
(1435?- 1528), que figura en el Cancionero general de Hernando del 
Castillo y escribió mucho en valenciano, y Jaime Gazull, alabado 
por Gil Polo en la Diana, y otros, desconocidos fuera de este libro,, 
como Ginés Fira, secretario particular de Alejandro VI; Juan Ga- 
miza, notario, autor de una de las mejores composiciones del cer- 
tamen, y Juan Sobrevero, que muestra dotes de gran poeta. 

Lamberto Paímart, probabile impresor de esite libro, dio a la 
estampa también el Régimen de Príncipes de fray Francesch Exi- 
menis (1484), y en ila ciudad del Turia se editó por primera vez eil 
Tirant lo Blanch (1490) y trabajaron los tipógrafos Pedro Hagem- 
bach y Leonardo Hutun, Lope de Roca y otros. 

También Barcelona disputó ailgún tiem:po la primacía en el es- 
tablecimiento de la imprenta. Desde 1475, probablemente, ya se im- 
primía en ella, y alli vieron la luz, entre otras obras literarias, la 
versión cataÜana del Regimiento de Príncipes de Gil de Roma 
(1480), en casa de Nicolao Spindeler; la Visión delectable de Al- 
fonso de la Torre (1484), también en catalán, y Ja traducción que 
hizo Francisco Alegre de las Metamorfosis de Ovidio (1494), en 
la imprenta de Pedro Miguel. — El primer libro que se conserva im- 
preso en Zaragoza es el Manipiiliis curatorum (1475), ^^ ^^ taller 
de Mateo Flandro. Juan Hurus imprimió las Fábulas de Esopo 
(1489), ías copJas de Vita Christi de fray Iñigo de Mendoza (1492), 
con a'lgo de Mena y con las coplas de Jorge Manrique, y la traduc- 
ción de Salu&tio por Francisco Vidal de Noya (1493). — 'En Sevilla, 
en 1476, Ja compañía de Antón Martínez, Bartolomé Segura y 
Alfonso dd Puerto imprimió la Sacramental del arcediano de Val- 
deras Oemente Sánchez Vercial. Otros impresores siguieron tra-. 
bajando allí ilibros como la Crónica de Valera (1482), por Puerto; 
d Vocabulario de Alfonso 'de Palencia (1490), por Paulo de Colo- 
nia;. las Siete Partidas, con las adiciones del doctor Montalvo (1491), 
por el citado Paulo y Juan Peguizer; las Coplas de Fernán Pérez 
de Guzmán (1492), por Meynardo Ungut y Lan^alao Polono; ia 
Crónica del Cid (1498), "por tres compañeros añemanes".— Jacobo 
iCromberger dio gran impulso a la imprenta en Sevilla, ciudad que 
fué de las más importantes en esta industria durante el siglo xvi. 

En 1480 y 1481 se imprimían en SaÜamanca las Introducciones la- 



El. renacimiento: los humanistas 297 

tinas de Nebrija y su Gramática castellana (1492), el Cancionero de 
Encina (1496), Enriólo y Lucrecia de Eneas Silvio (1496), ía Fiam- 
meta de Boccaccio (1497), las Décadas de Tito Livio (versión de 
López de Avala) (1497). — Leonardo Alemán y Lupo Sanz de Nava- 
rra figuran entre los primeros impresores de Salamanca. — Zamora 
tiene imprenta desde 1482, y allí se imprimieron por Antón de Cente- 
nera ¡los Proverbios de Séneca, recopiflados por Pedro Díaz de Toledo 
(14812), y los Trabajos de Hércules de \'illena, junto con la Vita 
beata de Juan de Lucena (1483). — .Desde 1485 hay libros impresos 
en Burgos: eJ Arte de Gramática de fray Andrés Cerezo (1485), el 
Doctrinal de Caballeros de Cartagen-a (1487), Arnalte y Lucenda 
de Diego de San Pedro (1491), la Cárcel de amor (1496), el Baladro 
del sabio Merlín {1498) y la Celestina (1499) merecen citarse entre 
■ellos; así como entre los impresores se señalaron Fadrique .\llemán 
de Basüea y Juan de Burgos. — Toledo, si bien tiene imprenta desde 
1483 y allí ven la luz flos Claros Varones de Pulgar (1486) y el 
Corz'acho de!l Arcipreste de Talavera (1499), sólo en~eI~3iglo xvi 
alcanzó su período esplendoroí^o de la tipografía, y lo mismo en 
Alcalá, donde se instaló Lanzalao Poílono, y después de la crea- 
ción de la Universidad (1506) produjo en ella la maravilla de la 
Políglota Complutense. — De Madrid no recoge el diligente Pérez 
Pastor ningún libro impreso antes de 1566. 

2. El Renacimiento: los humanistas españoles: traducto- 
res DE clásicos. — E3 Renacimiento es un período histórico que se 
caracteriza por la resurrección de las formas, de las ideas y del 
espíritu antiguo. La afición que los cuiltos mostraban por lo cíá- 
sico era exagerada a veces (en Florencia, por ejemplo, si alguien 
deseaba contemplar el códice de las Pandectas, los frailes y ma- 
gistrados se lo mostraban con la cabeza descubierta y una vela 
en la mano) ; pero traía consigo un afán inmenso j>or ilustrarse, 
que cundía hasta las más bajas esferas socialles. Los humanistas 
eran por regla general de cultura enciclopédica: Leonardo de Vin- 
ci. Pico de lia Mirándola. Lebrija, Vives, por no citar más que aíl- 
gunos, se distinguieron en el conocimiento de varias disciplinas. 
Se han señalado entre los humanistas del Renacimiento dos direc- 
ciones: una septentrional!, caracterizada por el predominio de la 
idea sobre la forma (Erasmo) ; otra meridional, señalada por el pre- 
dominio de la forma sobre 2a idea (Valla, Bembo). El Renacimien- 
to tuvo por resultado en d orden de las ideas el racionalismo 
místico y a veces un materialismo exageradamente grosero; la 
obscenidad y la tendencia al paganismo religioso, despreciando lo 
cristiano, por inferior a Üo clásico (el Brócense fué procesado por 



2o8 LITERATURA ESPAÑOLA 

criticar d latín de los Evangelios), sin contar la sátira del clero 
y el natural indiferentismo religioso. 

En España, durante la Edad Media, no había desaparecido por 
completo el conocimiento de los libros clásicos. Prueba son de ello^ la 
escuela de traductores de Toledo: Alfonso el Sabio; Juan Fernán- 
dez de Heredia; el Arcipreste de Hita, que toma como modedo a 
Ovidio; el canciller Ayaila, que traduce, aunque indirectamente, al- 
gunas Décadas de Tito Livio; don Enrique de Villena, el Conde de 
Haro, el Marqués de Santillana y Aüfonso de Cartagena, Pedro 
Díaz de Toledo; Juan de Lucena, que afirma: "El que latín non 
sabe, asno se debe llamar de dos pies" ; Ferrant Núñez, médico del 
Duque del Infantado, que se lamenta de tener que escribir en ro- 
mance vulgar, "que pierde eJ duJzor de la elocuencia y en que nin- 
gún buen estillo se puede tomar como en ila sacra lengua latina". 

En la corte de Alfonso V de Aragón fueron protegidos los hu- 
manistas Fernando de Vaflencia, Jaime y Jerónimo Pau, Luciano Co- 
lomer, discípulos de Üos Vildlf os. Vallas, etc. ; brilló luego Ambrosio 
de Victoria (Nicandro) ; Rodrigo Sánchez de Arévalo, que intentó 
dar forma clásica a su Historia hispánica, y Fernando de Córdoba. 
Los Reyes Católicos fomentan el estudio de las letras humanas:. 
Pedro Mártir y Marineo Sícu'lo, Nebrija, doña Beatriz Gaiindo, el 
portugués Arias Barbosa, la escuela complutense con ©1 toledano 
Lorenzo Balbo de Lillo, que comentó a Valerio Flaco y a Quinto 
Curcio, y con Hernán Alonso Herrera, el primero que se levantó 
contra Aristóteles, son prueba viva de Ja afición a los estudios clá- 
sicos. 

En el siglo xvi se alzan líos nombres de Juan Luis Vives (1492- 
1540), de juicio claro, penetrante y agudo, inmortall en la historia de 
la Filosofía, autor deJ libro De institutione feminae christianae, ma- 
teria que había de tratar fray Luis de León; de Diego López, 
de Cortégana, arcediano de Sevilla, traductor del Asno de Oro de 
Apulleyo (1513?), que tanta influencia había de ejercer en Juan 
de MaJ-Lara (Psiche), en Juan de la Cueva y en alguna comedia 
de Lope y Calderón; del médico Villalobos, que puso en castellano 
d Amphitruo de Pflauto; de Jerónimo Fernández de Villegas, prior 
de Cuevas Rubias, que tradujo algo de Juvenañ; de Pedro Cirue- 
lo, matemático y teólogo ; del sevillano Sebastián Fox Morcillo, que 
quiso conciliar a Platón y Aristóteles; del cordobés Juan Ginés 
de Sepúlveda, traductor dd Estagirita, uno de los mejores ci- 
ceronianos del sigilo XVI, notable por sus controversias con Erasmo 
y con fray Bartolomé de las Casas en d diálogo Democrates, sive 
de justi belli causis; de Gómez Pereira, autor de la Antoniana 
Margarita; de Francisco Valles, que escribió la Philosophia sacra; 



LEBRIJA 299 

el del portugués Francisco Sánchez, escéptico que se anticipó a. 
Montaigne en su obra Qiiod nihil scitur. El Renacimiento influye 
en la obra teológica del dominico conquense Melchor Cano (1509-60), 
La toledana Luisa Sigea escribió varias poesías latinas, entre ellas 
un poema descriptivo, Cintra. Alvar Gómez, señor de Pioz, cantó 
el triunfo de la Redención en su Thalicristia; Juan de Vergara^ 
secretario del arzobispo Fonseca, imitó los epigramas de Catulo y 
Marcial e inauguró con la Callipoedia la poesía macarrónica en Es- 
paña aJl modo de Teófilo Folengo; Andrés Resende, imitador de 
Estacio; Fernán Ruiz de Villegas, que cantó la muerte de Vives; 
Juan de Verzosa y Jaime Juan FoT.io, horádanos; Antonio Serón^ 
que sigue a Tibulo; los sevillanos Mal-Lara, Medina y Girón; Antonia- 
Agustín, Juan Páez de Castro, don Diego de Mendoza, Arias Mon- 
tano, Hernán Núñez, el Brócense, Cardillo de Villailpando y Alfon- 
so García de Matamoros, autor de Pro adserenda Hispanoriim eru- 
ditione, elegante panegírico, "que parece el himno triunfail del Re- 
nacimiento españoil" (M. P.) : tales son algunos de los muchos hu- 
manistas españoles. 

3. Antonio de Lebrija, — Elio Antonio de Nebrija (1441-1522) 
es el nombre latinizado que tomó el hijo segundo de Juan Antonio 
de Ca'la e Hinojosa y de Catalina de Jaraba y Ojo, inmortalizando su. 
pueblo natal (Lebrija). Estudió en Sailamanca, oyendo, entre otros. 
Matemáticas a Apolonio, FÜlosofía natural a Pascual de Aranda 
y Moran a Pedro de Osma. Cuando contaba diez y nueve años 
pasó a Italia, donde permaneció por espacio de diez. 

Estuvo tres años al servicio de Alonso de Fonseca, arzobispo de 
Sevilla; enseñó Gramática y Retórica en Salamanca, vanag^'-orián- 
dose del resultado obtenido. Aquí casó con doña IsabeJ de Solís, de 
quien tuvo seis hijos varones y una hembra. Vivió después coa 
don Juan de Zúñiga (1486), y el cardenal Cisneros lie encargó (1502)- 
la revisión de ios textos latinos y griegos de la Políglota Complu- 
tense; fué nombrado cronista reall (1509), y en 15 13 pasó a Alcalá,, 
llevado por Cisneros, para explicar una cátedra. Murió en esta 
poMación en 1522. 

"Yo fui el primero — dice — que abrí tienda de la lengua la- 
tina" en España y todo ío que en ella se sabe de latín "se ha de 
referir a mí". Difundió el método racional de Lorenzo Valla; su 
obra principal de Gramática son las Introdiictiones latinae (1481). 
Consta de cinco libros: i.°, declinación y conjugación, con reseña 
histórica de la literatura latina; 2.°, géneros, pretéritos y supinos, 
reglas en hexámetros ; 3.°, Erotemata (preguntas y respuestas) sobre 
la teoría de la Gramática, que divide en Ortografía, Prosodia, Eti^ 



->00 LITERATURA ESPAÑOLA 

mología y Sintaxis; 4-°, construcción ((la parte referente al verbo 
se ha erapCeado hasta el siglo xix) ; 5.^ reglas en verso de la Proso- 
dia. Estas mismas Introductiones las tradujo después al castellano, 
para mayor utilidad pedagógica. El llamado Arte de Nehrija, per- 
petuado en siglos posteriores, es ima gramática ded padre Juan Luis 
de la Cerda (jesuíta de principios dal sigilo xvii) que le puso el nom- 
bre de Niebrija para que eil Hospital general de Madrid siguiera 
percibiendo (los derechos de venta de la Gramática antigua, sin nece- 
sidad de nuevo privilegio. 

SviArte de la lengua castellana es la primera Gramática impresa 
de un idioma vuilgar, coincidiendo su aparición con el descubri- 
miento dd Nuevo Mundo. Sus Diccionarios íla-tino-español y espa- 
ñol-latino son mejores que todo lo conocido en su tiempo. Escribió 
Nebrija, además, obras de Tedlogia como flas Quincuagenas; de De- 
recho, como el Lexicón juris civiUs; de Arqueología, como las Anti 
güedades de España; de Pedagogía, como el tratado De liberis edu- 
candis; de Historia, de Retórica, etc. Para Menéndez y Pelayo es 
Nebrija "la más brillante personificación literaria de la España de 
los Reyes Católiicos, puesto que nadie influyó tanto como él en da 
cuÜtura general, no sólo por su vasta ciencia, robusto entendimien- 
to y poderosa virtud asimiladora, sino por su ardor propagandista, 
a cuyo servicio puso las indomables energías de su carácter arro- 
jado, independiente y cáustico". 

4. Relaciones entre Italia y España. — Lo mismo en Ñapóles, 
durante la dinastía de Aragón, como en Roma, bajo los Borjas, las 
relaciones de España e Italia fueron muy íntimas. En el pontificado 
de Alfonso Borja (Calixto III), que muere en 1458, empezó la im- 
migración española en Roma. Rodrigo Borja (Alejandro VI) prote- 
gió especialmente a catalanes y valencianos. Eran frecuentes los 
viajes a Italia de poetas y literatos de acá, como Juan de Padilla, 
Alfonso de Palencia, Nebrija, Juan del Encina, etc. Humanistas 
italianos viernen, a su vez, a E,spaña; tales como Lucio Marineo 
Sículo (1486), traído por don I'^adrique Enríquez, almirante de Cas- 
tilla y que enseñó doce años en la Universidad de Sallamanca ; Pe- 
dro Mártir de Anghiera, admirador entusiasta de los Reyes Ca- 
tólicos; Alessandro Girafldino, preceptor de las princesas, y su her- 
mano Julio. 

Los españoles hicieron corriente en Italia no sólo la lengua cas- 
tellana, de la que se ven muestras en las comedias de Aretino, y 
que era preciso conocer porque "todo el mundo se había hecho es- 
:pañol", según frase de un escritor de la época, sino sus costumbres 



ESPAÑA E ITALIA : CHARITEO 3OI 

de gaJlanterías, juegos, toros, cañas, justas poéticas, su espíritu ca- 
balleresco y religioso. 

La influencia iliteraria fué principalmente de Italia a España, 
que, adaptando a su lengua ilos metros toscanos por Boscán y Gar- 
cilaso, trajo no sólo el molde sino muchas veces las ideas del mode- 
lo. En el cuento también debieron mucho los españoles a los novel- 
lieri italianos. Sin embargo, no dejó de interesar a los italianos 
la producción literaria nuestra. En 1513 representóse en Roma la 
égloga de Plácida y Victoriano de Juan del Encina. En Nápoúes 
(1517) se imprimió la Propalladia de Torres Xaharro y allgunos 
diálogos de ilos VaMés, como el de Carón y el de Lactancia (hacia 
1529). Los tipógrafos de Venecia Stefano Sabbio y Giolito (ayu- 
dado éste por Alfonso de Ulloa), dieron a Juz los más importantes 
libros españoles, como la Celestina, el Amadís, la Cárcel de amor, 
etcétera, a la vez que editaban traducciones castellanas de libros ita- 
lianos (Orlando de Ariosto) o clásicos (la Ulixca de Gonzalo Pérez), 
}', como es natural, algunos vocabuilarios. 

En Italia se difundieron los metros líricos españoles (coplas, ro- 
mances, villancicos, etc.), siendo conocidas las Coplas de Jorge Man- 
rique y los Proverbios del Marqués de Santillana. Eli Tirante era 
leído ya por princesas itaíianas en 1500, y fué traducido por Lelio 
Manfredi (1519). Cuatro autores distintos pusieron en italiano el 
Amadís, asunto, además, de un poema de Bernardo Tasso, Amudi- 
gi (1560). La Celestina fué muchas veces reimpresa y traducida por 
Alfonso Ordóñez (1505). Para Isabella Gonzaga trasladó al tos- 
cano Manfredi la Cárcel de amor (1514). Las novelas de Núñez de 
Reinoso y de Juan de Flores merecieron los honores de la versión, 
igual que la Diana de Montemayor. El Lazarillo fué poco conocido 
hasta el siglo xvii. Las obras de Pedro Mejía y, sobre todo, las de 
Guevara, fueron traducidas varias veces, así como alguna crónica 
de Indias (la de Zarate). Glaro está que la afición a las letras es- 
pañolas estaba en la alta sociedad, donde era moda; los literatos 
italianos despreciaban en el fondo lío español, salvo a aquellos es- 
critores que seguían su espíritu y sus metros (Boscán, Garcilaso, 
Mendoza, etc.). 

España dio a Italia un poeta que allí lo consideran entre los me- 
jores del siglo XV : Benedicto Gareth o Garreth (i45o?-i5i4), natu- 
ral de Barcelona y educado en Ñapóles, principalmente con San- 
nazaro. En la Academia de Pontano itaíianizó su apellido y se llamó' 
Chariteo. Fué secretario de Ferrante II (Ferrandino), sufriendo 
siempre fiel las vicisitudes de su vida, y volvió a Ñapóles- después 
de la conquista por el Gran Capitán, que le honró mucho. Chariteo 
en sus Rime (1506) tiene la habilidad de manejar los clásicos, sobre 



-Q2 LITERATURA ESPAÑOLA 

todo Propercio, poniendo en su forma ideas y sentimientos perso- 
nales. Admira a Dante, cosa rara en su época, y funde en la linca 
erótica del Petrarca la elegía de los antiguos. Emplea las rimas po- 
pulares, dando al toscano, según Pércopo, tanta gracia, suavidad y 
hermosura como no habia vuelto a tener desde los tiempos de Dan- 
te y Petrarca. Son notabíles las canciones que, bajo efl titulo Endj- 
mión dirigió a una dama que llamó Luna, acaso alguna señora de 
la ndble familia española de este apellido. Algo de los conceptos 
amorosos de Petrarca ha hecho considerar a Chanteo como un 
precursor del seccntismo, vicio parecido al gongorismo. 

En España fué muy leído Ariosto. Tenemos la traducción de 
Hierónimo de Urrea (i549), muy repetida durante el xvi. La se- 
gunda parte del Orlando, con... la famosa batalla de Roncesva- 
lles, por Nicolás Espinosa (i557). Lo tradujeron también Hernando 
de Alcocer (1550) y Diego Vargas Contrcras (1585). En verso lo pu- 
so A. de Burgos (1846), y con la continuación, Vicente de Medina. La 
mejor traducción es la del Conde de Cheste (1883). 

El Orlando influye en la Angélica de Barahona de Soto, en la 
Hermosura de Angélica de Lope, en el Bernardo de Balbuena, en 
Florando de Castilla de Hierónimo de Huerta, en Angélica y Medoro 
de Francisco de Aídana, en la Araucana, en Cervantes; Quevedo lo 
parodia, y en ©1 romance Angélica y Medoro de Góngora, dtc, etc. 

Los versos de Ariosto también fueron imitados; ejemplo, Cetina 
en la canción Cuando la noche en el partir del día...; sus comedias 
tuvieron gran boga. 

Otro tanto puede decirse del Tasso. 

5. La Políglota complutense. — "Eli cardenal Cisneros quiso fi- 
•jar el texto de la Bilblia y no perdonó gasto alguno para lograr una 
edición lo más completa posible. Recogió cuantos manuscritos pudo 
hallar de textos bíbHcos; desde 1502 encargó la edición a Nebrija, 
Demetrio Ducas Cretense, Diego López de Estúñiga, Fernando 
Núñez el Pinciano, en la parte tocante afl latín y al griego; a Al- 
fonso, médico de Aílcalá, a PaKo Coronel y Alfonso de Zamora, 
judíos conversos, en lo respectivo a la parte hebrea; a Juan de Ver- 
gara y Bartolomé de Castro, en lo referente a la confrontación 
de textos. De lo tipográfico fué encargado Arnaldo Guillermo de 
Brocar. La Poliglota complutense consta de seis vdlúmenes en folio : 
los cuatro primeros contienen el Antiguo Testamento, textos griego, 
iatino y hebreo ,(más ell caldeo ^n, el tomo I), acabado de imprimir 
en 10 de jiilio de 1517; el quinto contiene el Nuevo Testamento, 
Jtextos griego y latino, terminado en 10 de enero de 1514, y el 
sexto es un vocabulario hebraicocaldaico, vocabulario de nombres 



ERASMO Y LOS ERASMISTAS 3O3 



y gramática hebrea, acabado en 31 de mayo de 1517. Muerto Cis- 
-neros en este año, ila Biblia no se publicó hasta 1520, por orden del 
Papa León X a sus allbaceas, siendo tasado cada ejemplar (de los 
600 impresos) en seis ducados y medio de oro. La Complutense fué 
la primera Biblia Políglota que se imprimió, y "milagro del mundo" 
la llamaron algunos testigos en el proceso de beatificación de Cis- 



neros. 



6. Erasmo y los ERASMISTAS ESPAÑOLES. — Desiderio Erasmo vio 
la luz en Rotterdam (1465-1536). Huérfano a los catorce años de 
edad, entró en el convento de agustinos de Stein, y no aviniéndose a la 
disciplina monástica, dejó el convento y fué a París, donde continuó 
sus estudios. En Bolonia se doctoró en Teo<logía. En Venecia fué co- 
rrector en la famosa imprenta de Aldo Manucio. Se estableció en 
Roma, donde le protegió el cardenal Médicis (después León X). 
Marchó a Inglaterra y vivió en casa dd canciller Tomás Moro. Fué 
profesor de griego en las Universidades de Oxford y Cambridge. 
En Basilea fué corrector de la notable imprenta de Froben. Car- 
los V le nombró consejero de Estado y le señaJló una pensión. 
Francisco I de Francia le inivitó a establlecerse, con grandes venta- 
jas, en este país, no aceptando esta propuesta. Fué rector de la Un; 
Tersidad de Basilea. 

Erasmo atacó muchas supersticiones y abusos, señalándose par- 
ticularmente en sus burlas y censuras de los monjes. Los defectos, 
en el orden eclesiástico, a fines del siglo xv y principios del siguien- 
te, son innegables y los exponen con severidad, clamando por su 
remedio, autores tan ortodoxos como fray Francisco de Osuna, en 
el Abecedario espiritual (1542) ; Pedro Ciruelo al combatir las su- 
persticiones, y sobre todo Cisneros, al corregir firmemente muchos 
abusos de monjes y de clérigos, corrección que halló su forma de- 
finitiva en los cánones de Trento. 

El ingenio de Erasmo era portentoso ; de gran flexibií.idad, adap- 
tándose a cuantas materias trató; aficionado a la antigüedad sa- 
grada y a la profana, y en ambas eruditísimo; hábil en la polémi- 
ca; maestro en las armas de la ironía, como antes Luciano y des- 
pués Voiltaire; censor perpetuo de los que él llamaba abusos ecle- 
siásticos; filólogo culto, siempre inclinado a hablar de sí propio 
con aparente m.odestia; su actividad como hombre de letras era 
imponderable; tradujo a Eurípides y a Luciano, preparó edicio- 
nes del Nuevo Testamento (con interpretación), de San Agustín, 
de San Hilario y de la Geografía de Tdlomeo, y escribió el Cice- 
ronianus, el Elogio de la locura, los Adagios o apotegttias, el libro 



204 LITERATURA ESPAÑOLA 

De copia verborum et rerum, las cartas, sus tratados teológicos y 
muchos escritos de divulgación y de lucha. 

Entre los erasmistas españoles dd sig^o xvi, citando, sobre todo, 
a los de significación estrictamente literaria o humanística, figu- 
raron Alfonso de Valdés, Juan de Valdés, Juan de Vergara y sus 
hermanos, Diego López de Cortégana, el valenciano Pedro Juan 
Oliver, comentarista de Pomponio Mela; Juan Luis Vives, Pedro 
y Cristóbaíl Mejía, Francisco de Victoria, Diego Gracián de Alde- 
rete, Fernando Aílonso de Herrera, autor del libro Breve disputa 
de ocho levadas contra Aristotil y sus secuaces; los humanistas 
AJlfonso García Matamoros, Lorenzo Palmireno y ed Brócense, Luis 
Mejía, Bernardo Pérez de Chinchón, Juan de Jarava, Francisco 
Thámara, Cristóbaíl de Villaílón, y además el arzobispo de Toledo 
don AlonsO' de Fonseca; d arzobispo de Sevilla e inquisidor ge- 
neral don Alonso Manrique; d famoso y desgraciado arzobispo 
de Toledo don Bartolomé Carranza de Miranda; su hermano San- 
cho, primero contradictor y luego partidario del holandés; por úl- 
timo, algunos de líos reformistas españoles del siglo xvi. Erasmo lle- 
gó a escribir: "Debo a España más que a los míos ni a otra nación 
alguna." Con la numerosa falange erasmista española distingue 
M. P. dos grupos: uno que no se apartó de la Igilesia, representado 
por Luis Vives, los arzobispos Fonseca y Manrique y muchos más; 
otro que adoptó una posición radical, como los hermanos Vafldés. 

Entre los principales coratradiotores de Erasmo en España me- 
recen citarse fray Luis de Carvajal, autor de la Apología de la 
vida religiosa; Juan Ginés de Sepúdveda, que escribió ¡la Antapo- 
logia, obra a la que Erasmo no se atrevió a contestar, y Diego Ló- 
pez de Stúñiga, autor de unas Anotaciones contra Erasmo. 

Por razón de las discusiones acerca de las obras de Erasmo se ce- 
lebraron juntas en Valladolid (marzo-mayo 1527) para examinar 
su doctrina; asistieron teólogos de Valladolid, Salamanca y Alca- 
lá; presidió el arzobispo Manrique, inquisidor general y erasmista 
ferviente; uno de (los que hablaron fué Jerónimo de Virués, bene- 
dictino de OJmedo (hermano del erasmista Alonso), que se pronun- 
ció en favor úé. de Rotterdam: después de no pocas discusiones, 
Manrique -suspendió las juntas sin que se llegara a un acuerdo. 

Muerto Erasmo (1536), se prohibió por (la Igilesia la lectura de 
sus obras, prohibición que no se hizo durante su vida, no por apro- 
bar sus escritos, sino para que no se pasara al campo de la Reforma. 



BARAHONA DE SOTO 305 

B. Poesía narrativa: 7. Alonso Hernández. — 8. Juan de la Cueva. 
— 9. Barahona de Soto. — 10. Luis Zapata. — 11. Juan Rufo. — 
12. Ercilla: sus continuadores (Pedro de Oña, Santisteban).^ 
— 13. Juan de Castellanos. — 14. Cristóbal de Virués. 

7. Alonso Hernández, — El sevillano Alonso Hernández, pro- 
tonotario apostólico, protegido en Roma por el cardenal Carvajal, 
escribió, entre varios libros que se han perdido, la Historia Par- 
thenopea (1516), poema, aunque de principios del siglo xvi, de es- 
píritu, escuela y versificación (octavas de arte mayor) del siglo 
anterior, dedicado a cantar las hazañas del Gran Capitán. Obra de 
escaso mérito literario, tiene interés histórico por el patriotismo 
y el entusiasmo que muestra por las glorias de su héroe, "que en 
CeriñoCa y Careliano había fijado para más de un sigüo la rueda 
del predominio millitar de España". Aparte de algunas visiones 
y de su máquina mitológica (imitación de la tempestad en la Eneida 
y disparatado viaje de Mercurio por Italia), es este poema rigu- 
rosamente histórico, como habían de serlo sus similares del sig'.o xvi 

8. Juan de la Cueva. — Conquista de la Bélica. Véase di núm. 13 
ddl cap. Xn (pág. 390). 

9. Luis Barahona de Soto (1548-1595) nació en Lucena; en 
Antequera fué discípulo del humanista Juan de Vilches; luego 
(1567) se estableció en Granada, donde fué amigo de Silvestre, 
también de Gaspar de Baeza, Juan Latino, Pedro de Padilla, Pe- 
dro de Cáceres, Hernando de Acuña y Hurtado de Mendoza (1569) ; 
allí asistió a la tertulia literaria del señor Granada Venegas, al- 
caide de Generalife ; durante !a rebelión de los moriscos en las Alpu- 
j arras, peleó Barahona contra ellos cuatro meses. 

Estudió Medicina en Granada, Osuna y Sevilla, y la ejerció en 
Osuna (1571-73), siendo amigo del Duque de este título. En la Cor- 
te y en Sevilla trató con los principales ingenios de su tiempo. 

Encontraba exagerado el lenguaje poético de Herrera, y a pe- 
sar de ser amigo suyo escribió un soneto satírico, verdadero cen- 
tón de las voces gratas al jefe de la escuela sevillana, poco divul- 
gadas entonces y hoy corrientes: 

Esplendores, celajes, rigoroso, 
selvaje, llama, líquido, candores, 
vagueza, faz, purpúrea, Cintia, flores, 
otra vez esplendores, caloroso... 

Herrera le contestó con otro soneto, y después se reanudó la 
amistad entre ambos. 

20 



3o6 LltERATURA ESPAÑOLA 

Casó en Archidona (1580), donde fué nombrado médico por el 
Municipio (1586) y ejerció el cargo de regidor (1586-91). Murió en 
Antequera antes de cumplir los cuarenta y nueve años. 

La obra principal de Barahona es el poema narrativo a la ita- 
liana, Las Lágrimas de Angélica o Primera parte de la Angélica 
(1586), imitación del Orlando furioso, de Ariosto; este poeta ita- 
liano excede en fantasía, en gracia y también en desenvoltura al 
nuestro, que era muy del agrado del autor de Don Quijote. 

En el escrutinio de la librería del hidalgo manchego dice el 
cura, al encontrar Las Lágrimas de Angélica: "Lloráralas yo si 
tal libro hubiera mandado quemar; porque su autor fué uno de los 
famosos poetas del mundo, no sólo de España." 

Lo imaginario y lo caballeresco tienen gran entrada en Las Lá- 
grimas, cuyos episodios resultan demasiado numerosos. 

He aquí algunos : Medoro busca a Angélica que, para sustraerse 
a la persecución de Orlando, se había hecho invisible, por virtud de 
mágico anillo. Medoro y Angélica llegan a la región donde habita el 
terrible Orco, quedando cautivos de él, y enamorándose el monstruo de 
Angélica: Zenagrio lucha con el Orco y lo mata. Descripción anatómi- 
ca del espantoso cadáver. Canidia, vieja hechicera, mujer del Orco, 
vuelve a la vida a Sacripante y se hace amar por él. Descripción de ía 
isla de la hada Gleoricia : hombres que se hicieron famosos por el amor 
o por el patriotismo. — Ofrecimientos del río Comaro a su antigua rei- 
na Angélica. [Este episodio fué el modelo de la Fábula del Genil de 
Pedro Espinosa.] — Justicias de Medoro [quizás imitadas en algunas 
de las de Sancho en la ínsula Barataría]. 

Los defectos más salientes de este poema son algunos anacro- 
nism.os e italianismos, asonancias, sinéresis violentas y cadencias 
defectuosas, failtas más de i^a época que del autor, y eil excesivo 
número de los episodios acumulados. 

Barahona escribió, además: A), Poesías a da manera tradicio- 
nal castellana; B), poesías a la italiana; C), Los diálogos de la 
Montería (en prosa). 

A). Entre las poesías a la manera castellana se distinguen la 
Fábula de Vertumno y la de Acteon; ambas son traducciones muy 
parafrásticas de .las Metamorfosis. Cervantes se refirió a ellas con 
elogio, al decir, en el escrutinio de la librería de don Quijote (I, 6) 
que Barahona "...fué felicísimo en la traducción de algunas fá- 
bulas de Ovidio". 

El asunto de la primera Fábula es éste: Vertumno, enamorado de 
Pomona, lomaba cuantas formas quería, como Proteo, dirigiéndose a 
su amada en las de labrador, segador, pescador, soldado, etc., pero 
nada conseguía; al fin tomó la figura de una vieja, y así logró hablar 



BARAHONA DE SOTO 307 

<;on la ninfa, a la cual elogia, y le recomienda que acepte el amor de 
Vertumno; la vieja (que es una reproducción del tipo de Celestina) 
después de reiterar sus insinuaciones, se transforma en un joven galán 
y apuesto, y fácilmente consigue así lo que aparecía tan difícil. 

Está escrita en quintillas dobles, como ésta, en que se describe 
"la ocasión venturosa": 

Calva, y en los pies alada. Perdido al cabello el tiento 

y tras ella un cojo sndando, no hay quien más asilla pueda; 

vi la ventara pintada, que ella se va por el viento, 

:ia cual muestra que, en volando, y entre las manos nos queda 

jamás puede ser cazada. el cojo arrepentimiento. 

En la de Acteon (de estructura métrica semejante) se refiere que 
éste, apartado de otros cazadores que le acompañaban, contempla a 
Diana bañándose con sus ninfas en lo más escondido de la selva : la 
diosa le descubre, y en castigo de su audacia, arrojándole agua al ros- 
tro, le convierte en ciervo; y sus propios perros de caza le destrozan 
•después. 

B). Entre sus poesías sueltas, a la italiana, hay algunos sonetos 
notables, v. gr., el indicado contra Herrera ; la sátira dirigida a una 
vieja enamorada; la canción amatoria De la viuerte de Polixena, 
■en Ha que imitó a Ovidio y a Virgilio; la elegía A la pérdida del 
rey don Sebastián en África, que tiene acentos dignos de Herrera, 
y la dirigida A la muerte de Garcüaso, en tercetos, que más bien 
que lamentación por la del poeta es elogio de su gloria literaria; 
:algunos madrigafles : cuatro ociaras nuevas con rima interior o 
al mczzo, artificio métrico poco afortunado en nuestra lengua, de 
que hay muestras en Garcilaso, Cetina, Pedro de Padilla, Gálvez 
.de MontaH'o, Cervantes, etc., y la famosa Égloga de las hamadria- 
dcs, llamada así porque empieza : 

Las bellas hamadríades que cría..., 

•celebrada muchas veces, aunque no por Quintana, que expone asi su 
asunto: "Una ninfa muerta, a quien las divinidades de los bosques, 
saliendo de flos árboles en que están metidas, cantan y lloran a la vez, 
y después de haber cumplido con esta triste solemnidad se vuel- 
ven a esconder en los huecos mismos de las encinas, era un argu- 
mento nuevo, al paso que sencillo, y que por su naturaleza y por 
Ja calidad de los intenlocutores podía ser enriquecido con todas las 
galas del sentimiento y de la fantasía..." 

C). Rodríguez Marín ha probado que Jos Diálogos de la Monte- 
ría son obra de Barahona, fundado en el lenguaje, en el que abun- 
'dan andalucismos propios del reino de Granada, diminutivos y vo- 
^es de origen árabe, en numerosas citas de Las lágrimas de An^ 



,Qg LITERATURA ESPAÑOLA 

gélica y en no pocos elogios que el autor tributa a este poema. Los. 
diálogos se mantienen por tres interlocutores: Montano, bolmo y 
Silvano (en el cual Barahona se ha representdo a si propio) ; y se 
escribió para ed que fué con el tiempo tercer Duque de Osuna. Es 
el más notable de los Jibros de caza españoles. 

10. Luis Zapata.— Paje de üa emperatriz Isabel, Luis Za- 
pata (1 526- 1 595) pasó a los nueve años de su edad a<l servicio del 
príncipe don Felipe (II), en cuya compañía se educó. Joven y rico, 
aspiraba a ser cortesano, poeta y justador. Se sometió a verdade- 
ras torturas para adelgazar, ya que el perfecto cortesano de Cas- 
tiglione había de ser esbelto. Acompañó a Fellipe II en su viaje a 
Flandes e Italia (1549) con Calvete de Estrella; sobresaliendo en 
el torneo de Binche bajo ©1 mote de Cavarte de Valtemoroso. Casó 
dos veces. Era caballero de Santiago, y como se había llegado a ave- 
riguar que "después que rrescivió el ávito no a vivido con la ones- 
tidad y decencia que se requiere para ser hombre de orden", fué 
preso por cédula del Rey (1566) en el castillo de Segura de U Sie- 
rra y se le arrancó el emblema de la orden. Su prisión duró cerca 
de veinte años. En libertad (1592), escribió su Miscelánea durante 
los últimos años de su vida. 

Trece años tardó en redactar su poema en octavas Cario fa- 
moso (1566), donde trató de imitar a Virgilio, escribiendo una cró- 
nica rimada de Carlos V, de gran interés histórico, pero de es- 
caso valor literario. Intercaña algunas leyendas, como lia de la to- 
rre de Hércules en La Coruña, el viaje aéreo dea mágico Torralba, 
etcétera. Pero no logra unir los elementos ficticios con los reales. 
Descubre rasgos de verdadero poeta en la leyenda de las islas Sor- 
lingas, en la guerra de los ratones y dos gatos, uno de los primeros en- 
sayos de poema burlesco en nuestra literatura. Más importancia tiene 
su libro llamado Miscelánea, apuntes que había recogido para una 
obra que se había de titular Varia historia. Es "uno de los libros 
más varios y entretenidos que darse pueden, repertorio inagotable de 
dichos y anécdotas de españoles famosos del siglo xvi"' (M. P.). 
De supersticiones, milagros, hechos raros, duelos y actos caballeres- 
cos, motes, burlas, casos de fuerza, de vejez, de limpieza, de as- 
tucia, costumbres, etc., etc., se ve algo en este libro, donde Zapata 
anotó cuanto le llamó la atención en su larga vida, en forma llana 
y desaliñada. Es indispensable su manejo para el estudio del si- 
glo XVI, y Menéndez y Pelayo dice con mucha razón que "ofrece 
materia de entretenimiento por dondequiera que se la abra, y es 
recurso infaíible para las horas de tedio, que no toleran otras lec- 
turas más graves". 



JUAN RUFO 309 

II, Juan Rufo. — Juan Rufo, jurado de Córdoba (1547?» <ies- 
Tpués 1620), nació en esta ciudad. Hijo del tintorero Luis Rofos, su 
Juventud fué muy desordenada; robó varias veces a su padre, usó 
llaves falsas y, a consecuencia de aventuras amorosas equívocas, 
sufrió, por lo menos, tres procesos y los correspondientes encar- 
celamientos, asuntos que terminaron pagando su padre varias in- 
íiemnLzac iones. A estos actos y otras desenvolturas llamaba Rufo 
"graciosos disparates y yerros en mozos de poca edad". Su padre 
renunció en ól el oficio y cargo dte Jurado. Cometió algunas irregu- 
laridades en la administración del trigo de la ciudad; estuvo en 
Portugal; y suMevados Jos moriscos (1568), evitó el servicio de las 
-armas poniendo un sustituto. Renunció él cargo de Jurado nueve 
yeces; la novena fué ya definitiva (1580), conviniéndose que ed su- 
cesor le pagara 1.200 ducados, cuya cantidad cobró su padre ale- 
gando que la juraduría era suya, aunque le dio 500 a cuenta de su 
legítima, y otro tanto a Pedro, hermano de Juan Rufo. Antes había 
«tratado a don Juan de Austria, y siendo grato a est€ príncipe, se em- 
barcó en Cartagena, asistiendo a la batalla de Lepanto. Fué no- 
table improvisador y tuvo gran afición al juego (refiriéndose en 
los Apotegmas varias veces a este vicio suyo). Estuvo en Madrid 
y en Ñapóles. Cambió su nombre primero de Juan Gutiérrez por 
el de Juan Rufo Gutiérrez (resultando el apellido Rufo de modifi- 
•car el de Rofos de su padre). La ciudlad de Córdoba k prestó lOO 
ducados y Felipe II le dio 500 para que se socorriese y como ayuda 
de costa para imprimir la Austríada, poema que agradó mucho; 
y entre los versos laudatorios de los preliminares figuraron sonetos 
vde Lupercio L. de Argensola, Góngora, Cervantes y otros, de los 
«cuales debió ser amigo. En Toledo vivió ocho meses (1586), y en 
Sevilla asistió a la tertuília literaria ddl Marqués de Tarifa. Siem- 
pre acosado por Has deudas del juego y por la pobreza, se dedicó 
a la agricultura en una heredad que poseía su cuñado en la Sie- 
rra de Córdoba. Después estuvo en Madrid y escribió el canto I 
^e un poema en alabanza del Gran Duque de Alba y de sus cam- 
pañas de Flandes; pero el hijo de este personaje no admitió la de- 
dicatoria, por lo cual Rufo desistió de la empresa. Agriado su ca- 
rácter escribió un soneto contra la tercera parte de la Araucana, 
que acababa de imprimirse, tjue fué contestado con otro de Ercilla. 
Publicó sus Apotegmas (1596) y al final las poesías sueltas que ha- 
Í3Ía escrito; y después de éstas sólo se sabe que compusiera otras 
dos. Murió su padre cuando debía tener Rufo unos cuarenta y siete 
^ños y heredó la casa en que había nacido y la tintorería paterna, 
y desengañado en sus pretensiones y poesías, renunció a las Musas 
■y al apellido que se había inventado, se hizo tintorero, y desde en- 



3 f 1(5 literatura: española 

Tunees sé firmó Juan Gutiérrez. Con moíivo de la proclamación de 
ÍFelipe III envió a la corte a pretender a su hijo Luis, de diez y 
seis años, pintor y poeta, dándole una carta en verso para el Rey 
que contenía consejos para gobernar; por ello Luis alcanzó alguna 
merced; estuvo éste en Italia y como pintor venció en un certa- 
men al Caravaggio, sirviendo después en Madrid al príncipe Fi- 
liberto de Saboya, y fué muy aficionado al juego, como su padre; 
publicó Los quinientos apotegmas de don Luis Rufo y murió en 
Córdoba en 1653. 

La Austríada. — Después de exponer el origen de los moriscos y laS 
causas de su rebelión, describe la coronación del reyecillo Abenhume- 
ya. Estalla la sublevación una noche de Pascua. El Marqués de Mon- 
déjar va tras los moriscos, que, instigados por Abenhumeya, martirizan 
a los cristianos con todo género de crueldades, a la vez que el Mar- 
qués de los Vélez los ataca por la parte de Murcia. 

Felipe II decide enviar para sofocar la rebelión a don Juan de Aus- 
tria (criado en Leganés, educado por Luis Quijada). El de Mondéjar, 
acusado por sus émulos, es absuelto por el Rey. El tercio de Ñapóles 
desembarca en Adra y ayuda al Marqués de los Vélez a derrotar a 
Abenhumeya. Los moriscos matan a éste y ponen por rey a Abenaboo; 
Don Juan sale al campo y llega a Baza (muere Luis Quijada). Se re- 
bela también la serranía de Ronda. Los moriscos se conjuran para ma- 
tar a Abenaboo, y cuando éste muere, acaba la guerra. Don Juan, nom- 
brado generalísihio de la Liga contra los turcos, recibe en Ñapóles el 
estandarte de aquella. Llega la armada cristiana a Corfú y en las tro- 
pas siembra el demonio la discordia; don Juan, con admirable pruden- 
cia logra el arreglo. 

Las dos armadas, cuya reseña se da, se ponen a la vista ; el viento 
favorable que traía la enemiga, cambia milagrosamente. Cada general 
arenga a sus tropas y luego empieza la batalla. Mueren don Bernardi- 
no de Cárdenas, Barbarigo y otros; de los turcos, el general Ali-Bajá, 
y sus hijos quedan prisioneros. Los cristianos obtienen una gran vic- 
toria. 

La Austríada fué tan del agrado del público que en tres años se 
hicieron tres ediciones (i 584-85-86-), aunque en este éxito influ- 
yera la grandeza de los hechos narrados, el interés de üo^ contempo- 
ráneo y el sentimiento patriótico. La posteridad reconoció facili- 
dad y fluidez en el poema de Rufo (que no en balde había sido 
aplaudido como improvisador) ; pero encontró en su poema, en e) 
que se sigue el orden cronológico, las deficiencias que suelen nor 
tarse en los que se refieren a hisitoria contemporánea ; y ciertamen- 
te, la narración es con frecuencia lánguida y falta de interés; se que- 
branta la unidad de acción, puesto que no hay relación directa en- 
tre, la rebelión de los moriscos y la batalla de Lepanto; y la de hé- 



ALONSO DE ERCILLA 3II 

roe, pues, aparte de don Juan de Austria, el Marqués de Mondéjar 
dirige al principio la lucha, que es terminada por efl Duque de 
Arcos ; además, las dotes poéticas y la fantasía de Rufo no eran 
muy grandes, y casi no hay muestras de lo maravilloso, si se ex- 
ceptúa la intervención de los demonios y las diferencias que pro- 
mueven en las escuadras poco antes del combate de Lepanto, y el 
cambio de viento al empezar éste. Quintana elogia justamente en- 
tre los episodios la narración de la muerte de Alonso Flórez. 

Juan Rufo publicó Los seiscientos Apotegmas (1596), primera 
colección original de esta clase en España, a modo de las de Plu- 
tarco y Erasmo. Son máximas morales sugeridas por la experiencia 
del mundo y expresadas en breves anécdotas, terminándose con 
algún dicho agudo. 

Véase algún ejemplo: "Preguntóle un viejo de sesenta años si se 
teñiría las canas, y respondió: "No borréis en una hora lo que Dios 
"ha escrito en sesenta años." — "Alabando algunos justísimamente la 
rara habilidad del doctor Salinas, canónigo de Segovia, dijo que era 
Salinas de gracia y donaire, con ingenio de azúcar." — Son útiles los 
Apotegmas para conocer las costumbres de la época y muestran a su 
autor como poeta y decidor ingenioso. 

12. Ercilla. — En Madrid nació el cantor de Arauco, don Alon- 
so de Ercilla y Zúñiga (1533-1594), hijo tercero de los cinco que 
tuvieron el doctor Fortún García de Ercilla, del Consejo Real, oriun- 
do de Bermeo, y doña Leonor de Zúñiga, señora del lugar de Bo- 
badilla, cerca de Nájera. Como paje del príncipe don Felipe (II) 
le acompañó en sus viajes a Flandes (1548-51) y a Inglaterra (1554)» 
habiendo estado al servicio de los reyes de Bohemia. Pasó volun- 
tario a Indias con el adelantado Alderete (1555) para asistir a la 
guerra de Chile, tomando parte en siete batallas campales y en mu- 
chos trances difíciles. Estuvo en el descubrimiento del archipiélago de 
Ancud y del valle de Chiloé, y llegó a la provincia de los Coronados, 
cerca del Estrecho de Magallanes. Se halló (1557-59) en la fundación 
de las ciudades de La Concepción, Tucapel o Cañete, Los Confines, 
Osorno y Chiloé. 

Por sus servicios en Chile hizole el Rey merced de un reparti- 
miento de indios (1560) y de una lanza de a caballo con mil pesos 
de salario anuaJ. Volvió a España (1563) e hizo un viaje a Alema- 
nia para traer a su hermana doña María Magda'.ena de Zúñiga, 
dama de Ja Reina de Hungría, que casó con don Fadrique de Por- 
tugal. Siendo gentilhombre de S. M. (1566) contrajo matrimo- 
í^io (J^57o) <^on doña María de Bazán, que llevó en dote más de ocho 
millones de maravedís. Caballero de Santiago desde 1571, asistió 



312 



LITERATURA ESPAÑOLA 



a la coronación de Rodulfo por rey de romanos y de Hungría, y 
íué comisionado para recibir y acompañar desde Zaragoza a los 
Duques de Brunswick (1578), cumpliendo en su misión las minu- 
ciosas instrucciones del Rey. El resto de su vida lo pasó en Madrid 
(vivía al lado del Conde de Puñonrostro) ; y quedan muchos docu- 
mentos por los que se ve que prestaba dinero a personas de cate- 
goría, que imponían censos sobre sus rentas: tales don Fadrique En- 
ríquez, comendador mayor de Alcántara; eil Conde de Montalbán, 
el Marqués áe Villaf ranea, el hijo del Duque de Cardona, etc. En 
el poder para testar que otorgó a su mujer poco antes de su muer- 
te (1594) mandaba i.ooo ducados para ayuda del convento de monjas 
carmefliitas descalzas, que ella pensaba fundar y fundó en Oca- 
ña (1595-99). Una gran lista de deudores figuran en el inventario 
de sus bienes; su mayorazgo fué a parar a su sobrina Iseo Arista 
de Zúñiga, porque Ercilla no tuvo sucesión legítima, y su hijo natu- 
ral, don Juan de Ercilla, murió en el desastre de la Invetucible. 

La Araucana consta de tres partes publicadas en Madrid (15169- 
78-89). En cuanto a la primera dice Ercilla que la escribía sobre 
trozos de cuero y de papel, que después tuvo que ordenar; y, en 
efecto, parece en ocasiones un diario de campaña : poco de la segun- 
da y tercera parte se debió de escribir en América, y en ellas se 
refiere a la Historia española contemporánea; la tercera parte se 
aumentó algo al año siguiente de haber aparecido. 

Asunto : Después de la descripción de Chile y de las costumbres de 
los naturales, empieza a tratar de la conquista por los españoles. Para 
poner término a las discordias entre los caciques araucanos sobre la 
elección de jefe supremo, Colocólo propone que se elija al que por más 
tiempo sostenga y lleve un gran madero. Los araucanos entran en Tu- 
capel, ciudad contra la cual marcha Valdivia, siendo derrotado por Lau- 
taro, quien ordenó ejecutar diversos géneros de suplicios en los ven- 
cidos. Ante este desastre, los españoles se retiran a Santiago desde La 
Concepción, ciudad que es saqueada e incendiada. Los araucanos tratan 
de atacar la ciudad imperial y traban recia batalla para estorbar la 
reedificación de La Concepción. Los araucanos celebran con fiestas 
generales sus victorias. Lautaro se establece en un fuerte. El Marques 
de Cañete envía a los españoles por mar y por tierra importantes so- 
corros. Francisco de Villagrán ataca a Lautaro y lo mata; termina la 
batalla con la muerte de todos los araucanos, que no quisieron rendirse. 
Los indios se reúnen en asamblea; surgen diferencias entre Pe- 
teguelen y Tucapel, que terminan quedando concertados los desafíos 
entre los caciques. [Visión de la batalla de San Quintín.] Los araucanos 
asaltan el fuerte español de Penco y los navios anclados; luego se 
retiran, y Tucapel, herido, se fuga. Tegualda cuenta su historia a Er- 
cilla. Halla ésta el cuerpo de su marido. Los españoles reciben refuerzos 



ERCILLA : LA ARAUCANA 3I3 

en Penco; entran con el estado de Arauco, riñendo fuerte batalla con 
los indígenas; los españoles hacen justicia en Galvarino, indio valeroso, 
-cortándole las manos. Este se presenta ante el Senado de los suyos. 
[Descripción de la cueva del hechicero Fitón: visión de la batalla de 
Lepanto.] 

Los españoles triunfan de los araucanos, a pesar de heroísmo de 
Tucapel y de Rengo, y de la obstinación de Galvarino, que muere. [Vi- 
sión en la cueva de Fitón de ciudades famosas.] Ercilla encuentra 
a la hermosa Glaura, que cuenta su historia. Batalla de Purén : los 
araucanos se retiran alegres y deshechos. Tucapel y Rengo se desa- 
fían, quedando muy mal heridos ; con\'ienen, por mediación de Caupo- 
licán, curarse y no volver a hablar del asunto. 

Engañado Caupolicán, acomete al fuerte, y resultan deshechas sus 
tropas. [Cuenta Ercilla, a ruego de algunos soldados, la verdadera 
historia de Dido.] Caupolicán es prisionero, y sabiendo que ha de mo- 
rir, se hace cristiano ; suplicio del cacique. Los españoles se dirigen a 
ía nueva tierra. Tunconabata les sale al paso y trata de persuadirlos 
a que se vuelvan, y como no lo consigue, les ofrece un guía, que los 
lleva por imponentes despeñaderos, teniendo que pasar grandes traba- 
jos. Llegan al desaguadero del Archipiélago ; Ercilla lo atraviesa en 
una piragua con diez soldados. Vuelven al alojamiento y de allí a la 
ciudad Imperial. [Termina el poema con un canto en que trata de que 
la guerra es de derecho de gentes, y del que tenía Felipe II al reino 
■de Portugal.] 

La Araucana tiene verdadera unidad en lo referente al cacique 
Caupolicán, desde su proclamación hasta su muerte ; y en lo que 
toca a historia contemporánea hay no poco de crónica rimada en el 
poema, que sigue el orden cronológico. 

Entran en La Araucatm elementos históricos y poéticos, combi- 
nados con variedad; el autor alardea de los primeros, mucho más 
importantes que los segundos, y dice de su poema que 

Es relación sin corromper, sacada 
de la verdad, cortada a la medida... 
Dad orejas, señor, a lo que digo, 
que soy de parte de ello buen testigo. 

Pero desde el canto XIII, con los episodios de amor y la his- 
toria de Lantaro y Gaucolda entraron los elementos fantásticos, 
y asi dice eJ poeta, aíl empezar el canto XV: 

¿Qué cosa puede haber sin amor buena? 
¿Qué verso sin amor dará contento? 
¿Dónde jamás se ha visto rica vena 
que no tenga de amor el nacimiento...? 
Los principales personajes españoles son: Valdivia, Villagrán, 
Reinoso, el general don García Hurtado de Mendoza, Ercilla; y 



314 



LITERATURA ESPAÑOLA 



entre los araucanos figuran Cauípolicán, Lantaro, Colocólo, Tucapel^ 
Galvarino y Rengo; no tiene el pcema personaje central propiamen-r 
te dicho, por ser relato fiel de yla campaña y por la clase de guerra, 
que fué de sorpresas y de emboscadas. Don García acaso figuró poco 
en La Araucana por el disgusto de Ercilla con él ; pero aparece y 
es alabado donde históricamente debe serlo. Reinoso de una parte 
y Caupoliicán y Lantaro de otra son los personajes más salientes del 
poema: Reinoso fué el héroe de Tucapel y vencedor de Caupoli- 
cán; éste, por su valor y sus fuerzas, mereció ser el caudillo arau- 
cano, entre todos los caciques, después de la prueba del tronco'í" 
Lantaro, amado de Guacolda, es tan vaíleroso como ga'án y sim- 
pático, lamentándose su muerte. En conjunto, los españoles están 
presentados como valientes y tenaces, y los indios, también esfor- 
zados, aparecen divididos en bandos, crueles, ebrios y dados a or- 
gías interminables. 

Don García tenía veintiún años cuando se puso al frente de los 
españoles en Chile: había abrazado la carrera de las armas contra 
ia voluntad de su padre, y se había distinguido antes en las cam- 
pañas de Italia, Flandes y Francia. Ercilla lo pinta como buen mi- 
litar. Andrea es un simple soldado, de fuerzas físicas extraordina- 
rias, condición que admiró siempre el poeta. Ercilla mismo es muy 
interesante por su valor, nobleza de carácter, sentimientos huma- 
nitarios y religiosos, respeto a la mujer, idea del honor, desprecio 
por los traidores y arraigadas convicciones monárquicas ; refiere sus- 
hazañas sin afectada modestia, y es tan sincero al contar las de otros, 
capitanes como las suyas propias. 

Lantaro es un gallardo joven araucano, de fuerte cuerpo y es- 
píritu organizador; consigue imponer la disciplina; es tierno y ga- 
lante con Guacolda, a la que ha enamorado, llegando a cumplirse 
los tristes presentimientos de esta india. Tucapel, por el contrario, 
es un Hércules vulgar, indisciplinado, caprichoso y fanfarrón, dis- 
puesto a luchar lo mismo con los españoles que con los araucanos. 
Gaupolicán es desigual en su carácter, aunque Jo anuncian como el 
jefe más sagaz; si Colocólo no moderase sus ímpetus, cometería 
muchas imprudencias; se deja prender con demasiada facilidad; me- 
rece los reproches que le dirige su mujer, y su espíritu, decaído, no» 
reacciona hasta el momento del suplicio, en que, movido por su d'g- 
nidad personal, da al verdugo un tremendo puntapié. Colocólo es 
el consejero anciano, cacique prudente, especie de Néstor indio,, 
cuyo carácver y arengas Voltaire admiraba mucho. Guacolda, Te- 
gualda y Glaura, mujeres indias, son muy amantes y muy fieles a 
sus esposos, vivos o difuntos; de espíritu estoico, tienen escaso ca- 
rácter araucano y no pocas reminiscencias clásicas. Fresia, esposa 



ERCILLA : LA ARAUCANA 315 

de CaupoBicán, es la verdadera india que aparece en el poema, dis- 
tinguiéndose por su valor y aun por su ferocidad. Dido está presen- 
tada, no según la atrevida versión de Virgilio, sino más digna, aun- 
que menos bella que en éste. 

Ercilla ha brillado ante todo en las descripciones; sabia ver^ 
como dicen los artistas, y pintaba bien en sus estrofas lo que veía:, 
sabía infundir espíritu a las cosas inanimadas: era muy atinado en 
los epítetos y gustaba del detalle pintoresco, expresándolo gráfi- 
camente. Algunas descripciones de la naturaleza americana son ex- 
celentes, V. gr., la de los Andes; en cambio Sisniondi ha censurado^ 
con razón, la descripción geográfica de Chile con que empieza eli 
poema. Las comparaciones suelen ser precisas, sobrias y pintorescas ; 
así, Rengo, cuando protege la retirada de los indios, es comparado a 
un toro que defiende la vacada; el poeta llega al realismo y no se de- 
tiene ni ante lo horrendo; no hay en él la melancolía de Virgilio; gus- 
ta de lo fuerte, pero no de lo apacible, y apoyándose una vez más en 
la Mitología (que tiene mucha cabida en el poema) dice : 

Venus y Amor aquí no alcanzan parte ; 
sólo domina el iracundo Marte. 

Entre los defectos de La Araucana figura el haber intercalado^ 
en este poema, rompiendo su unidad, episodios extraños a su asun- 
to (batallas de Lepanto y San Quintín, guerra de Felipe II por 
la incorporación de Portugal, e historia de Dido). 

Lo maravilloso es escaso en La Araucana: Belona muestra al 
poeta, en un sueño, la batalla de San Quintín, y el mago Fitón le 
hace ver en una esfera la victoria futura de Lepanto. Puede de- 
cirse que no hay maravilloso cristiano en el poema, puesto que la 
aparición de la Virgen de que se habila en el canto IX se presenta, 
como hecho histórico. 

La versificación, aunque es muy fluida, peca de descuidada, sobre 
todo en cuanto a las rimas, pues no rechaza ios asonantes inmedia- 
tos, que en ocasiones se ven dentro de la misma estrofa; hay fra- 
ses triviales, exceso de sinónimos, antítesis rebuscadas. En cambio, 
el arte de narrar, los epítetos pintorescos y el valor descriptivo de 
la frase son extraordinarios. 

Los clásicos latinos, historiadores, poetas y filósofos, son los au- 
tores que han influido en Ercilla; fueron, indudablemente, su mode- 
lo en la narración, en las arengas y en la frase descriptiva o grá- 
fica; se inspiró en ía Farsalia, y a 'veces en Séneca para sus di- 
sertaciones morales y para sus versos sentenciosos ; también hay al- 
gunas expresiones inspiradas en Virgilio; la descripción de la cue- 
va del mago Fitón (canto XXIII) deriva de Lucano. Ercilla es adrai- 



C>l6 LITERATURA ESPAÑOLA 

-rador del Ariosto; suele empezar sus cantos con reflexiones morales 
y los termina diciendo que está fatigado, y gusta de las repeticiones 
de palabras, todo lo cual se ve en el Orlando : las hazañas de Tucapel, 
Rengo o Andrea son, a veces, reflejo de las de los personajes crea- 
dos por Ariosto, al menos en la manera de ser expuestas, dado el 
-carácter acentuadamente histórico de La Araucana; no obstante esto, 
.son poetas de distinta clase uno y otro : d italiano se distingue por 
su fantasía y por su gracia, y el español, por su realismo y por 
su vigor descriptivo. 

La Araucana no es poema de la alltura de los del Ariosto, Tasso 
•o Camoens; faltaba a Ercilla, para ello, la fantasía extraordinaria, 
la delicada ternura, la gracia y los admirables episodios que se leen 
«n los poemas de aquéllos; pero sus grandes bellezas narrativas, 
■descriptivas u oratorias hacen que se conceptúe como el mejor poe- 
ma histórico español. Voltaire elogió La Araucana en su Ensayo 
.sobre la poesía épica (1726). Sismondi cree que la causa de estos 
-elogios (que juzga excesivos) es que el autor de la Henríada debía 
^1 de La Araucana su bella concepción de Alcira. 

El poema de Ercilla tuvo gran éxito y muchas ediciones : Konig 
ha hecho una reciente, expurgándole de cuanto es extraño a Chile, 
-y la mejor es la de don José Toribio Medina. 

Pedro de Oña (1570, m. después de 1643?). — Nació en la 
ciudad de los Confines, última de las que fundó Valdivia en terri- 
torio araucano; estudió en Lima y allí escribió el Arauco doma- 
-do (1596), "primera labor que salió de sus manos", dice éfl mis- 
mo. Este largo poema narrativo acerca de la sublevación de las 
gentes araucanas se propone enaltecer lia figura de don García Hur- 
tado de Mendoza, que había quedado en la penumbra en el de Er- 
cilla (cantor de la misma empresa). También escribió el Ignacio de 
Cantabria (primera parte) (1639) acerca deJ fundador de la Com- 
pañía de Jesús, y otro poema. Temblor de Lima en lóop, en un can- 
to, sobre el expresado terremoto. El Arauco dotnado, notabfe por 
la soltura de la versificación, ofrece una novedad : eil autor, en vez 
de emplear las octavas reales (estrofa autorizada por los italianos y 
seguida por españoles y portugueses para los poemas narrativos) 
usó otras octavas de su invención, que él escribía con agilidad y 
arte, aunque no consiguió que le siguiesen en el nuevo procedi- 
miento; en esta octava, los cuatro primeros endecasílabos forman 
^n cuarteto (a-b-b-a) ; los versos 5.° y 6.° conciertan, respectiva- 
mente con el I. o y 2° (a-b), y los dos últimos son pareados, con 
rima independiente de los anteriores (c-c). Véase esta octava, una 
-ét las que dirige Gualeva a Tucapel (canto VIII) : 



VIRUÉS: EL MONSERRATE 317 

Bien sé que tienes ánimo valiente 
y pecho sobre todos levantado, 
mas no has de estar en eso confiado 
para tener en poco el mal presente; 
pues la mudable diosa no consiente 
que estén las cosas siempre en un estado, 
ni en tu poder y mano está su rueda 
para que a su pesar la tengas queda. 

El leonés Diego de Santisteban Osorio publicó la Cuarta y 
quinta parte de La Araucana (1597). Parece que se ha perdido otra- 
continuación de La Araucana debida al anda'uz Hernando Al- 
varez de Toledo, autor del Purén indómito, imitación infeliz dcF 
Arauco domado de Oña. 

13. Juan de Castellanos: Elegías de Varones ilustres de in- 
dias. Véase el núm. 29 del cap. XIV. 

14. Cristóbal de Virués (1550-1609), valenciano, fué hijo- 
de un médico y humanista, amigo de Luis Vives; siguió la carre- 
ra de las armas; combatió en Lepanto y en M'úkn, y, aficionada 
a la poesía, publicó El Monserrate (1588), cuya aprobación es dé- 
fray Pedro de Padilla. Este poema narrativo, en octavas reales, 
lo refundió después con el título de El Monserrate segundo (Mi- 
lán, 1602), donde Virués se retrató a sí propio al describir la fiso- 
nomía de) ermitaño Garín. 

La leyenda de éste es el asunto de dicho poema. Don Jofre, conde de 
Barcelona, lleva a su hija a la sierra de Monserrate, y el ermitaño Ga- 
rín la libra del espíritu infernal de que estaba poseída: allí la deja su. 
padre, y el ermitaño, tentado por el infierno, abusa de su inocencia, y 
para ocultar su crimen, la mata. Decide ir a Roma en lusca del per- 
dón ; se embarca en la escuadra del general Alberto ; examina las vic- 
torias representadas en la popa de su galera y principalmente la de Le- 
panto, y refiere al general su propia vida. Desembarca en Marsella,, 
donde un monje le muestra las pinturas piadosas con que ha adorna- 
de su retiro. Se da a la vela, y cerca del puerto de Ostia se levanta 
furiosa tempestad, que empuja las naves hasta las costas de África; 
trábanse algunos encuentros con los barbaros, con varia fortuna, y el 
valiente den Diego Florel consigue la victoria en la tierra y en el mar,- 
prosiguiendo su viaje la armada. Garín desembarca en Ñapóles; mar- 
cha a Roma, y en el camino cae en manos de unos salteadores, siendo- 
libertado por Florel. En Roma, Garín confiesa sus culpas al Pontífice r 
regresa a España atravesando de rodillas Italia y Francia, llega ^ 
Monserrat y es cazado como una fiera por el conde don Jofre ; se en- 
cuentra la imagen de la Virgen en lo más intrincado de la montaña y 



ojS literatura española 

:se decide ediíicarle un templo. Cumplida la penitencia de Garín, este 
se descubre al Conde y alcanza su perdón. Desentierran a la hija de 
<lon Jofre y la hallan viva; ésta decide profesar en el nuevo monaste- 
rio; termina el poema refiriendo Garín la historia futura de esta casa 
.religiosa. 

Véase además el núm. i6 del cap. XII. 



bibliografía 

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.sur la Guerra de Granada de D. Diego Hurtado de Mendoza, en Rev. 



VIRUÉS: EL MONSERRATE 319 

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de Córdoba: estudio biográfico y critico, Madrid, 1912. (Véase la bibliogr. 
de] núm. 13 del cap. XI.). — 12. La Araucana, facsímile de la primera ed. 
(i.* y 2.'^ partesj, por A^rcher M. Huntington, New York, 1902-1903. La 
Araucana, B. A. E., XVII. La Araucana, ed. J. T. Medina. Santiago de Chi- 
le, 1910-1013, 2 vols. puMícados [el II contiene Documentos para la biogra- 
fía de Ercilla'\. A. Bello, Obras completas, Santiago dtí Chile, 1883, VI. 
A. Royer. EUides littcraires sut ¡'Araucana, Dijon, 1880. J. L. Perrier, 
Don García de Mendoza in Ercilla's '* Araucana" , en Romanic Rcvieiv, 
191S, IX, 430. P. Bilbao y Sevilla, Don Alonso de Ercilla y Zúñiga : el 
vasco, el soldado, el poeta; Arauco, poema épico. "La Araucana", Confe- 
rencia, 1 91 7. E. Lizana, Apuntes para la historia de Lantaro, en Rcv, Cat., 
Chile, 1917, XXXII, 427, 592 y sigs. [Costumbres e historia de los arau- 
canos, con referencia a Ercilla.] Arauco domado, B. A. E., XXIX. Ed. cri- 
tica de la Ac. Chilena, anotada per J. T. Medina, Santiago de Chile, 1917. 
J Toribio Medina, Biblioteca hispanochilena, Santiago de Chile, 1897. 
I, 42. M. Pelayo, Antología de poetas hispanoamericanos, IV, 17. J. A. 
Ray, Drjke dans la poésic espagnole, Paris, 1906, págs. 153-157. Santistc- 
bai) Osorio : Continuación de La Araucana, Madrid, 1735. C. Pérez Pas- 
tor, Bibliografía Madñleña, III, 478. — 14. La gran Scmíramis, London, 1858. 
Historia del Monserrate, B. A. E., XVII. H. Santos Alonso, Historia ver- 
^dadcra de la aparición de Nuestra Señora de Mcr.scrrale, Murcia, 1772- 



CAPITULO XI 

C Poesía lírica: a) Petrarquistas : i. Boscán. — 2. Garcilaso dé- 
la Vega. — 3. Hernando de Acuña. — 4. Gutierre de Cetina. — 
5. Francisco de Figueroa. — 6. Lomas Cantoral. — 7. Sq, de Mi- 
randa. 

I. Boscán. — No se sabe el año en que naciera Juan Boscán. 
Almogáver, de la clase noble de ciudadanos honrados de Barcelona. 
Estudió con Lucio Marineo Sículo, que lo alaba. Era de la casa 
del Rey Católico, y debió educarse en Castilla, siendo, por tanto>. 
el castellano su lengua familiar, en contra de Jo que se ha venido 
diciendo desde tiempo de Fernando de Herrera. Se embarcó en 
la- expedición que el Maestre de San Juan enviaba en auxilio de 
Rodas (1522) y que no llegó a la isla. Fué ayo del gran Duque de: 
Alba, a quien debió enseñar el arte de trovar. Conocida es su 
amistad con Garcilaso, cuyas obras conservó; pero no es eil Nemo- 
roso de las Églogas, como se ha supuesto, sino que Nemoroso es 
el mismo Garcilaso, enamorado de doña Isabel Freiré (Elisa), dama, 
portuguesa que casó con don Antonio de Fonseca. Tamlbién fueron 
sus amigos don Diego de Mendoza y Cetina. Andrea Navagiero^ 
humanista cultísimo, una de las más notables figuras del Renaci- 
miento, vino a España (1525) como embajador de Venecia. Es- 
tando en Granada incitó a Boscán a emplear los metros italianos. 
Casó Boscán con doña Ana Girón de Rebolledo, de la familia 
de los Barones de AndiJla, señora "sabia, gentil y cortés", en frase 
de don Diego de Mendoza, y en Barcelona vivieron gozando las 
delicias de un hogar tranquilo y pacífico. Murió en 1542. 

Tradujo (1534) El Cortesano de Baltasar Castiglione, libro ca- 
pitail en .los anales del Renacimiento, no de un modo literal y servil,, 
pero sí haciendo de su traducción uno de los libros mejores en prosa 
del reinado de Carlos V, por cuyo medio se incorporaron en nues- 
tra lengua un gran caudal de ideas clásicas, ingeniosamente entre- 
tejidas en la obra del conde Castiglione. 

Con ser tanto el valor de Boscán como prosista tiene más inte- 
rés en la historia literaria española como poeta, por las innovacio- 
nes métricas que introdujo. 



• "i. BOSCAN 321 

Estando un día en Granada con el Navagero — dice Boscán en 
carta a la Duquesa de Soma, puesta como prólogo al libro segundo 
do sus poesías — , tratando con él en cosas de ingenio y de letras, y 
especialmente en las variedades de muchas lenguas, me dixo por qué 
no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas 
por los buenos autores de Italia ; y no solamente me lo dixo así Iwia.- 
namente, más aún, me rogó que lo hiciese. Partíme pocos días después 
para mi casa; y con la largueza y soledad del camino, discurriendo por 
diversas cosas, fui a dar muchas veces en lo que el Navagero me ha- 
bía dicho ; y así comencé a tentar este género de verso. En el cual ai 
principio hallé alguna dificultad, por ser muy artificioso y tener mu- 
chas particularidades diferentes del nuestro. Pero después, pareciéndo- 
me, quizá con el amor de las cosas propias, que esto comenzaba a su- 
cedcrnie bien, fui paso a paso metiéndome con calor en ello. Mas e.sto 
no bastara a hacerme pasar muy adelante si Garcilaso con su juicio, 
el cual no solamente en mi opinión, más en la de todo el mundo ha 
>ido tenido por regla cierta, no me confirmara en esta mi demanda. Y 
asi alabándome muchas veces este mi propósito y acabándomelo de 
aprobar en su exemplo, porque quiso él también llevar este camino, al 
cabo me hizo ocupar mis ratos ociosos en esto más particularmente." 

Algunos negaron a Boscán haber sido eí primero que empleó 
los metros italianos, diciendo, como Castillejo, que Mena los ha- 
bía usado, o como Argote de Molina, que ya se ven en don Juan 
Manuel y en el Marqués de Santillana. 

El endecasílabo se derivó del latín clásico por evolución del verso 
sáfico y del trímetro yámbico acataléctico que los latinos llamaban 
senario. En ¡a Edad Media, perdida la cuantidad prosódica, aparecie- 
ron en las lenguas romances tres versos análogos : el decasílabo épico 
francéS; el endecasílabo lírico provenzal y el endecasílabo italiano. Del 
francés casi no hay huellas en nuestra poesía medieval. El provenzal 
se usó en España en el endecasílabo catalán y en el galaicoportugués : 
los trovadores catalanes, Mosen Jordi de San Jordi y, sobre todo, Au- 
sías March, el poeta del amor y de la muerte, en la llamada cobla 
broada. El endecasílabo gallego aparece ya en las Cantigas del Rey 
Sabio ; abunda en los Cancioneros portugueses ; se ve en una cantiga del 
Arcipreste de Hita y en algunas moralidades del Libro de Patronio 
de don Juan Manuel. Imperial, imitando a Dante, hizo algunos ende- 
casílabos, Juan de Mena los compuso también sistemáticamente, en 
los que llamó dodecasílabos mutilados, que vienen a ser iguales al en- 
decasílabo anapéstico, llamado de gaita gallega, por ser el metro propio 
de las muñeiras; ejemplo: 

"Dame licencia, mudable fortuna..."' 

Esporádicamente aparece el endecasílabo en Fernán Pérez de Guz- 
mán y Alvar García de Santa María. Sólo el Marqués de Santillana 

21 



322 



LITERATURA ESPAÑOLA 



en los "sonetos fechos al itálico modo" es siempre correcto en el nú- 
mero de sílabas, aunque no en la acentuación del endecasílabo italiano 
Menéndez y Pelayo indica la posibilidad de influencia en el Marqués 
del endecasílabo catalán, por Ausías March y Mosén Jordi, a juzgar poi 
la acentuación de la cuarta sílaba y por la abundancia de versos agudos 

'Boscán empleó sistetnáticamente el endecasílabo italiano, aun- 
que todavía se le escaparon algunos de gaita gallega. Se notar 
asperezas y desigualdades en la métrica y muchas terminaciones 
oxítonas, uso condenado por los preceptistas posteriores a Herre- 
ra, en vista del ejemplo de Garcilaso, que casi no las usaba. Las 
combinaciones métricas italianas que Boscán introdujo en caste- 
llano fueron las siguientes : Sonetos, imitando exclusivamente al Pe- 
trarca. (Al Marqués de Santillana lo había seguido Juan de Villal- 
pando; Torres Naharro los hizo en italiano.) Canción de estancias 
largas; sin precedentes antes de él. Terceto dantesco en la Epístola 
a Mendoza; Andreu Febrer, traductor catapán de La Divina Come- 
dia, calcó los tercetos deil originall. Los dantistas españdles no em- 
plean este verso. Octava rimq; es el primero que la emplea; su mo- 
ddlo principal fueron las Estancias de Bembo para el Carnaval de Ur- 
bino (1507). Verso suelto; también fué di primero en usaillo en cas- 
tellano, derivado defl Tasso en el poema de Hero y Leandro. (En 
catalán existían ya los estramps, agrupaciones de ocho en ocho ver- 
sos, generalmente.) 

Doña Ana Girón publicó en Barcelona (1543) tres libros de las 
poesías de su mai-ido y un cuarto con las de Garcilaso. El libro pri- 
mero reunía composiciones de la escuela tradicional castellana. A 
estilo de las de cancionero, son, por lo general, flojas. Merecen 
citarse algunas amorosas y la correspondencia poética con el famoso 
almirante de Castilla don Fadrique Enríquez de Cabrera. Tiene por 
mod'dos a Jorge Manrique, a Petrarca y, aunque sólo en las ideas, 
a Ansias March. La Conversión de Boscán, reajlisita y famiJiar, es 
seca, escolástica y sin pasión ; y el Mar de amor está lleno de ale- 
gorías insulsas y conceptos alambicados. 

El hbro segundo tiene 92 sonetos y varias canciones, de la es- 
cuela Italiana por el estilo y por la versificación, siguiendo por mo- 
delo al Petrarca y siendo en España el paladín del petrarquismo, lle- 
vado, como dice Menéndez y Pelayo, "no tanto por nativo y propio 
impdso suyo como por la irresistible corriente de la literatura de 
su época". El soneto mejor imitado es el 126: 

¿En cuál parte del cielo, en cuál planeta, 
guardado fué tan grande nacimiento?... 
La imitación de Boscán es fría, abstracta, algo metafísica; le fal- 



BOSCAN 323 

ta el valor de los detalles subjetivos que sugestionan en las obras del 
italiano- Herrera dijo con razón que Boscán había osado lle- 
var las joyas del Petrarca en "su no bien compuesto vestido". 
También tomó como modelo a Ansias March en "la llaneza de esti- 
lo y las mesmas sentencias" (Herrera), en l-as comparaciones re- 
flexivas. Entendió mejor a Ansias que al cantor de Laura, aunque 
los afectos de March conservados en Boscán no tienen la trágica 
grandeza de pasión, de profurxlidad y sublimidad de! modelo. No 
cuenta con un soneto perfecto; casi todas sus canciones "son áridas, 
•desabridas y prosaicas... Parecen vm libro de morall puesto en malos 
versos" (M. P.). Debe recordarse, no obstante, la canción que empie- 
za "Qaros y frescos ríos..." 

E3 Qibro tercero lo forman: composiciones en tercetos: dos capí- 
tulos, de versificación más correcta que las canciones. Merecen ci- 
tarse el episodio del sacrificio de Ifigenia, porque se ha perdido 1k 
traducción que Boscán hizo de una tragedia de Eurípides, que acaso 
fuera Ifigenia, y la Epístola a Mendoza, contestada por éste (am- 
l>os imitan a Horacio), que describe la felicida/d de la vida con- 
yugal. La Octaz'a rima, poema alegórico en 135 buenas estrofas, 
imitando los cantos camavaJesccs de Bembo y a veces a Policia- 
no en la forma. Historia de Heró,yL^n¿ró,^rkivzs\Éth'ériá>t- 
■casílabos ped^tres del poema de Museo, con algo de las Heroidas 
de Ovidio, y un episodio de las Geórgicas, y acaso siguiendo la 
Farola di Lecundro de Bernardo Tasso (1537). 

Leandro, gallardo joven que habitaba en Abidos, a orillas del He- 
Jesponto (ihoy Dardanelos), se prendó de la bellísima Hero, que mora- 
"ba en la parte opuesta, en Sestos. Todas las noches el enamorado ga- 
lán cruzaba a nado el estrecho, guiado por una antorcha que encendía 
Hero. Una noche sobrevino imponente tempestad : vacilaba I-eandro 
len echarse al agua, pero creyendo oír la voz de su amante que le lla- 
maba, intentó una vez más atravesar el estrecho, pereciendo ahogado. 
Las olas devolvieron el cadáver a la playa, y al verlo la infeliz Hero. 
loca de dolor, se arrojó al mar. 

Siguiendo a Menéndez y Pelayo creemos que "Boscán fué un 
ingenio mediano, prosista excelente cuando traduce, poeta de vue- 
lo desigual y corto, de duro estilo y versificación ingrata, con raras 
íiunque muy señaladas excepciones. No tiene ni el mérito de la 
invención ni el de la forma perfecta,.. Pero con toda su medianía 
•es un personaje de capital importancia en la historia de las le- 
tras... Su destino fué afortunado y rarísimo: llegó a tiempo; en- 
tró en contacto directo con Italia; comprendió mejor que otros la 
aiecesidad de una renovación literaria; encontró un colaborador 



^24 LITERATURA ESPAÑOLA 

<ie genio [Garcilaso], y no sólo triunfó con él sino que participa,. 
en cierta medida, de su gloria". 

3. Garcilaso de la Vega (1503-1536). Hijo séptimo del Co- 
mendador mayor de León en la Orden de Santiago y de doña San- 
cha de Guzmán, nieta de Fernán Pérez de Guzmán, el autor de 
Generaciones y semblanzas, Garcilaso de la Vega y Guzmán nació- 
en Toledo el año 1503. Probablemente en esta ciudad se educó, si 
hemos de creer a Herrera y a Tamayo de Vargas, y en 1520 entró- 
ya al servicio de Carlos V, como contino de la casa del Rey,, 
con 45.000 maravedís de salario. Acompañó al Emperador a las 
Cortes que en Galicia celebró este año, volviéndose luego a pelear 
contra los Comuneros, uno de cuyos primeros caudillos era su 
hermano mayor Pedro Laso de la Vega, y siendo herido el poeta 
en Olías. En 1° de octubre de 1523 fué nombrado gentilhom'bre en 
los estados de Flandes, aunque siguió al servicio del Emperador, y 
en II de noviembre cruzóse como caballero de Santiago en Pam- 
plona, peleando en la guerra contra los franceses. En 1525 otorgó 
en Toledo una carta de arras a doña Elena de Zúñiga, de la 
cual tuvo cinco hijos. Y en la Imperial Ciudad parece que vivió 
hasta 1529, hoflgadamente, gracias a las mejoras que su madre hiza 
en su favor (12 febrero 1526). En 25 de julio de 1529 otorgó en 
Barcelona testamento, cuatro días antes de salir con el Emperador 
para Bolonia, donde éste fué coronado (1530), siendo uno de los 
testigos Juan Boscán. Durante este año (1530) asistió a la campaña: 
contra Elorencia, y lluego fué de embajador extraordinario a la 
corte de Francia. Vuelto a Italia en 1531 pidió un regimiento de- 
Toledo, sin conseguirlo. Aí dirigirse con efl Duque de Alba a Pa- 
rís, para ir a la guerra contra los turcos, por orden dei César fué 
detenido en Tolosa por haber asistido como testigo a la boda de 
su sobrino y homónimo con Isabel de la Cueva, sobrina de'l Duque 
de Alburquerque, boda que no consentía el Emperador. El de Al- 
ba pidió su perdón y lo llevó consigo a la corte de Ratisbona (1532) ; 
pero Carlos V lo desterró a una isla en el Danubio, "río divino",, 
donde compuso alguna de sus más bellas poesías. Gracias a las- 
instancias deil Duque, Carctlaso fué en seguida perdonado, a condi- 
ción de ir a Ñapóles a servir al Rey o encerrarse en un convento 
(25 junio 1532). A las órdenes del virrey don Pedro de To'edo, 
marqués de Villafranca, y pasando por Roma, marchó a Ñapóles. 
Allí trató con lo más selecto de su sociedad y fué amigo, entre 
otros, de Caracciolo, del Marqués del Vasto, de Mario Galeota, de 
María de Cardona, célebre en su tiempo, mujer en segundas nup- 
cias de Francisco de Este, del erudito Antonio Telesio, de Bembo, 



GARGILASO DE LA VEGA 325 

<ie Tansillo. Tuvo amores con una incógnita: "Jamás corazón fu^ 
consumido de tan hermoso fuego", dice recordándolo. En 1533 y 
1534 hizo viajes a Barcelona, con misiones cerca del Emperador; 
en el retorno del segundo pasó por Valclusa, la tierra "do nació el 
<:laro fuego dell Petrarca", desde donde escribió a Boscán. Se dice, 
• aunque no está comprobado, que asistió a la jornada de Túnez 
(1535). En la campaña de Provenza (1536) era maestre de campo 
<ie los 3.000 infantes españoles que en ella tomaban parte. A la 
retirada, en la fortaleza de Muy, a cuatro millas de Frejus, el ejér- 
cito imperial fué hostigado por un grupo de arcabuceros; la arti- 
llería abrió brecha en el muro, y como corriese por el campo el 
rumor de que el Emperador se extrañaba de la tardanza en el 
analto, picóse Garcilaso, como jefe de la infantería a quien tocaba 
escalarla, y se dirigió al ataque sin coraza ni casco ; los de la torre 
despeñaron una gran piedra que lo hirió mortalmente (26 de sep- 
tiembre). Conducido a Niza, murió el 13 de octubre asistido por 
«u amigo d Marqués de Lombay, luego San Francisco de Borja, 
El Emperador mandó arrasar la fortaleza y ahorcar a todos sus 
defensores. Su cadáver fué trasladado dos años más tarde a To- 
ledo, a -la iglesia de San Pedro Mártir, donde estaba el panteón 
de su familia. 

Tanto como por sus cualidades físicas — "el más hermoso y 
gallardo de cuantos componían la corte deJ Emperador", dice un 
"biógrafo — es admirado por su cualidades intelectuales y morales. 
Instruido en el griego, el latín, el toscano y el francés; amigo ín- 
timo de Boscán, con quien estudiaba a Virgülio y Horacio, a Dante 
y Petrarca; agudo de ingenio, experto en todos los ejercicios de un 
caballero, apacible en sus costumbres y suave en su trato, se hizo 
rsimpático desde el primer momento, como hombre y como poeta. 
I.OS escritores posteriores le dedicaron epitafios y elegías, tanto 
en latín como en castellano : tales, entre otros, Francisco Pacheco, 
Diego Girón, Cristóbal Mosqu-era de Figueroa y Barahona de So- 
4o, que dice : 

Este sepulcro venerable encierra 
de Taima los despojos más famosos 
que en Corte Apolo ha visto, y Marte en guerra. 

Las poesías de Garcilaso se reducen a una epístola, dos elegías, 
tres églogas, cinco odas, treinta y ocho sonetos y algunas compo- 
siciones menores, escritas según la antigua manera castellana, en- 
tre ellas, un villancico. 

Las églogas. — La primera, escrita en estancias, está dedicada 



3^6 



LITERATURA ESPAIÍCLA 



a don Pedro de Toledo, marqués de Villafranca, virrey de Nápo^ 
leSí.;gmpieza: '. 
!<>í ; ! .fífi'i i'.'ÍEí dulce láimentar de dos pastores. 

Salido juntamente y Nemoroso, 

he de cantar, sus quejas imitando; 

cuyas ovejas, al cantar s^ibroso 

estaban muy atentas, los amores, 

de pacer olvidadas, imitando... 

El poeta excita al Marqués a presenciar las damentaciones de: 
dos pastores, en asuntos de amor, que discuten cuál de los dos es 
más desdichado: Salicio que se queja de que Galatea, pastora de 
la que está prendado; no acepta su rendimiento, antes bien prefie- 
re a otro, por lo que exdama : "¡ Oh, más dura que mármol a mis 
quejas!"; mientras que Nemoroso llora la muerte de EUisa, "so- 
bre la verde hierba degollada". Aparte de la dedicatoria al vi- 
rrey de Ñapóles y de la descripción de la tarde (o sea de los pa- 
sajes primero y último) se compone de dos tiernas elegías, sobre 
temas de psicología amorosa, con fondo bucólico, un poco artifi- 
cial, ya que los pastores de Garciilaso no reproducen ios de la rea- 
lidad, sino que encubren a discretísimos cortesanos. Según Herre- 
ra, "se compone de odas, elegías y otras partes ílíricas y coros de- 
tragedias, y es felizmente imitada de las de Virgilio". El mismo 
'anotador sevillano observa que se distingue "por la pureza, senci- 
llez, blandura y propiedad de lengua". Es indudablemente la mejor 
de las tres églogas por la delicadeza y dulzura del sentimiento, y 
por la fluidez y elegancia de la versificación y del lenguaje. Asi 
se lamenta de la muerte de Elisa : 

¿Quién me dijera, Elisa, vida mía, 
cuando en aqueste valle al fresco viento 
andábamos cogiendo tiernas flores, 
que había de ver con largo apartamiento 
venir el triste y solitario día 
que diese amargo fin a mis amores? 
El cielo en mis dolores 
cargó la mano tanto 
que a sempiterno llanto 
y a triste soledad me ha condenado ; 
y lo que siento más es verme atado- 
a la pesada vida y enojosa, 
solo, desamparado, 
ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa. 

Se ha discutido quiénes pueden ser los personajes que encubren 



GARCILASO DE LA VEGA ^7 

los nombres poéticos de los pastores Salicio y Nemoroso. Aparte 
de otras opiniones, don Manuel de Faria y Sousa escribe : 

"Lo cierto es que no fué Boscán, ni otro alguno, sino que Gar- 
cilaso se representa con ambos nombres, y esto es ordinario en los 
escritores de églogas... El introducir nombres sirve sólo al diálogo; 
pero la persona es una sola. Así. en la égloga de Garcilaso, lo mis- 
mo es Salicio que Nemoroso.'' Doña Carolina Michaéiis de Vas- 
concellos y el señor Menéndez y Pelayo siguen dicha opinión ; este 
último escribe : "Prefiero la opinión de Faria a la de Zapata (que 
identifica a Boscán con efl amador de Elisa), porque no es vero- 
símil, ni posible siquiera, que la divina lamentación de Nemoroso, 
que es lo más tierno y apasionado que brotó de la pluma de Garci- 
laso, sea el eco o el reflejo de una pasión ajena, de la cual, por 
otra parte, no hay rastro en los versos de Boscán. Garcilaso ha 
puesto en aquellas estancias todo su corazón, y habla allí en nombre 
propio, no en el de su amigo, ni mucho menos en nombre del ma- 
rido de su dama." Por otra parte, si muchos desde el Brócense han 
dicho que Nemoroso no es sino Boscán, "porque nemus es bosque", 
es posible que este recuerdo, en el nombre Nemoroso, aluda, no 
a episodio alguno de Boscán, sino, a algún bosque en que mani- 
festara Garcilaso sus amores a Elisa siendo ambos jóvenes y sol- 
teros. Elisa (abreviación de EJisabeíh) es, según los comentadores, 
doña Isabel Freyre, dama portuguesa, que se casó después con don 
Antonio de Fonseca. 

La égloga segunda, que es la más larga, está escrita en tercetos, 
estancias y endecasílabos con rima interna, o en di medio : figu- 
ran en ella cuatro pastores: AÜbanio, Saücio, Nemoroso y Camila. 
Albanio da principio con estos versos : 

En medio del invierno está templada 
el agua dulce desta clara fuente, 
y en el verano más que nieve helada... 

Tiene dos partes : en la primera Aíbanio refiere sus amores 
con Camila, siendo digna de recordarse una imitación del Beatus 
Ule de Horacio, puesta en boca de Salicio : 

i Cuan bienaventurado 
aquel puede llamarse 
que con la dulce soledad se abraza, 
y vive descuidado 
y lejos de empacharse 
en lo que el alma impide y embaraza. . . ! 

La segunda parte es una extensa narración que hace Nemoroso 
de los prodigios que el viejo Tormes, personificado, mostró al ma- 



328 LITERATURA ESPAÑOLA 

go Severo (dominico, preceptor ded Duque de Alba); esta visión 
es la historia alegórica de la ca^ de Aiba ; en esta parte, entre 
los pasajes más curiosos, está la referencia a la prisión de don 
Fernando Alvarez de Toledo, conde de Alba, por don Juan II, y 
a las luchas intestinas de aquel tiempo y al desafío (originado por 
cuestione* de galantería), del duque don Fernando, una noche, en 
Burgos, con otro caballero, siendo conocido después este secreto 
lance por haber trocado las capas. 

La tercera égloga, dedicada a la condesa de Ureña doña Ma- 
ría de la Cueva, madre del primer Duque de Osuna, está en octavas. 
Se distinguen dos partes : la primera, narrativa, comprende la 
dedicatoria a la Condesa "Aquella voluntad honesta y pura, — ilus- 
tre- ¡y, 'hermosísima María..."; continúa con una brillante descrip- 
<áelni4eli íifcio donde se desarrolla el cuadro bucólico: 
•;l!Tri rt '■'^ '.^u Ccj-ca del Tajo, en soledad amena, 
de verdes sauces hay una espesura, 
toda de hiedra revestida y llena, 
que por el tronco va hasta la altura... 

A esie delicioso lugar" concurren varias ninfas que bordan en 
delicadas telas, ya ú episodio de Dafne perseguida por Apolo y 
transformada en laurell, (que refiere Ovidio), ya la muerte de 
Adonis, herido por jabailí feroz, y el pesar de Venus (asunto de 
un idilio de Mosco) ; Elisa, la amada de Nemoroso ("sobre la verde 
yerba degollada"). En la segunda parte, Tirreno y Alcino ponderan 
alternativamente (forma amebea) la belleza y las cualidades de 
üas pastoras Herida y Fiílis, que respectivamente aman. 
Tirreno. Flérida, para mí dulce y sabrosa 
más que la fruta del cercado ajeno, 
más blanca que la leche, y más hermosa 
que el prado por abril, de flores Heno : 
si tú respondes pura y amorosa 
al verdadero amor de tu Tirreno, 
a mi majada arribarás primero 
que el cielo nos demuestre su lucero... 
Alcino. ¿Ves el furor del animoso viento, 
embravecido en la fragosa sierra 
que los antiguos robles ciento a ciento 
y los pinos altísimos atierra, 
y de tanto destrozo aún no contento 
al espantoso mar mueve la guerra? 
Pequeña es esta furia, comparada 
a la de Filis, con Alcino airada. 

En estas églogas son notables las descripciones campestres y 



GARCILASO DE LA VEGA ^29 

está vivo d sentimiento de la naturaleza : se acercan al atildado ti- 
po de las églogas virgilianas, harto convencionales, más bien que 
a las de Teócrito, no exentas de artificio, pero que remedan me- 
jor, en lo pastoril, lo rudo y lo primitivo: por eso, en GarciJaso, 
el lenguaje es impropio de pastores. En cuanto a Jais fuentes de 
las églogas, Garcilaso acertó a ingerir, con gran habiíidad y destre- 
za, en sus propios recuerdos de amor, mil pensamientos de poetas 
latinos e italianos (Virgilio, Ovidio, Tibulo, Catulo, Horacio, San- 
nazaro. Paterno, Fracastor, etc.) ; en las églogas primera y tercera 
predominan evidentemente las reminiscencias virgilianas; y en la 
segunda, además de éstas, otras de los demás poetas citados. Tan 
penetrado estaba de la poesía toscana, que muchas veces los re- 
cuerdos latinos se le presentan a través de los vates de Italia. 

De los treinta y ocho sonetos de Garcilaso, muchos se distin- 
guen por su delicadeza y dulzura y por su fina expresión poética. 
De estos sonetos hay buen número cuyo asunto es el amor : el pro- 
fesor italiano Eugenio Melé ha vislumbrado la historia sentimen- 
tal de un episodio amoroso del poeta relacionando seis u ocho so- 
netos suyos. Entre los sonetos eróticos de Garcilaso podrían citar- 
le muchos: el de los celos, que es un buen ejemplo de psicología 
amorosa; el que trata del dolor de la ausencia, figura<io en un pe- 
rro que se ve lejos de su amo, donde expone la pena que le produce 
ed alejamiento de su amada, y este otro, notaWe por su tono melan- 
cólico y sentimental : 

Pensando que el camino iba derecho 
vine a parar en tanta desventura, 
que imaginar no puedo, aun con locura, 
algo de que esté un rato satisfecho. 

El ancho campo me parece estrecho; 
la noche clara para mí es escura ; 
la dulce compañía, amarga y dura, 
y duro campo de batalla el lecho. 

Del sueño, si hay alguno, aquella parte 
sola, que es ser imagen de la muerte, 
se aviene con el alma fatigada. 

En fin, que como quiera estoy de arte 
que juzgo ya por hora menos fuerte 
(aunque en ella me vi) la que es pasada. 

Análogo es el que empieza : 

Echado está por tierra el ftmdamento 
que mi vivir cansado sostenía. 
lOh, cuánto bien se acaba en sólo un día! 
i Oh, cuántas esperanzas lleva el viento...! 



330 



LITERATURA ESPAÑOLA 



Otros sonetos, también de tema amoroso, son imitaciones de los 
poetas latinos (y alguna vez de los griegas), o de los de Italia. 
El famoso que empieza: 

¡ Oh dulces prendas, por mi mal halladas, 
dulces y alegres cuando Dios quería! 
JtlhtáS estáis 'én la memoria mía 
y con ella en M muerte conjuradas..., 

es un refilejo de Virgilio {Eneida, IV) : ''Dulces exuviae, dum fa- 
ta deusque sinebant"; eíí el dedicado a Dafne recuerda a Ovidio, 
a través de Petrarca ; en el de Leandro y Hero, al mismo Ovidio 
y a Museo: bellísimo es el que sigue, de marcado epicureismo, ad- 
mirabfle refkjp del epigra'pia de Ausonip: "Collige, virgo, rosas...": 

•En tanto que de rosa y azucena 
se muestra la color en vuestro gesto 
y que vuestro mirar ardiente, honesto, 
, , . ,, enciende el corazón y lo refrena... ., , . .■ ¡ 

' ''Efk'ft ^us canciones, la más famosa es la dirigida A la flor de 
Guido, probablemente doña Violante Sanseverino, dama hermosí- 
sima del bairio de Gnido, en Ñapóles, de !a cual estaba prendado 
Fabio Galeota, amigo del poeta, quien, por complacer a éste y por 
encargo suyo, dirigió a aquella beldad su poesía, sembrada de ras- 
gos mitológicos, en la que recomienda a la dama no se muestre 
desdeñosa cpn su galán, recordándole el caso de la ninfa Anaxa- 
rete, que fué convertida en piedra por los dioses en castigo de su 
desamor. Empieza así: 

Si de mi baja lira 
tanto pudiese el Son, que en un momento 
aplacase la ira 
del animoso viento, 
y la furia del mar y movimiento... 

La canción primera ("Si a la región desierta inhabitable..."") 
es remedo de una oda de Horacio (I, 22). 

Observaciones en cu-anto a la métrica: 

I." Boscán y Garcilaso emplean por primera vez en castellano 
el endecasílabo suelto, siguiéndoles después Francisco de Figueroa 
y Mal Lara en este camino, Garcidiaso ensaya este metro en la 
Epístola a Boscán, verdadero elogio de la amistad, de la cual es 
prototipo su camarada; le cuenta su viaje a Barcelona para infor- 
mar personalmente al Fjnperador de los desastres causados en las 
costas de Italia por el pirata Barbarroja. Está fechada en Valclusa, 
patria de Laura, como se ve por el finail : 



HERNANDO DE ACUNA 33 I 

Doce del mes de otubre, de la tierra 
do nació el claro fuego del Petrarca, 

y donde están del fuego las cenizas. 

2.* Garcilaso introdujo en nuestros "Yeí"sos la rima interior (n— 
wa al meszo), tomándola de los poetas de Italia, cuyo ensayo no- 
tuvo éxito : así se lee en la égloga segunda : 

Estaban de crueza fiera armadas 
las tres inicuas hadas, cruda guerra 
haciendo allí a la tierra con quitalle 
éste que en alcansalle fué dichosa. 
¡Oh patria lagrimosa! ¡Y cómo vuelves 
los ojos a los Gelves sospirando... ! 

3." A Garcilaso se debe la estrofa de cinco versos, de siete y 
de once sílabas, empicada en la canción A la flor de Gnido, y .que 
se llamó lira por figurar esta palabra en el primer verso. Las liras 
tuvieron fortuna insuperable en nuestro Parnaso: fray Luis de León, 
San Juan de la Cruz y muchos poetas de los siglos xvi y xvii las 
autorizaron con tanto gusto como acierto, y es estrofa que desde 
entonces se ha mantenido viva. 

Garcilaso fué considerado en los siglos xvi y xvii como el pro- 
totipo de (los poetas castellanos, dentro del gusto, italianizante. Con 
él se relacionan directamente las escuelas salmantina y sevillana;, 
fué imitado, anotado y admirado constantemente, hasta el extre- 
mo de que Sebastián de Córdoba (1577) parodió en sentido reli- 
gioso sus poesías eróticas (en unión de las de Boscán) y cosa pare- 
cida hizo Andosilla Larramendi (1628), 



3. Hernando de Acuña (i520?-i58o?) era de Valladolid y 
no de Madrid, como se ha venido diciendo, y de noble familia. Sir- 
vió a las órdenes del Marqués del Vasto en la guerra del Piamon- 
te, en la cual murieron su hermano Pedro y Garcilaso de la Vega. 
Cantó sus amores a Silvia y a Calatea, damas desconocidas del Te- 
sino, bajo los nombres pastoriles de Silvano y Damón. Intervino 
en lais guerras de Alemania (1546-7), teniendo la confianza deJ Em- 
perador. Por encargo de éste puso en quintillas dobles la versión 
en prosa que Carlos V había hecho de Le Chevalier deliberée, de 
Olivier de la Marche, cuya propiedad entregó el César a su secre- 
tario Van Male; editó el libro Calvete de Estrella y tuvo gran éxi- 
to. Desempeñó misiones difíciles en África; hallóse en la de San 
Quintín; casó hacia 1560 con doña Juana de Zúñiga y murió en.^ 
Granada, donde litigatba la posesión del condado de Buendía. 



332 LITERATURA ESPAÑOLA 

Su viuda publicó (1591) sus Varias poesías, que lo muestran 
.^como italianizante. En una composición dedicada A un mal poeta, 
se lee: .efisindo ?k1 osan) 

Y es muy averiguado 
que con trabajo y pena 
el oro no se saca do no hay vena. 

Escribió canciones, madrigales, sonetos correctos y bien ver- 
sificados. La Fábula de Narciso, la Contienda de Ayax Telamonio y 
de Ulises sabré las armas de Agüites (en verso suelto y deriva- 
'das de Ovidio) y la traducción de ailgunos cantos de Orlando ena- 
morado de Boyardo, son las composiciones de más vuelos que sa- 
lieron de su pluma. En la Lira de Garcilaso contrahecha, que es 
parodia de esta composición, se burla de Jerónimo de Urrea por 
"haber traducido también el Caballero determinado. 

4- Gutierre de Cetina (1520-1557?) era natural de Sevi- 
lla, hijo de Beltrán de Cetina y de Francisca del Castillo, nobles 
y bastante ajcomodados. En su ciudad nata/l se educó, notándose en 
-sus obráis reminiscencias clásicas, sobre todo de Marcial, Juvenal 
y Ovidio. Como militar acompañó a la corte por España, Italia y 
Alemania. Fué muy amigo de don Diego Hurtado de Mendoza, del 
príncipe de Ascoli (Lavinio), de la princesa Molfeta, de Jerónimo 
de Urrea (Iberio), de Jorge de Montemayor, entre otros persona- 
jes importantes de su época. La mayor parte de sus poesías recuerdan 
sus amores (bajo el nombre de Vandalio) a D árida y Amarillida: 
r alguna de éstas parece ser la condesa Laura Gonzaga, sin que po- 
-damos hoy precisar quién era la dama de los '^ojos claros, serenos" 
cantada en el madrigal que lo ha inmortalizado y que debía ser de ele- 
vada alcurnia, pues el poeta dice con altivez : 

De mí dirán: "Aquí fué muerto un hombre 
que si al cielo llegar negó la suerte, 
la vida le faltó, no la osadía." 

Desengañado de la corte volvió a Sevilla y en 1546 pasó a In- 
-■dias, acompañando a su tío Gonzalo López, procurador general en 
la Nueva España. En Puebla de los Angeles (México) fué gra- 
-A^emente herido (1554) por Hernando de Nava al pie de las ven- 
' tanas de doña Leonor de Osma. Consta que en 1557 ya había muer- 
to, aunque no se sabe si de resultas de aquellas heridas. 

El señor Hazañas ha coleccionado (Sevilla, 1895) las obras de 
•-Gutierre de Cetina, que son madrigales, sonetos, canciones, .epís- 
tolas, y algunas composiciones en prosa. 

En los madrigales se muestra más dulce y elegante que todos 
-SUS contemporáneos. El mejor de los cinco es conocidísimo: ^^Ojos 



GUTIERRE DE CETINA 333 

claros, serenos...", repetido en todas las antodogías y traducido al' 
italiano por Canini, y puesto en música en el siglo xvi, conservada^. 
en El Escorial. 

En el dedicado a doña María de Mendoza se lee : 

El blanco del cristal, el oro y rosas, 
los rubís, y las perlas, y la nieve, 
delante vuestro gesto comparadas, 
son ante cosas vivas, las pintadas. 
Ante vos las estrellas, 
como delante el sol, son menos bellas... 

Hasta 244 sonetos de Cetina ha reunido el seño<r Hazañas. Aun- 
que hay algunos dedicados a personajes o a sucesos, la mayor parte 
son de asunto amoroso : ausencia de la amada, amores contrariados,., 
encantos de AmarUlida o Dórida, etc. Herrera, en sus Anotacio- 
nes a Garcilaso juzga que por su lengua, ternura y afectos pueden- 
ser de los primeros en castellano ; pero lamenta en ellos la falta de 
espíritu, brío y vigor. En El lago de Lamartine se recuerda idea- 
análoga a la que inspira al siguiente (115): rS\ 

Horas alegres que pasáis volando 
porque a vueltas del bien mayor mal sienta; 
sabrosa noche que en tan dulce afrenta 
el triste despedir me vas mostrando ; 

importuno reloj que, apresurando 
tu curso, mi dolor me representa : 
estrellas con quien nunca tuve cuenta, 
que mi partida vais acelerando; 

gallo que mi pesar has denunciado, 
lucero que mi luz va obscureciendo, 
y tú, mal sosegada y moza aurora, 

si en voz cabe dolor de mi cuidado, 
id poco a poco el paso deteniendo, 
si no puede ser más, siquiera un hora. 

En el 17 y en el 90 traduce a Ansias March. 

Notables por la tluidez del verso y por la belleza de los pen- 
samientos, son sus II canciones, todas amorosas, en las que llega- 
casi a identificarse con Petrarca. La mejor de todas acaso sca- 
la quinta, traducción de Ariosto. 

Cuando la noche en el partir del dia 
encubre hombres y fieras 
en altos bosques y encerrados muros, 

el poeta. Vandalio, va en busca de su amada pastora, y reclinado en 
su regazo, se dicen palabras dulces de amor. 



334 LITERATURA ESPAÑOLA 

A más de nueve estancias a la italiana, de una sextina, imitacióh 
-petrarquista que no logró éxito en España y de una oda, escribe 
runa bellísima anacreóntica, acaso la primera castellana: 

De tus rubios cabellos, Y tomando una flecha, 

Dórida, ingrata mía, quiso a mí dirigirla. 

hizo el Amor la cuerda Yo le dije: "Muchacho, 

para el ?.rco homicida. arco y harpón retira; 

"Ahora verás si burlas con esas nuevas armas, 

de mi poder", decía. ¿quién hay que te resista 



5" 



En sus 17 epístolas en tercetos es donde reveJa Cetina más 
.soltura. Sin pretensiones horacianas, son narraciones fáciles, 
graciosas y bien versificadas. Algunas son traducciones de Ovidio: 
la dedicada a la pulga, que se ha atribuido a don Diego Hurtado 
<ie Mendoza, es imitación de Ludovico Dolce, y otras están dirigidas 
a Jerónimo de Urrea, a la princesa Molfeta, etc. Tienen gran valor 
autobiográfico. 

En prosa escribe un Diálogo entre la cabeza y la gorra y una 
Paradoja, que ambas tienen algo de autobiográfico, en las que mues- 
tra gran erudición y (lozano ingenio, recordando algo los célebres 
Diálogos de Luciano. 

'Cetina es el poeta del amor. Su estilo puro, sus bellos pensa- 
-mientos y su rica fantasía hacen que se le perdone el vicio de ser 
.algo difuso a veces. Además de los modelos ya indicados, sufre la 
influencia de Petrarca y de Ausías March. Es uno de los más tí- 
picos representantes castellanos de la escuela italoespañola, inicia- 
vda por Boscán y Garcilaso. 

5. Francisco de Figueroa. — Hidalgo de Alcalá de Henares, 
-callado y modesto era Francisco* de Figueroa (i 536-1 61 7?). 'Mozo 
pasó a Italia, dedicándose a las letras, sobre todo, en Sena, segiín 
te9fcimonijo deí aragonés Juan de Verzosa, ocupado en üos negocios 
•die Carlos V y de Felipe H en Roma. Casó en Alcalá y estuvo en 
Flandes con don Carlos de Aragón, duque de Terranova (1573). 
El final de su vida lo pasó retirado en su ciudad natal, donde vi- 
vió muy honrado de sus convecinos y ya no trataba de poesía sino 
de materias de diferente punto, "según la madureza de su edad", 
en frase de su biógrafo Luis Triba:ldos de Toledo. Recordando acaso 
el ejemplo de Virgilio, mandó que destruyeran sus obras, y algu- 
nas pocas se salvaron por don Antonio de Toledo, señor dd Pozuelo 
y las editó Tribaldos (Lisboa, 1626), reeditadas por don Ramón 
Fernández, Madrid, 1785). Recientemente han puMicado otras el 
rseñor FouTxhé-Delbosc {Rev. Hispanique, 191 1), d señor Menén- 



FRANCISCO DE FIGUEROA 3¡|5 

-dez Pidal (Bol. Acad. Española, 191 5) y el señor Lacalk (Revista 
crítica, 1 921). 

Empleaba Figueroa el nombre pastoril de Tirsi, con d que le 
introduce Cervantes en La Calatea, y sus canciones iban dedicadas 
a Fili- Entre sus contemporáneos alcanzó el renombre de dhñtio. 

Era entusiasta de los metros itaJianos, que dominó perfectamen- 
te, llegando a escribir composiciones en que alternan versos tosca- 
nos con los nuestros; ejemplo, la epístoía en tercetos a su amigo el 
Marqués de Montesclaros, que empieza: "Montano che nel sacro 
e chiaro monte..." 

A Girolamo Parabosco imitó, como lo hiciera Barahona de So- 
ío, en la bellísima canción que dice : 

Sale la aurora, de su fértil manto 
rosas suaves esparciendo y flores ; 
pintando el cielo va de mil colores, 
y la tierra otro tanto, 
cuando la tierna pastorcilla mía, 
lumbre y gloria del día, 
no sin astucia y arte, 
de su dichoso albergue alegre parte. 

Compuso el epitafio del cardenal don Diego de Espinosa, obis- 
po de Sigüenza, presidente del Consejo Real. Descolló en las com- 
posiciones amatorias, al modo pastoril, e imita a Garcilaso, sobre 
todo en el lamentar de Nemoroso (M. Pida3). Citaremos ía égloga 
"Tirsi. pastor del más famoso río", en verso suelto, perfectamente 
manejado ya; la canción de las quejas de Albino, privado del amor 
de Delia, y, sobre todo, fa canción en liras, de 

Los amores de Damón y Calatea. Damón (Pedro Láinez?) dice 
a su amada que ha de ausentarse para ver a sus parientes. Ella se 
queja y pide la muerte antes que Ja ausencia. El pastor, vencido 
por el llanto de Calatea, desiste del viaje. 

Imitando a Horacio escribió una canción que se recuerda leyen- 
do A la Barquilla; de Lope de \"ega : 

Cuitada navecilla, 
por mil partes hendida, 
y por otras dos mil rota y cascada, 
tirada ya a la orilla 
como cosa perdida, 

y aun de tus mismos dueños olvidada : 
por inútil dejada 
en la seca ribera 
fuera del agua y de las olas fuera... 



336 LITERATURA ESPAÑOLA 

Entre los muchos sonetos que se conservan suyos merece es- 
pecial mención el dedicado A los ojos de Fihí, que justifica el so- 
brenombre de divino, dado a su autor: 

Como se viese Amor desnudo y tierno, 
temblando el triste va buscando un día 
donde escaparse de la nieve fría 
y el hielo mitigar del recio invierno. 

Mas como vido el resplandor eterno 
que de la hermosa Phili allí se vía, 
" Lumbre deve de haber aquí ", decía ; 
y entrando, busca a su dolor gobierno. 

Tocó en el seno el niño y dióle enojos, 
que estaba frío más que nieve el seno, 
y el corazón, que es piedra, mal le trata; 

huyó del corazón, fuese a los ojos, 
y como vio lugar tan dulce y bueno, 
allí quiso vivir, y de allí mata. 

FigfU'croa escribió a Ambrosio de Morales (1560) una carta so- 
bre el Hablar y pronunciar el castellano. 

6. Lomas CANTORAL.^Apenas tenemos noticias biográficas de 
este poeta de Valladolid. En 1578 publicó sus Obras, lamentándose 
en el prólogo de la poca afición que se tenía en España a la poe- 
sía. Sus composiciones son unas de la escuela tradicional castella- 
na, en las que se muestra menos conceptuoso y más pobre de imá- 
genes y afectos que Silvestre y Castillejo (ejemplo, la epístola a 
Cristóbal de Mendoza) ; otras son de corte italiano, con algunos 
rasgos hermosos, pero sin que pueda decirse que haya ninguna 
modelo; entre las mejores están la traducción de las Piscatorias de 
Tansillo. Tiene una composición en octavas, en la que elogia a va- 
rios ingenios de Valladolid, como Luis Salado de Otálora, Francis- 
co Montanos, Damasio de Frías, L. Pedro de Soria, Acuña y otros. 

7. Francisco Sa de Miranda (i485?-i558) fué uno de los pri- 
meros portugueses italiainizantes. Natural de Coimbra, doctor en 
Leyes, catedrático y magistrado; viajó por Italia; su carácter ín- 
tegro le obligó a dejar la corte, retirándose a su quinta Tapada, 
donde se dedicó aJ cultivo de la poesía. Escribió 75 poesías en 
castellano. La Fábula do Mondego es del género pastoril; la 
égloga Alexio muestra ya el endecasílabo. Admirador de Garci- 
laso, cuyas obras conocía manuscritas (1534-35), lamentó su muerte 
en la égloga Nemoroso. Compuso otras varias églogas. Sus poe- 
sías son sentenciosas y ricas de filosofía y sana moral. Su estilo. 



CRISTÓBAL DE CASTILLEJO 33/ 

es correcto, y su frase, pura; desempeñó en su patria e4 mismo 
papel que Garcilaso en la nuestra. ,.') «í •*'. * E).rrr.,; 

C. Poesía lírica: b). Tradicionailistas: 8. Cristóbal de Castille- 
jo. — 9. Antonio de Villegas- — 10. Gregorio Silvestre. — 11. Gal- 
ves de Montalvo. — 12. Jorge de Montemayor. 

8. Cristób.\l de Castillejo. — En Ciudad Rodrigo nació Cris- 
tóbal de Castillejo (i490?-i55o), y fué monje en el convento de 
San Martín de Valdeiglesias. De aquí salió para ocupar el cargo 
de secretario con el hermano de Carlos V, don Fernando, rey de 
Bohemia, de romanos y de Hungría, que tuvo fama de tacaño y 
no anduvo sobrado de dinero. Esta escasez se reflejaba en el se- 
cretario, de quien decía el embajador Martín de Salinas en 1535: 
"Tengo mucha lástima de su pobreza." Castillejo, que desde 1530 
tenía una pensión de 500 ducados en el Obispado de Avila, se daba 
buena vida en Viena, pero a costa de los amigos. No aceptó un 
obispado de título en Horbacia porque valía poco; obtuvo en 
la Colegiata de Ardegge una dignidad que renunció a los tres 
años (1536). En 1546 había mejorado su fortuna, y en 1548 com- 
praba juros. El Rey de romanos le hizo merced. (1549) de 2.000 
florines, de los que sólo cobró 200 y el resto, sus. herederos, 
según comprueban las cuentas halladas entre los . documentos 
que fueron del monasterio de San Martín de Valdeiglesias. Mu- 
rió en 1550 y fué enterrado en el convento de su orden ei;i Wiener 
Neustadt, a tres jomadas de Viena. Su vida privada fué bastan- 
te irregular. Don Juan Menéndez Pidal decía que había sido un 
"fraile alegre y mocero, a la manera del Arcipreste de Hita, se- 
mejante a él en sus costumbres y en su vena poética, mezcla rara 
de lubricidad y religión". 

Las obras de Castillejo se agruparon en tres series: 
I.' Obras de amores. — Hay coplas dirigidas a varias mujeres, 
especialmente a doña Ana de Schaumburg y a doña Ana de Ara- 
gón. Merece citarse la titulada Un sueño; las glosas de varios 
-villancicos y romances, como el de La bella m-alviaridada ; algunas 
'^traducciones de Ovidio {Metamorfosis), como la Historia de Pí- 
ramo y Tisbe y &Y Canto de Polifemo, la que principia: ''"Vuestros 
lindos ojos, Ana", inspirada parcialmente en Catulo, y,- sobre todo, 
el Sermón de amores, por Fr. Nidcl, de la Orden del Tristel. En la 
primera edición apareció arreglado por Jtiáft López de Velasco, 
con el título Capítulo de amor. El lema esv 

¿Adonde iré? ¿Qué haré? 
¡Que mal vecino es Amor,', 



-1^8 LITERATURA ESPAÑOLA 

tomado de la Cárcel de Diego de San Pedro. Obra celestinesca y 
de subido color, muestra influencias de Boccaiccio y de los Arci- 
prestes de Hita y de Talavera,. 

2." Obras de conversación y pasatiempo. — La Fiesta de las cha- 
marras es una crítica suave de ciertas leyes suntuarias (1537) ; hay 
en ella alusión a personajes contemporáneos. La Transfiguración 
de un vizcaíno gran bebedor de vino, que "mudó la figura huma- 
na — y quedó hecho un mosquito", satiniza a Jos devotos de Baco 
en amena narración, aunque acaso d autor le fuera aficionado, a 
juzgar por la composición Al agua, habiéndole mandado que be- 
biese vino. En el Diálogo que haMa de las condiciones de las mu- 
jeres son "interlocutores Aletio, que dice mal de mujeres, y Fileno, 
que las defiende"; es una feroz diatriba contra el sexo femenino, 
sacándose a plaza las cualidades de las "doncellas, monjas, viudas, 
solteras", y terceras. El Diálogo entre el autor y su pluma expone 
con tristeza "los dolores del servir y no medrar". Castillejo culpa 
a la "péñoía" de haber perdido treinta años sin mejorar de for- 
tuna; la pfluma Je dSce que Ja causa no será de ella sino de que 
él no es bullidor ni a propósito para vivir en la corte. En el romance 
Tiempo es ya. Castillejo, se contienen muchos datos autobiográficos. 

3.' Obras morales y de devoción. — Estas últimas son pocas y 
de escaso interés. Entre las morales son notables: el Diálogo entre 
la memoria y el olvido, una de las más bellas composiciones del 
poeta, de intención profundamente filosófica : 

La Memoria pone de relieve sus méritos, que son contradichos por 
el olvido, que a su vez insiste en sus naturales excelencias ; deducién- 
dose la conclusión, según la mente del poeta, de que el olvido calman- 
do los dolores y miserias del hombre, le proporciona más beneficios 
que la Memoria. 

El Diálogo entre la. verdad y la lisonja^ y, solare todo, eJ Diálogo y 
discurso de la vida de Corte, el más importante, acaso, de los es- 
critos de CaistiJlejo, en que son interlocutores Prudencio, viejo y 
desilusionado, y Lucrecio, joven cortesano, con esperanza de me- 
drar (alusión al autor en estos dos estados), tratan de modo discreto 
de Ja vida en Jos palacios reales, no tan brillante, como muchos 
piensan, para los cortesanos: 

Verlos heis muy estirados de la contraria fortuna, 
y ufanos al parecer, que les fué tan avarienta 

voceando de enfadados de favor; 

de esperar para comer con cuidado del señor 

a la una, si cabalga o no cabalga, 

con su pobreza importuna, y fuera del corredor 

quejosos, según su cuenta, esperándolo que salga... . 



CASTILLEJO. VILLEGAS 339 

La farsa Constanza, de gusto menandrino, se reduce a una dispu- 
ta entre los esposos Antón y Marina, Gvl y Constanza, echándose 
en cara sus faltas. Un fraile predica el Sennón de amares. El 
cura los descasa y cambian de mujeres mutuamente. 

Castillejo fué acérrimo partidario de las formas métricas an- 
tiguas castellanas, que tan perfectamente manejaba. Contra los que 
dejan los metros castellanos y signen los italianos escribió, recor- 
dándoles muy donosamente a poetas como Jorge Manrique. Garci- 
Sánchez, Cartagena, etc., doliéndose del desprecio que los italiani- 
zantes mostraban por las formas españoias, y señalando el hecho 
de hallarse ya en Juan de Mena endecasílabos. Cita como inno- 
vadores a don Diego de Mendoza, Garcilaso, Luis de Haro y Ros- 
can. La ausencia de España, por un lado, y por otro el no haiberse 
impreso sus obras completas hasta 1573, fueron causa de que la 
campaña de Castillejo contra la nueva métrica no resultase muy 
eficaz. Pero su ejemplo debió contribuir a que los metros antiguos 
siguieran empleándose junto con dos italianos (Mendoza, Polo, 
Alcázar, Lope de Vega), y realmente vemos que no necesitó Cas- 
tillejo acudir a modelos extranjeros para escribir Un sueño, donde 
se lee: 

Agua muy clara corría, Si a los árboles llegaba, 

muy serena al parecer, entre las ramas andaba 

tan dulce si se bebía im airecico sereno, 

que mayor sed me ponía todo manso, todo bueno, 

acabada de beber. que las hojas meneaba... 

Castillejo se distingue por su agudeza y gracia, por su sencillez 
picaresca y por su nativa inspiración castellana, dentro de la escue- 
la métrica de que fué corifeo. Es de notar en él el marcado epicu- 
reismo, trasunto a veces del de Catulo y otros clásicos latinos, que 
no dejaron de mostrar alguna huella en el inquieto espíritu del 
iraile secretario. 

9. Antonio de Villegas. — A la escuela poética de Castillejo 
pertenece Antonio de Villegas (muerto hacia 1551), autor de un In- 
ventario (1565), que contiene varias composiciones: la Contienda y 
disputa de Ayax y Telamón, la Historia de Píramo y Tisbe, la com- 
posición a la muerte del emperador don Cáiüos y varias canciones 
V coplas como las hechas sobre el villancico : 

En la peña, sobre la peña Soñaba, mas no dormía; 

duerme la niña y sueña. que la dama, enamorada 

La niña, que amor había, y en la peña, 

de amores se trasportaba; no dfierme, si amores sueña. 

con su amigo se soñaba. 



340 



LÍTERA^tJRA ESPAÑOLA 



Contiene este ííbró una novelita corta, de carácter pastoril, Au~ 
sencia y soledad de amor, en prosa y verso, y la novela morisca 
de ylhindarráez, en otro Jugar estudiada. 

lo. Silvestre.— Nació 'CU Lisboa Gregorio Silvestre Rodríguez 
de Mesa (1520-1569). El doctor Juan Rodríguez, su padre, era. 
oriundo de Zafra; fué médico del Rey de Portugal, y vino a Cas- 
tilla con la reina doña Isabel, mujer de Carlos V, el cual le conce- 
dió privilegio de hidalguía (1527). Gregorio entró al servicio' del 
Conde de Feria, Fué nombrado maestro de capilla y organista en 
Granada (1541) y como tal se obligaba a hacer cada año nueve 
entremeses y varias estancias y canzonetas. Casó con Juana de Ca- 
zorla, de quien tuvo, entre otros, una hija, perita en música y poe- 
sía. Fué su Mecenas don Alonso Portocarrero, hijo del Marqués 
de Villanueva, y se trató con los mejores ingenios de Granada: 
don Diego de Mendoza, Hernando de Acuña, y de fuera, entre 
otros, Pedro de Padilla, Jorge de Montemayor y Barahona de So- 
to. Anduvo enamorado casi desde su niñez de una doña María 
¿ Manrique ?, a quien dedicó muchas obras amorosas. . Murió en 
Granada en 1569. 

Era hombre de agudo ingenio y de aspecto extravagante. 

En sus poesías siguió resueltamente la escuela española, imi- 
tando a Castillejo en la métrica y en los asuntos, llegando a decir 
que Juan de Mena fué el inventor de las trovas italianas. Recogió y 
editó sus obras (1592) Pedro de Cáceres y Espinosa. Tiene diez La- 
mé)itaciones ; la Fábula de Dafne y Apolo, Píramo y Tisbe y Residen- 
cia de amor. Son dignas de notar algunas de sus sátiras, como la. 
en, que s^ burila de un poeta modernista, "Desmedidoísonetero". 

dopde.se; >;e¡e:,, ,. ' ' '' ' " 

, ,' . ^'. ,'...' ' ■ '.<■>•: '■ .' '.TI- ;■;■ 

' M ! Mira st. 891S buen poeta El niás pulido y genti^l ; 

y el soneto qué tal es tiene juanetes y Juanes, 

que yo no sé si los pies y cuartos y esparavanes 

son de grulla o de banqueta. y alifafes^más de mil. 

Sus principales obras son glosas, tales como el romance vulgar 
en su época "La bella mal maridada", eJ Paternóster y el Ave- 
mar'm y las célebres Coplas át Jorge Manrique: 

Por su culpa y mal gobierno que es un paso aquesta vida 

está el hombre tan dormido, y el punto della es la muerte, 

que enciende con el ronquido sin el cuando, 

las llamas del fuego eterno. Recuerde el ama dormida 

y no alcanza, de perdido, avive el seso y dispierte,. 

que hay Dios, y Dios ofendido; co}tie,tnp lando. 

que hay justicia y que hay infierno; 



DIEGO HURTADO DE MENDOZA 34I 

Escribió Otras muchas poesías de carácter religioso, entre ellas 
■sonetos, que demuestran su capacidad para el manejo de los, metros 
italianos: 

El cielo está cansado de sufrirme, 
y yo de mal obrar no estoy cansado : 
las cosas de la tierra me han dejado, 
y no puedo yo dellas desasirme... 

n. Luis. Gálvez de Montalvó. Véase el núm. 6 del cap. XTII. 

12- Jorge de Montemayor. Véase el núm. 3 del cap. XÍIl. 

C. Poesía lírica: c). Transacción entre la escuela petrarquista y la 
tradicionailista : 13. Don Diego Hurtado de Mendoza. 

13. Diego Hurtado de Mendoza, — Hijo del Conde de Tendilla, 
jprimer Marqués de Mondéjar, nació don Diego (1503-1575) en 
Granada (algunos han dicho que en Toledo, ciudad donde residió 
algún tiempo, a juzgar por el elogio que Cervantes hace de él en 
la Gal<itea, llamándole "honor y gloria de nuestras riberas"). Em- 
pezó sus estudios en Granada y los siguió en Salamanca, probable- 
mente con intención dé ser clérigo. Pasó a Italia y estudió con 
Agustín Nifo y Juan Morutesdoca, dedicándose a la Filosofía, Ju- 
risprudencia y Humanidades, llegando a dominar el latín, ©1 grie- 
go, el hebreo y el árabe. Fué a Inglaterra (1537-38) como embaja- 
dor extraordinario "para negociar allí el matrimonio de Enri- 
que VÍI I con la Duqu-esa. de Milán, sobrina de Carlos V, y el de 
María Tudor con el príncipe Luis de Portugal" (F. Kelly). No 
;tuvo éxito esta misión, y don Diego fué nombrado embajador en 
Venecia (i 539-1 547). Durante su estancia en la señoría de los Dux 
se dedicó con afán a coleccionar libros y manuscritos, especialmen- 
te griegos, habiendo hecho copiar muchos de los que habían sido 
del cardenal Besarión y tenido otros procedentes del Monte Athos; 
estos manuscritos los legó don Diego a Felipe II para la librería 
del Escorial, y formaron la principal ba-se del fondo griego. Men- 
doza fué enviado como representante de Carlos V ail Concilio de 
Trento (1542). Enojado por los obstáculos que el Papa ponía a la 
celebración del Concilio, Mendoza se volvió a Venecia (1543), y 
de este año es precísame nte una bella -epístola dirigida a Gutierre 
de Cetina. >í obn» ; :,- 

El Emperador le nombró embajador en, Roma (1547) y gober- 
.aiador de Siena. Intervino en sofocar una rebelión de los sieneses 



.^42 



LITERATURA ESPAÑOLA 



y en la construcción de una fortaleza. A causa de las cuentas co^ 
mo gobernador de Siena, tuvo un proceso a su instancia, que ter- 
minó (1578) mostrando un salido a su favor de 2.073 escudos de 
oro. Vuelto a España (i554), se le confirió el cargo de proveedor 
de la armada de Laredo y poco después recibió el hábito de caba- 
llero de Alcántara (1556) y la encomienda de las Casas de Bada- 
joz. Estaba en Bruselas en 1559, acaso por haber asistido a la úl- 
tima parte de la campaña que terminó en San Quintín. 

*Tor palabras que tuvieron por ciertos motes", o "sobre copli- 
Has pasadas", en que and alba de por medio doña Magdalena de 
Bobadilla, cuestionaron don Diego de Mendoza y don Diego de 
Leiva, llegando a las manos con las espadas, según una versión; 
amenazando Leiva con un puñal a don Diego, que se lo quitó y lo 
arrojó a los corredores, según otros. Ocurría esto en Palacio, ante 
la sala real y estando en la agonía el príncipe don Carlos (julio, 
1568); naturalmente, tal falta causó gran enojo al Rey, que man- 
dó a don Diego al castillo de la Mota de Medina y a Leiva al de 
Simancas. A los pocos meses fué enviado Mendoza a servir en la 
guerra de Granada a las órdenes del Marqués de Mondéjar, su so- 
brino. En Granada siguió desterrado hasta 1574, en que se le con- 
sintió residir en la corte, con tal de que no entrase en Palacio, 
plaza ni terreno de éste. En Madrid otorgó testamento (|6 de agos- 
to de 1575) y murió el día 14 del mismo mes. 

Era don Diego un gran humanista, que en Ja vida de soldado 
y de embajador sabía encontrar siempre tiempo para dedicarse a 
las letras. "Estudiemos, señor Juan Páez", era su frase repetida 
con frecuencia a su íntimo amigo en Trento, Páez de Castro. Su 
colección de libros, donada al Escorial, muestra bien su afición 
al estudio. Poeta, historiador, soldado y diplomático es una figu- 
ra preeminente en la historia de la cultura española del siglo xvi. 
Se han atribuido a don Diego muchas obras, que proibabilísi- 
mamente no son suyas: el Lazarillo de Tormes; las Nota^ a un 
sermón portugués, obra de un italiano desconocido; la epístofla La- 
pulga, que es de Cetina; el papel de los Catarrvberas, escrito por 
Eugenio Salazar de Alarcón; algunos versos, compuestos por su 
homónimo Diego de Mendoza de Barros ; la Carta del Bachiller de 
Arcadia al Capitán Solazar, y otras más. 

Entre sus obras auténticas pueden distinguirse las escritas en 
verso y Jas escritas en prosa. Las obras poéticas muestran dos ten- 
dencias: una, significando la moda italiana; otra, persistiendo en 
la antigua escuela castellana. Las composiciones de la primera 
tendencia son algo descuidadas; don Diego no llegó a perfeccio- 



DIEGO HURTADO DE MENDOZA " 343 

narse en la forma italiana. Tiene sonetos, canciones, y algunas de 
sus epístolas, de tono suave y templado, son dignas de recuerdo, 
por ejemplo, la dedicada a cantar las excelencias del hogar, diri- 
gida a Boscán. La Fábula de Adonis, Hipomenes y Atalanta, en oc- 
tavas reales, es la mejor de sus obras de asunto clásico inspirada 
en Ovidio. Está influido a veces por Horacio; es uno de sujs me- 
jores imitadores, y en todos sus escritos queda huella del plá- 
cido epicureismo del vate de Venusa. En la canción A la primavera 
se lee: 

En el mar sosegado, al manso viento 
tiende la vela, alegre, el marinero, 
seguro ya de la cruel tormenta; 
en alta popa con navio ligero 
corta el agua espumosa y va contento 
sin tener con las ciegas nubes cuenta, 
ni esperar más afrenta... 

En las composiciones según los moldes antiguos, se distingue 
por la fluidez y soltura de sus redondillas, de las que dijo Lope 
de Vega : "¿ Qué cosa igiiaJa a una redondilla de Garci Sánchez o 
don Diego de Mendoza?" Muestran a veces un ingenio agudo, 
malicioso y chi.speante, que contrasta con la seriedad del embaja- 
dor en el Concilio de Trento. Véase cómo define los celos en es- 
tas ingeniosas quintillas: 

Manjar de ruin digestión, Es una fiera muy brava 

que manda que no se coma; que allá en las entrañas mora; 

y un doméstico ladrón, casa do siempre se llora, 

polilla del corazón, y la verdad es esclava 

de las entrañas carcoma... y la sospecha señora. 

Escribió muchas poesias festivas y alcanzó taJ popularidad en 
ellas que se le atribuyeron composiciones que no escribió, ocu- 
rriéndole lo mismo que había de suceder a Quevedo. 

Gálvez de Montalbo llamó a don Diego, en el Pastor de Fílida, 
"el claro espejo de la poesía". Cervantes lo introduce en la Gala- 
tea con el nombre de Melisa. 

Basando por alto la traducción de la Mecánica de Aristóteles, 
la mejor obra en prosa de don Diego es la Guerra de Graiiada, que 
publicó por vez primera Luis Tribaldos de Toledo en 1627, no pu- 
diendo utilizar sino copias por desgracia incorrectas. Reciente- 
mente se ha dudado de la autenticidad de este famoso libro. Don 
Lucas de Torre (1914) trató de demostrar que la Guerra no era 
"otra cosa que la traslación en prosa de los primeros diez y ocho 



■Aüil/ -I' . : ■n: ■ I >rjll ihKiU 

^44 LITERATURA ESPAÑOLA 

;-:j -:>■!-■'■'■:, :)>■'■ '. _ Kfi 

cantos de la ^íiíímda". de Juan, Rufo, versión que supone hecha, 
por un Juan' Arias; para probarflo compara varios pasajes paralelos^' 
que efectivamente indican cierta relación entre las dos obras. Pe- 
ro el señor Foulché-Delbosc (191 5) demostró claramiente, a nues- 
tro juicio, que es precisamente la Austruida la que se inspira en la 
Guerra, de la cuasi y de otras relaciones en prosa es una versifica- 
ción. Lo que sucedió fué que en la edición de Tribaldos, para lle- 
nar ciertas lagunas del manuscrito de Ja Guerra se redactaron rej. 
tatos complementarios, tomados de Rufo, de Pérez de Hita y de 
otros testimonios orales o escritos. Fuera de estos fragmentos, 
la Guerra de Granada es original. La comparación hecha por el 
erudito hispanófido francés muestra que en la Anstríada abundan 
los epítetos pobres e inútiles, por exigencia de la rima; mientras 
que la Guerra tiene un lenguaje tan sobrio, tan preciso y tan 
característico como el que emplea su modelo Salustio: La Aus- 
tríada no cita más que alguna de las etimologías que en la Guerra 
se ven en abundancia y por afán de mostrar erudición. La Guerra 
identifica exactamente y con precisión lugares y personas que la 
Austríada deja en vago. No se notan en la Guerra casi restos dé' 
consonancias, como sucedería si fuera prosificación de un texto 
en verso. La concisión de la obra de Mendoza dice bien a las cla- 
ras ser anterior al extenso poema de Rufo; y debemos notar que 
no sería el único caso de versificación de un texto en prosa. Juan 
de Castellanos confiesa que redactó sus Elegías de varones de 
Indias en prosa y luego, a instancias de algunos amigos, las puso en 
verso. Como además no se identifica el tal Juan Arias, autor de 
un libro Flor de verdades católicas, cuya portada está precisamente 
en una de las copias más incorrectas de la Guerra de Granada (por 
error de encuademación?), y en cambio, se ven alusiones biográ- 
ficas dé don Diego, se nota en la obra ef 'reflejo de los conocimien- 
tos del ilustre humaniísta (cita liibros árabe-s y griegos), y, final-* 
mente, en la Guerra está la misma etimología de la voz España, 
que Morales confiesa en' Sus Antigüedades habérsela dado el eru- 
dito Mendoza, afirmamos, con el señOr Foulché que la Guerra de 
Granada es obra auténtica de don Diego. -o o^t 

Describe esta notable ,9%.a,, divididaL en cuatro libros, la ¿isto^. 
ría de la suiblevación de los moriscos granadinos contra Felipe if,^ 
en el tiempo que va desde la conjuración del Albaicín hasta la- 
muerte de Abenaboo, el sucesor de Abenhumeya (1568-1571). Sus 
modelos son los historiadores clásicos: SaJustio, Tácito, etc. Véa- 
se cómo habla de los comienzos de la rebelión, pasaje semejante 
a otro de la Historia de coniuratione Catilinac : 



-i>feG(5" HURTADO DE MENDOZA 345 

Comenzaron a jtmtar más al descubierto gente de todas maneras: 
-i hombre vicioso, había perdido su hacienda, malbaratádola por redi- 
mir deHtos ; si homicida, salteador o condenado en juicio, o que temiese 
por culpas que lo sería; los que se mantenían de perjurios, robos, muer- 
tes; los que la maldad, la pobreza, los delitos traían desasosegados, 
fueron autores o ministros desta rebelión." 

El discurso de el Zaguer recuerda la arenga de Catilina a los 
conjurados, en Salustio. El pasaje que describe cómo el ejército 
español encuentra en Calaluí (Sierra Bermeja) los despojos de 
las huestes de don Alonso de Aguilar y del Conde de Ureña, es 
traducción literal de Tácito, cuando describe la llegada de Ger- 
mánico al campo donde perecieron las legiones de Varo : 

"...Blanqueaban calaveras de hombres y huesos de caballo, amonto- 
nados, desparcidos, según, cómo y dónde habían parado; pedazos de ar- 
mas, frenos, despojos de jaeces..." 

Tan estricta imitación de los clásicos hace que el estilo de Men- 
doza resulte amanerado, y que las frases entrecortadas, sin un lazo 
de unión, abunden con exceso. Choca la mezcla de la parte perso- 
nal del autor con lo tomado de otros. Por ser rigurosamente cro- 
nológico se hace a veces confuso. Es imparcial ; critica duramen- 
te a los altos empleados y trata de esclarecer las causas de la 
rebelión, aun a trueque de sacar a píaza la desorganización polí- 
tica y militar en el desarrollo de la campaña. En medio de la serie 
interminable de guerrillas, forma principal de aquella lucha, hace 
resaltar algunas figuras, tales como Abenhumeya, Abenaboo, el 
Marqués de los VéJez, etc. Son pasajes notables la descripción del 
levantamiento del Albaicín la noche de Pascua, el encuentro de Ga- 
lera, la muerte de Abenaboo, etc. Su relato, lleno de detalles pintores- 
cos, donde se muestran los extensos conocimientos del autor, llega a 
interesar y es, a pesar de los defectos señalados, un excelente mo- 
delo de prosa castellana. ''->'' •■■"í 

La obra de Mendoza, muy divulgada, manuscrita, duranté^nfetí 
último tercio del siglo xvi y primero del xvii fué utilizada, no só- 
lo, por Juan Rufo, sino tam'bién por Mármol Carvajal, cronista' 
oficioso del mismo suceso. 

C. Poesía lírica: d). Escuela salmantina: 14. Fray Luis de León. 
— 15. Malón de Chaide. — 16. Arias Montano. — 17. Sunches 
Brócense. — 18. Francisco de la Torre. — íg. FrdnciscQ MefirafiQ,' 

14. Fray Luis de León (i 527-1591). —Nació éri BelníonAe 
^(Cuenca) ; hizo sus primeros estudios en Madrid y Valladolid, doW- 



346 LITERATURA ESPAÑOLA 

de su padre desempeñaba cargos importantes como abogado y con^^ 
sejero regio. A los catorce años fué a Salamanca para comenzar 
sus estudios universitarios; pero a los pocos meses ingresó en el 
convento de San Agustín, profesando el 29 de enero de 1544. Tu- 
vo por maestros : en Filosofía, al insigne agustino padre Juan de Gue- 
vara, y a Melchor Cano en Teología; los estudios de exégesis bí- 
blica los completó en Alcalá de Henares bajo la dirección de la 
mayor autoridad en la materia: el celebre orientalista Cipriano de 
la Huerga. 

Obtuvo el título de Bachiller en la Universidad de Toledo y la 
incorporó en seguida a la de Salamanca», donde se graduó de li- 
cenciado y de maestro en Sagrada Teología (1560), apadrinado 
en tan solemne acto por el dominico Domingo de Soto. Entonces 
entró de lleno en el ambiente de la vida universitaria; había va- 
cado la cátedra de Biblia y se presentaron a la oposición siete doc- 
tores y un licenciado; obtuvo fray Luis el tercer puesío, ganando- 
la cátedra el maestro Gaspar de Grajal, uno de sus más íntimos 
amigos desde entonces. Fué el único fracaso del maestro LeónL 
en estas lides: tenía entonces treinta y dos años; al siguiente (1561) 
ganó, en oposición reñida y derrotando al padre Domángo Báñez, 
la cátedra de Santo Tomás, y cuatro después, la de Durando, que 
desempeiiaba cuando comenzó su primer proceso y con él la se- 
rie de pruebas, que sirvieron, en definitiva, para que crecieran más 
su fama y sus virtudes. Era, por aquellas fechas, la Universidad 
de Salamanca un semillero de discordias y rivalidades, que vinie- 
ron a enconarse en la junta formada para la corrección de la Bi- 
blia de Vatablo; fray Luis de León y los maestros GrajaJ y Mar- 
tínez Cantalapiedra representaban allí el partido de los hebraístas, 
y el de los escolásticos 'intransigentes estaba capitaneado por el 
dominico fray Juan Gallo y el tristemente célebre León de Castro; 
defendió fray Luis la misma doctrina que expusiera en sus lectu- 
ras acerca de la Vulgata y de ahí tomó pretexto para sus acusa- 
ciones León de Castro, el cabeza visible, el que ha cargado con to- 
da la odiosidad, aunque de hecho el alma de toda aquella trama 
indigna contra los sabios hebraístas fué el dominico fray Barto- 
lomé Medina, que despechado contra fray Luis por reyertas de 
cátedras y por derrotas en ejercicios escolásticos, redactó las fa- 
mosas proposiciones que dieron con aquellos tres sabios en las- 
cárceles de la Inquisición de Valladolid; fray Luis de León fue 
preso el 27 de marzo de 1572 y no salió de la cárcel hasta el 7 de 
diciembre de 1576, en que un fallo completamente absoJutorio del" 
Tribunal Supremo de la Inquisición lo declaraba inocente y lo. 
restituía en todos sus derechos y preeminencias. 



FRAY LUIS DE LEÓN 347 

Del tiempo de 5u prisión data la hermosa poesía A Nuestra Se^ 
ñora y allí también trazó el plan y redactó, en parte, los mara- 
villosos Nombres de Cristo; en las paredes de su cárcel quedaroiv 
escritas Jas célebres quintillas: 

Aquí la envidia y mentira, Y con pobre mesa y casa 

me tuvieron encerrado. en el campo deleitoso 

: Dichoso el humilde estado con sólo Dios se compasa, 

del sabio que se retira, y a solas su vida pasa 

de aqueste mundo malvado ! ni envidiado, ni envidioso. 

El 30 de diciembre entraba fray Luis en Salamaíica, donde se 
le hizo un recibimiento verdaderamente fastuoso; le reconoció la 
Universidad el derecho a ocupar su cátedra ; pero la renunció ge- 
neirosamente en el padre Castillo que la estaba desempeñando, y 
el voto, que como catedrático le correspondía, lo dejó al padre 
Bartolomé Medina, su más encarnizado perseguidor. Ejn enero 
de 1577 le concedió el Claustro una cátedra de Escritura y al to- 
mar posesión hubo de comenzar sus explicaciones con el decíamos 
ayer... que tiene todos los caracteres de frase rigurosamente his- 
tórica. En agosto de 1578, tras de reñida oposición, ganó la cáte- 
dra de Filosofía moral y en septiembre de 1579 la de Biblia, que 
desempeñó hasta su muerte (1591). 

Hacia 1582 se le quiso envolver en otro proceso tomando pre- 
texto de las controversias a que dio lugar la publicación de la 
Concordia del jesuíta padre Molina ; pero por fortuna el Tribu- 
nal de la Inquisición "no hizo caso de rencillas universitarias y 
clausitrales y sólo atendió a la cuestión dogmática, dando por va- 
lederas las exculpaciones del procesado, y absteniéndose de ul- 
teriores diligencias; de suerte que no hubo acusación fiscal ni 
pasaron del sumario las actuaciones". En 1588 lo nombraron miem- 
bro de la Comisión para la reforma del Calendario Gregoriano e 
intervino en el gobierno de la reforma carmelitana, manteniendo 
el espíritu de Santa Teresa de Jesús, al mismo tiempo que el Con- 
sejo Real le encomeixiaba la publicación de las obras de la Santa, 
que llevo a cabo, haciendo un gran elogio de los escritos de la mís^ 
tica Doctora. A ruegos de la emperatriz doña María de Austria 
comenzó a escribir la Vida de Santa Teresa, que no pudo termi^ 
nar porque le sorprendió la muerte en Madrigal, el 14 de agosto 
de 1 591, nueve días después de haber sido elegido Provincial de 
los agustinos de Castilla. Se trasladaron sus restos aJ convento de 
Salamanca y hoy descansan en rico sarcófago de la capilla de aque- 
lla Universidad; por suscripción pública se le erigió una estatua,. 



>,\i8 LITERATURA ESPAKOLA 

inauguraba er2¿'áe 'abril "de '1 869; y iüt se levanta en el Patic 
< dé las Escuetas. '' ' ' '' ■' ■ .,,, 

Fué fray Luis de León hombre de una cukura extraordinaria! íj 
gozó de fama inmensa entre sus contemporáneos ; los hom- 
bres más eminentes del siglo xvi y principios del xvii, e; 
Brócense, Arias Montano, Herrera, Cervantes, Lope de Vega 
el pintor sevillano Pacheco, Nicolás Antonio y otros cien, le pro- 
digaron las mayores alabanzas, que hoy casi nos parecen exa- 
geradas teniendo en cuenta, sobre todo, que la gloria de f ra> 
Luis, para los hombres de su tiempo (que solamente le conocieron 
a medias) no estaba furwlada en ser, como lo es hoy para nosotros, 
"el más culminante lírico de la Europa moderna", como le ha lla- 
mado Laboulaye, o el artista soberano de las graves meditaciones en 
Los Nombres de Cristo; apenas prestaban atención aquellos hombres 
a sus obras castellanas; lo que admiran en él son sus profundos 
estudios teológicos y escriturarios, sus vastos conocimientos lingüís- 
ticos y aquellas* lecturas o expli-caciones verbales de cátedra, que 
hahehaniur pro miraculo, como nos dice uno de sus discípulos. 

El pintor Pacheco, en su célebre Libro de verdaderos retratos, 
hace de fray Luis una semblanza que merece conocerse íntegra, 
pero que aquí sólo podemos extractar : "En lo natural — dice — fué 
pequeño de cuerpo, en debida proporcióoi; Ja cabeza, grande, bien 
formada, poblada de cabello adgo crespo; el cerquillo, cerrado; la 
frente, espaciosa; el rostro, más redondo que aguifleño (como k 
muestra el retrato); trigueño el color; los ojos, verdes y vivos. 

"En lo moral, el hombre más callado que se ha conocido, si bien 
de singular agudeza en sus dichos, con extremo abstinente y tem- 
plado en la comida, bebida y sueño; de mucho secreto, verdad y fide- 
lidad; puntual en palabra y promesas, compuesto, poco o nada ri- 
sueño." 

Desde que Pacheco firmara su libro (1599, ocho años diespués de 
la muerte de fray Luis), su fama, como la de Cervantes, no ha deja- 
do de crecer, aunque los cambios de costumbres hayan variado los 
motivos de admiración ; pocos conocen y leen hoy lais obras latinas de 
fray Luis; casi nadie ve ya en él all sabio, aü "gigante, en compara- 
ción del cual tpdps, antiguos y modernos, son pigmeos", como es- 
cribía su sobrino fray Basilio Ponce de León ; para nosotros es, ante 
todo y sobre todo, «T artista incomparable de la prosa castellana y el 
aÜtísimo poeta, ": en cuyas estrofas hay acentps que no han sonado 
nunca en lira ailguna^, como no sea en Qa de David". 

.,Su primera, obra, en prosa hubo de ser la traducción literal del 
Libro de tos Cantares de Salomón, hecha hacia 1561 exclusivamente 
para que lo leyera Isabel Osorio, monja del convento de Sancti 



FRAY LUIS DE le;on • 349 

Spinitus, de Salamanca; leído por la interesada, recogió fray Luis 
y guardó cuidadosamente el manuscrito, pues nadie como él res- 
petaba las razones que tuvo el Concilio de Trento para prohibir 
la lectura de los sagrados libros en lengua vulgar ; pero un su ser- 
vidor, indiscreto, sacó una copia furtiva, y de aquélla se hicieron 
otras muchas, que circularon profusamente, sin que él pudiera im- 
pedirlo, pues, cuando se enteró, el mal no tenía remedio; sus ene- 
migos hicieron de ello un cargo más en el proceso; pero no fué, ni 
podía ser, el principal, como equivocadamente se ha dicho y aún 
repiten algunos. 

En 1583 sailían, a la vez. de las prensas de Salamanca las dos 
obras que, aparte las poesías, más fama han dado a fray Luis: Los 
Nombres de Cristo y La Perfecta Casada, libro éste último dedi- 
cado a doña María Várela Osorio, y que se ha hecho popularísimo. 
gracias, acaso, a lo sugestivo del tema, a la magia del estilo y a la 
encantadora sencillez con que está expuesta la doctrina de los de- 
beres de la mujer en estado de maitrimonio; doctrina, por otra 
parte, que ni es nueva ni propia de fray Luis, quien se ha limitado 
a parafrasear el último capítulo del Libro de los Proverbios. 

Más trascendencia científica y literaria tienen aquellos maravi- 
llosos diálogos de Los Nombres de Cristo, de los que dijo Menéndez 
y Pelayo que "só3o con Jos de Platón admiten paralelo por lo ar- 
tísticos y luminosos, aunque en la parte dramática quedan infe- 
riores''. 

.^; Se ha insinuado por alguien que aquellas sabrosísimas pláticas 
que dieron margen al libro fueron históricas y se desarrollaron, 
substancial mente en aquella quinta de La Flecha, que en la ribera 
deil Tormes poseían los padres Agustinos, tan magistralmente des- 
crita por fray Luis en la introducción al primer coloquio, y en laa 
estrofas incomparables áé sn Vtda Véfi^áílq: 

Del monte en la ladera 
por mi manp plantado tengo un huerto, 

que con la primá^'era. 

de bella flor cubierto, 
ya muestra en esperanza el fruto cierto. 

Y como codiciosa 
de ver y acrecentar su hermosura, 

desde la cumbre airosa 

una fontana pura 
hasta llegar corriendo se apresura. 

[ o» ,osir>d/í iX : l"^o sosegada, 

el pa^3 pitre, los .árboles torciendo, 
_elr suelo de pasada 



•*-0 • LITERATURA ESPAÑOLA 

de verdura vistiendo, 
y con diversas flores va esparciendo.- 

El aire el huerto orea 
y ofrece mil olores al sentido; 

los árboles menea 

con un manso ruido, 
que del oro y del cetro pone olvido, etc. 

Pero, fueran o no históricas aquellas conversaciones, <lo que sí 
tiene visos de probabilidad es la existencia de aquel papel, que Sa- 
bino, el más joven de los tres interlocutores, iba leyendo para que sir- 
viera como de pauta y guía en la discusión. Entre los que a su muer- 
te dejó inéditos el beato Alonso de Orozco hallóse un cuaderno inti- 
tulado: De nueve Nombres de Cristo, que tiene relaciones indiscu- 
tibles con la obra de fray Luis; se encuentran en él los mismos 
nombres y con idéntica distribución, sin más diferencia que la falta 
del nombre de Pastor, intercalado por fray Luis entre los de cami- 
no y monte. Si el opúsculo es originaü del beato, hay que conceder 
que a él le pertenecen el plan y la indicación de los pensamientos 
culminantes de íla obra ; pero esto no disminuiría ni en un ápice la 
gloria de fray Luis aun como autor de Los Nombres de Cristo, pues 
hay una diferencia inmensa entre aquellos breves apuntes y el gran- 
dioso desenvolvimiento que adquieren al pasar por la inteligencia 
del maestro León. ^*E1 beato Orozco — ha escrito hermosamente el 
4>adre Muiños' — es el modes<to oficial que amontona materiafles: 
fray Luis es el artista que los pule, les da forma y levanta el co- 
losal edificio. Rápidas y concisas frases del primero se truecan en 
amplios y grandilocuentes períodos de formas escuíiturales, solemne 
entonación y caminar majestuoso; de una vulgar reflexión brota 
una profunda teoría ftlosófica y una pálida imagen se convierte 
'en un torrente de deslumbradora poesía." 

Tres son los interlocutores de Los Nombres de Cristo : Sabino, 
Juliano y Marcelo; en este último se retrató a sí mismo fray Luis, 
que es quien lleva el peso del diálogo, que a veces deja de serlo 
para convertirse en monólogo, sin duda para no distraer demasia- 
do al lector de la idea que en cada nombre se desarrolla. 

Los Nombres de Cristo, como el Quijote, como d Libro de Buen 
Amor, empezaron a escribirse en la cárceil y se terminaron en me- 
dio de aquel hervidero de pasioncillas que constituían la vida uni- 
versitaria de fines del siglo xvl, y, sin embargo, no hay libro cas- 
tellano donde las ideas y el estilo respiren más augusta cailma; to- 
-do es allí equilibrio y armonía, paz y sosiego. En ntiestra rica lite- 



FRAY LUIS DE LEÓN 351 

ratura no hay nada que pueda compararse con aquellas soberbias 
•amplificaciones de los pasajes bíblicos, en los que llega fray Luis 
a la cumbre del arte literario; hasta los leves defectos que le ha 
señalado da crítica: aquel prolongar más de lo debido sus perío- 
<ios, acaballando las cláusulas y multiplicando los incidentes, na- 
cen de la riqueza de su fantasía y de la exquisita sensibilidad de 
su alma, abierta a todas las impresiones, enamorada del dasicismo. 
cuyos secretos conoció y supo apropiarse como nadie; pero sólo 
para que resaltaran más su españolismo y s^i amor a)l habl-a caste- 
llana, que en sus manos nada tiene que envidiar a las más ricas, an- 
tiguas y modernas. 

La edición príncipe de Los Nombres de Cristo (1533) constaba 
sólo de dos libros y contenía los nombres de Pimpollo, faces o 
cara de Dios, Camino, Pastor, Monte, Padre del siglo futuro. Bra- 
zo de Dios, Rey, Prítvcipe de la Paz y Esposo; a la segunda (1585) 
5e añadió un tercer Ilibro con los nombres de Hijo de Dios, Amado 
y Jesús, que es el remate natural de la obra. Desde la edición sex- 
ta (1595) llevan todas, como apéndice, el nombre de Cordero, que 
apareció inédito entre los papeles de fray Luis y que él pensaba 
colocar entre los de Hijo de Dios y Amado; pero que no introdujo 
en ninguna de Jas ediciones que corrigió, acaso porque pensara 
perfeccionarle o darle mayor extensión. 

Menos conocida, aunque superior quizá en cuanto al estilo a 
Los nombres de Cristo, es su obra postuma Exposición del libro de 
Job, hecha a instancias de la amiga de Santa Teresa, la venerable 
Ana de Jesús. A Ja traducción literal del texto hebreo sigue una 
amplia explicación deil contenido de cada uno de los capítullos, ter- 
minados con otra parafrástica en tercetos. No dio fray Luis la úl- 
tima mano a este libro; quedaron incompletos algunos argumentos 
y no pocos versos, que supdió con gran propiedad el agustino fray 
Diego González, al editarse por vez primera en el siglo xviii. 

Si como prosista es fray Luis de León uno de Jos maestros de 
las letras españolas, como poeta no tiene rival d jefe de la llamada 
escuela salmantina ; es, sin disputa, el más grande de nuestros lí- 
ricos y uno de los mayores de todas las literaturas, en sentir de pro- 
pios y extraños, y eso que no han tenido suerte sus versos, desco- 
nocidos aún en toda su integridad y pureza, pues nos falta la edición 
crítica para fijar el texto definitivo *de su labor poética. Por for- 
tuna parece ser que la poseeremos muy pronto. Tuvo fray Luis 
un concepto altísimo y moderno de la poesía; él realizó como na- 
die ía fusión del fondo y la forma, y, no obstante, apenas daba 
importancia a '''aquella,s ohrecillas que en la mocedad y casi en la 
niñez se le cayeron como de entre las manos y a las que se apílicó 



352 



LITERATURA ESPAÑOLA 



más por inclinación de su estrella que por juicio y voluntad", como- 
él mismo dice en la dedicatoria a don Pedro Portocarrero. Nunca 
había pensado publicarflas y sólo se decidió "a recoger aquel hijo 
pródigo y apartarle de las malas compañías que se le habían jun- 
tado", cuando un su amigo (acaso Arias Montamo) hubo de su- 
plicarle k libertase de las pesadas molestias que le ocasionaba la 
atribución de aJgunas poesías de fray Luis, que corrían sin nom- 
bre de autor. 

Reunió, pues, sus poesías, las enmendó de los ''males siniestros 
que habían cobrado con el andar vagabundo" y las puso en dispo- 
sición de ver ila luz públlica, distribuyéndolas en tres libros; en el 
primero incluyó las originales; en el segundo, las traducciones de 
poetas profanos, y en el tercero, las versiones bíblicas ; pero, sin que 
a ciencia cierta sepamos el motivo, el hecho es que no se publica- 
ron, prodigándose en cambio las coplas manuscritas, cada vez más 
incorrectas. 

El año 16311, cuarenta después de muerto fray Lui's, las editó 
don Francisco, de Quevedo para ponjéir un dique a la invasión del 
culteranismo; pero teniendo a mano excelentes manuscritos (en- 
tre otros di que se conservaba en San Felipe el Real, formado por 
el sobrino deJ poeta, fray Basilio Ponce de León), se limitó a re- 
producir uno de los más defectuosos que le facilitó el canónigo de 
Sevilla don Manuel Sarmiento de Mendoza. Muchos de los yerros 
de Quevedo se suí>sanaron en la edición de don Gregorio Mayans 
y Sisear; pero aún quedaron no pocos, y cometió, por cuenta pro- 
pia, el, fie atrib|iír a fray Luis la Canción a Cristo criícificado, pu- 
blicada ya por Pedro Espinosa en sus Flores como de Miguel Sán- 
chez. ,Se hacía indi spensabíe una edición completa y esmerada y 
con i©se objeto empezó a reunir poesías inéditas del vate agusti- 
niano el padre Francisco Méndez, llegando a formar dos gruesos 
volúmenes; pero con una falta casa tan absoluta de sentido críti- 
co, que allí quedaron cdeccionadas todas "las malas, compañías" 
que se les habían juntado desde los tiempos de su autor. Por fin, 
a principios del siglo xix ell padre Antolín Merino dio a luz en seis 
volúmenes una colecjción excelettte de todas las obráis castellanas 
de fray Luis, la única completa y la mejor hasta la fecha (la reim- 
primió en cuatro tomos la Sociedad de Impresores y Libreros del 
Reino, con un prólogo del padre Conrado Muiños, 1885), en cuyo 
tomo último publicó las poesías, separando las evidentemente au- 
ténticas de lias dudosas y de las a todas luces apócrifas. Los tra- 
bajos de investigación moderna; debidos en primer término a los 
señores Me Pidall, Onís, iGostcTiyaí i agustino padre Gregorio de San- 



FRAY LUIS DE LEÓN 353 

tiago van aumentando la bibliografía poética de fray Luis y alle- 
gando los materiaJes para formar el texto definitivo. 

Fray Luis de León se apropió como nadie las formas de la poe- 
sía antigua y en especial la de Horacio ; es nuestro gran poeta ho- 
raciano y lo es más todavía cuando imita que cuando traduce ; pero 
de su horacianismo se ha abusado no poco y es preciso hablar de 
él con reservas; desde luego, y dejando aparte sus poesías reli- 
giosas, Horacio no es la única, aunque sí su principal fuente de 
inspiración. Se limita, no obstante, a lo externo y puramente for- 
mal del estilo, pues en cuanto al fondo, lo que constituye el aíma de 
la poesía, no tienen nada de común el esplritualismo de fray Luís 
y la (tendencia epicúrea y sensualista del poeta venusino; existe en- 
tre ellos la misma diferencia que hay entre el ideail cristiano y la 
filosofía del paganismo. 

Sus versiones de Horacio debieron ser los primeros ensavos y 
tanteos del poeta, a juzgar por lo desmañado y flojo de muchos de 
sus versos, no pocas veces hasta mal medidos; pero aun en Has más 
incorrectas nos sorprenden con frecuencia las llamaradas del genio 
que imprime el sello de su personalidad vigorosa, y aparece enton- 
ces el gran poeta interpretando a otro, dando vida y colorido pro- 
pios a lo que traduce e imita. 

Pero por muy clásico y muy horacíano que supongamos i fray 
Luis tiene infinitamente más de bíblico; Tíknor le llamó, con ra- 
zón, alma hebrea. De su tercer libro podrían entresacarse belle- 
zas a granel y aciertos soberanos; la grandeza y la augusta ma- 
jestad de la poesía hebraica pasan íntegras, sin perder nada de su 
precisión y sabor poéticos, a las siguientes est'-ofas castellanas de 
fray Luis: 

Alaba ¡ oh alma ! a Dios. Señor, tu alteza 
¿qué lengua hay que la cuente? 
Vestido estás de gloria 3'- de belleza 
y luz resplandeciente. 
Encima de los cielos desplegados 
al agua diste asiento ; 
las nubes son tu carro, tus alados 
caballos son el viento... 

Pero iiiuy por encima de sus tvaduccicncs e i^nitaciores. aunque 
traduzca e imite como lo hacen los genios, donde hay que buscar 
la personalidad de fray Luis, donde vació por completo todas las 
deíicadezas de su alma exquisita es en sus poesías originales, en las 
que escribió sin acordarse para nada de que hubiera habido otros 
poetas en el mundo ; así cantó la vida del campo y "las delicias de la 
soledad, las excelencias de la virtud y las aJegrías y las desventu- 

23 



354 



LITERATURA ESPAÑOLA 



ras de la Patria ; 'así nacieron aquellas maravillas de La noche se- 
rena, La vida retirada, La Ascensión, las odas A Felipe Ruiz y Ha 
música de El ciego Salinas y La Profecía del Tajo, en las que llega 
a la cumbre de la emoción poética y la ingiere y como que la in- 
funde en di alma del lector. 

La poesía de fray Luis es arcaica y sencilla, sobria y no pocas 
veces desaliñada en la forma, pero se adentra en el alma; su nota 
característica es la del doior, la angustia del alma desterrada, que 
suspira por la Patria y siente la nostalgia de aquella 

Morada de grandeza, 
templo de claridad y de hermosura... 

Por (todas partes aparece el 

¡ Cuándo será que pueda 
libre de esta prisión volar al cielo ! 

Pero d poeta sabe también herir otras cuerdas y, o estalla en 
apostrofes de indignación, como en sus canciones patrióticas, o se 
abisma en Ja contemipJación del paisaje y del cielo estrellado. Be- 
llísimas son sus descripciones; en sólo tres estrofas hace la de In 
tempestad, modelo en rapidez y en energía: 

¿ No ves cuando acontece 
turbarse el aire todo en el verano? 

el día se ennegrece, 

sopla el gallego insano 
y sube hasta el cielo el polvo vano ; 

y entre las nubes mueve 
su carro Dios, ligero y reluciente; 

horrible son conmueve ; 

relumbra fuego ardiente, 
treme la tierra, humíllase la gente ; 

la lluvia baña el techo, 
envían largos ríos los collados; 

su trabajo deshecho, 

los campos anegados, 
miran los labradores espantados. 

No es posible analizar todas las bellezas de la rica y abundante 
vena de fray Luis, y para terminar nada mejor podríamos citar 
que su oda incomparable a la música de Salinas, llama^ia por Milá 
y Fontanals "bella paráfrasis cristiana de la estética de Platón". 

El aire se serena 
y viste de hermosura y luz no usada, 



FRANCISCO DE LA TORRE 



355 



Salinas, cuando suena 
la música extremada 
por vuestra sabia mano gobernada. 

A cuyo son divino, 
mi alma, que en olvido está sumida, 

toma a cobrar el tino 

y memoria perdida 
de su origen primera esclarecida... 

Traspasa el aire todo 
hasta llegar a la más alta esfera, 

y oye allí otro modo 

de no perecedera 
música, que es de todas la primera... 

¡ Oh ! suene de contino. 
Salinas, vuestro son en mis oídos, 

por quien al bien divino 

despiertan los sentidos, 
quedando a lo demás amortecidos. 

"Todo está expresado aquí — dice Menéndez y Pelayo — con fra- 
"ses de insuperable belleza: ©1 poder aquietador del arte, sus efectos 
purificadores, la escala que forman las criaturas para que el en- 
tendimiento se levante de la contemplación de ellas a la de la su- 
jxia. increada hermosura." 

15. Malón de Chaide. Véase el núm. 5 del cap. XV (pág. 456). 

16. Arias AIqntano. Véase el núm. 17 del cap. XVI (pág. 487). 

17. Sánchez Brócense. Véase el núm 22 de este capítulo (pá- 
■^ina 367). 

18. Francisco de la Torre. — Xació en Torrelaguna, de donde 
tomaron apellido sus ascendientes; vivió en los dos últimos tercios 
del siglo XVI, ignorándose las fechas precisas de su nacimiento y 

muerte; estudió Cánones en la Universidad de AícaJá, donde es- 
tuvo matriculado en los años 1554-55-56; de sus poesías se deduce 
que muy joven se enamoró de cierta dama (la Filis rigurosa de sus 
versos) de elevada condición; debió de ser soildado: marchó a Lom- 
Ijardía, y vuelto a su patria al cabo de algunos años, encontró a Fi- 
lis casada con un viejo rico, protector del poeta en su juventud; 
■éste lamenta su desengaño y la ingratitud de Füis, y encerrando en 
•el pecho su pasión la mantiene viva largo tiempo y exclama: 

...¡Yo, triste! El cielo quiere 
que yerto invierno ocupe el alma mía, 



2^6 LITERATURA ESPAÑOLA 

y que si rayo viere 
de aquella luz del día 
furioso sea y no como solía... 

Otras veces, en sus versos parece referirse a persecuciones,,, 
destierros y contrariedades que le acarrearon sus no extin^idos- 
amores. Don Aureliano Fernández Guerra llega a sospechar si la 
cierva herida por airada mano en el nevado pecho será Filis, que 
acaso pereciera de muerte violenta, fijándose en este verso de sen- 
tido harto transparente: 

Canción, fábula un tiempo y caso agora, 

donde es posible que el poeta recuerde alguna terrible tragedia de 
honor. 

Fué amigo de Francisco de Figüeroa, el divino; de Pedro Láinez 
(que murió de pagador en Valladolid en 1605) y de don Juan de 
Mendoza Luna (que figuran en sus églogas, respectivamente, con 
los nombres de Tirsi, Damón y Montano). En su vejez se retiró- 
a algún lugar oirillas del Duero, sin olvidar del todo su pasión; y 
probablemente concluyó por tomiar órdenes sagradas. Siendo de 
edad provecta, le conoció Lx)pe de Vega, que. como secretario deT 
Duque de Alba, "recorría con éste algunos pueblos regados por el 
Duero y por el Tormes. 

Muerto la Torre, el caballero portugués Almeida preparó sus 
poesías para imprimirlas, y Ercilla dio la aprobación, y el Conse- 
jo Real, la licencia; pero no llegó a realizarse eil proyecto, hasta: 
que lo hizo Quevedo (1631), que quiso contraponer estos versos a 
Ja invasión culterana de su época; pero Quevedo confundió aH au- 
tor con el bachiller Alfonso de la Torre, a quien se debió la Vi- 
sión delectable, error que fué impugnado por Faria y Sousa en sus 
Comentarios a Camoens; Lope de Vega, que había conocido a 
Francisco de la Torre y que hubiera podido dar muy interesantes- 
noticias de éJ, se calló, quizá por diferencias con Quevedo mo- 
tivadas por los disgustos de éste con Montalbán. Don Luis Jo- 
sef Vellázquez, marqués de Valdeflores, identificó a üa Torre con 
Quevedo, al reimprimir (Madrid, 1753) las Poesías que publicó- 
don Francisco de Quevedo Villegas, señor de la Torre de Juan 
Abad, con el nombre del Bachiller Francisco de h Torre. De la 
opinión de Velázquez participaron sus amigos los eruditos Luzán 
y Montiano; no siguió, afortunadamente, esta opinión Quintana 
en su Colección de poesías selectas, ni menos don Aureliano Fer- 
nández Guerra, que en su Discurso de recepción en la Real Aca- 
demia Española puso en claro magistralmente dicha personalidad^ 



FRANCISCO DE LA TORRE 357 

Así como no se parecem la vida de la Torre y la de Quevedo, 
aquél, hombre retirado del bullicio, de la poílítica y de la corte, 
al contrario que éste, de iguaJ modo hay inconfundibles diferen- 
cias entre unas y otras poesías; las de Francisco de la Torre se 
distinguen por su buen gusto, por su sencillez, rxaturalidad y cla- 
ridad de expresión; su preferencia por los modelos italianos y afi- 
ciones grecorromanas y petrarquistas y su tinte melancólico, mien- 
tras que en las de Quevedo, aun en las menos conceptistas, abun- 
dan las muestras de agudeza, de ingenio y aun de afectación, y no- 
faltan los retruécanos, antítesis, equívocos y sutilezas propios del 
-autor de El Gran tacaño y abundan los rasgos intencionados y aun 
satíricos. Además, el concepto de ila mujer es muy diferente en 
uno y otro poeta: en la Torre se presenta con gran delicadeza e 
idealidad; en Quevedo (cuyos versos no suelen ser ejemplares en 
este punto) se lee, por ejemplo: 

Las mujeres desta tierra 
tienen muy poco artificio, 
mas son de lo que las otras 
y me saben a lo mismo... 

El bachiller Francisco óe la Torre se inspira a veces en los 
poetas italianos de su siglo, especialmente en Benedetto Varchi, 
Torquato Tasso, Giambattista Amalteo y Angelo de Constanzo. 

•Quintana, con gran acierto, le colocó junto a Garcilaso y fray Luis 
de León y dice que "sujS dotes más eminentes son la sencillez de 
la expresión, la viveza y ternura de los afectos, la lozanía y ait'.e- 

Tiidad risueña de la fantasía... ¡Lástima grande que faite a sus 
égüogas variedad, conocimiento del arte del diálogo, oposición y 

-contraste entre las situaciones de los interlocutores ! EJ poeta que 

pinta y siente con tanta delicadeza 'y fuego cuando habla por sí 
mi,smo, no acierta a hacer hablar a los otros". Escribió sonetos 

•{de corte petrarquista) canciones, odas, endechas y églogas, predo- 
minando en sus poesías Ja nota amorosa, frecuentemente velada 

con un tinte de timidez, melancolía y delicadeza. Es bellísimo eJ 

•.siguiente soneto A Tir'sis: 

Esta es, Tirsis, la fuente do solía 
contemplar su beldad mi Filis bella; 
éste el prado gentil, Tirsis, donde ella 
su hermosa frente de su flor ceñía. 

Aquí, Tirsis, la vi cuando salía 
dando la luz de una y otra estrella; 
allí, Tirsis. me vido; y tras aquella 
haya se me escondió, y ansí la vía. 



^cg LITERATURA ESPAÑOLA 

En esta cueva deste monte amado 
me dio la mano y me ciñó la frente 
de verde hiedra y de violetas tiernas. 

Al prado y haya y cueva y monte y fuente 
y al cielo desparciendo olor sagrado, 
rindo de tanto bien gracias eternas. 

También es bellísimo eJ que enupieza: 

Bella es mi ninfa, si los lazos de oro 
ai apacible viento desordena; 
bella, si de sus ojos enajena 
el altivo desdén que siempre lloro... 

Y ttas canciones A la tórtola y A la cierva herida, de singular 
delicadieza. La primera empieza así: 

Tórtola solitaria, que, llorando 
tu bien pasado y tu dolor presente, 
ensordeces la selva con gemidos... 

Debe recordarse la oda A la Aurora: 

Rompe del seno del dorado Atlante 
la vestidura negra 
de la noche la aurora rutilante 

que cielo y mundo alegra... 

Y la oda A la edad de oro : 

¡ Oh tres y cuatro veces venturosa 

aquella edad dorada 
que de sencilla, pura y no envidiosa 

vino a ser envidiada...! 

Y sobre to<lo la siguiente," de clásica belleza y estructura ele- 
gantísima, y una de las primeras en que se mamfiesta la estrofa-, 
sáf ica en nuestro Parnaso : 

¡ Tirsis ! ¡ Ah, Tirsis ! Vuelve y endereza 
tu navecilla contrastada y frágil 
a la seguridad del puerto ; mira 
que se te cierra el cielo; 
el frío Bóreas y el ardiente Noto, 
apoderados de la mar insana, 
anegaron ahora en este piélago 
una dichosa nave... 

La siguiíente endecha, deMcada y melancólica, es fiel expresión- 
de los recuerdos amorosos del poeta : 



FRANCISCO DE MEDRANO 359. 

El pastor más triste el silencio amigo, 

que ha seguido el cielo compañero eterno 

dos fuentes sus ojos de la noche sola, 

y un fuego su pecho, oye su tormento, 

llorando caídas Sus endechas llevan 

de altos pensamientos, rigurosos vientos, 

solo se querella, como su firmeza 

riberas del Duero; mal tenidos celos... 

19. Francisco de Medrano. — Este poeta vivía en Sevilla a fines 
del siglo XVI y entrado el siguiente ; aÜgunas de sus poesías demues- 
tran que estuvo en Salamanca, donde quizás estudió : también visitó 
Italia; fué amigo de algunos de los poetas hispalenses más señalados^ 
como Arguijo, Rioja y el famoso obispo de Bona don Juan de la Sal, 
a quienes dirigió algunas de sus composiciones ; otras van enderezadas 
a Cristóbal de Mesa, a Francisco de Acosta en la muerte de su her- 
mano eil padre José de Acosta, y a Fernando de Soria Galvarro, 
que parece que fué de estos personajes el de más intimiidiad para 
el j>oeta. Sus composiciones, muy bellas, revelain un gusto severo, 
sobrio, puro y elegante. Menéndez y Pelayo lo considera como poe- 
ta relacionado con la escuela salmantina; no dejó por ello de expe- 
rimentar la influencia de Herrera, en cuanto a la poesía de estilo 
y la armonía y elegancia de los períodos, como ha observado 
F. Espino. Su notable soneto A las ruifujs de Itálica (cerca de las 
cuales estaba su heredamiento Mirar-Bueno) recuerdan no sólo la 
elegía de Rodrigo Caro sino más aún la famosa silva de Quevedo 
A Roma antigua y moderna: 

Estos de pan llevar campos ahora 
fueron un tiempo Itálica ; este llano 
fué templo; aquí a Teodosio, allí a Trajano 
puso estatuas su patria vencedora. 

En este cerco fueron Lamia y Flora 
llama y admiración del vulgo vano ; 
en este cerco el luchador profano 
del aplauso esperó la voz sonora... 

Debe recordarse también su oda Profecía del Tajo en la pér- 
dida de España, imitación de la de Horacio Pastor cum traheret 
(como la de fray Luis de León) : • 

Rendido el postrer godo a la primera 
y última hermosura que en el suelo 
vio el sol, del Tajo estaba en la ribera, 
moviendo invidia al cielo 
de su adorada fiera... 



360 LITERATURA ESPAÑOLA 

Modificó la lira de Garólaso, componiendo -la clase de estrofa 
que acabamos de citar, en la cual escribió varias composiciones. 
Lo que más le caracteriza son sus maravillosas imitaciones de al- 
gunas odas de Horacio, que se distinguen tanto por su poesía ex- 
quisita y noble como por haber penetrado asombrosamente eil alma 
del poeta latino, que él admiraba tanto. 

C. Poesía lírica, e) Escuela sevillana: i.* época: 20. Mal Lara. — 
21. Diego Girón. — 2.» época: 22. Fernando de Herrera. — 
23. Medina. — 24. Baltasar del Alcázar. — 25. Céspedes. — 
26. Pacheco. 

20. Mal Lara. — En Sevilla, su patria, tuvo Juan de Ma'l La- 
ra (i525?-iS7i) una escuela, célebre, de Gramática y Humanidades 
(junto a la Aiame'da de Hércules), donde estudiaron varones muy 
doctos, como Francisco de Medina, Diego Girón y otros, contribuyen- 
do poderosamente a desarrollar las aficiones literarias en la ciudad 
del Betis. Su viuda María de Ojeda y sus hijas Gila y Silvestra, 
hicieron almoneda de sus bienes. Compraron sus libros Cristóbal 
Mosquera de Figueroa, el licenciado Pineda, Hernán López de Gi- 
braleón, Fernando de Herrera (ailgunos pocos), Francisco de Ver- 
gara y otros. Compuso Mal Lara epigramas y poemas latinos. En 
verso suelto escribió el poema de La hermosa Psyche, donde mora- 
lizó el mito de Psiquis y Cupido. Se ha perdido su poema Los tra- 
bajos de Hércules. Imitó pasajes de Virgilio y tradujo algo de 
Marcial; por ejemplo: 

Donde sus siete maridas ha mandado allí escribir 

Cloe tiene sepultados, que ella les dio sepultura, 

para mostrar cuan amados y escribió la verdad pura : 

le fueron y cuan queridos, que ella los hizo morir. 

En el Recebimienío que hizo... Sevilla a... Felipe H (1570) des- 
cribe todos los festejos con motivo de este acontecimieaito, mostran- 
do la perfeoción que en Sevilla habían alcanzado las Bellas Artes 
y Letras. Gallardo veía en este libro cierta emulación con Madrid y 
la Relación de la muerte y exequias de doña Isabel de Valois, pu- 
blicadas el año anterior por el maestro López de Hoyos. "Pero Mal 
Lara — dice — es más hombre que Hoyos y más olásico, mejor gusto, 
más rica vena. En Sevilla se sabía entonces más que en Madrid." 
La Descripción de la galera real de... D. Juan de Austria pertenece 
al mismo género que la anterior. Se tiene noticia de alguna co- 
media, en verso toda, en que sus personajes eran akgoríais, repre- 
sentada por los estudiantes en el convento de Nuestra Señora de 



MAL LARA. GIRÓN. HERRERA 361 

Consolación de Utrera, y de la tragedia Absalón y comedia Lo- 
ctista. 

Su obra más conocida es la Philosophia vtdgar (1568). Enamora- 
do del refrán y siguiendo los Adagios de Erasmo, glosó hasta mil 
proverbios castellanos con erudición, agudeza y sabiduría práctica. 
Muchas citas de poetas grecolatinos traducidos por él mismo , de filó- 
sofos e historiadores, ilustran ios refranes; pero tienen aún más 
importancia los apólogos, cuentecillos, facecias, dichos agudos y 
narraciones brevísimas a que era tan aficionado, y que si se reunie- 
ran, a juicio de M. Pdlayo, podría formarse una floresta que all- 
ternase con el Sobremesa y el Portacuentos de Timoneda. Es lás- 
tima que no haya una edición moderna de este interesantísimo libro. 

21- Diego Girón. — 'Concuñado de Mal Lara, Diego Girón (f 
1590) le sucedió en el cargo de maestro de Latinidad. Era gran hu- 
manista, tradujo Has fábulas de Esopo de griego al latín y compuso 
versos castellanos en estilo fácil, correcto y castizo, imitando a Vir- 
.giúio, a Séneca y VaJierio Fíaco. Es notable la versión de la oda de 
Horacio Beatus Ule...: 

Dichoso el que, alejado de negocios, 
cual los del siglo antiguo, 
labra sus campos con sus bueyesi propios 
libre del logro ilícito... 

22. Herrera ex. Divino. — Femando de Herrera (1534- 1597) 
fué hijo de un humilde cerero y nació en Sevilla; aprendió letras 
humanas en el estiidio de San Miguel. 

Pacheco, en el Libro de retratos, dice que "fué de hábito ecle- 
siástico, y beneficiado de la iglesia parroquial de San Andrés, y. 
no tuvo orden sacro; pero con los frutos del beneficio se sustentó 
toda su vida". El mismo Pacheco nos cuenta de su carácter que, 
"enemigo de lisonjas, ni las admitió ni las dixo a nadie (que le cau- 
só opinión de áspero y mal acondicionado"). Y Rufo, en sus Apoteg- 
mas, escribe esta burla del carácter de Herrera: "Cierto hombre 
leído y estudioso era bronco, arrogante y despejado y poeta áspe- 
ro y terrible; desvanecido de que el vulgo le atribuía fuera de ra- 
zón el título de divino, que, no por modestia, el dicho estimaba en 
poco, dixo a ciertos hombres que seguían su secta : "Si aun no es hu- 
mano, ¿ por qué le llamáis divino .?" 

Don Alvaro Colón y Portugal (1554-1581), segundo conde de 
Gelves, biznieto de Colón y descendiente de los Reyes de Portugal, 
fué con su esposa doña Leonor de Milán (emparentada a su vez 
con estos monarcas y con los de Aragón) a visitar sus estados de 



352 LITERATURA ESPAÑOLA 

Gelves, pueblo a orillas del Guadalquivir, distante legua y media, 
de Sevilla. Después de alguna temporada en que vivieron en la cor- 
te, fijaron su residencia en la capital andaluza, acaso por estre- 
checes económicas. Ya en 1565 reunia el Condie, espíritu culto, afi- 
cionado a las letras, en su casa a Juan de Mal Lara, el canónigo 
Francisco Pacheco, Baltasar del Alcázar, Argote de Molina, Mos- 
quera de Figueroa, Juan de la Cueva y otros, entre ellos Herrera. 
Este se prendó profundamente de la Condesa y en muchas poesías 
que son de carácter autobiográfico, de manera más o menos ve- 
lada, se refiere a esta pasión, cuyo alcance se ha discutido. Rodrí- 
guez Marín entiende que el poeta, de ilo espirituaJl, io obtuvo todo; 
de lo material poco más que nada, unas frases, unas sonrisas...; en 
alguna ocasión la dama, disgustada con su esposo, vio con agrado 
el rendimiento del Divino; pero pronto le exhortó ella misma a de- 
.«istir; una vez, hallándose en el Guadalquivir parte de la arma- 
da triunfadora en Lepanto, como el melancólico Herrera ma- 
nifestase a la Condesa que, desesperado, renunciaría a su amor pa- 
ra siempre, aquélla le animó diciendo al tenaz amante (según íos- 
versos de éste) : 

Si en sufrir más me excedes, yo te excedo 
en pura fe y afectos de ternura ; 
¡ vive y confía, osado amante y ledo ! 

Y en otra elegía amorosa escribe Herrera : 

¡ Ya pasó mi dolor, ya sé qué es vida ; 
ya puedo esperar bien en mi tormento 
sin recelar mi muerte aborrecida ! , 

Pero por prudente precaución de fla Condesa, Herrera no voil- 
vió la verla sin testigos; y en unos versos (1572) manifiesta lo in- 
úitil de sus añílelos: 

Yo me perdí por miraros ; 
pero nunca quiso Dios 
que consintiésedes vos 
que mereciese yo amaros. 

Juan de la Cueva amonestó al poeta en un soneto maligno, .en 
que, aconsejándole desistir de su pasión, termina diciéndole : 

Que amáis lo que deslustra vuestra gloria 
y, en lugar de afamaros, os infama. 

Según un documento publicado por Rodríguez Marín, Herrera 
fué depositario del testamento de doña Leonor, escrito que el poeta 
entregó al Conde en 1577 con ocasión de una grave enfermedad de: 
su esposa, que aún vivía en 1580. 



FERNANDO DE HERRERA 363 

En Otra elegía declara el escritor sevillano expresamente la vir- 
tud de la dama inspiradora de sus versos : 

Fuéme la suerte en lo mejor avara, 
sombras fueron de bien las que yo tuve, 
oscuras sombras en la luz más clara. 

Observa, además, el bachiller Francisco de Osuna que la de 
Grelves, en las rúbricas que usó en los últimos diez años de su vida 
estampó una F inicial del nombre dd poeta. En 1581 murió doña 
Leonor, y pocos meses después don Alvaro, en su villa de Gelves; 
y en 1597 Herrera, a los sesenta y tres años de edad. Francisco 
Pacheco, maestro y suegro de Vdázquez, lo retrató. 

Herrera escribió composiciones amorosas y heroicas o patrió- 
ticas; se distingue "porque todo su cuidado puso en la pompa de 
las palabras y en las figuras y modos de decir hermosamente" (co- 
no él dice de Qaud.iano) ; y en verdad que nunca se cuidó tanto 
z\ lenguaje poético, en cuanto al número y valor musical del verso, 
iu grandilocuencia y lozanía, la fuerza descripti\-a de la frase, con 
^1 cuidado y abundancia de los epítetos, buscando con frecuencia 
;1 giro onomatopéyico y el sentido colorista de la expresión ; suele 
jreferir la estrofa larga y es pródigo en las figuras retóricas. Sus 
)oesías amorosas (canciones, e'Iegías, sonetos), dedicadas constan- 
:emente a reflejar su pasión por la señora de Gelves (a quien de- 
ligna con ios nombres poéticos de EDiodora, Lumbre, Luz, Estrella, 
esuiltan monótonas para él gusto moderno, pues son siempre va- 
caciones sobre el mismo tema de psicología amorosa. En la si- 
^[Tiiente octava resumió una vez más los varios aspectos de su pa- 
sión concentrada e íntima : 

Tan encogido estuvo mi deseo 
que aun del dolor no pretendió memoria; 
nunca se aventuró mi devaneo, 
y puse siempre en el temor mi gloria. 
Amando me contento, y no deseo 
esto de vos y pierdo esta vitoria, 
si se puede decir que la ha perdido 
quien ama tan cortés y comedido. 

En estas poesías eróticas vemos recuerdos de los poetas latinos, 
nfluencias petrarquistas, de Ausías March y aun algún eco de los 
rovenzáles, que tan adelante llevaron las quintas esencias amoro- 
as en sus rimas; todo ello combinado con dejos neoplatónicos vi- 
ibles (cuyo texto más autorizado había formulado Judas Abrabanel 
n sus Diálogos de amor), y templado al fuego de una pasión nun- 
a vencida, dieron por resultado aquellas canciones, elegías, sonetos. 



^64 LITERATURA ESPAÑOLA 

en que hay una sola nota, repetida y variada de mil maneras; su 
pasión por doña Leonor, a quien elevó a ia condición de nuevs 
Laura de este renovado petrarquismo. 

Sus composiciones de carácter heroico o patriótico son nota 
J)üísimas. La Canción por la victoria de Lepanto empieza: 
Cantemos al Señor, que en la llanura 

venció del ancho mar al Trace fiero ; 

tú, Dios de las batallas, tú eres diestra, 

salud y gloria nuestra; 

tú rompiste las fuerzas y la dura 

frente de Faraón, feroz guerrero; 

sus escogidos príncipes cubrieron 

los abismos del mar, y descendieron 

cual piedra en el profundo, y tu ira luego 

los tragó como arista seca el fuego. 

Imita el cántico de Moi&és con motivo del paso de los israelitas 
por el Mar Rojo y de la pérdida del ejército de Faraón {Éxodo, XV) 
y está sembrada de pensamientos bíblicos. 

Turbáronse los grandes, los robustos 
rindiéronse temblando y desmayaron... 

.«stá tomado de los Salmos. 

Llorad, naves del mar, que es destruida 
vuestra vana soberbia y pensamiento... 

íCS copia de frase análoga de Isaías (XXIII, 14), caando predice 
la ruina de Tiro: "Aullad, naves de Tarsis, porque destruida es 
-vuestra fortaleza." 

También los pensamientos de los sagrados libros esmaltan la Can- 
^ión por la pérdida del rey don Sebastián : 

Voz de dolor y canto de gemido 
y espíritu de miedo, envuelto en ira, 
hagan principio acerbo a la memoria 
de aquel día fatal, aborrecido, 
que Lusitania, mísera, suspira, 
desnuda de valor, falta de gloría. 

Comentando la multitud de los ejércitos portugueses destruídoi 
■en Alcazarquivir, dice: 

Y el santo de Israel abrió su mano, 
y los dejó, y cayó en despeñadero 
el carro y el caballo y caballero. 

También es muy importante la canción Al santo rey don Fer 
nando, donde leemos esta estrofa: 



FERNANDO DE HERRERA 365, 

Cubrió el sagrado Betis de florida 
púrpura y blandas esmeraldas llena> 
y tiernas perlas la ribera ondosa, 
y al cielo alzó la- barba revestida 
de verde musgo y removió en la arena 
el movible cristal de la sombrosa 
gruta, y la faz honrosa 
de juncos, cañas y coral ornada, 
tendió los cuernos húmidos, creciendo 
la abundosa corriente dilatada, 
su imperio en el Océano extendiendo ; 
que al cerco de la tierra en vario lustre 
de soberbia corona hace ilustre. 

Lope de Vega citando dicha estancia escribió: "Aquí no excede- 
ninguna lengua a la nuestra; perdonen la griega y la latina". En 
este pasaje imitó Herrera gallardamente a Claudiano, con cuya 
poesía, en cuanto a la forma, tenía la suya relación manifiesta. Al- 
2^unos trozos pecan de ampulosos. 

La Canción a don Juan de Austria, vencedor de los moriscos 
en las Alpu jarras, es otra de las poesías más importantes de He- 
rrera; en ella "introduce a Apolo celebrando el impávido esfuerzo 
de Marte en la rota de los gigantes, pronosticando empero que ha 
de venir día en que las hazañas del vencedor de Lepanto oscurez— 
:an y eclipsen las uei numen de la guerra" (Marchena). Está escri- 
ta en liras, y empieza así esta canción : 

Cuando con resonante 
rayo y furor del brazo impetuoso 
a Encelado arrogante 
Júpiter poderoso 
despeñó airado en Etna cavernoso, 

Y la vencida tierra 
a su imperio rebelde quebrantada, 
desamparó la guerra 
por la sangrienta espada 
de Marte, aun con mil muertes no domada... 

Herrera escribió muchos sonetos relativos a sus propios amores, 
1 temas patrióticos (uno a la victoria de Lepanto y cuatro al gran 
marino don Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz), sobre Sevi- 
lla o la Roma clásica (A Sevilla, Al Betis, A Marco Bruto, A Pora- 
peyo), o bien dirigidos a algunos poetas que él admira£ba o que eran 
amigos suyos (a Garcilaso, a Francisco Pacheco, a Barahona de 
Soto). Los que se acaban de indicar figuran entre los más señalados; 
tie aquí el principio de algunos : 



366 



LITERATURA ESPAÑOLA 



Por lu victoria de Lepanto. 

Hondo Ponto, que bramas atronado 
con tumulto y terror, del turbio seno 
saca el rostro, de torpe miedo lleno; 
mira tu campo arder ensangrentado... 
Entre sus elegías amorosas se distinguen las dos siguientes, no 
.sólo por su inspiración sino también por d. sentido estético de algu- 
nos de sus conceptos. La I, Esperanza enamorada : 
Un divino esplendor de la belleza 
pasando dulcemente por mis ojos 
mi afán cuidoso causa y mi tristeza... 

YlaV: 

Los ojos, que son luz de la alma mía, 
húmedos vi tornarse con lamento, 
la púrpura bañando y nieve fría... 

Las poesías de Herrera se distinguen por el realce que dio a los 
elementos musicailes del idioma, buscando la mayor sonoridad del ver- 
so; por haber fijado un lenguaje poético, rico, perfectamente dis- 
tinto del de la prosa (empresa iniciada por Juan de Mena), como lo 
observó en un soneto de tendencia satírica Barahona de Soto; por 
la importancia concedida al aspecto descriptivo de la poesía, a sus 
elementos de color, a la expresión y variedad de los epítetos y a la 
grandilocuencia de la. frase ; por su constante afición a los poetas 
italianos, sobre todo a Petrarca, a quien tomó por modelo en amor 
y en letras, como lo manifiesta repetidas veces, entre otias, en su 
elegía amorosa dirigida a Juan de Mal Lara, donde, hablando de su 
propia pasión, dice : 

...Tal a su bella Laura el gran toscano 
cantó con alta, insigne y noble lira, 
guiando el niño rey su diestra mano...; 
por las alusiones mitológicas que prodiga, influido por sus modelos 
latinos y toscanos. 

Herrera, aunque muy cuidadoso del lenguaje poético (que quiso 
distinguir constante y esencialmente del de la prosa), no evitó cier- 
tos defectos de forma (propios de su época) que menoscaban con 
alguna frecuencia sus poesías, y particularmente asonancias entre 
consonantes, que deslucen su obra. 

Herrera, considerado por sus contemporáneos como jefe de la 
escuela sevillana, dio a ésta su definitivo carácter, en cuanto a for- 
ma, color y música del verso, grandilocuencia en la expresión y pre- 
ferencia por la estancia larga y composición más larga, por lo ge- 
neral, que la de la escuela salmantina; su influencia fué extraordi- 
naria, y le imitaron, particularmente Lope de Vega (madrileño, pro- 



FERNANDO DE HERRERA 367 

ximo muchas veces a los sevillanos, en la factura del verso) y Quin- 
tana; es decir, los más grandes poetas españoles. 

Francisco Sánchez de las Brozas, insigne profesor de Humani- 
dades en la Universidad de Salamanca, imprimió (1574) las poesías 
de Garcilaso, con notas en que señala los versos de los poetas grie- 
gos, latinos e itallianos en que se inspiró en algunos de sus pasa- 
jes, edición que se repitió dos o tres veces en poco tiempo. Francis- 
co de los Cobos, en un soneto, expuso malignamente que el resul- 
tado de la erudita labor del profesor salmantino era negar la ori- 
ginalidad de Garcilaso; peto el Brócense contestó que "no tenía 
por buen poeta al que no imitaba a los excelentes antiguos". 

Fernando de Herrera, el gran poeta de la escuela sevillana, poco 
después daba a la estampa sus Anotaciones a las obras de Garcila- 
so (1580), en donde se encuentran numerosas disertaciooies sobre el 
lenguaje y el período poético, la grandilocuencia de la dicción, las 
alusiones, tomadas de la Mitología, etc. ; tenía su obra, por tanto, 
distinto carácter de la del Brócense, al cual no nombraba. En ella 
se leen también no pocas noticias relativas a los poetas humanistas 
sevillanos, intercalándose, además, algunas composiciones latinas y 
castellanas de ellos, y ciertos juicios, muy atinados, acerca de algu- 
nos escritores; v. gr., el relativo a Gutierre de Cetina. Herrera es 
siempre devoto de la forma intrínseca, o sea, de la que caracteriza el 
estilo de cada escritor. El condestable don Juan Fernández de Ve- 
lasco, conde de Haro, después diplomático famoso, había sido discí- 
pulo del Brócense, y, dolido del siílencio en que Herrera dejó el Co- 
mentario de su maestro, publicó un intencionado libelo, en contra 
del trabajo del poeta sevillano, con el título de Observaciones del 
Prete Jacopín... en defensa de Garcilaso de la Vega contra las Ano- 
taciones que hizo a sus obras Hernando de Herrera, que recuer- 
dan, en cierto modo, los donaires de la Carta del Bachiller de Ar- 
cadia al capitán Saladar; el opúsculo de Fernández de Velasco se 
distingue por su reivindicación de los salmantinos, por sus chisto- 
sas agudezas, no siempre cultas (llamó a su contrario "asno con piel 
de íleon"), y por su defensa y elogio de Garcilaso, aquí extemporá- 
neo, puesto que las Anotaciones de Herrera son muestra del culto 
más ferviente que al poeta de Toledo profesaba el de Sevilla; este 
último contestó con violencia, y devolvió sus injurias con acritud 
y destemplanza a Jacopín. Las Anotaciones de Herrera llevan al 
frente un Discurso del sevillano Francisco de Medina, y con frases 
■de este Discurso y de la epístola del marqués de Ayamonte, allí 
impresa, compuso Cervantes la Dedicatoria de la primera parte 
del Quijote. 

23. Francisco de Medina^ clérigo sevillano, graduado de Artes 



2^8 LITERATURA ESPAÑOLA 

en Osuna (1571-72), profesor de latín en Jerez de la Frontera (i564> 
y en ila Universidad de Osuna ; era entusiasta admirador de las letras- 
italianas. Escribió el admirable prólogo de Anotaciones de las obras 
de Garcilaso de la Vega por Herrera (1580). Entre sus composiciones 
poéticas merece citarse una oda a Garcilaso, en la que personifica al 
Tajo en un venerable viejo que lamenta la muerte del poeta en la 
■Provenza. Tradujo una elegíia de Propercio, y es notable un soneto 
suyo, versión deJ Eco de Ausonio, y la dei ''Collige, virgo, rosas"... 
deil mismo poeta clásico : 

Mientras oro, grana y nieve De no ser cual habréis sida 

ornan vuestro cuerpo tierno, entonces os doleréis, 

gozad este don tan breve, o, viendo el tiempo perdido, 

antes que venga y se lleve lloraréis no haber tenido 

tales flores el invierno. la voluntad que tendréis. 

Esta traducción fué imitada a su vez por Barahona en la fábu- 
la de Vertumno. 

24. Alcázar. — Baltasar del Alcázar (1540-1606), sexto hijo de 
los once que tuvieron el jurado Luis del Alcázar y Leonor de León 
Garabito, nació en Sevilla, donde estudió Humanidades, aficionán- 
dose pronto a Marcial. Militó en las galeras del Marqués de Santa 
Cruz (1543) ; fué alcaide y alcalde mayor de los Molares, por nom- 
bramiento de su dueño, el Duque de Alcalá, Volvió a Sevilla (1583) 
y se encargó de 'la administración de los Condes de Gelves (1584-89), 
con los cuales tuvo algunos disgustos. Su escasa hacienda vino a 
menos; la gota, enfermedad que sobrellevaba con buen humor, au- 
mentó, hasta acabar con su vida en 1606. 

No fué Alcázar de los que al imitar las formas de los italianos se 
traían con los moldes la masa echada en ellos, sino que "desdeñador 
de la fama y de la gloria, sólo tuvo a la poesía por agradable re- 
creación y deleite ; bebió en su vaso, sin anhelar por otro más gran- 
de o de mejor vidrio" (Rodríguez Marín). Alguna vez traduce a. 
Horacio e imita a Marcial. Tiene poesías amatorias, delicadas de 
forma y de pensamiento; por ejemplo: las dirigidas A una dama 
muy hermosa, A Constanza, el madrigal A Magdalena y un sone- 
to que recuerda la idea del madrigal Ojos claros, serenos... de Ce- 
tina. Algunas de sus poesías religiosas tienen verdadera unción : la 
Glosa a un Crucifijo, en quintillas dobles, de Donde Vos tenéis los 
pies y el soneto a Jesús, basado en una oración popular. 

Pero el género que Alcázar cultivó preferentemente y en el que 
descolló, fué el festivo. "La sal andaluza —dice hablando de él Me- 



BALTASAR DEL ALCÁZAR 369 

néndez y Pelayo — no tuvo que envidiar a la sal ática recogida en el 
mismo mar donde nació Venus." Las redondillas del Marcial sevi- 
llano se caracterizan por la soltura y flexibilidad. Conocidísima es 
la Cena jocosa. 

En Jaén, donde resido, Tenía este caballero 

vive don Lope de Sosa, un criado portugués. . 

y diréte, Inés, la cosa Pero cenemos, Inés, 

más brava del que has oído. si te parece, primero. 

V va saliendo a plaza "la ensaladilla" "del cielo", el "vinillo halo- 
que", del cuaá "vale un florín cada gota" (haciéndose la apología de 
la taberna), la morcilla, "gran señora digna de veneración"; el que- 
so, que pide ]>or "el pichel y la taza". Y, cuando "con este ncs^ro 
beber, se acrecientan los candiles", el cuento del portugués ha de 
quedarse para otro día. Es notable esta composición por el blando 
epicureismo que toda ella respira. El diálogo entre El Galán y el Eco 
es modelo de sutileza y artificio. En el epigrama es picante e inge- 
nioso; alguna vez resulta excesivamente subido de color. Véase el 
dedicado A un giboso de delante : 

Un socarrón mesonero El gibado a estas razones 

dijo a un giboso al revés: replicó: — Es muy importante 

— 'No me neguéis esta vez llevar la carga delante 

que cargasteis delantero. quien se halla entre ladrones. 

El Epitafio a mía dama muy delgada; el Secreto para conciliar 
y sacudir el sueño (rezar y tener deudas) ; la canción que glosa : 

Tres cosas me tienen preso 
de amores el corazón : 
la bella Inés, y jamón, 
V berenjenas con queso, 

y el epigrama A un-a vieja que se halló un pedazo de espejo en un 
muladar y lo quebró: "En un muladar un día...", son modelos en 
su género. El Diálogo entre dos perrillos tiene el mérito de ser pro- 
bable antecedente del Coloquio de los perros de Cervantes. Tam- 
bién tiene Epístolas dirigidas a Gutierre de Cetina, de quien era 
amigo, y a su hermano Melchor del Alcázar. 

25. Pablo de Céspedes, hijo de Córddba (1538- 1603), estudió 
en Alcalá de Henares y estuvo dos veces en Roma (donde trató 
a muchos artistas famosos), cultivando la pintura. Tenía veintidós 
años cuando fué procesado por la Inquisición de Valladolid por ha- 
ber aparecido una carta suya entre los papeles recogidos a fray 
Bartolomé Carranza de Miranda, arzobispo de Toledo, con ocasión 

24 



370 



LITERATURA ESPAÑOLA 



de 9U ruidoso proceso, en cuyo papel (escrito en Roma, el año an- 
terior) se leían algunas frases contrarias al Santo Oficio y al in- 
quisidor general Valdés, Obtuvo una prebenda en la Catedral de 
Córdoba (1577) ; hizo algunas excursiones a Sevilla, donde fué ami- 
go del pintor Francisco Pacheco. Cultivó con éxito la pintura y la 
poesía. 

Quedan algunos fragmentos de su poema didáctico sobre el Arte 
de la pintura, en octavas reales, y otro breve, en el mismo metro, en 
elogio de Fernando de Herrera. El primero es muy notable por su 
elegancia y nobleza de expresión, buen gusto, ingenio y fuerza des- 
criptiva de la frase; los principalles pasajes tratan de los instrumentos 
necesarios para la pintura, duración de la tinta, principios para ades- 
trar la mano, proporción de los hombres y de los animaJes, pintura de 
un caballo, perspectiva, escorzo, cuadrícula, imitación de la natura- 
leza e imágenes de la fantasía. Merecen alabanza particular la pin- 
tura del caballo, digna de Virgilio, y el elogio de la tinta (muy cele- 
brado por don Juan Valera) con motivo de la ponderación de la 
fama en los grandes escritores. Dice así en esta última: 

...No creo que otro fuese el sacro río 
que al vencedor Aquiles y ligero 
le hizo el cuerpo con fatal rocío 
impenetrable al homicida acero, 
que aquella trompa y sonoroso brío 
del claro verso del eterno Homero, 
que viviendo en la boca de la gente, 
ataja de los siglos la corriente... 

26. De Francisco Pacheco (i 540?- i 599), natural de Jerez de 
la Frontera, canónigo de la Catedral de Sevilla y capellán mayor de 
su capilla Real, buen humanista, no nos ha quedado ninguna obra 
extensa en -castellano; fué uno de los que más fomentaron las letras 
y las artes en Sevilla y de los que más contribuyeron al desarrollo 
de la escuela poética sevillana. Herrera comunicaba y consultaba 
con él, por rara excepción. 

Su sobrino y homónimo (1571-1654), biógrafo, pintor y poeta, sue- 
gro de Velázquez, reunió en su Libro de descripción de verdaderos 
retratos de ilustres y memorables varones (hallado y publicado en 
magnífica edición por don José María Asensio y Toledo), las siluetas 
físicas y (literarias de los principales ingenios de üa época. Escribió 
el Arte de la pintura, su antigüedad y grandeza, y coleccionó los 
versos de Fernando de Herrera (1619). 



lílCLIOGRAFlA 37 1 



BIBLIOGRAFÍA 



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que escribieron en castellano, Madrid, 189 1. Gallardo, Ensayo, IV, 619. — 
13. Obras poéticas, ed. W. I. Knapp, en Colección de libros raros o curio- 
sos. XI. Poesías, B. A. E., XXXII. Guerra^ de Granada, ed. de Valencia, 
1766, y en B. A. E., XXI. Carta del Bachiller de Arcadia y respuesta del 

■ capitán Salasar, atribuidas a D. D. H. de M., ed. L. de Torre, en Rev. de 
Archivos, 1913, XXVIII, 291; XXIX, 352. Carta en nombre de Marco 
Aurelio a Feliciano de Silva, en Sales españolas, ed. A. Paz y Mélia, Ma- 
drid, 1890, I, 22-¡. I. López de Ayala, Noticia histórica de D. D. H. de M., 
en la continuación del Almacén de frutos literarios, III. R. Foulché-Del- 
bosc, Les auvres attribuées a Mendoza, en Rev. Hispanique, i9'i4, XXXII, 
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panique, 1894, I, 101-165 y 338. L. de Torre, Don Diego Hurtado de Men- 
doza no fué el autor de "La Guerra de Graciada'", en Bol. Ac. Historia. 
IÜ14, LXIV, 461-501 y 557-596; LXV, 28-47, 273-302 y 369-450. R. Foul- 
clié-Delbosc, L'authenticité de "La Guerra de Granada", en Rev. Hispanique, 
1915, XXX, 476-538. J. D. Fesenmair, D. D. H. de M.: ein spanischer 
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3/2 LITERATURA ESPAÑOLA 

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F\ de P. Ufeñi, B. del A. Estudio acerca de su personalidad literaria, ei 
Don Lope de Sosa. 1914, II, a-7. 



A 



CAPITULO XII 

D. Poesía dramática : a) Época anterior a Lope de Vega : i. Torres 
Naharro. — 2. Gil Vicente. — 3. Códice de autos viejos. — 4. Imi- 
taciones de La Celestina. — 5. Castillejo, Natas, Huete y otros. — 
6. Sebastián de Horozco. — 7. Lope de Rueda — 8. Andrés de 
Prado. — 9. Lilis de Miranda. — 10. Alonso de la Vega. — 11. Ti- 
nwncda. — 12. Juan de Mal Lara. — 13. Juan de In Ciceval — ' 
14. Jerónimo Bermúdcz- — 15. Andrés Rey de Artieda. — 16. Cris- 
tóbal de Viriles. — 17. Joaquín Romero de Cepeda. — 18. Miguel 
Sánchez. — 19. Lupercio L. de Argensola. 

I. Torres Xaharro. — Bartolomé de Torres Xaharro (m. 1531?) 
nació en la Torre de Miguel Sexmero, cerca de Badajoz. Proba- 
lílemente fué soldado (copia de la realidad vivida parecen las es- 
cenas de- la Soldadesca): con ocasión de un naufragio, quedó cau- 
tivo de los piratas de Argel; rescatado más tarde, se hizo sacerdo- 
te en Italia, y vivió en Roma y después en X^ápoles. Esto es lo 
poco que de él se sabe, gracias a una carta latina, publicada en 
los preliminares de la Propalladia de Mesinerius Barberius Aure- 
lianensis (nombre latinizado dell desconocido Messinier Barbier de 
Orleans), dirigida al humanista de París José Badio (1462-1535). 
En un documento pontificio de León X (1517), éste le concede 
privilegio por diez años para la impresión de sus obras, y le llama 
dilcctus fiUus, palabras que tienen el valor de una fórmula de 
Cancillería. Es indudable que conocía varias lenguas (latín, ita- 
liano, francés, portugués, valenciano) por haberlas usado en sus 
poesías y comedias, y que tenía noticia, nada somera, del teatro la- 
tino. Fué su protector en Italia el turbulento cardenal de Santa 
Cruz, don Bernardino de Carvajal, extremeño. También se sabe 
que la Tinellaria se representó ante León X y el cardenal Julio 
de Médicis (después Gemente VII). Se ignora la fecha de su falle- 
cimiento. 

Las obras que se conocen de él son: A). Poesías líricas; y B). 
Comedias. — A). Por sus poesías líricas pertenece a la escuela tra- 
dicional castellana, y sólo emplea el endecasílabo en tres sonetos 



374 



LITERATURA ESPAÑOLA 



escritos en italliano. Es autor de un Salmo en la gloriosa victoria 
que los españoles ovieron contra venecianos (o sea la batalla de 
la Motta (i 51 3), ganada por don Ramón de Cardona, virrey de Ña- 
póles: del Retracto compuesto a la muerte (1515) deJ primer duque 
de Nájera don Pedro Manrique de Lara, que tiene algo de lejana 
imitación de las Coplas de Jorge Manrique, y en donde se inter- 
cala un elogio del Gran Capitán ; de algunas poesías devotas, harto 
prosaicas. Vallen más sus composiciones eróticas. {Lamentaciones 
de amor), en que se muestra secuaz de Garci Sánchez de Badajoz, 
así como a su vez fueron imitadas por Gregorio Silvestre y Bara- 
hona de Soto: una epístdla en nombre de cierta dama valenciana 
para su marido que estaba en Roma, sembrada de imitaciones de 
las Heroídas de Ovidio. 

B). Naharro, en el proemio de su Propalladia, expone los princi- 
pios en que funda su sistema teatraí, fundamentalmente clásicos, y 
que constituyen la preceptiva dramática más antigua que hay en cas- 
tellano. "Comedia no es otra cosa — dice — sano un artificio ingenio- 
so de notablles y finalmente alegres acontecimientos, por personas 
disputado". Las comedias deben estar distribuidas en cinco actos; 
(sigttiendo a Horacio) y los llama jornadas "porque más parescen 
descansaderos que otra cosa". "El número de las personas que se 
han de introducir — añade — es mi voto que no deben ser tan pocas 
que parezca la fiesta sorda ni tantas que engendren confusión;; 
aunque en nuestra Comedia Tinellaria se introdujeron pasadas; 
veinte personas, porque el subjeto della no quiso menos, el honesto^ 
número me parece que sea de seis hasta doce personas." "El de- 
coro en las comedias es como el gobernalle en la nao, el cuaí el buen 
cómico siempre debe traer ante los ojos. Es decoro una justa y 
decente continuación de la materia, conviene a saber: dando a 
cada uno (lo suyo, evitar las cosas impropias, usar de toda-s las. 
legítimas, de manera que el siervo no diga ni haga actos del señor 
et e converso; y d lugar triste entristecello, y ell alegre allegrallo, 
con toda la advertencia, diligencia y modo posibles." Divide las 
comedias en comedias a noticia y comeidias a fantasía. "/4 noticia 
se entiende de cosa^ nota y vista en reailidad de verdad, como son 
Soldadesca y Tinellaria. A fantasía, de cosa fantástica o fingida,, 
que tenga color de verdad, aunque no lo sea, como son Serafina, 
Himenea, etc." 

Tinellaria.— S& presenta al Papa un doctor, que es nombrado Carde- 
nal : sus familiares y criados hablan varias lenguas (latín, francés, ita- 
liano, valenciano, portugués, y sobre todo castellano). Los oficiales en- 
cargados del tinello o cocina del Cardenal le roban y se embriagan,, 
mientras los pobres sufren necesidad y el prelado padece en su buertí 



TORRES NAHARRO 375 

nombre : comer y emborracharse es la continua ocupación de aquellos 
bribones, dominados por todos los vicios. 

Soldadesca. — ^Un capitán d«!l ejército pontificio, encargado de 
reclutar 500 infantes, alista, entre otros, a Guzmán, Mendoza, Par- 
do y González y un fraile apóstata. Mgunos de ellos se aflojan en 
casa del labrador Cola, que sólo habla italiano, lo cual da lugar a 
repetidas equivocaciones. Los soldados le encargan la comida y se 
dedican mientras la hace a galantear a la criada; los italianos tra- 
tan de dar una paliza a los españoles. Guzmán y Mendoza intentan 
robar algunas pagas y desertar, llevándose consigo ciertas mu- 
jeres. El capitán calma a todos, invita a Cola a alistarse, como lo 
hace. La comedia termina con un villancico que todos cantan mien- 
tras marchan en orden militar. 

En la Comedia Jacinta la hermosa Divina acoge en su quinta 
a los viajeros el criado Jacinto, a Precioso y Fenicio y les pregun- 
ta por los motivos de su viaje. Se enamora y se casa con Jacinto, 
dando hospedaje a los otros dos. 

En la Comedia Himcnca se ve ya el "punto de honor" que 
tanto había de influir en nuestro teatro clásico. 

Himeneo hace el amor a Febea, y el Marqués, hermano de ésta, lo 
observa, cuando la dama promete al galán franca acogida a la noche si- 
guiente, y desiste de perseguirlo a instancias de su propio paje Turpe- 
dio. Himeneo entra en casa de Febea; guardan la calle sus criados 
Bóreas y Eliso, que huyen, muertos de miedo, al aparecer el Marqués; 
éste entra furioso a buscarle ; Febea huye de la persecución de su her- 
mano, rogándole que no mate a Himeneo : el Marqués piensa que sólo 
matándola borrará su afrenta. Himeneo logra disculpar a Febea y cal- 
mar a su hermano, que autoriza el casamiento. 

El arte de Naharro es rudo, aunque superior al de su época. 
Sus "comedias a noticia" son de escaso movimiento y artificio 
escénico, y parecen más bien pasos o entremeses amplificados que 
verdaderas comedias; sus "comedias a fantasía" prescinden de lo 
natural y verosímil y tienden a lo extravagante con frecuencia; 
la acción y das situaciones se desarrollan con recursos harto elemen- 
tailes, y en contra de su propia técnica, los personajes suelen "engen- 
drar confusión" ; el hablar distintas lenguas en una misma obra es 
un recurso cómico tan pueril como absurdo; pero el diálogo es 
vivo y gracioso, los caracteres están trazados con arte, y eíl efecto 
cómico sude producirse, especialmente en las comedias e noticias; 
en da H imenea es precursor de las de capa y espada, y esboza 
un cuadro dramático bastante completo, preludiando Jo que habían 
de ser las comedias de asuntos de honra en Calderón de la Barca. 



376 LITERATURA ESPAÑOf-A 

2. Gil Vicente. — Poco &e sabe de la vida del gran escritor 
Gilí Vicente (1470?- 1539?), a quien se ha llamado ell Pdauto portu- 
gués, y cuya patria se disputan Lisboa, Bercellos y Guimaraens ; que 
fué músico y poeta, actor y autor; acaso licenciado en Derecho; 
que desempeñó cargos en el Palacio de los Reyes, donde desde 1502 
se representaban obras suyas; que tuvo dos hijos editores de sus 
composiciones en 1562, Luis y Paula, ésta, dama de la infanta doña 
María, que congregó a su alrededor muchas mujeres culltas, entre 
ellas Luisa Sigea. 

La división tradicional de lias obras de Gil Vicente es ésta : 
I. Obras de devoción. 2. Comedias. 3. Tragicomedias. 4. Farsas. 
5. Obras varias. Son, en total, 43: once en castellano, doce en por- 
tugués, y el resto, en un (lenguaje en que mezicla uno y otro. 

I. En 1502, para festejar el nacimiento del Príncipe, luego 
Juan III, nieto de los Reyes Católicos, recitó en su cámara el mo- 
nólogo castellano del Vaquero, "la primera cosa que en Portugal 
se representó", según él mismo afirma. A esta primera producción 
siguieron un auto pastoril y otro de Reyes Magos, en todos los 
cuales es indiscutible la influencia de las églogas de Juan del Encina. 

Empieza a emanciparse en el Auto de la Sibila Casandra, en 
que intervienen las cuatro Sibilas y con ellas Isaías, Moisés y 
Abraham, tíos de Casandra, y Salomón, su pretendiente. Si es 
verdad que peca de extravagante, tiene ell interés de contener el 
primer germen del auto simbólico (calderoniano) y de intercalar 
preciosas poesías populares, por ejemplo: 

i Muy graciosa es la doncella ! 
Digas tú el marinero 
que en las naves vivías, 
si la nave, o la vela, o la estrella 
es tan bella. 

En el Auto de la Fe empilea por primera vez ed portugués mez- 
clado con el castellano. En d Auto de los cuatro tiempos aparece 
ya secularizado d género, interviniendo una divinidad mitollógica. 
El Breve sumario de historial de Deus, historia sagrada desde üa 
creación hasta ia redención, en verso dodecasílabo con estrofas 
que recuerdan aílguna Cantiga del Rey Sabio y las moaxahas de 
Abencuzmán, fué el modelo de 'la Victoria Christi del bachiller 
Bartolomé Palau. Mezda \o alegórico con lo reaá en d Auto da 
Mofina Mendes. Lo más interesante de Gil Vicente en este grupo 
es acaiso la trilogía de las tres Barcas : del Infierno, del Purgatorio 
(en portugués) y de la Gloria (en castellano). "Estas Barcas, dice 
Menéndez y Pdayo, son una especie de transformación dásica de 



GIL VICENTE 377 

las antiguas danzas de la muerte, no en lo que tenían de lúgubre 
y aterrador sino en lo que tenían de sátira general de los vicios, 
estados, clases y condiciones de la sociedad humana." El diablo va 
recibiendo en su barca distintos tipos: un hidalgo, un zapatero, 
un fraile, un alcahuete, un corregidor, un pastor, un duque, un 
arzobispo, un rey, para llevarlos a las regiones de ultratumba. 
Y se pasa revista a los defectos de cada una de estas clases. Resul- 
ta una sátira al modo lucianesco, tan cultivada por Erasmo, en 
latín, imitada en lenguas vuflgares, como, por ejemplo, en el Diálogo 
de Mercurio y Carón de Juan de Valdés. De las Barcas se hizo 
una refundición (Burgos, 1539) con el título de Tragicomedia ale- 
górica del Paraíso y del Infierno; la idea de Gil Vicente la utilizó 
Lope en su auto sacramental Viaje del almn. También se incluye 
entre las obras de devoción el Aiiio da feira (feria), sátira del 
saco de Roma, en el mismo sentido que el Diálogo de Lactancio 
y un Arcediano de Valdés, explicable por ser Gil Vicente eras- 
mista, aunque acaso no llegara a protestante. 

2. Ya notó Menéndez y Pedayo lo arbitrario de la división de 
las obras de Gil Vicente y cómo las llamadas comedias y tragico- 
medias y algunas farsas podían consdderarse piezas del mismo 
género. 

La Com-edia de Rubena (1521) es la más antigua comedia de 
magia o la primera en que intervienen hadas y hechiceras. Está di- 
vidida en tres escenas precedidas de argumentos o introitos explica- 
tivos. Rubena tiene una hija, fruto de amores ilícitos; una hechi- 
cera la manda criar bajo el n<Mnbre de Cismena. Ahijada por una 
noble señora de Creta, a los quince años quedó huérfana y heredera 
de sus bienes. Hay en esta obra mucho material folklórico: su- 
persticiones, ensalmos, conjuros, etc. Son notabdes ailgún cantar 
de cuna y otro de las mozas del campo. Y en ella aparece por 
vez primera la figura del bobo, llamado en portugués parvo. 

Eji la Comedia del Viudo, don Rosvel Tenori vacila en la elec- 
ción de una de las dos hijas del viudo, resolviéndose la situación 
cuando otro príncipe hermano suyo se casa con la menor. Es una 
de las mejores obras de Gil Vicente, escrita toda en castellano, 
delicada y de gran fuerza cómica en ciertos contrastes. 

3. Don Duardos y Amudís de Gaul-a son tragicomedias basadas, 
ésta, en la novela de su títu^lo. y aquélla, en Primaleón, libro se- 
gundo de Palmerín. Los amores de Amadís y Oriana y la peni- 
tencia de Beitenebros, en la primera; la pasión de don Duardos 
por la infanta Flérida en la segunda, dirigen la acción de la obra, 
habiendo tenido el buen gusto de prescindir de vestiglos y gigan- 
tes y demás episodios fantásticos. De carácter alegórico es el 



-g LITERATURA ESPAÑOLA 

cuento de las Cortes de Júpiter, que Allmeida Garret enlazó con 
los amores de Bernaldim Ribeiro en su drama Un auto de Gtl 
Vicente, primera obra romántica en portu^es (1838). En los Triun- 
fos del invierno y del verano se ve un hondo lirismo que canta 
las fuerzas de la Naturaleza en himnos prodigiosos. La Fragua 
de amor muestra imitaciones del primer idilio de Mosco. 

4 Las farsas de Gil Vicente no tienen precedentes conocidos. 
"Cuadros de costumbres dialogados", es en ellas de gran importan- 
cia el elemento cómico, por su lenguaje popular y la animación 
picaresca de los tipos esbozados. "El galancete enamorado ridicu- 
lo —dice Menéndez y Pelayo— , asiduo ¡lector de cancioneros manus- 
critos, que tañe Ja viola a da puerta de su dama, con acompañamiento 
de todbs los gatos y perros de la vecindad (Farga de qucm te f áre- 
los) ; é. (labrador viejo y tentado de la risa, perseguidor de ias donce- 
llas que vienen a su huerta (O velho da horta) ; el judio casamente- 
ro; 'los negros y las gitanas; el Juez de Beira, juzgador a lo Sancho 
Panza ; el hinchado hidattgo de poca renta, que mata de hambre a sus 
servidores, empeñándose en tener capellán y orífice propio y gran 
número de pajes (Farga dos Almocreves, arrieros) ; el físico pe- 
díante maestre Enrique, precursor de los médicos de Moliere {Far- 
ga dos Físicos)". Esta farsa puede dar una idea de lo que eran los 
juegos de escarnio. Contra los detractores de su ingenio escribió 
la Farsa de Inés Pereira, que puede cailificarse de comedia, basada 
en él refrán "Más quiero asno que me lleve que caballo que me de- 
rribe". 

5. Sus poesías suefltas son al modo de las del Cancionero de 
Resenide; no sufrió la influencia italiana, como Sá de Miranda. Me- 
recen citarse la paráfrasis del salmo 50 y el Pronto y testamento de 
María Parda, vieja bebedora de Lisboa, composición que se hizo 
tan popullar como sus farsas. 

La característica de las obras de Gil Vicente es su valor lírico, 
por el empleo de la poesía popular. Su lenguaje es tan rico como 
no ha vuelto a verse en otro escritor portugués. Por sus ideas re- 
presenta 'la tendencia erasmista más avanzada en su patria. Más que 
con Planto puede rellaci ornarse con la comedia aristofánica. No 
conoció a los italianos, tales como Ariosto y MachiavelH ; de La Ce- 
lestina tomó ©1 tipo de alcahueta (Brígida de Vaz, en Barca del In- 
fierno) ; y es verosímil que conociera la Propalladia de Torres Na- 
harro. "Su Jabor dramática... es la historia entera del teatro de su 
pais, que sin gran hipérbole puede decirse que nació y murió con 
él." (M. P.) 

3. Autos viejos. — ^Las piezas más antiguas deí teatro españoll 



CÓDICE DE AUTOS VIEJOS 379 

en el sigtlo xvi se conservan en un códice de letra de este tiem- 
po, guardado en la Biblioteca Naciona)! de Madrid desde 1844, pu- 
blicado parcia:lmente en el voí. LVIII de la Biblioteca de Auto- 
res Españoles de Rivadeneira (1865) y totalmente por Leo Roua- 
net en la Bihlioiheca hispánica (1901). Es la Colección de autos, 
farsas y coloquios del siglo xvi, que contiene 96 piezas dramá- 
ticas con unos 50.000 versos (tres de ellas en prosa), anónimas (sólo 
una la firma el maestro Ferrus; otra se supone puede ser de Lope 
de Rueda) y no fechadas. 

A tres grupos principales pueden reducirse: i.° De asuntos 
bíblicos, así del Antiguo como del Nuevo Testamento: tales son, 
por ejemplo, el Auto del sacrificio de Abraham, repetido en la li- 
teratura de todos los países; él Roho.de Digna, escrito en prosa y 
quintillas, donde ya interviene el boho, asunto desarrollado por 
Lope de Rueda y repetido en un poema de Montiano y Luyando; 
los autos de Sansón, de Asnero; el de Naval y Abigail, que algUH 
nos creen de Lope de Rueda; eíl Auto del hijo pródigo, asunto re- 
petido en la Comedia Pródiga de Miranda; los de la Conversión 
de la Magdalena, del Descendimiento de la Cruz y de la Asunción 
de la Virgen. 2° Leyendas y vidas de Santos, como el Auto del 
martirio de Santa Bárbara, el de Santa Eulalia, etc. 3.° Alegorías 
llamadas farsas, que desarrollan temas teodógicos con bastante ari- 
dez; por ejemplo, la Farsa sacramental de la residencia del hombre, 
que es una continuación del debate llamado Proceso del Paraíso, tema 
repetidísimo en todas Cas literaturas de la Edad Media; pinta la 
lucha entre la Justicia y Misericordia ante el Tribunal Divino 
sobre el castigo del hombre por el pecado; y di Auto del pecado de 
Adán y el de Los Sembradores. Tiene además el códice dos colo- 
quios y el entremés de Las esteras, pero al modo de los de Lope 
de Rueda. 

La palabra auto en esta cotlección no significa lo que luego 
fué el auto sacramental ni del nacimien